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7 dic 2024

"Laberintos de la noche" (Detective William Monk 21) de Anne Perry

18 comentarios:
Cuando en el mes de julio de 2017 reseñé Los crímenes de Cater Street, su autora, Anne Perry, a sus 79 años gozaba de una salud excelente. Cuando ahora, finalizando ya 2024, vuelvo a reencontrarme con ella leo que Juliet Hulme, verdadero nombre de la escritora, falleció en abril de 2023 en Los Ángeles (USA) a los 84 años de edad. Vuelvo a recordar por ello la azarosa vida de esta londinense nacida en 1938 que pasó cinco años en la cárcel por haber cometido a los quince junto a su amiga Pauline Parker el asesinato de la madre de esta última. Fue al salir de la cárcel en 1959 que cambió de nombre y, tras una serie de distintos trabajos entre los que destaca el de azafata de vuelo, literariamente se dio a conocer en 1979 con la novela que hace siete años leí con agrado. 

Como habrá comprobado quien se haya detenido a leer la reseña que hice de Los crímenes de Cater Street esa novela inaugura la serie de 30 entregas protagonizadas por el inspector Pitt. La otra serie importante dentro de los más de 70 títulos que la escritora produjo en vida es la de detective amnésico William Monk a la que se adscribe la novela que acabo de leer. Dentro de las pertenecientes al universo Monk, Laberintos de la noche ocupa el lugar 21 de las 23 que forman dicha serie novelesca. 

Una de las cosas que menos me agrada de las narraciones que forman parte de una serie de títulos es la conveniencia, si no la necesidad, de leer las distintas entregas siguiendo el orden de aparición. Es cierto que los autores, sabedores de los cientos de lectores que no van a hacerlo así, introducen en unos y otros títulos referencias y/o pertinentes aclaraciones a sucesos o personajes que tuvieron importancia en publicaciones anteriores a fin de evitar que el lector poco fiel se pierda o se confunda. Es lo que en algún momento me ha ocurrido a mí cuando leyendo este relato he topado con personajes ahora en otro estadio de su vida a los que Monk o alguien de su entorno se refiere con inquina, afecto o lo que sea. Afortunadamente, como digo, Anne Perry antes o después aporta una información pertinente para situar debidamente a cada cual en su lugar. 

 Centrándome ya en Laberintos de la noche diré que en esta ocasión el inspector William Monk, estando presente, ocupa un lugar secundario, dado que es su esposa, la enfermera Hester Monk, quien soporta el peso principal de la trama. La vemos de enfermera sustituta en un hospital al este de Greenwich («Hester trabajaba de enfermera en el hospital, todavía a la espera de que Jenny Solway se reincorporase»). El director del mismo, el doctor Magnus Rand le pide que se ocupe de un paciente especial muy adinerado, Bryson Radnor, enfermo de leucemia. Ella ve que algo extraño sucede en ese hospital al descubrir lo que les sucede a unos niños que hay en él. Por culpa de su interés por esas criaturas verá comprometida su libertad e incluso su vida. 

La novela está claramente organizada en dos partes. En la primera se produce el acto delictivo y en la segunda los abogados Ardal Juster y sir Oliver Rathbone pugnan en los tribunales por hacer que Hamilton Rand, un químico investigador hematólogo, sea castigado por realizar sus experimentos sin consentimiento de los donantes. En la novela todos los personajes valoran la importancia de sus investigaciones sobre la sangre, pero se deplora la comisión de delitos por muy loable que sea la finalidad de las mismas.   

Cruz Roja, Convención de Ginebra
https://es.wikipedia.org/wiki/
Archivo:Florence_Nightingale_
(H_Hering_NPG_x82368).jpg
Al igual que en la serie Charlotte y Thomas Pitt, de la que como he dicho leí hará cosa de siete años el primero de la misma, la acción se sitúa en la Inglaterra victoriana del siglo XIX. Concretamente en Laberintos de la noche se cita con reiteración la guerra de Crimea en la que Hester Monk ha participado como enfermera de guerra. Sus conocimientos sobre pérdidas de sangre, amputación de miembros y trato con seres moribundos son los que la hacen competente a ojos de los hermanos Rand para participar en sus trabajos médicos. Enfermería, sangre y siglo XIX sirven para ensalzar la figura de la real enfermera británica Florence Nightingale a la que Anne Perry homenajea en esta novela al hacer que la protagonista Hester Monk coincida con ella en la guerra de Crimea. Florence Nightingale es considerada la precursora de la enfermería profesional; asimismo sus trabajos en la asistencia a heridos durante la guerra e Crimea sirvieron de inspiración  a Henri Dunant en la fundación de la Cruz Roja y en sus propuestas humanitarias adoptadas por la Convención de Ginebra.

Anne Perry en la primera parte de la narración muestra en contrapunto la actividad de cada uno de los miembros del matrimonio Monk: Hester, dedicada a la enfermería en el hospital de Magnus Rand; el comisario de la policía fluvial William Monk con sus trabajos policiales luchando concretamente contra el contrabando de armas. En un momento dado William y sus compañeros de comisaría (Hooper, Laker, Orme...) a los que se unirá Scuff, el hijo adoptivo de la pareja Monk, investigarán la desaparición de Hester Monk y los niños del hospital. Es aquí donde confluyen ambas líneas narrativas. Tras su resolución se inicia el juicio contra el antagonista, el químico Hamilton Rand

En esta parte, diríamos, judicial, la novela me ha hecho recordar los relatos de John Grisham que con tanto agrado he leído siempre (algunos títulos suyos reseñados por mí en este blog son: Un abogado rebelde, El estafador, El soborno, Los guardianes...). Sin llegar a la profundidad jurídica de los del novelista norteamericano, en la preparación del juicio por Ardal Juster nos enteramos de pormenores en la vida de sir Oliver Rathbone al que vemos ahora apartado del foro por culpa de insidias anteriores protagonizadas, seguramente en entregas anteriores de la serie, por el juez Ingram York, en esta novela ingresado ahora en una clínica para perturbados mentales. Rathbone se siente atraído por Beata York, esposa de Ingram. Como se ve, sería necesario haber pasado por momentos novelescos anteriores para tener toda la información, aunque la que aquí se da es suficiente, aunque sea escasa
«Ingram York solo era importante porque existía, y mientras estuviera vivo, Rathbone no podría pedir a Beata que se casara con él. Tenía muy claro que lo haría en cuanto ella fuese libre. Tal vez era mejor que no fuese tan pronto... y, sin embargo, ¡cuánto lo ansiaba!»
Una novela detectivesca como ésta no consiente dar mayores explicaciones. Baste pues con lo dicho hasta aquí. 

Novela detectivesca inglesa, Mujeres escritoras de novela negra
Para cerrar, sólo añadiré que Anne Perry presenta en Laberintos de la noche a mujeres valerosas que luchan por un puesto en la sociedad victoriana con decisión. Frente al arrojo de Hester Monk, Florence Nightingale y otras, la autora denuncia el apartamiento que el género femenino sufría en la clasista Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX
  • «Cómo voy a demostrar que me quedé porque no podía dejar a los niños solos allí? ¿Quizás algún miembro del jurado lo habría hecho? ¡Todos serán hombres! Los jurados siempre eran hombres.»
  • «Las mujeres no cumplían los requisitos legales y no se consideraban aptas intelectual o emocionalmente para aquella tarea.»
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Con Laberintos de la noche de Anne Perry cumplimento la letra P del reto Autores de la A a la Z  

31 ago 2024

El primer caso de Unamuno. Novela de Luis García Jambrina.

4 comentarios:

«sepa usted que, para mí, los personajes de ficción pueden ser tan reales como sus propios creadores, o más; lo que quiero decir es que están más vivos, son más eternos. Don Quijote, por ejemplo, es más real que Cervantes; Hamlet, que Shakespeare; Sherlock Holmes, que Conan Doyle, y, por supuesto, don Avito Carrascal, que yo mismo —explicó don Miguel—.»

Luis García Jambrina, Novela histórica
Cierro el mes de agosto con este último libro del escritor, zamorano de nacimiento y salmantino por residir en esa ciudad desde hace ya muchos años, Luis García Jambrina (Zamora, 1960). Se ve que su dedicación profesional -profesor titular de Literatura española en la Universidad de Salamanca y director de la revista 'Cuadernos de la cátedra Miguel de Unamuno', así como otros varios cargos y realizaciones literarias y cinematográficas que tienen que ver con el ilustre vasco que fue Rector de la Universidad salmantina- le han proporcionado material más que suficiente para esta nueva aventura narrativa que es convertir al pacífico estudioso escritor y profesor de Griego en arriesgado detective. Confiesa Jambrina al final de esta novela, El primer caso de Unamuno,  aparecida este mismo año que se propone escribir más semejantes. De esta primera incursión creo que autor y personaje han salido indemnes si bien tampoco hablaría yo de sorprendente literatura ni nada parecido. Pero bien, sí, se lee bien.

Personalmente llegué a este autor de 63 años atraído por su vinculación con Salamanca, mi ciudad natal, desde que publicara "El manuscrito de piedra", una novela histórica detectivesca en la que el por entonces estudiante de leyes en la universidad salmantina, Fernando de Rojas, se encarga de desentrañar y encontrar al culpable de los extraños crímenes que estaban sucediendo en la ciudad, concretamente en el espacio que hay entre el convento de los frailes dominicos de San Esteban y la catedral salmantina. Esta novela, que leí al poco de ser publicada en 2008, fue muy de mi agrado. Me gustó ver deambular por las calles de mi ciudad en pleno final del siglo XV a frailes como el protector de Cristóbal Colón Diego de Deza, a prostitutas como las discípulas de la Celestina y a la Celestina misma, a personajes históricos como el escritor Juan de Valdés y su seguramente obra suya El Lazarillo de Tormes, al fallecido Príncipe de Asturias heredero del trono de España Juan de Trastámara, al creador Juan del Enzina, etc. Se mezclan en esta novela histórica seres reales y de ficción siendo la primera de las seis de la serie 'Pesquisidor Fernando de Rojas'  tituladas de manera semejante con la única variación del complemento preposicional del sustantivo 'manuscrito': nieve, fuego, aire, barro y niebla. En todas ellas el protagonista detective es el atribuido autor de La Celestina, Fernando de Rojas.

Abandoné a Jambrina y a sus manuscritos tras la lectura del primero. Había conocido ya su manera de escribir y la ubicación de las otras novelas de la serie (todas ellas en los primeros años del siglo XVI) no me atraía lo suficiente. Sin embargo la figura del novelista afincado en Salamanca volvió a cobrar interés para mí a raíz de la publicación de su libro La doble muerte de Unamuno aparecido en 2021. Se trata de un ensayo en el que el autor indaga en las circunstancias que rodearon la muerte del escritor el día 31 de diciembre de 1936 y la utilización política que de su figura intentaron hacer los sublevados de julio de 1936. Partió Jambrina para este ensayo del documental que en 2020 había realizado el director y guionista cinematográfico Manuel Menchón sobre el escritor bilbaíno, que tituló Palabras para un fin del mundo

Tras ver el documental de Menchón y hojear la ampliación y profundización de Jambrina sobre esos días aciagos para don Miguel era de rigor que leyese esta nueva propuesta literaria, en esta ocasión también detectivesca, que de la interesante figura de don Miguel de Unamuno hacía el profesor salmantino. Así lo he hecho y al finalizar la amena lectura saco conclusiones semejantes a las obtenidas tras la lectura del primero de sus 'manuscritos'. En definitiva diré que me ha gustado deambular por calles, plazas y establecimientos salmantinos archiconocidos y archiapreciados por mí como la plaza Mayor, la calle de la Rúa antigua, la calle Meléndez, el parque de San Francisco, la calle de Miñagustín...; así mismo he disfrutado al entrar en su compañía en el café Novelty, en el hoy desaparecido Figón del Armuñés, en la afamada joyería Cordón, o en la mismísima Universidad de la ciudad y en su rectorado que en la fecha en que transcurre la historia, año de 1905, ostentaba el catedrático de Griego don Miguel de Unamuno.

Salmantino como soy he disfrutado reconociendo apellidos abundantes en mi ciudad que me han acompañado a lo largo de mis años escolares y/o universitarios: Maldonado, Llorente, Zamarreño, Yeltes, Villar... Naturalmente también han sido muy bien recibidas por mí las localizaciones donde se desarrolla la trama que además de en la capital salmantina sucede en Ciudad Rodrigo y sobre todo en la pequeña localidad de Boada. Es precisamente aquí, en Boada, pueblo perteneciente a la comarca del Campo de Yeltes y de la jurisdicción de Ciudad Rodrigo, donde tienen lugar los crímenes que dan pie a que Unamuno comience a investigar. Ver a los protagonistas del relato, el propio Unamuno junto al abogado Manuel Rivera y la anarquista catalana Teresa Maragall López, estos dos últimos seres de ficción, deambular por la comarca salmantina en tren y llegar a pueblos como La Fuente de San Esteban ha sido un placer difícil de describir. 

Privatización de la tierra
El primer caso de Unamuno
, como casi todas las novelas que han salido de la pluma de Luis García Jambrina, es una novela histórica, es decir, que mezcla de manera atinada seres reales con otros de ficción en un marco espacio temporal de naturaleza histórica. En este caso el marco y el motivo histórico es el de la polémica desatada en 1905 a raíz de la carta enviada por los boadenses al presidente de Argentina, Manuel Quintana, solicitándole permiso para emigrar todos los habitantes del pueblo al país sudamericano. El motivo de dicha petición era el de haber sido desposeídos de las tierras comunales que desde tiempo inmemorial venían trabajando y cultivando. Esta privatización de la tierra para entregársela a grandes propietarios ganaderos fue un hecho muy controvertido que dio lugar a un cruce real de artículos entre Ramiro de Maeztu, defensor de la medida, y Miguel de Unamuno, detractor de la misma. Los boadenses fueron acusados de antipatriotas por el vitoriano y defendidos y apoyados en su decisión de emigrar por el bilbaíno.

En medio de esta discusión periodística e intelectual sucede el asesinato de Enrique Maldonado, ganadero beneficiado por la privatización. El pueblo de Boada es acusado de ser el autor colectivo de esta muerte. Estamos ante una nueva Fuenteovejuna. La cosa se ve complicada con otras muertes de personas relacionadas con el tal Maldonado: la de Amalia Yeltes, amante de Enrique, y el de otros cuyo nombre no desvelaré para no destrozar la lectura. Junto a los fallecidos tienen papel relevante en la trama personajes como Daniel Llorente, amigo de Enrique Maldonado; Pedro Villar, capataz de Daniel Llorente; Ana Juanes, esposa de Enrique Maldonado y madre del hijo de ambos, Juan Maldonado; y otros más. 

Los tres investigadores, en especial Unamuno, se conjuran para resolver los crímenes lo antes posible dado que el gobernador salmantino, Pablo Aparicio (otro apellido muy de mi ciudad)- tiene prisa por cerrar el asunto. La resolución, como no podía ser de otro modo, tiene mucho que ver con la actividad profesional de don Miguel. Quiero decir que sus conocimientos filológicos así como su quehacer literario (autor de novelas, ensayos y poemas) son de la mayor relevancia a la hora de resolver el caso. Quizás la resolución ya la viene anticipando el lector desde algunas páginas atrás, pero la justificación del hallazgo de la misma sí que es algo sorpresiva y, en mi opinión, quizás venga algo traída por los pelos. Pero como digo en el cierre del primer párrafo de esta reseña, El primer caso de Unamuno de Luis García Jambrina es una novela entretenida que se lee bien y con agrado.

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Nota: Con este título cumplimento la letra J del reto Autores  de la A a la Z.



26 ago 2024

Boileau-Narcejac. "Sudores fríos"

7 comentarios:

«Pensó en el dogma cristiano de la resurrección de los cuerpos. ¿Cómo era posible que, el día del juicio final, el cuerpo de Madeleine renaciera de aquellos átomos dispersos, reducidos a la simplicidad de los elementos?»

Pierre Boileau y Thomas Narcejac.

La editorial RBA en la promoción que hizo sobre Sudores fríos en su edición de 2013 escribe lo que viene a ser una especie de amplia sinopsis: 

Un día, llama a la puerta de Roger Flavières un antiguo compañero de la universidad que quiere contratarlo para que investigue a su mujer. El marido no sospecha que su esposa le sea infiel, sino que teme por su vida. El motivo de su temor no puede ser más sorprendente: cree que su mujer se halla poseída por el espíritu de una antepasada que murió trágicamente ahogada. Solo ello parece poder explicar por qué su esposa pasa por momentos en los que parece estar ausente, desaparece durante horas sin decir nada y se hunde a menudo en una profunda melancolía. Es así como Flavières empieza a seguir a Madeleine, una mujer de una inusual belleza de la que no tardará en enamorarse profundamente. 


La pareja Boileau-Narcejac tuvo el acierto de renovar el género policíaco. Tras el final de la segunda guerra mundial el modelo de la novela-enigma tipo Agatha Christie, Edgar Wallace, Wilkie Collins o Conan Doyle, estaba agotado. En ese momento en el mundo surgido tras la tragedia bélica y la brutal irrupción en escena del magnicidio atómico es la mera existencia, lo puramente íntimo y personal, lo que atrae a los lectores. La inteligencia humana había alcanzado increíbles cotas de estupidez, de crueldad, de falta de humanidad, se había demostrado el triunfo de la irracionalidad. ¿Para qué, pues, escribir historias en las que la racionalidad triunfaba si vivíamos una existencia frágil, con poco o nada sólido a lo que agarrarse? Triunfa en esta etapa lo psicológico, interesa ver cómo se las ingenian personalmente los personajes para sobrevivir en un mundo caótico. El existencialismo filosófico, arraigado o desarraigado, se impone. Y esto se percibe en esta novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac.
«La muerte de los demás siempre me ha conmocionado porque me anunciaba la mía... Y la mía... No, soy incapaz de resignarme a esa idea. Casi llegué a creer en el Dios de los cristianos... por la promesa de la resurrección. El cadáver sepultado al fondo de una caverna, la gran piedra empujada hasta la puerta del sepulcro, bajo la vigilancia de los legionarios. Y luego, al tercer día... No sabes cuánto pensaba en ese tercer día de niño
Lo cenital de la historia (primera parte de la narración) se sitúa en la Francia de entreguerras, concretamente es 1940 una fecha central en la historia de Francia al ser cuando los alemanes entraron en París y todo en la racionalista Francia se derrumbó.  Luego, la segunda parte de las dos en que se estructura el relato sucede en 1944 cuando Roger Flavières regresa a París desde Senegal donde ha pasado esos cuatro años. Su propósito es establecerse en París e indagar sobre Madelaine, la mujer de Paul Gévigne, de la que él se había enamorado en el curso de sus pesquisas sobre ella.  Parece que el alcoholismo ha hecho estragos en el personaje del abogado detective Como cada mañana, se sentía desalentado. Como cada mañana, le obsesionaba el deseo de beber. El primer chupito le limpiaba el espíritu y así recuperaba las angustias intactas e insolubles, bien ordenadas en su cabeza como cuchillos relucientes.») por lo que su mente a veces patina y es de poco fiar. Lo psicológico y mental, además del sorprendente desarrollo de la trama de esta novela,  fue sin duda alguna lo que despertaría el interés de Alfred Hitchcock, que la llevó a la gran pantalla bajo el título de Vértigo, un clásico del cine negro protagonizado por James Stewart y Kim Novak.

Los autores muestran en Sudores fríos un París bello y hermoso especialmente durante el proceso de enamoramiento de Flavières:
«Madeleine subió por la avenida hasta la Place du Trocadéro, para continuar por la explanada de blancura deslumbrante. Nunca París se había parecido tanto a un parque. La torre Eiffel, azul y rojiza, se alzaba sobre los céspedes como un tótem familiar. Los jardines se inclinaban hacia el Sena, rodeando tramos de escaleras que semejaban inmóviles cascadas bordeadas de flores.»

En la novela sobrevuela el mito de Orfeo y Eurídice, la historia del enamorado Orfeo que al perder a su amor, Eurídice, bajará hasta los infiernos para recuperarla y volverla a la vida junto a él. Precisamente eso es lo que en su fuero interno o en su mente perturbada pretende hacer Flavières al retornar a París en 1944. 
«Flavières oyó que lloraba. Caminaron abrazados hacia un bulevar iluminado. Iban a regresar al mundo de los vivos. Flavières sacó su pañuelo.»
¿Ha logrado finalmente encontrar Flavières a su Madelaine? ¿Había fallecido ésta como Eurídice? ¿Estaba ella enamorada de él? ¿Por qué Gévigne, el marido de Madelaine, quiso que Roger, su amigo de infancia, siguiera a su esposa?
Libros escritos a cuatro manos

Todas estas preguntas se las hace el lector durante la lectura de esta interesante y diferente novela detectivesca escrita por estos dos escritores que se comunicaban entre ellos por carta. Hoy, desde luego, todo les habría resultado más sencillo. Esta novela apareció el año 1954 y es la tercera de los cerca de 40 títulos que la pareja formada por Pierre Boileau y Thomas Narcejac escribió. Dentro de la novela negra ciertamente fue una apuesta novedosa que incide fundamentalmente en lo psicológico, lo que crea una tensión muy interesante. 

Pero, volviendo a los interrogantes anteriores diré que resolverlos es el gran acicate para leer esta novela. Y que se disfruta un montón resolviéndolos. Una gran novela, sin duda alguna. Leeré más de esta pareja de autores: Boileau-Narcejac.


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Un título más que viene a engrosar los leídos para completar el Reto "Nos gustan los clásicos"

16 ene 2024

Philip Kerr. Azul de Prusia

12 comentarios:

«Con un libro diferente —el de Marx en vez del de Hitler—, un uniforme ligeramente distinto y un himno nacional nuevo, “Resucitados de entre las ruinas”, todo podía seguir como siempre. Hitler, Stalin, Ulbricht, Jrushchov, eran todos iguales, los mismos monstruos del abismo neurológico que denominamos nuestro subconsciente.»

Azul de Prusia, editorial RBA editores,
Llevaba tiempo queriendo leer algo de este escritor británico y no sé muy bien por qué aún no había hincado el diente a ninguna de sus novelas. El personaje de Bernie Gunther creado por Philip Kerr me lo había encontrado citado en más de un libro de otros autores y en varios de los buenos blogs literarios que habitualmente frecuento. Su personalidad e importancia en el mundo de la novela policíaca parecía estar a la altura de otros, más clásicos y consagrados desde hace décadas, como Marlowe o Sam Spade. No me quedaba más remedio que ir a conocerlo personalmente. No tenía otra opción que leer a Philip Kerr.

Bernie Gunther en Azul de Prusia (aparecida en 2017), la duodécima entrega de la serie de novelas detectivescas históricas protagonizadas por él, es enviado por el general Erich Mielke, jefe de la Stasi y antiguo partisano y activista contra la Alemania nazi, a una misión en Inglaterra. ¿Es Gunther un nazi por haber vivido y trabajado en Alemania durante la época en que Hitler se hizo con el poder o es un comunista que desea el máximo bien para la RDA que surgió en 1949? Pues ninguna de las dos cosas, aunque en apariencia haya contribuido a la subsistencia de ambas. 

Como digo, es este 12º libro el único que del autor y de su personaje he leído. Así que intuyo que mi conocimiento de ambos sea incompleto y asumo el peligro de caer en el error y sacar conclusiones precipitadas. Con todo y con eso me arriesgaré y si incurro de manera flagrante en algunas espero que quien las detecte las señale en el comentario que me deje al final de esta reseña. Puesta ya la venda antes de la herida paso sin más a hablar y dar mi opinión sobre esta novela de casi 600 páginas.

Como he dicho ya el general de la Stasi (Policía política de la República Democrática Alemana), Erich Mielke,  ha viajado hasta la Riviera francesa donde Bernie Gunther, antiguo agente de la policía alemana durante la República de Weimar, trabaja en 1956 bajo identidad falsa en hoteles de esa zona de Francia. Dos agentes de la Stasi le conminan a que los acompañe hasta un restaurante donde Mielke le espera para encargarle el asesinato de una británica, antigua compañera y amante suya. El procedimiento a emplear será el envenenamiento con talio. Para contrarrestar sus efectos mortíferos sólo existe un posible antídoto, el Azul de Prusia. He aquí la justificación del título.

Gunther no puede negarse, aunque intuye que tras realizar la misión, también él sufrirá en sus propias carnes idéntica acción. No le queda otra opción que intentar zafarse de los acompañantes que en tren lo acompañan hacia Calais para tomar el ferry a Inglaterra. Uno de sus vigilantes es Friedrich Korsch, antiguo compañero en la Kripo (Policia Criminal durante la República de Weimar que luego pasó a la tutela nazi. Bernie no fue aceptado en ella por sus ideales social-demócratas). Rememora, pues Gunther, al tiempo que huye de Korsch y otros agentes de la Stasi en ese momento, año de 1956, la investigación que con él realizó en Baviera en1939 en el Nido del Águila (Kehlsteinhaus), en Obersalzberg a donde fue enviado por Heydrich (jefe de la Kripo);  su misión era, aunque estaría a las órdenes del todopoderoso Martin Bormann, la de encontrar pruebas incriminatorias contra éste. Y es que allí, en el lugar de descanso elegido por Adolf Hitler, se ha producido el asesinato de un alto miembro de la seguridad del Führer; Bernie Gunther, detective privado en esa época al no haber sido aceptado en la seguridad nazi por sus ideas socialdemócratas, deberá en sólo una semana encontrar al asesino para así garantizar la seguridad de Hitler.

La novela es detectivesca, un thriller en toda regla, tanto en un tiempo como en el otro. En 1956 el suspense es máximo al ver cómo Gunther, ya con identidad falsa y cambiante, escapa, se oculta, lucha, contra los agentes de la Stasi que Korsch dirige. En la acción rememorada de 1939, ambos, Korsch y Bernie, en sus indagaciones irán descubriendo que el Nido del Águila donde Hitler encuentra la paz es un nido de corrupción, de extorsión a los naturales del lugar y de venganzas sucesivas. La acción en contrapunto está perfectamente desarrollada y desde el primer momento capta la atención del lector.

Muchas cosas me han gustado de Azul de Prusia, la principal sin duda alguna, el baño de historia en el que me he sumergido gracias al buen hacer de Philip Kerr. El dominio y profundo conocimiento que tiene el novelista escocés de todos los personajes históricos con protagonismo en el relato me ha encantado. Al tiempo, he de confesarlo, haber visitado personalmente la zona en un viaje con amigos no hace mucho ha contribuido a mi disfrute: el palacio del Luis II de Baviera, el Kehlstein que es el pico más al norte del macizo de Göll,  las localidades de Berchtesgaden, de Obersalzberg, de Berghof, de Homburgo, de...        

Pero no sólo me he sumergido en datos históricos de la época hitleriana que desconocía. También he aprendido cuestiones poco publicitadas, al menos por estos lares, sobre la conformación de los países de Europa tal y como los conocemos en la actualidad. Así, confieso no saber que en 1955 hubo un referendum en el Sarre sobre si ser independientes o mejor pertenecer a Francia o a Alemania
«en el referéndum de octubre de 1955, los habitantes del Sarre predominantemente alemanes habían votado por abrumadora mayoría rechazar la idea de una Saarland independiente, lo que también les habría ido bien a los franceses. Estos resultados se interpretaron en general como el rechazo de la región hacia Francia y un indicio de su firme disposición a formar parte de la República Federal Alemana.»
Y de la misma manera desconocía por completo el trasvase que miembros activos del comunismo inicial de los años 20 y del nazismo hitleriano de los 30 y 40 realizaron en ambos sentidos. Es algo que en esta novela Philip Kerr quiere destacar debidamente poniendo en la misma línea de iniquidad y necesaria repulsa a los regímenes social-comunistas de la Europa del este y a los regímenes nacional-socialistas que los precedieron. En definitiva, una versión narrativa, magníficamente montada y desarrollada de nuestro castizo "los extremos se tocan"

[Wihlem] «Brückner. Sirvió bajo las órdenes del coronel Epp, durante la insurrección comunista bávara de 1919. Mataron a cientos de personas. En Múnich y en Berlín. He oído incluso que fue Brückner quien estaba al mando de los hombres de los Freikorps que asesinaron a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Ese es uno de los motivos por los que está en el entorno inmediato de Hitler, claro
Al tiempo que toda la historia aparece, Kerr esparce en la novela no pocos elementos culturalistas que él utiliza frecuentemente como elementos en símiles o comparaciones. Así los hay referidos al mundo de la pintura («Incluso en el mejor de los casos, mis recuerdos suelen parecerse a los cuadros más feos de George Grozs y Otto Dix»), al del Cine («Me vi —en blanco y negro, claro— como Orson Welles en El tercer hombre, pistola en mano, la linterna preparada, avanzando lentamente por los túneles en busca de Johann Diesbach, una rata a la búsqueda de otra.») y también a muchos otros como la filosofía, la mitología, la propia literatura...
«No sé si Nietzsche habría reconocido en mi presencia en Homburgo su concepto del eterno retorno, pero a veces daba la impresión de que los detalles de mi vida estaban destinados a repetirse, una y otra vez, por toda la eternidad. Quizá Goethe habría dicho que tenía una afinidad electiva por los líos, que estaba químicamente predispuesto a ello. O bien eso, o bien estaba simplemente condenado a vagar por la faz de la Tierra, como Odín, en busca de una especie de conocimiento que contribuyera a mi fútil apuesta crepuscular por la inmortalidad.»
Entre los elementos que me han agradado está la individualidad que confiere el novelista a todos y cada uno de los personajes, tanto históricos como los hermanos Bormann, los generales Mielke y Heydrich, Karl Flex, el doctor Brandt, Bruno Schenk o Peter Högl, como los propiamente ficticios: el propio protagonista, evidentemente, su compañero Korsch, Johann Diesbach, o el curita católico que le dice que le ayudará a huir de los agentes de la Stasi, y pocos más porque en Azul de Prusia -y me atrevo a decir que en toda la serie de Bernie Gunther- hay más personajes históricos que propiamente inventados.

Otra de las cosas que han llamado mi atención es la recurrente utilización del calificativo "azul". Además del contenido en el propio título, el azul corretea por muchas páginas de Azul de Prusia
  • «los dilatados ojos azules impávidos [de Karl Flex]frente a la intensa luz», 
  • «El muerto Flex llevaba una libretita AZUL», 
  • «un cuadro de Federico el Grande con la cara sonrosada. Aún era joven; tal vez datase de cuando era el príncipe heredero. Vestía un abrigo de terciopelo azul» 
  • La referencia culturalista a la película "El Ángel Azul" protagonizada por Marlene Dietrich
  • ....
Serie Bernie Gunther, Novela detectivesca, literatura alemana
Leyendo sobre la serie novelesca de la que forma parte Azul de Prusia observo que no existe entre los distintos títulos un orden cronológico estricto sino que hay novelas que relatan sucesos anteriores a otros aparecidos en títulos anteriores y también a la inversa. En esta novela, al mostrar dos momentos en contrapunto juega con alguna que otra anticipación en el más temprano como cuando al hablar por vez primera del doctor Karl Brandt dice que «Un par de años después, en Praga, me volvería a cruzar con su nombre, en relación con el asesinato del general Heydrich.».

Y en cuanto al estilo es evidente la característica de novela negra contenida en el primer relato temporal al denunciar toda la iniquidad y corrupción del sistema nazi, los abusos sobre la población, la 'felicidad' de los nazis versus el sufrimiento de los campesinos de la zona que rodeaba al lugar paradisíaco donde descansaba el líder del Tercer Reich. Quizás para incidir más en la brutalidad estructural del nazismo Philip Kerr redacta por momentos párrafos como el de la autopsia realizada al cadáver de Karl Flex:
«La causa aparente de la muerte resultaba obvia de inmediato: un trozo grande de cráneo, de varios centímetros cuadrados y todavía unido al cuero cabelludo, colgaba del lateral de la cabeza recubierta de sangre seca igual que una trampilla abierta. La mitad de los sesos revueltos del tipo parecían haberse derramado sobre la mesa y las baldosas del suelo cual fragmentos de carne picada en una carnicería.»
Esto es lo que era el nazismo en esencia, sucio como el suelo de una carnicería.

4 dic 2023

Los amigos del crimen perfecto. Premio Nadal 2003. Andrés Trapiello.

15 comentarios:

«Los ACP [Amigos del Crimen Perfecto], a imitación del Detection Club que formaron Chesterton, D. L. Sayer, Agatha Christie, F. Willis, Crofts, Wade y otros, era un club de amantes de la novela policiaca, un grupo de personas a las que unía el amor del arte por el arte, el arte puro, el asesinato como una de las bellas artes, para decirlo con frase impar.»

Los amigos del crimen perfecto, Premio Nadal, Andrés Trapiello
Andrés Trapiello es un escritor que siempre me ha interesado. Lo conocí por sus artículos publicados en la sección cultural de periódicos y de revistas. Lo he leído a lo largo de los años con mucho agrado. Abordé la lectura de la para mí primera obra suya hará algo más de dos años y medio. Fue su ensayo de corte biográfico  e histórico titulado Madrid del que dejé testimonio en este mismo blog. Como todo lo suyo que hasta el momento había leído me gustó y así lo reflejo en la reseña que hice de la obra.  

No había abordado su novelística hasta este momento siendo ésta, Los amigos del crimen perfecto la primera novela suya que leo. Mirando la biografía literaria que coloqué en la entrada que dediqué en El blog de Juan Carlos a su ensayo Madrid observo que la misma fue su tercera incursión en el género. Antes de 2003, que fue cuando Los amigos del crimen perfecto se alzó con el Premio Nadal, Andrés Trapiello había publicado ya otras novelas: La tinta simpática, en 1988,  y  El gato encerrado, en 1990,  primer tomo éste de los diecisiete que hasta la fecha ha publicado del Salón de pasos perdidos, conjunto de diarios que ha subtitulado Una novela en marcha, publicados todos ellos en la editorial Pre-Textos. Al ser esta última más un tomo de un diario que una novela en el sentido habitualmente admitido, es El buque fantasma, aparecida en 1992, la considerada segunda novela suya, novela que fue galardonada ese mismo año con el Premio Internacional de novela Plaza y Janés. 
Tras Los amigos del crimen perfecto, en 2005, Andrés Trapiello, un enamorado de  Miguel de Cervantes y en especial de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, da a la imprenta Al morir don Quijote considerada por la  Fundación Juan Manuel Lara como la mejor novela de ese año editada en español. Cuatro años más tarde y también en la editorial Destino publica Los confines. Por último, en 2012, aparece  su novela Ayer no más, elegida mejor novela del año por los lectores del diario El País.

Como se ve por lo dicho hasta aquí, Trapiello es un periodista, articulista y ensayista que no hace ascos a la narrativa en el formato de novela. En mi opinión, tras haber leído la que protagoniza esta reseña, su manera de narrar tiene individualidad propia y distintiva, algo que no todos quienes proceden del periodismo logran. Pero entremos ya de una vez en ella.

Los amigos del crimen perfecto me ha gustado y sobre todo me ha entretenido. No digo que sea perfecta, desde luego que no. No sé, creo que hay algo en ella que no se ajusta a la perfección. Pero ya digo que es muy entretenida y especialmente realiza un diferente y muy sabroso recorrido por la novela policíaca española que luego derivará en negra, de esa novela clásica de detectives que corretean, piensan y resuelven siempre en localidades extranjeras (USA, Inglaterra, París...) hasta esa nueva novela española que en los años 80 salta de Chicago, Los Angeles y los docks de Dover a las calles de Madrid, Barcelona, Bilbao y otras localidades españolas.

Naturalmente todo lo anterior se envuelve en un delicioso celofán, el de la ACP (Amigos del Crimen Perfecto), tertulia que periódicamente se reúne en el Café Comercial de la madrileña glorieta de Bilbao, para debatir sobre novelas de aquí y de allá en las que haya un cadáver, una investigación, unas pruebas, unos sospechosos y unos culpables con pruebas incriminatorias sólidas. Pero, se preguntan estos tertulianos, que entre ellos se llaman con nombres de autores y de personajes célebres de la literatura policíaca y detectivesca (Sam Spade, Nero Wolfe, Sherlock Holmes, Miles, Poe, Marlowe...), ¿existe el crimen perfecto? («El azar es el principio fundamental de todo Crimen Perfecto. El azar, algo en lo que la policía no cree nunca.»). 

Estos individuos, en una magistral mezcla entre lo real y lo ficticio, entre literatura y vida, viven en la realidad («Una cosa son las novelas, y otra la vida real. Lo sabes muy bien. Y en la vida real hemos de vivir todos a medias, con las cosas descacharradas. Ésa es la vida. A cambio tenemos nuestras pequeñas alegrías, nacen hijos, los vemos crecer, nos reímos con ellos. Esa felicidad es real. En las novelas las cosas malas pesan mucho, pero no tienen en cambio una sola cosa buena real.») pero se mutan en ficción en sus reuniones. Hay uno, Paco Cortés (Sam Spade), escribidor de relatos policíacos de kiosko, que sirve de nexo de unión entre ambos ámbitos. Con este personaje, en mi opinión, cumple Trapiello uno de los propósitos de este libro: homenajear a los autores de novelas tipo pulp fiction o hard boiled que hubo en España durante las décadas de los 50, 60 y 70 del siglo pasado. Me refiero a nombres como José Mallorquí, Francisco González Ledesma, E. Macho Quevedo, M. Guasch, E. Riambau, y otros más [en una ya muy lejana entrada en el blog, que desde aquí os animo a leer, toqué este tema que siempre me ha resultado fascinante], que engrosaron la, durante bastantes años, considerada sub-literatura de kiosko. Al igual que ellos, el protagonista de la novela, autor de más de 30 títulos, utiliza seudónimos diversos:
«Tenía muchos otros seudónimos donde elegir: Fred Madisson, Thomas S. Callway, Edward Ferguson, Peter O'Connor, Mathew Al Jefferson, Ed Marvin Jr. y una docena más que utilizaba caprichosamente.»
Con el advenimiento de la Democracia  estos autores fueron reivindicados, los que aún vivían salieron de su, hasta ese momento, forzado anonimato y realizaron lo que en este libro se muestra: la conversión de esa literatura vergonzante y menospreciada en novela policíaca española y más tarde en la novela negra española actual que de tanto prestigio y buena salud goza actualmente. Esta transformación la personifica el autor en la figura del protagonista y alma de la ACP, Paco Cortés, quien en un momento dado, ya como gestor de la editorial donde hasta entonces había publicado sus relatos, decide hacer en su propia persona y también en el terreno de la novela policíaca española de kiosko una reconversión paralela a la que en la industria y tantos otros aspectos estaba experimentando España: 
«—Se le ha ocurrido una idea que considera una genialidad: plagiar nuestras propias novelas. Todos le miraron con expresión de sorpresa. 
 —Hay que ambientar las novelas en España. Es lo que se estila ahora. El público está cansado de que los crímenes ocurran a tres mil kilómetros de aquí. No valoran el que sean o no perfectos, sino que se huela o no la sangre, y cuanto más próxima esté la sangre, mejor, y cuanto más familiar, mejor todavía.»
Por lógica, derivado de este entreveramiento literatura-vida, uno de los componentes destacables en Los amigos del crimen perfecto es la metaliteratura. Se habla mucho aquí de literatura, como por otra parte es natural en una tertulia de amigos amantes del género policíaco. Un género éste que en esos años finales de la dictadura e iniciales de la democracia (la historia temporalmente pivota sobre el asalto al Congreso de los Diputados el 23 de febrero de 1981) comparte con el de la novela rosa o sentimental, también de kiosko, muchos elementos, por ejemplo el de la obligada ausencia de crítica social:
«A las lectoras les gusta que las mujeres sean jóvenes, guapas y pobres y los hombres canallas, guapos y ricos. Las guapas son un poco tontas y las buenas son menos guapas, pero más decentes. Las guapas, golfas y las feas, en cambio, muy buenas madres, novias y hermanas. Lo de los hombres no tiene variación: siempre egoístas y depredadores de su virtud. Usted me entiende. Las guapas acaban pasándose de tontas y las listas acaban siendo un poco más guapas. ¿Me sigue usted? ¿Qué porquería es esa de que la protagonista se enamore ahora de un cura obrero?»
Tercera España,
Si todo lo expuesto hasta aquí revela elementos que me han agradado de esta novela, he de decir que la manera que tiene Andrés Trapiello de presentarlos también me ha satisfecho mucho. El novelista muestra su dominio de la lengua a través de un vocabulario extenso y muy preciso. Según leía he ido tomando nota de muchos de los términos que el escritor emplea y la lista ha resultado muy extensa. Son palabras como mechinal ('habitación muy pequeña y reducida'), se azorró (‘se avergonzó’), tillado (‘suelo de tablas’), contumelia (‘Oprobio, injuria u ofensa hecha a alguien’), caduceo (‘vara cilíndrica rodeada por dos serpientes, símbolo del dios romano Mercurio y hoy símbolo del comercio’), cenceño (‘Enjuto, delgado’), barzoneando (‘Andar vagando y sin destino’), trapaza (‘Artificio, engaño’), cerusa (‘Carbonato de plomo’), lampiones (‘Faroles de alumbrar’), corchete (‘Agente de justicia que se encargaba de coger al delincuente’),  mirotear (neologismo construido a imitación de ‘corretear’ o ‘besuquear’ para marcar la acción frecuente o repetitiva de ‘mirar’), etc, etc. 

Un dominio del vocabulario del que dan muestra también largas enumeraciones que utiliza en ocasiones:
  • «cuántos asesinos, malhechores, barbianes, belitres, malsines, rufianes, bergantes, granujas, truhanes, bribones y bellacos» 
  • «Había allí pistoletes, cachorrillos, pistolas de duelo, de avispero, colts, revólveres de lo más variado, ordenados por épocas, por tamaños, por filigrana, en roseta, con los cañones apuntando al centro, en espiga, en ringlero, en escala…»
Y todo esto parodiando con acierto el estilo de las novelas baratas, hardboiled o de kiosko:
«Cuando aquel beso terminó, Hanna, sin soltar sus manos, le condujo al dormitorio, no sin antes soplar sobre la llama de la vela. En el momento en que se apagó, apareció en el balcón el sortilegio de todas las estrellas, y la luna extendió, como una alfombra, el misterio de su sudario.»
Una parodia que, como ya he dejado dicho, llega a colonizar su propia vida -la de Paco Cortés, se entiende; aunque quizás trascienda a la del propio escritor, asunto para debatir en tertulia a semejanza de la que los ACP realizan en el Café Comercial- convertida, al expresarse así, en prácticamente elemento novelesco: 
  • «Sí, le dolía la garganta. En una novela él hubiera tachado las palabras dolor-de-garganta con unas equis, y habría dejado de dolerle. En una novela habría suprimido el pasaje donde el jarrón se rompía, y el jarrón seguiría incólume.»
  • «¿Qué había querido Dora decir con aquel beso? Le gustó aquel beso por lo que tenía de novelesco. Le gustaba mucho la vida cuando se parecía en algo por lo menos a una novela de las suyas.» 
Tampoco hay que olvidar la buena dosis de humor en que Andrés Trapiello envuelve su narración. Es un humor inteligente, nada chocarrero, que incide y demuestra siempre el buen talante del autor y su inmenso conocimiento literario. Una sabiduría literaria que aparece esparcida en Los amigos del crimen perfecto de una manera natural, nada impostada:
  • «Modesto acudió a las diez de la mañana siguiente a la calle San Francisco de Sales, tal y como el inspector le indicó. Ésa era la hora en la que se incorporaba el comisario jefe, encargado del caso, un tal don Ángel de Buen, que llegó, en efecto, a las once y media.» 
  • «—Apuesto tres párolis a que esos polis no sacan nada en claro —dijo Marlowe, que no sabía exactamente lo que era un pároli, pero se había quedado con la expresión desde que la leyó en una pésima traducción de una novela de Dürrenmatt.»
Para concluir
La acción de la novela está situada en los años 80, concretamente el 23 F de 1981 tiene -ya lo he dicho en algún momento de esta reseña- un papel cenital. A partir de esta fecha central la acción discurre hacia adelante durante dos o tres años. Esta linealidad temporal se rompe con múltiples vueltas atrás dado que todos los personajes tienen pasado. Asistimos a la vida de muchos de estos personajes. En la novela evolucionan los mismos de su entidad novelesca (Milagros es Miles, Paco Cortés es Sam Spade, Modesto Ortega es Perry Mason, Lolita Chamizo es Mike Dolan, el hijo del relojero de la calle Postas es Marlowe, el policía de la comisaría de la calle La Luna es Maigret, el doctor Agudo es Sherlock Holmes, el estudiante es Poe, el dueño de un restaurante de nombre auténtico Antonio Sobrado es Nero Wolfe...) a la real cuando la evidencia de la vida se les impone tal y como Paco en un momento dado le dice a Dora, su mujer («tenemos que vivir en la vida, no en una novela. Para vivir precisamos no lo ficticio, sino lo necesario.»)

Tertulias literarias,Cafés literarios madrileños
Los tertulianos -la vida y la evolución en el tiempo de una tertulia también me ha resultado interesante- discurren mucho sobre la posibilidad en la novela de un crimen perfecto. La novela transita desde la ficción hacia la realidad y ésta se intenta explicar utilizando utensilios propios del mundo novelesco. ¿Es esto factible? y lo que es más importante, ¿existe el crimen perfecto? ¿En la realidad sí y en la novela no? ¿O será más bien al revés? 

Además de todo lo anterior diré que Los amigos del crimen perfecto de Andrés Trapiello me ha interesado mucho por ser un elogio de la novela policíaca clásica, de la gran novela detectivesca. El diálogo que mantienen en un momento del relato Antonio Sobrado (Nero Wolfe) y Francisco Cortés (Sam Spade) es toda una lección sobre dicha novelística:
«—¿Qué novelas te gustan a ti?
—¿De las grandes? —preguntó Cortés.
Nero Wolfe comprendió que estaba en efecto delante de un experto.
—¿A qué llamas tú grandes? 
—Lo siento —se disculpó el recién estrenado novelista—. Me refería a los clásicos, ya sabes Malet, McCoy, William Irish… 
—Yo creía que los grandes eran Doyle, la Christie, Simenon. 
—Ésos son los clásicos. 
—De acuerdo —empezó a decir Antonio Sobrado—. De los tuyos me gusta, de McCoy, Di adiós al mañana, y de Irish, La novia iba de negro.Y de los míos El regreso de Sherlock Holmes, de sir Arthur, El hombre que oyó pasar trenes toda la noche, de Simenon, y de La Dama, El asesinato de Roger Ackroyd, quizá los Diez negritos, no sabría con cuál quedarme.
—No está mal —dijo el novelista—. Pero ¿conoces El misterio de la habitación amarilla de Gaston Lerroux, Lord Peter y el desconocido de Dorothy Sayers, El asunto Benson de Van Dine, El problema del telegrafista de Dickson Carr o El misterio del sombrero de seda de Ellery Queen? Las que tú has dicho son novelas de sobresaliente. Éstas son de magna cum laude, y son clásicas.»




27 may 2023

Un lugar a donde ir. 2ª entrega de la serie "Puerto escondido" de María Oruña

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Un lugar a donde ir, Cantabria, María Oruña
Paseando hace unas semanas por una Feria del Libro (la de Salamanca concretamente) vi en una caseta la segunda entrega de los libros de Puerto escondido de María Oruña. Recordaba con gusto la lectura de la novela que da título a toda la serie, aunque ya me quedaba algo lejana en el tiempo (año 2018), así que sin pensármelo más la adquirí y la acabo de leer. También he vuelto a leer la reseña que hace ya cinco años hice de Puerto escondido. Gracias a ella el mundo que habitan los personajes junto a la personalidad de éstos y sus evoluciones han revivido en mí y me han servido para leer con más criterio Un lugar a donde ir

La novela me ha resultado muy entretenida. Me ha gustado volverme a reencontrar con la teniente Redondo y todos los guardias civiles que la rodean en la comandancia santanderina donde trabaja. También me ha gustado esa manera paralela de llevar dos tramas que naturalmente, y tal como sucede en la primera de la serie, confluyen y se funden en una según avanza la narración. Sólo le pondría una pequeña pega: el desarrollo y resolución de la trama me ha parecido algo previsible. El sospechoso máximo se vislumbra con bastante claridad doscientas páginas antes de que la historia concluya. Pero con todo y con eso es una novela interesante en la que se aprenden muchas cosas (de paleontología, de numismática medieval, de venenos naturales, de criminalística, etc.).

Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Han transcurrido varios meses desde que Suances, un pequeño pueblo de la costa cántabra, fuese testigo de diversos asesinatos que sacudieron a sus habitantes. Sin embargo, cuando ya todo parecía haber vuelto a la normalidad, aparece el cadáver de una joven en La Mota de Trespalacios, que es el lugar donde se encuentran las ruinas de una inusual construcción medieval. Lo más sorprendente del asunto no es que la joven vaya ataviada como una exquisita princesa del medievo, sino el objeto que porta entre sus manos y el extraordinario resultado forense de su autopsia. Cuando hasta los más escépticos empiezan a plantearse un imposible viaje en el tiempo, comienzan a sucederse más asesinatos en la zona, que parecen estar indisolublemente unidos a la muerte de la misteriosa dama medieval. Mientras Valentina Redondo y su equipo investigan los hechos a contrarreloj, Oliver Gordon, ayudado por su viejo amigo de la infancia, el músico Michael Blake, buscará sin descanso el paradero de su hermano Guillermo, desaparecido desde hace ya dos años, y descubrirá que la verdad se dibuja con contornos punzantes e inesperados.

Me ha gustado mucho la estructura que da María Oruña a Un lugar a donde ir: dos historias en paralelo, la búsqueda por parte de Óliver de su hermano Guillermo, y la resolución de los crímenes sucedidos en Suances y Comillas por parte de la teniente Valentina Redondo. Ambas historias avanzan en paralelo, aparentemente independientes, hasta que se mezclan de manera indisoluble.

Al igual que señalé en la reseña de su novela anterior [ver aquí], todos los personajes están muy bien perfilados y tienen personalidad propia; hasta los agentes Alfonso Zubizarreta y Marta Torres, más planos en la primera entrega, la tienen en ésta. Del grupo más próximo a Valentina Redondo destacan el subteniente Sabandelle, que sigue con sus características de machista y engreído; el sargento Riveiro, siempre muy implicado en su vida familiar con su mujer Ruth e hijos; el capitán Marcos Caruso, exigente donde los haya y muy nervioso por todo lo que de los casos pueda trascender y perjudicarle; el juez Jorge Talavera, etc. Por la parte de Óliver Gordon, pareja ya mucho más consolidada de Valentina, destacaría a Michael Blake, amigo de la infancia que lo ayuda con la gestión de Villa Marina, la casa rural que Oliver tiene allí montada. Fue precisamente la adquisición de esta casa con los sucesos en ella acaecidos, relatados en Puerto escondido, la primera entrega,  lo que provocó que él y Valentina se conociesen. En la órbita de Óliver además está Anna Nicholls, su pareja en la anterior novela, que ahora ya sólo aparece en el último cuarto de Un lugar a donde ir aunque teniendo una función más que relevante en el relato; más perdido en la distancia está Guillermo Gordon a quien Óliver busca con denuedo y que sólo al final aparece por sí mismo y no sólo citado como hasta entonces. Imagino que en la siguiente entrega, quizás Guillermo tenga un mayor protagonismo; una razón más para no dejar pasar mucho tiempo por mi parte sin leer Donde fuimos invencibles, la tercera de la serie. Naturalmente categoría aparte y principal tendrían los personajes de esta novela, segunda de las cinco que por ahora  componen el grupo de títulos agrupados bajo el rótulo de Puerto escondido, sobre los que se centra la investigación policial: la medievalista Wanda Karsávina y los espeleólogos Arturo Dubach, suizo; Helder Nunes, portugués; Marc Llanes, español catalán; y Paolo Jovis, italiano. Cada uno con sus peculiaridades, pero los cinco con individualidad y personalidades auténticas y muy diferentes. 

Trilogía de 'Puerto escondido', María Oruña
Importantísimos en la novela y en toda la serie son los espacios, los lugares donde transcurre la historia. Fundamentalmente es Cantabria (Suances, Comillas, Liérganes, Puente Viesgo, Ramales de la Victoria...) con especial importancia del paisaje kárstico de la autonomía que dio lugar a la formación de cuevas. Son las cuevas cántabras los auténticos escenarios donde transcurre la peripecia. Cuevas como la del Soplao, la de las Monedas, la de Altamira, la de Cullalvera... Y fuera de Cantabria tiene una especial importancia en la narración el Sótano de las Golondrinas en México. Los sucesos que tienen lugar en este espacio natural son fundamentales dentro de la trama. Poco o nada se puede decir de lo que acaece en estos espacios naturales —bellísimos a través de las palabras que María Oruña utiliza para describirlos— para no destruir el encanto y la magia contenidos en esta novela negra.

Todos los elementos que destaqué al hablar de Puerto escondido están presentes en Un lugar a donde ir. Me refiero, por ejemplo, al color local, no sólo de Cantabria sino también de la zona mexicana donde se encuentra el Sótano de las Golondrinas al que acuden los cuatro arqueólogos, o también el paisaje próximo a Nápoles de  donde es originario Paolo Jovis
  • «en un claro de la selva, entre vegetación y abruptas piedras calizas y grises, vieron una pequeña pero ancha pasarela de madera que, como un mirador, se extendía al borde de un impresionante abismo. A ellos, que ya habían visto tanto, les hizo enmudecer su belleza. Su tamaño era colosal, majestuoso. La sensación ante el vacío que se abría ante ellos, indescriptible. Habían legado, por fin, al Sótano de las Golondrinas.»
  • «Quizás fuesen aquellos viajes en barca con su abuelo curioseando cuevas. O quizás fuese culpa de aquel pintor loco, Karl Wilhelm, que había dejado impresa su huella, su esencia, en aquellos cuadros de la cartuja de San Giacomo, en la mismísima Capri. [...] Se habían decidido a curiosear dentro de aquel antiguo monasterio, que se había transformado en un edificio basto y decadente que albergaba un desangelado museo. [...] Hubo un cuadro que lo dejó pasmado, clavado al suelo: Grotta della Minerva; en él, gaviotas y espuma de mar se revolvían en espiral a la entrada de una gruta marina.»
También hay fuerte presencia de la cultura pop, tanto del mundo del Cine como del Cómic o de la Música. Ejemplo de lo primero puede ser el simpático diálogo que Valentina Redondo mantiene con el sargento Riveiro cuando encuentran el segundo cadáver de esta historia en una ría cubierta de niebla a esa hora temprana:
«—Menos mal que se ha levantado la niebla, porque esto parece la ciénaga de los muertos, joder. (dice Riveiro a la Tte. Redondo)
—¿La qué?
—¡La ciénaga! Pero, bueno, ¿tú no has visto El Señor de los Anillos?»
El mundo del cómic aparece en la alusión a Batman que hace Aldara, una niña de apenas seis años, al ser preguntada por los agentes:
«—Es verdad, yo vi cómo Batman dejaba a Barbie princesa en el prado.
—¿Batman? —preguntó Torres, mirando a Zubizarreta y volviéndose a inclinar al lado de la niña.
—Sí, no se veía bien, pero yo creo que era Batman. Lo vi de espaldas, cuando vine a la cocina por la noche.»
Y sobre todo, algo que casi es seña de identidad en María Oruña, muchas alusiones a la música que, al igual que en Puerto escondido, sirven para acabar de perfilar personalidades, definir ambientes y/o caracteres:


Muchas referencias literarias hay en la novela que aparecen, algunas, en las citaciones que abren cada uno de los quince capítulos en que se estructura la narración. Pertenecen a autores u obras conocidos por el gran público como Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, Albert Einstein, Cervantes, Leonardo Da Vinci, Ortega y Gasset, Tolkien, Jacques Cousteau..., y algún otro no tan conocido como Berthold Auerbach o Stanislaw Lem.  

Algunas de estas referencias se pierden en la oralidad de la tradición folklórica, como la citación que precede al contenido del capítulo segundo:
«Benditos sean los muertos buenos y las almas arrepentidas [...].Que el sol de los muertos aplaque los sus tormentos y los sus dolores. Amén.
Oración cántabra dedicada a los muertos»
Otras, al igual que la libresca firmada por Jacques Cousteau, son claramente populares. A este grupo pertenecerían los versos firmados por la madre Teresa de Calcuta que tienen una función muy relevante en el curso de la narración:
«La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
»
Como se ve por todas las características señaladas hasta aquí Un lugar a donde ir es, y en definitiva toda la serie de la que forma parte, un auténtico bestseller, dicho esto sin ningún sentido peyorativo por mi parte. En muchas de mis reseñas he defendido y me he alegrado de que los buenos autores vean recompensado su esfuerzo creador con una magnífica recepción por parte de los lectores. Ese es el caso de María Oruña. 

Para finalizar
De la autora no digo nada que no haya ya dicho en mi comentario sobre Puerto escondido [véase aquí]. Sólo me gustaría señalar que María Oruña gusta de hacer mostración de los conocimientos que posee de técnicas criminalísticas. Este aspecto es algo que ha llamado vivamente mi atención en las dos novelas que por ahora he leído de ella. El personaje sobre el que deposita estos saberes propios de la Medicina Legal son las forenses Clara Múgica y su subordinada Almudena Cardona. Estas dos médicos son esenciales para el esclarecimiento de las causas de la muerte de los diversos cadáveres que aparecen en la narración. Los tecnicismos jurídico-forenses tan del gusto de la autora aparecen citados y muchas veces debidamente explicados: cianosis, sierra Stryker, luz de Wood, ahogamiento seco, otograma, necropapiloscopia, etc.

"Un lugar a donde ir", María Oruña
(En la web somosviajeros.com de donde tomo la foto hay un magnífico reportaje sobre esta Cueva cántabra)

16 dic 2021

Olga Tokarczuk: "Sobre los huesos de los muertos"

23 comentarios:

«Entendí que pertenecíamos a ese grupo de gente que el mundo considera inservibles. No hacemos nada trascendental, no producimos pensamientos importantes ni objetos necesarios ni alimentos; no cultivamos la tierra ni hacemos que prospere la economía. No nos hemos multiplicado significativamente, a excepción de Pandedios, que tiene un hijo, aunque se trate de Abrigo Negro. No hemos aportado ningún tipo de provecho a la humanidad. No se nos ha ocurrido ningún invento. No hemos tenido poder, no hemos poseído nada más que nuestras pequeñas propiedades. Hemos hecho nuestro trabajo, pero este no ha tenido ninguna importancia para los demás.» (Capítulo 15: ‘La fiesta de San Huberto’)

Olga Tokarczuk, Sobre los huesos de los muertos, literatura polaca, William Blake
La novela que acabo de leer me ha gustado mucho, me ha sorprendido gratamente. No conocía a la escritora. pero afortunadamente uno tiene amigos amantes de la lectura que me dan aviso de buenos libros escritos por buenos autores. En esta ocasión el amigo ha sido mi magnífica amiga Ana de la tertulia "más que palabras...", tertulia y amiga gracias a quienes descubro no pocas buenas obras literarias. Gracias, Ana.

Olga Tokarczuk es una autora polaca que se alzó con el galardón del Premio Nobel en 2018. Nada sabía sobre ella, aunque seguro que su nombre lo habría oído, pero habría quedado sepultado en el fondo de mis recuerdos, tan en el fondo que lo había olvidado. Buscando información sobre Olga Tokarczuk leo que pese a haber ganado el Nobel en 2018 no recibió la distinción hasta el año siguiente junto al premiado de ese año Peter Handke. El motivo fue de índole organizativa dentro de la institución sueca y nada tuvo que ver con el nombre de la premiada. Pero vaya, por estos líos seguramente yo no recordaba su nombre, porque siempre irá la edición del Nobel 2018 envuelta en la del año siguiente, cuando lo ganó el escritor austriaco, que lo recibió junto a ella en 2019. Me parece una injusticia que le haya sucedido tal cosa; menos mal que su Obra siempre está ahí y cualquier lector interesado puede restañar la injusticia deleitándose con la calidad y la calidez de sus novelas.

Sinopsis [proporcionada por la propia editorial]
Olga Tokarczuk, una de las voces más vigorosas de la narrativa polaca contemporánea, despliega en este arrebatador thriller metafísico todas las contradicciones del alma humana. Janina Duszejko es una ingeniera de caminos retirada que enseña inglés en la escuela rural de Kotlina K;odzka, una región montañosa del suroeste de Polonia. Cuando la rutina del pueblo se ve sacudida por una serie de asesinatos que tienen como víctimas a varios cazadores furtivos, Janina, apasionada de la astrología, defensora a ultranza de los animales y obsesionada por la obra del poeta William Blake, intentará resolver por su cuenta los misteriosos crímenes. Bajo la forma de una novela policiaca y con un original subtexto ecologista, Tokarczuk retrata soberbiamente la sociedad local, cuestionando sin ambages tanto la falta de respeto por la naturaleza como el radicalismo ambientalista, en una de las obras más poderosas y originales de la literatura europea actual.

Esta novela, Sobre los huesos de los muertos, la escribió la galardonada el año 2009. En ella una mujer mayor, retirada en una localidad aislada donde en invierno sólo viven tres o cuatro personas, cuenta los crímenes que están sucediendo en el lugar. La novela utiliza el formato de la novela negra aunque el personaje investigador no sea uno al uso en ese tipo de relatos. La señora Janina, -si bien a ella le gusta que la llamen señora Duszejko, pues el nombre de Janina no le agrada nada-, es una gran defensora de los animales. No le gustan nada los cazadores pues, aunque estos cumplen en teoría una función reequilibradora de las poblaciones animales, ve que disfrutan masacrando seres vivos. Por esto y por su afición a la astrología considera que las muertes de sus vecinos, todos ellos amantes de la cinegética, son causadas por los animales (corzos, jabalíes e incluso simples escarabajos) como venganza al exterminio que provocan en sus poblaciones los depredadores humanos. Ella sostiene ante quien sea esta teoría, razón por la que es tildada de loca por toda la comunidad, policía incluida.

Junto a la señora Duszejko dos personajes más están también en el meollo de la investigación. Son el vecino Pandediós (hay que decir que los nombres de los vecinos y de otros personajes son los que la protagonista les pone basándose en aspectos externos como su apariencia o su comportamiento), padre de Abrigo Negro, que trabaja en la policía, y Dioni, el antiguo alumno de cuando ella dio clases en la Universidad. Dioni trabaja en la policía dentro del servicio informático pero su gran pasión es la traducción de la poesía de Blake. Precisamente el título de la traducción española de la novela está tomado de un verso del poeta romántico inglés.

En la novela se cruzan perfectamente sincronizados en la persona de la protagonista y narradora el presente de la investigación criminal con el de la astrología y la predicción que la conjunción de los astros según ella proyecta sobre las personas; no hay que dejar de lado el inmenso amor que esta mujer, que se encarga durante el crudo invierno del cuidado de las casas vacías de los veraneantes, tiene a la Naturaleza. En sus recorridos de vigilancia por la Meseta (así denominan a la zona donde viven que está próxima a Kłodzko, la localidad donde suceden algunos de los hechos) la protagonista-narradora realiza una preciosa defensa del medio ambiente, magníficas descripciones de la vegetación autóctona, del comportamiento de los animales... Se produce como una personificación de los inmuebles deshabitados («Sólo la casa de la escritora es un poco más excéntrica»), de los meteoros («Caminé tras ellos por la blanca y mullida nieve. Era reciente y el bajo sol de invierno hacía que esta se ruborizara.»), de las sensaciones, etc.

Si algo me ha encantado en esta novela es el lenguaje poético con que se envuelve en muchas ocasiones aquello que se cuenta o se describe: sinestesias como la contenida en «el olor metálico del frío», o imágenes atrevidas como «Estaba débil como un tallo de patata nacido en la oscuridad del sótano.» o «Por la ventana nevada entraba el amanecer, blancuzco como una bombilla de hospital», etc., etc. No hay que olvidar que la autora es, además de magnífica narradora, poeta y psicóloga. ¿Y qué tendrá que ver la psicología con la poesía?, os preguntaréis algunos. Pues mucho, naturalmente. En el fondo un poeta indaga a través de las palabras en la psicología propia o ajena buscando entender o alcanzar aquello que se halla más allá de lo patente. Y hasta ahí sólo se puede llegar a través de la palabra poética.

En "Sobre los huesos de los muertos" se explica la verdad de los personajes a través del instrumento poético. Es el lenguaje poético el que permite vislumbrar la personalidad de Janina; el porqué a ella no le agrada que la llamen así; su comunión con el entorno que la rodea; su rebelión contra la indiferencia de los humanos, en especial contra quienes debieran de ser garantes de que todo esté bien equilibrado: los poderes públicos, aquí la Policía. La señora Duszejko se mueve siempre en un plano suprarreal, que supera lo meramente fisiológico. Su pensamiento no puede entenderse desde la mera superficialidad de lo concreto; ella está más allá como demuestra su afición -creencia más bien- en la astrología. Pero paradójicamente es su afición a esta pseudociencia que los demás, -los profanos e ignorantes seres humanos que la rodean-, tildan de engañifa total, la que provoca que ella a su vez sea tenida por loca, enajenada, vieja chiflada.  

Geografía literaria de Sobre los huesos de los muertos
Aupados en esta consideración quienes la rodean salvo Pandediós, Buena Nueva (la chica manchú que atiende en la tienda de la localidad más cercana) y Dioni, la ignoran y desprecian su defensa de los animales («Ese no es un asunto para la policía, señora. Un perro es un perro. Un pueblo es un pueblo. ¿Qué esperaba usted? Los perros se guardan encadenados y en los cobertizos.»), su protesta frente al tradicional machismo («Porque es usted mujer. [le dicen los hombres al pedirle que cante el responso ante el cadáver de Pie Grande] Ah, era eso. Así que esa era la cuestión. No sabía qué tenía que ver mi sexo con el hecho de cantar, pero en aquel momento no quería rebelarme contra la tradición.»), su encendido amor por la zona donde vive («desde nuestra meseta se puede ver tanto la carretera como, ensartadas en ella, las ciudades de Kudowa y Lewin, y lejos, al norte, las poblaciones de Nowa Ruda, Kłodzko y Ząbkowice —que antes de la guerra se llamaba Frankenstein—»), su denuncia del disgusto que los demás muestran frente a la vejez en la que ella ha entrado hace ya unos años («Cuando se llega a cierta edad, hay que resignarse a que la gente se muestre impaciente con uno de modo permanente.»)...

La narradora y protagonista de esta novela se ve a sí  misma como una idealista que lucha contra un imposible: una sociedad que entiende el progreso al margen de la Naturaleza. Janina cuando contempla las torretas («púlpitos») desde las que los cazadores disparan a los animales tras atraerlos hasta allí con señuelos y engañifas se rebela contra ellas y se identifica con don Quijote: 
«En toda la meseta había ocho, yo lo sabía perfectamente porque había tenido contacto con ellas, como Don Quijote con los molinos.[...] Y es que no puedo soportar su presencia. Aunque la verdad es que quien siente ira y no actúa, propaga la epidemia. Eso es lo que dice Blake.»
Si la poesía envuelve la forma narrativa, es concretamente la de William Blake la que justifica la vida de la señora Duszejko y de Dioni, su antiguo alumno y traductor del poeta romántico. Sin embargo entre maestra y alumno hay al menos una importante diferencia: mientras que ella asume en todo el idealismo y sentimentalidad de Blake, Dioni sabe separar el aspecto teórico y literario del artista británico de la propia actuación en el mundo concreto que él como joven está viviendo en este momento.

El tema de la ira en una novela que trata de asesinatos y de la búsqueda de sus causas para llegar hasta el causante o causantes del horror es, naturalmente, asunto central. La señora Duszejko atribuye la ira a los propios animales contra los humanos cazadores que a base de batidas están diezmando sus poblaciones. Esta idea le dicen quienes la quieren y aprecian que procure no comentarla con nadie, pues la llamarán loca.

Otros temas se tocan en esta interesante y hermosa novela: el amor, visible en la pareja Dioni y Buena Nueva; el sexo presentado con la elegancia de la elisión; las políticas de la Unión Europea; la enfermedad y el deterioro propios del ser humano con el paso de los años; los fenómenos paranormales que percibe Janina cuando entra en determinados espacios de la casa donde habita; la vida rural frente a la vida en la ciudad que se va imponiendo llevándose por delante todo un mundo tradicional y hermoso pero menos confortable; el de la astrología vista a lo largo del tiempo y sus manifestaciones en la literatura, por ejemplo en la Divina Comedia de Dante; la guerra que movió fronteras e hizo cambiar de pertenencia nacional a las personas que habitan la zona donde se desarrolla la historia; el de la sororidad intuido en la relación entre las dos profesoras que habitan una de las ocho casas que forman la población de la Meseta y que en invierno está vacía como muchas otras; las dificultades, ventajas e inconvenientes que tiene vivir acompañado; la religiosidad y una de sus más interesantes manifestaciones: el ateísmo; hombres vs mujeres y la desventaja de ellos frente a ellas respecto al disfrute de la vida y sus manifestaciones artísticas(«Con la edad, muchos hombres caen en cierto autismo testosterónico que se manifiesta en una lenta pérdida de la inteligencia social y de la capacidad para comunicarse con las otras personas, […] Desaparece prácticamente su capacidad de leer novelas: el autismo testosterónico impide la comprensión psicológica de los personajes.»); y algunos más.

Premio Nobel de Literatura 2018, novela polaca, novela metafísica
Sobre los huesos de los muertos
de Olga Tokarczuk es sin ninguna duda una de las novelas mejores que durante este 2021 que ya se acerca a su final he leído. Es una novela que no se puede despachar en una o dos líneas porque es profunda, densa; una novela que toca muchos asuntos, todos ellos debidamente engarzados y relacionados; una novela muy bien escrita que va presentando de manera lineal con alguna vuelta atrás o/y aparición en la página en contrapunto momentos narrativos cronológicamente distantes. Para esto último la autora hace uso en el libro de un recurso tipográfico que de mano me sorprendió, se trata de una línea horizontal que viene a separar las secuencias ubicadas en distintos tiempos. La verdad es que no lo había nunca visto así. En cuanto a la persona que cuenta la historia creo que ya ha quedado claro que es la propia Janina Duszejko quien en primera persona relata lo sucedido en la localidad. Ella misma es al tiempo el personaje investigador de los asesinatos y como tal en el curso de su indagación realiza reflexiones sobre multitud de aspectos de la vida humana y su interacción con la naturaleza. Como guía de la perfecta relación hombre-mundo natural la narradora y protagonista echa mano de la poesía de William Blake que supo ver y transmitir que lo más grande se puede ver en lo más pequeño, que lo universal cabe en el detalle particular. Toda una filosofía, como se ve.
«¿Cómo podríamos entender todas esas cosas? Está claro que lo grande está recogido en lo más pequeño. No hay duda de que así es. En la mesa, mientras estaba escribiendo aquello, descansaba la configuración planetaria e incluso todo el cosmos. El termómetro, la moneda, la cucharilla de aluminio y el tazón de porcelana. La llave, el móvil, el papel y el bolígrafo. Y una cana mía en cuyos átomos se conservaba la memoria de los inicios de la vida, de la catástrofe cósmica que dio principio al mundo


 

Título
: Sobre los huesos de los muertos

Autora: Olga Tokarczuk

Editorial: Siruela

Año de edición: 2019

Páginas: 240

ISBN978-84-16638802