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9 jun 2026

Juan Maíllo: "El palacio de nitrógeno"

12 comentarios:
Juan Maíllo, Poesía elegíaca
Gentilmente, Juan Maíllo me ha enviado no hace muchos días este poemario suyo. Desconocía yo hasta este momento que el profesor lucentino practicase también el arte de Erato, quiero decir, que escribiese poesía, y dentro de ésta en el libro que nos ocupa el canto elegíaco. 

A mí los los libros de poesía lírica como El palacio de nitrógeno siempre me han atraído. Parece mentira cómo, a pesar de la habitual delgadez de los mismos, pueden contener en su interior tal cantidad de sentimientos y sensibilidad. Los veintidós poemas que componen este poemario me reafirman completamente en lo que acabo de decir. 

Abre Juan Maíllo este hermoso librito con tres epígrafes referidos al asunto que va a tocar y que son muy reveladores de sus gustos literarios. Los textos de los mismos pertenecen, por este orden, a  Charles BukowskiWislawa Szymborska y Jack Kerouac. Entiendo que aluden, yendo de lo general a lo particular, a la necesidad de ser fuerte para superar la adversidad, reflexionar sobre el luctuoso suceso acaecido, y al final aludir a que la bondad de un hombre es merecedora de todos los elogios. Y este hombre es, sin duda alguna, aquel al que con palabra amorosa dedica este bello y gran libro: «Papá». Sigue a estas cuatro páginas una quinta en la que informa de qué es la criogenia, la criogenización, esto es, la paralización de «procesos biológicos y químicos. Indefinidamente»

 Confieso que tras leer los cuatro primeros poemas tuve que parar la lectura, pues la verdad y el sentimiento que los mismos transmiten me embargaron por completo. La realidad de la muerte del padre, las palabras del oficio fúnebre, el lugar concreto donde reposan los restos, sus datos personales... insistentemente resuenan en la cabeza del poeta. El aciago suceso ocurrió además un 19 de marzo, Día del Padre, y el hijo lamenta la marcha precisamente ese día en que él («papá, / mi papá, / papaíto») debía de haber sido obsequiado. El regalo van a ser estos poemas construídos con «palabras espolvoreadas de nitrógeno» y de esta manera, dice Juan Maíllo, dirigiéndose a su padre fallecido:
«te mantendré así,
vivo,
hasta que llegue mi muerte,
esté ya a tu lado
y no tenga que viajar más
para verte.»
  Entre el primer poema, precisamente el que da título al libro («El palacio de nitrógeno»), y el último («Criogenia»), que explicita el porqué de haberlo compuesto, hay veinte poemas escritos en verso libre en los que el poeta da rienda suelta a sus recuerdos: momentos vividos con el padre («Palabras féretros», «El tesoro» o «Las treinta monedas de plata») mezclados con el presente actual («Letras negras sobre fondo blanco») o con lo ya finalizado, pero aún muy  reciente («Sentado en el filo de la cama»). 

Hay mucha verdad en esta obra, tanta que, sin saberlo a ciencia cierta, me atrevo a decir que los nombres familiares que en algunos poemas aparecen se corresponden con los auténticos de la familia del poeta (mujer e hijos) y de otros familiares y amigos, en especial compañeros de trabajo, que han vivido y acompañado al poeta en el proceso luctuoso por el que está pasando o acaba de pasar. Son «Mónica, Víctor y Paula» que, mientras él está despierto en la madrugada, duermen en la casa; son sus compañeras de trabajo «Mapi» y «Rocío» del poema ¿Cómo estás? («"¿Cómo estás?", / me dice Mapi / mi compañera / [...] / "¿Cómo estás?", / me dice Rocío, / otra de mis compañeras, »).

Creo haber percibido un auténtico sentimiento de religiosidad respirando en algunos poemas,. «Dios nos prueba», dice en el poema «La avaricia»; el poeta es un hombre que cree, un hombre religioso a su manera, un hombre que busca consuelo, pero no es un beato ni nada parecido. Estamos más ante un panteísmo que enlaza con un amor a la naturaleza (en «Gotas de lluvia» aparece la idea de la muerte que da vida).Y también varios de los poemas traslucen junto a hermosos recuerdos la mancilla de la vulgar realidad («La avaricia» o el hermosíssimo «Letras negras sobre fondo blanco»).
                         

(De “LA AVARICIA”)

Dios nos prueba
afortunado quien no codicia
y ofende a sus hermanos
afortunado quien codicia lo invisible
porque está arraigándose en la tierra
[del desarraigo
está tejiendo una red de palomas
[blancas
y está cavando una tumba bajo el
[mar en calma.

 


(De “LETRAS NEGRAS SOBRE FONDO BLANCO”)

Nadie puede bajar aquí
es imposible
solo yo puedo
nadie podrá robármelos
ni mancharlos de codicia
por la herencia
entre hermanos


[…]
En cuanto a lo formal destacaría cómo en algunos poemas Juan Maíllo hace un uso liberalísimo de los signos de puntuación, llegando casi a prescindir de ellos («Letras negras sobre fondo blanco», «Tejo milenario y los truenos», «Anuncio»). También es abundante el polisindeton y las repeticiones para marcar con ese ritmo redundante y monótono la incomprensión que nos genera la muerte («Mis ojos muertos» o «Primavera»). En el primero de estos dos poemas la secuencia conjunción copulativa 'Y' más gerundio 'LLORANDO' aparece repetida ocho veces referida a Paula. En «Primavera» el polisindeton también es de conjunción copulativa, en este caso la 'NI', más sintagma nominal; es una reiteración rítmica puesta en la boca o en el pensamiento de Noelia y el poeta. 

Las secuencias nominales rítmicamente repetidas de este último poema me han evocado durante su lectura poemas de Juan Ramón Jiménez. Y es que en El palacio de nitrógeno de Juan Maíllo afloran muchas de sus lecturas y se perciben muchos de sus poetas favoritos, sin necesidad de que él los nombre. Así el perito en lunas de Miguel Hernández («perito en grillos» leemos en una ocasión); pero sobre todo me evoca al poeta oriolano y también a José Hierro la manera directa, imperiosa, que tiene de dirigirse al receptor de esta elegía que en definitiva es El palacio de nitrógeno:
«Estas palabras para
honrarte 
[...]
palabras que deambulan,
como espíritus, 
te invocan
[...]
Es imposible que 
desaparezcas
del todo.»
[...]
(Palabras féretros)
Cuando se refiere al cadáver en proceso de descomposición y agusanamiento es evidente la asimilación e influjo en el poeta de la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández:
«Ya habrán empezado los gusanos
a reírse a carcajadas 
en su banquete
[...]
Si pudiera quitar la lápida,
si pudiera abrir tu féretro, 
si pudiera entrar en él, 
dormir a tu lado, 
abrazarte,»
[...]
(Mis ojos muertos
  He disfrutado mucho leyendo los hermosos poemas de este libro de Juan Maíllo. Habita en él un hacedor de imágenes, de belleza literaria, que ya había visto en sus novelas pero que ahora aparecen en mayor cantidad y densidad. La disolución del tiempo, su detención, su aniquilación como consecuencia de la muerte es elemento central en este canto elegíaco a la figura de «Antonio Muñoz Cañete», el padre de Juan José Muñoz Maíllo, el autor y creador del poemario.

UN SUEÑO
Anoche anduve en un sueño.
Recortaba las fotografías 
de tu cara y de mamá y
luego las pegaba
una junto a la otra
en una hoja en blanco.
Las fotografías tenían el color del tiempo, 
el mismo tiempo que os separó
y os reunió
el el cementerio:
el color blanco.»
________________________

Otros libros de Juan Maíllo leídos y reseñados por mí en este blog son:

Caronte (2017) 


8 sept 2025

"Décimas para Sara" de Ezequías Blanco para inaugurar el dígito de los 2.000.000 de visitas. ¡¡Gracias, gracias, y gracias!!

20 comentarios:
El blog de Juan Carlos, Dos millones de visitas

Aunque el poemario de Ezequías Blanco lo tengo en mi poder desde el 30 de mayo de 2025, día de su presentación en Getafe, y lo disfruto desde entonces, he querido dejar su reseña hasta hoy e inaugurar con ella este dígito, nada menos que los ¡¡2.000.000!! (dos millones) de visitantes que acaba de alcanzar este humilde blog. Si Carlos Gardel cantaba aquello de “que es un soplo la vida, que 20 años no es nada” qué voy yo a decir de este número de visitas a mi blog. Algunos dirán -y con razón- '¡pues no son tantas!'. Cierto es, pero a mí bien que me satisface contemplar la rotundidad del número, mucho más en un blog de lo que se entiende que es cultura algo que en el mundo en que vivimos no parece interesar a demasiada gente. Por todo esto estoy muy contento y quiero compartir mi satisfacción con  mi amigo Quías que en su hermoso y emotivo poemario canta a lo importante de la vida: el amor, la familia, los nietos, la inocencia y la verdad de los mismos...

Antes de comentar "Décimas para Sara" haré, siquiera sea brevemente, un rápido repaso de El blog de Juan Carlos. A fecha de hoy los visitantes del mismo pueden acceder a unas 900 entradas, la mayoría de ellas reseñas de libros, otras de representaciones teatrales y algunas menos de películas visionadas. Este cerca del millar de entradas ha recibido unos 15.000 comentarios repartidos entre intervenciones directas de los  lectores y las respuestas que siempre que puedo procuro darles, por eso de convertir la entrada concreta en motivo de diálogo amable. Muchas gracias a todos los comentaristas, visitantes habituales del blog la mayoría de ellos, aunque también nuevos algunos, lo que cada vez que sucede me produce inmensa alegría. 

No sé cuánto tiempo más seguiré alimentando El blog de Juan Carlos. A veces me siento cansado, pues han pasado ya muchos años desde que decidiera crearlo. En algún sitio, creo que cuando celebré el primer millón de visitas en marzo del año 2021, hace ya cuatro años, escribí lo siguiente:
«Un blog que durante sus algo más de diez años de existencia ha ido in crescendo: de las sólo 4 entradas publicadas en 2010 he pasado a 90 en 2016, 86 en 2015 o en los dos últimos años a 79 en el 19 y a 80 en 2020. Creo que no está nada mal. Yo al menos estoy satisfecho porque en conjunto desde su creación en mayo de 2010 son ya 605 las entradas en él aparecidas. 605 entradas que han merecido casi 8000 comentarios por parte de algunos de la millonada de visitantes que con vuestras opiniones me habéis dado a conocer no pocas cosas y descubierto errores en los que sin saberlo había incurrido.»
Cualquiera observará que el número de entradas desde esas 90 de 2016 o las 80 de 2020 han ido reduciéndose poco a poco. Cansancio, quizás hastío, los años transcurridos... En cualquier caso como todo en la vida, El blog de Juan Carlos durará lo que tenga que durar. Es verdad que ahora mismo, muchos otros blogs de literatura optan por pasarse al formato del videoblog o a colgar las reseñas en Instagram y/o Facebook. Son opciones más rápidas, más cómodas, que exigen menos esfuerzo por parte de los internautas. Yo por ahora soy reacio al cambio, si bien como la mayoría de quienes os pasáis por aquí habréis comprobado sí suelo publicitar mis entradas en Instagram, Facebook y X. Pero de ahí a abandonar el formato de Blogger  por ahora no.

Repito mi agradecimiento: 

¡¡Gracias, gracias, y gracias!!

ooooOoooo
  
Décimas para Sara, Ezequías Blanco
Pienso que más que hacer una reseña al uso, algo que con los libros de poesía no es tarea sencilla, en esta 'reinauguración' del blog, no estaría nada mal para esta entrada trasladar aquí, en la medida de lo posible, la amable sensación que dejó en todos los asistentes la presentación del poemario en Getafe el pasado 30 de mayo. En dicho acto intervinieron, por este orden, el poeta Francisco Caro, que fue quien animó al autor a publicar estos poemas que el propio Quías modesta y equivocadamente tildaba, por el ámbito familiar en que nacieron, de fruslerías; José Cereijo, poeta responsable del prólogo de la obra que atinadamente titula 'La realidad, en fin: La vida'; Eugenio Rivera Claudio, acertado ilustrador de cada uno de los 38 poemas que forman el poemario; y el autor, Ezequías Blanco, quien tras explicar el origen de la estrofa clásica elegida para estos poemas, pasó a hablar de la fuente que los inspiraron: la emoción sentida ante acciones o sucesos de su nieta Sara que luego él plasmaba en versos. 

Cerró el acto de presentación la visualización de un magnífico video (pinchar aquí o en la imagen para visualizarlo) creado por Rufo Pajares en el que distintas personas leen algunos de los poemas contenidos en Décimas para Sara. Es una auténtica gozada escuchar las décimas en boca de declamadores como Matías Muñoz, Ana Rosa Bustamante Morales, Jaime Santos, María de la Vega, Pepe Viyuela, Mariano García, Davina Pazos, o el propio Ezequías Blanco. El fondo musical de la Serenata española de Tárrega que interpreta a la guitarra Jesús Saiz Huedo es un plus añadido a la calidad de los poemas y de las ilustraciones de Eugenio Rivera que en el video acompañan a la letra de los poemas que se recitan.



Dicho y visto lo dicho y visualizado hasta aquí, poco me queda ya por añadir. Quizás sólo reproducir lo que para mí escribí tras una primera lectura:

Un librito delicioso. Ezequías utiliza la estrofa clásica de la décima para celebrar diversos episodios felices o/y sorprendentes sentidos y vividos por él a raíz de convertirse en abuelo. El título viene dado por la estrofa utilizada y por el nombre de Sara, su primera nieta. Sentimos la esperanza ante su próximo nacimiento, sufrimos con su primera fiebre, celebramos sus sucesivos cumpleaños, sus primeras palabras de trapo, sus primeros y vacilantes pasos, su inevitable crecimiento, su cándida crueldad infantil, la llegada de la hermana, etc. En definitiva, Ezequías hace un canto a la vida, a la inocencia infantil, al amor que los mismos inspiran. La estrofa elegida por el autor va como anillo al dedo a los sucesos que suscitan los poemas.

Es un libro ilustrado. Cada poema está acompañado de un dibujo realizado por Eugenio Rivera. Dado la inspiradora de los poemas, la nietita de Quías, Eugenio ha realizado unos dibujos que invitan a que niños de la edad de Sara se sientan atraídos por el volumen. Son dibujos muy simpáticos, muy graciosos, unos dibujos que han sabido captar el sentido de cada una de las décimas; y no sólo el sentido directo que los niños seguro que saben entender, sino también otro más profundo, más adulto: el que quien quiera que sea, padre o abuelo, habrá experimentado en carne propia al tener un bebé en sus brazos; un bebé que va creciendo y pasando por cada una de las fases que leemos en esas estupendas espinelas que Ezequías ha pergeñado como regalo para su querida nieta.

Recomiendo la lectura del poemario por su belleza, por su verdad, y por la emoción que transmiten todas y cada una de sus composiciones. Es vida auténtica.


Algunas páginas del poemario:

Décimas para Sara

Décimas para Sara

Décimas para Sara, Ezequías Blanco

Décimas para Sara, Ezequías Blanco


Para adquirir este hermoso libro editado por Mahalta ediciones basta con pinchar en la imagen que aparece a continuación:


25 jul 2025

Manuel Machado, el hermano de Antonio

10 comentarios:
Alfonso Guerra, comisario de la exposición Los Machado

Disfruté mucho viendo en la sede de la RAE en Madrid la exposición "Los Machado. Retrato de familia", que se cerró el pasado día 29 de junio. La exposición llegó a la capital tras su paso por Sevilla y Burgos, Concretamente la muestra se inauguró el 21 de octubre de 2024 en la antigua Fábrica de Artillería de Sevilla y siguió a comienzos ya de este año en la Sala de Exposiciones Pedro de Torrecilla en Burgos (Fundación Círculo Burgos). El motivo de estas dos primeras localizaciones es que los dos poetas Machado, Manuel y Antonio, nacieron en Sevilla en los años 1874, el primero, y 1875, el segundo. Se cumplen, pues, este año 2025 y el anterior, 150 años del nacimiento de uno y otro. En cuanto a Burgos, la razón principal de que la muestra recalara allí antes de su llegada a Madrid no es otro que el que fue en esta ciudad donde definitivamente el destino hizo que los dos hermanos se separaran definitivamente dado que el estallido de la Guerra Civil de 1936 encontró a Manuel en la ciudad burgalesa y a Antonio en Madrid; estas dos ciudades quedaron adscritas respectivamente a uno y otro bando de los dos en liza siendo imposible la comunicación entre ambos hasta 1939, año en que Antonio moriría exiliado en Colliure (Francia). 

La exposición comisariada por Alfonso Guerra me pareció interesante por el buen número de documentos, manuscritos, cartas, primeras ediciones bibliográficas, fotografías, material hemerográfico, obras plásticas y objetos personales que explicaban los orígenes literarios de los hermanos y su recorrido vital y creativo. Se parte del legado familiar: la pasión por lo científico y la naturaleza del abuelo Antonio Machado Núñez, la querencia por los cuentos y romances de la abuela Cipriana Álvarez Durán o el gusto por el folclore o el mundo popular del padre Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Y tras este legado se mostraba la trayectoria en paralelo, muchas veces coincidente, de ambos hermanos, organizada en ocho apartados: 
  1. La infancia (1874-1883), centrada en la vida doméstica, las influencias de los abuelos y el padre en la futura obra de los Machado
  2. La adolescencia (1883-1893), que relata el traslado a Madrid, la formación en la Institución Libre de Enseñanza, y la muerte del padre y del abuelo 
  3. La juventud (1893-1907), marcada por las tabernas y la cultura popular en la que se sumerge Manuel, y la estancia en París de ambos hermanos 
  4. El viaje (1907-1912), que repasa la separación, el inicio de la vida profesional y el periodo en Soria de Antonio
  5. La madurez (1912-1919), en la que se analiza el duelo de Antonio por Leonor y el casamiento de Manuel 
  6. El regreso (1919-1936), con el destino en Segovia, luego en Madrid, de Antonio y la Real Academia Española de fondo. Manuel como funcionario por oposición y periodista de diversos medios.
  7. La guerra (1936-1939), que relata el inicio de la contienda y las repercusiones en la familia, y 
  8. Colliure (1939), fundamentada en la muerte y el exilio.
Como no podía ser de otro modo la figura preeminente de la muestra era la de Antonio. Pero a mí me  resultó más interesante, por menos sabido, la luz que la misma lanzaba sobre Manuel, autor que al haber quedado por azar durante la GC en zona nacional suele ser adscrito a dicha ideología cuando como bien se destaca en la expo y puso de manifiesto el comisario de la misma en cuantas entrevistas le hicieron antes y mientras estuvo abierta no había tal ya que los hermanos eran uña y carne literaria, social y afectivamente. Como muestra, Alfonso Guerra destacaba la anécdota del argentino Jorge Luis Borges cuando, recabada su opinión sobre el poeta Antonio Machado, respondió: "¡Ah, no sabía yo que Manuel tenía un hermano!" con lo que quería destacar la altura e importancia literaria del hermano menos conocido popularmente, Manuel. 

Manuel Machado, Exposición sobre Los Machado
Yo, aunque conocía muchos de los poemas de Manuel que junto a otros de Antonio ilustraban los muros de las dependencias de la RAE donde estaba  ubicada la exposición, llamaron mucho mi atención otros desconocidos para mí. Salí, pues, de la Real Academia con el decidido propósito de penetrar más a fondo en la poesía del primogénito de los Machado. Busqué en librerías títulos suyos y apenas si todo se reducía a las colaboraciones teatrales realizadas en comandita por ambos hermanos y a alguna antología que recogía poemas de uno y otro, con preeminencia siempre del autor de "Campos de Castilla"; sólo un voluminoso libro, las "Poesías Completas", editado por Renacimiento en 2019 aparecía en todas ellas. E igual sucedía en las bibliotecas públicas: apenas nada de Manuel y sí, todo, de Antonio. Yo buscaba una antología de su poesía, y aunque las hay (una publicada por Alianza editorial en 2016, otra por editorial Río Nuevo en 1982, otra más por Edaf en 2003, y quizás la que yo buscaba también publicada por editorial Renacimiento con el título de "Yo, poeta decadente" en 2013) es evidente que los bibliotecarios encargados de las compras no habían sentido la necesidad de adquirir ejemplares de Manuel Machado. Sólo en una biblioteca municipal cercana a mi domicilio pude tomar en préstamo un ejemplar que contiene los tres primeros títulos dados a la imprenta por el poeta. Se trata de sus poemarios "Alma" (1902), "Caprichos" (1905) y "El mal poema" (1909).

Mi gran primera sorpresa al ponerme con el libro fue observar que la nota biográfica realizada por Rafael Alarcón Sierra, encargado de la edición crítica de estas tres publicaciones que en el año 2000 publicó la editorial Castalia, difería muy poco, si es que difería en algo, de lo que el comisario de "Los Machado. Retrato de familia" decía en la página web dedicada a promocionar la muestra. Quizás, pensé, había yo arribado a las fuentes del Nilo que sirvieron al político, entusiasta machadiano, para organizar y dar contenido a esos ocho apartados en que la expo quedó definitivamente conformada. En cualquier caso he de decir que la introducción biográfica y crítica que hace Alarcón Sierra es magnífica. 

Antonio Machado, Modernismo, Simbolismo
He disfrutado mucho leyendo los poemas de cada uno de los poemarios. Los dos primeros, "Alma" y "Caprichos" están claramente alineados con el simbolismo y el modernismo. Los influjos del maestro mágico, liróforo celeste y de quien así lo calificó en el hermoso responso que le dedicó a su muerte en 1896 son más que evidentes. Como le sucediera a Antonio la primera estancia de ambos en París en 1899 poéticamente fue muy fructífera para los dos hermanos y eso se nota en "Alma" (1902) y "Caprichos" (1905). A "Alma" pertenecen esos dos poemas tan sabidos y conocidos de Manuel Machado, Adelfos (Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron) y Castilla (El ciego sol se estrella / en las duras aristas de las armas), pero también destacan el que dedicara a Francisco Giner de los Ríos titulado Felipe IV (Nadie más cortesano y pulido / que nuestro rey Felipe, que Dios guarde / siempre de negro hasta los pies vestido) dentro de una sección poética llamada 'Museo' y especialmente para mí el titulado Cantares que figura en tantos libros de texto como ejemplo de lo que en el 98 fue la fusión del simbolismo con la veta popularista al mostrar una Andalucía modernista, íntima y melancólica. La copla, su ritmo y su expresión tan caros al cante hondo, está presente en este poema. 

Son precisamente esas coplas y esos cantares los que en el poemario "Cante Hondo" publicado en 1912 dignificará reconociendo su importancia y su poeticidad intrínseca emanada del propio pueblo que los hace, los pule, los canta, los hace suyos aunque ellos no sean sus autores tal y como en hermoso poema contenido en ese poemario y titulado La copla expresa el propio poeta: 
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

En el poemario "Caprichos" el poeta prosigue en su línea modernista y simbolista aunque comienzan a aparecer poemas más unidos a la propia experiencia vital del escritor. Era Manuel Machado hombre vividor, asiduo de los tablaos y cliente asiduo de alguna que otra casa de mancebía donde tenía sus preferencias y alguna que otra amante. A ellas, a la mujer en general (Mujeres) y a varias en particular (Mimí, la modelo, Rosa, Ruth...) dedica una buena parte de las coplas, madrigales y cantares que forman el poemario. Un poemario que no fue tan bien recibido como el anterior pues se le achacaba cierto continuismo con éste y un mucho de frivolidad debido a esos Pierrots, Arlequines y Colombinas tan artificiosos que invaden algunos de sus poemas. A mí personalmente el poema Vísperas (Era una tarde quieta / de paz. La plazoleta, / solitaria, / [...]) en el que el poeta introduce en su poesía la cotidianidad es con mucho el que más me ha gustado de este segundo libro, quizás -casi seguro que por ello- por su parecido con Recuerdo infantil de su hermano Antonio (

Manuel Machado, Poesía neopopular, Generación del 98
Una tarde parda y fría / de invierno. Los colegiales / estudian. Monotonía / de lluvia tras los cristales. [...]).

"El mal poema" aparecido en 1909 representa ya definitivamente el inicio de la ruptura con el modernismo aunque no con el simbolismo de Verlaine de quien, en el fondo, viene a tomar el título del propio libro. Manuel Machado estaba seriamente dolido con las críticas que recibió Caprichos cuyos poemas fueron tildados de malos por los asuntos y también, dijeron algunos comentaristas, por defectos en la medida y ritmo de algunos versos. Se revuelve, pues, el poeta contra sus detractores y se reivindica como creador de una obra original y distinta que nace de la propia vida, de la suya, de sus experiencias, de su verdad. Así lo muestra en varios poemas:

    MI PHRINÉ

No es cinismo. Es la verdad:
yo quiero a una mujer mala,
fuera de la sociedad.
Una déclassée, lo sé;
pero... ¿la conoce usté?
¡No! Pues, bueno;
sea usted bueno y cállese,
que es el saber más profundo,
y nadie diga en el mundo
de este agua no beberé.
[...]

 

YO, POETA DECADENTE...

Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente...,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.

Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía...

Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía... No sabemos nada.
Todo es conforme y según.

La idea estoica y existencial de la vida como camino, como peregrinaje hacia su final, presente en poemas de Antonio Machado también se ve en "El mal poema". Así, en la poesía titulada El Camino, el estribillo que abre y cierra la canción dice así: Es el camino de la muerte. / Es el camino de la vida...) y el poema enigmáticamente encabezado con un signo de interrogación reza:

                ?

Peregrino, peregrino,
que no sabes el camino,
¿dónde vas?

Soy peregrino de hoy,
no me importa donde voy;
¿mañana?...¡Nunca, quizás!

Admirable peregrino,
todos siguen tu camino.

Por último, señalar que es en este poemario donde Manuel Machado se abre más decididamente a un costumbrismo popularista más ciudadano, más cosmopolita, especialmente en la última sección del libro que titula 'Voces de la ciudad'. En ella aparecen poemas como el titulado A la tarde en el que canta la vida dura y sencilla de las mujeres que se van incorporando al mundo de las fábricas y talleres bajo la, siempre concupiscente, mirada viril (Las chicas son de los talleres / que han terminado la labor... / Dulces capullos de mujeres / a los golosos del amor / [...] Acaso es triste, pero es bello / el verlas siempre sonreír / sin más oro que el del cabello / ni más ventura que vivir / [...]).

Manuel Machado, Verlaine, Rubén Darío
En fin, para concluir declararé mi completa satisfacción con la lectura de estas tres primeras obras del hermano de Antonio, un poeta como la copa de un pino que merece más aprecio y mucho más renombre que el que tiene pues, como bien recordaba Alfonso Guerra en las entrevistas y en la propia muestra "Los Machado. Retrato de familia" pude apreciar, él y su esposa sufrieron hostigamiento, incluso prisión durante unos días, en Burgos por parte de los facciosos que se habían levantado contra el orden constitucional. Fue liberado por los oficios de familiares de su esposa y tuvo que escribir algunos poemas de elogio al levantamiento. Sí, así fue, pero como dice el comisario de la exposición tanto Manuel como Antonio eran partidarios de la libertad y de la libre decisión del pueblo; o sea que si en 1931 los españoles habían elegido República pues bienvenida sea, y si no lo hubieran hecho también habrían respetado su decisión. Sí es verdad que Antonio expresó de viva voz y por escrito su adhesión al nuevo Régimen y Manuel no, si bien este último escribió una letra para el himno republicano y los dos hermanos una obra de teatro, 'La diosa Razón', en la que señalaban los peligros que estaba corriendo la misma. En ambos siempre primó la libertad por encima de cualquier consigna. 

17 mar 2025

"La vida un camino". Presentación. Celebración de la Poesía (21 de marzo)

12 comentarios:
El pasado viernes 14 de marzo tuve la satisfacción de asistir en el Centro Riojano de Madrid (C/ Serrano, 25) a la presentación de La vida un camino, libro de poemas de Francisco José Sánchez Muniz

Francisco José Sánchez Muniz, Farmacéuticos poetas
Pablo Méndez
, de la editorial Vitruvio que publica la obra, fue el introductor del acto. Habló de su relación con Francisco José Sánchez Muniz (Paco) de quien no hacía mucho su editorial había publicado el libro de relatos titulado Cuentos del espejo del agua (leer reseña de este libro aquí); resaltó su sorpresa al conocer la faceta poética de Paco y su satisfacción ante este libro de poemas, especie de antología realizada por el propio autor de la poesía escrita por él durante los últimos 50 años.

Tras Pablo Méndez tomó la palabra José Félix Olalla, quien tras señalar la coincidencia profesional con Paco, poetas y farmacéuticos ambos, procedió a reseñar lo en su opinión más destacable de La vida un camino, el poemario que se presentaba. Se fijó José Félix Olalla en los doce apartados en los que distribuye Paco los 69 poemas que componen su libro. Habló del contenido de los mismos (amor, sensualidad, amistad, mujer, mar, viaje, paternidad, la muerte que camina...), de la forma que el autor utiliza (sin atenerse siempre al canon, creando incluso un canon personal, poemas libres, heterogéneos...), y de otros muchos aspectos, interesantísimos todos ellos, que fue ilustrando con la lectura de poemas del  escritor. 

Ya por último, Paco (Francisco José Sánchez Muniz) tomó la palabra. Agradeció a todos los que allí estábamos el que hubiéramos acudido a la presentación a pesar de la invernal tarde que ese viernes marceño se nos había echado encima. Explicó que el poemario reúne versos fechados entre 1975 y 2023; que, como ya dijeran los anteriores intervinientes, él escribe casi a diario de manera un tanto febril; que le encanta hacerlo y que siempre busca mejorar en el empeño; agradeció a compañeros y amigos que nunca le pusieran mala cara cuando él les mostraba sus poemas, que lo animaran a seguir escribiendo; finalmente citó por su nombre a algunos (Juan Ramón, Agustín...) fijándose especialmente en José Félix, presentador del libro en este mismo acto, de quien textualmente apuntó que le decía: «¡Selecciona, edita, léelas en voz alta, escúchate y sin miedo, quita!»

Tras estas palabras, y correspondiendo a la petición que le efectuaran José Félix y Pablo Méndez en sus respectivas intervenciones, Paco leyó algunas de las poesías contenidas en el libro. Hizo una especie de recorrido por esos doce estadios en que distribuye sus poemas. De todos los que leyó yo destacaría los que hizo a propósito del nacimiento de cada uno de sus dos hijos (Lo más hermoso y Por segunda vez); el titulado El mar de medianoche que lleva un epígrafe que reza «A Yolanda que sueña con el mar de medianoche»; algunos en los que la naturaleza ocupa lugar preferente (He viajado [ahora charro, luego campesino], varios de los que localiza en El Portil (especialmente me ha gustado, sobre todo por el quiebro contenido en su verso final, el titulado Primer deseo, aunque ahora mismo no sé si fue de los que Paco leyó en el Círculo); del apartado "Encuentros" me impactó el titulado Tan importante, especialmente al ver que Paco lo escribió en 1975 con sólo 25 años; y me golpearon emocionalmente varios en los que el inevitable final del camino que es la vida se impone ya de hecho (A Fernando) o se anticipa y se imagina el efecto producido en quien queda con vida (He muerto).

Los asistentes al acto, colegas, amigos y compañeros de Francisco José Sánchez Muniz aplaudimos con ganas al finalizar las lecturas realizadas por Paco. Como no podía ser de otro modo al encontrarnos en la sede del Círculo Riojano en Madrid, el autor obsequió a quienes allí estábamos con un vino de Rioja que degustamos mientras esperábamos que, con amabilidad, firmase ejemplares de la obra a quien así lo deseó.

Juan Carlos Galán, Paloma Celada, Círculo riojano en Madrid
De izda a dcha: Paloma Celada, Paco y Juan Carlos Galán (yo mismo)


Estamos a pocos días de la celebración del Día mundial de la Poesía, conmemoración a la que este blog todos los años se suma con una entrada centrada en este género literario. Sirva, pues, esta crónica sobre la presentación del poemario de Sánchez Muniz como la aportación de El blog de Juan Carlos este 2025 al homenaje a la Poesía del día 21 de marzo. Y lo hago en esta ocasión con unos poemas de La vida un camino que me han gustado especialmente. El primero es el que el propio editor, Pablo Méndez, ha destacado situándolo en la contraportada del libro; el otro es el que el mismísimo Francisco José Sánchez Muniz seleccionó tras señalar la dificultad de elegir uno entre todos

Le dices


¿Le dices a la noche que me encuentro
a la vuelta de la esquina?
¿Y al día, le dirás que ya llevo
esperándote un buen rato
con la ilusión en la mano
y mirando a tu horizonte?

Es sábado, recuerda,
ponte los vaqueros que te gustan,
la blusa más bonita que tú tengas
canta cuando ya vayas llegando.

Se despertarán todas las mariposas
que aún andan dormitando
a causa de la lluvia.
Pídeme silencio


Pídeme silencio
Y no tendré alma para dártelo

Reclámame un suspiro
Y pondré tu oído cerca de mi pecho

Di que te cuente un cuento
Y abriré el libro de las mil noches

Llámame en la mañana
Y sonarán para ti mil sinfonías

Pon a una caracola mi nombre
Y edificaré la rosa de los vientos

Búscame en el horizonte
Y te traeré el sol y el arcoiris

Móntate en el columpio de la luna
Y te arroparé mirando a sus colores

Mírame despacio
Y tu cara brillará en el salón de los [espejos

Tráeme la aventura de la vida
Y compraré todos los números del [sorteo

A mí, personalmente, los poemas contenidos en La vida un camino me han gustado, me han llegado muy adentro, han conseguido emocionarme. Hace Paco una poesía con elementos sencillos, sin alambiques ni grandes artificios, echando mano de coloquialismos, sirviéndose del lenguaje cotidiano, pero logrando insuflar indudable aire poético con imágenes en ocasiones muy hermosas. El amor, la muerte, el viaje, la amistad, la naturaleza, los hijos... son temas esenciales en este poemario que emociona, que conmueve al lector por su verdad. Es una verdad revelada poéticamente que le sirve a él para mostrar y a nosotros para entrever esos cincuenta años durante los que Francisco José Sánchez Muniz ha ido componiendo los poemas que conforman esta obra, su Obra, es decir, su vida, su verdad, su camino.

Por mi parte, y a falta de una lectura mucho más reposada de este hermoso, sincero y emotivo poemario, de los 69 poemas que lo componen, destacaría como mi favorito el siguiente, quizás, no lo oculto,  porque su lectura me ha llevado a evocar a Pedro Salinas, poeta del amor:

Para que pueda volver a amar


Para que pueda volver a amar,
tendré que borrar hasta tu nombre, 
la forma de tus labios y tu boca,´
el color suave de tu pelo,
cómo te acercabas a mí
buscando mil caricias.

Para que pueda volver a amar, 
tendré que olvidar
el color del sol cuando se pone, 
el deseo de escribir
cien versos en tu espalda,
saber que no es ahora primavera.

Para que pueda volver a amar,
tendré que trepar por mis abetos, 
cerrar los ojos desde el cielo,
soñar que tu mirada
no está besando a mi sonrisa
y que ya no es tiempo de cosecha.
Día de la Poesía, 21 de marzo



Si queréis celebrar la Poesía como se merece no dejéis de leerla, de escribirla, de hacerla, de vivirla...

  ¡¡Feliz Día de la Poesía para todos!!



13 nov 2024

Opiniones y reflexiones (Rimas para conciliar). Francisco Coronel

10 comentarios:
Los asiduos a este blog saben que Francisco Coronel es buen amigo mío al que he dedicado siempre desde aquí unas palabras para cada uno de los libros salidos de su mano. Con éste ya son cuatro los escritos que el nefrólogo doctor Coronel ha dado a la imprenta. Si los tres anteriores fueron en prosa, ahora, en esta cuarta entrega, descubrimos que también Francisco Coronel siente de vez en cuando la llamada de Calíope y de Erató. De las dos musas de la poesía en esta ocasión yo me inclino más por Calíope, musa de la poesía épica, que por Erató, que lo es de la poesía lírica; mi inclinación obedece a que en el poemario que acabo de leer, además de poemas que hablan de sentimientos, hay varios que cuentan, que relatan, sucedidos o experiencias del propio autor. 

Es Coronel (no es la primera vez que lo digo) un relator, un contador, un juglar, una persona que, como dijera José Luis Garci en el prólogo que escribió para el primero de sus libros, Las experiencias de un médico para todo, cuenta muy bien («Cuentas muy bien, Francisco, con amenidad de la buena [...] escribes con sencillez, ligereza y esa melancolía leve que no se nota.»). Estas mismas palabras son aplicables a los 32 poemas que incluye en este su último libro. Si hubiera que señalar un tema esencial para todo el poemario yo diría que éste es el del amor. El amor a la mujer, inspirador fundamental para el hombre («Si tienes suerte y encuentras / a la mujer de tu vida / o si eres mujer y encuentras / al hombre que tú querías, / no habrá deleite mayor / ni más alta complacencia / [...]»); también la amistad, que  no es otra cosa que una clase de amor y que como el anterior a veces, claro, produce desengaños (soneto titulado 'A alguien que te importa'; asimismo se ve con claridad en el poema que lleva por título 'La amistad y la poesía'); y también el amor a muchas otras cosas como el Cine, el mar, la música... y hasta el mus.

Aunque no se puede decir que la mirada que Francisco echa hacia atrás en algunos de sus poemas sea amor sensu stricto, yo lo incluyo en ello, pues la nostalgia no es otra cosa que el amor que permanece fijado en el recuerdo. El autor se contempla a la altura de sus años y no puede por menos que evocar momentos dichosos del pasado, de su pasado ('Dulce Navidad', 'El amor desde niño'). También reflexiona -y así lo señala en 'Loas a la amistad', el poema que abre el libro- sobre cómo con el paso de los años llega la jubilación, la vejez, y el olvido se cierne sobre la persona; el poeta se pregunta entonces: ¿Quiénes son los de verdad amigos?
«Luego llega la verdad
y, cuando estás más dolido,
las loas a la amistad
sólo son loas de olvido»

Opiniones y reflexiones contiene 32 poemas cuyos títulos llevan a modo de subtítulo la sinopsis explicativa de lo que viene a continuación. Algunas de estas sinopsis adoptan la forma de frase proverbial, como por ejemplo cuando bajo el título del poema 18, 'Ser reflexivo', leemos: «No hay que precipitarse en lo que se dice y en lo que se hace, es mejor pensar primero.»

Francisco Coronel, tal como él mismo cuenta en la solapa y en la contraportada del libro, siempre ha dedicado una parte de su actividad de ocio a la escritura poética, escribiendo en su juventud letras de canciones para el repertorio musical de una banda de rock. Tenía facilidad para rimar palabras que  acababan en composiciones musicales. Durante los dos últimos años confiesa que ha estado escribiendo de esta manera sus impresiones de la vida en sus momentos más creativos.
 
Estos 32 poemas confirman su afición. Sus composiciones, efectivamente, parecen canciones, que surgen con enorme libertad creativa y buscan el ritmo, en versos principalmente de arte menor, a través de rimas en general asonantadas. No se atiene con rigidez al canon, si bien hay algún poema como el nº 29. 'Amor de familia', en el que un correcto soneto muestra su habilidad y conocimientos estróficos. La mayoría de sus poemas tienen un adecuado y eficaz tono juglaresco propio de la poesía popularista. Predominan, como es natural en las coplas, las cuartetas de romance, que es la estructura estrófica en la que mejor se desenvuelve;  a veces las combina con quintillas o sextinas, algo que, en mi opinión y sólo en alguno de los poemas, hace que el mismo pierda algo de potencial y eficacia  comunicativas. Ese neopopularismo que cito muchas veces me ha llevado mentalmente a evocar o recordar el tono de los versos que Muñoz Seca escribiera para su archifamosa "La venganza de don Mendo".

Como ocurre en cualquier poemario hay poesías que me han gustado más y otras que me han gustado menos. Elegir siempre es difícil, pero personalmente, de entre todas ellas, yo destacaría sin duda alguna como mis favoritas las siguientes composiciones: el poema 26. 'Y van pasando los años' y el poema 16. 'La diferencia de géneros'. El primero es el que más me ha agradado tanto por contenido como por continente; del segundo destacaría el puntito de humor con el que Coronel sabe tratar un tema hoy tan controvertido. 

Para cerrar quiero señalar que entre los asuntos que el autor trata en este libro aparecen con fuerza, además de los ya señalados, dos que no quiero dejar de mencionar: su preocupación social y política (poemas 'Saludando a España' o 'La gracia de Madrid'); y la religiosidad, ayer y hoy (poemas 'Dulce Navidad' o '¿En qué creer?').

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Del autor y en este mismo blog:




"Las experiencias de un médico para todo"






elblogdejcgc, El blog de Juan Carlos


 
"Medicina & Rock 'n Roll"                      

                


"La historia que había que  contar"        








21 mar 2024

21 de abril, Día de la Poesía. Elena Garro.

5 comentarios:

«En mi larga vida nunca me había visto privado de bautizos, de bodas, de responsos, de rosarios. Mis esquinas y mis cielos quedaron sin campanas, se abolieron las fiestas y las horas y retrocedí a un tiempo desconocido. Me sentía extraño sin domingos y sin días de semana. Una ola de ira inundó mis calles y mis cielos vacíos. Esa ola que no se ve y que de pronto avanza, derriba puentes, muros, quita vidas y hace generales.»

Desde hace unos años tengo por costumbre sumarme a la celebración del Día Mundial de la Poesía desde aquí, mi blog, El blog de Juan Carlos. Esta vez lo hago con un libro en prosa, una novela que acabo de leer. ¡Ah!, exclamaréis algunos, y de seguido me/os preguntaréis: ¿Pero la poesía no es distinta a la prosa? Y yo os respondería, si esta inocente cuestión me la hubieseis planteado de verdad, con un Sí y un No simultáneos. Pues empezamos bien, amigo, -comentaríais con cierta perplejidad, para irónicamente continuar diciendo-: ya con eso me aclaro completamente. ¡Anda que tú también cuando te pones a explicar eres único! 

La humorada anterior viene a cuento de la última lectura que acabo de realizar. Se trata de la novela Los recuerdos del porvenir escrita en 1963 por la mexicana Elena Garro, que fuera esposa de Octavio Paz desde 1937 a 1959. Fue con el poeta mexicano con quien viajó a España en 1937 para participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura que tuvo lugar en Valencia, ciudad a la que se había retirado el gobierno de la República española. Para ambos políticamente este viaje y estancia en España tuvo importante repercusión: el desafecto con la causa republicana al observar la fuerte represión que se practicó en ese momento contra miembros del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista) especialmente en Cataluña. A partir de ese momento los dos escritores optaron por una tercera vía que evitaba -especialmente en el caso de Paz- una decidida adscripción a izquierda o derecha. A Elena Garro siempre le persiguió su actuación durante la revuelta estudiantil de 1968, acusada de querer derrocar al gobierno del momento, por un lado; los contrarios, por su parte, lanzaron la interesada sospecha de que ella había denunciado a ciertos intelectuales de izquierda. Estar en medio siempre es lo peor, ya se sabe.

Pero me estoy yendo por las ramas. Vuelvo al libro que he leído, su primera novela titulada Los recuerdos del porvenir. Es una novela que en cierto modo denuncia la brutalidad cometida por unos y otros al final y durante el movimiento revolucionario mexicano que sumió al país desde 1910 a 1920 en una serie de guerras civiles que acabaron con los asesinatos de los líderes revolucionarios y el retorno de la riqueza del país a los detentadores durante la época del presidente Porfirio Díaz. Había sido contra ese injusto reparto de la riqueza durante el porfirismo contra lo que se habían levantado Villa, Carranza, Zapata..., si bien también entre ellos se traicionaron sucesivamente. Históricamente la trama de la novela se desarrolla durante el gobierno de Obregón (presidente de 1920 a 1924) y de Calles (presidente de 1924 a 1928), o sea la década de los años 20, Fue precisamente durante el gobierno de Calles que se desató la guerra de los cristeros que enmarca el levantamiento de Ixtepec, la localidad donde transcurre la acción. Las alusiones al momento histórico en que se sitúan los acontecimientos novelescos son claros en varios momentos:
  • «Isabel sonrió. Sólo su madre era capaz de decir que Calles no tenía delicadeza, cuando estaba fusilando a todos los que parecían un obstáculo para su permanencia en el poder.
    —Es algo más grave que una falta de delicadeza…
    Y Martín Moncada continuó la lectura del diario. En aquellos días empezaba una nueva calamidad política; las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia se había se habían vuelto tirantes. Había intereses encontrados y las dos facciones en el poder se disponían a lanzarse en una lucha que ofrecía la ventaja de distraer al pueblo del único punto que había que oscurecer: la repartición de las tierras.
    Los periódicos hablaban de la «fe cristiana» y los «derechos revolucionarios». Entre los porfiristas católicos y los revolucionarios ateos preparaban la tumba del agrarismo. Hacía menos de diez años que las dos facciones habían acordado los asesinatos de Emiliano Zapata, de Francisco Villa y de Felipe Ángeles, y el recuerdo de los jefes revolucionarios estaba fresco en la memoria de los indios. La Iglesia y el Gobierno fabricaban una causa para «quemar» a los campesinos descontentos.
    —¡La persecución religiosa!
    »
  • «¿Acaso Madero no había sido un traidor a su clase? Pertenecía a una familia criolla y rica y sin embargo encabezo la rebelión de los indios. Su muerte no solo era justa sino necesaria. Él era el culpable de la anarquía que había caído sobre el país. Los años de guerra civil que siguieron a su muerte habían sido atroces para los mestizos que sufrieron a las hordas de indios peleando por unos derechos y unas tierras que no les pertenecían. Hubo un momento, cuando Venustiano Carranza traicionó a la Revolución triunfante y tomó el poder, en que las clases adineradas tuvieron un alivio. Después, con el asesinato de Emiliano Zapata, de Francisco Villa y de Felipe Ángeles, se sintieron seguras. Pero los generales traidores a la Revolución instalaron un gobierno tiránico y voraz que solo compartía las riquezas y los privilegios con sus antiguos enemigos y cómplices en la traición: los grandes terratenientes del porfirismo.»
Siquiera fuera sólo por esto, por la información y conocimiento que sobre el México de ese período histórico se obtiene, ya la lectura de esta novela de Elena Garro resulta más que satisfactoria. Si además, como es el caso, esta erudición se ofrece desde el interior de una historia de ficción con tintes mágicos, entonces ya la novela gana en mi opinión muchos más puntos . 

La historia que se nos cuenta es sencilla: un destacamento militar está aposentado en la localidad de Ixtepec para vigilar los movimientos antigubernamentales que se puedan producir. El mando de este dispositivo militar lo ostenta el general Francisco Rosas y una serie de jefes militares que están a sus órdenes: el coronel Justo Corona, el capitán Flores, el teniente coronel Cruz, etc. Se hospedan todos en el Hotel Jardín que dirige Pepe Ocampo. Estos militares, además de para cumplir órdenes por crueles que éstas sean, viven para disfrutar de las mujeres y allí mismo en ese hotel tienen a sus queridas, obligadas a darles placer cuando a ellos se les antoje. En cierto modo también entre ellas existen grados según sea el militar con el que compartan lecho: la bella y enigmática Julia que tiene absorbido el seso al general Rosas; Antonia, la amante del coronel Corona («Antonia era una costeña rubia y melancólica; le gustaba llorar. Su amante el coronel Justo Corona»); «Rosa y Rafaela, las hermanas gemelas, queridas las dos del teniente coronel Cruz»; «Luisa pertenecía al capitán Flores y por su mal genio era temida por su amante y por los demás huéspedes del hotel»; y así. 

Como personaje antagonista a estos militares crueles que se emborrachan, maltratan a las personas y abusan de ellas, está el narrador de la novela que no es otro que el mismísimo pueblo de Ixtepec. En esta ocasión -y esto me ha parecido ciertamente novedoso- no estamos ante un personaje coral formado por la suma de los particulares, sino en cierto modo estamos ante un personaje coral declarado desde la primera línea del relato unas veces en primera persona de plural («A las seis de una tarde morada llegó un ejército que no era el de Abacuc [...] Los miramos con rencor "¡Desgraciados, ni siquiera gozan del placer de morirse por quien quieren!"») y otras del singular  («Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente»). De este personaje colectivo que tiene todas las características propias de un ser humano iremos conociendo poco a poco sus formantes, los elementos que lo constituyen. Y estos en definitiva son los Moncada (el matrimonio formado por Martín Moncada con su esposa Ana y los tres hijos del mismo: Juan, Manuel e Isabel; también los tíos de éstos, el matrimonio formado por Joaquín y Matilde; la vieja Dorotea, tía asimismo de los niños), los Montúfar (Elvira, viuda de Justino Montúfar, y Conchita, hija de ambos); el doctor Arrieta y Dª Carmen, su mujer; sin especificar sus componentes están los Olvera, los Cuevas...; luego estarían las cuscas (prostitutas) del prostíbulo que dirige la Luchi y en el que vive acogido por las chicas Juan Cariño, viejo algo desquiciado mentalmente al que llaman 'el Presidente'. Como en las comedias y narraciones clásicas este Juan Cariño, tenido por loco, es la única persona que puede decir a la cara las verdades. 

Hay muchos más personajes, pero la relación sería muy larga y me alejaría de la justificación señalada en el título de esta entrada. Por ello ya no citaré más nombres, excepción hecha de Dª Lola Goribar y su hijo Rodolfo, claramente los ricos del lugar, que al fin y a la postre serán los beneficiarios de la represión de los militares y de las matanzas inmensas que están realizando de indígenas y de aquellos que los apoyaban por considerar justa su causa.

Vuelvo, pues, al Día de la Poesía. Sí, en Los recuerdos del porvenir hay muchísima poesía. De hecho, aprendido y conocido el marco histórico en que se enclavan los sucesos ficcionalizados, lo más destacable del libro es el lenguaje utilizado en él. Un lenguaje cargado de adjetivación que impregna de colorido al texto. Es una adjetivación siempre profusa a lo largo de todo el relato:
«El jardín se incendiaba en el resplandor seco de las cuatro de la tarde. Los prados cenizos, las ramas inmóviles y las piedras humeantes se consumían en una hoguera fija. Un coro monótono de grillos cantaba su destrucción. El sol giraba enviándonos sus rayos inflexibles.»
Es destacable a su vez, junto a esta profusa adjetivación, la imaginería lingüística que contiene esta novela que por ella es considerada por algunos como precursora del realismo mágico:
«Una raya naranja finísima se levantó del horizonte oscuro, las flores que se abren en la noche se cerraron y sus perfumes quedaron en el aire unos instantes antes de desaparecer. El jardín empezó a nacer azul de entre sus sombras moradas.»
Ciertamente, si nos fijamos en las fechas y consideramos como dicen algunos que el certificado de nacimiento del Realismo mágico lo marca García Márquez con la publicación  de Cien años de soledad, es evidente que 1963 antecede en el tiempo a 1967. Sí es cierto que hay toques de realismo mágico, además de los contenidos en expresiones afortunadas (¡muchas!), en elementos de contenido como esa suspensión e incluso eliminación del tiempo que pretendía todos los días don Martín Moncada parando todos los relojes de la casa. Las alusiones constantes que en la novela aparecen sobre esta detención de la temporalidad sí que es elemento mágico o fantástico que saca de la prosaica realidad. Y eso, sacar al lector de la vulgar realidad, también es una de las intenciones más pretendidamente buscadas por la creación poética.

A la hora de considerar la poeticidad de Los recuerdos del porvenir no se puede obviar la figura y comportamiento de algunos personajes: dos femeninos (la bella y enigmática Julia y la sorprendente Isabel Moncada) y Felipe Hurtado, personaje importante en la novela dado que su llegada a Ixtepec viene a poner en marcha ese tiempo romo, detenido, inexistente, en que había caído el pueblo bajo el brutal dominio de los militares. Igualmente la marcha de estos tres seres, enigmáticos en su comportamiento cada uno por motivos diferentes, viene a devolver a la localidad al estado de inmovilismo en que se encontraba. Todo sigue igual, pero en cierta manera todo ha cambiado, ya nada volverá a ser como antes.

La atmósfera propia del realismo mágico la he querido percibir en esa mirada que, ocultos tras cristales  y visillos, dirigen los habitantes de Ixtapec a quienes se atreven a caminar por las calles. El pueblo, Ixtapec, sus habitantes, saben que la muerte está ahí, sobre ese pobre o pobres infelices que se han atrevido a dar el paso, a hacer caminar el reloj del tiempo. La Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez ha venido a mi memoria más de una vez durante la lectura. También hay magia y fantasía en las inexplicables desapariciones de seres y personajes, si bien siempre Elena Garro no se atreve a dejar la apuesta muy alta y antes o después venimos a conocer qué es lo que ocurrió. En mi opinión, aquí el denominado realismo mágico se diluye un tanto.

Para finalizar, no puedo dejar sin señalar la enorme importancia que la mujer tiene en esta novela. El peso de la narración recae en ellas. Está la bella Julia que atrae a Rosas, pero que tiene una vida anterior que no conocemos salvo por la llegada a Ixtapec de Felipe Hurtado; está Isabel Moncada, ¿enamorada? de su hermano Nicolás y que en el sentir de Ixtapec lo traicionará a él, a su famila, a todos; ¿sí?, ¿no? Es lo que tiene el pensamiento mágico, que penetra en territorios inexplicables. Las prostitutas y amantes de los militares, pese a su sujeción a los mismos, son en el fondo las detentadoras del poder en el mundo íntimo que es el dormitorio. Son mujeres que sufren el desprecio del hombre, pero en su fuero interno son libres porque se saben fuera del tiempo:
«Luisa obedeció sin titubear la orden de su amante y limpió las botas de Flores hasta dejarlas pulidas como espejos. Aceptaría siempre la abyección en la que había caído. "Nadie cae; este presente es mi pasado y mi futuro; es yo misma; soy siempre el mismo instante"».
Dentro de la consideración de obra predecesora que se ha dado a esta novela respecto a la tendencia literaria del Realismo mágico, también cabría decir (en México y otros países se ha dicho en multitud de ocasiones) que Los recuerdos del porvenir, es una anticipación del movimiento feminista actual. Elena Garro afirmó en más de una ocasión que «en México por el simple hecho de ser mujer todo queda invalidado». ¿Es suficiente hacer afirmaciones como esta para calificar a alguien de feminista? Según algunos analistas no, pues para serlo hay no sólo que estar a favor de la causa de las mujeres, sino luchar políticamente por ese objetivo; ella políticamente luchaba por los derechos de los campesinos, mujeres incluidas en el grupo, claro. Yo creo que Elena Garro en esta novela, que es un auténtico clásico, levanta su voz contra la opresión de unas personas sobre otras sean éstas hombres (Nicolás Moncada, Felipe Hurtado, Pepe Ocampo...) o mujeres (Julia, Luisa, Isabel Moncada...). Pero en fin, ahora todo se vuelve precursor de lo que esté en candelero; el feminismo es un movimiento muy fuerte y se le buscan, y se le encuentran, antecedentes en casi todo lo que en su día despuntó, ya sea Santa Teresa o María de la O Lejárraga, mujer esta última que firmaba con el nombre de su marido las obras que ella creaba. 

Nota.-
Los recuerdos del porvenir me sirve para añadir un título más al Reto 'Nos gustan los clásicos'. Asimismo con el apellido Garro cumplimento la letra G del Reto 'Autores de la A a la Z'
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De propina, una poesía para celebrar debidamente este 21 de abril, Día de la Poesía:

POEMA LUNAR 4 - de Gocho Versolari Poeta
(tomado del facebook de Mª José Luque Fernández)

Las mujeres
guardan la luna en la planta de los pies.
Los hombres la buscamos
desordenadamente
en los senos,
en el sexo,
en los ojos,
a lo largo de sus piernas,
en el hueco de sus hombros...
...y ellas andan descalzas
y la luna en sus plantas
sube
y
baja
del talón a los dedos:
navío al garete,
niño furioso y riente;
la esquiva luna en las pequeñas plantas
con misterios crujientes;
con su carga de toros
y de recién nacidos;
de bestias
y de hombres...
Nos bastaría
besar las plantas
del talón a los dedos
y llenarnos de luna
la glotis,
el esófago;
la vieja luna invadiendo las entrañas
y atragantando de claridad
la vida entera