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18 jun 2014

"EMAÚS" de Alessandro Baricco: Semiótica de nuestra cultura

8 comentarios:
Alesandro Baricco, Emaús, Seda
Alessandro Baricco
Hace cinco años que leí "Seda", la novela que catapultó a la fama a Alessandro Baricco en 1999. Desde entonces tenía el propósito de leer alguna obra suya más. La oportunidad me ha llegado con la última Feria del Libro de Madrid en la que compré una novelita corta suya titulada "Emaús". Siempre imaginé que el relato mantendría algunas de las cualidades que hacen  que "Seda" sea una delicattessen narrativa. Y sí, en efecto, "Emaús" mantiene muchas, pero desde luego es una historia bastante diferente de la que  había leído anteriormente.

"Seda"  trata del hallazgo de una subyugante y misteriosa atracción erótica que lleva al personaje -un francés adulto del siglo XIX- a viajar repetidas veces al distante y desconocido Japón porque allí ha descubierto un amor muy diferente al que siente y practica con su burguesita esposa francesa. Estos desplazamientos le harán viajar por una geografía áspera en la que deberá superar mil dificultades (hambre, clima, piratas, la guerra, el cuidado de las larvas de gusanos de seda que es la justificación de sus desplazamientos...), pero todo lo arrostrará para lograr estar con ella. Y no digo más porque no se trata de destrozar el placer de la lectura que representa esta maravillosa novela que recomiendo muy vivamente a cualquiera.

Por su parte en "Emaús" también tenemos un viaje (el mismo título ya lo sugiere, pues el encuentro evangélico se produce 'en el camino de Emaús'), aunque en esta ocasión se trate de una geografía íntima, realizado en un momento contemporáneo y por unos chicos adolescentes. También, al igual que en "Seda" existe la magia de la atracción y del sexo escondidos en una bellísima muchacha muy distante -y por ende misteriosa- del mundo socio-cultural del que proceden los cuatro chicos (el narrador, Luca, Bobby y el Santo): la clase media baja de una provincia italiana en los años 60-70 durante los que la educación católica todo lo impregnaba. Estos cuatro chicos viven cómodos en su mundo religioso y familiar observando desde lejos el "otro mundo" representado por Andre, la bellísima y enigmática adolescente de la que se cuentan mil y una historias que ellos creen sin creerlas, más que nada por el gusto del misterio que esconde esa clase social de la que se consideran ajenos y bien resguardados gracias a sus seguridades religiosas (cantos en la Iglesia, sacrificios y penitencias, actos de caridad como cuidar enfermos o dar de comer a familias pobres en comedores solidarios...) que especialmente uno de ellos -el Santo- les exige practicar con gran disciplina.