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31 mar 2019

Albert Espinosa: "Lo mejor de ir es volver"

16 comentarios:
A todos, queramos o no, se nos morirá alguien importante de la familia; todos enfermaremos de gravedad o perderemos trabajos deseados y amores eternos. Y eso no es terrible, eso es simplemente vivir. Vivir es perder lo que ganaste. (cap. 7)


Es mi primer contacto con el Albert Espinosa escritor. Sabía de él por títulos de películas como "Planta 4ª" (2003) o "Va a ser que nadie es perfecto" (2006) de las que fue guionista, y por series televisivas como "Pulseras rojas" (2010), aunque confieso que no he visto ninguna de ellas. 
Preparando la reseña me entero de que Albert nació en Barcelona en 1973 y de que a los 13 años fue diagnosticado de cáncer con metástasis por lo que sufrió la extirpación de un pulmón y parte del hígado pasando cinco años internado en un hospital. Esta experiencia biográfica le ha marcado profundamente y es la que está en la base de no pocas de sus creaciones televisivas, cinematográficas, teatrales y literarias. La película "Planta 4ª" cuenta su vida en el hospital durante esos largos cuatro o cinco años.

"Lo mejor de ir es volver"
Pensaba encontrarme en esta novela con un asunto de corte hospitalario semejante a aquellos con los que en mi cabeza yo tenía ubicado al autor. Sin embargo no ha sido así. En esta novela de poco más de 200 páginas Albert Espinosa nos ofrece, contra todo pronóstico, una historia de amor, perdón y reconciliación. Digo que contra todo pronóstico porque de entrada ver que una anciana de 100 años  está en la Barcelona de 2071 esperando la llegada a su casa de un robot que ejerce la función de 'doctor del final' me llevaba a pensar que estaba iniciando una distopía clarísima. Pero no, la novela no es una distopía en el sentido de sociedad ficticia completamente indeseable en sí misma.

Estamos en una sociedad futurista en la que ha habido muchos cambios respecto a nuetro actual hoy: Es una sociedad totalmente robotizada en la que hay robots para ayudar al suicidio (“conciliadores del suicidio”), para acompañar y ayudar en el momento del tránsito final (“doctores del final”), la muerte próxima es conocida cuando se produce la activación del “gen de los treinta días”; es una sociedad hiperindividualista en la que los humanos se revisten y se aislan unos de otros mediante un “campo de energía” propio; una sociedad que premia a los centenarios otorgándoles como regalo la posibilidad de elegir tres personas de las que vengarse a través del llamado “karma artificial”. Es un mundo en el que los perros se han extinguido, la esclavitud ha desaparecido, existe la teletransportación por la que bastan veinte minutos para ir de Barcelona a la isla de Ischia, los robots tienen la posibilidad de replicarse y así conseguir hacer realidad el don de la ubicuidad por el que al mismo tiempo que en Barcelona puede Troy -el robot protagonista de la historia- estar en Miami o en otro lugar que desee...

Sin embargo a los lectores nos sucede, según van pasando las páginas, lo mismo que a la centenaria Rosana: nos reconciliamos con este futuro que cada vez vemos menos indeseable al observar en él elementos esperanzadores como la relación de afecto, de empatía, desarrollada entre 'ella' y 'ello'. Así es como respectivamente, al sentirse tan distanciados entre sí, se denominaban y se percibían los dos personajes protagonistas, que poco a poco irán acercándose afectivamente. De no llamarse por sus nombres o recurrir al usted distanciador estos dos seres comenzarán a hacerlo de 'tú' por parte del robot y por el nombre propio de Troy o de Henry, el hijo de de 13 años cuya apariencia externa demandó la anciana que adoptase la máquina que le enviasen a su casa.

No quiero desvelar nada del asunto que se dirime en la novela, no quiero destriparla, hacer spoiler como dicen algunos con anglicismo que me disgusta. Sí diré que en mi opinión Albert Espinosa tiene en su cabeza un Lector Ideal al que dirige su relato, un lector que -pienso yo, aunque podría estar completamente equivocado- es un adolescente de entre 13 y 18 años al que el escritor quiere inculcar una serie de valores (en cierta manera ya tópicos en estas novelas de destinatario juvenil) que le gustaría que asumiese e integrase en su evolución: luchar contra la discriminación y abusos sufridos por mujeres como Rosana por parte de hombres que las maltratan y esclavizan; la necesidad de perdonar; la importancia de la familia (“Tener una madre que te quiera hace que todo cobre sentido”); la necesidad imperiosa de aplicar la justicia (algo bárbara, por cierto, pero implacablemente justa, eso sí); denunciar la desaparición de especies animales; valorar la importancia que la literatura y el cine tienen para el desarrollo de nuestro modo de entender la vida: las referencias a Antonio Machado y a algunas películas [“todavía existían los escenarios donde se rodaron las dos versiones de ‘El talento de Mr. Ripley' (la de Alain Delon y la de Matt Damon) y aquella maravilla de ‘¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre” (cap. 9)] cumplen esta función; entender y aceptar que la vida es una continua sucesión de pérdidas; valorar la idiosincrasia cultural a la que pertenece el lector, etc.

Novelas juveniles, autosuperación, Albert Espinosa
Foto: Albert Espinosa (EFE)
Respecto a lo señalado al final del párrafo anterior es evidente que Albert Espinosa centra toda su atención en la cultura catalana. Así la acción transcurre en Barcelona en escenarios como el cementerio de Montjuich, el tanatorio de Les Corts, el estadio del Barça que en la fecha de 2071 ya se denomina 'estadio Messi'; la fecha del cumpleaños, 23 de abril, Sant Jordi, es el Día del Libro y la Rosa, día en el que se aúnan en Cataluña la celebración de la cultura con la del amor... Rosana antes de morir y ya enchida del amor que se le ha negado en vida ansía regresar a Barcelona y recorrer Las Ramblas para visitar los puestos de libros donde también se venden rosas:
"Estuvimos horas caminando por Barcelona y disfrutando de ese día. Subimos y bajamos sus Ramblas tantas veces... Miramos puestos de libros, compramos rosas y recordamos otros tiempos en que sus antepasados habían pisado esas mismas calles.
Madre estaba pletórica. La vi disfrutar tanto ese día... Realmente Sant Jordi es un hermosos día dedicado al amor. Nunca había visto tanta gente disfrutar y amarse. Esa ciudad supuraba emoción
" (cap. 16)
En cuanto a la forma hay que señalar que la novela es muy sencillita. Son 16 breves capítulos titulado cada uno de ellos con una frase, entresacada del mismo, que resume el tema que en él se desarrolla. Dentro de cada capítulo suele haber dos planos discursivos: el de la viejecita Rosana, escrito en tipografía tradicional, y el del treinteañero robot, Troy, escrito con una tipografía que recuerda la propia del mundo digital. En dos ocasiones introduce una tipografía similar a la manual para presentar dos cartas que son importantes en la novela para el desarrollo de la historia. Es interesante en los dos relatos en contrapunto -el de Rosana y el de Troy- observar cómo según avanza la novela se van  acercando hasta concluir fusionándose en sólo uno. Sin duda esto es un acierto.

Lo mejor
De esta novela yo destacaría la denuncia que hace del machismo, sobre todo cuando la efectúa referida a la mujer artista (Rosana era pintora) que ve su obra robada por un hombre. A mi memoria a través del caso de Rosana vienen otros casos como el de Camille Claudel y su amante Rodin, el de Colette que escribía relatos sicalípticos que firmaba su marido, o, entre nosotros, el de María de la O Lejárraga, esposa del escritor Gregorio Martínez Sierra, artífice de casi la totalidad de la obra literaria de éste. También he recordado esa película relativamente reciente, “Big Eyes”, dirigida por Tim Burton, que plantea este tema de la apropiación indebida de la Obra artística. 

Me ha gustado el culturalismo, muy bien integrado por el autor en la narración. Cuando Rosana habla del dolor que a ella le ha supuesto la muerte de su hijo Henry, recuerda las opiniones que su fallecido marido vertía acerca de la positiva función que hacer literatura tuvo para algunos escritores. En concreto cita “Mortal y rosa” de Francisco Umbral, y lo fundamental que resultó para este periodista y escritor su escritura en la superación del duelo; lo mismo -dice- le sucedió a Philip Roth con “Patrimonio”, esencial para superar la desaparición del propio padre; y también a él mismo, Albert Espinosa, escribir “Mundo amarillo” le sirvió para superar las pérdidas y convertirlas en ganancias. 

Lo menos bueno
En esta distopía hay momentos que te despiertan –mal en mi opinión- de la ensoñación ficticia. Así me ha sucedido cuando Rosana, el personaje protagonista de esta narración que transcurre en 2071, recuerda nada más y nada menos que un episodio de “Verano azul” titulado ‘El bautizo del odio’. ¡Cling! ¡Madre mía, qué caída en el vacío, esa serie tan recordada se emitió en 1981! A mí me pareció al leer esto que, además de caer en un lugar común, la verosimilitud hacía aguas dados los 90 años que separan ambas fechas. Semejante sensación de anacronismo, de inverosimilitud, se activó en mi cabeza con las referencias que se hacen a la pervivencia aún de los decorados utilizados en el rodaje de esos títulos de películas -citados algo más arriba en esta reseña- al haberse realizado las mismas en los años 1955, 1972 y 1999, o sea, alguna de ellas más de un siglo de tiempo atrás.

En cuanto al uso del idioma se detectan en la narración algunos defectos que, entiendo, siempre deben soslayarse. Me refiero a una sistemática incursión en el adequeísmo, vicio lingüístico que desluce mucho un escrito: “No había dudas que volver a tenerle era un castigo que se había convertido en mi bendición”. También se confunde frecuentemente en la escritura la conjunción adversativa “sino” y la construcción conjunción condicional ‘si’ más adverbio de negación ‘no: “si no”. Por último otro error de lengua es el de la clamorosa impropiedad en que incurre en el capítulo 14 dando a un vocablo un significado inapropiado existiendo en el idioma otro término más pertinente: “que la llevara aquí” en vez de decir “que la trajera aquí’ habida cuenta de que se está refiriendo a persona y no a cosa.Y también allí mismo su redacción no hace un uso correcto de la 'consecutio temporum': “El aceptó enseguida. No sé si por la borrachera o porque necesita agarrarse a un clavo ardiendo”.

Día del libro y la rosa, Barcelona, Cataluña

Final
En un mundo hiperavanzado, individualizado y deshumanizado en el que aún persisten elementos perniciosos del nuestro como los aforamientos, sin embargo da la sensación de que no todo está perdido pues entre las máquinas (los robots) y los humanos aún cabe la posibilidad del afecto, de la emoción. Es lo que ocurre entre Rosana y Troy que se irán conociendo y transformando a través de este día, 23 de abril de 2071 en que ella alcanza la edad de 100 años. 

7 mar 2019

"Los náufragos de la Plaza Mayor" de Fernando Benzo. Una novela distópica

14 comentarios:
“No sabemos, no somos capaces de vivir en soledad. Y, frente a esa certeza, aquí estamos tú y yo. Solos. Los únicos. Los últimos. Los elegidos para vivir el destino más aterrador que puede tener un ser humano. La soledad absoluta.”

autores indie, Fantasía distópica, Novela corta
Un fenómeno físico inaudito ocasionado, parece ser, por el acelerador de partículas mayor instalado en el mundo ha provocado un 'fogonazo' que ha dado al traste con la vida humana en el planeta Tierra. Ha ocurrido el "miércoles 10 de septiembre de 2008". Los seres humanos literalmente se han volatilizado, han desaparecido sin dejar huellas. ¿Todos han desaparecido? Evidentemente no, al menos alguien está con vida, concretamente quien está dando cuenta de tan terrible suceso: el narrador de esta novela.
Pasados unos días, en una de sus salidas por Madrid para entrar en algún supermercado a coger alimentos, al pasar por delante de un Corte Inglés este hombre ve, con sorpresa, que una mujer joven, una chica, sale de ese centro comercial. Intercambian apenas unas palabras entre ellos, pero ella, -Alicia se llama-, comienza a seguirle cuando él torna a su apartamento próximo a la Plaza Mayor. Estamos en Madrid.

Toda la historia que cuenta la novela transcurre en apenas dos años. Asistimos en ella a una serie de discusiones entre este hombre y esta mujer, 20 años menor que él; unas discusiones en las que raramente se ponen de acuerdo. Él es más conformista con la nueva situación; ella no quiere aceptarla y quiere moverse para ver si existen otros posibles supervivientes como ellos dos. Si así no fuera aún tienen otra posible opción a añadir a las que representan uno y otro, la de unirse y comportarse como nuevos Adán y Eva.

Múltiples son los asuntos que se plantean esta pareja: la muerte, la soledad, la necesidad o no del Arte en un mundo sin personas, Dios, los sentimientos..., y, evidentemente, el Amor. Este último es el motivo fundamental de todo el relato: ¿Amor o mera necesidad de estar acompañados para evitar la terrible soledad? La novela cuando aborda estos asuntos parece ser más bien un ensayo en el que se enfrentan dos posturas opuestas cuyos sostenedores quieren por todos los medios convencer al otro con argumentos de peso de su razón y verdad.

Por el motivo que pone en marcha la narración -la desaparición de la Humanidad del planeta- creo que la novela cabría encuadrarla dentro del género distópico ("Poco a poco, el mundo al que habíamos pertenecido se iba haciendo más pequeño, se iba encogiendo, y nosotros éramos testigos inertes de aquel lento proceso de pérdidas ante el cual sólo nos quedaba resistir.", pos. 961). Sin embargo, la evolución de la relación en la pareja y el tono amable con el que se muestran sus correrías por un Madrid desierto -¡cuánto me ha recordado este Madrid silencioso al que Amenábar presentó en su film "Abre los ojos"!- me obligan a no ser tajante en la adscripción a esta modalidad narrativa. Tampoco ayuda mucho a hacerlo el que la acción se sitúe seis años antes del momento en que los lectores tienen la novela en sus manos.

Alejandro Amenábar, Abre los ojos,  Fernando Benzo, Politicos del PP escritores
Como ya me sucediera con su siguiente novela creo que Fernando Benzo [para conocer la biografía del escritor pinchar aquí] aprovecha la anécdota que ha imaginado para hacer un canto al Madrid actual, a su ciudad, que en cierto modo se convierte en el tercer personaje de esta, casi deshabitada, novela. Estos dos humanos sobreviven gracias a la ciudad que quedó congelada en el tiempo ese 10 de septiembre de 2008 pero afortunadamente para ellos no destruida. Pueden sobrevivir y cubrir todas sus necesidades materiales porque hay comercios a su entera disposición; y también pueden atender las, llamémoslas, exigencias espirituales porque los parques -en especial el Retiro- ahí están para su esparcimiento; de igual modo los Museos, como el del Prado, les sirven para colmar esa necesidad. A este respecto no se puede obviar que el narrador es artista, ¡de cuadros fractales, sí, pero artista!

Desde el punto de vista formal esta novela corta poco o nada tiene que ver con "Las cenizas de la inocencia" que reseñé hace pocos días [para leer la reseña pinchar aquí]. En mi opinión, la historia situada en la España de los años 40 es en todo superior a ésta que acabo de leer. La verdad es que son dos narraciones muy distintas como se puede ver. Sin embargo es evidente que detrás de ambas está el mismo escritor que como en él es característico hace gala de un humor irónico que sabe utilizar con gracia y soltura:
"Ella también sonrió.
-Dime una. Una sola persona a la que echas de menos.
-Te echaría de menos a ti si no estuvieses.
-No intentes coquetear conmigo. No me gustas nada.
-Por suerte para ti, tienes donde elegir…" (pos. 685)
También creo que hay coincidencia en el culturalismo que el autor vierte en las dos novelas, si bien en este relato gira más bien en los terrenos del Arte:
"Logré reunir a la Maja Vestida con el Descendimiento de Van Der Veyden, el Triunfo de la Muerte de Brueghel con los Chicos en la Playa de Sorolla, el Sueño de Jacobo de Ribera con Venus y Adonis de Veronés y junté sin más criterio histórico ni artístico que mi gusto obras de Patinar, Antonello de Messina, Zurbarán y Tiziano." (pos. 1170). 
Es claro que el escritor usa estas notas culturales al servicio de la caracterización de los personajes: en "Los náufragos..." un artista de cuadros fractales, y en "Las cenizas..." un diletante de la música de jazz en los clubes nocturnos del Madrid de los años 40. En ambos casos el acierto es total y los personajes quedan muy verosímilmente diseñados así.

Aunque no es algo que aparezca con tanta frecuencia como en "Las cenizas..." también aquí hay ocasiones en las que el novelista utiliza el idioma con cierta altura poética:
"Nos quedamos quietos, sin decir nada. Ella sentada y yo de pie y, al lado, Felipe III subido en su caballo. Tres estatuas tornándose naranjas bajo la luz de un atardecer de primavera." (pos, 1340)
Si bien el narrador es ese hombre algo descreído ya de vuelta de muchas cosas a veces el 'yo' deja paso a la 2ª persona narrativa que a veces integra al 'tú' lector en el relato y otras tiene ese sentido generalizador tan habitual en nuestra lengua:
"Tenía esa mirada que te taladraba, como si por mucho que quisieras nunca pudieses ocultarle nada. Y su voz pausada. Y una pizca de ironía en la sonrisa que aparecía siempre en los momentos justos. Y hacía esas preguntas directas cuando menos te lo esperabas." (pos. 808)
Novelas distópicas, género distópico, Fernando Benzo Sáinz
Algo que sí que distingue esta novela de la otra que he leído es el vocabulario desinhibido que utiliza aquí Benzo; un vocabulario lleno de palabras gruesas pero que viene a cuenta dado que a día de hoy se podría decir que hablar así es más bien una característica coloquial:
    • "Si quieres, también puedes darme una hostia…" (pos. 902)
    • "¿Qué coño pasó? Que algo, un acelerador de partículas atómicas o una mierda de mariposa que aleteó a destiempo en la China, alteró las reglas y desencadenó el maldito fogonazo que se cargó a todo bicho viviente menos a ti y a mí. Punto y final." (pos. 427)
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Hasta aquí mi reseña sobre la novela de Fernando Benzo. Lo que viene a continuación es más bien una queja contra ese monstruo que se llama Amazon de cuyo inmenso vientre he tomado esta novela corta de Fernando Benzo. Y mi queja viene dada por deficiencias en la edición que achaco exclusivamente a la multinacional que no repara en otra cosa que en hacer caja y le importa un pimiento confundir la interrogativa 'por qué' con el sustantivo 'porqué', o que suprime, así porque sí, la grafía 'H' de la interjección 'hala' dejando a la pobre convertida en un dios musulmán en minúscula, o también que coloca las tildes donde le da absolutamente la gana. ¡Donde esté el papel...!

16 oct 2017

"El cuento de la criada", relato de Margaret Atwood

24 comentarios:
El mundo actual vive casi más de la imagen que de la letra impresa. Naturalmente todo, antes de plasmarse en imágenes, nace en formato escrito; de ahí la mutua retroalimentación de ambos mundos, el visual y el literario. Un ejemplo actual es el de la novela "El cuento de la Criada" de la escritora canadiense Margaret Atwood quien tras haberla publicado hace ya más de 30 años ha visto cómo ha vuelto a los escaparates y expositores de las librerías tras el inmenso éxito alcanzado por la serie televisiva de 10 capítulos que HBO ha hecho de ella y que está actualmente disponible en esta plataforma en nuestro país.

Margaret Atwood escribe "El cuento de la criada" (The Handmaid's Tale) en 1985. Ya desde el momento de su aparición la novela conoció el éxito: galardonada en 1985 con el Governor General's Award for English-language fiction y en 1987 con el Arthur C. Clarke Award, un premio de origen británico que se entrega a la mejor ópera prima del género novela de ciencia ficción publicadas en el Reino Unido durante el año anterior a la entrega. "El cuento de la criada" fue la primera novela galardonada con este premio. 

La novela es una distopía, feminista según algunos dado que el asunto que plantea es el de la esclavitud de las mujeres por culpa de su fertilidad; una distopía de la maternidad, según la propia autora, que no desea alistar la novela tan fácilmente en la bibliografía feminista pues piensa -así lo ha mantenido en diversas ocasiones- 'que hoy en día vive del feminismo no poca gente sin el más mínimo talento'. Pero también es una distopía política: la escritora canadiense denuncia o avisa de la facilidad que corre el democrático mundo actual de convertirse en una dictadura. En la novela nos encontramos con una dictadura de naturaleza teocrática: no se puede obviar el momento en que la Atwood está redactando su relato, en plena resaca de la crisis de los rehenes americanos en Irán ocurrida durante 444 días del 4 de noviembre de 1979 al 20 de enero de 1981. El fanatismo con que se conducía ese país bajo la férula de los ayatollahs que habían impuesto una policía religiosa y que realizaban ejecuciones ejemplarizantes en las plazas públicas está, sin lugar a dudas, en la mente de la autora. Pasados los años y visto lo visto, también podría servir para cualquier otro régimen autoritario de naturaleza populista, misoneísta, supremacista, nacionalista... con ribetes de ser impuesto desde lo más alto por la voluntad de un deus ex machina que como bien todos sabemos jamás se puede equivocar.

Defred es el nombre impuesto al personaje que está contando su historia de manera desordenada, al hilo de los sucesos que le van aconteciendo en la nueva sociedad establecida de manera paulatina en Gilead, nombre del país que antes fuera Estados Unidos. Defred es una Criada, es decir, una mujer destinada a la fertilidad en un momento en que la misma ha caído de manera estrepitosa y las autoridades han colocado su recuperación en el centro de su acción política. Estas Criadas son puros objetos al servicio de los Comandantes (dirigentes) cuyas Esposas no tienen hijos y sí los desean. Para justificar la servidumbre sexual de las primeras esta sociedad fuertemente religiosa -teocrática- echa mano de unos versículos del Génesis en los que Raquel, la mujer de Jacob viendo que no podía darle hijos a su marido, le insta a que los tenga con Bilhá, su criada, la cual parirá sobre sus rodillas de manera que así ella, Raquel, también los tendrá.

Defred, pues, es una de estas Criadas cuya función es darle hijos a Fred, su Comandante, y de ahí el nombre que recibe para indicar de quién es propiedad. Para lograr la gravidez, con regularidad establecida tiene lugar la Ceremonia del apareamiento consistente en la monta de la sierva por su señor ante la atenta mirada de la Esposa llamada Serena Joy por la narradora del relato. En la casa de Serena y Fred, dirigentes destacados, viven otras clases como las Marthas (cocineras, limpiadoras y tal) Rita y Cora e incluso Nick, el chófer del Comandante cuyo aislamiento y abstinencia sexual es una de sus características.

Fuera de la zona controlada donde transcurre la vida de las Criadas delimitada por un muro en el que de manera ritualizada se realizan eufemísticas celebraciones de Salvación (en realidad ajusticiamientos) a la vista de todos y cuyos protagonistas luego son colgados de clavos colocados allí ad hoc, existen zonas donde la mano controladora del gobierno teocrático es más tenue y a donde aspiran a ir aquellas mujeres que quieren escapar de la terrible esclavitud que dentro están viviendo. Es el caso de Moira, compañera de fatigas desde la infancia de Defred que escapa cuantas veces puede del recinto. Pero fuera tampoco hay mucho más que dentro; lo que hay son restos, resquicios repugnantes del antiguo orden social en los que las mujeres eran sexualmente explotadas y humilladas con fines no reproductivos. ¿Qué es mejor, el viejo o el nuevo orden? Desde luego la pura racionalidad del hoy es más deshumanizadora pues sólo valen las mujeres fértiles que deben dar hijos en un período máximo de seis años. Pasado este tiempo los Guardianes (vigilantes) las enviarán a las Colonias exteriores donde trabajarán en el inhóspito medio ambiente y pronto morirán.

La novela estructuralmente presenta dos instancias en contrapunto: una, la del presente terrible que vive Defred en esa tiránica sociedad teocrática; y otra, en la que ella rememora momentos del pasado de manera desordenada según topa con las situaciones que va viviendo en una cierta comparación entre el Hoy y el Ayer. A través de estas rememoraciones, evocaciones y/o ensoñaciones hacia el pasado ["Suelo padecer estos ataques del pasado, como desmayos, como una ola que me invade la mente", pág. 49] vamos recibiendo la información cuarteada que según avanza el relato nos permite dar forma al personaje ["Tendréis que perdonarme. Soy una refugiada del pasado y, como otros refugiados, sigo las costumbres y hábitos que abandoné o que fui obligada a abandonar, y todo esto parece muy pintoresco, y yo soy muy obsesiva con respecto a ello.", pág. 224], a su ocupación en la anterior sociedad, a los sucesos que ocasionaron esta ruptura ["Fue después de la catástrofe, cuando le dispararon al presidente y ametrallaron el Congreso, y el ejército declaró el estado de emergencia. En aquel momento culparon a los fanáticos islámicos. Hay que mantener la calma, aconsejaban por la televisión. Todo está bajo control.", pág. 168], a personajes que formaban su familia: Luke, su madre, su hija...

El Cuento
Chaucer, Cuentos de Canterbury
En el blog de Jimena de la Almena hay una muy buena reseña sobre
Geoffrey Chaucer y sus "Cuentos de Canterbury"
La escritora canadiense titula el relato con una expresión que según se nos aclara en el último apartado de la obra, "Notas históricas sobre 'El cuento de la criada'" es un homenaje al escritor medieval inglés Geoffrey Chaucer, el autor de "Cuentos de Canterbury". En esa obra del siglo XIV, realizada a imitación de "El Decamerón" de Boccaccio, unos peregrinos a Canterbury acuerdan contar cuentos para hacer más ameno el viaje. Dados los distintos oficios de los viajeros  los cuentos de cada uno de ellos lleva como título el oficio de su narrador: 'Cuento del caballero', 'Cuento del molinero', 'Cuento del alguacil', 'Cuento del cocinero, 'Cuento del fraile'... y así hasta 22 de los más de 120 anunciados en el prólogo. Pues bien, a imitación de estos títulos Margaret Atwood presenta "El cuento de la criada".

Naturalmente no estamos en el siglo XIV y tampoco la Criada de Atwood es lo que pudiera entenderse por ello en la Edad Media. Pero tampoco la expresión 'cuento' significa lo mismo en Chaucer, donde el sentido moralizante o de enseñanza es evidente, que aquí. La narradora de la novela de Atwood no hace más que cuestionarse el sentido del término:
"Si esto es un cuento que yo estoy contando, entonces puedo decidir el final. Habrá un final para este cuento, y luego vendrá la vida real. Puedo decidir dónde dejarlo. Esto no es un cuento que estoy contando. También es un cuento que estoy contando, en mi imaginación, sobre la marcha.", (pág. 38) 
Para Defred, la narradora, como para el resto de Criadas, el  contar, el cuento, es casi una terapia.  A su través logran liberar la opresión que sufren.  Por eso a las Criadas cuando salen a hacer la compra siempre en compañía de otra se les tiene prohibido intercambiar información que vaya más allá de lo puramente establecido de manera ritualizada a través de un prontuario de preguntas y respuestas. Defred en su deambulante soledad acompañada normalmente por Deglen, otra Criada, rememora de manera desordenada el pasado del que fue arrebatada de manera brutal. Piensa en Luke, el hombre que fue su pareja y con el que tuvo una hija de la que a día de hoy apenas si tiene vagas referencias; y  la acción de contar, sea o no algo coincidente de manera escrupulosa con la realidad, es instrumento de libertad y de construcción de la verdad:
"Al contarte algo, cualquier cosa, al menos estoy creyendo en ti, creyendo que estás allí, creo en tu existencia. Porque contándote esta historia, logro que existas. Yo cuento, luego tú existes.",( pág. 263)
También piensa en su madre, una mujer liberada y luchadora que creía en la vida de las mujeres sin ataduras ["no quiero a ningún hombre a mi lado, para qué sirven, excepto por los diez segundos que emplean en hacer medio bebé. Un hombre es simplemente el instrumento de una mujer para hacer otras mujeres.", pág. 115]. Una mujer de la que a día de hoy apenas sabe nada, aunque lo más seguro es que haya muerto. Pese a ello es sobre ella y sobre su militancia feminista anterior a la instauración de Gilead sobre la que recae la escasa ración de humor que pudiera encontrarse en esta dura novela:
"Madre, pienso. Estés donde estés, ¿puedes oírme? Querías una cultura de mujeres. Bien, aquí la tienes. No es lo que tú pretendías, pero existe. Tienes algo que agradecer." (pág. 122)
El homenaje a Chaucer se visualiza también en que esta narradora en 1ª persona que se dirige a un receptor múltiple, a un público plural cual hacían los juglares medievales en la plaza pública, relata no una historia única, la suya, sino que acoge en su Cuento otros muchos cuentos más:
"Estoy demasiado cansada para continuar con este cuento. Estoy demasiado cansada para pensar dónde estoy. Aquí va un cuento diferente, uno mejor. Éste es el cuento de lo que le ocurrió a Moira. Puedo completar parte de él por mi cuenta, de la otra parte me enteré por Alma, que se enteró por Dolores, que se enteró por Janine. Janine se enteró por Tía Lydia" (pág. 123)
¿Un mundo feliz?
Leyendo la novela me ha venido a la cabeza el mundo feliz de Aldous Huxley. Sin embargo he visto que la sociedad distópica de Atwood es mucho más dura que la de Huxley. Mientras que los rebeldes de "Un mundo feliz" lo eran a través del amor al estilo humano, aquí en Gilead este amor está condenado a vivir sólo en el mundo del recuerdo de estos seres que son "refugiados del pasado" para quienes como reflexiona Defred "nadie muere por falta de sexo. Es por falta de amor por lo que morimos.".

Gilead es un mundo en el que el sexo es obligatorio y por lo tanto, sin ambages, se cosifica a la mujer que así no puede llamarse a engaño; engaño que en cierto sentido existía en el pasado si hombre y mujer no estaban en igualdad de condiciones. Tal sucede cuando la mujer que era antes Defred pierde su trabajo y Luke que aún lo conservaba tras escucharla quiere hacer el amor:
"Pero algo había cambiado, ya no existía el mismo equilibrio. Sentí que me encogía, de manera tal que cuando me rodeó con sus brazos eran tan pequeña como una muñeca. Sentí que el amor se alejaba sin mí." (pág. 179)
Quizás el Comandante llega casi a convencer a su sierva sexual cuando ella cuestiona la Peregrinación de las Mujeres (casamientos en grupo): 
"¿Qué es lo que pasamos por alto?, preguntó el Comandante
El amor, afirmé
¿El amor?, se extrañó el Comandante. ¿Qué clase de amor?
El enamorarse, repuse
El Comandante me miró con su mirada franca e infantil [...] ¿Realmente valía la pena enamorarse? Los matrimonios arreglados siempre han funcionado perfectamente bien, como mínimo." (pág.216 ) 

Una novela muy versionada
Como digo al inicio la novela se ha visto favorecida en la aceptación popular por su versión televisiva. Desde un primer momento "El cuento de la criada" fue objeto de versiones de todo tipo: cinematográficas (en 1990, Volker Schlöndorff dirigió una adaptación sobre guión de Harold Pinter), teatrales y hasta operísticas (en el año 2000 en Copenhague, en el 2003 en Londres y en la temporada 2004-2005 en Canadá). Pero sin lugar a dudas ha sido la serie de televisión de diez capítulos, protagonizada por Elisabeth Moss como Defred, la que ha tenido más impacto popular. En la realización de la serie intervino la mismísima  Margaret Atwood como consulting producer. La serie ha obtenido 5 galardones en los premios Emmy 2017.

 


Para finalizar
Una magnífica novela por todo: por la construcción; por la denuncia política; por la denuncia de la explotación de la mujer; por los peligros que denuncia, entre ellos el del excesivo puritanismo presente en las sociedades anglos donde viene a contextualizar su historia futurista; por la reflexión  metaliteraria que existe en ella sobre los límites de los géneros literarios, sobre la ductilidad de los mismos ("Me lo inventé. No ocurrió así. Lo que ocurrió es lo siguiente:" y hace una versión diferente a la anterior para, una vez que ha logrado rompernos el espinazo, sorprendernos con un "Tampoco ocurrió así. No estoy segura de cómo ocurrió, no exactamente. Todo lo que puedo hacer es una reconstrucción: el modo en que se siente el amor siempre es aproximado.", pág. 261); por la  denuncia que hace del juego y papel de la intelectualidad en el sostenimiento y justificación de las sociedades incluso de las más autoritarias como la de Gilead; por la utilización de un lenguaje exquisitamente literario que exige un lector que lo deguste.

Datos del libro
Autor: MARGARET ATWOOD
Título: “El cuento de la Criada”
Nº de páginas: 416 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: SALAMANDRA
Lengua: CASTELLANO
ASIN: B071KQF6G3
Precio:
En papel: 18'05€
Ebook: 11’39€