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28 abr 2024

Plegarias atendidas de Truman Capote

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«Debo al bar del Pont Royal haber hecho muchas amistades incluyendo a la primera expatriada norteamericana, Miss Natalia Barney […] Miss Barney vivió en el mismo piso durante todas esas décadas, una suite con habitaciones sorprendentes que daban a un patio de la rué de l'Université. Vidrieras de colores en las ventanas y vidrieras de colores en los tragaluces, un tributo al Art Nouveau que habría conducido al pequeño Boaty a un estado delirante como de perro loco: lámparas Lauque esculpidas como ramilletes de rosas lácteas, mesas medievales abarrotadas de fotografías de amigos enmarcados en oro y carey: Apollinaire, Proust, Gide, Picasso, Cocteau, Radiguet, Colette, Sarah Bernahrdt, Stein y Toklas, Stravinsky, las reinas de España y Bélgica, Nadia Boulanger, la Garbo bien arrimadita a su vieja amigocha Mercedes D'Acosta, y Djuna Barnes, esta última una apetitosa pelirroja con labios de pimiento difícilmente reconocible como la áspera autora de El bosque de la noche (y como la heroína ermitaña en versión moderna de Patchin Place). Cualquiera que fuese su edad real, que debía de ser de ochenta o más años, Miss Barney, normalmente ataviada con viril franela gris, tenía aspecto de anacarada cincuentona. Disfrutaba conduciendo, e iba por todas partes en su Bugatti esmeralda descapotable, daba vueltas por el Bois o se iba a Versalles las tardes agradables. De vez en cuando, me pedía que fuese con ella, ya que Miss Barney disfrutaba echando sermones, y su impresión era que yo tenía aún mucho que aprender.»"

Santa Teresa de Jesús, Nuevo Periodismo, Jet-set neoyorquina

Había leído este libro hace ya muchos años; apenas si recordaba su contenido. El caso es que en algún sitio, ahora mismo no sabría decir si en un libro o en algún artículo sobre literatura leído recientemente, alguien consideraba Plegarias atendidas la mejor novela de Truman Capote. Siendo así, me dije, y dado que apenas si recuerdo nada de ella, he de volver a leerla. De este modo he vuelto a leer algo del creador del Nuevo Periodismo. 

En 1987, tres años después de su fallecimiento, se publicó la esperada novela Plegarias atendidas que Truman Capote llevaba prometiendo a su editor desde el espectacular éxito que supuso A sangre fría, aparecida en 1966. La novela deseada por todos, que se demoraba más y más, era calificada por su autor, en palabras dirigidas a su editor, como excelente. Pero Plegarias atendidas jamás vio la luz en forma de tal. Lo que sí hizo el escritor entre 1975 y 1976 fue publicar en la revista Esquire, de manera separada, los tres capítulos que conforman el libro que acabo de leer: "Monstruos perfectos", "Kate McCloud" y "La Côte Basque". Tras la aparición de estas tres separatas, en especial la titulada "La Côte Basque", el autor perdió completamente el favor de la alta sociedad neoyorquina con la que hasta ese momento se había codeado. El motivo no fue otro que la presentación clara y sin tapujos de la manera de vivir de sus integrantes: su afición al alcohol, al sexo, la  homosexualidad masculina y femenina de no pocos de sus miembros, el consumo inmoderado de drogas... Ponerles al desnudo ante los demás fue algo que no sentó nada bien al mundo del cine, del teatro, de la literatura, de la política... Integrantes de estos córculos se vieron reflejados en esta narración a veces con sus nombres auténticos y otras con denominaciones que claramente revelaban a quienes estaban tras ellas.

En mi opinión, la novela parece un ¡Hola! (la revista española del corazón), pero sin cortarse ni un pelo. A mí me ha recordado mucho a, entre nosotros, Terenci Moix y su novela "Garras de astracán". Lo mejor de estos tres relatos para mí es encontrarme directamente con mitos del mundo de la política (el entorno del presidente Kennedy, sobre todo), de la literatura (Samuel Bekett, JD Salinger, etc.), de la industria, de los negocios y sobre todo del Cine y el Teatro (Montgomery Cliff, Orson Welles, y muchos otros), asistir a sus devaneos, sus caídas en dependencias diversas, sus inseguridades...

Quería Capote -así se lo manifestó en multitud de ocasiones a Joseph M. Fox, su editor de Random House, cuando éste le reclamaba muestras de la novela que afirmaba estar escribiendo y por la que Fox le había entregado a cuenta altas sumas de dinero- emular nada menos que a Proust y su "En busca del tiempo perdido"; pero no, no alcanzó ese logro. Lo que sí hizo fue vengarse de aquellos ricachones que, quizás, lo ninguneaban y lo utilizaban como el payasete que daba color a sus fiestas, pero que como los bufones de la Corte quedaba al margen de los tremendos beneficios que ellos se repartían. Capote -su personaje P.B, Jones, auténtico alter ego suyo en la novela- ronda por los palacios, pero se queda sólo con las migajas. El verdadero Jonesy es el que de madrugada se acerca a los cines porno para poder satisfacer su deseo.

El libro que acabo de leer es uno de esos libros inconclusos que se publican tras la muerte del autor. No sabemos en este caso si Truman Capote desearía que se hubiera publicado o no de esta manera; también ignoramos si, como afirmó con reiteración a sus editores, existían otros capítulos y qué fue de ellos dado que, por mucho se ha buscado, nada se ha encontrado. Lo único evidente es la publicación que hizo en vida de estos tres capítulos en la revista Esquire en forma de separatas, pero siempre nos quedará la duda: ¿eran esos textos los que de verdad él quería que formaran su Plegarias atendidas? Sea como fuere, lo único que hoy tenemos es esto: las tres separatas de Esquire publicadas como capítulos de su anunciadísima durante casi veinte años y nunca aparecida fastuosa novela. Lo que yo he visto en ella es sólo una crónica de sociedad mordaz y sin cortapisas que, como es lógico, produjo que el escritor fuera expulsado de la misma como si de un piojoso animal se tratara.
 
En el prólogo que Joseph M. Fox escribe a la novela que su editorial Random House publicó en 1987, tres años después del fallecimiento del escritor, se incluyen fragmentos del prólogo que el propio Capote escribiera para "Música para camaleones", colección de seis cuentos cortos y seis entrevistas aparecida en 1980. Por ese prólogo sabemos que el escritor interrumpió la escritura de Plegarias atendidas en 1977, seguramente, aunque él lo niegue, por la furibunda reacción que ocasionó en la alta sociedad neoyorquina la publicación de esas tres separatas en Esquire:
«…Sí, dejé de trabajar en Plegarias atendidas en septiembre de 1977, un hecho que no tenía nada que ver con las reacciones que algunas partes del libro ya publicadas suscitaron en el público. El alto se produjo porque me encontraba con no pocos problemas: sufría una crisis creativa y personal al mismo tiempo. Como esta última no tenía ninguna relación, o muy poca relación, con la primera, sólo será necesario hacer alusión al caos creativo.»
Evidentemente, caos creativo debía de existir en Capote quien, por su desordenada vida y adicciones diversas, sentía que la facilidad para la la escritura con el nivel que él pretendía estaba en huida libre. Pero que esta falla creativa derivaba de la crisis personal sufrida por el escándalo producido por la publicación de sus relatos en Esquire está fuera de toda duda. 

Comienza el capítulo Monstruos perfectos con el escritor P.B. Jones escribiendo una especie de memorias, autobiografía o crónica en un apartamento de la Y.M.C.A. en Manhattan. Se muestra ciertamente deprimido, al borde del suicidio. Es por eso que decide hablarnos de él: su orfandad, su escapada del orfanato que estaba a orillas del río Mississippi a los 14 años, sus artimañas para poder sobrevivir casi siempre gracias al atractivo que para muchos hombres y mujeres tuvo. Pasa revista a varios de estos seres con los que se relacionó y a los que indefectiblemente él fue abandonando: La hermana Martha del orfanato, el masajista Ned que lo cogió en autostop, le enseñó el oficio y le puso en contacto con hombres y mujeres, algunos con bastante dinero como Agnes Beerbaum con quien acumuló el suficiente dinero como para sin previo aviso abandonarla. Fue así como llegó a Nueva York donde a sus 18 años se casará con Hulga, compañera de estudios en la Universidad de Columbia («Era una retrasada mental. O casi, maldita sea»). Su matrimonio dura poco pues en un arrebato navideño Jones rompe todos los adornos e insulta a su mujer de manera muy hiriente; los padres de Hulga le dieron una buena zurra y ahí acabó su aventura conyugal.

De su mujer sólo recordará lo bien que escuchaba los relatos que él escribía y que siempre quiso publicar. Para lograrlo Jones «visitará al director literario de una revista femenina que publicaba novelas de escritores de "calidad"». Gracias a ese hombre, Turner Boatwright 'Boaty', logrará publicar en la revista uno de los muchos relatos que le presentó; y no sólo eso, sino que contactará con muchas personalidades de la literatura, estrellas de cine, pintores... que visitaban su casa neoyorquina
«La verdad es que en casa de Boaty, se encontraban cantidades notables de personajes célebres. Actores tan distintos como Marta Graham y Gypsy Rose Lee, todo género de lentejuelas salpicadas con una colección de pintores (Tchelitchew, Cadmus, Rivers, Warhol, Rauschenberg), compositores (Bernstein, Copland, Britten, Barber, Blitzstein, Diamond, Menotti) y gran abundancia de escritores (Auden, Isherwood, Wescott, Mailer, Williams, Styron, Porter y, en varias ocasiones, cuando se encontraba en Nueva York, Faulkner, a veces buscando Lolitas, pero por lo general serio y cortés bajo el doble peso de una nobleza incierta y una resaca de Jack Daniel's). Y también Alice Lee Langman, considerada por Boaty la primera dama de las letras de América.»
De gigolo con la Langman logrará que Plegarias atendidas se publique, aunque los relatos que contiene reciben fuertes críticas. Como se ve la realidad, como es característico del Nuevo Periodismo y de la autoficción, se cuela en la obra creada confundiéndose con ella: La novela con la que P.B. Jones quiere triunfar es precisamente ésta que nosotros, los lectores, tenemos en las manos. A Jones, igual que a Capote, lo que le importa es ascender, avanzar y contactar con todos aquellos que puedan impulsar su pasión literaria. Lo hace como hemos visto hasta aquí saltando de cama en cama, le da igual el sexo del propietario. Lo definitivo le llegará cuando su protectora logre que la novela pase a la gran pantalla con el título «'La historia de P.B. Jones', una película de Paranoide Films en colaboración con Producciones Príapo». Es evidente el humor que exhibe el novelista en los nombres de las dos  productoras cinematográficas. Esta película y la novela en la que se basaba hizo que Denham Fouts 'Denny'«un hombre bellísimo que básicamente se ganó la vida como chapero y mantenido de lujo, con una completa nómina de amantes millonarios y hasta reales como el príncipe Pablo de Grecia.» (opinión de Sonia Aguirre Duque en la reseña que dedicó en 2013 a esta novela en su blog 'Heroínas díscolas'), contactara con P.B. Jones invitándole a ir a París. Con Denny y sus poco recomendables amistades Jonesy recorre los garitos de París, se enfanga en el consumo de drogas, el sexo duro, y comienza a temer el fracaso literario más que a ninguna otra cosa. Llega así hasta Aces Nelson, otro arribista cuyo oficio es vivir de los ricos, aunque afortunadamente Nelson es un trepa con cabeza
«Aces Nelson no tiene nada especial, salvo que es algo más mono que la mayoría. Está bien, comparativamente hablando. Va a Tánger dos o tres veces al año, siempre en el yate de alguien. El verano se lo pasa de un yate a otro, el Gaviota, el Siesta, el Christina, el Sister Anne, el Creóle, el que quieras. El resto del año está allá arriba en los Alpes, en St. Moritz o en Gstaad. O en las Antillas, Antigua, Lyford Cay. Haciendo altos en París, Nueva York, Beverly Hills, Grosse Pointe. Pero, esté donde esté, siempre está haciendo lo mismo. Ganándose el pan. Jugando desde el almuerzo hasta que se apagan las luces. Al bridge, al gin, al cutthroat, al old maid, al backgammon, resplandeciente, sonriendo con sus dientes con fundas y haciendo felices a los carcamales en sus salones de alta mar. Así es como se saca el dinero para sus viajes. El resto procede de extorsionar a tipas de diferentes edades y pasiones, culos acaudalados con maridos a quienes no les importa un rábano quién se lo haga con tal que no tengan que hacérselo ellos.»
Y gracias a él conocerá a Kate McCloud. Aces le cuenta la historia de esta mujer, que se casó con Harry McCloud de quien Kate, de soltera Mooney, tomó el apellido. Harry era un celoso de libro. La buena de Kate sólo revivió cuando quedó sola tras divorciarse y ser su marido encerrado en un sanatorio. Luego ella se casa con un millonario alemán, Axel Jaeger. Ahora, le dice Nelson, está en una extraña situación  («Está corriendo un gran peligro. Necesita protección. También necesita a un masajista que viaje con ella todo el tiempo. Alguien con educación. Presentable.»). Kate McCloud es el personaje central del segundo capítulo de estas Plegarias atendidas.

Me doy cuenta ahora de que no he dicho por qué Truman Capote titula así su novela y dentro de la misma también a la ficticia que escribe P.B. Jones. En el primer capítulo, 'Monstruos perfectos', la diva literaria Longman le dice a su protegido Jones«Santa Teresa de Avila dijo una vez: "Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas." Quizá no sea ésa la cita exacta, pero ya lo miraremos. Lo importante es que a lo largo de tu obra, al menos tal y como yo lo veo, aparecen personas que consiguen alcanzar un objetivo desesperado, mas sólo para que les rebote en contra de ellas mismas, lo cual acentúa y acelera su desesperación.». Esta explicación del título aclara el sentido que Capote quiso transmitir con su obra. En cierta manera, era la situación personal en la que él mismo se encontraba durante los años que estuvo escribiéndola. 

Plegarias atendidas
Artículo de Marina Ortiz Cortés publicado en el diario
El Independiente (06/02/2024)
Toda la novela está escrita desde esa celda -apartamento dije al inicio- de la Y.M.C.A neoyorquina. Con frecuencia interrumpe el relato para volver al momento y lugar de escritura e introducir alguna aclaración de tipo literario: «(¡Atención, estudiantes de literatura! Aquí hay aliteración, ¿lo han notado?, es mi vicio más pequeño.)». Quizás esta ruptura de la ficción sea una muestra más del humor que la novela contiene. En algún lugar he visto que etiquetan la novela como de humor. No lo creo yo así, aunque sí es evidente que en ella hay sarcasmo hacia la jet set, crítica acerada, en especial en el tercer capítulo, responsable de su expulsión del Paraíso social que lo había adoptado.

Los dos capítulos que siguen a Monstruos perfectos, Kate McCloud y La Cöte Basque son mucho más breves que el primero. En Kate McCloud vemos a P.B. Jones enamorado de verdad de esta mujer a la que atiende personal y profesionalmente. La ayuda en su proceso por escapar de su marido Jaeger que quiere quizás matarla y quedarse definitivamente con el pequeño Heinie, de cinco años, hijo de ambos. A HeinieAxel Jaeger lo tiene secuestrado y no se lo deja ver a Kate. Pero un día ella desaparece. Jones ve sus sueños echados por tierra. Soñaba con una vida feliz, normal con ella, él, su hijo Heinie y Chucho, el perro que Kate le pidió para mitigar su soledad. 

Es en La Côte Basque donde Capote rompió con todas sus autocensuras y decidió presentar a los personajes con los nombres reales o inventados, pero muy reconocibles, de aquellos seres en los que se había inspirado. Utiliza para hacer esta crítica de la alta sociedad neoyorquina un ficticio encuentro casual entre Ina Coolbirth (imagen de la real Slim Keith) y P.B. Jones (trasunto, como ya he dicho de Truman Capote). Una tarde, en el local neoyorquino así llamado, La Côte Basque, entre botellas de un champán carísimo Ina le cuenta las intimidades de buena parte del mundo artístico y literario del momento. Destaca entre todas las historias la de Ann Hopkins, quien asesinó de un disparo de escopeta a su marido (o quizás no fue así). La tal Hopkins se inspira en el caso real de Ann Woodward

En la conversación entre Ina y Jones, a la que se suman otras que el narrador escucha procedentes de mesas vecinas, se cuelan infinidad de cotilleos sobre personajes populares: Salinger y su relación con la que más tarde sería la mujer de Chaplin («Oona tenía un novio misterioso, un chico judío con una madre en Park Avenue, Jerry Salinger. Quería ser escritor, y le escribió a Oona cartas de diez páginas mientras estuvo en el ejército, en ultramar. Eran una especie de cartas de amor, muy tiernas, tiernísimas. Lo cual es demasiada ternura. Oona solía leérmela y cuando me preguntó qué pensaba, le dije que a mí me parecía que debía de ser un chico que lloraba con mucha facilidad.»); la relación adúltera entre un rico empresario y la mujer de un político importante; la rijosidad de los Kennedy («¿Te he hablado alguna vez de cuando me asaltó [Joe Jennedy]? Me invitó a su casa cuando yo tenía dieciocho años, era amiga de su hija Kek... [...] ...el viejo degenerado se coló en mi habitación. Eran alrededor de las seis de la mañana, la hora ideal si quieres coger a alguien fuera de combate, totalmente por sorpresa, y cuando me desperté ya estaba liado en las sábanas con una mano en mi boca y la otra en todas partes.»); las infidelidades hacia su esposa Joanne (en la novela Jane) y el gusto por el alcohol de Bobby Baxter (trasunto del conocido presentador y cómico norteamericano Johnny Carson («Jane dijo: ¿y estás solo? Ya sabes lo sádico que es Bobby detrás de esa sonrisa de frambuesa, y dijo: «No, hay una persona echada aquí a mi lado. Le encantaría hablar contigo.» Y al momento surge una voz de rubia oxigenada diciendo con una risita tonta y atemorizada: «¿De verdad, de verdad que es usted Mrs. Baxter? Ji, ji. Yo pensé que Bobby estaba haciendo una gracia, ji, ji. Acabamos de oír en la radio cómo estaba nevando ahí en Nueva York, o sea, debería estar usted aquí con nosotros, estamos a treinta y cinco grados.» Defraudada Jane dijo: «Me temo que estoy demasiado enferma para viajar.» Y la voz oxigenada, agitada y afligida: «Oh, Dios mío. ¡Cuánto lo lamento! ¿Qué le ocurre, monada?» Jane dijo: «Tengo doble dosis de sífilis y la gonorrea de siempre, una cortesía de ese gran cómico, mi marido, Bobby Baxter, y si no quiere que le ocurra lo mismo, le sugiero que salga de ahí pitando.»); y otros tantos casos más.

Es natural que, con mimbres como los expuestos, los que hasta hacía muy poco fueran íntimos amigos -y de los que Capote vivía, eso no hay que olvidarlo- lo condenaran al ostracismo. Desde este instante (la aparición en Esquire de La Cöte Basque) el escritor entró en barrena. Cayó por la pendiente endiablada del exceso en todo: sexo, drogas, alcohol... Así un día de 1984, a los 59 años, Truman Capote murió según el informe forense de «enfermedad hepática complicada por flebitis e intoxicación por múltiples drogas»

Ha sido casualidad que mi relectura de Plegarias atendidas haya venido a coincidir con el estreno en TV de la serie Feud: Capote vs The Swans. La estoy viendo y me parece fiel por ahora al cuento en que se inspira. Está dirigida por Gus Van Sant, John Robin Baitz y otros, e interpretada por un elenco de alto copete: Tom Hollander, Naomi Watts, Diane Lane, Chloë Sevigny, Calista Flockhart, Demi Moore, Molly Ringwald... Me está gustando. Creo que es una miniserie muy recomendable. Os dejo el trailer


Para concluir
Plegarias atendidas es un libro que como todo en Truman Capote bebe de la propia realidad. Concretamente realiza un ejercicio periodístico sobre sí mismo y su entorno social. Aunque omite en ocasiones los nombres auténticos las más de las veces los seres reales que están bajo los ficticios son muy reconocibles con las consecuencias personales ya comentadas.

Desde lo puramente literario quisiera señalar, además de algunas pinceladas estilísticas ya expuestas como esas interrupciones en el relato para comentar aspectos metaliterarios o simplemente propios de la realidad de quien en ese momento está escribiendo, la manera que tiene de entreverar distintos discursos. En un momento de La Côte Basque, mientras que Jones escucha a la locuaz Ina Coolbirth le vienen a éste pensamientos que Capote introduce sin previo aviso. Esta manera de mezclar dos discursos distintos dentro de otro más amplio me parece un auténtico acierto. 
 
Por último he de decir que la desnudez con que Capote muestra la vida me ha recordado mucho a Charles Bukowski, a quien dediqué en su día una entrada en este blog; también el tono confesional y en primera persona de quien está escribiendo su vida me ha llevado mentalmente a  El guardián entre el centeno (The catcher in the Rye) de J. D. Salinger; y, naturalmente, la multitud de nombres de autores del momento y anteriores han hecho que la lectura de esta Plegarias atendidas me haya resultado grata, pese a momentos en los que la procacidad, obscenidad y lascivia buscadas y exhibidas a propósito me haya resultado, por excesiva, no muy agradable. Se diría que en el mundo de J.B. Jones (Truman Capote) todo haya sido alcohol, sexo y drogas, siendo todo lo demás (literatura, cine, arte...) meros caminos para conseguirlos. 

Teniendo en cuenta la dedicación profesional de P.B.Jones (chico escort en una agencia dirigida por una tal Miss Self), el ambiente nocturno neoyorquino que, cuando no logra dormirse, visita y describe es indicativo de la realidad en la que Capote, cuando no estaba en algún sarao de la jet-set, vivía y a la que pertenecía:
«De modo que decidí recorrerme la calle Cuarenta y dos oeste, que no cae muy lejos de aquí [la residencia de la Y.M.C.A. donde P. B. Jones reside y escribe estas memorias], y buscar una película en uno de esos palacios del cine abiertos toda la noche y con aroma a amoníaco. Cuando me puse en camino, eran más de la una y el itinerario de mi paseo me llevó por nueve manzanas de la Octava Avenida. Prostitutas, negros, puertorriqueños, unos cuantos blancos y, en realidad, todos los estratos sociales de gente de la calle, los lujuriosos chulos latinos (uno con un sombrero blanco de visón y una pulsera de diamantes), los cabreantes heroinómanos dando cabezadas desde los portales, los chaperos, entre los cuales los más valientes eran los gitanos, puertorriqueños y rudos montañeses fugitivos de no más de catorce o quince años ("Señor, ¡diez dólares! ¡Fólleme toda la noche!") que rondaban por las aceras como un águila ratonera sobrevolando un matadero. Y, de vez en cuando, el coche de la policía patrullando, con sus pasajeros desinteresados y sin ver nada, al haberlo visto todo hasta tener reuma en los ojos de ver el espectáculo.» 


25 abr 2019

"Las dos señoras Grenville" de Dominick Dunne

16 comentarios:
Tras haber leído con gusto "Una temporada en el purgatorio" decidí leer esta novela que Dominick Dunne escribió y publicó ocho años antes, en 1985. La razón principal, aparte del placer que me reportó "Una temporada...", era comprobar algunas de las alusiones que había en ella a personajes aparecidos anteriormente y ver si en efecto lo hacían en "Las dos señoras Grenville".

Es evidente que "Las dos señoras Grenville" es anterior a "Una temporada..." y lamento no haberlas leído por orden dado que es perceptible la mejora experimentada por la escritura del autor de una a otra. Quizás podría decir que las características de estilo que señalé en la reseña sobre "Una temporada. en el purgatorio" [leer la reseña aquí] ya estaban presentes en este libro aunque sin duda con menor maestría. Señalaré algunas:

    Eva Millet traductora, Nuevo periodismo, Asesinatos no resueltos, Duques de Windsor
  • Alternancia en el empleo de la persona narrativa. Ya en "Una temporada..." me llamó la atención este empleo: secciones completas en 1ª persona frente a otras de narrador omnisciente en 3ª. Aquí, aun funcionando de igual modo, las personas narrativas se mezclan de manera algo caótica en unas y otras partes de los cinco extensos apartados en que distribuye Dunne la historia que presenta. Incluso hay momentos interesantes en que echa mano de la 2ª persona ("Es cierto que, incluso hoy, años después de todo lo ocurrido, te encuentras con gente en las fiestas de Nueva York que te pueden contar, con todo tipo de detalles, la historia completa de esa noche de octubre de 1955", pág. 10). En mi opinión este narrador en 2ª persona no es mas que una manera de impersonal generalizadora con un señalamiento claro del 'yo' que habla. Hay en la novela otro momento que me parece más clarificador a este respecto y que por ello no me resisto a señalarlo aquí:
"Cuando uno mira fotografías antiguas de Ann  Grenville en las ventas de potros de Saratoga, por ejemplo, [...], o en  el baile del marqués de Cuevas, en Biarritz, luciendo alta costura y joyas, ves a una mujer en su mundo, pero su mundo era el de su marido." (pág. 12)
  • Referencias culturalistas. Son muy abundantes en ambos relatos sí bien las literarias me han parecido más numerosas y enjundiosas en la novela que leí en primer lugar que en la que acabo de leer. Me ha resultado de interés que la música cumpla aquí una interesante función, la de marcar la diferencia entre las clases sociales de procedencia de una y otra señoras Grenville, razón por la que las referencias a títulos y temas musicales abundan por doquier. También las referencias al Cine  son abundantes e interesantes en la que acabo de leer, y es que no hay que olvidar que el escritor tuvo una fructífera relación con el 7º arte especialmente como productor cinematografico. También la pintura tiene una importante función en esta narración- Se cita a pintores victorianos como John Frederick Herring o Constable para describir la vivienda de la familia Grenville y a artistas contemporáneos como Salvador Dalí para referirse a la modernidad de la pareja si bien el retrato que el marido de Ann encargó al artista ampurdanés no satisfizo nada a ésta por lo bien que reflejaba su más escondido carácter
➤ [la habitación de Billy] "Ahora estaba decorada para un hombre joven, personalizada y de color azul marino, con pinturas ecuestres de John Frederick Herring" (pág. 72)
➤ [Ann Grenville] "retiró de la pared el cuadro de Constable de la catedral de Salisbury que ocultaba la caja fuerte." (pág. 251)
➤ [Basil Plant pensando para sí mismo] "Tuve la sensación de que pensaba que yo podía ver perfectamente la representación que era su vida del mismo modo en que Salvador Dalí había sabido ver a través de ella cuando la retrató" (pág. 5)
  • La teatralidad. Este sin duda es uno de los aspectos más interesantes de esta novela. Todo en los seres que pululan por esta narración es pura actuación, afectación, representación, hipocresía, pura apariencia. Los hay que saben hacer bien su papel desde que nacen, como los Grenville y su entorno, y salen airosos de cualquier contingencia, y los hay que, como la advenediza Ann, pretenden realizarlo pero al no haberlo mamado chocan con la cruda realidad social que no acepta esta intromisión
"—¿Es Billy Grenville aquel junto a ella?
—Sí. Él tiene la clase y ella, el descaro.
—Parecen hechos el uno para el otro.
—Es solo teatro, lord Cowdray. Solo teatro." (pág. 220)
Truman Capote, Dominick Dunne, "Las dos señoras Grenville"
Foto tomada de www,santaeulalia.com (http://bit.ly/2UW1rVE)
El asunto que se toca en ambas novelas es en cierto modo el mismo: la intrusión de alguien (una sola persona aquí, una familia al completo en "Una temporada...") en una clase social que no le acepta. "Las dos señoras Grenville" trata de la entrada en la acaudalada familia de los Grenville de una advenediza, Ann Arden, una chica de origen humilde procedente de Pittsburg (Kansas) que a los 17 años se casó con "el chico más guapo del instituto de Pittsburg", Billy Bob Veblen, al que sin avisar dejó en la estacada cuando a los cuatro días de casarse éste fue llamado a filas. Ann junto a su madre, Ethel Mertens, otra soñadora y bellísima mujer, irán a Nueva York donde la chica comenzará a participar en concursos radiofónicos y a bailar en espectáculos de cabaret. Es en uno de ellos donde el alférez de marina William Grenville, 'Junior', la verá y quedará prendado de ella. Billy la llevará a la casa familiar situada en la orilla norte de Manhattan. Alice Grenville, matriarca de la familia desde el repentino fallecimiento de su marido, no ve con buenos ojos a esta chica pues ella desearía que Billy se casase con una chica de su misma extracción social. Las tres hermanas de Junior: Felicity, Cordelia y Alice, también intentan evitar este -piensan ellas- encaprichamiento de su hermano. Pero a Billy la unión con Ann le ha hecho descubrir un mundo desconocido especialmente en el aspecto sexual: Ann es magnífica en este sentido y lo tiene totalmente subyugado; en cierto modo la apostura, elegancia y también la dotación e inexperiencia sexual de Billy atraen a Ann vivamente. Cuando a través de una maestra en en el arte de ascender de clase a través del matrimonio, su amiga Babette, Ann conozca lo inmensamente rico que es Billy Grenville su deseo de tenerlo para ella aumentará especialmente. Es el sexo un medio que estas dos mujeres procedentes de medios desfavorecidos usarán para ascender, un sexo que el autor no se corta al mostrarlo con cierta explicitud
"Su permiso estaba a punto de acabar y no quería hacerlo con una nota discordante. Todavía ninguno de los dos había declarado su amor por el otro, solamente pasión y mutua admiración por sus cuerpos ('Me vuelve loca este vello bajo tu ombligo', decía ella besándole el estómago. 'Ador el color de tus pezones', decía él, su rostro allí enterrado)", en pág. 64
Billy tiene un amigo íntimo, Jellico Bleeker, 'Bratsie', como lo conocía todo el mundo. Es un chico alocado, arriesgado en sus andanzas, al que Junior adora y sigue ciegamente. Será Bratsie quien animará a Junior a alistarse para combatir en Europa y también quien mostrará su aquiescencia sobre esa corista que tan colgado le tiene. Bratsie es aviador y Billy se apuntará a la marina. Billy se casará con Ann a espaldas de su familia al ser sabedor del rechazo que todas las Grenville (la madre y las tres hermanas) sentían ante esta chica hermosísima pero bastante patán. Ann Grenville desde el momento de casarse querrá ser admitida en esa high society a la que pertenece su marido y para ello no parará en gastos ni en gestos. Poco a poco irá aprendiendo los comportamientos de esta alta clase social de la que no por ello dejará de recibir desprecios y más desprecios. Ella sabe que sólo su condición de esposa de Billy la mantiene dentro del círculo de familias como la de Kay Kay Somerset, la segunda mujer de la que Junior se enamorará. De esta mujer con hiperbólico humor el narrador de esta historia, Basil Plant, dice que "Era muy muy rica, tan rica que incluso la gente rica decía que era rica" (pág. 23)

La tensión narrativa se centra como el título de la obra señala en las dos señoras Grenville. La distinta procedencia social se marca en todo el relato de manera algo maniquea. Alice Grenville es una mujer que siempre tiene presente la imagen familiar aunque con frecuencia deba transigir con comportamientos que no le agradan; por su parte Ann es más impulsiva y no consigue -tampoco es que lo pretenda- abandonar su promiscuidad sexual y su afición por todo tipo de estimulantes (drogas, alcohol...) y fármacos. Cuando se produzca el 'accidente' que no pienso desvelar aquí, naturalmente, estos dos comportamientos femeninos se verán reforzados por ambas partes. Sólo diré que es la hipocresía, la afectada actuación social, la que saldrá vencedora aunque para conseguirlo los Grenville deban invertir cuantiosas sumas de dinero. Lo importante es mantener la clase y que el apellido no caiga en el lodazal.

La historia se nos cuenta cuando Ann Grenville topa casualmente en un barco con el cronista social, periodista y escritor Basil Plant al que años atrás ella no soportaba. Pero ahora con todo lo que ha sucedido esta mujer decide contarle a Basil aspectos desconocidos por él. Con todo este material Plant publicará un libro en el que con nombres diferentes hablará de los orígenes, ascenso y caída de Urse Mertens, que se cambió el nombre durante su etapa de corista por el de Ann Arden para finalmente acabar siendo gracias a su belleza y habilidades sexuales Ann Grenville. Hay mucho de metaliteratura, de novela haciéndose, en este relato. Es especial se percibe en algunas reflexiones que realiza el propio narrador como si estuviera inmerso en el proceso de escritura: "No es importante en esta historia pero sí de gran relevancia para su personaje que Jellico Bleeker, o Bratsie, como lo conocía todo el mundo", en pág. 15.

Nuevo Periodismo, Novela de no ficción
La acción tiene lugar durante algo más de 30 años, si bien los principales sucesos van de 1943 cuando Junior se queda prendado de la corista del musical 'Oklahoma' a 1955 cuando ocurre el 'accidente'. Como sucediera con "Una temporada en el purgatorio" hay una base real para esta ficción. Si en "Una temporada..." el asunto expuesto se hacía eco de las aspiraciones, manejos y logros de la familia Kennedy presentada aquí bajo otro nombre, en "Las dos señoras Grenville" se puede atisbar al fondo de ella un asunto que conmocionó a la sociedad norteamericana en 1955: el homicidio real del multimillonario William Woodward, Jr. a manos de su esposa, la exbailarina Ann Eden Crowell, durante unos años brillante dama de la sociedad norteamericana. La señora Woodward, tras asistir a una fiesta en honor de la Duquesa de Windsor, disparó a su marido confundiéndolo con un ladrón. En la vida real, la salida de "Plegarias atendidas", de Truman Capote, en el que culpaba a la arribista esposa de asesinato premeditado, fue el detonante del suicidio de Ann Woodward en 1975. Se evidencia, pues, con esto, que Dominick Dunne realiza en parte con esta novela un ejercicio de ese Nuevo Periodismo que el autor de "A sangre fría" ejercitara con éxito. No obstante y para evitar seguramente problemas legales Dunne varía levemente algún comportamiento y apenas oculta bajo otra denominación la personalidad real de las personas cuya historia novela:
"—¿Diga?
— Basil. Soy Ann Grenville
— Lo sé.
— Hay algo que me está angustiando y sé que debo liberarme de ello.
— ¿Qué es?
— ¿Estabas escribiendo todo lo que te he contado?
— Naturalmente que no — respondí, incorporándome de la cama, soltando la libreta y el lápiz." (pág. 353)
¡Ah!, antes de finalizar quiero señalar que el personaje que aparece en ambas narraciones y que, aparte de las dos señoras Grenville, me impulsó a leer esta novela es Esme Bland, una mujer que la vemos en "Una temporada en el purgatorio" encerrada desde hace años en un centro de reposo. Al leer ahora la novela que reseño, como ya he dicho, ocho años anterior a "Una temporada...", entiendo el papel de ella en toda esta historia de las Grenville. Creo que todo queda claro en esta breve cita:
"Una tarde en la biblioteca Grenville, Esme Bland, aprendiendo a poner vendajes para colaborar en el esfuerzo de la guerra, observó, fascinada, a la glamurosa nueva mujer de Billy Grenville. La pobre y sencilla Esme Bland siempre había albergado la secreta esperanza de que un día ella se convertiría en la esposa de Billy." (pág. 111)

Una tarea que me impongo
Una curiosidad que tengo con este escritor es su apego por España y lo español que se detecta en sus relatos. En este que he leído se nombra al modisto Balenciaga, al pintor de celebridades Alejo Vidal Quadras, a Salvador Dalí, al duque de Lerma actual, al embajador de España ante Naciones Unidas, a las temporadas de caza en España... Del mismo modo otras alusiones a España y a españoles son las que aparecen en "Una temporada en el purgatorio". Creo que estaría bien investigar un poquito esta inclinación que Dominick Dunne muestra en estas novelas por nuestro país.

Escritores cronistas sociales, guionistas cinematográficos
(Foto tomada de la página de Libros del Asteroide)


20 sept 2015

La Novela de No-ficción o Nuevo Periodismo

15 comentarios:
En el número de agosto de la revista  "emBLoGrium" apareció, con error tipográfico incluido en el título que aparecía en  portada, un artículo mío con el epígrafe  que encabeza esta entrada. Por si alguien no ha tenido oportunidad de leerlo y le interesase hacerlo lo reproduzco aquí en su totalidad. ¡Espero que os agrade!


Una de las últimas lecturas que he hecho ha sido “Una novela rusa” del francés Emmanuel Carrère [vid. reseña en http://bit.ly/1gjHCOZ]. El experimentado periodista y escritor francés escribe una biografía ficcionalizada que plasma en un relato en el que se entrecruzan varias historias con la peculiaridad de que pese a su aspecto ficticio todas ellas han sido verdad. ¿Estamos ante una novela en el sentido  clásico: “obra literaria que narra una acción fingida en todo o en parte” (wikipedia dixit)?  Si se hace salvedad del término “fingido”, sí, ¿por qué no? Hay que reconocer que cuando quien quiera que sea cuenta hechos vividos por él mismo y los pone negro sobre blanco los elementos de la narración (lugar, tiempo, narrador, personajes y acciones) deben ser tenidos en cuenta por el autor, quien pese a haber sido el protagonista real de las acciones -de todas o de algunas- se ve impelido a distanciarse de las mismas y comportarse igual que si los sucedidos fuesen única y exclusivamente producto de su imaginación. Este tipo de relatos se engloban bajo el rótulo de novelas de No-ficción o Nuevo Periodismo.

El nacimiento de esta tendencia novelística se suele situar en la novela “A sangre fría” (año 1966) de Truman Capote, periodista norteamericano y guionista cinematográfico de éxito que durante los años 1960 y siguientes investiga el tremendo crimen acaecido en Kansas en 1959 de los cuatro miembros de una familia muy querida en dicha localidad. Ese crimen fue realizado sin aparente justificación alguna por dos convictos que se encontraban en libertad provisional. El grado de crueldad con que los asesinos se comportaron con sus víctimas metió el miedo en el cuerpo a toda la sociedad norteamericana.


Truman Capote, "A sangre fría", Novela de No-Ficción, Nuevo Periodismo


Truman Capote escribe su novela para una sociedad por aquel entonces muy sensibilizada ante crímenes que consideraba gratuitos por producirse sobre gentes honestas y muy queridas por todos. Todos los estadounidenses cuando en 1966 aparece “A sangre fría” tienen en su memoria el asesinato en 1963 del presidente John F. Kennedy, así como en 1965 el del líder de la comunidad negra Malcom X; y esto sin contar la oposición a todas las muertes gratuitas que el país llevaba soportando por la guerra de Vietnam iniciada el año 1964.

Capote dinamitó la frontera que hasta ese momento existía entre Ficción (territorio exclusivo de la novela) y Realidad (territorio propio del periodismo). De ahí la denominación de “Nuevo Periodismo” porque en él “realidad” y “ficción” se transforman, y sus  límites se hacen difusos. 
Nació pues así, la novela de no ficción, de la mano de Truman Capote en Estados Unidos, y de Rodolfo Walsh en Argentina. Ambos autores se sirven de los recursos literarios para narrar sucesos reales, basándose en investigaciones periodísticas serias y elaboradas.
Otros representantes de esta corriente fueron los periodistas norteamericanos Tom Wolfe (“La hoguera de las vanidades”), Norman Mailer (“Los ejércitos de la noche {La historia como novela; la Novela como historia}”), Gay Talese (“Honrarás a tu padre” que inspiró la exitosa serie de ‘Los Soprano’)  y Hunter Thompson (“Miedo y asco en Las Vegas”).

Fuera de los Estados Unidos, y siguiendo en el continente americano, el Nuevo Periodismo es la etiqueta que acoge además de a Roberto Walsh (“Operación masacre”) a un auténtico precursor de la corriente en los años 30, Roberto Arlt (“Aguafuertes”) y a autores más próximos a nosotros como Tomás Eloy Martínez (“El vuelo de la reina” o “Purgatorio”, [ambas novelas reseñadas en este blog]), Osvaldo Soriano (“No habrá más pena ni olvido”), Miguel Bonasso (“El presidente que no fue”) o Roberto Bolaño (“La literatura nazi en América”).

En España esta tendencia tiene una muy clara manifestación en la última novela de Antonio Muñoz Molina, “Como la sombra que se va”. Sin llegar a tan exhaustiva investigación como la que realiza el escritor jienense sobre el asesinato de Martin Luther King, escritores como Javier Cercas (“Soldados de Salamina”, “El impostor”), Enrique Vilá Matas (“Aire de Dylan”) o Javier Marías (“Así empieza lo malo” [también reseñada en este blog]) en mayor o menor medida también podrían englobarse dentro de la Novela de No-ficción especialmente por la importancia que en las mismas tiene lo metaficcional, lo puramente biográfico que rompe la divisoria realidad-ficción y por la indagación reflexiva que contienen y que lleva a estas novelas a pugnar por reventar sus límites de género e invadir en no pocas ocasiones el del ensayo.

Gay Talese, "Honrarás a tu padre", "Los Soprano", Mafia

El Cine ha conocido -y conoce- un proceso muy semejante a éste presente en el denominado cine documental con todas las variantes que hoy día tiene el mismo: emocional/testimonial, narrativo, argumental, dramatizado… La misma novela que ha motivado este artículo, "Una novela rusa" de Emmanuel Carrère,  contiene en su interior el proceso de realización de un film documental, “Retorno a Kotelnich”, en este caso un documental que engloba prácticamente todos los tipos anteriores. Realizadores tan reconocidos como Martin Scorsese  (“Shine a light” sobre una gira de los Rolling Stone) o  Michael Moore y su  falso documental sobre los asesinatos del Instituto de secundaria de Columbine ( “Bowling for Columbine”) o Francesc Relea con su documental sobre Serrat y Sabina en su gira artística por el continente americano (“El símbolo y el cuate”) y muchos otros más han cultivado esta tendencia.

Del mismo modo la televisión se sirve de este tipo de narración no ficcionalizada en muchas de las series de gran éxito que hoy llenan sus parrillas. Como ejemplo basta con citar “Los Soprano”, sobre el mundo de la Mafia, inspirada en la obra antes citada de Gay Talese o “Mad men”, creada y producida por Matthew Weiner, sobre el mundo de la publicidad en USA en la década de los sesenta, que, sin serlo, algunos la vienen a considerar la gran novela americana. 

6 mar 2014

Una novela de Capote: "El arpa de hierba"

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A sangre fría, Truman Capote, Sucidio
A Phillip Seymour Hoffman fallecido por sobredosis este mes de febrero lo tengo asociado al novelista Truman Capote desde que hiciese el papel del escritor en 2005 en la película que dirigió Bennett Miller, y que trataba esencialmente del proceso constructivo del relato de no-ficción “A sangre fría” que tanto éxito y fama le dio al escritor. ¿De qué nivel sería la actuación del actor estadounidense que su rostro y su figura lograron –al menos en mí- sustituir la del escritor también americano, del estado de Louisiana concretamente, que murió en 1984 a los 59 años de edad.

La fiesta de los Oscar ha tenido un sentido recuerdo para Phillip Seymour Hoffman que protagonizó películas como “The master” (2012) donde casi llegaba a ocultar con su fuerza y buen hacer a nada menos que a Joaquin Phoenix, la ya citada de “Capote” , “La duda” (2008) con una como siempre magnífica Meryl Streep, o las muy recientes de “El último concierto” (2012) o "Los juegos del hambre: En llamas" (2013) en la que diera vida al nuevo jefe a cargo de los juegos, Plutarch Heavensbee, y tantas otras en las que dejó su personalísima impronta.


A mí su penoso fallecimiento me ha llevado al escritor de Louisiana, Truman Capote, por muchos motivos, unos de naturaleza cinematográfica: ¿quién de los aficionados al séptimo arte no recuerda el film protagonizado por Audrey Hepburn y George Peppard “Desayuno con diamantes” (1961) adaptación bastante libre de su  novela  “Breakfast at Tiffany's (Desayuno en Tiffany's)?  
En este terreno del cine Truman Capote desarrolló una gran actividad como guionista, adaptando para la pantalla obras literarias como la novela de Henry James  “Otra vuelta de tuerca” que se proyectó con el título de  “The innocents” (“¡Suspense!” en nuestro país) y que fue dirigida por  Jack Clayton en 1961. Precisamente este mismo director le encargaría diez años más tarde el guión de “El gran Gatsby” de Scott Fitzgerald para el film que sobre este relato realizaría en 1974; sin embargo la Paramount rechazaría el guión de Capote y optaría por otro realizado por Francis Ford Coppola.  

Además de "Desayuno con diamantes", su novela "A sangre fría" fue adaptada y dirigida en 1967 por Richard Brooks.  Pero me parece menos probable que muchos aficionados recuerden la adaptación a la pantalla de otra de sus novelas, “El arpa de hierba” realizada en 1996 por el director Charles Mathau.

Curiosamente, -y aquí aparece el segundo de los motivos por los que Seymour Hoffman me remite a Truman Capote-, la novela “El arpa de hierba” la utilicé el curso de 2005 en mis clases de literatura aprovechando el tirón que el  gran éxito de la película “Capote” pudiera haber tenido entre los chicos. Leímos la novela e incluso, al final, para los más perezosos y para aquellos que no hubieran penetrado en la intención del autor, ocupamos dos o tres sesiones de clase viendo la película de Mathau. La novela creo que es muy apropiada para adolescentes a pesar de que ahora los adolescentes ya no son -¡naturalmente!- los del momento en que Capote escribió este relato, el año de 1951.

“El arpa de hierba” 

Truman Capote, El arpa de hierba

Es la historia de un adolescente, Collin Fenwick de 17 años, que tras perder a su madre es enviado por su padre a vivir a casa de unas primas lejanas de éste, las hermanas Verena y Dolly Talbo. Son dos mujeres extrañas y mayores (de unos 60 años) con las que, no se sabe bien por qué la familia de Collin había tenido muy poco contacto.

Collin se convierte en el narrador de su propia experiencia. Nos cuenta cómo entre Verena y Dolly hay muchas diferencias, pues mientras la primera es administradora de una pequeña tienda de vestidos, Dolly explota junto a la fiel servidora negra Catherine un remedio hecho de hierbas y flores silvestres contra la hidropesía que comercializan con cierto éxito.

Precisamente será este remedio contra la hidropesía el que provocará los momentos de máxima tensión en el relato al interesarse por él el Dr. Morris Ritz y su hermana Verena. Dolly que no desea compartir la fórmula de su medicina escapa junto a Catherine y Collin al bosque encaramándose a una antigua casa construida sobre un árbol en la que de niña jugaba con su hermana y amigos. Hasta allí llegará otro personaje importante en el relato, Riley Henderson, chico de la edad de Collin y amigo suyo. Será él el encargado de transmitirles lo que en el pueblo está ocurriendo.

La novela es una historia de iniciación:
  • Descubrimiento de la vocación escritora en  Collin.
  • Descubrimiento de lo que es y significa el Amor: El juez  Charlie Cool, viudo de su esposa Irene Todd, reprenderá en un momento del relato al rey de corazones Riley Henderson por señalar su falta de sentimientos respecto a una chica con la que salío diciéndole que que hay que empezar a amar desde abajo, desde lo más pequeño: una hoja, un árbol…, para luego ya llegar a amar a una mujer a la que poder contarle todo.
  • Descubrimiento del valor de la libertad. Quizás esta sea la mayor enseñanza que el personaje narrador, Collin Fenwick extraiga de su convivencia con las hermanas Talbo, en especial de Dolly. Así cuando ésta, tras la decepción amorosa sufrida por su hermana Verena, decide volver a casa sin aceptar la proposición de matrimonio del amor de su vida, le dirá a Collin, que no entiende por qué obra así, que que jamás había podido elegir y que ahora por primera vez era feliz al haber deciddio por sí misma; si bien había decidido seguir como siempre. Y al poco Dolly morirá.
 
Charles Matthau
Aunque la historia central, la de la casa sobre el cinamomo, dura sólo una semana, 
el marco en el que la misma se sitúa tiene tres años de duración. Es pasado este tiempo cuando Collin hecho ya un hombre vuelve a visitar  la casa donde revisará la correspondencia de las hermanas en la que encuentra una postal del Dr. Morris Ritz dirigida a Verena en la que éste le felicitaba las Navidades de manera cruel, lo que explicaba el modo ausente con que desde la muerte de Dolly Verena se comportaba. Después Collin irá a ver al peluquero Amos Legrand, a la señora County..., y finalmente al juez que ha envejecido mucho. Van a ver el árbol y la carretera:

“Cogidos del brazo, descendimos hasta la pradera, quemada por el verano y bruñida por septiembre. Una catarata de color se deslizaba por entre las hojas secas y cantarinas. Y entonces quise compartir con el juez lo que Dolly me había dicho: que la pradera era un arpa de hierba, que recopilaba y contaba; un arpa de voces que recordaban una historia. Escuchamos.” (pág. 187).
 Precisamente la novela se abre con las siguientes palabras:
 “¿Cuándo oí hablar por primea vez del arpa de hierba? Bastante antes del otoño ya vivíamos en el cinamomo, así que debió de ser a principios del otoño. Y, naturalmente, fue Dolly quien me lo dijo.  […]
Debió de ser en uno de aquellos días septiembre, mientras nos hallábamos en el bosque recogiendo raíces, cuando Dolly me dijo:-¿Lo oyes? Es el arpa de hierba, que siempre nos cuenta algo nuevo… Lo sabe todo de la gente de la colina, de los que vivieron antes aquí. Y cuando nosotros estemos muertos, también contará nuestra historia.” (pp. 9 y 10)
 En la novela, aparte de la hermosa historia que se cuenta, el estilo, el color, la belleza de los paisajes, la pureza de los sentimientos (amistad, amor, engaño…) estallan por toda la narración. "El arpa de hierba" enlaza con fuerza con toda la genealogía narrativa norteamericana, fundamentalmente del sur, que se inicia en Faulkner; pero también, por la poesía inherente a las descripciones paisajísticas, las "Hojas de Hierba" de Walt Whitman se vislumbran al fondo.

Truman Capote la escribió en 1951 a los 27 años.