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30 dic 2022

Sara Mesa: "La familia". Claudia Piñeiro: "Las grietas de Jara" (A pares XXXI)

13 comentarios:
Como me suele ocurrir cuando se acerca el final del año, apremiado por las fechas comienzo a buscar títulos que me sirvan para completar aquellos retos que en el lejano enero me propuse realizar. En la búsqueda de autores y títulos con letras iniciales poco frecuentes (la 'Ñ' es caso poco menos que imposible) con frecuencia topo con otros muy queridos por mí. Así me ha sucedido con Sara Mesa, autora que siempre me satisface y de cuya novela titulada "La familia" casi todos los resúmenes anuales aparecidos en los suplementos culturales de los principales periódicos no hacen más que decir parabienes. No podía, pues, por menos que leerla. Pero ¿y la 'Ñ' de marras? Afortunadamente recordé que Marisa G. del blog Lecturápolis nos permitía, en el caso de esta grafía tan española, que simplemente la misma estuviese contenida en la palabra. Siendo así, me dije, Claudia Piñeiro puede ser una buena opción; y me puse a cazar una obra suya que no tuviese excesivo número de páginas. Y la encontré.



"La familia" de Sara Mesa

«–Yo no doy rodeos –respondió muy ofendida–. Voy aclarando los datos, explicándolos según van saliendo. Si los pusiera uno detrás de otro, sin más, no se entendería nada. Eso que tú llamas rodeos yo lo llamo la salsa de la historia.»

La familia (editorial Anagrama)

De nuevo viene a mi memoria, tras la lectura de "La familia" de Sara Mesa la frase de Lev Tolstoi en Ana Karenina: «Todas las familias felices se parecen; pero las infelices, cada una lo es a su manera». ¡Qué gran verdad! En esta última novela de la escritora madrileña se nos muestra una peculiar familia, infeliz por supuesto, si bien emboscada en una impostada cara de ejemplaridad familiar y buen hacer respecto a todo:

«En esta familia no hay secretos».

Todos los miembros de este peculiar grupo familiar arrastran una tara, un problema que los lastra y les impide ser normales y auténticos. Liberarse de este peso les costará Dios y ayuda. Forman esta sociedad Padre y Madre -Damián y Laura- y cuatro niños, también llamados por los progenitores el Proyecto. Uno de ellos, Martina, es adoptada. El resto, Rosa, Damián hijo y el pequeño Aquilino, representan distintas versiones del Hijo. Todos ellos han crecido bajo la represión marcada por la disciplina; todos ellos son infelices. La misma escritora preguntada acerca de su novela afirma que «es una novela sobre la infelicidad».

Efectivamente, según avanza la narración, escanciada en 14 relatos, descubrimos que los seis integrantes de esta agrupación viven en la aflicción, en el desamparo, en la infelicidad. Los creadores de este desafortunado Proyecto -Padre y Madre- se diría que viven plácidos en su idea de familia; pero habrá que avanzar en la lectura para definitivamente descubrir si esto es así o estamos ante una mera fachada de cara a ellos mismos y a los demás. En lo que respecta a los hijos, cada uno intentará salir a flote, escapar del pozo en el que una idea rancia y estúpida de familia los ha tenido presos. Como suele suceder es en el hijo mayor -en la novela, Damián- sobre quien recae el peso más duro del llamado Proyecto. Es él quien peor lo lleva, quien más tarde lo superará si es que llega a superarlo. Esta es una de las cualidades que más aprecio de la novelística de Sara Mesa, que nunca deja nada plenamente resuelto, que siempre nos fuerza a la reflexión. Y es que tratándose como se trata en la novela de introspección psicológica, las seguridades nunca abundan. El resto de los hijos, en especial el menor, Aquilino, se buscan a sí mismos y se encuentran o al menos lograrán vivir sus vidas y los problemas que a cualquiera ésta acarrea con independencia suficiente.

La historia la presenta Mesa, como ya he señalado, distribuida en catorce fragmentos desordenados cronológicamente. El foco está puesto continuamente en el constructor de este infausto Proyecto, en Damián padre. Es un hombre que todo lo controla, que tiene todo bien claro, que se refugia en su despacho desde el que aconseja a sus clientes sobre problemáticas jurídicas diversas, que distingue claramente lo que en esta vida corresponde hacer a una mujer (su mujer Laura, sus hijas Rosa y Martina) versus lo que debe guiar la actuación vital de un hombre (él mismo o sus hijos Damián y Aquilino). Los capítulos (con consistencia de auténticos relatos independientes) son como las piezas de un puzle que hay que componer para apreciar a las claras a esta familia [la cita que abre mi comentario sobre "La familia" explica por qué la autora procede de esta manera]. Hasta la última pieza -el relato titulado "La rendijita"- no queda expuesto bien a las claras la tragedia de infelicidad en que crecen o han crecido todos los miembros de este grupo. Un grupo que por las frases puestas en boca de Damián padre se diría que es una familia del Opus Dei
«Piensa que si no tuviéramos hijos incluso estando casados y con todos los papeles en regla, no seríamos una familia, sólo seríamos una pareja, dos personas sin vínculos de sangre, estériles e inútiles. Para fundar una familia hace falta que nazca un hijo. Y cuantos más hijos haya, más vínculos de sangre, más familia»
Jóvenes novelistas españoles, La familia

La familia como proyecto de una pareja que, por eso mismo, son -se creen que lo son, más bien- dueños de las vidas  que han creado -los hijos- es puesto en cuestión por Sara Mesa. Una familia en la que sólo existen obligaciones, prohibiciones, negativas, cadenas... por más que las mismas estén envueltas en suaves y amables palabras no es más que un fracaso, o en todo caso un proyecto equivocado. Cuando descubramos la verdad que se esconde en el Padre sabremos que Damián también en el fondo es víctima, pero eso no debe movernos a compasión hacia él. No, no la merece. Me alineo con los hijos, en especial con Martina en el repudio rotundo que con los años hace de esta familia que más que acogerla cuando fallecieron sus padres biológicos se la arrebataron a otros posibles candidatos (el tío Óscar y su mujer Luisa) que de seguro habrían depositado en ella más amor:
«El tío Óscar sentía, más que pena por ella [por Martina], pena por sí mismo y, sobre todo, pena por su mujer Luisa, que habría acogido a su sobrina con los brazos abiertos si las cosas se hubiesen organizado de otro modo.»

 

Otros libros de Sara Mesa reseñados en "El blog de Juan Carlos"

Un amor 

Cara de pan




 "Las grietas de Jara" de Claudia Piñeiro

«–¿Cuántos años tenés, Pablo?–dice, y a él lo sorprende la pregunta.
-Cuarenta y cinco.
–Tres menos que yo–dice Marta, se queda pensando un rato y luego sigue–: ¿Te parece que todavía estamos a tiempo de dar una vuelta de timón y navegar hacia otro lado?»

novelistas argentinos actuales, Cine y Literatura, Buenos Aires
Una novela corta que encierra dentro de ella una serie de emociones y pulsiones que afloran y van desarrollándose de manera bastante natural. Muchos asuntos: el chantaje, la mentira, la hipocresía, el deseo reprimido, el sexo, el choque generacional, la mujer ayer y hoy, la necesidad de probar antes de que el tiempo nos lleve... Y por encima de todos ellos, conteniéndolos, Buenos Aires. En especial la arquitectura del gran Buenos Aires que festonea las grandes avenidas de la ciudad que cobran protagonismo especial en esta novela de Claudia Piñeiro. Y es que Argentina se contiene en Buenos Aires y Buenos Aires destila argentinidad por sus cuatro costados: la Chacarita, Madero, San Telmo, Avenida de Mayo, Torrego y Corrientes, Recoleta, etc.
 
Un hombre, Pablo Simó, que a los 45 años piensa que quizás ha llegado el momento de reinventarse, que si espera más tiempo ya no habrá lugar para ello. Un arquitecto con un deseo arquitectónico que dibuja desde la primera página, pero ¿logrará llevarlo a cabo? 

Quizás su proyecto de torre de once alturas no sea más que un símbolo de lo que él quisiera realizar en su vida personal. ¿Sí, no? Para saberlo, para ver si finalmente su torre se hará realidad hay que llegar a las últimas páginas de esta novelita, Las grietas de Jara, que se lee divinamente.

Sinopsis
¿Qué precio hay que pagar para dar una vuelta de timón y decidirse a vivir los propios sueños? Aunque Pablo Simó quiere construir la torre de sus sueños, se limita a dibujarla: hace veinte años que trabaja en un estudio de arquitectura que no puede o no quiere dejar. Veinte años son también los que lleva casado con Laura, a quien sólo lo unen la costumbre y una hija típicamente adolescente. Cuando una joven llegue inesperadamente al estudio buscando a Nelson Jara, comenzará a revelarse la trama del secreto en la que Simó está implicado junto a su jefe y una compañera de trabajo. La aparición de la muchacha y las derivaciones de ese hecho del pasado abrirán una grieta en la precaria estabilidad del arquitecto, que verá derrumbarse una a una las certezas que lo sostuvieron hasta el momento.

Es una novela en la que, con ritmo pausado al inicio y acelerado según avanza la trama, asistimos a la evolución del personaje Pablo Simó enfrascado en una vida gris que, por mero azar -la llegada al estudio de una joven llamada Leonor que pregunta por Nelson Jara-, verá realizados varios de sus sueños. Pablo lleva casado con Laura cerca de quince años; ambos son padres de Francisca, una joven adolescente que a Laura le da más que un dolor de cabeza. Como cualquier adolescente Francisca está probando, ensayando, picotea aquí y allá para encontrar lo que le gustaría ser y lo que en verdad es. Los adultos, en especial Laura, no la entienden. Pablo, sí. Y es que Pablo en el fondo no ha dejado aún de ser un adolescente vital: sueña con hacer el amor con Marta Horvat, la compañera del estudio arquitectónico Borla; y lo mismo le suede con la joven veinteañera Leonor cuando se presenta preguntando por Jara.

La novela tiene mucho suspense; es un suspense de naturaleza psicológica. Leonor pregunta por Jara y los tres miembros del estudio se ponen muy nerviosos pues -esto se dice desde la primera página, así que no descubro nada- a Jara lo enterraron en cemento en los pilares del edificio que hacía tres años el estudio estaba construyendo. Jara había ido a quejarse por unas grietas que, decía, habían aparecido en su apartamento por culpa del movimiento de tierras que la constructora dependiente de Borla y asociados estaba realizando frente a su edificio. 

Como tres años atrás Mario Borla encarga a Pablo Simó resolver el asunto. Y ahí comienza la metamorfosis de Simó, una transformación que dará un vuelco a su existencia. Pablo Simó se reinventará gracias a la fuerza que le proporciona conocer a Leonor, el vigor juvenil de su hija Francisca y la pereza que reconoce que existe en su matrimonio con Laura y en su trabajo en el estudio de Mario Borla donde de siempre se le ha ninguneado. Y todo esto esto sucede en Buenos Aires donde los personajes hablan con viveza y los argentinismo colonizan el relato: putear (injuriar o decir palabras mal sonantes), calefón (aparato a través de cuyo serpentín circula el agua a fin de poder ser calentada), remera (camiseta), gil (incauto, simple), placar (armario empotrado, ropero), birome (bolígrafo) y muchas otras más.

Me ha gustado y sorprendido especialmente la manera como la novelista maneja el presente narrado y las salidas de éste hacia el pretérito evocado, mezclándolos con una grandísima naturalidad. Se produce esta transitividad especialmente en las evocaciones recurrentes que el protagonista Pablo Simó efectúa de su antiguo compañero de estudios Tano Barletta, todo lo opuesto a él en el pasado. Tano, en la imaginación de Pablo, es como su conciencia, es el Pepito Grillo que -imagina- le dice y aconseja sobre sus acciones. Es Barletta un personaje que Pablo tiene idealizado en su memoria y que como tantas veces sucede poco tiene que ver con la realidad.

Autores argentinos, Claudia Piñeiro
Nada había leído de la escritora argentina nacida en 1960. Muchas veces he tenido el propósito de ponerme con ella y su libro "Catedrales" pero por H o por B hasta el día de hoy no lo había hecho. Gracias al Reto 'Autores de la A a la Z', un reto que algunos dirán que es una tontuna la he leído y me ha satisfecho mucho. Quizás ahora vuelva ´con más ganas a buscar "Catedrales", novela de 2020 que fue galardonada con el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón de 2021. 

La novela Las grietas de Jara también fue merecedora de premios. En 2010 ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, un galardón establecido en 1993 que reconoce la excelencia del trabajo literario de mujeres en idioma español de América Latina y el Caribe. En 2017 la novela fue llevada al cine por el argentino Nicolás Gil Lavedra. Es evidente que me la apunto pues acabo de ver que se encuentra disponible en Netflix. 


27 abr 2021

Un amor. Sara Mesa

22 comentarios:

«Ahora, salvo por ese perro —el guardián de cadáveres—, está sola, completamente sola. Alrededor solo hay silencio: el ficticio silencio de siempre. El motor de un quad taladra el aire, a lo lejos ladran un par de perros y hacia ella se encaminan, nítidas, unas nuevas palabras: el tiempo es el castigo.»

"Un amor" me ha gustado mucho. Sara Mesa sabe mostrar los recovecos inexplicables de la mente del ser humano como nadie. En esta ocasión el deseo, el placer, la compostura femenina y su contrario ante los planteamientos directos, sin ambages ni sentimentalismos por parte del hombre. Y al tiempo la vida en la localidad pequeña, donde todo se sabe y nada o casi nada se puede esconder; esos lugares donde todo se guarda para utilizarlo cuando sea necesario; esos lugares mitificados pero de los que muchas veces conviene escapar para no caer, exánimes, en su toxicidad. 

"Un amor", editorial Anagrama, Sara Mesa
Natalia
es una joven treinteañera, cerca ya de los cuarenta, que por un problema en la empresa de la ciudad donde trabajaba ha decidido despedirse e irse a vivir a un pueblo pequeño, La Escapa, donde nadie la conoce. Allí alquila una casa terrera y se dedicará a traducir del francés una obra literaria. La situación no puede ser más idílica: mundo rural, tranquilidad, apacible dedicación a la traducción literaria. Sin embargo pronto verá que en ese lugar tan bucólico las pasiones humanas, los comportamientos mendaces, las envidias y zancadillas de las que creía haber logrado escapar también están presentes.

La novela, como la anterior de la escritora madrileña, indaga en la psicología profunda y tantas veces contradictoria de los personajes. En especial es en la protagonista, en Natalia, Nat para los amigos, en quien la autora pone el foco de su análisis. Natalia no desea ser acosada por ningún hombre y cuando alguno se acerca a ella se pone tensa y en situación de prevención pues sabe -al menos así lo piensa- que en la relación hombre-mujer siempre el sexo está presente; una experiencia durante su adolescencia así se lo enseñó. Pero contra lo esperado por parte del lector cuando quien sea no lanza sus cebos, indirectas, mensajes o miradas cargadas de deseo hacia ella la desilusión de Nat es tremenda y empieza a pensar que el declive vital ya está próximo («Sin embargo, el desinterés de Píter ha hecho saltar una alarma en Nat: la señal de que empieza a perder un poder que había poseído inconscientemente hasta entonces.»). La conciencia de pérdida de su carnalidad entra en contradicción con la incomodidad que dice sentir cuando el huraño y desagradable de su casero le lanza miradas libidinosas e incluso llega a hacerle proposiciones. Y en medio de estos dos extremos la relación con Andreas el alemán, que nació de manera extraña, fría, contractual y que poco a poco fue haciéndose dueña de ella.

Fuera de estos tres hombres en el mundo rural libremente elegido por Natalia hay otros personajes como la pareja de ancianos formada por Joaquín y Roberta a los que Nat ayuda, cuida y a cambio recibe un pequeño sueldo; la chica de la tienda que la atiende con amabilidad pero hacia la que Natalia hace converger sus infundados celos y sospechas; y también esa familia tan típica en la España vaciada que viviendo en la ciudad acude en vacaciones o en los puentes festivos a la pequeña pedanía donde conserva una casa familiar en la que dicen disfrutar lo indecible y oxigenarse de la vorágine citadina.

No puedo ni debo decir más sobre la trama de la novela pues no quisiera destrozar el placer de la sorpresa que innegablemente contiene el relato. Sólo diré que en la historia de Nat el amor, los celos, la pasión, el enamoramiento, el placer..., pero también la amistad, la ayuda desinteresada, el dar sin pedir nada a cambio... están presentes en abigarrada mezcla y confusión. Es la cabeza de la protagonista la que debe poner orden en este turbulento mar  que la está ahogando. 

En una novela corta como "Un amor" hay mucha literatura, muchas lecturas ocultas, que en algunos momentos me ha parecido ver emerger. La principal sin duda alguna es la de la escritora francesa Annie Ernaux, concretamente la de su novela "Pura pasión" que no hará ni un año que leí con inmenso placer [leer mi reseña aquí]. La misma relación de dependencia tóxica que padece la protagonista de la novela francesa es la que se enseñorea de Nat. Vista desde fuera esta relación libremente aceptada parece contradecir las manifestaciones verbales de empoderamiento femenino por parte del personaje, pero desde el interior de su ser ella, Nat, es, como la protagonista de la novela de Ernaux, una mujer que «Piensa que un solo instante —por ejemplo, ese instante— basta para justificar una vida completa: hay quien no tuvo ni siquiera eso.» Y junto a este innegable parecido con la obra de Ernaux también me ha parecido ver revolotear por momentos la figura clásica de Ana Ozores en este relato; me refiero sobre todo a los acercamientos burdos, bastos, procaces, que el desagradabilísimo casero -me ha recordado a Celedonio, el lascivo sacristán de la Catedral de Vetusta- realiza hacia Natalia considerando que por su comportamiento privado está al alcance de cualquiera: «Trata de escabullirse, de ir más allá, pero él la sujeta por un brazo. —Ven aquí —susurra—. ¿No quieres que yo también te dé mandanga?». 

También la literatura sirve de sostén caracterizador de algún personaje: Natalia y su búsqueda siempre del verdadero y mejor sentido de las palabras en esa traducción literaria que tiene entre manos revela el carácter introspectivo y analítico que exhibe en el relato: «Cuál es entonces el sentido correcto? ¿Verde claro, verdeazulado, enfermizo, difuso, errante? En función del que escoja, deberá orientar el resto del párrafo. Optar por una traducción literal, sin entender el auténtico sentido de la frase, sería como hacer trampas.», piensa ella a propósito del término francés 'glauque' que aparece en el texto que está vertiendo al castellano. Y otro tanto realiza Sara Mesa con Píter el hippy al que nos presenta como hombre sensible; manifestación de esa sensibilidad son las vidrieras que fabrica e ilustra:  «Son para una biblioteca, le explica Píter, por eso ha inscrito versos en ellas: de Pablo Neruda, de Mario Benedetti, de Wisława Szymborska.»

Muy agradable en la narrativa de Sara Mesa, algo que ya observé con sumo gusto en "Cara de pan", es el papel de la música en el relato. La prosa de la escritora tiene un ritmo y una sonoridad que capta al lector; es un ritmo suave que al igual que ocurre con el jazz por momentos introduce rupturas, antirritmos que sorprenden y sirven para agitar y mantener viva nuestra atención en esto que estamos leyendo. Si en su anterior novela eran Nina Simone, Aretha Franklin o Dizzy Gillespie quienes resonaban en las cabezas de alguno de sus personajes, en "Un amor" es Chet Baker, Sam Cooke o Miles Davis los músicos que sostienen musicalmente el tono de la novela. Quizás son los personajes que se mueven más en la ambigüedad, en la indefinición, los que portan estos gustos musicales: en "Cara de pan" era el Viejo, y en "Un amor" es Píter.


Y luego, evidentemente, esa manera suya de escribir utilizando sin estridencias los mil y uno recursos estilísticos que ella maneja como nadie, en especial el adelgazamiento de la figura del narrador mediante el empleo tanto del 
  • estilo directo libre:  «Exacto, dice, es eso lo que busca en su trabajo, la adecuación al contexto» (pos. 188)
como del
  • estilo indirecto libre: «Nat arranca a hablar. ¿Ha traído el coche? ¿Sí? Puede llevárselo a escondidas, de él no sospecharán. Que lo deje en una perrera. O en cualquier otro sitio, en otro pueblo.» (pos. 1738)

Final
Un amor, novela corta española actual
Una muy buena novela, sí señor. Esta chica, Sara Mesa, escribe divinamente. Como ya he dicho, había leído de ella "Cara de pan" que me encantó [se puede leer la reseña que hice de ella aquí]; "Un amor" parecía comenzar en un nivel más bajito, pero qué va qué va, según se avanza en la lectura se observa cómo remonta y remonta hasta alcanzar un nivel que enamora. Y alcanza ese elevado nivel por todo lo dicho hasta aquí y también porque como de pasada toca infinidad de temas y asuntos que hacen reflexionar por el alcance que  los mismos tienen: el machismo, la importancia de lo mínimo («lo grande y lo pequeño, todo junto, en el mismo plano mental»), los celos, el sexo, el imaginario construido por uno mismo («Le atrajo la imagen que ella se había construido de él»), la prostitución, el drama kurdo, la dificultad de mantener la privacidad adecuada en una localidad pequeña, etc. Sí, muchas son las cosas que atraen en Un amor de Sara Mesa.
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Nota.- Esta novela fue objeto de debate en la tertulia literaria "más que palabras..." [si quieres leer la crónica de la misma pincha aquí].

7 ene 2020

Sara Mesa: "Cara de pan". Una relación impropia.

31 comentarios:
"Un viejo patético, ridículo, con pinta de colgado y de enfermo, y la niña destartalada, con la ropa grande, creyendo que así oculta los kilos que le sobran, la niña acomplejada, rara y boba"

editorial Anagrama 50 años, Compactos Anagrama, Esta novela corta de Sara Mesa, cuya lectura había pospuesto durante no sé cuántas semanas o incluso meses, me ha gustado mucho. ¿Por qué? A punto estoy de responder con un paternal 'pues porque sí'. Bueeeno, intentaré justificar este rotundo y categórico sí. Comencemos.

La historia
De entrada estamos ante una anécdota poco frecuente en la literatura actual tan preocupada con la corrección política en todo aquello que toca. Aquí, ni más ni menos que la relación entre una niña de 14 años y un adulto, próximo a la vejez que no ancianidad, de 54 años. Es evidentemente una relación impropia. Y según escribo también me está pareciendo rotundamente impropio el término que utilizo, "relación", habida cuenta de las evidentes connotaciones sexuales que el mismo conlleva. ¡Ah!, ¿es que no hay tal cosa en el relato? ¿No, sí? Hay que leerlo, amigos. Es más, os diré que un muy importante elemento sostenedor del interés narrativo de esta novela reside en este elemento.

Los personajes
Dos personajes innominados que todas las mañanas durante un trimestre se ven en un parque público ocultos tras unos setos. Sus nombres no se nos dicen, incluso ni ellos mismos se los declaran. Deciden llamarse con nombres inventados: 'Casi' es la niña de "casi 14 años"; 'Viejo' es el hombre de 54 años a ojos de esta niña, que así lo denomina. Los dos son seres desubicados en el mundo que se les asigna:

Ella, Casi, no acepta la imposición de asistir al instituto y durante un tiempo engaña a todos pasando las horas escolares en el parque. Se da en Casi la paradoja, tan común por otra parte en los adolescentes, de sentirse no valorada por los demás y al tiempo temer y desear ser acusada por hombres, chicos, vecinos, profesores…

Viejo, por su parte, vive única y exclusivamente en su afición a la ornitología y su exhaustivo conocimiento de las canciones, vida y anécdotas de Nina Simone y de otros cantantes de soul, blues y jazz. Es evidente que no está integrado en el mundo que se le supone a un adulto; incluso su relación con una niña de 14 años rompe todos los estándares admitidos por la sociedad.


Ambos personajes, Casi y Viejo, experimentan en la historia una evolución, un desarrollo, un crecimiento personal que les hará afrontar el futuro de mejor manera. En este sentido estamos ante una clara novela de aprendizaje

Alrededor de estos dos seres peculiares existe un mundo que los ignora. La sociedad [los operarios del parque especialmente] es indiferente a la sospechada corrupción, a los abusos potenciales sobre menores, es insolidaria, es egoísta, pasa de todo… Por su parte los padres de Casi viven en la ignorancia de lo que hace su hija durante las mañanas de ese trimestre; lo mismo sucede con los profesores del instituto que son lentos en detectar estas ausencias; y por último "los policías de la mente" que debieran ocuparse de personajes desubicados como estos dos, cumplen con los protocolos sin implicarse más de lo imprescindible.

La estructura
Dos son los niveles en que se presenta y desarrolla la anécdota, el de la realidad de las mañanas pasadas en el parque y el de la ficción imaginada por Casi en su Diario. Ambos niveles, realidad y ficción, vienen a confundirse y fusionarse en la historia relatada de manera admirable. Como elemento probatorio de la anomalía acontecida se presentará lo escrito en ese Diario. Esta confusión o mezcolanza entre lo escrito y lo sucedido no es raro que suceda en la cabeza de inquisidores y/o lectores ingenuos:
    • "Escribirlo fue horrible, por lo visto, pero hacerlo con cualquiera que tenga su edad, eso está bien, y al parecer es lo que se espera."
    • "Lo que no podían ni imaginar era lo que ese diario encerraba, que era verdad y era mentira, pero que básicamente era una forma de verdad."
Quizás lo mejor sea cómo Sara Mesa distribuye la historia en dos partes, cada una de ella presentada en secuencias formadas por largas tiradas en las que se suceden sin previo aviso las intervenciones en 1ª persona de los dos personajes protagonistas que dialogan, con la narración en 3ª.  Como digo, a veces introduce sin previo aviso secuencias de la narración del Diario de Casi en la ruptura con la realidad que ella realiza en el mismo, lo que al tiempo produce una lógica confusión con la vida auténtica. Diríase que es una 'mise en abyme' presentada en un innovador tour de force, muy de mi agrado.

Sara Mesa, Novela corta, editorial Anagrama
Sara Mesa (foto de Javier Díaz para El Periódico)

El estilo
La novela me ha satisfecho por muchas cosas. Pero hay una que quisiera destacar sobre las otras, y es el fantástico manejo del idioma que demuestra esta madrileña de nacimiento y sevillana de adopción. No en balde Sara se inició en literatura de la mano de la poesía y eso, queridos amigos, se nota, ¡vaya si se nota! Su evolución es lógica por donde quiera que se mire, pues de la poesía pasó al cuento y de éste a la novela corta. Es evidente que la síntesis, la concentración expresiva e intensidad significativa permean toda su Obra creativa. Por otra parte en "Cara de pan" hace muestra de un extenso vocabulario ornitológico tanto de tipo científico (turdus medula, esturnus unicolor, apus apus…) como de naturaleza popular.

También me ha impactado la crítica social que realiza mediante el empleo de eufemismos y disfemismos, es decir, de los pocos términos aceptados por la dictatorial corrección lingüística actual ('persona con capacidades diferentes', 'persona con otras capacidades'...) frente a la riqueza creativa del pueblo a través -¡es cierto!- de no pocos disfemismos (retrasado, subnormal, tarado, loco, discapacitado mental, persona con retraso...). La corrección lingüística tiene su correlato en la corrección sanitaria que no sólo evita estos términos sino que como en el caso del protagonista adulto cifra el proceso de curación mayormente en la pura palabrería obviando en gran parte los problemas que el tratamiento fuera de instituciones ad hoc puede producir en ellos mismos, en sus familias, y en la sociedad en general.

Para finalizar
Todo en la novela me ha gustado, creo que ha quedado patente en lo dicho hasta aquí. Sin embargo un 'todo' es demasiado grande y siempre hay algún 'pero' que ponerle. El que quiero yo hacerle a Sara Mesa deriva de mi dedicación a la enseñanza durante toda mi vida. Como enseñante que he sido detecto en la novela una cierta negatividad frente al colectivo profesoral:
    • [a los profesores] no les interesa que los alumnos vayan a clase porque así tienen menos trabajo (¡!); 
    • [Casi y Viejo dialogando] es mejor el autodidactismo porque aprendes aquello que te interesa y en el cole hay que aprender cosas que no interesan a nadie
    • [Viejo recordando] los profes daban bofetones… 
No sé, me parecen tópicos negativos sobre la enseñanza y el colectivo de enseñantes afortunadamente hoy en mi opinión muy superados.

Igual que pongo a la autora la pega anterior, quiero reconocerle la razón que tiene la critica que realiza a la objetualización de los alumnos en manos de orientadores, psicopedagogos y profesores. La certeza de su aseveración proviene, en mi opinión, de la profesionalización excesiva actual con  los muchos protocolos de actuación que la misma conlleva.

Por último quisiera cerrar la reseña señalando la reflexión sobre la escritura -metaficción- presente en algunos momentos del relato cuando la niña Casi se enfrenta al proceso creativo:
"intuye que [Viejo] es inofensivo, pero si quiere sacar algo en limpio, debe imaginárselo como peligroso. No puede quedarse sin una historia que contar Necesita una historia que contar."