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25 jun 2023

Bartleby, el escribiente (Una historia de Wall Street). Herman Melville

8 comentarios:

«¡No querrás entregarlo a la policía y que encarcele a esa inocente palidez! Y qué razones aducirías para conseguir algo así? ¿Acaso es un vagabundo? ¿Cómo? ¿Un vagabundo? ¿Un trotamundos que se niega a moverse? Entonces, para que no se convierta en un vagabundo, es por lo que intentas considerarle un vagabundo. Eso es demasiado absurdo.»

"Bartleby, el escribiente", editorial Penguin
Durante un viaje en avión a Istria que acabo de realizar he leído -más bien he vuelto a leer- Bartleby, el escribiente de Herman Melville. He vuelto a él movido por la estupenda reseña que mi amiga Lorena, del blog El pájaro verde, publicó en él no hace nada. Hace tan bien Lorena sus reseñas, reflexiona de manera tan atinada sobre lo que acaba de leer, y lo que es más importante, escribe tan bien esta mujer, que pocas veces logro sustraerme a la tentación de seguir su senda lectora, al menos en el propósito. Y digo "al menos en el propósito" porque en numerosas ocasiones no logro dar cabida en mi listado de lecturas a las suyas. Esta vez sí, y estoy satisfecho de haberlo hecho.

He manejado la misma edición de la editorial Penguin que ella, dado que la introducción a la novela iba por cuenta de Enrique Vilá-Matas, novelista que admiro y quien con frecuencia usa al personaje literario de Bartleby como arquetipo de una manera de estar en el mundo, de un comportamiento humano. Tan es así esto que digo que el escritor de Barcelona, además de personajes sueltos en sus narraciones a los que atribuye las cualidades del creado por Melville, tiene en su haber un título que es un verdadero homenaje al mismo, Bartleby y compañía, publicado el año 2000.

En el prólogo, Vila-Matas señala lo emparentado que está este cuento con la literatura de Kafka. Cualquiera diría que Melville habría estado influido por el autor checo, si no fuera porque Frank Kafka nació 27 años después de que la novelita del estadounidense viera la luz en 1853. De haberla, pues, la influencia sería a la inversa; aunque tampoco existió tal, pues parece que el escritor de Praga no la leyó siquiera. 

De todas maneras, y sin duda alguna, estamos claramente ante un texto precursor. Un texto que no sólo preludia a Kafka, sino que anticipa muchos otros textos de autores posteriores a él que contienen, todos ellos, una singular comicidad:
«comprendí que el cuento de Melville no era una metáfora del escritor, ni el símbolo de nada, y se trataba más bien, como sugería Gilles Deleuze, de un texto de una violenta comicidad: un relato emparentado con ciertas narraciones de Kleist, de Dostoievski, de Kafka o de Beckett, «con los cuales formaba una subterránea y brillante secuencia». (Enrique Vila.Matas en el prólogo)

 El personaje de Bartleby es un auténtico hallazgo por parte del norteamericano. En él, en palabras de Enrique Vila-Matas, parece conjugarse de manera perfecta la disolución del mundo real en el ficticio y viceversa: «Una figura, la del copista de Wall Street, que parece que hubiera anticipado la aparición, un siglo después, del escritor Robert Walser.»

El comportamiento de Bartleby con su jefe y compañeros de trabajo es ciertamente extraño, manifestación de una especie de patología que yo describiría como 'apatía laboral'. Bartleby es un copista que cuando se le encomienda cualquier tarea contesta con un educado «preferiria no hacerlo». Al principio, su jefe, el abogado que lo ha contratado, y sus tres compañeros de oficina (Turkey, Níppers y Ginger Nut) aceptan de buen grado su resistencia pasiva al trabajo que se le encomienda. Pero poco a poco se van enfadándo y solicitan de su jefe una decisión drástica respecto a Bartleby

El autor de Moby Dick, imbuido claramente del espíritu de la época, formula en su obra principal y también en este cuento reflexiones filosóficas cargadas de contenido religioso. A estos pensamientos le lleva el estilo de vida que por esos años -mitad del siglo XIX- se está instalando en los Estados Unidos. Allí -no conviene obviar el subtítulo del cuento, «Una historia de Wall Street»- el capitalismo despiadado se está abriendo paso. Wall Street, donde está la Bolsa de Valores y donde radican las principales oficinas de abogados neoyorquinos, es el centro de la deshumanización y la despiadada explotación del hombre por el hombre derivadas del positivismo y un liberalismo sin freno alguno. El trascendentalismo de Emerson del que ya he hablado en alguna que otra entrada de este blog [ver especialmente la dedicada a Naturaleza, una de sus obras] se percibe en Bartleby, el escribiente.
«¿Qué me dicta la conciencia sobre qué debería hacer con este hombre, o, mejor dicho, con este fantasma? Lo que debo hacer es deshacerme de él; que se vaya. Pero ¿cómo? No irás a echar a empujones a esa pobre criatura tan pálida y pasiva, tan indefensa, ¿verdad? No irás a deshonrar tu nombre con semejante crueldad, ¿verdad? No, no voy a hacerlo; no puedo hacerlo.»
Es claro que en la mente del narrador, el abogado jefe de Bartleby, la religiosidad tiene un peso indudable. Y es que en definitiva, a pesar del título del cuento, el personaje esencial, el actor principal del conflicto que se plantea, no es el desencadenante del mismo, o sea, el pasivo, indolente y estoico Bartleby del que apenas si sabemos algo, sino su jefe, el abogado norteamericano que ve cómo la actitud de su empleado le hace replantearse no pocas cosas.

La novelita o cuento largo está muy bien equilibrada en todos sus aspectos. Los personajes que gravitan en torno a los dos principales padecen neurosis peculiares y complementarias: Turkey, de 60 años, es un empleado activo y enérgico hasta las doce del mediodía; Nippers, de unos veinticinco años de edad, es su auténtico complementario dado que es a esa hora cuando su carácter encendido deja paso a uno más tranquilo y menos conflictivo; y Ginger Nut, de sólo doce años, es el chico de los recados que aprovisiona de manzanas y pasteles a Turkey y Nippers

Moby Dick, Bartleby, humor absurdo
Bartleby, el escribiente
es la expresión más alta de la filosofía social de su autor. En este cuento, a través de la figura del narrador, se ponen a prueba sus convicciones sociales, laborales y religiosas. Bartleby, con su comportamiento, logra llevar al extremo a éste; tanto que su filantropía y amor al prójimo cederán ante la austeridad practicada al límite por parte del empleado pasivo. No digo más para no desvelar qué pasa con Bartleby y con su jefe, las dos caras de una misma moneda.

Herman Melville y su relato Bartleby, el escribiente siempre sorprenden; da lo mismo las veces que se lea pues como dice el prologuista de esta edición, Enrique Vila-Matas, en cada lectura se produce una revelación. Los clásicos es lo que tienen, que nunca se agostan, que siempre emiten señales aprovechables que llegan a nuestro hoy hayan pasado los años que hayan pasado. 

Nota
Este libro lo incluyo dentro del Reto Nos gustan los clásicos, séptima edición.








 

15 mar 2023

Montevideo. Enrique Vila Matas. Síndrome Cortázar

10 comentarios:

✔«Si algo tiene de extraordinario la literatura es que es un espacio de libertad tan inmenso que permite todo tipo de contradicciones.»
✔«El fragmento «París» iba a ser el primer capítulo de un libro, ya definitivamente descartado, que pretendía abordar la totalidad de la historia de mi estilo y que pensaba encabezar con una inevitable cita de Nabokov: «Pero la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo.»
✔«Hacía años que deseaba pisar el territorio de aquel cuento de ficción, ver el armario, la puerta que estaba detrás del armario, la para mí mítica puerta condenada, intentar averiguar qué pasaba cuando uno entraba en un espacio de ficción que existía al mismo tiempo en el mundo real o, dicho de otro modo, en un espacio del mundo real que no sería nada sin un mundo de ficción, y a la inversa, y así hasta el infinito.»

Enrique Vila-Matas, Montevideo, habitación propia, estilo propio
Ha pasado casi un mes desde que finalizara la lectura de Montevideo, la última novela de Enrique Vila Matas. Desde que comenzara a leerla tenía pensado hacer esta reseña; sin embargo transcurrido un mes desde que llegara a la última página no he encontrado momento, manera y palabras adecuadas para afrontarla. Y es que Vila Matas, barcelonés de 75 años, es para mí un escritor que me atrae al tiempo que me resulta difícil encerrarlo en palabras que lo expliquen debidamente. Es más, él mismo cultiva esta -permítaseme el palabro- inaprehensibilidad de manera plenamente consciente. Paradójicamente esta sutileza suya, que dificulta la debida comprensión a quien lo lee, es lo que en cierto modo a mí  -y a muchos otros lectores, sin duda- atrae.

Sinopsis (tomada de la página Ahora qué leo creada por la web lasexta.com)
Un hombre avanza por los recuerdos de su vida, desde el París de los años 70 donde trapicheaba con droga hasta el Festival de cine de Lisboa como escritor consagrado, pasando por Reikiavik o Bogotá, repasando momentos, lecturas, citas y conversaciones que podrían haber pasado, o no. Mientras tanto, trata de escapar de bloqueos y de su propio discurrir.
En una sucesión de escenas sin freno, el narrador trae constantemente al primer plano diferentes escritores (reales e inventados), citas pertinentes aunque a veces no, ciudades y reflexiones sobre escribir, la literatura por delante y por detrás. El rayo que mató a Ödön von Horváth, la puerta cegada de un cuento de Cortázar, la novela inventada de una escritora que jamás existió...
Y mientras tanto, poco a poco, va dándose cuenta de que siempre, en la habitación de al lado, algo pasa, algo sucede. Un misterio que guarda en su interior el secreto para desplazarse desde una ciudad a otra. De un recuerdo a otro. Como una máquina del tiempo y el espacio capaz de generar literatura.



Acabo de leer esta última novela de Enrique Vila Matas. Es una obra corta, pero grande y densa en forma y contenido. No es una lectura sencilla, es una lectura exigente que está bañada completamente por la literatura. Si hay algún autor cuyo espacio vital, su territorio, su nación es alguno, esa zona donde se mueve no es otra que la Literatura con mayúscula.

Montevideo, mi lectura número cinco de las veintitantas novelas del escritor, es una novela de apenas 200 páginas en la versión kindle que he manejado (304 en papel, editada por Seix Barral). De las cinco leídas, hasta el momento sólo una tengo reseñada en el blog, su Historia abreviada de la literatura portátil. Agradándome como me agrada su manera de escribir, no encuentro para esto otra explicación plausible que la de la enorme dificultad que conlleva -para mí, al menos- poner en palabras los sentidos, referencias y componentes formales que Vila Matas desgrana en sus libros. En analogía con alguno de sus personajes parece que me hubiera contagiado de aquello que, en esta última obra su protagonista tanto desdeña y de lo que tanto protesta, el «preferiría no hacerlo» de Bartleby, personaje del cuento de Herman Melville  "Bartleby, el escribiente" que tanto juego le dio a nuestro novelista en novelas como Bartleby y compañía (2000) o París no se acaba nunca (2003). 

Según leía Montevideo ingresaba en un territorio conocido, el del universo Vila Matas. Es éste un espacio impregnado de literatura por todas partes. Beben sus libros en las obras de otros autores, cuya lectura conforma la verdadera vida y realidad del escritor. Quizás sea por ello que  todo cuanto hace en la historia el novelista-personaje-protagonista de la novela está relacionado con, o justificado por, propuestas y/o frases leídas por él en autores anteriores como Miklós Szentkuthy, Herman Melville, Thomas Wolfe, Antonio Tabucchi, Voltaire, Ödön von Horváth, Robert Walser..., y muchos otros más. Bastantes de estos nombres son conocidos por mí, pero otros muchos se me escapan y o bien he buscado en wikipedia información sobre ellos o simplemente he preferido dejarlos pasar, por una parte al saber que algunos de ellos a buen seguro serán inventados y, por otra, por dejarme placenteramente arrastrar por la vorágine surreal de la prosa del escritor, amén de mi reconocida  incapacidad de albergar en mi cabeza información tan profusa.

En el listado autoral anterior intencionadamente he omitido los nombres de los dos autores centrales en este relato: el argentino Julio Cortázar y el francés Arthur Rimbaud. Estos dos escritores, en especial el primero, están en la base de la trama de la novela. El narrador-personaje de Montevideo es un novelista que busca reencontrar el deseo de escribir que parece haberle abandonado, busca un estilo literario propio que lo aleje de los manidos clichés con que desde hace unos años se clasifica su obra. Uno de ellos es la denominación de autoficción con la que críticos y periodistas suelen despacharla. En opinión del avatar novelesco de Vila Matas en una narración todo, incluso la no ficción, es ficción. Pese a esta afirmación, sostenida por el propio escritor en múltiples entrevistas, el personaje de Montevideo quiere encontrar el gozne, el umbral, la puerta por la que sin solución de continuidad se pueda pasar de la realidad a la ficción, o sea, lo que en su caso equivale a dejar el estilo antiguo y manido del que reniega e ingresar en otro nuevo y que le satisfaga. Para ello echa mano del cuento de Cortázar La puerta condenada en cuyo contenido este personaje avatar piensa poder hallar las claves para poder realizar este tránsito; es por ello que, en una surreal mezcla de lo real con lo ficcional, se empeña en seguir todos los pasos del protagonista del cuento visitando los lugares por donde el protagonista cortazariano pasó para ver de encontrarlas.

El otro autor importante para el desarrollo y comprensión de la trama de Montevideo es Arthur Rimbaud, el poeta maldito francés que de la noche a la mañana decidió abandonar su dedicación literaria -hay quienes afirman que por un desengaño amoroso sufrido con Paul Verlaine- y desaparecer. Pero como siempre ocurre con Enrique Vila Matas las referencias a cualquier autor del pasado suele realizarla utilizando el recurso de la citación, es decir, a través de citas que del mismo realizan autores actuales. Así respecto a Rimbaud, poeta maldito, echa mano de Le Clezio, autor maldito actual reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 2008. Concretamente un personaje importante de Montevideo, Madeleine Moore, escritora amiga del narrador que quiere recuperarlo para la literatura, le comentará que él le ha recordado al Rimbaud viejo que aparece en una novela de Le Clezio, La Cuarentena:
«En una escala en Adén, o quizás en Harar, dijo, el viejo Rimbaud entraba en una taberna convertido en un patético tipo desarraigado, con ojos feroces pero faltos de hierro, solo, tremendamente solo, porque iba sin la compañía de la literatura»
Al igual que Rimbaud el protagonista de Montevideo piensa, reflexiona, medita sobre la frase «Je est un autre» que escuchó decir a un joven parisino en el Pont Neuf, frase del poeta francés que siempre se destaca como algo trascendente para entenderle a él y a su obra poética. Al narrador este joven actual le parece que sea el mismo Rimbaud redivivo. Pero, con afán desmitificador, con la intención de colocar todo en su debido lugar, en una pirueta con innegables tintes humorísticos, el novelista-narrador-protagonista desmotivado, quemado, descreído de todo lo que exageradamente envuelve la Literatura echa por tierra las palabras del héroe cuando a propósito de la emblemática frase comenta que;
«Tanto si estaba vivo o muerto, y si era o no Rimbaud aquel joven ocioso y brutal que había visto vivo en el Pont des Arts, lo cierto para mí era que con su Je est un autre —una frase en una carta, frase muy mitificada cuando quizás hubo ahí un simple error caligráfico— había transformado la noción de identidad de tantos de nosotros.»
La 'boîte en valise' de Marcel Duchamp
La literatura y la personalidad real de Enrique Vila Matas transita sobre todo por la acera de la creación minoritaria, la de los autores malditos, la de aquellos que habiendo triunfado en los márgenes del éxito sin embargo su influencia ha sido tremenda posteriormente en todo el espectro artístico. Y esto se manifiesta en su producción desde el principio de su obra. En esas primeras obras, en especial en Historia abreviada de la literatura portátil [leer reseña aquí] hay claras referencias a personalidades de este tipo: autores pictóricos como Marcel Duchamp y su "Boîte en valise", que tanto me ha recordado la maleta roja que el protagonista de Montevideo encuentra en la habitación 205 del Hotel Esplendor de la capital de Uruguay al que acude siguiendo la trama del cuento de Julio Cortázar, pero también otros artistas de la literatura, el pensamiento, la pintura y la música que directa o indirectamente aparecen citados en esta novela: Walter Benjamín, Jacques Rigaud, Blaise Cendrars, Valery Larbaud, Scott Fitzguerald, Vicente Huidobro, César Vallejo, Salvador Dalí, Tristan Tzara, Ezra Pound, Cyril Connoly, Francis Picabia, el príncipe Mdivani, García Lorca, Maurice Blanchot, Aleister Crowley, etc.

Estos autores y muchos otros más los encuadra el novelista barcelonés, cuando los cita en sus primeras novelas, dentro del movimiento shandy que él alaba, defiende y en el que se postula tras explicar debidamente -como digo en la reseña que dediqué a su Historia abreviada de la literatura portátil- el sentido del término y su procedencia:
«En definitiva, lo shandy, adjetivo éste que reunía en su significado varios elementos desde el más prosaico de refresco elaborado con cerveza y limonada al derivado de la obra de Laurence Sterne (Tristram Shandy) natural del condado de Yorshire (al norte de Inglaterra) donde este escritor vivió gran parte de su vida. Allí el término shandy equivalía en su momento a alegre, cerebral, corrosivo, liberal, demoníaco, voluble, chiflado, etc. El shandy era un tipo marcado por la voluntad de la transgresión. Y en otro plano, una persona “imposible, gratuita y delirante”. Es algo, pues, muy propio de las vanguardias.»
Ahora, en esta novela de Montevideo he percibido que el novelista se aproxima al movimiento Oulipo,  movimiento del que nada conocía hasta que realicé la lectura de La anomalía, novela de Hervé Le Tellier [sobre tal corriente estética recomiendo leer la reseña que sobre esta novela hice en noviembre del pasado año]. Fue precisamente a raíz de esa lectura que supe que este grupo nacido en Francia venía a pretender fusionar las matemáticas y las ciencias en general con la literatura. En Montevideo también he reconocido ecos de esta tendencia creativa:
«En mis encuentros con el joven Desdini, un día le contaba la historia de los matemáticos de Princeton, sabios retirados a los cuarenta años que se dedicaban a leer la Divina Comedia. Y en otro le descubría la existencia del OuLiPo, la asociación de ciencia y literatura que, por no tener noticia de ella, le dejó fascinado. Otros días era él quien me exponía problemas matemáticos irresolubles y yo sentía que no entendía mucho, pero que aquello que entendía siempre acababa resultándome muy útil.»
La novela, como toda la Obra de Vila Matas, es un libro confeccionado a base del recurso de la citación y de la técnica literaria de las cajas chinas: incluir historias dentro de otras historias. Abrir puertas en una historia que conducen a otras historias y dentro de éstas a su vez proseguir en subsiguientes aperturas. Tal modo literario de proceder es técnica antiquísima que nuestro escritor utiliza con maestría y profundidad, siendo algunas de ellas ciertamente complejas de desentrañar al encontrarse llenas de referencias intelectuales y literarias. 

Sea o no la 'autoficción' un término adecuado para clasificar esta narración, la verdad es que leyendo Montevideo he visto con más nitidez aún si cabe un Enrique Vila Matas resucitado. Y digo resucitado con todo el sentido pues dejó la redacción de la novela interrumpida por tener que someterse a un trasplante de riñón. Superada la prueba médica, el novelista salió de la misma con otra percepción de la vida y de su oficio. Quizás sea eso lo que justifique la presencia de ese personaje novelista que tras escribir el fragmento «París» con el que inicia esta misma novela entra en crisis creativa confesándose harto de que siempre se le encasille en unos clichés narrativos; un novelista que busca encontrar su estilo propio. Este estilo propio y personal enlaza con la metáfora que en la novela representan la habitación del hotel Esplendor de Montevideo (hotel Cervantes en el cuento de Cortázar) y la que en el Beaubourg parisino le brinda Madelaine Moore, su amiga novelista y antaño, en París, trapicheadora de papelinas de cocaina, con la idea de que allí logre remontar su crisis de identidad creativa.
Autoficción, Realidad-ficción,
«Moore escribe como si no hubiera sido ella tocada por los debates sobre la narración en primera persona, la autoficción (que no existe, porque todo es autoficcional, ya que lo que se escribe siempre viene de uno mismo; hasta la Biblia es autoficción, porque empieza con alguien creando algo), la autorrepresentación, la no ficción, que tampoco existe porque cualquier versión narrativa de una historia real es siempre una forma de ficción, ya que desde el instante en que se ordena el mundo con palabras se modifica la naturaleza del mundo.»

Fiel a su manera de escribir, Vila Matas construye esta historia a base de piezas sueltas, que según se articulan van mostrando la zona interior del propio escritor; bueno, del propio escritor no, pero sí al menos, en sus propias palabras, de un 27% del propio escritor. Como se ve, el humor y la ambigüedad en él están siempre presentes, son consustanciales a su identidad. Así se constata cuando, a preguntas de un periodista de eldiario.es sobre en cuál de las cinco tendencias narrativas que en la novela el narrador dice que existen 
«Enumero las cinco tendencias: 1) La de quienes no tienen nada que contar. 2) La de quienes deliberadamente no narran nada. 3) La de quienes no lo cuentan todo. 4) La de quienes esperan que Dios algún día lo cuente todo, incluido por qué es tan imperfecto. 5) La de quienes se han rendido al poder de la tecnología que parece estar transcribiéndolo y registrándolo todo y, por tanto, convirtiendo en prescindible el oficio de escritor.»
el propio Vila Matas le responde con el fino humor del que siempre hace gala: 
«Bueno, debe de haber más que cinco [risas] pero la más interesante es la de no decir nada deliberadamente.»
Todo lo dicho hasta aquí creo que sirve para mostrar que  Montevideo es una lectura interesante, pero no sencilla; una novela que exige complicidad e intensidad lectoras por parte de quien se coloca delante de sus páginas.

29 mar 2016

Un leve cambio de look en el blog

18 comentarios:
Será que me he aburrido de la imagen de cabecera (¡y mira que el techo vidriado de la Casa de Lys me parece bonito! Algún día la recuperaré, seguro), será que veo que otros blogs amigos se renuevan y me dan envidia, será... qué sé yo lo que será... o a lo mejor no es nada..., el caso es que he decidido dar un pequeño lavado de cara a "El blog de Juan Carlos".

Marcel Duchamp, Enrique Vila-Matas, Universidad de Salamanca


¿En qué consiste el cambio? Pues en lo siguiente:

  • La imagen de cabecera
Buscaba algo que sugiriera creación literaria, pero nada he hallado de mi gusto. Recordé que en mi PC tenía desde hacía tiempo una imagen que utilicé para ilustrar la única entrada que he hecho sobre Enrique Vilá Matas [verla aquí]. La imagen en cuestión es una muy celebrada por el autor barcelonés: "La boîte en valise" (“caja en una maleta”) del artista francés Marcel Duchamp quien entre 1936 y 1941 ideó un prototipo de museo viajero y portátil, así llamado, que consistía en una caja a modo de maleta manejable o maletín en el que exponía reproducciones en miniatura de sus pinturas y esculturas más significativas del ready-made. Vilá Matas se basó en esta obra para el título y también en parte justificar el asunto de su libro "Historia abreviada de la literatura portátil". Salvando las infinitas distancias que separan este humildísimo blog de la importante obra artística de un creador controvertido, he pensado que esta unión pintura-literatura-creación-muestrario  podía venirle bien a un blog como el mío que reseña literatura, películas, obras de teatro... y cuya única pretensión es servir de muestrario o expositor fugaz (portátil me atrevería a decir para proseguir con la analogía) de creaciones de otros e incluso, -¡por qué no!-, de uno mismo.
He querido conservar como signo de identidad personal, la imagen en miniatura del "Cielo de Salamanca" pintado en el techo de la Universidad de Salamanca por Fernando Gallego hará la friolera de siete siglos. En esta Universidad que cumple ahora o muy próximamente 800 años de existencia es espectacular su biblioteca a la que quiero referirme con esa especie de marcador de páginas que incluyo encima de ese cielo de mi ciudad natal.

  • El fondo del blog. 
He buscado para fondo la  imagen de unas guardas al agua típicas de la encuadernación manual que antaño, cuando los libros eran de verdad libros y sus poseedores los guardaban como oro en paño, incorporaban muchos ejemplares como espacio intermedio entre  las tapas y el texto propiamente dicho. 

  • El cuerpo del blog
En esta ocasión he decidido situar las entradas entre dos columnas, más pequeña la de la izquierda y algo mayor la de la derecha. En estas dos columnas distribuyo los diversos gadgets y pretendo así evitar una fila interminable de los mismos en una sola. A ver qué tal queda.


  • El pie del blog

Antes el pie del blog lo ocupaban tres secciones dedicadas a las etiquetas, los autores y los directores de cine reseñados. Ahora he colocado antes de ellos, un a modo de pie que he titulado "La anterior cabecera del blog". Es una cabecera que aprecio mucho y que me figuro algunos de quienes me leen tienen identificada con este blog; por eso, y para evitar despistes, la mantengo, a los pies, pero la mantengo.


  • Periodicidad en la publicación de las entradas

Todos mis amigos me dicen que debo de ser más metódico a la hora de publicar los posts. Me aseguran que hay veces que se han perdido alguna de ellas por no tener in mente el día de la semana en que suele aparecer.
La observación anterior me parece digna de ser tenida en cuenta, y por ello me propongo publicar contenido dos  veces a la semana. Serán los miércoles por la tarde-noche, y los domingos también por la tarde-noche.

Bueno, esto es todo, espero que os guste. Ya me daréis vuestra opinión. Un abrazo a todos.

23 oct 2014

Vila-Matas: "Historia abreviada de la literatura portátil"

2 comentarios:
Editorial Anagrama,
Portada del libro en su edición del año 2000

En este librito de tan sólo 124 páginas, aparecido en 1985, Enrique Vila-Matas novela la experiencia vital y vanguardista de los jóvenes artistas que llenaron los felices años 20 con sus proclamas y sus actitudes totalmente sorpresivas y sorprendentes.

Partiendo del escrito de Tristan Tzara titulado Historia portátil de la literatura abreviada, Vila-Matas da la vuelta al título e imagina la formación de un grupo artístico secreto que se caracterizaría por el cultivo de una literatura portátil, una literatura que no fuera pesada y pudiera ser fácilmente trasladable en un maletín. La supuesta existencia de esta sociedad secreta la circunscribe el narrador-ensayista al periodo que va de un día de invierno de 1924 en que se produjeron los dos acontecimientos fundacionales de este movimiento de literatura portátil, -la crisis nerviosa que sufrió el escritor ruso Andrei Biela cuando se hallaba sobre el mismo peñasco donde “Nietzsche había tenido la intuición del eterno retorno” y la caída del músico Edgar Varesse de su caballo cuando “parodiando  a Apollinaire, simulaba que se preparaba para ir a la guerra”-, y que finaliza el 24 de mayo de 1927 cuando se produjo en Córdoba la reunión en homenaje al escritor Luis de Góngora y Argote.