«Octavio César ha traído paz a esta tierra: los romanos no han vuelto a combatir entre sí desde Actium. Ha traído prosperidad al campo y a la ciudad: ni siquiera los más pobres carecen de alimento en la ciudad, y los habitantes de las provincias prosperan merced a la beneficencia de Roma y de Octavio César. Ha traído la libertad al pueblo: el esclavo ya no tiene que temer la crueldad arbitraria de su señor, ni el pobre la venalidad del rico, ni el orador responsable las consecuencias de sus palabras.»
Conocí la literatura de John Edward Williams a través de "Stoner", la novela que publicó en 1961 y que en 2010 la editorial tinerfeña Baile del Sol publicó por vez primera en España. Tras esa edición vendrían las realizadas en otros países europeos comenzando con Francia que la puso en las librerías en 2011. Desde ese momento la figura del escritor norteamericano fallecido en Arkansas en 1994 a la edad de 71 años empezó a ser reconocida en todo el mundo. "Stoner" me encantó cuando la leí en 2014 y ahora al releer la reseña que por entonces hice de la novela en el blog creo que me puse algo gallito con el autor [mi opinión sobre "Stoner" aquí].El escritor
Su segunda novela, Butcher’s Crossing, llegó más de una década después, en 1960, aunque el verdadero éxito le llegaría con sus dos últimas obras: Stoner (1965) y la que con sumo agrado acabo de leer, Augustus (1972) que en España se comercializa, no sé por qué razón, con el título de El hijo de César. Esta última novela le hizo conseguir el National Book Award en 1972. Su quinta novela iba a llevar por título el de The Sleep of Reason. Estaba trabajando en ella cuando la muerte lo sorprendió y se lo llevó como consecuencia de un fallo respiratorio. Corría el año 1994 y John Edward Williams estaba en el momento más alto de su carrera.
Definitivamente Octavio se hará con todo el poder del imperio cuando en Actium derrote a Marco Antonio. Habrá paz en Roma, habrá prosperidad, pero también conciliábulos para intentar derrocarle que él irá desmontando con la ayuda de sus amigos Agripa y Mecenas -a Rufo hubo de castigarle por no haber sido claro en su alineación- y con la política de matrimonios desarrollada en su propia casa y en la de otros, en especial con la persona de su hija Julia -mi pequeña Roma, la llamaba- a la que casó con éste o aquél para así lograr acuerdos que consolidasen la unidad de Roma y fortaleciesen su figura como emperador.
«Si alenté al pueblo a rendir culto a estos antiguos dioses romanos, lo hice por necesidad más que por una convicción religiosa de que esas fuerzas residan realmente en sus supuestas entidades... Quizás tuvieras razón después de todo, querido Nicolás: quizás solo existe un dios. Pero, si eso es cierto, te equivocaste en el nombre. Se llama azar, su sacerdote es el hombre, y al final la única víctima de ese sacerdote es el mismo hombre, su pobre ser dividido»
Hasta aquí sólo he hablado de personajes masculinos. Podría parecer por ello que las mujeres no tuvieran relevancia en la novela. No es así. Las mujeres son muy importantes por varios motivos: uno ya lo he señalado al hablar de la política matrimonial practicada por Octavio quien se casaba y divorciaba por oportunismo político principalmente. En una de sus cartas a Tito Livio, Mecenas cuenta al historiador latino el papel personal que él tuvo en los sucesivos matrimonios de Octavio. Muchos se consumaron por pura política. De uno de ellos, el que hizo con Escribonia, la hermana menor del suegro del pirata Sexto Pompeyo, dice que lo mejor que Augusto obtuvo de ella, de la que se divorció nada más tener una hija, fue precisamente eso, su hija Julia. En la misma semana de este divorcio se casó con Livia, quien al decir de Marco Antonio ya iba encinta de su anterior marido, Claudio Nerón. También otro importante matrimonio fue el de Antonio con la hermana mayor de Octavio, Octavia. De esta mujer dijo Mecenas que si a él le hubieran gustado las mujeres habría sido una buena esposa.
Las mujeres cumplían la función de dar herederos al marido o maridos. Julia, la hija de Octavio, enviudó por segunda vez a los 27 años de edad y en ese momento ya tenía cuatro hijos y estaba embarazada del quinto. Se casaría por tercera vez por razones políticas a petición de su padre con Tiberio, el hijo que Livia había tenido con Claudio Nerón, al que Julia odiaba profundamente, pero Roma (los deseos del emperador) estaba siempre por encima de los sentimientos personales. Quizás por ello la promiscuidad y la liberalidad absolutas serían su comportamiento durante este último matrimonio. El epicureísmo, el disfrute y la búsqueda del placer no estaban mal vistos en Roma pero si conllevaba por medio el adulterio era motivo de penalización; sólo las prostitutas estaban eximidas de esto pero también tenían vedado el matrimonio. El Libro II -la novela se estructura en tres Libros- acaba con el descubrimiento por parte de Augusto de una conspiración que se estaba urdiendo en su contra. Forman parte de esta conspiración varios amantes de Julia (Julio Antonio, Sempronio Graco, Quintín Crispini y otros). Para salvar a Julia de la muerte al haber participado junto a Julio Antonio en la conjuración le aplica sus leyes sobre el matrimonio y la acusa de infidelidad y prostitución desterrándola de por vida a Pandateria.El hijo de César es excelente ejemplo de la funcionalidad de la novela histórica frente a la que cumplen los tratados de Historia. Son estos últimos, al fin y a la postre, muchas veces un mero catálogo de batallas, guerras, nombres de reyes y poderosos, quedando los verdaderos hacedores de la historia oscurecidos por la magnificencia de los triunfos y festejos promovidos en honor de los generales y dirigentes de los ejércitos victoriosos. John Edward Williams introduce en esta novela junto a los nombres señeros ya citados a protagonistas anónimos ahondando así en la verdadera realidad vivida por el pueblo que hurtan los historiadores pero no los novelistas. Ejemplo de ello es al final del Libro I la figura de un tal Horacio Flaco, tribuno en el ejército de Bruto, que huye en la batalla por miedo y no saber por qué combatía. El es hijo de un liberto y no sabe qué hará si vuelve a estar en combate. Este personaje popular es ejemplo de lo que auténticamente vivían dentro de sí los miembros de esas voluminosas legiones romanas que asolaban el mundo. Otro personaje interesante en este terreno de seres intrahistóricos es el de Hirtia, la hija de la nodriza que de niño amamantó a Octavio, quien próxima ya su muerte es conducida por su hijo a ver Roma y topa casualmente con el César al que reconoce y llama Tavio, su nombre de niño. El diálogo entre ambos es manifestación de los sentimientos auténticos que jamás encuentran espacio en los libros de Historia y sí en las novelas históricas. Augusto a raíz de este encuentro el mismo día que él se disponía a condenar a su hija Julia reflexiona que «por mor de Roma y mi posición de autoridad tenía que condenar a mi ropia hija, y se me ocurrió pensar que si Hirtia hubiera tenido el poder de elegir, habría sacrificado a Roma y salvado la vida de su hija»
La reflexión anterior le sirve al personaje central de la novela a razonar sobre los distintos tipos de amor. Igual que sobre el amor, en la novela se reflexiona sobre el poder, el deseo, la muerte, el sentimiento de pena, la esclavitud del matrimonio, etc., etc. Un sinfín de asuntos son los que magistralmente se tocan en esta muy buena novela. La cita siguiente sobre el poder, extraída del diario que Julia está escribiendo en su exilio de la isla de Pandateria, me parece un buen ejemplo sobre cómo cada persona siente de manera distinta:
«el poder es vano, dicen los filósofos; pero ellos no saben lo que es el poder, de igual modo que un eunuco no sabe lo que es una mujer, lo cual le permite contemplar la imposible. Jamás en mi vida pude comprender como mi padre no era capaz de sentir ese goce del poder que para mí constituía el motivo de mi existencia y gracias al cual fue feliz con Marco Agripa.»
Final
Tanto me ha gustado esta novela que he buscado un libro de Plutarco que recordaba tenía por casa sin leer desde hace muchos años. Se trata de "Alejandro y César", dentro de la serie Vidas Paralelas que el escritor latino del siglo I d.C. escribió. Quiero conocer más sobre este personaje y esta época. Al tiempo la figura de Alejandro Magno con quien se compara a César siempre me ha atraído siendo una de las más populares en el imaginario colectivo. La mismísima Cleopatra, última reina de Egipto de la dinastía ptolemaica que se inauguró con Ptolomeo, general del Gran Alejandro a quien éste concedió esa zona del norte de África.
Al haber sido publicada originalmente esta novela el año 1972, incluyo la misma dentro de la lista de clásicos leídos dentro de la Vª edición del Reto "Nos gustan los clásicos" promovido por Francisco del blog Un lector indiscreto.




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