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13 sept 2026

De César Aira leo "El error" y revisito "Las noches de Flores" (A pares LIII)

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«En este mural, Pepe Dueñas, Dante sin Virgilio, vengador solitario de las injusticias sociales salvadoreñas, se repetía en un paisaje boscoso; sus distintas apariciones se desplegaban en un arco irregular, o más bien en una espiral alargada, de izquierda a derecha, en el extremo izquierdo huyendo de su aldea natal atacada por el Ejército, dejando atrás los cadáveres de sus padres […], un poco más allá emboscando en un paso montañoso a las fuerzas del gobierno y aniquilándolas, luego haciendo estallar una planta eléctrica, más allá arengando a una población de campesinos; derribando un helicóptero; resistiendo a un cerco de las fuerzas oficiales; […] » ("El error")


Me gusta entrar en las tiendas Re-Read que cada vez proliferan más en nuestras ciudades. Por poco dinero se puede encontrar en ellas libros interesantes en un más que aceptable buen estado de conservación. Hará cosa de cinco o seis meses estando en Salamanca, en una de mis habituales visitas a una de esas tiendas topé allí entre otros con este título de César Aira. Hacía mucho que no volvía al escritor argentino del que guardaba un desigual sabor de boca tras mi primer acercamiento a él con la lectura de Las noches de Flores, novela corta que leí en 2016 (¡hace ya diez años! Es increíble la velocidad a la que se pasan los años). 

Lo anterior explica esta entrada 'A pares' en la que reseño El error, publicada en 2010, y vuelvo a publicar (revisito) Las noches de Flores que el escritor argentino (Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1949) dio a luz en 2004. En ambas novelas hay elementos que permiten unirlas en una misma entrada. De ellas la principal, quizás sea la consideración del arte en sentido literario y pictórico que ambas nouvelles exponen. Pero vale ya de prolegómenos. Comenzaré por la novela recién leída.



El error
Estamos ante un auténtico experimento literario. César Aira me ha sorprendido con esta novela que en el fondo me ha parecido estar construida a base de relatos que como el discurrir de la vida se suceden unos a otros sin solución de continuidad. En el fondo esta manera de obrar es mostración de la propia realidad, de la propia vida en la que vamos topando con otras personas cada una de las cuales encierra una materialidad tanto o más interesante que la de aquel o aquello que propició el encuentro. Y así ad infinitum...

Es El error ejemplo de lo que el propio autor suele decir de sus ahora mismo ya más de cien títulos, que son «cuentos de hadas dadaístas» o «juguetes literarios para adultos». Y sí, efectivamente esta novela corta es clara muestra de esto y de su estilo literario. Un estilo que busca romper los moldes estrechos de los géneros impuestos por el propio devenir de la historia. Es amigo César Aira de hacer guiños a otras manifestaciones artísticas, principalmente en la novela que nos ocupa a la pintura, una manera diferente de narrar, sí, pero hermana de la literaria desde la noche de los tiempos.

Dentro de las varias historias, truncadas por el cruce con otras historias, que constituyen El error aparece una, sin duda alguna la principal, que es en sí misma un canto a la narratividad. Es la historia folklórica del bandolero Pepe Dueñas, cuyas incursiones delictivas, sus apariciones y desapariciones fulgurantes constituyen en el imaginario de El Salvador, país donde transcurre la novela, una auténtica leyenda. Las sucesivas y diversas acciones de este delincuente se producen siempre sobre el mismo fondo, el país centroamericano. Es como esos frescos surgidos en la edad media y muy caros a los pueblos hispanoamericanos tras su independencia para explicar su nacimiento e identidad. Quizás el autor más representativo de esto sea el mexicano Diego Rivera y su mural pintado en las paredes de la escalera principal del Palacio Nacional en la Ciudad de México titulado 'Epopeya del pueblo mexicano'. En este mural, al igual que en algunos frescos medievales o renacentistas como los pintados por Masaccio en Capilla Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmen de Florencia, vemos al personaje o personajes repetidos de manera sucesiva sobre el mismo fondo de manera que la lectura de izquierda a derecha es para el observador una clara narración continuada.

Efectivamente, esa es la técnica, trasladada al campo de la escritura literaria, que utiliza César Aira en esta 'nouvelle', en este 'juguete literario'. Se abre la novela ya en su misma portada con un simbólico ataúd que anuncia lo que se encontrará el lector adentrándose a través de esa puerta situada bajo el epígrafe de la palabra ERROR. ¿Qué es ello? Evidentemente el sentido del título es simbólico. Y en mi opinión es un juego, un guiño humorístico que Aira hace a los preceptores literarios: quien se adentre en esta novela verá que la misma no se atiene a ningún principio de los establecidos y consagrados por el canon.

Literatura argentina,
Y así lo comprobaremos los lectores: Dos parejas que pasean por un jardín en el que hay una construcción que alberga la obra de un afamado escultor; luego se salta a narrar la relación epistolar entre este escultor famoso y apartado de la vorágine del mundo y una presa encerrada a perpetuidad por asesinato; conoceremos la historia a grandes rasgos de esta mujer que machacó el cráneo de su marido con un lingote irregular de oro y que para evitar ser capturada huye al bosque; en el bosque conoce a un pequeño hombre, una especie de enano que la acoge, cuida y le anticipa que volverá al lugar del crimen; así lo hace y es apresada y condenada a cadena perpetua, condena que cumplirá en a cárcel "La Peña" adonde llega y ella, junto al resto de las presas, leerá la colección de novelas editadas por editorial La Providencia bajo el lema 'Historias que matan'; relata esta serie de novelas la historia legendaria de Pepe Dueñas inmerso en la Selva Cinco en donde se refugia escapando del incendio que él mismo provocó y contribuyó a apagar del Palacio donde estaba Neblinosa, la que sería su esposa; en esta selva correrá la aventura del gel de piedra; posteriormente Neblinosa se empeñará en arreglar la escultura del busto paterno que estaba a la entrada del Palacio de la Ciencia y Pepe Dueñas habrá de ingeniárselas para que tal deseo se haga realidad; y...

Como se ve por lo escrito arriba estamos ante una sucesión narrativa que parece no tener fin ni siquiera cuando llegamos a la última página de la novela. No es que estemos ante un final abierto, estamos más bien ante un final truncado, roto, suspendido... En fin ante algo nuevo, no habitual desde el punto de vista estructural.

Como ya percibí y dejé dicho por escrito en la reseña que en su día hice de Las noches de Flores, también El error, vista la novela desde la propia expresión lingüística utilizada, se acerca -si es que no lo es- al realismo mágico: exuberancia lingüística, referencias a pueblos indígenas (pipiles, mecas...), vocabulario de fauna y flora autóctonas (tero, bagre, porotos...), pero fundamentalmente ruptura de la lógica así como utilización en ocasiones de un lenguaje hiperbólico por demás

  • «De una fuente cercana al arroyo, pero independiente de este, brotaba un agua que no apagaba el fuego. Era difícil de creer, tratándose de agua que parecía perfectamente normal y potable, pero Eugenio le hizo una demostración convincente. Recogida de la fuente en un balde y volcada sobre una fogata, se deslizaba sobre las llamas sin oponerse a ellas» 
  • «cuando quería remendarle una media, encontraba que la aguja era más grande que la media, lo que hacía muy incómoda la costura»



Las noches de Flores
(reseña de 14 de septiembre de 2016)


César Aira, arte conceptual, muerte de la novela

Que el mercado del arte se utiliza de tapadera de la corrupción es “muy difícil probarlo dadas las características del arte en la actualidad. Y lo es. Dificilísimo. ¿Qué existe y qué no existe en el arte? Pero al mismo tiempo es facilísimo, basta con hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»…?”

La frase anterior sirve de cierre de este relato de César Aira aparecido por vez primera en 2004 y vuelto a reeditar ahora por Random House. Si, como en mi caso,  es la primera vez que se lee algo de este prolífico escritor y traductor argentino, sorprende su manera de hacer literatura. Leer "Las noches de Flores" ha sido para mí toda una experiencia literaria. Desde el principio esta novela corta de tan sólo 144 páginas destila argentinidad por todos los poros: Jorge Luis Borges, sin duda, parece entreverse en más de un momento; a mí, especialmente, me ha parecido presente en el personaje de Aldo quien dice que "aun siendo un gran olvidadizo, él podría recuperar, si se pusiera, todo lo que le había pasado en su vida", para a continuación, como hace el personaje de "Funes, el memorioso" en el cuento borgiano, desgranar el sistema utilizado para hacer tal cosa. También la atmósfera mágico-fantástica en que se mueven los personajes de este relato, y, especialmente, el personaje de Malvón-Nardo, tiene mucho de los Cronopios de Julio Cortázar. Véase si no la descripción que se hace de Nardo la primera vez que se manifiesta:
"Esto lo dijo un ser extraño, mitad murciélago, mitad loro, de un metro de alto, que se descolgó de un árbol al paso de los Peyró, y siguió caminando con ellos, con un garbo precario, sobre piernas demasiado cortas y zapatitos de goma roja"
Ernesto Sábato, literatura argentina La misma ambientación nocturna con ribetes delictivo-policiales en que se desarrolla la acción me ha llevado a pensar en otro de los grandes autores argentinos, Ernesto Sábato, y en aquellos escritos que presentan historias henchidas de 'pavura'. Los túneles que discurren bajo el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires me han hecho recordar la novela "El túnel" del magnífico escritor de Rojas en la provincia de Buenos Aires. 

Y es que -pienso yo- César Aira envuelve esta narración en claros elementos argentinos que van desde la tradición literaria que he señalado antes hasta el propio meollo del asunto que plantea: la búsqueda por parte de una pareja de jubilados -Aldo y Rosa- de fuentes alternativas de ingresos a fin de sobrellevar mejor la crisis en que la Argentina se encontró desde 1998 hasta el 2003, el año en que se sitúa la historia que se relata. Concomitante con esta terrible penuria económica que echó a miles de personas a buscar en los cubos de la basura estuvo el ascenso de la delincuencia, especialmente en forma de secuestros como el del joven Jonathan que está en el centro de esta novela corta.

Y como "piolín" [modismo argentino que significa 'cordel delgado de algodón, cáñamo o de otra fibra'] que soporta todo el planteamiento literario anterior estaría el vocabulario popular de la Argentina, de la ciudad de Buenos Aires y de Flores, el barrio donde nació y vive el escritor, y en donde ocurren los acontecimientos de esta historia. Son términos como 'bailantero', 'rubro', 'estada', 'chanchada', 'perspectivístico', 'vereda', 'chacra'..; pero también cambios en la modalidad verbal cual es la utilización del modo condicional en vez del subjuntivo: “Claro está que ese policía no estaría cumpliendo con su función, con el trabajo por el que le pagan, lo que no impide que tendría razón.”.

Las características señaladas hasta aquí son las que me han hecho más agradable esta novela. Luego hay otra importantísima, que no se puede dejar pasar, pero que a mi modesto entender César Aira no logra plasmar apropiadamente o si lo hace a propósito, como estoy comenzando a creer, aún yo no alcanzo a disfrutarla como debiera. Me refiero a materializar en el escrito que estamos leyendo la profunda reflexión que sobre el arte contemporáneo expone al final del mismo y que encabeza este post: 
"hacer coincidir «cualquier cosa» con «cualquier cosa»" 
Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire, CopiLlevada esta idea al extremo, como sucede en esta narración, todo es un cúmulo de coincidencias cuya disparidad nos hace pensar en errores inexplicables, descuidos, falta de planificación, engaños poco aceptables por parte del narrador... Pero no, yo pienso que el escritor es plenamente consciente de lo que hace y que lo que pretende es, con el producto que está construyendo, hacer realidad aquello que nos quiere exponer, que en definitiva -y a falta de conocer en profundidad sus ideas sobre arte moderno expuestas en su ensayo Sobre el arte contemporáneo que acaba de publicar en Literatura Random House- es que el arte es necesario para comprender la realidad, y no al revés como tantas veces se dice ante una obra de naturaleza conceptual.

Para la realización de esta reseña he buscado información en internet y ahí he encontrado un artículo de Javier Rodríguez Marcos publicado el pasado 28 de febrero en el diario EL PAIS que me parece muy clarificador al respecto. En lo esencial, sobre el autor César Aira, Javier Rodríguez escribe:
"A veces, sin embargo, un artista consigue engañar a todo el mundo y se hace pasar por novelista. Es el caso de César Aira. Los que sospechaban que sus libros eran solo una parte de trabajos más propios del arte conceptual que de la ficción al uso verán confirmadas sus sospechas en el ensayo Sobre el arte contemporáneo. Allí cuenta cómo abandonó su primitiva intención de ser Rimbaud y ser Premio Nobel cuando se topó con Marcel Duchamp. Ese día se dio cuenta de la 'inutilidad de escribir libros' y de la necesidad de hacer 'otra cosa'."
Curiosamente y en contra de lo que el escritor (o artista simplemente) argentino manifiesta sobre su abandono de la escritura, jamás ha dejado de escribir siendo uno de los autores más prolíficos, con más de sesenta novelas a sus espaldas. Si bien, también es cierto que en su faceta de conferenciante y ensayista los temas sobre la vanguardia plástica (Marcel Duchamp, el dibujante Copi), la vanguardia literaria (es especialista en la poeta argentina Alejandra Pizarnik) o los poetas impresionistas decadentistas franceses Rimbaud o Mallarmé han ocupado gran parte de su tiempo. Esto nos revela a un autor que entiende la creación artística no en compartimentos estancos sino como algo más extenso, más envolvente, más incluyente. De ahí que el autor de "Las correspondencias" [el soneto "Correspondances" de Baudelaire y su sentido se puede leer aquí muy bien explicado] sea uno de los poetas a los que él quiere parecerse ("Como todos los escritores, quiero ser un buen escritor, quiero ser Baudelaire", El País, 13 del XI de 2010).

Final
Con esta novela corta de César Aira me ha sucedido algo no muy frecuente en mí pero que cuando me acaece me gratifica y llena de satisfacción. Ello ha sido que tras una lectura fácil y ágil, me pareció percibir en la historia contada una ración de incongruencias superior a mi nível de permisividad (ciegos que ven, mujeres que son hombres, monjas que no lo son, hombres de orden que son delincuentes peligrosos, escritores que no lo son en absoluto, etc., etc.). No, me dije, esto no puede ser, por Dios. Pero como todo aquello que esconde más que lo aparente, al dejar reposar la lectura, ésta se me ha ido haciendo algo más inteligible, más motivadora..., y me han surgido deseos de leer más de este escritor para entenderle mejor, para ver si como él mismo dice es un escritor que no quiere serlo o si lo que desea es hacer algo distinto en línea con lo que otro personaje escritor del relato, Ricardo Mamaní, dice del arte en un momento de esta narración de manera "pedante y seguro de sí mismo":
"El arte está buscando siempre lo nuevo, y lo nuevo ha terminado identificándose con lo distinto. Se ha producido una reversión de causas y efectos, y ahora basta con que sea distinto. Y la realidad se define por lo distinto. Pero el crecimiento vegetativo de la población, y el aumento relativo de artistas en la sociedad contemporánea, ha multiplicado lo distinto artístico a tal extremo que hoy casi puede asegurarse que cualquier configuración de la realidad ha sido anticipada en el arte."
Algo lioso, sí. Pero como a mí ¿no os atrae saber por qué piensa así César Aira?

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Nota:
Han pasado diez años desde que escribiera la reseña sobre Las noches de Flores y aún no he leído el ensayo del autor "Sobre arte contemporáneo". Hay que ver cuántas cosas afirmamos que haremos para luego olvidarlas durante años y años. A ver si esta vez no me sucede así.


19 mar 2026

Ana Campoy: El paracaidista

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«Porque, cuando la Cascas Vieja había vuelto a mirar, cuando abrió las cortinas y salió de la alcoba, solo tuvo ojos para su primer hijo, el Cascas Grande. Y la hija se conformó porque ella no era varón y una mujer siempre tiene que aguantarse. Pero si en todo ese tiempo no hubo nada para ella, tampoco habría atención para otra, y menos para la hija de la tintorera.»

El paracaidista, Ana Campoy
Hasta la aparición de esta novela, la madrileña Ana Campoy era conocida fundamentalmente por sus obras dirigidas a un público infantil. El paracaidista lo publica el año 2024. La historia que se relata está situada en el mundo rural andaluz, seguramente jienense. Según avanzaba en su lectura por momentos venían a mí resonancias lorquianas. Un lenguaje poético con una alta carga metafórica es el que la autora utiliza para presentar un mundo escindido por la mitad entre opresores y oprimidos. Situado en la primera etapa de la posguerra están aún muy presentes las violencias de la Guerra Civil, las venganzas, las denuncias, los tiros dados en las tapias del cementerio, los suicidios por no poder resistir vivir entre tanta pobreza e injusticia, los ajusticiamientos realizados por algunos particulares sabedores de que la justicia no existiría para ellos, las violaciones... Un mundo, en definitiva, en el que la muerte (la 'sombra' en la novela) ronda constantemente.

Es una historia en la que hay cabida para la magia, la creencia en la superchería (los sanadores), el deseo, la huida entre vapores alcohólicos... Un mundo en el que las mujeres se erigen como base firme para hacer viable la vida y hacer que los propios prosigan en ella aunque sea a costa de su propia vida.

Pese a su brevedad (133 páginas) la novela es densa. La lectura no me ha resultado muy fluida al principio, si bien a partir de la mitad parece que cobra ritmo y todo comienza a desarrollarse de manera más ágil. Quizás la sensación de farragosidad deba bastante a los nombres dados a los personajes. Son todos ellos motes o apodos (la Tuerta, los Cascas [el Cascas Viejo, la Cascas Mediana, el Cascas Canijo...], la Berzas, el Chico, la Muda, el Tintorero...) que dificultan la ubicación exacta de los mismos en el universo familiar correspondiente. Este hecho, unido a la frecuente anticipación de sucesos presentados como si ya fuesen por todos sabidos, provoca que el texto en su primera parte dé la sensación de congestión.

Muy importante e interesante en El paracaidista es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje cargado de poeticidad. Ana Campoy hace uso de un buen número de metáforas e imágenes que no sólo embellecen el texto sino que hacen que éste penetre de mejor manera en el lector:

  • [las mujeres] Iban de un puesto a otro con sus capazos, cargados de alimentos y de relatos
  • el pavor curvándole la espalda
  • La frase se le fue a Molienda como se le escapa al viejo la orina
  • Desde la alcoba, bajó hasta la cocina con el daño goteando
En ocasiones es la alegoría el recurso que conquista el relato

«Las criadas de los Cascas se buscan en las esquinas. La planta baja con tanta tarea, y ellas venga a darle a la rueca de la lengua. A hilar la retahíla. No atienden a los quehaceres con tal de despistarse. Y es que hay mucha hebra aquella tarde.»

El duende lorquiano invade el texto con fortuna las más de las veces:

  • «la pared encalada. La del patio, que ahora es de luna pero que casi no tiene reflejo.»
  • «El viento baja por la ladera. Congela el monte el rumor del agua que dice, que cuenta, que a la Barda la han apresado y la han llevado al penal.»

La historia la distribuye la autora en cinco apartados que conforman una trama que va de dentro hacia afuera: Desde lo interior doméstico (La Casa y El Pueblo) a lo exterior y último que tiene lugar al salir fuera de la Casa y del Pueblo de manera provisional o definitiva (La Luna y La Sombra). El fiel de la balanza lo constituye el tercer apartado titulado Los Caracoles. Estos moluscos son los auténticos agentes pasivos de la tragedia que en la novela se relata. Porque eso es la novela, una tragedia, más pequeña en tamaño de la que supuso la Guerra Civil pero idéntica en las causas y los efectos. Con razón en un momento del relato se lee:

«los Cascas habían ganado la guerra y todavía seguían ganándola aun sin luchar, que es la mejor manera. Hacerse con las ovejas, las olivas y las tierras. Con el sudor y las manos de los otros. El mejor modo de ganar. Quedarse con todo. Ganar para escribir las reglas.»

Para finalizar quisiera resaltar de nuevo la fuerte raigambre lorquiana de la historia. Además de lo ya dicho respecto al lenguaje, la localización rural andaluza entre olivares y la relación de poder entre personajes remite -al menos a mí así me lo ha sugerido- a Federico. Lo que más me lo parece es esa manera de relacionarse entre la Alcuza y la Cascas Mediana, o sea entre la criada principal de la Casa y la señora de la misma. Algunos diálogos como el mantenido entre ellas sobre una sobrina el día que entierran al Cascas Grande parecen propios de Bernarda Alba y la Poncia:

«—¿A ti te parece bien? ¿Pintada como una cualquiera?
—Yo solo digo que, por muy fuerte que aprietes, la lazada al final se suelta.
—Por eso mejor cuerda de esparto. Nada de hilos de seda.
—No exageres.
—En esta casa somos gente de bien.
—Pero tú por eso no has de temer. Tu hija es de buen linaje. No va a seguir los malos senderos.
»
Me parece interesantísimo la manera que tiene Ana Campoy de presentar la narración. Es un narrador externo en tercera persona que maneja con fruición el estilo indirecto libre logrando que los lectores nos sintamos dentro de los hechos narrados. 
«Los odios antiguos todavía perduran, aunque bastante haya llovido sobre las banderas. Qué sentido tiene mirar hacia lo que ya está pasado, si la guerra quedó lejos y los uniformes se quedaron doblados en los arcones. Que ya nadie lucha ni mata. Ahora el pueblo es otro y la gente solo quiere paz. Y trabajo. Porque lo más decente es ganarse el jornal.» (escribe el narrador diluyéndose en la boca o el pensamiento del Cascas Canijo)
Ana Campoy autora de "El paracaidista"
Efectivamente, Ana Campoy gusta de difuminar la figura del narrador y es por ello que también utiliza con mucha frecuencia el estilo directo libre, o sea, sin verbos introductores; ejemplo de esto último es el diálogo citado poco más arriba entre la Alcuza y la Cascas Mediana. También está presente en el muy vivo diálogo mantenido por la servidumbre de la casa de los Cascas a propósito de la exhibición que la Tuerta elegantemente ataviada realiza por el pueblo. 

Muchos recursos literarios hay en esta novela corta. La suma de todos ellos más la historia narrada dan al relato un tono cercano al realismo mágico. Podrá ser mera casualidad o simple deseo mío, pero leyendo esta historia situada en tierras jienenses su tonalidad, el asunto, ciertos comportamientos de algunos personajes...  por momentos todo ello junto me ha hecho recordar a David Uclés y su renombrada obra La península de las casas vacías a la que dediqué una elogiosa reseña en este blog. Desde luego esta cuestión e incluso la presencia o no de realismo mágico sería tema para un interesante debate.
«Sólo el fuego sabe lo de la niña muda y sus poderes. Eso que la niña entiende y que ve en los demás. Porque la niña muda no solo escucha a las llamas, también tiene visión de todo lo que a los del pueblo les queda por decir. Lo que querrían hablar porque les rebosa de las tripas, y cómo después nunca se atreven y el ardor les quema la frente, y más tarde los sesos. Uno por uno los oye frenar las ideas. Dejarlas al filo de la  boca y dudar si empujarlas o no al vacío.»

El paracaidista es la primera incursión de la novelista madrileña en la narrativa no dirigida para un público infantil. En el campo de la literatura infantil Ana Campoy tiene más de una decena de títulos en las librerías. 

Nota final
Tuve oportunidad ayer mismo de participar en la tertulia que sobre El paracaidista tuvo lugar en en Club de Lectura de La Casa del Libro de la c/ Fuencarral  de Madrid. Sandra, coordinadora de la Tertulia, presentó a Ana Campoy, la autora de la novela, quien con una enorme vitalidad y entusiasmo explicó el proceso de gestación de esta su primera novela dirigida a un público adulto. Todo lo que contó me gustó, pero quizás lo que más me interesó fue la referencia que hizo a la mítica que desde la Grecia antigua hasta hoy permea nuestra cultura y tiene fuerte presencia en su libro. El mito de Aracne y la tragedia de Antígona son a este respecto los elementos más relevantes: el primero en cuanto a la forma dada a la novela y la manera que tienen actores y lectores de conocer los hechos que en ella suceden; el segundo, más en el plano del contenido, referido a la injusticia que representa negar al vencido el descanso eterno en el lugar que le corresponde. También me pareció revelador, referido a la mítica, la importancia que para la escritora tuvo la lectura en El Español de un artículo titulado El triángulo de los suicidas: en los pueblos donde quitarse la vida es una costumbre. Este artículo fue el aldabonazo final que la decidió  ponerse de lleno con El paracaidista.

Ana Campoy
Pero, quizás, lo más llamativo para mí fue contemplar el "making of" que Ana Campoy desplegó ante quienes, encantados, estábamos escuchándola. Contemplamos los elementos del proceso creativo: el cuaderno en el que a lo largo de varios años fue escribiendo relatos que le inspiraban las confesiones de sus abuelos jienenses y donde apuntaba cuantas posibilidades o ideas se le iban ocurriendo para ir conformando una posible novela que aún no tenía decidido escribir; una especie de "evidence board" en el que a base de post-its de colores había ido diseñando la estructura de la historia; y por último la "escaleta" en la que ya aparecía debidamente organizada la trama. 

Tras las palabras de la novelista, los asistentes a la tertulia le transmitimos dudas, le hicimos preguntas, le destacamos aciertos, le pedimos aclaraciones... Y Ana Campoy dio respuesta a todo y a todos. Fue una muy interesante tertulia. Muchas gracias, Ana


25 dic 2025

Juan Carlos Onetti: "La novia robada"

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Juan Carlos Onetti: "La novia robada"

«Era imposible que toda la ciudad participara en el complot de mentira o silencio. Pero Moncha estaba rodeada, aun antes del vestido, por un plomo, un corcho, un silencio que le impedían comprender o siquiera escuchar las deformaciones de la verdad suya, la que le habíamos hecho, la que amasamos junto con ella.»



Juan Carlos Onetti
La calidad jamás guarda relación obligada alguna con la extensión. Lo sabemos desde siempre. La bondad de un libro no depende de su tamaño. Siendo verdad, sin embargo es cierto que hoy se publican en ocasiones libros de gran número de páginas y virtudes literarias más que cuestionables; igual que se publican otros mucho más breves cuya bondad es por todos alabada. Como digo no es regla de oro, pero no cabe echar en saco roto el dicho popularizado por Baltasar Gracián de "Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo".  Este proverbio le va como un guante a La novia robada del uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-Madrid, 1994), una novela breve, corta, que encierra una gran calidad en su interior. Siguiendo con Gracián a este cuento largo o breve novela cabe aplicarle también la frase de su Oráculo manual, "Mejor intensión, que extensión". Pues así es, claro que sí.

La novia robada (1968) es una muestra perfecta de realismo mágico de la literatura sudamericana, si bien, y según dicen todos los expertos en su Obra, Onetti se sitúa en una zona marginal del mismo con un estilo más existencialista, más pesimista. Así es en este cuento o, por su densidad, novela corta, en el que un narrador colectivo en primera persona —los viejos, que habitualmente se reúnen en el entorno del Hotel Plaza de Santa María, territorio mítico creado por Onetti ya en sus primeras novelas de los años cuarenta del siglo pasado—, cuenta la historia (real, irreal, pasada, futura, intemporal) de Moncha Insaurralde. Algunos personajes habitantes de Santa María, espacio aparecido por vez primera en su novela "La vida breve" (1950), son citados o tienen protagonismo en La novia robada. Están Brausen, una especie de Dios creador, alter ego del propio autor, que es quien en esa primera novela inventó dentro de la trama novelística la ciudad ficticia de Santa María y los personajes que en ella habitan. De éstos, como digo, en La novia robada aparece específicamente uno, el doctor Díaz Grey. Es este doctor quien a la protagonista Moncha Insaurralde, retornada desde París, a su pregunta de  «me voy a casar o me voy a morir» respondió con un inequívoco «Usted se va a casar», frase que ella completó, también de modo irrefutable con un «Y me voy a morir».

Estas dos frases son las que marcan la historia. Una historia surreal, que abandona las coordenadas espacio-temporales que conocemos para llevarnos a una zona incierta (Santa María) en un tiempo más incierto todavía: 
«El inevitable Díaz Grey trató de recordarla, algunos años atrás, cuando la huida de Santa María, del falansterio, cuando ella creyó que Europa garantizaba, por lo menos, un cambio de piel.». 
Por si lo anterior fuera poco, los mismos actores se cuestionan a sí mismos, perciben su irrealidad. Moncha Insaurralde, cuando Díaz Grey afirma no ver en ella síntomas de enfermedad alguna, le dice:
«No sé por qué vine a visitarlo. Si estuviera enferma hubiera ido a ver a un médico de verdad. Perdóneme, Pero algún día sabrá que usted es más que eso
Este es el ámbito en que se mueve el relato: la irrealidad, la evanescencia, lo surreal, la magia, lo inexplicable... 

Moncha Insaurralde retornada a Santa María se encerrará tras los muros de su casa y no será vista por nadie. Ella aspira a casarse por la iglesia con Marcos Bergner, vividor y borracho. Los casará el cura Bergner en la Catedral. Sólo hay un problema que comunica al lector el narrador colectivo: hace años que ambos Bergner desaparecieron de este mundo. No sabemos si Moncha también está desaparecida, pues nadie la ha visto desde su regreso (a la consulta con Díaz Grey acudió aprovechando la solitaria hora de la siesta). Lo único que sí se conoce es el vestido de novia que durante años estuvo confeccionando. Hay quienes dicen haberla visto vestida con él esperando en el Hotel Plaza a su enamorado Bergner; otros afirman haberla visto paseando a bordo de un lujoso, pero ruinoso coche.... Todo se confunde en la neblina que cubre Santa María que hace imposible calcular los tiempos, las realidades, los sucedidos. Además la memoria de los viejos, ya se sabe, es caprichosa y volátil, sobre todo volátil.  

Realismo mágico latinoamericano, Literatura uruguaya
La lectura de La novia robada ha despertado en mí el interés por Juan Carlos Onetti, un autor del que tan sólo había leído, ¡hace ya muchos años!,  su novelita titulada Los adioses del año 1954 y de la que apenas si recordaba algo. La novia robada ha reavivado en mí el recuerdo de esa ciudad mítica creada por el autor, que ya aparecía en Los adioses. Es por ello que ahora quiero leer alguna de sus principales novelas, cuyos títulos y asuntos conozco, pero que en verdad a día de hoy aún no he leído: La vida breve (1950), El astillero (1961) o Juantacadáveres (1964). Espero entender mejor así el mundo creado por este uruguayo en torno a Santa María.




11 dic 2025

Rafael Soler: La pistola de mi padre

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«La vida está llena de encrucijadas, caminos distintos, giros de guion que te obligan a decidir y pagar luego las consecuencias, o disfrutarlas. Porque vivir es decidir, aunque no quieras, que esa es otra, cuando es la vida quien decide por ti y apáñate, merluzo, que tiempo has tenido y la mano viene fuerte.»

Rafael Soler en La pistola de mi padre, su última novela, cuenta la relación entre los miembros de una familia: los Cortázar. Una familia formada por el padre, Aníbal "El Jefe", la madre, doña Rosario, y los dos hijos tenidos en común: Carlos, el mayor, divorciado de Esperanza con quien tuvo a las mellizas, e Isabel. Estos dos hijos tienen veleidades escritoras: Carlos quiere ser escritor, hacer por fin una novela aprovechando los episodios de su propia familia, e Isabel, que padece de bipolaridad, es una escritora secreta que en su "Diario", escrito por recomendación médica, hace gala de innovaciones y libertad creativa.

Como sinopsis poco más cabe decir de esta novela. Quizás, el mejor resumen y breve análisis crítico de la obra sea el que figura en la contraportada del libro realizado por el escritor Luis Landero quien, en palabras de Manuel Turégano Moratalla, es  «el mejor lector de Rafael Soler»:
«La pistola de mi padre es la historia de una familia contada por un narrador insólito. Pero los asombros que nos reserva su lectura no están solo en el decurso de la fábula sino en cada capítulo, en cada página y cabe decir que en cada línea. Su prosa creativa, plena de hallazgos expresivos, la esgrima verbal de los diálogos, la sorprendente variedad de recursos narrativos, la originalidad y fuerza de los personajes, el ritmo narrativo sostenido y vibrante, y el condimento de un humor que es también exclusivo de este escritor extraordinario, convierten La pistola de mi padre en una obra excepcional.»
Estamos ante una obra coral, una novela de personajes en la que cada uno, desde su posición, aborda la realidad social y familiar de ahora y de ayer. La familia Cortázar vive su cotidianidad, su normalidad, dentro del contexto español e internacional. Dicho contexto viene marcado por unas fechas esenciales:  11 de septiembre de 2001, atentado yihadista contra las Torres Gemelas neoyorquinas, marca el presente de la historia que se relata. Desde ese presente se cuenta la vida de esta familia con frecuentes vueltas atrás cuyas fechas esenciales son: 23 de febrero de 1981, intento de golpe de estado en España; 15 de junio de 1977, primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco; 21 de diciembre de 1959, día en que los Cortázar llegan a Madrid procedentes de Castellón coincidiendo con la visita que en idéntica fecha está realizando el presidente norteamericano Ike Eisenhower. 

Son cinco los personajes de esta novela que intervienen activamente en la trama y uno que, ausente, condiciona o ha condicionado no poco la vida de la familia. El ausente es Roberto, el tío Roberto, hermano de Aníbal y cuñado de Rosario.

El Jefe, Aníbal o Atila como lo llama su mujer en ocasiones, es un personaje cautivador, un padre normal. Diría yo que es un buen padre que hace todo lo posible y hasta lo imposible por sacar adelante a su familia: abandonará Castellón y su profesión de vendedor de colchones por la costa mediterránea desde Castellón a Gerona para trasladarse a Madrid y abrir un bar, El Cafetal, siguiendo las locuras de su embaucador hermano Roberto. En un tiempo (la época del presidente Adolfo Suárez y la transición), Aníbal llegó a ser asesor de políticos a los que hacía discursos y cosas así.

Rosario es una madre abnegada, que desea que su hija Isabel retorne a la casa familiar de la que está ausente por haber sido ingresada una temporada en el frenopático. Entiende a su marido, a pesar de que la haya engañado alguna vez, lucha por que su hijo Carlos y su marido se reconcilien y dialoguen, que hablen. En secreto graba cintas donde vierte sus deseos y preocupaciones.

Carlos es un divorciado reciente. Su esposa Esperanza le echa en cara sus infidelidades y la escasa atención que hace a sus hijas mellizas. El desea hacerse escritor, pero lo más que ha escrito son relatos. Escribe bocetos de escritos aprovechando informaciones y sucesos familiares.

Isabel es la díscola de la familia. Sufre trastorno de bipolaridad que le hace estar desinhibida y soltar lo que de verdad opina. No tiene pudor alguno en ese sentido. En 2001, el presente desde el que se relata, está ya en una edad que le hace sentir que la maternidad pasó de largo. Me ha recordado mucho en su relación con Rosario y en sus manifestaciones por escrito al Leopoldo María Panero de la película "El desencanto" de Jaime Chávarri. Canta las verdades del barquero a todos. Isabel, Isabelita, es una «cuerda de atar», igual que lo eran Panocha, Pulga, Tomás, Coronel, Rocky y Carmina, los protagonistas de Necesito una isla grande, la novela inmediatamente anterior a La pistola de mi padre.

Tío Roberto aparece siempre citado en las partes narradas. Es un vividor, un embaucador, un canalla cautivador, que aparece y desaparece de la vida de los demás según a él le vaya en ella.

La historia que cuenta la novela se organiza en 31 capítulos que, salvo los dos o tres últimos, presentan la siguiente estructura: 
  • Diálogo vivo y directo entre personajes. Esta parte dialogada directa  ('esgrima verbal', la denomina Luis Landero) no presenta acotación narrativa alguna. Se desarrolla a lo largo de nueve horas del  día 11 de septiembre de 2001, desde el mediodía hasta el momento en que Aníbal va apagando las luces de la casa y deseando un buen descanso a su mujer e hijos. El 11-S, el día que de verdad dio comienzo el siglo XXI, es el fondo contextual de la historia narrada. 
  • Una parte narrativa contada por un "narrador insólito" landeroniano (el quinto personaje),  cuya identidad yo no desvelaré aquí, pues pienso que su descubrimiento por parte del lector es parte esencial del disfrute de esta novela. Quién sea este insólito narrador hace que, cual si se tratase de un domestic noir típico de la gran Agatha Christie, la mente de los lectores vaya adscribiendo y de seguido desechando posibles narradores. Sólo diré que este sorprendente relator forma parte de la familia desde hace unos sesenta años.
  • Las cintas de Rosario. La madre y esposa abnegada expone en ellas sus dudas ante la vida familiar, sus deseos ocultos, en definitiva... sus secretos más íntimos. 
  • El Diario de Isabel. Es realizado por Isabel, Isabelita, la hija del matrimonio que sufre periódicamente de episodios psiquiátricos que la llevan a pasar temporadas ingresada en el frenopático. Lo escribe como terapia por recomendación de los facultativos que la atienden. 
  • Los relatos de Carlos y lo que su preparación y realización conlleva: toma de notas para escritos posteriores, esbozo de guiones cinematográficos, borradores de relatos literarios, poemas... 
De gran interés y gran acierto me parece la manera utilizada por el novelista para transitar de unas a otras partes en estos capítulos. Lo hace al estilo del juego de las palabras encadenadas. Quiero decir que aprovecha la alusión a un hecho o a un personaje realizada al final de una para dar paso con ello a la siguiente. Así, dentro de su complejidad, el relato fluye de modo natural.


Sobre el estilo de Rafael Soler reconocible en esta novela poco puedo añadir a lo ya dicho por mí aquí en las reseñas de otros títulos suyos. Tanto los innovadores y sorprendentes procedimientos utilizados en las novelas anteriores a su entrada en pausa, o sea las escritas hasta 1985, cuanto en las que siguieron a El último gin-tonic, el libro con el que en 2018 el autor retornó en narrativa de su voluntario silencio literario, se encuentran en La pistola de mi padre. Señalaré algunos, pero remito a mis reseñas de sus anteriores novelas para entender mejor la maestría novelística de este valenciano radicado en Madrid. 
  • Hibridación y mezcla de géneros literarios: Rompe Soler con la dictadura de la norma señalada tradicionalmente para las narraciones. Así, en la novela, como ya he dicho al hablar de la estructura de los capítulos, mezcla sin solución de continuidad procedimientos discursivos: lo  dialógico, la narración, la descripción, la reflexión del ensayo, lo propio del teatro y también alguna que otra muestra estrófica poética. 
  • Libérrimo empleo de los signos de puntuación. Esta innovación, típica en sus primeras novelas, reaparece en La pistola de mi padre. Rafael Soler gusta de un lector activo, un lector que se esfuerce en la inteligibilidad de lo que tiene ante él constituyéndose en coautor de lo leído. Asimismo realiza muchas veces mezcla de planos discursivos y de temporalidades narrativas. Una muestra de estos procedimientos puede verse en esta cita:
«En aquellos años nuestros por los madriles, prohibido el juego pero no me cuente usted monsergas que aquí nos tiene a su servicio, tenía la ciudad esa pátina gris de las ciudades con poca esperanza, chuzos de sereno abriendo los portales, kioscos con la noticia del día en titulares de acarreo, reuniones en cafés para cambiar cuanto había por cambiar, que mucho era, discretos confidentes infiltrados para mejor salud del Régimen, que esa era la palabra, el Régimen a mayor gloria de don Francisco, todo termina algún día, mucha fuerza, confiemos.»
  • Metaliteratura. En esta novela el proceso de creación es muy visible en Carlos, alter ego de Rafael Soler. Sirva de muestra la cita siguiente, cuando realizando el esbozo de un futuro relato el personaje reflexiona sobre su propia manera de escribir:
«Tres zangolotinos a por todas cuando que llega un tal Garrido, y a remar tocan.
La vida como apuesta, el riesgo de vivir sin causa. Siempre aparece un Garrido para giros de guion cuando estás en lo mejor. Porque siempre estamos sin saberlo en lo mejor de lo peor.
Anda, machote, cuéntanoslo sin esos trabalenguas tan tuyos que se van por las ramas.
»
  • Procedimientos narrativos diversos. Como es habitual en él, Rafael Soler en sus novelas utiliza múltiples técnicas narrativas como el flujo de conciencia, el monólogo interior, la mezcla de planos discursivos, la mezcla de temporalidades narrativas, etc. Quizás sea el personaje de Isabel el que más innovaciones formales incorpore a través del Diario que le ha recomendado escribir el doctor Palanganas
➢«Está bien escribir lo que te viene, así, sin pensarlo,  y ya lo leerás más tarde a ver qué encuentras. Un caballo, por ejemplo. Que vaya si me gustaría ser caballo, y Palanganas con su cara de gilipollas, atiza, que no se lo esperaba pero es mi única verdad verdadera. [...] (Sábado 29 de noviembre, creo)»
«Este texto lo ha escrito una cristiana española y protestante con una biblia protestante [...]  Yo me deslizo vacua por las sendas del pecado y la misericordia.
Directamente de las homilías católicas. 
Con la biblia de Matusalén.
Biblia oficial de todos los teólogos católicos.
He dicho Jerusalén. [...] (Noviembre de los metales. 1996
«Donde esté quien todos sabemos pastoral, cn su pan se lo coma.
Mi pan, no. Mi pan es el baile tetas de cristal, miradme, de monja puterío esclava.
Hablo en serio. (Octubre de si te veo no me acuerdo. 1997)»
  • Culturalismo: Cine y Música.
  • El Cine.   El autor muestra en La pistola de mi padre el aprecio y la influencia que en toda su obra tiene el Cine. Alusiones al séptimo arte vemos en Isabel cuando en su Diario se refiere a su padre con la frase del personaje Darth Vader de Star Wars («A mí me hizo mucho daño Dark Vader con eso de yo soy tu padre»), o cuando hablando de las Olimpiadas de Barcelona dice «les veo venir Blade Runner de lejos aunque disimulen con bombín, o en bicicleta. Barcelona estará llena de replicantes modelo 82, que es cuando salieron a la luz de las pantallas inocuas, y siguen.» Así mismo, en uno de los relatos ideados por Carlos, podemos leer en una especie de metaficción Cine-Literatura lo siguiente:
«Si fuese una película, plano general con zoom de los dos camaradas. Papá pegado al suelo, hasta que la cámara se acerca mostrándonos su rostro asustado.
[...]
Si fuese una película, plano con zoom muy lento, que nos muestra a las dos cabezas acercándose, con mucho esfuerzo y mucha dificultad, pero acercándose»
 
  • La música. Existe la música popular que escucha Isabel a quien los Shadows le encantan y que casi casi pasan a ser unos personajes más en las partes donde ella interviene. Por otra parte la musicalidad es inherente a la prosa de Rafael Soler, algo lógico dada su condición de poeta. La cita anterior en la que los párrafos se inician con la misma secuencia sintagmática puede servir de ejemplo -mínimo, sin ninguna duda- de lo que señalo. Y no puedo obviar dentro del capítulo de la musicalidad y poeticidad, el gusto del autor por el vocabulario popular, los refranes y las frases proverbiales. Están por doquier: "salabre", "y vuelta la burra al trigo", "lo primero es antes", "la pera limonera", "se te ve el plumero ", "lo que no suma, resta", "la misma que viste y calza", "que no te enteras, Contreras", "me las piro vampiro"... Contribuyen estos paremias a inocular en el relato frescura y un evidente tono vivo y ameno que hace que La pistola de mi padre se lea con agrado y satisfacción.
  • Humor. Quiero finalizar esta reseña, que está siendo ya más larga de lo que conviene, con una referencia al humor que hay en la novela. Es un humor elegante, yo diría que natural; no radica en el chiste chocarrero o la expresión burda que busca la carcajada. No, para nada. El humor que hay en esta novela es sutil y podría decirse que envuelve toda la narración. En mi opinión el principal elemento que, tras finalizar la lectura, nos dibuja en los labios una sonrisa, es el deliberado ocultamiento y consiguiente suspense sobre quien sea el narrador; el autor no lo desvelará hasta casi el final del relato, a falta tan sólo de 20 ó 30 páginas. Este juego con los personajes y con el propio lector es inteligente y sin duda ingenioso. Luego estaría el humor derivado de los diálogos entre los miembros de esta familia; de puro normales y reconocibles que son ambos -los Cortázar y sus palabras- también nos hacen sonreír.
  • Rafael Soler y Luis Landero en febrero de este año en la SGAE en la presentación de La pistola de mi padre

    A mí, sin  lugar a dudas, lo que más gracia me ha hecho es un chiste privado, un guiño que hace Rafael a su propia vida real. Está el mismo situado en una nota que su alter ego, Carlos, realiza en el capítulo 26 de la novela al final de un escrito suyo que titula «Tratamiento de guion para un corto que merezca ese nombre». Allí podemos leer: «OJO: ¿Se venden armas en un mercadillo? Lucía dice que no. ¿Cambiar a tienda de anticuario?»

    Como lector seguidor de Rafael Soler entiendo que Lucía es una referencia directa, un deliberado homenaje, a su propia esposa Lucía. Además del toque emotivo y muy humano, lo que revela la cita es la manera que tiene el novelista de entreverar con sutileza y perfección la realidad con la ficción. Precisamente, el humor sirve muchas veces para dar ese salto, para romper esa línea roja, para demostrar que ficción  y realidad son caras de la misma moneda. 

    Finalizo ya
    Esta dualidad realidad - ficción y el tránsito que entre ellas se realiza hacia un lado y el otro es patente en la analogía que en La pistola de mi padre se establece entre la Historia y la historia familiar. Así tras una conversación entre Carlos y Aníbal a propósito de las elecciones habidas en España en 1986 y en las que El Jefe colaboró con el partido de Suárez, el narrador insólito reflexiona sobre la Historia y sus personajes reales (Alfredo Fraile, Chus Viana, Adolfo Suárez, Alfonso Guerra...) y los de la propia historia familiar de los Cortázar calificando a cada uno de los cuatro personajes de ficción (El Jefe, Rosario, Carlos e Isabel): 

    «La Historia es un bazar donde no siempre encuentras lo que buscas, por grande que sean necesidad y empeño. [...] La Historia, mal que bien, es asunto de vencedores, y su revisión tarea de vencidos cuando la oportunidad asoma.
    [...]
    Todos somos también el personaje que vestimos al salir de casa para no defraudar a los demás, y de personaje a personaje en el camino queda lo que realmente eres y nadie sabe»

    18 sept 2025

    Aleksandra Lun: "Química para mosquitos"

    9 comentarios:

    «Los insectos entienden el tiempo porque tienen muy poco. Su vida es corta. Un mosquito vive una semana. Una mosca, un mes. Una luciérnaga, dos meses. Cuanto más larga la vida, más se pierde uno en el tiempo y menos lo entiende.
    En la nave era fácil entender el tiempo porque todo sucedía en el mismo instante.»

    Aleksandra Lun
    La ficción que se cuenta en Química para mosquitos de Aleksandra Lun se inicia en 1977. Ese año nace la niña que está narrando en 2ª persona su propia historia. Lo que se nos relata sucede en un país indeterminado de la Europa del este que va a pasar en 1989, como sucedió a todos los que estaban al otro lado del telón de acero, a la órbita de las democracias occidentales. En este país escuchamos hablar a una niña que se siente como extraña a sí misma. La extrañeza se marca estilísticamente en el uso de la segunda persona como si ella misma estuviese dirigiéndose a su segundo yo. La sorpresa no queda sólo aquí; mucho más sorpresivo es escucharla hablar de su pseudopadre y de su pseudamadre. Esta denominación es una incógnita en la cabeza del lector que se ve agigantada cuando la madre comienza a cuestionarse si no le cambiarían a la niña en el hospital donde dio a luz. Por si esto fuera poco la niña, de la que no sabemos su nombre tiene una constitución física algo extraña: un brazo demasiado largo y un omóplato del que parece estarle creciendo una especie de miembro alado. Además es una niña enfermiza que se pasa varios meses en un hospital y en una especie de residencia para enfermos con enfermedades raras.
    Si la constitución física de la niña ya es extraña, más lo es aún la percepción que ella confiesa tener de lo que comunican con sus cantos pájaros e insectos. 
    «Los pájaros cantan historias. Los insectos también, pero mejor, más profundas, más lejanas, [...] El tacto de las patas de las abejas es familiar. Las picaduras son repentinas, arrítmicas. Las abejas cantan sobre el pseudoabuelo, el marido fallecido de Helena, [...]»
    Es la narradora una niña distinta, diferente. Del resto de los personajes destaca Helena, la abuela de la narradora, la única persona que entiende que la niña no es como el resto de seres humanos. Quizás sea por eso que su nieta no la considera 'falsa' como a sus ojos lo son propios padres y el abuelo a los que jamás da nombre sino que los despacha con el prefijo 'pseudo' antepuesto a su rango familiar (madre, padre, abuelo).

    Helena, la abuela, representa el mundo tradicional en vías de extinción tanto bajo el régimen comunista de economía planificada cuanto ahora en el capitalista. Motyl, un vecino relojero por afición que se emborracha con frecuencia, salvó una vez a la niña de una posible muerte. La madre, química de profesión, viaja a Corea del Norte y recibe al director coreano cuando éste devuelve la visita. Este coreano parece tener una gran preocupación por una central nuclear que hay al borde del mar Báltico. El padre de la niña, trabajador en la empresa química como la mayoría de los que viven en la ciudad es ingeniero en la misma. El trabajo principal de esta industria química es la fabricación de planchas de plástico para las exhibiciones patrióticas de exaltación al líder en Corea del Norte.

    Junto a los anteriores personajes están los mosquitos, seres antiquísimos, que al igual que los niños son muy poco tenidos en cuenta a pesar de que en sí mismos alberguen una importante información. La principal de estas informaciones es la consideración de lo que en verdad es el tiempo. Las piezas de ámbar que encierran en su interior a mosquitos paralizados en el tiempo desde hace millones de años y que acompañan a varios de los personajes tienen peso evidente en la historia. El tiempo en el interior de estos dados de resina de ámbar parece haberse detenido, no tener principio ni fin. En el mundo actual la resina es de polímero plástico en cuya superficie también de vez en cuando quedan pegados insectos. Los seres humanos consideramos fallidos las planchas en las que aparecen insectos, no comprendemos la información que estos seres venidos de la noche de los tiempos nos están transmitiendo:
    «El tiempo no se puede medir -le decía la niña-, sólo se puede observar. El único instrumento capaz de reflejar el tiempo es un reloj de arena. Un reloj de arena no muestra un momento del tiempo, como los demás relojes. Sólo muestra el flujo del tiempo»
    Lo anterior se lo decía la niña a su pseudopadre a propósito de los relojes sin manecillas de Motyl, el vecino relojero. La niña, como Motyl, como el jefe norcoreano, como el padre de acogida francés Luc, como la propia Helena, tienen una concepción del tiempo y de ellos mismos distinta al resto de personas que viven abismadas en el fárrago de las ocupaciones diarias. Frente al tiempo medible  (sistema comunista, luego capitalista; minutos, horas, días, semanas, ....; paso de la agricultura tradicional a la moderna; etc.) está el tiempo continuo, imposible de medir, el tiempo que sólo fluye, en el que todo sucede al mismo tiempo, nada muere porque antes de hacerlo ya está siendo sustituido por otra cosa semejante en todo a la anterior... Este tiempo, que podríamos denominar "eterno", se identifica o se sitúa metafóricamente en la expresión «Nave» a la que la niña alude con frecuencia. («En la nave todo sucedía a la vez, todo estaba unido. Todas las vidas posibles avanzaban simultáneamente en todas las direcciones»). Nave porque en expresión de Helena venimos de las estrellas. 
    «Helena sigue mirando el cielo. Vive inmersa en el tiempo de las estrellas, de las plantas, de los animales. Sabe que el tiempo tiene que retraerse para volverse a expandir, como las plantas tienen que marchitarse para volver a crecer y las válvulas del corazón tienen que cerrarse para volverse a abrir. Los átomos se separan, pero siempre se vuelven a unir. El mundo desaparece, pero siempre vuelve a aparecer. Toda vida se expande y se retrae. Helena sabe que está llegando la hora de la retracción.»
    Parece mentira que en una novela breve de tan sólo 149 páginas la escritora haya logrado introducir tantísimos asuntos: 
    • Clara crítica al sistema comunista presente en los países de la antigua URSS y sus satélites como su Polonia natal. Nada funcionaba como era debido: «Vivís en una economía planificada; las chaquetas de invierno no se venden en invierno, se venden cuando se fabrican. No se sabe cuándo se fabrican.»
    • Crítica a la transición nada pensada ni meditada del sistema comunista al capitalista que se llevó por delante un mundo como el de Helena, menos productivo pero mucho más humano.
    • Crítica a las energías fósiles que poco a poco van hundiendo el país.
    • Crítica al elevadísimo consumo de alcohol presente en los países de Europa Oriental.
    Pero lo mejor sin duda alguna es, desde un punto de vista estilístico, en primer lugar, la manera como la autora sabe utilizar la 2ª persona narrativa prácticamente durante toda la narración. Sólo hay un momento en que la abandona; nos dice el porqué, pero no es una reseña el lugar para desvelarlo. El lector disfrutará descubriéndolo por sí mismo. Y en segundo lugar, cómo mezcla sabiamente el mensaje que pretende transmitir con la forma empleada para ello. Me refiero concretamente a cómo para explicar ese 'continuum temporal', ese tiempo no medible, al que antes he hecho referencia lo ejemplifica ante nuestros propios ojos sin avisarnos de ello, claro:
    «La pseudomadre viene a buscarte a finales de agosto. En todo el verano no has tenido anginas. Por la ventanilla del tren ves alejarse los campos. Luego empiezan a aparecer los castilletes mineros. Los vagones pasan a unos pocos centímetros de los edificios de las acerías. En casa, la pseudomadre te mete en la bañera. El cuarto de baño no tiene ventana; al encender la luz, tres arañas patilargas escapan detrás de la lavadora. Te sumerges en el agua caliente. Desde detrás de la lavadora, las arañas patilargas cantan sobre los pseudopadres. La pseudomadre está sentada en un aula de la politécnica. Se abre la puerta, un estudiante llega tarde. El profesor le riñe, le manda sentarse. El estudiante se sienta al lado de la pseudomadre. La pseudomadre se ruboriza.»

    La autora
    Química para mosquitos
    Sobre Aleksandra Lun dice la propia editorial:
    Aleksandra Lun (Gliwice, 1979) dejó su Polonia natal a los diecinueve años, se costeó los estudios de Filología Hispánica en España trabajando en un casino y en la actualidad vive en Bruselas. Su primera novela, "Los palimpsestos", escrita en español, se tradujo al inglés, francés y neerlandés, y recibió la prestigiosa beca PEN/Heim del PEN America. "Química para mosquitos" (Galaxia Gutenberg, 2024), LIV Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro, es su segundo libro.
    Sólo querría destacar el hecho de que la autora escribe en un idioma que no es el de su Polonia natal. Lo hace en castellano. Escribir en un idioma no materno no es frecuente, aunque sí que hay autores denominados escritores exófonos que lo han hecho:  Vladimir Nabokov (ruso a inglés), Joseph Conrad (polaco a inglés), Jhumpa Lahiri (bengalí y otras a inglés), Samuel Beckett (irlandés a francés), Cioran (rumano a francés), Agota Kristoff (húngaro a francés), Chimamanda Ngozi Adichie​ (igbo a inglés), y tantos y tantos otros. Los motivos de unos y otros para hacerlo son de lo más variado: comodidad, prestigio de la lengua elegida, mejor difusión de sus libros... En el caso de Aleksandra Lun es evidente el amor que siente por España y su cultura, que la llevó a estudiar Filología Hispánica en nuestro país y presentar esta novela, considerada por ella misma como su auténtica primera novela, al Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro con el que se alzó merecidamente en 2024.




    22 mar 2025

    Aki Shimazaki y Delphine de Vigan. (A pares XLIII)

    18 comentarios:
    Tiempo hacía que no incluía en el blog una entrada de 'A pares'. La perentoriedad de devolver tres breves novelas, llegadas hasta casa gracias a la amistad de tiempo que me/nos une a Lupe y a Justo  hizo que no demorase estas lecturas. A ambas autoras ya las conocía por otros de sus libros ("El quinteto de Nagasaki" o "El corazón de Yamato" de Aki Shimazaki, y "Nada se opone a la noche" de Delphine de Vigan) si bien no guardaba de ambas idéntico y satisfactorio recuerdo, pues mientras que las dos pentalogías de Shimazaki me habían encantado, mi satisfacción no había sido la misma en el caso de la De Vigan como demuestra el que ni siquiera hiciese reseña en El blog de Juan Carlos de dicha lectura. Así que, pensé, hora es de comprobar si la valoración que tengo de ambas autoras se mantiene incólume. 



    "Azami, el club de Mitsuko" y "Hôzuki, la librería de Mitsuko" de Aki Shimazaki

     «Me siento a la mesa y ella me sirve un vaso de té de cebada frío. Mientras bebo, mira a mi alrededor. La ventana, el fregadero, la pequeña cocina eléctrica, los utensilios de cocina colgados en la pared, el teléfono. Nada ha cambiado. Simple y minimalista. El aire acondicionado está apagado.» 


    Aki Shimazaki, escritoras japonesas actuales
    En esta ocasión al tener ante mí estas dos entregas de la pentalogía "La sombra del cardo" en forma de libros independientes no reparé en que uno y otro tenían un orden. Y al no reparar en ello resultó que leí primero la novela que apareció después. Pensé equivocadamente que Hôzuki, la librería de Mitsuko había aparecido como no perteneciente a pentalogía alguna. No era así, lo comprobé después. Pero salvo alguna pequeña sorpresa no pasa nada por no haber respetado el orden de aparición; es más al leer luego Azami, la primera de la serie, el ya conocer ciertos sucesos no interfirió en mi disfrute.

     Pese a lo dicho antes, en esta breve reseña hablaré en el orden debido de estas dos primeras entregas de la pentalogía La sombra del cardo. Y anticipo que seguiré leyendo las entregas que faltan hasta completar las cinco; y daré cuenta debida de las mismas en una futura entrada en este blog.

    Azami, el club de Mitsuko de Aki Shimazaki es, como acabo de explicar, la primera entrega de la pentalogía "La sombra del cardo". Pese a conocer ya lo que sucede en Hôzuki, la librería de Mitsuko, me ha gustado muchísimo esta novela corta. En la misma la voz narrativa es la de Mitsuo. Este personaje es redactor en una importante revista y lleva una vida laboral y matrimonial agradables. Su esposa Atsuko desde que tuvo a su segundo hijo no tiene relaciones sexuales con él, algo que ambos han aceptado sin problemas. Cuando Mitsuo se siente apremiado sexualmente acude a los «hoteles rosa» o a salas de video en las que se alivia debidamente. 

    La tranquilidad y statu quo anterior se verá modificado cuando Gôro, antiguo compañero de escuela con quien él nunca tuvo relación estrecha, lo encuentra y lo invita a tomar algo en un club de élite. Allí ve a su amor secreto de juventud, Mitsuko, a la que jamás le expresó sus sentimientos. El reencuentro y la actividad laboral de Atsuko fuera de la ciudad varios días a la semana facilitará que Mitsuko y Mitsuo inicien una relación que hará que él se plantee la conveniencia de abandonarla o proseguir en ella pese a los problemas que en su trabajo y matrimonio la misma pudiera producir.

    Destaca en esta hermosisima novela todo, pero por destacar algo destacaría los personajes y sus señas de identidad: La dulzura de Mitsuko, la sinceridad y amistad de Mitsuo hacia ella, la maldad de Gôro, el antiguo compañero de escuela, la comprensión de Atsuko, la esposa de Mitsuo, etc. Todo ello contado  con esa magnífica literatura que hace Aki Shimazaki.



    Editorial Nórdica Libros,Aki Shimazaki
    La segunda novela de la pentalogía "La sombra del cardo" es Hôzuki, la librería de Mitsuko. También me ha encantado. Al haber sido la primera de las dos que leí me fijaba más en aquellos asuntos y tratamientos que ya había disfrutado en las pentalogías anteriores que de la japonesa canadiense había leído. Veía que como en "El quinteto de Nagasaki" estábamos ante una pareja de niños hermanastros que se sienten atraídos como amigos íntimos sin saber ellos que tienen la misma madre; se contraponían y presentaban debidamente los casamientos 'miai' y los casamientos por amor; también la vivencia del sexo visto sin ese sentimiento de culpa o de comportamiento poco aceptable que se impone en occidente; aparecía un país, Japón, a caballo entre la tradición y la modernidad, un país mostrado por ejemplo en cómo las geishas antiguas hoy son mujeres hermosas que hablan y atienden a los hombres de la misma manera, aunque vestidas con trajes y un maquillaje que las hace parecer más unas escorts que otra cosa; etc.

    En Hôzuki, la librería de Mitsuko es Mitsuko quien lleva la voz narrativa. La encontramos varios años después de Azami regentando una librería y completando sus ingresos con su trabajo los viernes por la tarde-noche en el club donde la descubriera Mitsuo en la novela anterior. Si en Azami el mundo era visto desde la perspectiva masculina de Mitsuo, aquí está presentado desde los ojos y manera de pensar de una mujer. Estamos ante un mundo de mujeres que es el que preferentemente, y no sólo en esta novela,  muestra la escritora. El ocultamiento de la identidad o de la vida vivida (es el caso de Mitsuko respecto a su hijo Tarô, el de la señora Sato respecto al hijo que tuvo y abandonó al poco de nacer, y el de la madre de Mitsuko sobre su breve estancia en la cárcel por un asunto de violencia con arma blanca) es una constante en esta historia. 

    Es una novela en la que, como es habitual en la literatura de Aki Shimazaki, la identidad japonesa se expone y se recrea. Destaca la misma en la presentación de la maravillosa naturaleza mostrada en forma de nieve, animales, flores, paisajes...; también es importante la escritura: las grafías japonesas en los dos tipos de caligrafías (hiragana y kanji); y me ha parecido de sumo interés aquí, pero más aún en Azami, la tradición e identidad nipona marcada por los temas musicales que cantaban los abuelas y que recurrentemente vuelven a la cabeza de Tarô o de Mitsuo, quien en esta novela siempre aparece evocado por Mitsuko como su amor verdadero.

    El mundo es convulso y muy distinto al que inspira esa naturaleza tranquila y serena antes destacada. El lenguaje e idioma utilizados son exquisitos. Hay avances y retrocesos en la linealidad temporal, si bien ésta es la predominante. Es un estilo minimalista como se ve en la cita que precede al comentario de estas dos novelas. Ha vuelto a llamar mucho mi atención que a la hora de las evocaciones la autora (o el traductor Íñigo Jáuregui) utilice formas como «nos imagino» o «nos veo» con ese pronombre átono de 1ª persona de plural ante una forma verbal en primera de singular; es correcto, pero no es habitual usarla así entre nosotros.

    Como en general en toda su obra, Aki Shimazaki  muestra en estas dos novelas el difícil equilibrio entre tradición y modernidad, entre Oriente y Occidente, entre empresa y familia; también el azar, el amor y la identidad en la sociedad japonesa. 
    «Dibujo en mi mente una cadena, cada uno de cuyos eslabones lleva un nombre:Shôji - yo - mi último amante Mitsuo - el periodista de su revista Azami - el hombre que le dio la revista al diplomático - la mujer del diplomático que vino a la librería - su hija Hanako - Tarô. Todos están relacionados, directa o indirectamente. Si no hubiese conocido a Shôji, probablemente no habría tenido a Tarô, aunque Shôji no sea su padre.»



    "LAS GRATITUDES" de Delphine de Vigan

    «Envejecer es aprender a perder.
    Asumir, todas o casi todas las semanas, un nuevo déficit, una nueva degradación, un nuevo deterioro. Así es como yo lo veo.
    Y ya no hay nada en la columna de las ganancias.
    Un día ya no puedes correr, ni caminar, ni inclinarte, ni agacharte, ni levantarte, ni estirarte, ni encorvarte, ni darte la vuelta de un lado, ni del otro, ni hacia adelante, ni hacia atrás, ni por la mañana, ni por la noche, ni nada de nada. Solo puedes conformarte, una y otra vez.
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    Delphine de Vigan, Novelistas francesas actuales

    Este libro es de la francesa Delphine de Vigan. Entré en él con prevención y expectativas algo negativas. ¿Motivo? Pues simplemente que "Nada se opone a la noche" no me llenó lo mucho, y ni siquiera lo mínimo, de lo que esperaba de ella dada la magnífica acogida que estaba teniendo -y tiene- entre los lectores. No sé, pero no me gustó demasiado. Sin embargo, ésta, Las gratitudes, me ha llegado bastante adentro, me ha conmovido, me ha parecido bien escrita, una historia además de realista muy, muy, verosímil.

    Me ha valido la reconciliación con esta escritora francesa y ya sólo por ello salgo reconfortado a la par que emocionado de esta novela corta, que presenta el asunto de la vejez de una manera real. Estamos ante una mujer anciana, Michka Seld, que un día pide ayuda a Marie, una mujer joven a la que le une una relación casi familiar. Resultado de los achaques propios de su edad se le presenta la necesidad de ingresar en una residencia de ancianos. Michka padece afasia, dolencia neurológica que le hace difícil encontrar los términos correctos del lenguaje.

    En la Residencia la atiende individualmente Jerôme, un logopeda que intenta ayudarla. La relación de la señora Seld con Marie y con Jerôme llenan las páginas de esta novela corta. Ambos jóvenes pretenden ayudar a Michka, pero en verdad ellos también se benefician de esta relación, pues la anciana se interesa mucho por sus problemas: la relación de Jerôme con su padre o el embarazo por el que está pasando Marie.
    «¿Sabes? Yo no quería tener hijos. Por nada del mundo. Ni familia, ni hijos. Nada de nada. Si no hubieseis vivido en el piso de arriba, me habría quedado tan pancha. No era más que una bacina... una vecina, tranquilita en sus roscón. La primera vez que viniste, no sé si te acuerdas, llevabas no sé cuánto tiempo sola en casa, uno o dos días, no quisiste decírmelo, esa vez yo también me pegué un buen gusto. Comiste y te fuiste. Me pasé la noche en veda. Luego volviste por segunda vez, con esos ojos, con esos ojazos tuyos que me empeoraban, y te abrí las puertas de mi casa. A partir de entonces volviste una y otra vez, y cada vez que venías yo te recogía, pasabas tardes enteras, y acabé comprando rotuladores, y papeles de colores, y tijeras, y los almirantes del zoo, no sé si te acuerdas, las cebritas de plástico eran tus favoritas, y la plastilina, y luego los polos de Coca-Loca, que metíamos en él c... consolador.»

     

    «— Debería estar prohibido envejecer. Pero, bueno, ya que estás aquí, aprovecho para decirte algo: me gustaría que me abreviaran.
    — ¿Cómo?
    -Para mi falaral. Una abreviación..., unos canapés y se acabó. Como la señora Crespin, parece que estuvo muy bien la cosa