Sigo en este A pares el orden en el que, personalmente y en el blog, me he acercado al personaje biografiado: a través del film en 2022 y a través de la novela en este 2026.
"Blonde", la película
[lo que sigue aquí lo publiqué en El blog de Juan Carlos en diciembre de 2022]
Blonde (2022) de Andrew Dominik es la adaptación a la gran pantalla de la novela de mismo título de la novelista norteamericana Joyce Carol Oates. De esta escritora he leído menos libros de los que debiera, aunque los que han caído en mis manos los he disfrutado mucho. Blonde, aparecido el año 2000, era uno de los que tenía en lista de espera. Se me adelantó el australiano Andrew Dominik con su película en la que realiza una versión cinematográfica de bella factura bastante pegada a la novela de la Oates. Saber que el papel de Marilyn Monroe lo hacía con enorme acierto una bellísima Ana de Armas supuso para mí un acicate más para posponer mi deseo lector y anteponer el visionado del film.
La película utiliza el blanco y negro en combinación con el color. La española Ana de Armas se luce en su interpretación de la actriz estadounidense, tanto que su actuación suena bastante para los próximos premios Oscar. Se ha criticado por parte de muchos espectadores que la película no sea exactamente un biopic de la malograda actriz. Y es que efectivamente no lo es; lo que es Blonde es una simple adaptación de la historia literaria creada por Carol Oates quien, aunque se inspira en episodios reales de la vida de la actriz, re-imagina muchos otros lanzando hipótesis a veces muy atrevidas y hasta en ocasiones poco verosímiles.
Los espectadores -y yo entre ellos- censuran el que el film haga hincapié sobre todo en los momentos desafortunados de la vida de la Monroe. El director se excede en mostrar maltratos físicos, abusos sexuales, y violencia psicológica; tanto se excede que la película ha recibido por parte de la industria del cine norteamericana la clasificación NC-17 (no recomendada para menores de 17), la más restrictiva de todas ellas. Afortunadamente Andrew Dominik despliega un abanico de diversas maneras de contar con lo que los espectadores vamos sobrellevando la serie de malos momentos por los que pasó la hermosa actriz. Esto es lo mejor que realiza el director, aunque en mi opinión, la excesiva duración de la cinta (2 horas y 46 minutos) haga que una historia tan sugerente, sin embargo se haga tediosa y algunos -es lo que me ocurrió a mí- llegásemos a ver la película de manera interrumpida a lo largo de varios días, algo que si soy sincero creo que no debería hacerse jamás.
Afortunadamente y para bien, Ana de Armas está para salvar el film. Es una Ana de Armas soberbia, bellísima, casi se diría que es la Marilyn Monroe rediviva. El plantel de actores que la acompañan es de alto nivel (Adrian Brody, Bobby Cannavale, Julianne Nicholson, etc.) pero quedan totalmente oscurecidos ante la fuerza con que irrumpe la actriz española de origen cubano.
La película utiliza el blanco y negro en combinación con el color. La española Ana de Armas se luce en su interpretación de la actriz estadounidense, tanto que su actuación suena bastante para los próximos premios Oscar. Se ha criticado por parte de muchos espectadores que la película no sea exactamente un biopic de la malograda actriz. Y es que efectivamente no lo es; lo que es Blonde es una simple adaptación de la historia literaria creada por Carol Oates quien, aunque se inspira en episodios reales de la vida de la actriz, re-imagina muchos otros lanzando hipótesis a veces muy atrevidas y hasta en ocasiones poco verosímiles.
Los espectadores -y yo entre ellos- censuran el que el film haga hincapié sobre todo en los momentos desafortunados de la vida de la Monroe. El director se excede en mostrar maltratos físicos, abusos sexuales, y violencia psicológica; tanto se excede que la película ha recibido por parte de la industria del cine norteamericana la clasificación NC-17 (no recomendada para menores de 17), la más restrictiva de todas ellas. Afortunadamente Andrew Dominik despliega un abanico de diversas maneras de contar con lo que los espectadores vamos sobrellevando la serie de malos momentos por los que pasó la hermosa actriz. Esto es lo mejor que realiza el director, aunque en mi opinión, la excesiva duración de la cinta (2 horas y 46 minutos) haga que una historia tan sugerente, sin embargo se haga tediosa y algunos -es lo que me ocurrió a mí- llegásemos a ver la película de manera interrumpida a lo largo de varios días, algo que si soy sincero creo que no debería hacerse jamás.
Afortunadamente y para bien, Ana de Armas está para salvar el film. Es una Ana de Armas soberbia, bellísima, casi se diría que es la Marilyn Monroe rediviva. El plantel de actores que la acompañan es de alto nivel (Adrian Brody, Bobby Cannavale, Julianne Nicholson, etc.) pero quedan totalmente oscurecidos ante la fuerza con que irrumpe la actriz española de origen cubano.
"Blonde", la novela
Norma Jeane fue descubierta por Otto Öse, fotógrafo de una revista del ejército estadounidense que en 1944 le hizo unas fotografías cuando ella trabajaba en Radio Plane, una factoría estatal de aviones de combate.
«Otto Öse, el Príncipe Encantado. La había sorprendido en la sala de pintura de Radio Plane y le había hecho un montón de fotografías para Stars & Stripes[...]—¿Sabes quién es mi jefe en Stars & Stripes? Ron Reagan. Norma Jeane cabeceó, desconcertada. ¿Reagan? ¿Ronald Reagan, el actor? ¿Un Tyrone Power o Clark Gable de tercera? Le sorprendió que un actor como Reagan tuviera alguna relación con una revista militar.»
Su aparición en esta revista hizo que Hollywood se interesara por ella. Su belleza y frescura hicieron que un productor, tras abusar sexualmente de ella, luego en pago le diese un papelito secundario en La jungla de asfalto que dirigía John Huston. Marilyn, siempre muy exigente consigo misma, aunque su papel era muy pequeño en esta película destacó por su belleza y buena actuación, lo que provocó que tras este film todos quisiesen contratarla. Hollywood descubrió que esta joven era un diamante en bruto. Y todos, quien más, quien menos, se aprovecharon de ella cuanto pudieron. Los sueldos que le asignaban, a pesar de ser ella quien arrastraba más gente a las salas, eran ridículos comparados con los de otras estrellas. Todos, como digo, abusaron de ella. Hubo algunos —muchos, según la leyenda— que lo hicieron de su cuerpo; otros, de su capacidad y versatilidad como actriz (agentes suyos como I. E. Shinn, amigos como Cass Chaplin o Edward G. Robinson Jr, (estos dos junto a la actriz formaron un trío estable al que los tres denominaban los Dióscuros), el fotógrafo Otto Öse, quien en un momento de necesidad económica de la futura actriz por sólo 50$ le hizo una serie de desnudos fotográficos en poses muy eróticas y provocativas para un calendario. Estas fotografías la perseguirían durante toda su vida y fueron la base sobre la que se construyeron un sinfín de mentiras y también, por qué no, alguna que otra verdad.
Joyce Carol Oates al principio de Blonde advierte a los lectores en Nota de la autora que el libro que nos disponemos a leer no es una biografía de Marilyn Monroe, sino una novela. Textualmente dice:
«El lector que desee conocer datos biográficos fidedignos de Marilyn Monroe no debería buscarlos en Blonde, que no pretende ser un documento histórico, sino en biografías autorizadas»
Lo anterior es muy importante tenerlo en cuenta. Efectivamente en Blonde lo literario prima sobre lo biográfico. Que Norma Jeane Baker era adicta a los somníferos, que se aficionó a la codeína para combatir los dolores menstruales, que practicaba el sexo con suma liberalidad, que era bellísima y usó muchas veces su belleza para conseguir lo que más le gustaba: actuar. Sí, todo esto y más lo sabíamos antes de leer la novela. Lo importante en Blonde es cómo lo presenta Joyce Carol Oates, la manera que tiene de irnos mostrando el interior de la persona que es Norma Jeane y el personaje que ella y sobre todo los demás le fabricaron: Marilyn Monroe. Esta dualidad, este desdoblamiento, que representa la Pobre Doncella (Norma Jeane) y la Princesa (Marilyn) conviviendo a duras penas la segunda en la primera lo muestra con maestría y acierto la novelista. Por esto no cabe pensar que en este libro los datos biográficos sean fidedignos. No. La autora los recrea, los amplifica, los imagina, añade y quita a su gusto siempre en pro de lo que está creando: la vida de esta mujer «destilada en forma de ficción». Y por lo tanto son muchas las licencias que se toma, porque no lo olvidemos estamos leyendo ficción y no otra cosa.
En la novela se recorre, de manera desordenada, toda la vida de la actriz: sus tres matrimonios fallidos, sus dos embarazos inconclusos —la leyenda habla de muchos otros más— por voluntad uno y por accidente otro, sus deseos de ser madre, su amor a su madre enferma internada en un sanatorio psiquiátrico, su gran afición al sexo y a las drogas que se fue acentuando —concretamente este último— con el paso del tiempo... Y sobre todo la explotación que de su belleza hicieron todos, fundamentalmente los hombres, desde los menos importantes de la industria del Cine a los más encumbrados del Séptimo Arte hasta llegar a la primera personalidad de los EEUU, el presidente Kennedy —en la imaginación de la Pobre Doncella, convertida en ese momento en Princesa, su Príncipe Encantado— para quien pocos días antes de ella morir le cantaría borracha y obnubilada por la cocaína y otras drogas el famosísimo «"Happy Birthday, Mr President"» que tantas veces habremos visto todos a lo largo de nuestra vida.
Importantísimo en esta novela es observar la fantástica manera que la Oates tiene para penetrar en la cabeza complicada, inestable y llena de dudas de la actriz. Una mujer autoilustrada, muy exigente consigo misma, con miedo a fracasar y a no estar a la altura; una mujer que pensaba que los hombres siempre se reían de ella, de las mujeres en general, pero que también era consciente del enorme poder que tenía sobre ellos gracias a su belleza. Sin embargo esta belleza le produjo también dolor pues le exigía comportarse como la rubia tonta, sensual y provocativa que Hollywood había fabricado. Era una imagen que en definitiva le daba de comer y a la que tenía que rendirse Norma Jeane igual que hacían todos los hombres, tanto los poco formados intelectualmente como Joe DiMaggio o eminencias como Arthur Miller. «Yo no soy ella», decía constantemente la Pobre Doncella siempre en búsqueda de su Príncipe Encantado.
Conocemos a Norma / Marilyn a través de ella misma y a través de los demás. El perspectivismo es recurso importante en la novela. A veces quien narra es una primera persona de singular que tuvo relación con ella; a veces cambia al plural pasando a representar a un colectivo como por ejemplo la Productora; pero lo más frecuente es el uso de una tercera persona externa objetiva que da paso con frecuencia a otras a través del estilo directo y también indirecto libre. Esta variada abundancia de narradores la combina Joyce Carol Oates con la presencia de diferentes maneras discursivas presentada con frecuencia en distintas tipografías
Son muchos los subrayados que durante la lectura he realizado en Blonde. He aquí algunos que me parecen significativos:
- «¡Era libre! ¡Estaba sola! Por primera vez en su vida estaba verdaderamente sola. No como huérfana. No como hija adoptiva. No como la hija, la nuera o la esposa de alguien. Esto era un lujo para ella.» (cuando Norma Jeane decide abandonar la casa de su primer marido e ir a trabajar a una fábrica militar durante la guerra).
- «Ese lenguaje grosero disgustaba a Norma Jeane. Ella era una romántica. Porque su amante era hermoso como una mujer y cuando estaban el uno junto al otro frente al espejo, se ruborizaban y sus ojos se dilataban de amor y reían y se acariciaban mutuamente el pelo y habría sido imposible decir cuál de los dos era más bello y cuál de los cuerpos, más deseable. ¡Cass Chaplin! Le encantaba pasear con él y observar cómo las demás mujeres se quedaban prendadas de él (¡y los hombres también! Ah, lo veía).» (fue con Cass Chaplin con quien más feliz se sintió. Luego vendrían las desilusiones, claro. Y es que ella, en el fondo, era una mujer verdaderamente romántica)
- «En un libro que le había dejado a Norma Jeane —El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer—, la joven había leído que "el suicida quiere la vida y simplemente está descontento con las circunstancias que le han tocado en suerte"». (este libro se lo había prestado su agente I.A. Finn. A Norma Jeane le gustaba leer filosofía, poesía, libros de formación actoral, etc.)
- «El objetivo del teatro es despertar emociones. No entretener. La telebasura y la prensa amarilla entretienen. El objetivo del teatro es transformar al espectador. Quien no sepa transformar al espectador que se vaya. El objetivo del teatro (Aristóteles fue el primero y el que mejor lo dijo) es producir en el espectador una emoción profunda que suponga una catarsis del alma.» (le dice Max Pearlman a Norma cuando esta se ha trasladado a Nueva York para seguir cursos del método Stalinavski en el Ensemble Theater, que ensayaba una obra de Arthur Miller. Fue entonces cuando ambos se conocieron y al poco se casarían)
- «Norma Jeane Baker era por naturaleza una joven optimista, o no se habría jurado optimismo eterno acuclillada en el tejado del orfanato, mirando la iluminada torre de RKO, a kilómetros de distancia, en Hollywood: ¡Lo juro! ¡Lo prometo! ¡Nunca, nunca me rendiré!, y ahora comprendía que aquella ignominiosa y desagradable escena era en realidad una escena de cine» (piensa la actriz un momento después de atender a un Marlon Brando completamente borracho).
Para finalizar
Concluyo esta doble reseña veraniega manifestando la inmensa superioridad de la novela de la autora norteamericana sobre la muy digna versión cinematográfica. Cierto es que comprimir 1000 páginas en un metraje de algo más de dos hora y media no es tarea sencilla, que algo —mucho— necesariamente habrá de quedarse perdido por el camino, y eso a pesar de que la mismísima Oates formase tandem con el propio director como guionista de la cinta.
He dicho al hablar de la película que la misma incide con profusión en los aspectos negativos de la existencia de la actriz. También, como no podía ser de otra manera, hay negatividad en la novela, pero en la obra escrita estos elementos se conjugan adecuadamente con otros alegres, positivos que, en definitiva, sirven para marcar mejor el contraste y la verosimilitud de la vida mostrada de Norma Jeane y la imagen de Marilyn que le devolvía el espejo.



