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17 oct 2025

"La piel del invierno". La última novela publicada por Luisa Ferro

8 comentarios:
Luisa Ferro, novelistas españolas actuales
He leído de Luisa Ferro las tres novelas anteriores a ésta, su bilogía Donde mueren los ladrones de Jade (2022) [reseñada en este blog] formada por "El pozo de las luciérnagas" y "La sanadora del emperador", y El Círculo del Alba (2016) [reseñada en este blog]. Sólo me faltaría por leer la primera que publicó, Alcander (2014).
En cada una de ellas aborda temas distintos, diferentes. Así, leo que Alcander es una novela fantástica que trata de luchas entre razas inmortales por el dominio de las escalas de las especies y la supremacía de unos clanes sobre otros. Ya digo que no la he leído y la verdad es que a mí las novelas de fantasía tipo El señor de los anillos y demás no me atraen demasiado. Lo que sí sé es que las otras dos publicaciones de Luisa Ferro anteriores a La piel del invierno (2025), El Círculo del Alba y la bilogía Donde mueren los ladrones de Jade presentan asuntos muy distintos: Una investigación policial y detectivesca desarrollada en los primeros años del siglo XX, en la primera; y la vida de las mujeres en la China de los mongoles de Kublai Kan (siglo XIII) durante la dinastía Song, en la segunda. Las dos son novelas históricas, pero situadas en períodos bien diferentes. A mí los novelistas que saben variar de época, de asuntos y de tramas como hace Luisa Ferro en sus distintos libros me merecen mucho más respeto que aquellos que constantemente hablan de lo mismo sin salirse nunca de su zona de confort, que se dice habitualmente. 

La piel del invierno sigue la pauta de las anteriores y también aborda un asunto distinto, novedoso en la narrativa de la escritora: el mundo de los bajos fondos, de la picaresca en el Madrid de la década de los años 40 del siglo pasado. La historia es trepidante. Leyéndola conoceremos los orígenes oscuros de varios personajes, descubriremos varias identidades confusas, muchas amistades complicadas, abundantes mujeres liberadas en lo intimo y presas socialmente por su estigmatizado oficio, algún policía corrupto así como algún sacerdote comprensivo con las debilidades humanas en un momento histórico tan complicado, variados trúhanes y embaucadores al modo Robin Hood...; y también, claro que sí, veremos corretear por las casi seiscientas páginas de esta novela a malos malísimos. Una novela que pese a su extensión atrapa desde las primeras páginas, se lee con mucho gusto y enorme facilidad sin hacerse nunca pesada.

La narración está puesta en boca de un niño sacado de la inclusa en 1939 si bien el centro de la trama se sitúa en 1947 cuando tal niño ronda los 14 o 15 años. La edad del narrador cuando relata los sucedidos es ya de 21 años. En el fondo, pues, estamos ante una novela de iniciación, un bildungsroman en el que Anguila, el niño sacado a los ocho años de la inclusa por Julio, crece y se entera de lo que es el mundo estando al servicio de varios "amos", que diría Lázaro de Tormes. Y es que, en definitiva eso es lo que es este Anguila, un muchacho que va entendiendo el mundo a base de coscorrones, sorpresas y experiencias diversas: desengaño en el amor, valoración de la amistad, descubrimiento de lo que verdaderamente es un padre y lo que no lo es, etc., etc. 

Que Anguila, el narrador en primera persona, es émulo de Lázaro de Tormes y de la novela que narra sus andanzas, se percibe en el personaje que siente hambre y que escapa y no quiere escapar de Julio a quien considera su amo 
«—Te he oído, gurriato. ¿Por qué escapas? Si no bajas te quedarás sin queso. ¡Baja, desconfiado, que no voy a hacerte nada!
Me aferré con más fuerza a la rama. Me vi tentado por el queso, pues el ruido de mis tripas era más grande que mi miedo.»
El personaje protagonista es claramente un pícaro, un pillo, que sabe buscarse la vida con estos seres que lo han tomado a su cargo y cuyas vidas y problemillas iremos descubriendo según vaya discurriendo la historia. 
En cuanto al espacio donde este discurrir sucede, éste es Madrid.  Luisa Ferro ya había situado El Círculo del Alba, su segunda novela, en Madrid. Y ahora lo vuelve a hacer aunque una treintena de años después. El ambiente y los lugares matritenses los pinta la autora con maestría. Y digo matritense con toda la intención, por eso de querer significar la fuerte y noble emulación del costumbrismo literario del XIX que he percibido en muchos momentos.
«La Puerta del Sol era bulliciosa donde las hubiera. Por todas partes surgían tiendas como hongos y el aroma de los kioscos callejeros lo inundaba todo haciéndome cosquillas en la nariz. Olía a gallinejas, a chicharros, a churros, a mil y un aromas. Los vendedores ambulantes se triplicaban. No era raro encontrarlos en cualquier barrio, pero allí aumentaban a ojos vista. Los repartidores de periódicos anunciaban El Heraldo o La Tribuna. Sus voces se mezclaban con las de las aguadoras que, con sus botijos apostados a la cadera, ofrecían el trago a cinco céntimos. Altramuces, pipas, miel de la Alcarria. También había traperos, cacharreros reparando cacerolas a golpe de martillo y colchoneros pregonando su saber hacer. El sonido de la ocarina de los afiladores se alzaba por encima de aquel gentío dando voces.»
Y si así realiza las descripciones de los espacios públicos, cuando se detiene en el rostro o en la figura de alguno de los personajes, las cualidades y conocimientos literarios de la novelista aparecen y en alguna ocasión, como en la descripción que hace de la cara de Manuel, compañero hospiciano de Julio y en el relato acompañante de Anguila en el burdel que regenta madame Crusoe, es evidente la legítima emulación del estilo quevedesco. 
«En verdad era poco agraciado. Flaco, de ojos saltones, nariz enorme hasta el punto de parecer "un hombre a una nariz pegado", que hubiese dicho el padre Tomás parafraseando a Quevedo en sus pullas contra Góngora. No tardaría mucho en darme cuenta de que aquel apéndice tenía vida propia. "Las doce tribus de narices era".»
De la historia que se relata todo me ha gustado. De nuevo me ha sorprendido lo bien que Luisa Ferro realiza las escenas de acción. También me ha encantado la manera que tiene de ir introduciendo los personajes, que son muchos, según va avanzando la historia. Diríase que la anécdota va ampliándose, haciéndose más y más compleja según que pasan las páginas; pero no hay tal cosa, se trata de una mera sensación de aparente confusión que al poco viene  a serenarse y a integrarse en la placidez de la historia que estamos leyendo. Esta manera de proceder me ha interesado mucho.

Todos los personajes tienen vida y personalidad propias. Destacan, además de los que tienen papel central en el desarrollo de la historia de investigación y suspense (Inspector Ramírez, el médico Aniceto Cárdenas, Julio, el irlandés, Hahn, el cura Tomás, Paulino Albiol...), todas y cada de las mujeres y chicas que viven o tienen mucha relación con el lupanar (Lorenza, Josefina, Epifanía, Elisa, Violeta, Rosario, madame Crusoe...). Cada una de ellas lleva a sus espaldas una mochila, una vida, que las condiciona en el presente y les anuncia su futuro.  Anguila, que es el eje central de la novela va construyendo su propia vida y personalidad, a raíz del contacto con cada uno de ellos y de ellas. Todos le aportan elementos que le servirán, por acción u omisión, en su paso de la niñez, cuando lo vemos salir del hospicio con sólo ocho años, a su etapa de muchacho adolescente de catorce o quince, cuando tienen lugar los hechos principales que se narran, hasta llegar a la plena edad adulta de los veintiuno que dice tener al final de la novela, en un epílogo en el que además de atar alguno que otro cabo suelto nos enteramos del porqué del título de la novela. 

La trama de la novela se desarrolla de manera lineal sin saltos hacia atrás ni hacia adelante. Es de lectura sencilla. La única complicación viene dada, como ya he dejado dicho antes al referirme a los personajes, por la aparición o desaparición de alguno o algunos que tuvieron papel relevante en el pasado; pero dicha confusión se irá aclarando según vayan sucediendo los acontecimientos.  

Me ha gustado mucho el vocabulario puesto por la autora en boca de algunos personajes en momentos puntuales. Es un conjunto de términos extraídos la mayoría del caló, también del argot delincuencial, pero siempre vocablos muy, muy populares. Son palabras y expresiones como 'cheira' (navaja), 'salir de naja' (marcharse), 'lumias' (prostitutas), 'mangelo a ochí' (estar matando a alguien), 'baladro' (grito o alarido espantoso), 'gumia' (agonías), 'avizor' (centinela, vigía), 'roro' (hombre atractivo), 'bilbaína de hierro' (cocina económica de chapa), 'pillar una del quince' (pillar algo en cantidad excesiva), 'estar rilado' (estar agotado), 'chirona' (cárcel)etc. 

También es habitual en la novela que la autora eche mano de referencias culturales populares. Tal se ve, por ejemplo, en la conversación que mantienen Manuel y Anguila cuando el muchacho pregunta a éste, que acaba de salir de cárcel, a qué se dedicaba antes de entrar en prisión. 
«—Dilo sin miedo, Anguila: antes de que me enchironaran. Pues vendía libros por entregas. Eran fascículos semanales o mensuales, dependiendo del cliente y sus posibles. Los títulos más populares eran La cieguecita, Genoveva de Bramante y Ángeles del Arroyo. También vendía novelas de a duro, del oeste y, sobre todo, de amor. A las chicas las vuelven locas las historias de amor. Los mozalbetes se decantaban por El conde de Montecristo. Las andanzas de Edmundo Dantés para llevar a cabo su venganza, les gustaban sobremanera. 
—Sí, a mí también me gustó mucho ese libro. Aunque prefiero a Julio Verne. 
—No me extraña, De la tierra a la luna, 20.000 leguas de viaje submarino… Son verdaderas joyas literarias.»
Cine y Literatura, Ciene en la Literatura
 Y de igual manera se utilizan referentes culturalistas para metaforizar acciones o personas. Un ejemplo sería la manera que tiene de describir la mirada torva del Chepa, pandillero enemigo de Anguila («Al llegar a la altura del Chepa me miró con la hondura de Don Ameche en El diablo dijo no») haciendo uso del actor de la película de Ernst Lubitsch del año 1943 que sería muy popular en el tiempo en que se sitúa la narración.

No quiero extenderme más. Sólo quisiera señalar, ya para finalizar, dos puntos anecdóticos que han llamado mi atención según leía con sumo agrado La piel del invierno. El primero es el peculiar y personal empleo que en ocasiones hace la escritora de los signos de puntuación, en especial del punto y coma. El segundo es uno o dos anacronismos, muy habituales en estas novelas tan inmersas en un momento histórico, que he creído detectar en el relato. Pero por lo demás, queridos amigos, todo bien. Una novela muy recomendable para aquellos que quieran pasar un buen rato al tiempo que aprender e informarse  sobre las difíciles condiciones de vida en España durante la década de los años 40 del siglo XX.



8 abr 2025

Teatro y Novela, "Nada" de Carmen Laforet y "El cuarto de atrás" de Carmen Martín Gaite (A pares XLIV)

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Desde que en diciembre del año pasado viera la adaptación teatral de la novela Nada de Carmen Laforet en el Teatro María Guerrero de Madrid llevaba semanas -ya más bien meses- pensando escribir algo en este blog sobre las líneas que marcan frontera entre géneros y la conveniencia, acierto o lo que sea que supone traspasarlas o no.  No es la primera vez que asisto a representaciones teatrales de historias nacidas como relatos. Recuerdo con inmenso agrado algunas de ellas ya lejanas en el tiempo: "Tirano Banderas" de Valle Inclán o "El baile" de Irene Nemirovski, podrían servir de ejemplo. Pero las dos que he visto últimamente, una la ya citada de Nada, y la otra, la teatralización de El cuarto de atrás de la salmantina Carmen Martín Gaite, en mi opinión no logran superar del todo el listón del encantamiento exigible a cualquier pieza teatral. 

 
Unas palabras sobre la adaptación teatral de Nada de Carmen Laforet 

«Era la primera vez que viajaba sola, pero no estaba asustada; por el contrario, me parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche. La sangre, después del viaje largo y cansado, me empezaba a circular en las piernas entumecidas y con una sonrisa de asombro miraba la gran Estación de Francia y los grupos que estaban esperando el expreso y los que llegábamos con tres horas de retraso.»

Premio Nadal de 1944, Primer Premio Nadal
La adaptación de Nada, la novela firmada por una jovencísima Carmen Laforet, ganadora en 1944 con ella del Premio Nadal en su primera convocatoria, me pareció que padecía de un exceso de voz en off para la figura del narrador. El mismo intervenía con inusitada frecuencia en la pieza siendo en ocasiones sus parlamentos de una extensión excesiva. Se convertía así la obra dramática más en una novela leída que en una obra representada. A este, en mi opinión, defecto, habría que añadir la exagerada duración de la representación -nada menos que tres horas con descanso- y la tardía hora de inicio de la sesión, las 20:30 horas de la tarde. Estos tres malos mimbres provocaron en mí que la excelencia de la magnífica puesta en escena de la directora teatral Beatriz Jaén se diluyese y no lograse que yo saliese satisfecho de la función. De los tres defectos señalados el que, en mi opinión, hace más flaco favor a la obra es el de su excesiva duración, lo que revela una adaptación escasa, una insuficiente reducción a lo esencial, un no saber sustituir debidamente los rasgos propios de la narración por otros más característicos de la dramatización. Esta adaptación, en mi opinión poco lograda, corre a cargo de Joan Yago


Beatriz Jaén, Joan Yago, Carmen Barrantes

Tras mi asistencia al teatro, no volví a leer la novela. Tenía bastante presente en mi memoria la historia de Andrea, la chica huérfana que al acabar la guerra civil va a estudiar a Barcelona alojándose en casa de su abuela. Andrea recuerda la Barcelona anterior a la guerra y ahora comprueba lo mucho que ha cambiado la vida en la calle Aribau donde está la casa de l'àvia (abuela en catalán). El ambiente, la atmósfera que se vive tanto en la casa como en la calle es bien diferente al que ella recordaba. Los personajes (sus tíos Román y Juan, su tía Angustias, Gloria, la abuela y Antonia -la criada-) viven en permanente tensión; hay una violencia subyacente y una oscuridad terrible en todos ellos. La joven de dieciocho años que es Andrea quiere vivir la vida con intensidad; ella tiene sueños, es rebelde, no quiere verse doblegada por la angustia existencial en que vive sumido todo el país. Sólo sus amigos de la universidad, en especial su amiga Ena, la ayudarán a sobrevivir. Con Ena tiene una relación de amistad especial que no es amor, pero sí más que mera amigabilidad; ambas son mujeres diferentes, se les decía "raras" por entonces, son precursoras de lo que hoy se entiende por sororidad. 




Sobre la adaptación teatral de El cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite

Ya en 2025, concretamente un día del mes pasado, asistí en el teatro de La Abadía a la adaptación teatral de la novela El cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite. La novela la publicó la autora salmantina en 1978 y según confiesa en la misma comenzó a escribirla el mismo día en que Francisco Franco murió. El Teatro de La Abadía ha recordado a la escritora perteneciente a la generación narrativa de 1955 con motivo de cumplirse este mismo año cien de su nacimiento y 25 de su fallecimiento. Lo ha hecho con dos representaciones, las dos adaptaciones de sendas novelas suyas: "Caperucita en Manhattan", novela de 1990,  y El cuarto de atrás

Adaptaciones teatrales de novelas, Emma Suárez
Resultó que cuando quise adquirir entradas para la primera ya no había localidades. Busqué para la segunda y de casualidad encontré dos butacas esquinadas en la última fila de la sala. Seguramente que ese día se jugase un competido partido de champions entre los dos principales equipos madrileños propició la existencia de esas dos entradas libres. Sea como fuere el caso es que yo, salmantino como la propia Martín Gaite, pude así rendir debido tributo a esta magnífica novelista. No había leído de manera completa esta novela antes de ver la representación, algo que si he hecho finalizada la misma. Pero antes de hablar de mis impresiones sobre esta lectura quiero exponer mi opinión sobre la puesta en escena de la misma.


La adaptación me pareció mucho mejor que la de la novela de Carmen Laforet a la que me he referido al comienzo de esta entrada. Aquí estamos ante una historia mezcla de realidad, onirismo, ensoñación y fantasía infantil que María Folguera, adaptadora de la obra, ha sabido llevar a las tablas con acierto. No hay en este caso exceso de narración en off que tanto perjudicaba a Nada, aquí vemos a una mujer adulta -la propia escritora- que en estado de vigilia por su dificultad para conciliar el sueño recibe la visita de un entrevistador que ella, en esa circunstancia, a medio camino entre la realidad y la ensoñación, viene a relacionar con aquel otro ser de alas negras que en su niñez la 'visitaba' cuando no podía quedarse dormida. La adaptación teatral se sostiene gracias a la magistral actuación de Emma Suárez que casi en un auténtico monólogo lleva al espectador del hoy al ayer, de lo real a lo imaginado, de un lugar físico a otro, de la ciudad de Salamanca a la de Madrid..., en una mezcla de espacios y tiempos que si en el texto escrito ya conlleva una cierta dificultad de intelección en el teatral es aún mayor. Pero la dificultad es superada con sobresaliente junto a la magnífica actuación de Emma Suárez, auténtica sostenedora y salvadora de la representación, por la de sus partenaires Alberto Iglesias y Nora Hernández.  

Si bien en términos generales salí satisfecho de la representación hubo dos elementos de la puesta en escena de la que son responsables Rakel Camacho como directora y María Folguera como adaptadora del texto que me sorprendieron y menoscabaron mi satisfacción. Fueron éstas el cubo en el que confinaron la historia y que giraban para un lado u otro según que deseaban llevarnos a un momento u otro, a un espacio u otro; y la bañera que ocupaba el centro de la escena en lo que simulaba ser el dormitorio o cuarto de estar de la novelista insomne. ¿Por qué se metía en esa bañera la mujer adulta a veces sola y otras en compañía de la chica que aparece por la casa en un momento de la representación? Sólo le encuentro una posible explicación: querer transmitir al espectador el extrañamiento, el onirismo, en que está inmersa la mujer que no puede dormir como desearía; un momento en el que acuden a su cabeza una multiplicidad de ideas, de recuerdos, cruces entre el hoy y el ayer. La ilógica presencia de la bañera allí donde debiera haber una cama o un sofá quizás pretenda abocarnos a la irracionalidad con que se suceden las imágenes o se ordenan los pensamientos en esos momentos de vigilia y ensoñación que preceden a la pérdida total de la conciencia al quedarnos dormidos. 


Comentario sobre la novela El cuarto de atrás
El caso fue que nada más salir del teatro me hice el firme propósito de leer la novela lo más pronto posible y comprobar si la bañera de marras también aparecía en El cuarto de atrás. Fue así como leí completa esta novela de Carmen Martín Gaite, la quinta en el orden de su producción. 

«Mi casa de Salamanca tenía dos pasillos paralelos, el de delante y el de atrás, que se comunicaban por otro pequeñito y oscuro, en ése no había cuartos, lo llamábamos el trazo de la hache. Las habitaciones del primer pasillo daban a la Plaza de los Bandos, las del otro, a un patio abierto donde estaban los lavaderos de la casa y eran la cocina, la carbonera, el cuarto de las criadas, el baño y el cuarto de atrás. Era muy grande y en él reinaban el desorden y la libertad, se permitía cantar a voz en cuello, cambiar de sitio los muebles, saltar encima de un sofá desvencijado y con los muelles rotos al que llamábamos el pobre sofá, tumbarse en la alfombra, mancharla de tinta, era un reino donde nada estaba prohibido.»

Salamanca en la obra de Martín Gaite
La novela me ha encantado. Hacía ya tiempo que no leía alguna obra de esta escritora, salmantina como yo mismo. Me ha gustado por muchas cosas, no siendo la menor la multiplicidad de referencias a Salamanca, tanto a su paisaje urbano, costumbres y paisanaje.  La familia de la escritora me ha sido fácilmente identificable, no porque la conociese de primera mano, sino porque su tipología y manera de proceder era característica de otras muchas otras de su nivel. El padre era notario y la madre «hubiera querido estudiar una carrera, como sus dos hermanos varones, pero entonces no era costumbre, ni siquiera se le pasó por la cabeza pedirlo». Su apellido materno procedía de Galicia, de ahí el apelativo Carmiña con que la novelista era denominada en su casa. La afición a la lectura que desde muy temprana edad tuvo Carmiña se la inoculó su madre a quien «le encantaba, desde pequeña, leer y jugar a juegos de chicos». Fue ella quien le aconsejaba lecturas, gracias a las cuales la Martín Gaite fue haciéndose con un  criterio literario propio. De las lecturas que por entonces, con poco más de dieciocho años, hacía dice:
«me gustaba todo el proceso del enamoramiento, los obstáculos, las lágrimas y los malentendidos, los besos a la luz de la luna, pero a partir de la boda, parecía que ya no había nada más que contar. [...]
Un día una señora había dicho de mí, moviendo la cabeza con reprobación: "Mujer que sabe latín no puede tener buen fin" [...]
Por aquel tiempo, ya tenía yo el criterio suficiente para entender que el "mal fin" contra el que ponía en guardia aquel refrán aludía a la negra amenaza de quedarse soltera.»
 En la novela, como también se ve en la adaptación teatral, el tiempo avanza y retrocede de manera caprichosa al descubrir un papel, un objeto, una caja de metal, verse en el espejo y verse en su imaginación de niña, pensar en la casa donde vive de adulta en Madrid y evocar la libertad de la que disfrutaba en Salamanca incluso durante los años terribles de la Guerra Civil que su familia pasó allí. Fue durante estos años cuando la niña Carmiña de unos doce o trece años quería parecerse a otra niña de igual nombre y edad que ella, Carmencita Franco (Carmen Franco Polo nació en 1926 y la novelista en 1925), a la que vio en su ciudad una o dos veces. Estaba junto a su padre, Franco, quien había instalado el Gobierno de la España sublevada en el Palacio del Obispo de la ciudad.
«—¿Envidiaba usted a Carmencita Franco? —pregunta, inopinadamente, mi entrevistador.
Por primera vez desde que ha entrado, se me ocurre pensar que es un entrevistador y le miro con una especie de asombro mezclado de simpatía. [...]
—Pues sí, la envidiaba un poco por el pelo —digo— como a Diana Durbin. Para la moda de entonces, lo ideal era el pelo ondulado y yo lo tenía muy liso.»
Esta referencia al tiempo real de su infancia y adolescencia le sirve a la escritora para darse un baño de costumbrismo en el relato. Hay muchas referencias a las costumbres de la época, a los oficios que se practicaban, al proceder durante la Guerra, a la manera de obrar de ciertas clases provincianas adineradas como la suya.
  • «—¿Se acuerda usted de los bombardeos de la guerra? —Miro al hombre de negro sin comprender, al principio, a qué guerra se refiere, si a la de Sucesión o a la del año treinta y seis. 
 —¿De los bombardeos? Sí, sí que me acuerdo. Un día cayó una bomba en una churrería de la calle Pérez Pujol, cerca de casa, mató a toda la familia del churrero; la niña era muy simpática, jugaba con nosotros en la plazuela, al padre no le gustaba ir al refugio, decía que prefería morirse en casa, que lo que está de Dios, está de Dios.» (sobre la Guerra Civil en Salamanca)
  • «Las "costureras de toda la vida", vivían en pisos bajos y modestos, sin rótulo en la puerta, y solían tener en la alcoba oscura donde nos tomaban las medidas y nos probaban, una cama con almohadones de muchos colores entre los que yacía una muñeca de China con peluca empolvada y zapatitos de raso. Cuando venían a coser a las casas, traían dulces o caramelos para los niños, les contaban historias y les regalaban carretes vacíos y recortes de la labor [...]  
«Las modistas propiamente dichas, es decir, las que habían tenido la suerte de afianzarse en su nombre de tales, no venían nunca a las casas, y eran apreciadas a tenor del lujo con que se hubieran montado y de la lentitud con que llevaran a cabo los trabajos. A mí siempre me extrañó el hecho de que su prestigio estuviera en razón inversa con la prontitud en terminarlos y nunca en razón directa. «Es buenísima, pero tarda mucho, hasta después de Navidad no te lo tiene», se solía decir, como una recomendación infalible.»
(costureras y modistas)
  • «"Eso, cuando vayamos a Madrid; mejor en Madrid" Todo se dejaba para comprarlo, verlo o consultarlo en el próximo viaje, que ya faltaba poco, vivíamos de aquella experiencia fraudulenta. A Madrid se venía, en primer lugar, de modistas [...] Otro de los objetivos fundamentales del viaje a Madrid era asistir  a los estrenos de cine o de teatro que no hubieran llegado a provincias (de la diferencia existente entre las provincias y la capital)
Escritoras españolas del siglo XX
Curiosamente, en una novela de tono autobiográfico, en la que la autora rememora episodios vitales de su infancia. adolescencia y juventud primera, no hay referencia alguna a sus relaciones amorosas y matrimoniales con compañeros de generación literaria (la de 1950, para unos, o 1955, en el sentir de otros). Concretamente al llegar a Madrid la escritora contactó, a través de Ignacio Aldecoa, a quien había conocido estudiando Filología Románica en la Universidad de Salamanca, con los integrantes de la generación literaria de 1950. Con uno de estos jóvenes, Rafael Sánchez Ferlosio, se casó en 1953. Fruto de esta unión que duró hasta el año 1970, fueron dos hijos: Miguel que falleció de meningitis con sólo siete meses de edad, y Marta con la que viviría en Madrid hasta la muerte de ésta en 1985 con 29 años víctima del sida. Nada de esto se dice en la novela. Tan sólo, muy tangencialmente, aparece la figura de su hija Marta volviendo de noche a casa y encontrando dormida a su madre con papeles y el libro de Todorov esparcidos por el suelo

El hombre de sombrero y alas negras de las vigilias de su infancia se transforma, cuando de la Carmiña infantil se pasa sin solución de continuidad a la insomne Carmen adulta, en un entrevistador. Gracias a este artificio en la novela podemos asistir a un discontinuo repaso biográfico de su producción literaria. Así se habla de sus inicios en la literatura fantástica, de la atracción que sobre ella ejerce lo fantástico, lo mágico, la sensación de extrañeza. Lo comenta el hombre del sombrero negro cuando alaba en su primera novela, "El balneario", la parte fantástica, pero le echa en cara la racionalidad en la que recae tras sus incursiones en lo extraño. En cierto modo es lo que está haciendo en El cuarto de atrás, viajar de la extrañeza a la racionalidad, de la imaginación onírica a la realidad. De lo fantástico e imposible a lo verosímil
«Hay un punto en que la literatura de misterio franquea el umbral de lo maravilloso, y a partir de ahí, todo es posible y verosímil; vamos por el aire como en una ficción de Lewis Carroll, planeando sobre los tejados de una ciudad, es de noche y ella se agarra fuerte de mi mano y se ríe con el pelo alborotado, porque hace mucho aire»
Y es que hay mucha, muchísima, literatura en esta novela. Se inicia con ese libro de Todorov que la novelista está leyendo en la cama y con el que se queda dormida e ingresa en ese territorio donde todo, como decía Quevedo, se mezcla, se confunde y se bazuca. 
«Introducción a la literatura fantástica de Todorov, vaya, a buenas horas, lo estuve buscando antes no sé cuánto rato, habla de los desdoblamientos de personalidad, de la ruptura de límites entre tiempo y espacio, de la ambigüedad y la incertidumbre; es de esos libros que te espabilan y te disparan a tomar notas, cuando lo acabé, escribí en un cuaderno: "Palabra que voy a escribir una novela fantástica"»
 
Y esa novela fantástica que piensa escribir, que está escribiendo, que ha escrito y descubrimos al final de la novela, no es otra que la que tenemos en nuestras manos. Esta manera de proceder literariamente es muy propio del momento en que Carmen Martín Gaite está escribiendo esta narración, en pleno posmodernismo literario.
"El cuarto de atrás" en teatro

Muchísimas reflexiones metaliterarias cruzan el relato. Son reflexiones muy interesantes y muy reveladoras del propio quehacer escritural de la novelista. Ya sólo por ellas merece mucho la pena leer este libro. pero es que además está escrito de manera muy hermosa, con cierto toque poético que le sirve de pasarela del mundo real de la edad adulta al mágico de la niñez. Esta poeticidad creo que la han logrado transmitir a las tablas la directora y la adaptadora teatrales. Pero, ¿era preciso para lograrlo colocar una bañera en el centro de la escena? Yo pienso que no. 

5 ene 2025

Carmen Posadas. "Por el ojo de la cerradura"

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«Soy de la teoría de que el interés malsano por las intimidades del prójimo es algo muy arraigado en todos nosotros. Es completamente falso que sólo las personas de bajo nivel cultural se sienten atraídos por el chismorreo y la curiosidad malsana; todos, sin excepción, somos voyeurs”.» (Pág 126, artículo ”La era voyeur”)

Hace ya tiempo que me he intentado despojar de todos mis impedimentos y rémoras mentales. Me refiero a esos lastres que normalmente vamos echándonos encima y que nos impiden hacer, ver o enjuiciar algunas cosas si es que no se atienen a unos principios inalterables establecidos por no sé quién o quiénes. Sí, lo he intentado, y he fracasado las más de las veces. Pero ha llegado un momento en que ya todo me da igual. Echo mano de la inteligente frase de Groucho Marx cuando en Sopa de ganso dice eso de "estos son mis principios y si no le gustan, tengo otros" que ahora, como tantas cosas, descubro que ni se dice en esa película ni tampoco, claro, la dijo Groucho Marx. Así nos va, repetimos como loros sentencias, frases, dichos de unos y de otros que jamás dijeron ni los unos ni los otros.
Y todo este exordio, ¿para qué? Pues simplemente para justificarme por haber evitado durante años los libros de ciertas personas con proyección pública, periodistas muchas veces. Pero ¿por qué me comportaba así? Pues si soy sincero, ni siquiera yo lo sabría explicar. Mi mejor respuesta sería esa inexorable afirmación que dice "pues porque sí", o sea que "habló Blas y punto y final". 

Aclaradas (¿despejadas? No lo tengo yo tan claro) mis ideas, he tomado en mis manos sin ningún problema de conciencia un librito de Carmen Posadas. Sí, ya saben, la misma Carmen Posadas que estuvo casada con el que fuera gobernador del Banco de España, Mariano Rubio. ¡Ah, que no lo sabían! Bueno es que uno ya peina canas en sus sienes y recuerda que hace años la pareja formada por Mariano y Carmen, Carmen y Mariano, aparecía un día sí y el otro también en el papel couché de las revistas del corazón. Que un político y economista se hubiese casado en los años 80 con una guapa uruguaya 22 años más joven que él levantó todo un malsano interés informativo. El trabajo que como escritora de libros y como periodista ella había desarrollado hasta el momento de este casamiento quedaron opacados por el bullicio generado por la actividad de su marido, en especial cuando quedó tocado como figura pública a raíz de un caso de corrupción económica. 

Es el segundo libro que he leído de esta autora que se alzó con el Premio Planeta de Novela en 1998, un año antes del fallecimiento de su marido, con la novela titulada 'Pequeñas infamias'. Anteriormente a Por el ojo de la cerradura leí su novela "La cinta roja" (2008) cuyo título alude al distintivo que los jacobinos ponían a quienes iban a ser ajusticiados con la guillotina. El protagonismo recae en Teresa Cabarrús una aristócrata española que durante la revolución francesa hizo lo posible por salvar al mayor número posible de reos. Me agradó esta lectura y ya mis prejuicios sobre la charrúa comenzaron a desvanecerse; por eso cuando estas Navidades pasé por la Biblioteca de mi barrio en busca de lecturas para las vacaciones y me topé con Por el ojo de la cerrradura me dije «¿Por qué no?» y junto a otros dos libros de más enjundia ('La hija del optimista' de Eudora Welty -reseñada no hace mucho en este mismo blog- y 'Del color de la leche' de Nell Leyshon -cuya reseña haré próximamente-) lo saqué y durante estas Navidades lo he leído.

Se trata de una serie de pequeñas reflexiones en las que la autora habla sobre temas de la actualidad más o menos inmediata al momento de escritura. Tener en cuenta este momento es muy importante para valorar el enorme cambio que ha experimentado nuestra sociedad durante los cerca de 25 años que separan la aparición del libro en 2001 y hoy, enero de 2025, cuando lo he leído. Además, al estar el libro escrito en plan crónica de actualidad, paradójicamente la misma se pierde por el paso del tiempo. El librito se publicó en 2001 y hoy muchas de las referencias a personas entonces conocidas ya no sirven, bien por no estar ya entre nosotros, bien por haber perdido aquello que la Posadas predicaba en este o aquel articulo. Y es que ¿qué joven de menos de 25 años reconoce al político laborista inglés que responde al nombre de Tony Blair? o ¿Quién es una tal Cindy Margolis? Es evidente que 24 años después el mundo ya no es el que era. Según leía yo Por el ojo de la cerradura una pregunta se me venía constantemente, una reiterada pregunta que con insistencia me cuestionaba qué coños hacía yo leyendo ese libro ahora. Y la respuesta no podía ser otra que la siguiente: Pasar (quizá, perder) el tiempo, estaba claro. 

Pero no quisiera ser tajante, dictaminar desde una supuesta posición de superioridad, la bondad o ausencia de la misma en esta obra. Simplemente diré que me ha entretenido de la misma manera que me entretiene ojear y hojear una revista en la sala de espera del dentista, sin más pretensión que hacer más amable la espera. Y en esta espera observo que Carmen Posadas en esta especie de colección de artículos periodísticos o crónicas de sociedad se confiesa como feminista aunque no radical («Yo no soy ni he sido nunca una feminista enragée»). También yo diría que dirige sus escritos a un público eminentemente femenino y lo digo porque para mí nombres como Goldie Hawn o Dyan Cannon, por ejemplo, nada me dicen. ¿Defecto mío? Puede ser, pero lo que sí es verdad es que he llegado hasta aquí, vamos hasta la edad que tengo -la misma que Carmen Posadas- sin necesitar identificarlos. ¿Les ocurre lo mismo a mis amigas? Sería bueno saberlo. 

Distribuye los artículos en seis apartados cuyos epígrafes en mi opinión identifican con claridad el público lector en quien la Posadas estaba pensando mientras escribía su libro, o sea, ellas, las mujeres:  Nosotras, Ellos, Los elegidos de los dioses, Víctimas del look, Dime cómo te vistes y te diré cómo eres, y Reglas de la buena (y la mala) educación. La mayoría de los escritos reflexionan sobre lo inane de la moda, el voyeurismo social, la tiranía del aspecto físico, la fama... La autora es bastante transparente a la hora de manifestar sus fobias y filias hacia algunos personajes de la sociedad. 
«el caso de Ana Obregón, en cambio, me chifla: parece como si tuviera una necesidad compulsiva de ir siempre enseñando sus “lolas” de plástico. Bueno, hasta ahí lo entiendo: si la pobre chica ha sido como una tabla de planchar toda la vida, ahora querrá mostrarnos sus protuberancias, vale, elemental querido Freud, pero ¿y las piernas? Teniendo en cuenta que son como dos palillos, me pregunto yo que afán la empuja a enseñarlas a todas horas» 
En el apartado titulado Dime cómo vistes y te diré como eres pasa revista al look de las mujeres en traje de baño y también al de muchos hombres. De nuevo diré que el tiempo no perdona y estoy convencido de que muchos jovencitos y jovencitas de hoy difícilmente reconocerán los referentes reales de algunos de estos nombres propios, algo que si ella misma lo declara, referido a cuando ella estaba haciendo el libro en 2001, ¿qué no ocurrirá hoy, 25 años después?
  • «Son mujeres que muchos jóvenes se hoy apenas sabrían decir quienes son: Esther Williams con sus púdicos trajes de baño con faldita “acorta piernas”, Raquel Wetch y su bikini saliendo del mar para fundirse con Bond, James Bond, Marilyn Monroe y su estomaguito retenido bien a la fuerza, y luego estaría la mujer de hoy sin miedo, esa gordita que se coloca un bikini porque quiere tomar el sol y bañarse, una mujer que no tiene miedo a nada ni a nadie, que no es prisionera de nadie ni de nada, no siquiera de la moda.» 
  • «los calzones de Fraga en Palomares, el look de José Mari, el de Felipe González, el de Narcis Serra…»
De Por el ojo de la cerradura lo que más me ha agradado es volver a recordar lo mucho que disfruté durante mis años universitarios con la semiología del francés Roland Barthes. El recorrido que Carmen Posadas hace por el mito moderno, la fama, la popularidad, las revistas del corazón, la publicidad y tal me han hecho recordar las indagaciones semiológicas que a rebufo del estructuralismo sesentero hiciera el estructuralista francés en libros que yo durante mis años universitarios disfruté muchísimo; me refiero concretamente a “Mitologías” y “Elementos de semiología”. Pero, amigos míos, Barthes murió en 1980, hace ya 45 años, y me temo que la Posadas, de mi misma edad, se ha quedado un poquito allí varada. 

En conjunto el libro que tenemos en las manos, en especial el último apartado, “Reglas de la buena (y de la mala) educación”, está cercano al ensayo de costumbres. La Posadas se muestra contraria a la desaparición de la gentileza masculina no por culpa siempre de éste, sino con frecuencia por culpa de las propias mujeres que se niegan a ser tratadas como seres frágiles o diferentes al varón. Habla aquí también de estas costumbres, hoy tan extendidas, de besuquear o tutear a diestro y siniestro. Con gracia expone las distintas maneras de besar a los amigos, a los ex, a los desconocidos que nos son presentados… e incluso alude a ese hábito novedoso de besar no con dos, menos con uno, sino nada menos que ¡con tres! Y sobre el tuteo hoy tan habitual defiende el ustedes frente al tú y se critica a a sí misma por haber caído en él a veces por no sabe bien por qué.


Para finalizar
Premio Planeta, Jurado del Premio Planeta
Leyendo esta colección de reflexiones o pensamientos sobre la actualidad redactados hace casi 25 años a mí vez vengo yo a reflexionar sobre el cambio que en este cuarto de siglo se ha producido en lo que a voyeurismo se refiere. Carmen Posadas realiza su crónica voyeur, o sea, mira Por el ojo de la cerradura,  tomando nombres de personajes públicos del corazón, de la música, del cine, del artisteo… Hoy, veintitantos años después este cotilleo, este voyeurismo vergonzante y muchas veces vergonzoso tiene otros protagonistas: los políticos. Son ellos quienes ahora se esfuerzan por ocupar esos programas televisivos que antes eran territorio exclusivo de las intimidades de los famosos. Se han erigido en famosos y hacen lo posible por permanecer allí semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hasta obtener su ansiado botín, el voto del espectador anónimo que les haga repetir en el puesto para durante otro cuatrienio volver a machacar con sus veleidades, traiciones, astucias y añagazas.

Por el ojo de la cerradura se cierra con un artículo titulado 'Si yo fuera rica'. En él declara Carmen Posadas con claridad la intención de su libro, entretener y comprenderse a sí misma
«Ser un Voyeur tampoco da la felicidad, naturalmente, pero ayuda a pasar el rato y también a comprender al prójimo, así como entender a ese prójimo tan cercano y a veces tan desconocido que es uno mismo.»

7 abr 2024

Ana Lena Rivera. Lo que callan los muertos

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«La vida está hecha para que convivan los niños con los viejos y los jóvenes con los adultos, para contarse cosas unos a otros y hacer un esfuerzo por comprenderse. Los más jóvenes tienen que explicarnos a los viejos todo lo nuevo que hay en el mundo y los viejos tenemos que contarles a los jóvenes las verdades que nunca cambian.»

Ana Lena Rivera, domestic noir,suspense
Lo que callan los muertos es una novela del año 2019, la primera que publicó la escritora Ana Lena Rivera (Oviedo, 1972). Con ella la autora del best-seller  Las herederas de la Singer (pincha en el título para leer su reseña) ganó en 2017 el Premio  de Narrativa Torrente Ballester en lengua castellana. Es asimismo este título el primero de la trilogía que por ahora es la serie Gracia San Sebastián. El oficio del personaje no es muy habitual en la novela negra o de investigación; estamos ante una encargada de investigar fraudes fiscales de contribuyentes a la Seguridad Social, o sea, un ser que se mueve entre dos aguas laborales: la funcionarial y la privada propiamente dicha. 

Sinopsis (tomado de la página web de la propia autora)
Gracia San Sebastián, investigadora de fraudes financieros, vuelve a su ciudad natal, Oviedo, con su marido después de que una gran tragedia golpee sus vidas. Tras varios años trabajando en el distrito financiero de Nueva York para un gran banco de inversión, Gracia se monta por su cuenta como investigadora privada, experta fraudes financieros.
Su primer encargo está relacionado con el cobro de la pensión de un militar que sobrepasa los ciento doce años y del que no hay registros oficiales desde hace más de veinte. El caso pronto se complica con el inesperado suicidio de una maestra de escuela ya jubilada.

Tras haber leído con mucho gusto el arrollador éxito que supuso Las herederas de la Singer para Ana Lena tenía pendiente echar un vistazo a las novelas anteriores que  la novelista escribió. He comenzado, como ya digo, con la primera de la serie y a buen seguro proseguiré con las otras dos. El estilo ameno y entretenido que tanto me agradó en el best seller de 2022 compruebo que es en Ana marca de fábrica desde el principio de su dedicación a la literatura. La novela, bien escrita, se sitúa en Oviedo donde Gracia indaga cómo es posible que un hombre de 112 años siga cobrando la pensión de jubilación. ¿Existe este Matusalén? ¿ Quién está beneficiándose del fraude? ¿Por qué? Todas estas y otras cuestiones se debaten en esta agradable narración. 

Dos indagaciones en apariencia independientes, al menos al principio, son las que se desarrollan: la oficial del fraude a la Seguridad Social y la del suicidio de Sofía, más conocida en el vecindario como la 'Impugnada' por el uso reiterativo que hacía del verbo impugnar a cuantas decisiones se tomaban en su Comunidad de Vecinos. Pese a la aparente distancia entre los dos casos pronto comprobaremos que existen entre ambos muchos nexos de unión, motivo por el que Gracia San Sebastián comienza a sospechar que la muerte de Sofía no ha sido voluntaria. Este asunto es uno de los suspenses del libro. Quien relata es la propia protagonista Gracia San Sebastián.

Por si la actividad profesional fuera poco, a lo largo de la novela vamos enterándonos de aspectos muy interesantes relativos a la vida personal y profesional de la investigadora: Acaba de regresar a España desde los EEUU donde trabajaba, con muy buenos resultados, en un banco de inversión; está casada con Jorge que viaja mucho y al que quiere de verdad, aunque el mazazo que para ambos supuso la muerte de Martín, su hijo de tres años, los mantiene aún en estado de shock sentimental no superado; instalados en Oviedo ella se encuentra a gusto con su nueva dedicación profesional y muy bien arropada familiarmente con su independiente hermana Bárbara, médico de profesión, y su pesadita, pero muy entrañable madre, Adela. A todos estos seres que le hacen la vida agradable habría que añadir a Norah, su amiga farmacéutica; y a Geni, antigua compañera de colegio reencontrada pasados muchos años, que está casada con Rafa, comisario jefe de la policía de Oviedo, y que es amicísima del cotilleo.

El capítulo de personajes se completa por el lado de la investigación del fraude y del suicidio con otra serie de personajes muy bien dibujados: Lucas Ramilo, el dueño de la taberna La Tapilla Sixtina; Pepe Ramilo, padre de Lucas; Carmina, hermana de la Impugnada; Ernesto, sobrino de ambas; Antonio, hermano de Sofía y Carmina, que ha regresado a Oviedo al conocer la muerte de su hermana; Berta Llorente, una vidente con mucha influencia en Carmina; etc.

Son todos personajes muy creíbles, muy cotidianos, muy humanos, que la novelista presenta con el trazo ágil que caracteriza su escritura. La misma agilidad y naturalidad que muestra en la descripción de los ambientes y de los lugares ovetenses por donde se mueven todos ellos. La ciudad de Oviedo aparece como una localidad provinciana, donde todos se conocen, donde pasan pocas cosas, pero las pocas que suceden dejan mucha huella en ella. Así, sin ir más lejos en el detalle, se citan la estatua que la ciudad dedica a Woody Allen o "El culo", la escultura de Eduardo Urculo que aparece frente al teatro Campoamor donde cada otoño se hace entrega de los premios Princesa de Asturias. 

Estamos ante una novela que debe mucho [lo reconoce la mismísima Ana Lena Rivera en algunas de sus entrevistas] al inmenso aprecio que la escritora siente desde siempre por la literatura de Agatha Christie. El mismo ambiente costumbrista, de domestic noir, que caracteriza la narrativa de la escritora inglesa es el que se presenta en Lo que callan los muertos. Y digo de domestic noir no sólo por la naturalidad y el costumbrismo manifiestos, sino por la personalidad de la investigadora, Gracia San Sebastián, una mujer que no es policía ni detective, sino simplemente una persona curiosa por saber y conocer si en verdad lo de la Impugnada se trata de un suicidio o de un asesinato. El personaje de Jessica Fletcher, inspirado en la Miss Marple de Agatha Christie, palpita en la personalidad de Gracia. El guiño a la autora británica es patente en la sospecha de crimen que la protagonista cree ver donde hay suicidio; al ser preguntada por el comisario sobre que a qué se refiere con esta sospecha, ella le contesta («A personas envenenadas en sus casas o algo así, al más puro estilo Agatha Christie»). Una segunda evidencia se da cuando Gracia San Sebastián en un momento dado le dice a Rafa, el comisario ovetense
«Supongo que no te refieres a la típica escena final propia de Jessica Fletcher en Se ha escrito un crimen, donde el culpable confiesa mientras la policía lo graba todo desde el cuarto de al lado e interviene en el último momento.»
Woody Allen y España
Esta alusión a la serie televisiva "Se ha escrito un crimen", que durante doce temporadas (1984-1996) y 264 episodios hizo las delicias de los televidentes, es muestra clara de la adscripción de esta novela al domestic noir. Por si alguien no lo recuerda en Se ha escrito un crimen Jessica Fletcher (protagonizada por la actriz Angela Lansbury), profesora de inglés, empieza a escribir novelas de misterio y, además, a resolver numerosos casos de asesinato, gran parte de ellos ocurridos en Cabot Cove, lugar de residencia de la protagonista. La semejanza con Gloria San Sebastián es más que evidente.

Pienso que la autora tenía desde el inicio la idea de realizar una serie novelística noir. Y lo creo porque al finalizar la lectura de Lo que callan los muertos quedan cabos sueltos respecto a las relaciones entre algunos de los personajes y/o la vida privada de la protagonista. Esto invita y me incita a leer las otras dos novelas de la serie para saber cómo evoluciona la relación de Gloria con su marido Jorge; cuál será el futuro de su hermana Bárbara, de su madre Adela y de su amiga Sarah; etc., etc. 

Conclusión
Lo que callan los muertos se lee con mucho gusto y facilidad. Es el tipo de literatura que sirve para desconectar, para entretener. Es una literatura realista de corte costumbrista. Los personajes viven situaciones cotidianas y en su vida particular deben de enfrentarse a ellas y resolverlas como hace cualquier hijo de vecino; no estamos ante héroes buenísimos ni villanos malísimos, sino ante personas normales que en su día a día han de lidiar y disfrutar en sus casas con hijos y pareja. 

Se me olvidaba decir que en esa cotidianidad en la que se desenvuelven los personajes surge de manera espontánea, tal y como ocurre habitualmente en la vida, el humor. Un humor a la inglesa, o sea, nada soez, un humor fino y blanco. Así por ejemplo la relación vía wasap entre madre e hija, entre Adela y Gloria, dibuja en nuestros labios más de una sonrisa al reconocer y reconocernos en esa situación; otro tanto cabría decir del funcionamiento de la oficina de la vidente Berta Llorente con esa asistente que reclama el pago de la sesión realizada o por realizar.

No se me ocurre mejor manera de cerrar esta reseña que utilizar las mismas palabras que escribí al final de mi escrito sobre Las herederas de la Singer:
«una autora que recomiendo vivamente a cualquiera, que entretiene y enseña tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta. Desde luego no será la única novela que lea de esta escritora asturiana afincada en Madrid.»

11 abr 2023

Ana Lena Rivera. Las herederas de la Singer

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«Mírame —dijo Olvido mientras volvía a sentarse—. A ver si aprendes de una vez que en esta vida las mujeres estamos para ver, oír y callar. Sobre todo callar. Tu padre es tu padre, el que se desloma picando carbón doce horas al día para traer el dinero a la casa y que tú puedas vivir como una señorita. Él es el que manda aquí, y no te voy a permitir que le faltes al respeto. Tú estás para servirle y para rezar por que no se lo lleven al frente. Así que ni se te ocurra repetir lo que has dicho hace un momento. A nadie. Jamás en tu vida. Tú a callar y a obedecer. ¿Lo entiendes?.»

Las herederas de la Singer, novelas de mujeres escritas por mujeres para mujeres
No hace mucho que María Torregrosa, excelente y antigua amiga mía, me regaló esta cuarta novela de Ana Lena Rivera (Oviedo, 1972), la primera de una nueva etapa narrativa suya tras la trilogía de novela negra protagonizada por la investigadora Gracia San Sebastián (Lo que callan los muertos, 2019; Un asesino en tu sombra, 2020; y Los muertos no saben nadar, 2021). Curiosamente, el año pasado había barajado yo el nombre de la escritora en mi afán por culminar el Reto Autores de la A a la Z del blog Lecturápolis en el que desde hace años participo y con el que disfruto mucho. Para la letra L pensé precisamente en ella, en Ana Lena Rivera; sin embargo, ahora no sabría decir bien por qué, no acabé leyendo ninguna obra suya al cruzárseme por el camino otro autor, concretamente Hervé Letellier y su sorprendente novela La anomalía. Pero en esta ocasión, al tener en mis manos Las herederas de la Singer, que María me había hecho llegar me dije: «este año sí que sí». Y así ha sido.

 Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Las herederas de la Singer cuenta la conmovedora historia de las mujeres de una familia ligadas a una máquina de coser que custodió un secreto durante cuatro generaciones.
El día que la joven Aurora se vio obligada a trabajar en la mina tras el accidente de su padre, se juró a sí misma hacer lo que fuera necesario para salir de aquel infierno.
Un matrimonio sin amor y la máquina de coser Singer de segunda mano que recibe como regalo de bodas le proporcionarán una nueva forma de salir adelante, hasta que un terrible suceso convierte la Singer en la única prueba de la amenaza que la perseguirá toda la vida.
Muchos años después, la complicidad que teje con su bisnieta Alba desvelará el secreto que ha planeado sobre las mujeres de su familia.
He leído con mucho agrado esta novela de medio millar de páginas en la edición DeBolsillo del grupo editorial Penguin Random House. Como se ve en la fotografía que encabeza esta reseña el volumen que he manejado viene con el marchamo en portada de 'best seller'. ¿Es un best seller Las herederas de la Singer? Sí, claro que sí. Mucho he reflexionado yo sobre la bondad, acierto o desacierto de este concepto. Y siempre, tras el oportuno ejercicio, he llegado a la conclusión de que un éxito de ventas (eso es en definitiva un best seller) no equivale por definición a buena o mala literatura. Que este paraguas acoge un variopinto grupo de obras es cierto: para algunos -frecuentemente los no muy lectores- "best seller" equivale a literatura de mala calidad; y para otros, en mi opinión también equivocadamente, las novelas que llevan este sello son siempre buenos libros. Pues, ni lo uno ni lo otro. Hay éxitos de venta magníficos y los hay deleznables. Los no muy lectores se escudan en él para justificar su alejamiento de ciertos títulos; de este modo pretenden mostrar su exquisitez, consecuencia de la cual se dejan por el camino lector obras magníficas que han tenido el acierto de aunar en sí mismas calidad y aceptación popular. [sobre la cuestión 'best-seller' recomiendo la lectura de la conferencia que en un ya lejano año 2009 dio en Getafe el poeta José Luis Morales y que yo reproduje en el blog. Se puede consultar AQUÍ]

En el caso de Las herederas de la Singer de Ana Lena Rivera la aceptación popular -25.000 ejemplares vendidos reza el fajín promocional que envuelve cada volumen- viene dada por el asunto que toca (el empoderamiento femenino) muy de actualidad ahora mismo en nuestro país y en el mundo occidental; pero también la aceptación popular estriba en el enorme acierto que Ana Lena ha tenido con la estructura que ha dado a la obra: un puzle desordenado en el que las cuatro o cinco generaciones de mujeres que protagonizan el relato aparecen y desaparecen, mezclan sus experiencias vitales en la mente del lector al presentarse éstas en estudiado desorden temporal.  Este aparente desorden desconcierta un tanto al principio, al sucederse los nombres de las mujeres y las fechas dispares que los acompañan sin manifiesto orden alguno. Sin embargo, al ser una prosa ágil la que sale de la mano de Lena Rivera, las páginas pasan rápido y en poco tiempo quien lee la novela tiene clara la sucesión genealógica de esta saga de mujeres que comenzó con Olvido casada con el minero Frutos; siguió con Aurora, auténtica protagonista individual de la narración, casada con Paulino al que se unió sin amor alguno; tras ella, su hija Águeda, que se casa con el bueno de Jesús y marchan a vivir en Oviedo; Ana, hija de estos dos, es la que da el salto socio-económico de la familia al casar con Carlos Fresno; y por último, Alba, de nombre simbólico, igual que el de Aurora, y que, como ella, marca un antes y un después en el camino de la definitiva emancipación de la mujer.

Junto a estas cinco mujeres hay otras que, aunque fuera de este entorno familiar, tienen también su importancia en el relato (Florita, amiga de Águeda; Ramona, amiga de Aurora; Deva, amiga de Alba; etc.). Y junto a todas ellas marcha la propia Historia del mundo en el que estas mujeres viven. Un mundo en el que los grandes episodios nacionales y universales marcan los tiempos: la revolución del 34, la Guerra Civil, el primer franquismo con su fuerte represión y sus mentiras, la llegada del hombre a la luna, La muerte de Franco, la iglesia del Palmar de Troya, la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente, el movimiento LGTB, el auge del feminismo...

La trama se presenta a lo largo de 22 capítulos distribuidos cada uno de estos, a su vez, en un variable número de secuencias encabezadas con el nombre de una de las mujeres que intervienen en la historia (Olvido, Aurora, Águeda, Ana, Florita, Alba). De todas ellas son Ana, Aurora, Alba y Águeda, quienes soportan y protagonizan el mayor número de secuencias. Unas secuencias que en su estructura individual parecen relatos independientes; quizás, por ello, la fecha que sigue en el encabezado a cada uno de los nombres propios se hace imprescindible para no perderse. Quien narra, salvo en los rotulados con el nombre de Ana, contados por ella misma en primera persona, es un narrador externo de tipo omnisciente en tercera persona. Este juego de un narrador en primera junto a otro en tercera le sirve a la escritora para ir introduciendo poco a poco la idea de una novela que está siendo escrita por uno de los personajes, Ana, y protagonizada por su abuela Aurora, sin duda alguna el personaje principal de toda la historia. 

Se achaca a la novela de Ana Lena Rivera ser la obra de una mujer sobre una historia de mujeres destinada a un público formado fundamentalmente por mujeres. Desde mi propia posición de lector masculino no creo que esta afirmación sea del todo exacta, aunque sí que encierra algo de verdad: el autor es mujer, la historia lo es de mujeres y cierto es también que está siendo leída mayoritariamente por mujeres. Esto, naturalmente, no es mejor ni peor. Como lector hombre sí que he visto a los de mi sexo un poco como personajes comparsa, es decir, con poco protagonismo en la trama y que, cuando lo tienen, no destacan precisamente por su bondad. En Las herederas de la Singer los hombres que aparecen cubren todo un amplio abanico de comportamientos censurables: abusan de sus hijas, se emborrachan con asiduidad, esconden vergonzantemente su homosexualidad, se echan amantes de las que abusan y satisfacen exclusivamente con dinero, violan a sus subordinadas laborales, se juntan en manada y practican violaciones grupales... En fin, unos joyitas. Por contra, frente a estos especímenes, las mujeres son más amables, cuidadoras de ellos  y de sus hijos, practican la sororidad, se machacan hasta el extremo para llevar dinero a la casa y sacarla adelante, son receptivas a los avances sociales especialmente en lo tocante a las nuevas relaciones interpersonales, se reinventan constantemente en positivo... Sólo hay un hombre, Carlos Fresno, que sirve de eslabón entre ambos sexos; es a través de él que el mundo originado en la mina se une al de la ciudad, ayuda siempre a su esposa Ana a pesar de que la relación ya no sea como al principio, atiende siempre las demandas de todo tipo de su hija Alba... En fin, Carlos es el prototipo de hombre ideal; cierto es que para alcanzar este ideal el dinero ayuda mucho, mucho. Así lo reconoce la propia Alba en conversación con su amiga Deva quien ante una misma experiencia traumática reacciona de manera totalmente diferente:
«—La diferencia entre tú y yo es que yo puedo hacer lo que hago porque tengo los medios y el apoyo para hacerlo. Mi padre ha puesto a mi disposición fondos ilimitados para meter a esos cabrones en la cárcel. Hemos nacido en familias distintas. No tiene nada que ver con cómo eres.»
De entre las cosas que me han agradado de esta novela destacaría el asturianismo que destilan muchas de sus páginas presente en la geografía por donde se mueven los personajes (Mieres, Gijón, Oviedo) y en varios vocablos incrustados en el castellano como candar (cerrar), solmenar (sacudir), frisuelos (tortas dulces semejantes a las crepes), cascayu (juego infantil de la rayuela), cachopo, etc. También me ha encantado ver a estos personajes moverse por los espacios que yo habito: Madrid, Las Rozas, el polígono de Európolis, etc.


Para finalizar
Novelas feministas actuales
Las herederas de la Singer
 es una novela que se lee muy bien, que captura al lector desde la primera página de las 500 que tiene. Una novela que me atrevería a encuadrar dentro del costumbrismo de hoy; un costumbrismo que habla de penalidades socio-políticas, de abusos laborales y sobre todo de abusos sexuales y violaciones. Un costumbrismo que pone su punto de mira en el ámbito femenino de ayer, de anteayer y de ahora mismo. Una novela que se abre con alegría al futuro positivo que se adivina para la mujer en nuestra sociedad y el mundo en general. 

Ana Lena Rivera  ha escrito una historia feminista que repasa la vida de cinco generaciones de mujeres desde los albores del siglo XX hasta el año 2022. Son mujeres valientes que salen adelante con arrojo y determinación. A lo largo del siglo largo en que estas mujeres viven, las circunstancias sociales van cambiando y los problemas comunes a ellas, sea cualquiera la época en que sucedan, los van afrontando de modo diferente, pero siempre con muchos bríos.
En definitiva esto es la novela: un recorrido por la Vida, la vida de cuatro o cinco generaciones de asturianos. Unos asturianos hembras. pues el foco está puesto en las mujeres
«Recorrieron la calle donde estaban la casa de Aurora y la de Ramona, en pie y deshabitadas, y solo bajaron del coche para visitar las tumbas de todos los que formaron parte de la vida de la bisa: la de Paulino, la de Frutos y Olvido, la de Ramona, su madre y sus hermanas, y la de Florita y Herminia.»
Una lectura y una autora que recomiendo vivamente a cualquiera, que entretiene y enseña tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta. Desde luego no será la única novela que lea de esta escritora asturiana afincada en Madrid.

Ana Lena Rivera, Novela negra, Novela costumbrista

3 may 2021

Ana Iris Simón y su primera novela: "Feria"

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«Igual me da envidia la vida que tenían mis padres con mi edad porque a veces, sin casa y sin hijos en nombre de no sé muy bien qué pero también como consecuencia de no tener en el horizonte mucho más que incertidumbre, daría mi minúsculo reino, mi estantería de Ikea y mi móvil por una definición concisa, concreta y realista de eso que llamaban, de eso que llaman progreso.» (pág. 26)

He llegado hasta Ana Iris Simón y su primer libro, "Feria", por un comentario que sobre esta obra  realizó Andrés Trapiello hace poco más de dos semanas en prensa. Decía textualmente Trapiello entre otras muchas cosas en ese artículo periodístico que llamó mi atención:

«Los pijos de izquierda han dejado estos días las zonas residenciales de Madrid (el norte) para visitar los arrabales (el sur), demandando el voto que también allí les disputan los pijos de derechas. Pero a diferencia de estos, los de izquierda, dicen 'nosotros, los currantes' y 'lo reconozco, yo tengo un buen salario' [...] Los pijos han entrado en campaña justo cuando acabo de leer Feria, de Ana Iris Simón.
[...] Ana Iris Simón describe a los farsantes, esta vez de izquierdas: "han pasado los veranos en Irlanda", tienen "dos másteres y un doctorado antes de los treinta", "no han visto un gitano por primera vez antes de los veintisiete cuando fueron a Casa Patas" y le dicen "a los que viven en un bloque de VPO", que "no tienen ni puta idea por no ver en Sálvame el katejon antifascista. Nada nuevo bajo el sol: señoritos diciéndole al pueblo lo que el pueblo es (…), los que parece que sienten nostalgia de un barro que no han pisado en su vida". En su puta vida.»
Tras tan sabrosas y desusadas frases no tenía más opción que hacerme con la obra de esta joven del Campo de Criptana (Ciudad Real) que con inmenso desparpajo y sin sentirse constreñida por el dogma de lo políticamente correcto ha publicado en octubre de 2020 este su primer libro que ya va por su quinta edición, prueba de la buena recepción que está teniendo.

Dice la autora en esta obra memorialista, en la que ella aparece como testigo esencial de los sucedidos que relata, que «si lo que más me gustaba era escribir sobre la familia y la costumbre quizá es que lo que más me gustaba no era escribir, sino la costumbre y la familia» Y lo dice en unos tiempos en los que parece que hay que escapar, huir, de todo aquello que tenga resonancias a conformidad con lo recibido.  Y no, no es así para nada. Ana Iris, nombre hermoso donde los haya, cuya razón explica la autora en la obra relacionándola de manera hermosa y coloquial con la profesión de sus padres en la Oficina de Correos de Aranjuez por una parte y con la diosa del arcoíris que anuncia el pacto de unión entre el Olimpo y la tierra al final de la tormenta, por otra. La diosa Iris, al igual que Hermes, es la encargada de hacer llegar los mensajes de los dioses a los seres humanos. Desde luego más relación con el oficio que simboliza la cornamusa coronada no podría haber. 

En Ana Iris confluyen dos líneas genealógicas: la de los bisuteros por parte de su madre Ana Mari, -así eran llamados sus abuelos María Sola y Gregorio por ser feriantes-, y la de Mari Cruz y Vicente, sus abuelos por parte de Javier, el padre, que eran, digamos, más urbanitas, más asentados, más unidos a la tierra criptanera a cuyo cultivo se dedicaban. Es a estos dos mundos a los que la joven autora dedica la obra. Quizás más al de los feriantes por ser un mundo más evanescente mientras que el de su abuelo campesino es más estable y duradero como demuestra el árbol plantado por él, un almendro, que algunas tardes de verano iban a regar, abuelo y nieta, sin mayor finalidad que la de «cuando él falte, me dice, y yo pase por allí con alguien, podré señalarlo y decirle "mira, ese árbol lo plantó mi abuelo, así que pa mí es la sombra".»

El libro se organiza en nueve apartados más un décimo titulado La historia del Gigante. Este relato que cierra el volumen es, además de un encargo del padre que Ana Iris y su hermano Javi realizaron debidamente, un canto homenaje a la tierra manchega de la que la escritora está más que orgullosa, y, naturalmente, nada hay más manchego que la historia de don Quijote y de los gigantes convertidos en molinos. Se debe de leer el libro para entender debidamente el porqué de este décimo relato; sólo diré aquí que nace del deseo de Javier padre por conocer el antes de un hombre muy alto y algo herido con el que toparon él y sus dos hijos en la estación de Alcázar de San Juan un día que pasaron los tres juntos. 

 Si la Ana Mari puso a Ana Iris en contacto con la verdad de la tierra pateada y de los paisanos que pasaban por la caseta de feria, la figura de Javier, el padre, supone para ella el estímulo necesario de su afición por contar historias. Declara Ana Iris: «mi padre vivía en los relatos, en las historias que me contaba, pero sobre todo en las que se contaba a sí mismo». Fue él quien despertó y azuzó, seguramente sin saberlo, su afición por la escritura, él quien le había contado historias desde que era muy niña; ahora, cuando le pidió que le escribiera la historia de ese gigante manchego, venía a decirle que era llegado el momento de pasarle los trastos de la vida: hasta ese momento él «se había ocupado de ordenar la realidad, nuestra realidad, de inventársela o, más bien, de explicárnosla.»  

Desde la dedicatoria Ana Iris declara la devoción que siente por su familia. Una devoción que no excluye la disensión, el choque dialéctico, la critica. Pero siempre por encima de todo eso está el amor sentido por ella hacia sus padres, abuelos, primos, amigos..., y el que en justa correspondencia siente sobre sí. Eso debe de ser la felicidad; sí, así debe de ser y desde luego esta colección de relatos costumbristas cuyo epicentro es la persona de la autora rezuman afecto, cariño; en definitiva, amor. Hay amor incluso hasta cuando vemos a la pareja formada por sus padres, la Ana Mari y Javier, rota; incluso entonces la felicidad, el buen ambiente, la falta de improperios entre los progenitores, existe. Es evidente que llevarse bien no equivale a asentir en todo cual bestias irracionales, no. Por eso en este libro se comentan disensiones entre la narradora y otros partícipes en él: entre el padre y las abuelas a propósito de la religión, entre el padre y la madre por la educación que cada uno entiende hay que dar a los hijos, dentro del núcleo de amigos de Ana Iris también se disiente... Pero son siempre discrepancias que no van más allá del puro diálogo, y que sirven a quienes las protagonizan de estímulo en su crecimiento personal.

Los Bisuteros, Mercadillos populares
Lo que a mí más me ha interesado desde el punto de vista anecdótico es la mostración que Ana Iris realiza de un mundo en vías de desaparición si no ya totalmente fenecido: la Feria y los feriantes. Es "Feria" un homenaje claro a esa manera nómada de vivir que acababa en la Feria de Gerona a mediados de otoño tras haber pasado desde el mes de mayo por las de un sinfín de localidades españolas: Madrid, Alicante, Alcázar de San Juan, Salamanca, Valladolid, Zaragoza, Gandía, etc. Llegado el frío y la poca luz los bisuteros que eran la familia materna se acomodaban en los mercadillos semanales de las localidades próximas a Campo de Criptana. Era una vida nómada que a Ana Iris le encantaba pero de la que también se avergonzaba y de la que no se atrevía a hablar delante de sus compañeros del Vicente Aleixandre de Aranjuez:
«Cuando la profesora, que se llamaba Rosa, nos preguntó qué habíamos hecho en verano [...] no hablé de que me había pasado varias semanas durmiendo con mi abuela María Sola y mi abuelo Gregorio en una caseta, ayudándole a descargar la Mercedes, lavándome en una palangana y andando descalza hasta la fuente en la que cogíamos el agua mientras mi abuela me gritaba que no fuera descalza, que me iba a pichar e iba a coger el tétanos. No hablé de nada de eso porque me daba vergüenza, no fueran a pensar que éramos gitanos y que por eso no sabía leer, porque eso era lo que, fuera de la feria, había oído que éramos los feriantes.» (pág. 80)
Pero lo más meritorio de la primera obra de esta escritora novel es sin duda alguna la manera como está escrita. Es un estilo memorialista caprichoso que sigue los vaivenes dispares del pensamiento con paradas en el recuerdo desde un presente actualísimo. Se alternan sin orden preciso en la novela la más chirriante actualidad (alusiones a partidos políticos muy nuevos como Vox, o a Podemos formando parte del Gobierno de España…) y el pasado recordado vivamente pese a la corta edad de Ana Iris dada la conmoción ocasionada por el suceso (el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, por ejemplo) o ese otro pasado que a los mayores conmocionó y que verbalmente le transmitieron desde su niñez como por ejemplo cuando su padre Javier y el abuelo Vicente, simpatizantes comunistas, le cuentan a la joven narradora la lucha por la amnistía general finalmente conseguida en 1978 tras tantos años de dictadura.

Este traqueteo hacia adelante y hacia atrás provoca el choque emocional entre el mundo de hoy y el perdido del todo o quasi desaparecido. La España de las pesetas y la del €. La de las pesetas es la de los padres y abuelos de Ana Iris; la que se la estaba cargando era la de los Leclerc, los McDonald's, el Aquópolis, etc., etc. Esta era la modernidad que se avecinaba y que los feriantes sabían que acabaría con ellos. En medio de esta barahúnda, los niños como Ana Iris que aunque en verano viajaba en la Mercedes de feria en feria sin embargo ya se divertía con sus amigas y primos viendo series televisivas como 'Peaky Blinders' o jugando a videojuegos como 'Fortnites'. Era una pérdida sin retorno posible.

La Mancha mítica, literatura pop actual
El libro es una preciosidad por esa manera tan fresca y natural con la que está escrito. El ritmo es fluido y el tono que del escrito emana revela llaneza y ausencia total de impostura. Naturalidad narrativa en la expresión y por ende también en lo comunicado. La chica que cuenta sin dobleces su visión del mundo que le ha tocado vivir es tan auténtica como reveladoras son la serie de fotografías referidas a la vida real de la protagonista. Son fotos en blanco y negro de ella niña, de ella con sus padres, de su madre  Ana Mari, de La Mancha con sus molinos o esas casas-cueva de Ontígola (Toledo) donde vivieron unos años, etc. 

Algunas frases especialmente destacables
  • «Cuando era pequeña pensaba en mis abuelos, pensaba en los Bisuteros [...] como un vestigio de una España que fue y ya no es. Una España en la que había zoos chicos y enanos recortadores y en la que sonaba Camela, pero donde también había recitadores como Waldo, el amigo de mi abuelo Gregorio, que declamaba romances y coplas de pie quebrado en el teatro chino de Manolita Chen.» (pág. 129)
  • «Nos pasamos la adolescencia y la primera juventud deseando no parecernos a nuestros padres y cuando crecemos, o igual es que crecemos por eso, nos damos cuenta de que casi todo lo que tenemos de bueno no es nuestro, sino suyo.» (pág. 193)
  • «Quería decir, además de que si todo es fascismo -y parece que así es- nada lo es, y que a mí me llevan los demonios porque fascistas fueron los que se llevaron a mi bisabuelo primero a la cárcel y luego al exilio y no cuatro neocones en Twitter y en el Congreso y ellos no serían capaces de hacer algo tan grande, y esto no lo digo yo, lo dijo Pablo Iglesias.» (pág. 162)
  • «Sentía que [yo] era de la feria, que la feria me pertenecía y yo pertenecía a la feria porque sabía cómo se ponía en marcha, cómo era cuando nadie la veía. Siempre es así, supongo: para sentir que uno pertenece a algo o a alguien, o que algo o alguien le pertenece a uno, es necesario entender sus tramoyas.» (pág. 118) 
  • [Ana Iris es hija de] «un ateo monoteísta, porque mi padre no era ateo, sino que creía profundamente en el ateísmo»
La autora
Treinteañeras que quieren ser madres, España hoy
(biografía contenida en la solapa de la edición de la obra realizada por la editorial Círculo de Tiza)
[Campo de Criptana, 1991] Estudió en escuelas públicas de Aranjuez. Cursó Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos en Fuenlabrada mientras doblaba y alarmaba camisetas en Desigual y hacía de guía en el edificio de Telefónica en Gran Vía. Su primera casa fue Telva y después fue redactora en Vice y guionista en Playz de RTVE. Con 28 años ha sido testigo de tres ERE. Actualmente colabora con distintos medios. Se acaba de ir de Madrid, donde vivió desde 2014, a una ciudad de provincias, en parte porque le da envidia la vida que tenían sus padres a su edad, aunque la Thermomix no se la ha comprado ni se ha metido en la hipoteca. Feria es su primer libro.

La novela ha sido distinguida con el Premio ‘Javier Morote’ 2021, consagrado a reconocer una obra especialmente sobresaliente publicada por un autor muy joven. Ha sido la cuarta edición de estos premios, creados en 2018 por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal).