Mostrando entradas con la etiqueta William Shakespeare. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta William Shakespeare. Mostrar todas las entradas

19 sept 2021

"Hamnet" de Maggie O'Farrell

24 comentarios:

«La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos.»

Concha Cardeñoso (traductora), Maggie O'Farrell
Es la primera novela que leo de Maggie O'Farrell, autora irlandesa a la que llegué gracias a una elogiosa crónica que escuché en una emisora de radio durante un viaje. Quien la recomendaba era Sergio del Molino, escritor a quien sigo y leo desde hace tiempo. En el programa radiofónico que oía mientras conducía Del Molino hablaba con Concha Cardeñoso, traductora de la novela en la edición de Libros del Asteroide que es quien la ha publicado en España. Mis expectativas sobre ella tras escucharlos eran grandísimas. Sin desvelar nada de lo que ocurría en la narración pero sí aclarando el origen de la misma ambos expusieron algunos extremos de la novela que en 2020 ganó el National Book Critics Circle Award for Fiction y el Women’s Prize for Fiction

Sergio del Molino ensalzó especialmente la traducción de Concha Cardeñoso, extremo que he comprobado y -¡disfrutado!- por mí mismo durante la lectura. Sin duda alguna la precisión lingüística, el cuidado por encontrar el vocablo exacto a cada una de las situaciones es uno de los grandes valores de la novela. 


Sinopsis (proporcionada por la propia editorial)
Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. 
Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O’Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual


Prosigo con mi comentario. Resulta que la novela se titula "Hamnet", nombre que tuvo uno de los hijos de William Shakespeare. En la Inglaterra de finales del XVI el nombre Hamnet se utilizaba de manera indistinta con el de Hamlet. Y precisamente "Hamlet" es el título de la tragedia shakespeariana más conocida y alabada. Oyéndo hablar a  Del Molino con Cocha Cardeñoso pensé que la novela de Maggie O'Farrell se centraría sobre todo en la figura del dramaturgo isabelino. Y con esta expectativa mental es con la que comencé la lectura de la novela. Según avanzaba en ella con mucho gusto por mi parte, sin embargo en mi cabeza se iban deshaciendo como azucarillos las equivocadas ideas previas con que empecé a leerla. Pensaba -veo que equivocadamente- que la figura de William, el padre de Hamnet, tendría mayor relevancia en el relato, algo que no es así. Bueno, en realidad no es así y sí es así, dado que en el fondo la novelista en este relato muestra, entre otros muchos asuntos, las entrañas ocultas de la creación; en esta ocasión desciende hasta el motivo escondido, ignoto para los demás, por el que, ella imagina, se gestó  la tragedia shakespeariana del Príncipe de Dinamarca: algo tan cotidiano entonces como la muerte de un hijo. Esto, tras reflexionar sobre la lectura recién finalizada, me parece de quitarse el sombrero.

La verdad es que esta magnífica narración va precisamente de eso, de la vida cotidiana en Inglaterra a finales del siglo XVI: la vida, la muerte, la peste, las relaciones familiares, el teatro... El protagonismo recae especialmente en las mujeres y sobre todo en Agnes, la esposa del creador de "Hamlet" y padre de Hamnet. Agnes es quien con su esfuerzo, su magia, sus celos infundados o no, el amor a sus hijos, la mala relación con su madrastra, etc. llena y ocupa todo el relato. Es Agnes Hathaway (en la realidad histórica Anne Hathaway) la figura esencial en este relato. Es una mujer que vive muy en contacto con la Naturaleza de la que conoce todo o casi todo; es en cierta manera algo hechicera pues por transmisión materna sabe de las propiedades de no pocas plantas con las que fabrica remedios sanadores que sus vecinos valoran en lo que valen, motivo por el que la visitan  solicitándoselos. Al tiempo Agnes posee la capacidad de intuir el futuro y penetrar en el interior de la mente de las personas al presionarles con fuerza entre el pulgar y el dedo índice de la mano. Es ella una mujer independiente que no se amilana ante la presión familiar ejercida por su madrastra Joan, que lleva adelante sus propósitos sin arredrarse, y que anima a su marido simplemente por desprendido amor a que haga realidad sus deseos literarios aunque para ello deban de separarse marchando él a Londres y quedando ella a cargo de los hijos en Sttraford Upon Avon.

El marido de Agnes aparece siempre innominado, jamás se le cita por su nombre y mucho menos por su apellido a fin de no oscurecer en nada, de no empequeñecer la inmensa figura de la esposa Agnes y la de los otros personajes, que constituyen la cotidianidad en la que Él también se mueve. Aunque hay algún hombre como John, el suegro de Agnes. o Hamnet, el malhadado hijo, la mayoría de los personajes son mujeres: Judith, la hermana gemela de Hamnet; Susana, la muy responsable hermana mayor; los suegros: Mary, que cuida a Agnes como si fuera hija suya, y John, el guantero bebedor y mal negociante del que el marido de Agnes deberá escapar si quiere hacer algo en la vida; Eliza, Gilbert, Edmond, Richard, Mary que falleció («¿piensas en ella, todavía esperas oír sus pasos, su voz, su respiración por la noche?, porque yo sí, todo el tiempo. Todavía creo que un día me despertaré y estará ahí otra vez, a mi lado; que pasara algo, una arruga o un pliegue en el tiempo, y volveremos a estar donde estábamos cuando ella vivía y respiraba.», le dice Eliza a su madre Mary), y el esposo de Agnes son hijos de John y Mary; Bartholomew, hermano de Agnes; y por último estaría Joan, la segunda madre de Agnes y Bartholomew, que de su matrimonio con el padre de ellos «tiene seis hijos (ocho, contando a la hijastra medio loca y al idiota de su hermano, de los que tuvo que hacerse cargo cuando se casó)». Los seis hijos de Joan: Caterina, Joanie, Margaret, James, Thomas y William (el pequeño) apenas si tienen protagonismo en el relato. 

Es, como se ve, una galería grande de personajes -aún debería nombrar a algún otro como Ned (aprendiz ayudante del abuelo), Hewlands (el terrateniente fallecido al que el abuelo John adeudaba unas pieles que paga con clases de latín a los chicos menores por parte de uno de sus hijos), o Heminge (un amigo del padre de Hamnet, actor de la compañía teatral que éste tiene en Londres)...- en la que jamás, como ya he dicho, se cita por su nombre a William Shakespeare. Pero aunque nunca se le nombre explícitamente de fondo, y al tiempo en un primer plano, aparece su colosal figura abriéndose paso en el mundo de los corrales de comedias. El genio que hoy admiramos por su incontestable altura y nivel literario es mostrado en este relato visto desde la pequeñez de la vida doméstica: las dificultades económicas, la mala relación con el padre, el amor hacia los hijos, la relación con su mujer, la necesidad de la separación respecto a la familia para poder abordar el éxito en la capital...

Teatro isabelino, El Globe, Corrales de comedias
Sin duda alguna el motivo principal de la novela es la muerte de uno de los gemelos, el hijo al que la peste se llevó a pesar de los esfuerzos que la madre puso en impedirlo. En la época, la muerte de un hijo adolescente o de un bebé al poco de haber nacido e incluso, algo muy habitual, de la propia madre en el momento del parto no era algo infrecuente. Sin embargo -y eso es lo que en mi opinión Maggie O'Farrell se esfuerza en transmitirnos, lográndolo plenamente- mostrar el dolor de la madre que le dio la vida, que lo amamantó, que lo cuidó y fantaseó con su futuro no es materia frecuente en un relato. Aquí sí, y este es temáticamente el punto fuerte de esta narración: vemos a Agnes deshecha, desorientada, perturbada por la muerte de su hijo querido. Quizás, quien lea esta reseña pueda pensar en este momento que su marido es un desalmado al no sentir un dolor semejante al de Agnes ante la muerte del hijo. ¿Es así la cosa en verdad? Despejar esta duda es uno más de los alicientes que tiene la lectura de esta novela. Os animo a leerla y a disfrutar con ella.  

La autora, así nos lo indica ella misma al final de la obra, se ha documentado muchísimo. En la documentación que ha manejado no todo está claro. Por ejemplo el nombre de la mujer de Shakespeare aparece casi siempre como Anne y alguna otra vez como Agnes, nombre que ella ha preferido en su ficción. Sin embargo las fechas que se explicitan (matrimonio de Agnes y el padre de Hamnet en 1583; la peste y muerte del hijo en 1596; estreno de la tragedia "Hamlet" en 1601) son todas ciertas, verídicas y debidamente comprobadas.

Estilísticamente el relato avanza en contrapunto temporal en la primera parte de la novela, la cual finaliza con el fallecimiento del hijo adolescente. La distancia temporal es precisamente la marcada por las tres fechas señaladas, con el centro en la de 1596, basculando las otras dos narraciones hacia delante ('flash forward') y hacia atrás ('flash back') respecto a ésta. Conocemos así el noviazgo entre Agnes y «el preceptor de latín». la vida de Agnes antes de casarse, el domicilio anejo a la casa de los suegros, etc.

En la segunda parte el contrapunto es más espacial que temporal. Concretamente en esta parte Maggie O'Farrell juega sobre todo con las localizaciones: en Londres donde Shakespeare intenta abrirse camino en el mundo del teatro y la casa familiar en Strafford Upon Avon donde vive Agnes con los hijos y a la que acude no con la frecuencia debida el dramaturgo. Esta tardanza en regresar a casa despierta en la cabeza de Agnes el fantasma de los celos. 

Si hay algo magnífico por encima del resto en la novela, ello es el lenguaje utilizado. Es un lenguaje pleno de imágenes y metáforas («el dulzor punzante de manzanas caramelizadas», por eso de poner un ejemplo), de una precisión léxica extraordinaria. Se nota que Concha Cardeñoso, la traductora, se ha esforzado muchísimo por hallar el vocablo justo y fiel a la frase, a su contexto. Es un vocabulario preciso y adecuado para la época. Por ejemplo 'carriola' (cama baja con ruedas que se oculta bajo otra cama más alta); 'orillo' (remate de otro color de las telas); 'sebes' (Cercado de estacas altas entretejidas con ramas largas); 'buccino' (Caracol marino de concha pequeña y abocinada, cuya tinta solían mezclar los antiguos con las de las púrpuras y los múrices para teñir las telas); 'crespina' (Cofia o redecilla que usaban las mujeres para recoger el pelo y adornar la cabeza); yegua picaza (Dicho de un caballo o de una yegua: De color blanco y negro mezclados en forma irregular y manchas grandes.), etc.

Algunas citas:
  • «Una mañana de principios de primavera, unos quince años antes de que Hamnet vaya corriendo a casa del médico, un preceptor de latín se encuentra junto a esa misma ventana; ensimismado se tira del aro que lleva en la oreja izquierda.» (ejemplo de traslación en el tiempo. Muy cinematográfico)
  • «Las plantas y las uñas conservan todavía la suciedad que acababa de recoger de la vida: polvo en la calle, tierra del huerto, barrio de la orilla al río, donde se bañaba con sus amigos hace menos de una semana.» (ante el cadáver de un ser recién fallecido)
Mi experiencia de reseñador me dice que si la novela me ha gustado como es el caso no viene a cuento señalar algo negativo respecto a ella, por muy menor que esto sea. Y no viene a cuento ni conviene porque luego parece como si eso fuese lo más destacable del comentario. Y como no deseo provocar confusión alguna y mi intención y deseo es destacar la enorme valía de esta obra, me contendré. Sólo añadiré para finalizar que me encantan los libros que hablan de libros, los libros en los que aparecen autores trabajando sobre sus creaciones, aquellas historias en las que se entremezclan en equilibrada armonía la ficción y la realidad. "Hamnet" de Maggie O'Farrell es una de ellas.

Teatro isabelino, Strafford Upon Avon, Anne Hathaway
El teatro de El Globe de Shakespeare en Londres

____________________
Nota:
Procuro en mis reseñas no incurrir en spoiler a fin de incitar a realizar la lectura del libro reseñado. Por ello, en esta ocasión, para no desvelar un extremo importante de la trama he ocultado esa información tachándola en color negro. Si alguien, pese a todo, deseara conocer dicha información no tiene más que seleccionar la frase tachada y podrá leerla sin problema alguno.

20 dic 2020

William Shakespeare y Gerardo Vera. "Macbeth"

10 comentarios:

Después de haber visto en el Teatro María Guerrero de Madrid (España) la excelente puesta en escena de esta obra que estaba preparando Gerardo Vera cuando el cruel Coronavirus se lo llevó en septiembre pasado, busqué el texto impreso y lo leí de una sentada.

Es, todos lo sabemos, una magnífica tragedia shakespeariana sobre la ambición desmedida que pasa por encima de cualquier cosa para conseguir el poder y mantenerse en él. El crimen es el instrumento utilizado para lograr los fines; unos fines que Macbeth escuchara -o quizás soñara- de boca de tres brujas (en la puesta en escena de Alfredo Sanzol, solo una) que le dan tratamiento de rey y a su compañero Banquo le auguran que será padre de reyes. Ya solo esto -realidad o imaginación- sirve para poner en marcha la máquina del crimen, de la sangre delatora que teñirá de manera indeleble las manos de Macbeth y de lady Macbeth, quien con astucia y malévola mano izquierda instigará a su esposo para que realice la acción asesina requerida.

Un clásico que es de una modernidad sorprendente y en el que no pocos políticos de nuestra actualidad de aquí y de fuera de aquí deberían mirarse para evitar ser como este asesino implacable que en su megalomanía llegará a enloquecer. Menos mal que la Providencia hará que su indigno comportamiento sea castigado debidamente: primero con la enajenación mental en ambos esposos y luego con la venganza por parte del hijo del rey Duncan, traidoramente asesinado por Macbeth.

Hoy las maneras han cambiado pero la ambición y el deseo de poder desmedido permanecen. Los asesinatos políticos, afortunadamente, son incruentos, pero haberlos 'haylos'.

[En MoonMagazine publiqué el pasado 17 de  diciembre una reseña sobre la obra de teatro que desde el pasado 27 de noviembre y hasta el próximo 17 de enero de 2021 se puede ver en el Teatro Maria Guerrero del Centro DramáticoNacional]

5 jul 2018

Alfredo Sanzol, autor y director de "La ternura"

17 comentarios:
Compartir la vida con amigos y compañeros que gustan de la literatura es, al menos para mí, un regalo. Y lo es porque constantemente de unos y de otros se retroalimenta mi conocimiento lector y, como en esta ocasión, también alguna de mis asistencias al teatro.

La cosa es que hará poco más de diez días en una de esas comidas de despedida (¡mira que nos decimos adiós los humanos, y lo que lo celebramos!) que preceden a las vacaciones de verano, J. D., compañero de trabajo primero y de tertulia literaria después además de buen amigo, me dijo entre el bullicio festivo de la celebración: "El otro día vi 'La Ternura' en la Abadía y me encantó".  Lejos de caer en saco roto, archivé en mi cabeza lo mejor que pude esta información valorativa: debería ver esta obra; sí, procuraría verla. Y dicho y hecho, ayer tuve la oportunidad de hacer realidad mi deseo.  


Teatro de la Ciudad, Andrés Lima, Miguel del Arco, Alfredo Sanzol

El autor
Quise ver esta obra, además de por el buen criterio de J.D. que nunca yerra el tiro, porque la firmaba Alfredo Sanzol, hombre de teatro donde los haya, distinguido pese a sus no muchos años (nació en Madrid en 1972) con variedad de premios y galardones: Premio Max de las Artes Escénicas en tres ocasiones (2011, 2012 y 2013), Premio Ceres por su obra "En la luna" en 2012, Premio Nacional de Literatura Dramática por su obra "La respiración" en 2017, y hace nada, el 7 de mayo de este año 2018, se alzó con el Premio Valle Inclán de Teatro precisamente por la obra que tuve la suerte de ver ayer. Y digo suerte porque "La ternura" estará en el madrileño Teatro de la Abadía sólo hasta el próximo 15 de julio. En esta ocasión no puedo lanzar mi habitual queja de lo poco que se mantienen en cartel los buenos espectáculos teatrales porque "La ternura" es una obra que viene del año 2017 habiendo permanecido en cartel con gran éxito del 27 de abril al 4 de junio de aquel año.

Comedia española actual, Shakespeare
(Foto tomada de Revista Teatro Madrid)

Mi impresión
Tras haber asistido a la representación muchas certidumbres que tenía se me han asentado más y otras que intuía han aflorado con fuerza en mí. Entre las primeras está la de que William Shakespeare es un gigante inmortal de la literatura dramática. ¡Pues vaya descubrimiento!, diréis más de uno. Bueno, bueno, tampoco hay que ponerse bravo. Lo que quiero decir es que cada vez que he asistido a buenas representaciones de obras de Shakespeare siempre se ha dibujado en mi mente la equivalencia de que el dramaturgo inglés es al teatro lo que un Beethoven o un Mozart son a la música, o sea, los tres auténticos monstruos de la naturaleza. 

De los dos Shakespeare teatrales, el autor de tragedias y el autor de comedias, Sanzol hace uso para "La ternura" fundamentalmente de la veta cómica del bardo anglosajón. A lo largo de la representación los personajes en no pocas ocasiones abren o finalizan sus parlamentos con referencias explícitas a títulos y/o momentos de comedias de William Shakespeare. Las expresiones 'mucho ruido y pocas nueces', 'como gustéis', 'noche de reyes'... o alusiones a momentos y/o personajes del tipo el 'Asno', o la pócima que al despertar hará enamorarse a quien la haya ingerido de lo primero que vean sus ojos, las olas del mar que arrojan a seres vivos a la playa... vertebran toda la representación y sirven para conformar un producto que es homenaje al genio de Stratford por partida doble: la primera por el explícito reconocimiento a la obra del dramaturgo; la segunda, y más importante, por construir una obra cómica moderna utilizando los palos del andamiaje teatral clásico.

Eva Trancón, Elena González, Natalia Hernández
Si la certidumbre que tenía sobre Shakespeare se ha asentado en mí aún más si cabe como acabo de explicar, la intuición que albergaba en mi interior, la de la calidad e interés del teatro de Sanzol, tras esta obra de "La ternura" he podido constatarla bien a mi gusto. Construye el escritor una historia de ribetes muy clásicos: Una tempestad acaba con la Armada Invencible que Felipe II enviaba contra Inglaterra. Desde el primer momento aparecen ribetes de comedia pues el movimiento de olas que darán al traste con tan imponente ejército es provocado por una mujer -la Reina Esmeralda- que viaja a bordo de una de las naos y que no desea que ninguna de sus dos hijas acaben casadas con hombres a quienes en su vida han visto y con quienes están prometidas sin su consentimiento. La magia de esta madre protectora ha ingeniado que tras la tempestad aniquiladora ellas tres arriben a una isla desierta donde jamás volverán a ver a hombre alguno, género humano al que odian. Pero no saben que allí, en esa isla, desde ya hace veinte años, tres hombres, un padre con sus dos hijos, viven en paz y armonía libres de las odiosas mujeres de las que no pueden referir más que maldades pues ellos, sobre todo el padre y el hermano mayor, han sufrido con ellas lo que no está escrito.

Como se ve pues ya están puestos los palos del andamiaje teatral. Todo comienza con un error pues quienes huyen de los hombres se topan con tres fortachones leñadores. Para evitar ser reconocidas como mujeres se disfrazarán de soldados: la madre será el Capitán; la hermana mayor que frisa ya la edad de cuarenta, será el Teniente; y la menor, el Alférez. El equívoco está servido. Ellas habrán de disimular su condición ante estos rudos leñadores que lanzan sapos y culebras por sus bocas contra el género femenino. Ellos inexplicablemente se van a sentir atraídos por estos seres humanos. Su rudeza choca con la ternura que les invade cuando están junto a ellas, ¡que son hombres! se dicen luchando contra esta atracción 'anti-natura'.

Todo en la representación transcurre con gran ritmo y en un ambiente en el que reina la comicidad. A la Reina Esmeralda, maga hacedora de planes mil que para todo tiene, la situación de contacto con estos seres del otro sexo echa por tierra toda su planificación. La comedia que se representa ante nuestros ojos tiene los componentes de la clásica comedia de enredo (disfraz, atracción inevitable, magia, personajes doblados...) pero avanza un grado penetrando el texto y los propios líos amorosos dentro del mundo que vive el público que asiste a la representación: discriminación de la mujer, tópicos sobre hombres y mujeres que dicen las unas y los otros, la importancia del sentimiento amoroso por encima del género como demuestra la atracción de estos hombres hechos y derechos -los leñadores- por otros hombres -los soldados que ocultan mujeres-, la necesidad de vivir la vida por uno mismo sin el control y dirección excesivos de los padres, etc.

La obra funciona como una máquina perfecta gracias a la dirección del propio autor que ha dispuesto una escena vacía con tres salidas al foro que sugieren diversas y cambiantes localizaciones por las que entran y salen los personajes creando en la cabeza de los espectadores todo aquello que refieren: un volcán, la subida al mismo, una cueva, el alojamiento de los soldados, etc. Pero nada se sostendría si no lo soportasen tres grandes actores y otras tres grandes actrices: 
El Leñador Verdemar Paco Déniz
La Reina Esmeralda Elena González
La Princesa Salmón Natalia Hernández
El Leñador Azul-cielo Javier Lara
El Leñador Marrón Juan Antonio Lumbreras
La Princesa Rubí Eva Trancón
Paco déniz, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras
Los seis brillan a gran altura y en todos ellos reside buena dosis de comicidad. Quizás sea Juan Antonio Lumbreras en el papel de padre de Verdemar y de Azul-cielo quien mejor encarne esa cualidad de desengañado totalmente del universo femenino, y por eso quien mayor hilaridad provoca en el público en algunos momentos gloriosos de la representación. Pero la relación natural que se establece entre los hijos de uno y las hijas de otra suscita, aparte de momentos de humor muy logrados, esa gran ternura a la que alude el título pues en el fondo ella, la ternura, es la síntesis de lo que en verdad es el amor.
Final
La obra es tan divertida , tan actual, tan clásica y con tal cantidad de cualidades literarias que no me extrañaría verla de tournée por distintas localidades españolas durante este verano o en los próximos meses. Desde luego si la veis por vuestros lugares de residencia o de veraneo no lo dudéis, acudid a verla, os daréis de bruces con una genial autor-director, unos magníficos actores y actrices, y un texto que envuelto en humor del bueno toca temas muy propios de nuestra condición humana.


23 abr 2017

Mis recomendaciones literarias para el Día del Libro

12 comentarios:
Día del Libro, 23 de abril
Dibujo realizado por Gonzalo Martín "Taquen"  

El 23 de Abril se celebra el Día del Libro. Eso lo sabemos todos: Un 23 de abril de 1616 murió Cervantes y el mismo o semejante día del mismo año le sucedió otro tanto a Shakespeare. Es por esto que este día se celebra a la Literatura escrita en dos lenguas importantísimas en el mundo: el inglés y el español.

Yo, desde este humilde rincón, quiero contribuir al homenaje cervantino con algunas recomendaciones de lecturas -¡'literarias'!- contrastadas personalmente. Elijo solamente 10 títulos, cinco de autores contemporáneos o de libros aparecidos recientemente, y otros cinco de autores considerados por todos ya como clásicos. Son las siguientes:

➤ Autores contemporáneos


Recomendaciones literarias

➤ Autores considerados ya clásicos

15 may 2014

"LOS MÁCBEZ": Shakespeare a la española

2 comentarios:
Teatro María Guerrero
Por razones personales no me está siendo posible este año acudir con la frecuencia que querría al teatro. He de aprovechar el momento y la ocasión cuando se me presentan. Y ésta se presentó inopinadamente ayer cuando sin estar previsto fui al teatro María Guerrero de Madrid a ver "Los Macbez".

La obra que vi es una adaptación de la tragedia shakespeariana "Macbeth" realizada por Juan Cavestany. La dirección corre de la mano de Andrés Lima. Ambos -Andrés y Juan-  al igual que algunos de los actores (Jesús Barranco y Javier Gutiérrez) se conocieron a raíz de haber trabajado en algunos montajes del grupo de teatro 'Animalario'. El toque cáustico y crítico característico de Animalario se puede ver en esta versión del Macbeth de Shakespeare en la que la acción se traslada de la mítica Escocia del rey Duncan durante la alta edad media a la no menos mítica Galicia de una imaginada Xunta presidida por un tal Duarte en la actualidad.

Todo en la adaptación de Cavestany se españoliza: el nombre del matrimonio protagonista, Mácbez, con ese sufijo -ez tan nuestro (Sánchez, Gutiérrez, Martínez...),  el de Fleance  que es Florencio, Macduff que pasa a Méndez y así el resto de los personajes. También se adecuan a nuestro país y tiempo los lugares donde se ejerce el poder que, si en el Macbeth  shakespeariano es el castillo de Dusidane, en el de la adaptación es el Palacio de la Xunta en la Plaza del Obradoiro; y si en el original el ejército contra Macbeth viene de Inglaterra, en la de Cavestany la indisciplina partidaria se reprimirá desde Madrid.

El asunto que se dilucida es el del poder y la ambición que naturalmente es trasladable del año 1606 a nuestra época porque los resortes esenciales que mueven al ser humano (sexo, dinero, miedo a la muerte, irracionalidad...) siguen siendo los mismos. Esta permanencia en el tiempo es lo que hace de ésta y otras tragedias de Shakespeare clásicos imperecederos. Cuando Mácbez se muestra vacilante ante la monstruosidad que va a cometer para conquistar por medios arteros el poder, lo que vemos es a cualquier ambicioso y sanguinario ser humano en un pasajero momento de debilidad. Cuando, al final de la obra, aparentemente el bien -Méndez y Marcelina- han triunfado sobre el mal -los Mácbez- y les oímos en ese mitin en el que con suma desvergüenza se reparten prerrogativas y cargos, comprendemos que lo mismo son los unos que los otros y que nuestra desafección hacia ellos se asienta en sólidos argumentos. Y todo lo anterior, desgraciadamente, es intemporal, es eterno. He aquí, pues, la fuerza de los clásicos.

La representación
Macbeth, los Mácbez
atmósfera valleinclanesca
Yendo ya más a la puesta en escena, hay que decir que Andrés Lima ha ideado como escenario un cubo tridimensional al que le falta, como es obvio, la cuarta pared. En él gracias a un juego de luces -en ocasiones estroboscópicas- logra trasladarnos de unos momentos a otros mediante un código establecido de colores: blanco para los sucesos cotidianos, verde para las visiones personales de Mácbez y rojo para las profecías dictadas por las meigas sobre el futuro que le aguarda. Junto a este juego de colores la escenografía se completa con un potentísimo sonido que acompaña los acontecimientos y crea la atmósfera debida: sonido leve de campanillas que interpretan los personajes como la Santa Compaña que está en el exterior, runrún in crescendo para recrear en la mente de los espectadores el avance del ejército de Méndez ocultos los soldados tras ramas de roble, música electrónica estridente para acompañar a los políticos en el puticlub donde fornicando y bebiendo cubatas toman trascendentales decisiones políticas...; y, por último, el micrófono que está siempre en escena como si de un personaje más se tratara y que, en mi opinión, evoca a ese otro micrófono tras el que el gran dictador de Chaplin nos hacía reír trágicamente por las barbaridades que soltaba por su boca. Igual que aquí.

El cubo del escenario -símbolo del poder- al final de la obra, cuando el brutal Mácbez ve acercarse su fin, se descompone como si de un castillo de naipes se tratase, pero vuelve a recomponerse cuando Méndez y Marcelina echan sus mítines y reparten dádivas desde el espacio que acaban de ocupar.

Este "Mácbez" tiene mucho de valleinclanesco. El esperpento del autor galaico planea a lo largo de toda la representación: la propia Galicia, las meigas, la superstición religiosa presente en esa Santa Compaña que se escucha desde antes de comenzar la obra, los instintos más básicos desatados en escena (el sexo, el asesinato, el terror...), etc. También, pero quedando muy lejos de don Ramón, estarían esas acotaciones dichas en alta voz por la presentadora del espectáculo como medio de situar la acción en un espacio concreto dada la permanencia constante del cubo donde se desarrolla la representación.

Reparto
Chema Adeva, Rebeca Montero, Jesús Barranco, Laura Galán, Rufo Pardo
Los siete actores en escena
Los personajes son representados por unos actores magníficos: Chema Adeva que se desdobla en cuatro o cinco (Duarte, Vázquez, Chófer, Meiga 1...), Jesús Barranco (Banquo), Laura Galán, dueña de una hermosa voz, (Presentadora, Dionisia, Florencio y otros), Javier Gutiérrez (Mácbez), Carmen Machi (Sra. Mácbez), Rebeca Montero (Marcelina, Meiga 3 y otros) y Rufo Pardo (Méndez, Rocha y Meiga 2). En mi opinión no cabe poner ningún pero a ninguno de ellos, si bien la potencia y personalidad de Carmen Machi se come un poco a su marido -Javier Gutiérrez- que estando muy bien sale perdedor dentro del tándem matrimonial.


Shakespeare y la literatura
Es muy importante dejar claro que pese a la adecuación a estos pagos nuestros, Shakespeare sale indemne y no desaparece sino que su enorme literatura es reconocible constantemente. Este respeto al texto original provoca una cierta inverosimilitud (quizás mejor sería hablar de anacronismo) cuando observamos los problemas y terrores que sacuden la mente del sanguinario conselleiro y luego presidente de la Xunta, Mácbez, respecto a la pérdida del poder anunciada por las Meigas; en una sociedad democrática sólo las urnas pueden provocar este cambio y, claro, la sociedad isabelina no lo era precisamente.

Aceptada esta falla propia del mundo real actual, no se debe olvidar que estamos en el mundo de la creación, que Shakespeare está en la base de la obra adaptada y que Cavestany -y yo lo aplaudo- no quiere usarlo sólo como pretexto. Resuelto este 'problemilla' (je, je...) se observa una vez más que en el escritor inglés está si no toda, sí mucha de la literatura actual.  Con elegancia quedan bien a la vista frases que han tenido largo recorrido literario como ese "el ruido y la furia" tras los que se vislumbra lo que es la vida en el monólogo del Mácbez asediado y que tomaría Faulkner como título de una de sus grandes novelas, o el "corazón tan blanco" que le reprocha lady Mácbez a su marido cuando éste se encuentra indeciso ante la tamaña maldad que ella le propone cometer y que Javier Marías tomaría como título de una de sus principales narraciones. Sin lugar a dudas habrá en el "Macbeth" de Shakespeare más nutrientes de la literatura universal pero en esta adaptación a la española yo he percibido al menos estos dos.

Conclusión
Cuando acudí a ver la obra guardaba en mi memoria otras obras de este genial Juan Cavestany
Director y adaptador de la obra
(Alejandro y Ana, Urtain, ...). Creo que al perder concreción crítica -tan presente sobre todo en Alejandro y Ana- la obra gana en alcance estético y literario. Los "Mácbez" será una adaptación 'visionable' dentro de quince o veinte años mientras que las otras una vez que el público haya perdido conciencia de los referentes por ser para ellos inactuales e intrascendentes  precisarán del acompañamiento de un manual explicativo a fin de captar la incisiva crítica contenida en las obras. Creo que, salvando las distancias, Cavestany ha optado aquí por seguir el ejemplo de William Shakespeare que lejos de situar la trama de su obra en la época de la reina Isabel I la ubicó cinco o seis siglos antes para lidiar con unos personajes míticos y universales sin referentes concretos en su actualidad, aunque seguro que los más avisados comprendían lo que se escondía tras esos seres; igual hace Cavestany cuando utiliza nombres que no evocan la actualidad política inmediata o lo hacen sólo vagamente (el más claro es la denominación "Pazo de Raxoi"). Hay críticos que le han afeado esta decisión (vid. Javier Vallejo); a mí, sin embargo, me parece algo sano y oxigenante pues creo que el Teatro no debe convertirse en La Sexta TV. Pero es mi opinión, claro.