Mostrando entradas con la etiqueta Novela policíaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela policíaca. Mostrar todas las entradas

5 mar 2026

Joyce Carol Oates: El señor Fox

19 comentarios:

«Él es el titiritero, él es quien elige. Las niñas de las que Francis se enamora son exclusivamente suyas, pues uno de sus atractivos es que son preadolescentes, es decir, presexuales.
No son crías, porque a Francis Fox no le interesan los niños pequeños. De todas las perversiones, la pedofilia le resulta la más ofensiva, como a cualquier ser humano decente. Además, los niños pequeños son aburridos.
Tiene cero interés en las niñas menores de doce años. Catorce es el límite máximo; quince es ya imposible»

Joyce Carol Oates, Ismael Belda Sanchís (traductor)
Agradezco a mi muy buena amiga bloguera Rosa Berros, del blog Cuéntame una historia, la recomendación de esta novela. La verdad es que Rosa es una magnífica experta en Joyce Carol Oates. Cualquiera que pasee por su blog se encontrará con más de una docena de reseñas de novelas de esta escritora norteamericana. Junto a Rosa vinieron a avivar mi deseo por leer esta novela Mariana, del blog Los libros de Mava, y Marian, del blog Marian lee más libros; las tres forman un club de lectura conjunta que denominan Debate a tres en el que de vez en cuando  reseñan, cada una en su blog, un mismo libro. Ha sido el caso de El señor Fox de Joyce Carol Oates, publicada por Alfaguara en 2025 en traducción de Ismael Belda Sanchís. Leí las tres reseñas y todas ellas me impactaron y me condujeron a leer esta novela. Por si estos motivadores impulsos fueran poca cosa, durante los dos últimos meses no he hecho más que encontrarme por las redes sociales de literatura que frecuento alabanza tras alabanza sobre la última novela de esta autora norteamericana de 87 años que cuenta en su haber con más de cien libros publicados, la mayoría novelas y relatos, aunque también ha escrito ensayo, poesía y teatro. 

Las novelas de Joyce Carol Oates suelen ser extensas en su mayoría. Esta desde luego lo es, 760 páginas. Pero pese a ello su lectura se realiza con rapidez dado que el estilo de la novelista es directo, fluido, sin enmarañamientos lingüísticos o temáticos que hagan penoso el avance del lector por entre sus páginas. Personalmente he realizado la lectura en pocos días. La novela presenta el asunto de la pedofilia desde muchos de sus ángulos: el del depredador protagonista, un profesor de literatura de un centro escolar de secundaria; el de las niñas víctimas; el de los policías investigadores; el de los padres que en gran medida viven ignorantes del problema que tienen en casa; el de los educadores que no actúan con la debida contundencia ante la primera sospecha; etc.

La manera de escribir de la autora norteamericana es magnífica, como ya sabemos. En esta ocasión la trama se presenta en una especie de suaves oleadas de información sobre el asunto; estas olas que van y vienen depositan en la orilla donde nos encontramos los lectores materiales diversos que según avanzamos en la lectura van configurando la historia que se nos relata, El asunto es brutal y la manera como actúa el depredador odiosa y despreciable. La autora no ahorra palabras ni esconde la barbarie con la que actúa un pedófilo. En este sentido la novela es también un ejercicio de denuncia de algo que existe en mayor medida de la que se imagina y que está extendida dentro de la sociedad bien pensante mucho más de lo que uno puede pensar.

Fiel a su estilo, en El señor Fox asistimos a la presentación, que no justificación, de la manera de obrar de un pedófilo. Fox (Frank Farrell antes de dar clases en la Academia Langhorne) es un pedófilo que no cree serlo, que se sorprende cuando es perseguido por la comunidad escolar del centro donde trabajaba antes de hacerlo en Langhorne. El se siente atraído por las niñas preadolescentes que aún no han tenido la menarquia. Como a Balthus, su pintor favorito, le encanta la inocencia perturbadora que adivina en estas niñas. Sin embargo considera que Humbert Humbert, el protagonista de Lolita de Nabokov es un enfermo. 
«De hecho, si existe lo opuesto a un pedófilo, ¡ese es Frank Farrell! Aunque tampoco es un pedófobo, desde luego. Por ejemplo, Farrell siempre ha despreciado Lolita, de Nabokov. Sabe que esa famosa novela es una especie de manual para pedófilos, pero a él le pareció aburrida, pretenciosa y ofensiva, cuando no ridícula y punto.
Sólo un pervertido enfermo se comportaría como Humbert Humbert. Estúpido nombre, estúpido estilo literario. Obligar a una niña de omce años a tener relaciones sexuales..., repugnante.»
Él lo que es, lo que cree ser, es un romántico. Pero Fox/Farrell sabe que lo que hace no está bien, que la sociedad lo persigue y que él debe esconderse. Por eso tiene su protocolo de actuación para atraer a las niñas: es un profesor guay, se gana a sus alumnos, realiza actividades con ellos fuera del horario escolar, realiza tutorías personalizadas a puerta cerrada, les hace regalos, lee sus trabajos con empatía y les dice que en ellos y con él pueden hablar de lo que quieran siempre que a sus padres nada les cuenten... El resultado es que una serie de chicas preadolescentes creen enamorarse de él. Prueba superada por parte de Fox. Ahora lo que tiene que conseguir es que nada de esto trascienda.

Cuando por la desaparición de Francis Fox la policía, el inspector Zwender y el joven agente Odom, comienza a investigar la vida y milagros de este docente tan aclamado se irá descubriendo lo que en verdad es. El descubrimiento lo realizan los policías a base de conversaciones mantenidas con quienes lo trataron: la bibliotecaria del centro, Imogene Hood, que se cree enamorada de él; la directora, Paige Cady, que le habría gustado tener una relación con el atractivo profesor; la sobrina de ésta, Katy Cady, a la que Fox usó para conseguir ser contratado en la Academia Langhorne; las niñas abusadas o en vías de serlo: Mary Ann Healy, Eunice Pfenning, Miranda...; la familia Healy: el padre Lemuel, sus hijos Demetrius y Marcus, Blake Healy que es hermano de Lemuel y padre de Mary Ann; algunos de los 105 profesores de la Academia Langhorne; etc. 

La novelista utiliza muchos recursos literarios que sirven para penetrar en la psicología de los personajes protagonistas: cursivas para mostrar pensamientos que no salen al exterior; avances y retrocesos en el tiempo; técnica del perspectivismo: distintos personajes cuentan un mismo suceso según su experiencia o su propio punto de vista; textos entre paréntesis que muestran juicios del propio narrador respecto a lo que se está contando; combinación de tipos discursivos como textos de diarios personales o la inclusión de noticias periodísticas de modo semejante a lo que John Dos Passos realizara ya en Manhattan Transfer (año 1925); narrador en primera, segunda y tercera personas saltando de una a otra a veces sin previo aviso logrando de esta manera un acercamiento-alejamiento de la figura del narrador, que se diluye en el propio hecho narrado de modo semejante al débil pero constante y pertinaz oleaje que poco a poco se acerca-se aleja a la orilla hasta irla cubriendo toda ella:
«Llorando como si se le fuera a romper el corazón porque Fox le había hecho daño. Y él, Demetrius, no quiso ser testigo, pero fue testigo. No se puede borrar lo que han visto tus ojos y lo que han escuchado tus oídos y el asco y la vergüenza que has sentido. Que su prima estaba enamorada de Fox y Fox no la amaba ni se preocupaba por ella ni lo más mínimo excepto para aprovecharse de ella.»
Muchos otros recursos narrativos pone en juego esta magnífica escritora. Imposible señalar todos. Pero no quiero dejar sin resaltar la abundante utilización del estilo indirecto libre (EIL) ya sea aislado o en combinación con otros estilos narrativos; gracias a este procedimiento el narrador objetivo logra penetrar en la subjetividad del personaje y hace que los lectores nos sintamos "dentro" de la propia narración:
«Mary Ann no parece oírlo. Echa a correr, cojeando. El autobús escolar espera en una plaza cercana. Demetrius la mira de lejos y aprieta los puños.
Maldito sea ese hijo de puta de Fox, piensa matar a ese cabrón con sus propias manos.»

pintura erótica,
Todo en esta novela es excelente, magnífico, superior. En primer lugar, el tratamiento dado al vidrioso y perturbador asunto de la pedofilia presentado en toda su crudeza, sin melindres en su abyección; luego estarían las cínicas excusas que el personaje de Francis Fox pone para su injustificable y vil comportamiento. Como profesor de literatura que es, Fox echa mano de biografías y obras de autores consagrados como Edgar Allan Poe por la relación que mantuvo con su prima Virginia Clemm de trece años que, según algunos estudiosos, reflejó en el poema Annabel Lee; asimismo utiliza  textos de otros muchos autores para apoyar su desviada conducta. Y junto a la literatura, la pintura: Fox vive obsesionado por la imagen de Thérèse, la preadolescente que Balthus retratara en posturas claramente eróticas. Este culturalismo le sirve a Joyce Carol Oates para mostrar la doblez del protagonista de la novela
  • «¡Balthus!, pensó. Una de las chicas preadolescentes del pintor, una belleza pálida, soñadora, como una sonámbula. Grandes ojos de parpadeo lento, labios entreabiertos. Thérèse soñando, Katia leyendo. Los años dorados.»
  • «Francis decía que éramos almas gemelas…, una hermosa tradición romántica. Como Percy Shelley y Mary Godwin. Heathcliff y Catherine. Edgar Allan Poe y… ¿cómo se llamaba? ¿Violet? Virginia. Francis sentía una gran admiración por Poe y Virginia.»
Quiero finalizar el comentario de esta novela señalando cómo Joyce Carol Oates pone en solfa el comportamiento de la sociedad actual. Una sociedad que vive ensimismada, unos padres que no conocen a la personita que habita en la habitación aneja a la suya, unos adultos que se aprovechan de las carencias afectivas de los preadolescentes, unos padres que creen solucionar todo satisfaciendo los deseos de compra de sus hijos... Y luego en el ámbito laboral la necesidad que todos sienten de tapar los asuntos que se consideran "feos" y más si en el fondo el abusador también abusó de los mayores que se rindieron a sus encantos. Y una pregunta final muy interesante que se plantea: ¿es conveniente destapar todo todo o mejor vivir en la ignorancia, en el no querer enterarse de lo que a nuestro alrededor ocurre?

En fin, ya digo, El señor Fox es una novela muy, pero que muy, recomendable. Una novela que además se lee con facilidad porque los buenos autores son aquellos que presentan historias interesantes con tramas complejas por las que se transita con facilidad. Quienes tal cosa logran -Joyce Carol Oates es sin duda una de ellas- son merecedores de los máximos galardones. De ahí que desde aquí me pregunte si  esta escritora de 87 años con más de 100 obras a sus espaldas no será merecedora ya del Premio Nobel. Si no ella, ¿quién? ¿Otro Bob Dylan?

Autoras norteamericanas, Pedofilia, "El Señor Fox"


 

25 ago 2021

Alexis Ravelo: La ceguera del cangrejo

15 comentarios:

✔«su estudio de la calle Covarrubias había sido un lugar interesante para la vida artística madrileña, hasta que decidió no volver jamás a él después de que a Pepi Gómez, su pareja, la fulminara un cáncer. Entonces fue cuando se marchó a Nueva York, alquiló un estudio en la Segunda Avenida y salió del armario en todos los sentidos.» (refiriéndose a aspectos biográficos de César Manrique)

✔«—En realidad no es mi primo. La exmujer de él es prima segunda mía por parte de madre. —Ya: aquí nada queda lejos, ¿no? Mauri dijo que sí, que allí nada quedaba lejos, que todo el mundo conocía a todo el mundo.» (en relación a un mantra muy repetido en el relato: ‘nada está lejos en Lanzarote’)

Alexis Ravelo, La ceguera del cangrejo
Ángel Fuentes, canarión él, va a Lanzarote porque hace pocas semanas que su novia Olga Herrera había muerto accidentada en un paraje precioso de la isla canaria. Olga se encontraba realizando una obra biográfica sobre César Manrique el artista conejero que dio un aire nuevo a la isla y que con sus ideas de una arquitectura en perfecta convivencia con el paisaje revolucionó la isla e impulsó con ellas un turismo sostenible. Ángel es militar y cuando sucedió lo de Olga se encontraba en Líbano. Los mandos no le dieron permiso para asistir a las exequias fúnebres. Es ahora, varias semanas después del accidente, que Ángel regresa a los paisajes que recorrió con su amada Olga años atrás. Quería hacerle una especie de homenaje personal al tiempo que superaba el duelo. Al poco de llegar a Arrecife se pone en contacto con Mauri, compañero de milicia que se ofrece a ayudarle y acompañarle en todo lo que necesite. También Ángel mantiene desde Lanzarote comunicación fluida con Alfonso, el padre de Olga, residente en Las Palmas quien le entregó todos los papeles de su hija, incluido el borrador del trabajo sobre César Manrique que ella tenía prácticamente finalizado y que la editorial, le había dicho, querría publicar. También la máquina de fotos con la que apareció al cuello al fondo del acantilado donde falleció se la da Alfonso a Ángel porque le dice «me jode esto de que sea yo “el heredero” de Olga. Tendría que ser al contrario, Ángel: ella tendría que ser heredera mía, no al revés. Así que lo que vamos a hacer es lo siguiente: las decisiones las tomas tú y yo firmo lo que haga falta».

En Lanzarote, pues, Ángel, con los papeles, las fotografías y el ordenador de Olga, visita los lugares por donde ella anduvo: Los Jameos del agua, la Cueva de los Verdes, el Charco del Palo, Las Hoyas, el Río, Ye, Maguez, Famara, Teguise, Timanfaya, Tinajo, Yaiza, etc., etc. No hay zona de la isla que Ángel no visite en el curso de su homenaje a Olga; al tiempo investiga ciertos aspectos que, según lee los apuntes, ve las fotos y reflexiona, no le cuadran. Toda la geografía de la isla que César Manrique fue cubriendo de sus proyectos arquitectónicos en perfecta comunión con la naturaleza de Lanzarote aparece citada y recreada en la novela: 

  • «las interminables series de fotos que Olga había hecho en sus últimos tiempos: panorámicas del Mirador del Río, el interior de los Jameos, la Casa del Palmeral, vistas de Timanfaya, de la Casa del Taro de Tahíche o los malpaíses que la rodeaban; planos detalle de tuneras, euforbias, veroles o higueras que crecían en lugares inesperados»
  • «primero había atravesado Nazaret y Teguise, Teseguite y Los Valles, había pasado a un lado de Haría para bajar por el barranco del Chafarís y volver nuevamente a Haría, donde esta vez tampoco entró, antes de subir hacia Máguez, Guinate, Ye (que, como le habían pronosticado, había cruzado en un suspiro), La Corona y Las Hoyas
Por momentos la novela se convierte casi en un folleto turístico de la isla, un homenaje al artista canario y a sus esforzados habitantes que sacan cultivos del suelo de rofe (arena volcánica). Esta sensación se confirma plenamente cuando al final de la novela en el capítulo de agradecimientos conocemos de boca del mismísimo Alexis Ravelo que escribió la novela por encargo de la Fundación César Manrique para que sirviese de conmemoración en 2019, fecha de su publicación, del Centenario del nacimiento del insigne pintor.

Junto a los lugares reales hay otros, muy pocos la verdad, de nombre supuesto como la población de Viéitez y la urbanización o proyecto urbanístico Playa Lunar contra el que en la novela César Manrique se opone abiertamente, lo que da pie durante la lectura a crear cierto suspense sobre si la muerte en accidente de coche del artista en 1992 fue un caso fortuito o no. Naturalmente esta interrelación entre el personaje real y ese proyecto urbanístico ficticio entra dentro de las licencias novelísticas que se toma el autor. Lo que sí parece confirmado es que la figura del artista César Manrique fue un bastión contra el que chocaron no pocos especuladores durante los años en que su ideación lanzaroteña iba cuajando. A partir de aquí Ravelo fabula con esta urbanización ficticia que bien podría ser trasunto de cualquier otra de aquellas que escaparon a la visión conservacionista del paraje de su isla que tenía el artista.

Jameos del Agua, Cueva de los Verdes, César Manrique, Lanzarote
Además de Ángel, su compañero de milicia Mauri y su “suegro” Alfonso, muchos otros personajes aparecen en la novela. La primera es Sonia, la que fuera amiga íntima de Olga. Que Sonia mantenga una relación amorosa con David, apodado “Míster Sonrisas” por Angel dado que siempre tuvo celos de él al verlo al lado de Olga en varias de sus fotografías, levanta en él más de una sospecha; luego están Blas y Julia, pareja amiga de Sonia y de Olga. Blas será quien más ayude a Ángel poniéndole en contacto con personajes que mantuvieron relación con Sonia durante su estancia en la isla; al respecto es fundamental la llamada que Blas realiza a Pepe Dolz, director de la Casa del Taro donde viviera César Manrique convertida actualmente en Casa-Museo del artista y por ello en atracción turística. Será Pepe Dolz quien le abra los archivos del Museo a Ángel como se los abriera a Olga y entregue a éste una carpeta que la investigadora nunca llegó a recoger con algunas anotaciones realizadas por ella que cumplen en el relato detectivesco un importante papel. Otros personajes interesantes para la trama son Antoñito el Ruin y Emeterio Brito, este último autor de una conspiranoica teoría sobre la muerte de César Manrique inspirada en las que en la realidad de la biografía del pintor sostuvieron algunos estudiosos.

Con todos estos mimbres, tomados unos poquitos de la realidad y muchos otros puramente inventados, construye Alexis Ravelo este relato. En mi opinión sobra una trama secundaria en la que unos detectives vigilan a Ángel durante la primera parte de su deambular por la isla. Cocoliso y Carapicada son los jocosos apelativos que Ángel les coloca hasta que finalmente logra deshacerse de su por otra parte desastrosa vigilancia.

No cabe decir más del desarrollo argumental, tan sólo advertir que la novela se abre con la referencia a un sumario que está realizando  la autoridad judicial sobre unos sucesos cometidos por o/y sufridos por Ángel Fuentes. Ocupa tan sólo la primera página de la novela y coloca así desde ese momento al lector en modo 'suspense':
«Por qué Ángel Fuentes Medina compró una navaja de las pensadas para matar y por qué le dio el uso para el que había sido concebida es algo que la instrucción del sumario (con su inventario de nombres, fechas, lugares, circunstancias y grados de premeditación) pretende haber aclarado de forma meridiana. Pero el desvelamiento de sus motivos últimos (o primeros) está más allá del ámbito de su competencia.»


Alexis Ravelo es un escritor amantísimo de sus islas. Y eso se nota en sus novelas. Así lo he comprobado en las que he leído de su serie Eladio Monroy y que tengo reseñadas en este blog: "Los milagros prohibidos" y "Tres funerales para Eladio Monroy". Evidentemente el amor a Lanzarote se vislumbra por doquier en "La ceguera del cangrejo". Comienza desde el propio título que hace referencia a esa especie de cangrejos blancos y ciegos que habitan las aguas de los jameos lanzaroteños «hundidos en la blanda nada del olvido y su ceguera es como la de esta sociedad que tanto calla y a tanto cierra los ojos, que se ignora a sí misma y a la belleza que la rodea y de la que depende para sobrevivir». Tienen claramente en el relato un valor simbólico.

vinos canarios: malpaís, malvasía, isla conejera
Todo en la novela es una demostración de amor a Lanzarote y por extensión a las Islas Canarias: los paisajes, la vegetación, los cultivos de rofe, las gentes populares como el Maestro Ezequiel, los creadores canarios como el propio César Manrique y otros muchos (el poeta Agustín Espinosa, los pintores Óscar Domínguez, Remedios Varo o Manolo Millares, etc.). Y este amor en el caso del propio escritor lo manifiesta utilizando un sinfín canarismos: rofe, soco, jiribilla, desriscada, añurgarse, sachar la tierra, etc. etc. Para mí, que tuve el placer y la oportunidad de trabajar en las Canarias durante tres años, volver a escuchar -aunque haya sido por escrito- estos sonidos me ha servido para rememorar una muy feliz etapa de mi vida. Este ha sido uno de mis placeres íntimos al realizar esta lectura.

Es Alexis Ravelo amante de la cultura pero no sólo de la local que he señalado, sino también de aquella otra más universal a través de la cual nos hacemos ciudadanos del mundo. La música de jazz que escucha Blas y que en opinión de sus amigos «se pasa la vida poniendo el Kind of Blue. Y mira que grabó cosas Miles Davis. —Hice una selección —aclaró Blas—. Luego hay temas de Coltrane y de Thelonious Monk.» aparece citada junto a algún tema rockero como  Born to Be Wild de Steppenwolf puso Rock FM. Emitían una versión de Born to Be Wild»). Y cuando el novelista cambia el registro hacia la parte más puramente biográfica de César Manrique echa mano de un personaje cuyo nombre, Alois Neumann, está tomado de un histórico nacionalsocialista checoslovaco reconvertido hasta su muerte en 1977 en socialista aliado de la URSS. Este personaje le sirve para introducir en la novela el tema del Turismo en la isla pues el ficticio Neumann es el director del operador turístico Neumanntours a quien Manrique supuestamente intentaba convencer para que usase su influencia contra proyectos urbanísticos depredadores del paisaje isleño; en definitiva la alta cultura entreverada con los grandes negocios económicos contra los que César Manrique luchó:  

«Vio fotos de él con César Manrique, pero también con Warhol y Antoni Tàpies, con Heinrich Böll y con un gordo que resultó ser Friedrich Dürrenmatt, de quien Ángel recordaba haber leído una novela policiaca. ¿Habría llegado Manrique a convencer a Neumann de participar en un boicot en Playa Lunar? [...] sabido es que los millonarios filantrópicos suelen dejar la filantropía al margen en cuanto hay un buen fajo de billetes sobre la mesa


Del momento de escritura dice el autor que la novela «fue escrita entre enero y diciembre de 2018, con el apoyo de una residencia de escritura de la Fundación César Manrique». Los episodios políticos acaecidos en España durante los meses anteriores, o sea en 2017, que es cuando se sitúa la acción se cuelan en el relato de manera muy pasajera pero a mi entender algo llamativa. Me refiero a cuando en la localidad donde vive David, novio de Sonia y antiguo amigo de Olga, Ángel entra en un bar 

 «La clientela se reducía a tres viejos que tomaban cerveza y comentaban las tonterías que decían en la tele, puesta a medio volumen. Lo de siempre al filo del mediodía: el último escándalo, la última grabación hecha a escondidas a un alto cargo, el último ultimátum del independentismo catalán respondido con amenazas por el nacionalismo español, que eran recibidos con el interés propio que tres jubilados pueden poner en algo que ocurre a dos mil kilómetros.»

Diríase que el escritor entra en el relato directamente para expresar su opinión sobre categorías políticas dejando caer que aunque se utilicen los mismos términos hay diferencias claras entre buenos y malos (¡?). Esta entrada en el mundo de la actualidad más inmediata es fugaz y apenas perceptible. 


Para concluir
Cueva de los Verdes, César Manrique, fundación César Manrique
Es el tercer libro que leo de este novelista canario. Me ha gustado aunque quizás algo menos que los  anteriores con los que lo descubrí. Este no pertenece a ninguna serie y si digo la verdad, teniendo el inconfundible estilo Ravelo, me ha hecho recordar un poquito a Woody Alleen. Me explico: Woody ha hecho películas sufragadas, contratadas o encargadas, por instituciones, ciudades, organismos, etc. No hay por qué pasar lista, creo que con citar "Vicky, Cristina, Barcelona" valdrá para entender el símil. Si con la película de Alleen Barcelona se publicitó hasta el extremo, Alexis Ravelo a otro nivel logra lo mismo con esta "La ceguera del cangrejo", novela encargada o sufragada en 2018 por la Fundación César Manrique con motivo de cumplirse en 2019 el centenario del nacimiento del insigne artista. Y efectivamente la novela, además de la trama policíaco-detectivesca que contiene, cumple con creces la finalidad pretendida del encargo: publicitar Lanzarote y en especial la obra artística y la figura de César Manrique, artífice del despegue turístico de la isla gracias a sus atinadas intervenciones arquitectónicas y urbanísticas.

Como todo lo que escribe Alexis Ravelo la novela se lee muy bien merced al estilo fluido, espontáneo y natural característico en él. Quizás esta espontaneidad, no sé si de manera consciente o no, le haga incurrir a veces en una errónea utilización de las formas átonas pronominales. Me refiero a que comete laísmo en más de una ocasión. Vayan aquí sólo dos ejemplos:

  • «Olga se refería con frecuencia a la Fundación, donde la dejaban usar una sala de investigadores»
  • «Olga, cuando hablaba de ellos [de los cangrejos de los Jameos del Agua], le decía que la ponían triste, que pensar en esos pobres bichos la hacía experimentar una tremenda desazón»

Sé que lo señalado es una mera minucia que para nada oscurece el mérito de este relato. Pero pienso que son los escritores los verdaderos artífices del idioma y que en ellos reside el deber de conservarlo, enriquecerlo y hacerlo evolucionar. 
____________________


editorial Siruela, Alexis Ravelo Betancor

Ficha del Libro

Autor: Alexis Ravelo Betancor
Editorial: Siruela
Colección Nuevos Tiempos 431
Año de publicación: 2019
Nº de páginas: 360
ISBN: 978-84-17860-10-3

26 jul 2021

Karin Fossum y su novela "Yo veo en la oscuridad"

12 comentarios:

«Siempre me movía por el centro con gran discreción, mirando a derecha e izquierda antes de entrar en una habitación. Les tiraba del pelo y les arañaba, pero nunca me había visto nadie hacerlo. Y, sin embargo, había notado el ambiente muy enrarecido, las largas y recelosas miradas, como si hubieran sabido algo. No podía entenderlo.»

“Yo veo en la oscuridad” ha sido mi primer acercamiento a esta escritora noruega. Las tendencias narrativas policíaca y negra destacan desde hace tiempo en los países escandinavos donde se mantienen con energía y vigor sin mostrar síntoma de desfallecimiento alguno. Muchos son los autores que las cultivan procedentes de esta zona geográfica de los que conozco y he leído no pocos (Larsson, Nesbo, Mankell, Lackberg, Anne Holt... y tantos otros). A estos nombres puedo añadir a partir de ahora el de Karin Fossum.

Thrillers noruegos, Karin Fossum, Novela negra noruega
“Yo veo en la oscuridad” es un thriller muy entretenido de sesgo psicológico cuyo protagonista, Riktor, trabaja en una residencia de ancianos de la localidad noruega de Løkka. Él mismo es quien cuenta su historia. «Llevo comida, bebida y medicamentos de habitación en habitación, y voy poniendo cruces para indicar lo que los ancianos han comido y bebido, y las medicinas que han tomado», dice de su actividad laboral al inicio; si bien a renglón seguido de esta afirmación, que aparentemente muestra a un ser bueno y honrado, nos deja totalmente anonadados cuando de su propia boca sale que «la realidad es otra muy distinta. Las inyecciones se las pongo al colchón, la comida la echo por el retrete, y el mismo camino siguen los medicamentos»

 ¡Caray. Pero qué individuo es este Riktor! Viendo la realidad de su práctica profesional no queda más que considerarlo un odioso sujeto sin alma, sin principios, un ser detestable. Según avanzamos en la lectura vamos sabiendo de su inaceptable dualidad, de la bipolaridad que alberga en su interior donde conviven prácticas de crueldad horripilantes («Dicen que Nelly Friis está ciega. [Nelly Friis es una anciana residente] Que lleva ciega más de treinta años. Lo dicen sus familiares, una hija y un hijo. […] El pellizcar a Nelly Friis detrás de las orejas y causarle hematomas que nadie ve hace que mi frustración acumulada, mi angustia y mi dolor salgan a chorros de mi cuerpo como el pus de una herida.») con sentimientos de aprecio, diríase cuasi humanos que proyecta fundamentalmente en la enfermera Anna de la residencia. Para él la «enfermera Anna es mi ángel. Es buena, pero también avispada y perspicaz, como una tarta con un baño dulce que esconde en su interior una minúscula y amarga fruta del bosque».

Con el resto de los compañeros mantiene una cierta distancia pero podría decirse que su relación es aceptable. Del Dr. Fischer tiene una buena opinión y muchas veces piensa en él para consultarle ciertos “problemillas” médicos que percibe en sí mismo («Oye, le diría al doctor Fischer. La cabeza me hierve cuando se pone el sol») y también habla bastante de Sali Singh, el cocinero indio de la Residencia («Sali es un hombre grande, la mayor parte de los kilos los acumula en la cintura. Me pregunto qué opinará de Noruega, de los noruegos, en el fondo de su oscuro corazón indio»).

La crueldad que Riktor desarrolla en el ejercicio de su profesión podría explicarse por algún trauma sufrido en su niñez, quizás por haber sido maltratado por sus padres o por alguna otra persona. Él mismo desearía que así fuese, pues es evidente que está insatisfecho con la vida que lleva: «No comprendo del todo mi destino, no entiendo esa sensación de ser siempre un extraño, de no pertenecer, de no estar a gusto en el fluir de las rutinas diarias. Unas fuerzas que no consigo dominar me han alejado de los seres humanos». Pero no hay tal, pues según reconoce «Mi padre era un hombre honrado, que nunca hizo mal a nadie. Es cierto que era distante y poco caritativo, pero no murió colgado de una viga. Murió cuando yo tenía catorce años de un infarto de miocardio fulminante»; también y con un puntito de humor reconoce que «podría añadir, a fin de explicar mis tendencias destructivas, que mi madre solía pegarme con un palo. Pero no sería verdad». Como se ve Karin Fossum realiza, desde mi punto de vista, una genial ruptura de las frecuentes expectativas contenidas en la mente del habitual lector de novela psicológica.

La personalidad de Riktor a mí me ha recordado bastante la de Harry Haller, el protagonista de la exitosa novela de Herman Hesse, “El lobo estepario”. Como Haller, Riktor parece debatirse entre ciertos humanos sentimientos aunque algo desmedidos (¡¡Necesito una mujer!!, grita de vez en cuando especialmente si piensa en la enfermera Anna) con la práctica diaria de la brutalidad. Confunde o mezcla como él los planos real e irreal.

Es en el trabajo donde Riktor se socializa. Su tiempo libre es de una rutina apabullante. O está en su vieja y pequeña casa, construida al final de la guerra mundial junto a otras idénticas dentro del plan de reconstrucción del país, o sale al parque del Mester que tiene cerca de ella. A ese parque, próximo al lago Mester, todos los días «iban acudiendo como animales a la charca, Ebba, Lill Anita, Miranda, Eddie y Janne, el negro grande e infeliz de la residencia para refugiados». Todos ellos más Arnfinn Jagge, un alcohólico, forman el núcleo humano que Riktor observa desde su banco del parque. Los cruces de palabras entre ellos son mínimos y esporádicos. Eddie y Janne son una pareja de adolescentes que constantemente están besándose y acariciándose; Ebba es una bondadosa anciana que hace ganchillo continuamente; Lill Anita y su hija Miranda con parálisis cerebral llaman poderosamente su atención; y el negro grandote e infeliz que vive en la Residencia para refugiados desata en su mente pensamientos variados. Sobre este hombre y sobre el cocinero indio de la Residencia de ancianos Riktor vierte opiniones de corte xenófobo. De todos estos seres será con Arnfinn con quien más interactuará el narrador llegando incluso a –cosa rara en él- dejarle pasar a su casa donde le paliará su síndrome de abstinencia alcohólico ofreciéndole vodka.

Esta es la vida de Riktor, un hombre de 43 años que está solo en el mundo y que a veces piensa que necesitaría una mujer y que la enfermera Anna sería ideal para tal menester. Riktor es claramente una persona con problemas mentales que hacen de él un ser raro, huidizo, bipolar, simulador, que esconde la maldad que no logra dominar y que se cree dotado del poder de ver en el interior de los demás, de adivinar sus pensamientos y deseos. Desde siempre cree ver en la oscuridad, de intuir lo más oculto de los demás. De ahí que su entretenimiento consista en observar a los visitantes del parque e imaginar sus vidas, su interior, su futuro. Él siente desprecio por los desvalidos, por los ancianos, por quienes ya no tienen futuro alguno. En el curso de la investigación que está realizando la policía sobre unas muertes extrañas habidas en la Residencia de ancianos, un psiquiatra forense le pregunta a Riktor
— ¿Qué siente cuando se encuentra ante una persona desvalida, una persona que no puede cuidar de sí misma? 
—Irritación. Desánimo. Me irritan y los desprecio por tener que depender de otros, por suplicar, lloriquear y quejarse.
Junto a una cierta xenofobia, Riktor también padece aporofobia, odio al pobre y al necesitado; por eso no hay cosa que le moleste más que los subsidios estatales que reciben personas desvalidas como los refugiados políticos, los alcohólicos y quienes padecen enfermedades inhabilitantes como Miranda
«Se inclinó hacia la silla de ruedas y volvió a colocarle bien el vestido a la niña. Era un vestido muy bueno, no entiendo cómo la gente puede vestir a sus hijos de esa forma viviendo de subsidios estatales. Porque suponía que ella también vivía de subsidios, igual que el borracho de Arnfinn. Así funciona el sistema: puedes sobrevivir durante mucho tiempo sin trabajar, y algunos lo logran durante toda la vida, sin contribuir a la colectividad»
Novela negra noruega
La acción novelesca discurre en dos tramas -la investigación por la policía de unas muertes en la Residencia de ancianos y la propia del discurrir vital de Riktor- que se solapan, se cruzan, confluyen, se separan, van en paralelo..., y que hasta el final no sabremos en qué pararán ambas. Al hilo de las mismas muchos asuntos se tocan en el relato: la soledad, la necesidad de afecto, el trabajo, la vejez, el inevitable final, la amistad, la crueldad con los débiles y pusilánimes, la inacción, el mundo mental imponiéndose al mundo real, los métodos policiales, el sistema judicial y penitenciario.... Todo esto y más se encuentra en esta novela corta de Karin Fossum,  escritora noruega de 67 años que cuenta en su haber con al menos, según se puede leer en los datos que sobre ella aparecen al final del libro, 20 novelas desde que publicase en 1995 con enorme éxito la primera de ellas, "El ojo de Eva".

Resumiendo
"Yo veo en la oscuridad" es un thriller en algunos momentos de gran dureza, pero no gratuita. La mente de un psicópata y esquizofrénico cuando pasa a la acción traspasa cualquiera de las líneas al respecto. Afortunadamente son momentos puntuales en los que la escritora no se recrea. El nihilismo, la desesperanza, aparecen en el relato como justificación de la maldad. Riktor, que se cree superior en muchos aspectos a los demás, cuando comete algún acto de crueldad gratuita lo justifica ante sí mismo, dentro de esa oscuridad en la que él cree ver y verse con inmensa claridad: «Esto es una locura, susurré a la oscuridad, todo en esta tierra, todo lo que los seres humanos nos hacemos los unos a los otros. También sucumbirá el piadoso, y no tendremos ninguna recompensa en el cielo. ¿Para qué esforzarse entonces?».La inacción ante la desgracia ajena es también manifestación de este nihilismo en que vive el personaje: un solitario que se siente rechazado por los otros y tiene de sí una excesiva autoestima.


Sobre la autora (tomado de la solapa de la edición en papel de Debolsillo)
Karin Fossum (Sandefjord, Noruega, 1954) es una de las autoras de thrillers más reconocidas en el panorama internacional. Considerada la gran dama noruega del crimen, obtuvo el prestigioso premio Glass Key con la novela No mires atrás (1996), segunda entrega de su famosa serie protagonizada por el inspector Sejer. A esta la había precedido El ojo de Eva (1995) y la siguieron Quién teme al lobo (1997), La luz del diablo (1998), Una mujer en tu camino (2000), Segundos negros (2002), Drapet på Harriet Krohn (El asesinato de Harriet Krohn, 2004), Den som elsker noe annet (Quien quiera algo más, 2007), Den onde viljen (Malas intenciones, 2008), Presagios (2009), Carmen Zita og døden (Carmen Zita y la muerte, 2013), Helvetesilden (Fuego infernal, 2014) y Hviskeren (Susurros, 2016). Siete de ellas han sido publicadas en español y están disponibles en el catálogo de Debolsillo. Yo veo en la oscuridad (2013) es una novela independiente, que no pertenece a ninguna serie. Sus novelas han sido traducidas a veinticinco idiomas y han ganado numerosos premios.
____________________
Nota.
Esta novela me sirve para ir avanzando en el Reto 'Autores de la A a la Z' propuesto por Marisa del blog Lecturápolis

27 may 2020

Fernando Benzo: "Nunca fuimos héroes"

28 comentarios:
Gabo recuerda aquello que solía decir el Dandy. No son monstruos con cuernos y rabo. Son personas. También se acatarran y les hace reír una película tonta. El Dandy no lo decía para defenderlos. Todo lo contrario. No permitáis que eso os lleve a confusión, les advertía. Matan, secuestran, destruyen. Pero son personas.” (en cap. 14)

Fernando Benzo, Nunca fuimos héroes, editorial Planeta
A Fernando Benzo lo descubrí por casualidad hará poco más de un año en un programa radiofónico en el que hablaba de su novela "Las cenizas de la inocencia", novela que, a raíz de esto, leí y me agradó en extremo [hice reseña de la misma en mi blog]. Al finalizar tan grata lectura me puse a indagar sobre él y apunté algunos de sus títulos que busqué por Internet. Encontré y adquirí en Amazon uno de ellos, "Los náufragos de la Plaza Mayor", una distopía que presentaba un Madrid cuyos habitantes se habían volatilizado, y que también reseñé en este blog. Desde luego, en marzo del año pasado cuando la leí para nada pensaba que un Madrid desierto, sin nadie que discurriese por sus avenidas y calles se haría realidad justamente un año después. Tras leerla me desinflé un poquito pues en calidad "Los náufragos..." está muy por debajo de "Las cenizas..." y busqué lecturas de otros escritores.

Hace cosa de dos o tres meses empecé a ver reseñas positivas por los blogs literarios que frecuento de "Nunca fuimos héroes". Tomé nota del título y me propuse leerlo. Por fin llegó el momento y he de decir, así, sin más, nada más empezar, que me ha gustado, me ha entretenido, me ha ilustrado, me ha enseñado..., en definitiva, he disfrutado mucho con esta última novela de Fernando Benzo.

Gabo, comisario de policía retirado, recibe un día una llamada de su antiguo compañero Sixto Almada, ahora Comisario Jefe de la Comisaría a la que el expolicía es conducido tras haberle partido la cara a un ruso sobón que molestaba a su amiga Dolores. Sixto le avisa de que su fijación desde hace ya 30 años, un terrorista de ETA llamado Harri, ha sido detectado en Madrid. Dada la animadversión que desde siempre Gabo ha tenido a este individuo, Almada le insta a ocuparse de él vigilándole a fin de conocer las intenciones que alberga. Gabo es renuente a la petición arguyendo que él ya está retirado, pero Sixto, buen conocedor del comportamiento humano, deja a su alcance el dossier del antiguo etarra, sabedor de que Gabo no podrá resistir la tentación de cobrarse la deuda, viva desde hace décadas, que mantiene con él.

Gabo se hace el encontradizo con Harri en una sala de billares donde éste mata las horas muertas algunas tardes. Aunque al principio se ignoran mutuamente pronto estos dos solitarios comienzan a jugar partidas y a contarse sus vidas, inventadas o no. Dado que quienes habían detectado la presencia de Harri en Madrid habían sido los de estupefacientes una inspectora de esta Unidad de nombre Estela contacta con Gabo y le propone trabajar  juntos, a lo que el poco empático de Gabo en principio se negará aunque poco a poco y por necesidad, si es que quiere vigilar de verdad al exetarra, accederá.

En esencia esta es la línea argumental de la narración en la que se van intercalando los recuerdos de las épocas profesionales vividas por el comisario retirado desde el lejano tiempo en que un joven Gabo tras salir de la Academia de Policía de la calle Miguel Ángel de Madrid es destinado junto a su compañero Sixto Aldama al País Vasco donde la banda ETA se está haciendo notar con atentados, secuestros y extorsiones. Allí, en San Sebastián vive en un piso franco con otros compañeros que le marcarán profundamente y que siempre tendrá en su memoria: Cata, Javi y el Dandy. Cada uno de ellos con su personalidad, sus manías, sus orígenes a cuestas; particularidades que se manifiestan en sus gustos musicales, sus vicios, sus maneras, y que le sirven al autor para individualizar a cada uno de ellos.

El relato es contado por una tercera persona externa al mismo que lo hace de manera objetiva. En ocasiones este narrador da paso a una segunda persona generalizadora o impersonal que en su amplio campo significativo incluye también al propio personaje del que se está contando algo, en el ejemplo que pongo, Estela: "Era una mujer guapa que parecía empeñada en compensar cualquier posible atractivo con una férrea seriedad y una mirada fría con la que parecía estar advirtiendo de que estaba dispuesta a sacar la pistola y castrarte a la menor estupidez.” (en cap. 4). En general el estilo de escritura destaca por ser limpio, franco, claro, coloquial, fluido, directo… Un estilo caracterizado por la frase corta, a veces de una sola palabra. Una manera de comunicar que resulta muy agradable de leer y que alcanza altura 
Aquella noche hicieron el amor después de más de una semana compartiendo cama sin tocarse. Marina le pidió que lo hicieran sin pena. Y así lo hicieron. Como siempre. Con ansia, con dulzura, con hambre, con sabor a final, y con olor a para siempre. Y sin pena.” (en cap. 8)
Las vicisitudes del tiempo presente, que no se concreta con exactitud pero que sin lugar a dudas discurre en la segunda década de este siglo XXI, le hacen evocar al protagonista sucesos semejantes acaecidos en el pasado: los años de la Guerra Sucia contra ETA en el sur de Francia, las Conversaciones de Argel de 1989, la operación de Bidart en 1992, el secuestro y asesinato del concejal Miguel Angel Blanco en 1997... Estos avances y retrocesos rompiendo la línea temporal dotan al relato de una agilidad y una fluidez que atrapa al lector. 

ETA y la guerrilla colombiana, Drogas y ETA, Terrorismo y Narcotráfico
La relación guerrilla colombiana-ETA es evidente (Ag. EFE, 31/5/2019)
Es en cada una de estas evocaciones que sin caer nunca en lo prolijo Benzo hace entrar al relato en el terreno de lo histórico, de lo sucedido en verdad. Son evocaciones que para nada distraen del asunto ficticio principal, la investigación sobre Harri y sus extrañas conexiones en España con gerifaltes de la droga como Johnny 'el Argentino'Mario Claudio 'el Emperador', e islamistas como Youssef Dabdelkeir 'el Egipcio'. Esta ficción, la de la extraña ligazón entre un exetarra, unos traficantes de droga y el terrorismo yihadista es el núcleo fundamental de la novela. 

Ciertamente arriesgada operación en mi opinión es escribir sobre estos asuntos en España donde un brutal atentado islamista dio al traste con un más que cantado resultado electoral debido a la adscripción, equivocada o intencionada, a unos u otros autores. Este pensamiento constantemente me sobrevolaba durante la lectura pensando que el autor mostraría una definida inclinación por alguna de las tesis enfrentadas en ese momento y que incluso hoy reaparece en algunas ocasiones en el ambiente político. Pero no. Fernando Benzo conduce con mano diestra la narración y sabe evitar tan vidrioso asunto. ¿Cómo? Pues no lo voy a decir porque para eso está esta entretenida novela y el disfrute de descubrir lo que sucede según que se avanza en su lectura.

Salvado ese asunto tan próximo a nuestro momento sociopolítico actual, es en las opiniones que en la novela se vierten sobre los dos principales actores en liza durante esos terribles años de plomo -los terroristas de ETA y los funcionarios de la Policía del Estado-, donde se trasluce el pensamiento del escritor
  • Sobre la Guerra Sucia: “La sospecha perseguiría siempre a aquellos que se dedicaron a la lucha antiterrorista durante aquellos años. Costaba creer que aquello fuese un asunto encapsulado, al que se guiaban y se comían un grupo reducido de políticos y polis al margen de la organización policial.” (en cap. 10, al ser Gabo cuestionado por su participación o no en esas acciones)
  • Sobre la neutral visión del problema: “Nada podía justificar la furia colectiva de aquellas jaurías de jóvenes que dedicaban su tiempo libre a recorrer las calles destruyendo cuanto encontraban en su camino mientras reclamaban la vuelta a un mundo imaginario que consideraban que alguien en algún momento de la historia les había arrebatado.” (en cap. 2, al encontrarse el personaje en Donosti con una escena de kale borroka)
  • Sobre la distorsionada mente terrorista: “Estos tíos viven en una realidad paralela. Cuando mi nuevo amigo terrorista te habla de los problemas que ve en el País Vasco, te pinta un mundo imaginario en el que poco menos que tanques invasores patrullan las calles vigilando a una población cuya calidad de vida no es mucho mejor que en los antiguos guetos judíos, sometidos todos a unas fuerzas represoras del Estado que actúan con un ciego afán exterminador, sin miramientos jurídicos ni humanitarios.” (en cap. 11, comenta Santiso, uno de los interlocutores por parte del Estado en las conversaciones Argel)
Varios asuntos, además del general de la lucha contra ETA, se tocan en esta más que interesante novela. Quizás el principal sea el de la culpa, un sentimiento que acompaña a Gabo desde que vio morir en esa guerra a más de un compañero y sacrificarse a más de una compañera: Cata y Marina son el contrapunto a Estela en los modos de actuación y entrega a la causa, siendo las tres buenas profesionales policiales aunque en tiempos diferentes y con valores de entrega también muy distintos; justamente lo que va de la España de los primeros años 80 a la de hoy día. Muy unido al sentimiento de culpa esta el asunto de la lealtad: 
¿La lealtad? Una minucia como sentimiento, comparada con la culpa. Ese sí que es de los que marcan toda una vida. Uno puede llegar a librarse de la lealtad. Puede ignorarla, traicionarla, reemplazar una por otra, cambiar su objeto y su motivación. Pero la culpa no, la culpa es inamovible.” (en cap. 6)
El tema de los tiempos distintos, de lo que va del ayer al hoy, hace que tenga también mucho interés el asunto de los límites morales, éticos, políticos, en la lucha contraterrorista, más garantista hoy día que lo fuera en el pasado.

Mitos y leyendas vascas, Euskalerria, Olontzero
Julie Vicario-Weber (Cc)
Fuera de lo estrictamente político me ha interesado mucho en este relato las alusiones a la cultura vasca en un sentido claramente valorativo de la misma. Están referidas fundamentalmente al mundo rural como las leyendas sobre la bruja Tontorgorri, el toro rojo Zezengorri, la diosa Mari, el cura y cazador errante Mateo Txistu, el señor de la noche Gaueko, las ‘lamias' (sirenas),  los ‘jentilak' (primeros pobladores de la tierra vasca), el Olentzero:  el único gentil (jentilak) que quedó del exterminio que de ellos hicieron los cristianos. Otras veces lo que aparece son términos euskeras referidos al ámbito familiar y doméstico como 'aita' (padre), 'ama' (madre), 'amona' (abuela), ‘jatorra' (simpático), ‘ximelgorris' (diablos)... Y también, si bien en esta ocasión con un sentido muy crítico, aparecen términos que pretenden crear falsos ideales revolucionarios, un pensamiento mítico-político construido siempre en la constante idea del "ellos" y "nosotros" propia de los nacionalismos irredentos: son vocablos como ‘zutabes' (boletines que la banda distribuía entre los seguidores justificando la acción realizada); ‘talde' (grupo reducido de apoyo a un comando terrorista), ‘muga' (frontera), ‘mugalari' (colaborador de ETA que ayudaba a pasar clandestinamente la frontera), ‘gudari' (soldado vasco), ‘txacurra' (perro. Aplicado a los policías)...

Junto a las referencias a la cultura vasca en "Nunca fuimos héroes" Fernando Benzo deja muestras de su extensa cultura fundamentalmente referida al mundo de la Música y del Cine. Referido a la música he confeccionado una playlist con algunos de los temas que se citan. El mismo Fernando Benzo realizó en "Las cenizas de la inocencia" la playlist de canciones que en ella aparecen; no la he visto en esta ocasión y por ello me he permitido realizarla. Es ésta que coloco a continuación:



Respecto al Cine, otra de las aficiones confesadas del novelista madrileño, muchas imágenes o símiles utilizan a este arte o a alguno de sus personajes o intérpretes como elemento real de comparación. Así por ejemplo la conversación mantenida entre Gabo y el coronel de la Guardia Civil Varela sobre la droga y ETA además de muy interesante contiene en su decurso alusiones y referencias a películas muy conocidas (“El silencio de los corderos" al utilizar metafóricamente el nombre de Hanibal Lecter; “Psicosis” al nombrar a Norman Bates; “El exorcista" al evocar ese giro de cuello inolvidable; etc.). Otra muestra de este culturalismo cinematográfico puede observarse en los símiles que realiza entre la pareja de interrogadores policiales formada por el Dandy y el jefe Toni Pazos y parejas célebres del cinematógrafo (el Gordo y el Flaco,; Spencer Tracy y Katherine Hepburn; o Fred Astaire y Ginger Rogers)

Para finalizar
Pensaba, mientras leía con avidez esta novela, en lo mucho que, en cierto sentido, me recordaba a "Patria" de Fernando Aramburu [leer reseña aquí] por eso de haber convertido en materia de ficción a la banda ETA. Efectivamente ésta puede ser una clara semejanza entre ambas, si bien las diferencias son muchas, entre otras que mientras en Aramburu estamos dentro del propio pueblo vasco que vive la escisión entre etarras y no etarras, la novela de Benzo enfoca el conflicto desde la perspectiva de los policías destinados en el Norte. Se percibe aquí que la interrelación con los locales es pequeña, tan sólo algún ligue ocasional del Dandy o la visita del grupo de policías a algún bar a tomar copas y poco más. Por otra parte también podría considerarse la vida de Harri exiliado en Argelia, en Santo Domingo o en Colombia como la novelización de la vida de algunos etarras cuando acabó para ellos la acción directa, algo que en "Patria" no se aborda.

Evidentemente las diferencias referidas a estilo, intencionalidad, asuntos tocados, etc. son evidentes como corresponde a dos novelistas distintos en formación, en origen, en profesión..., o sea, prácticamente, diferentes en todo. A este respecto cabe señalar que al final de la propia ficción en una Nota del Autor, Fernando Benzo alude a haber estado destinado profesionalmente, durante algún tiempo ya lejano, en el Ministerio del Interior donde conoció de primera mano este tema así como a muchas personas que se enfrentaban directamente a él. Nombra a Pedro Gómez de la Serna con quien coincidió en dicho Ministerio y con quien años después, en 2001 concretamente, decidió "escribir un libro que recorrería las vicisitudes de la lucha policial contra el terrorismo desde los comienzos de la banda hasta aquel momento". Dicho libro no vio la luz por acuerdo de ambos dada la petición de confidencialidad de algunas personas. Con honestidad más que sobrada Fernando confiesa haber tomado algunos episodios policiales recogidos en ese libro nonato con el debido permiso del coautor.