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4 abr 2022

Lev Tolstói: Guerra y paz. Un clásico muy actual.

32 comentarios:

« —¡Somos rusos y no regatearemos nuestra sangre en defensa de la religión, el trono y la patria! ¡Hay que dejar los desvaríos, si es que somos verdaderos hijos de nuestra patria! ¡Demostraremos a Europa cómo Rusia se levanta en defensa de Rusia!— gritaba.»

León Tolstoy, Leo Tolstoi, Lev Tolstói, Novela rusa
Un clásico de la literatura universal que no había leído aún. Su extensión de 1864 páginas en la edición de Mario Muchnick que he manejado ha hecho que su lectura la haya realizado al tiempo de la de otros libros mucho menos voluminosos y también más actuales. Por esto aunque comencé la lectura el 12 de enero de este 2022 no ha sido hasta el 31 de marzo que la he dado por concluida.

La edición de Mario Muchnick es fantástica con unas anotaciones estupendas consistentes en traducciones de las muchas frases que en francés se dicen los personajes pertenecientes a la aristocracia y alta burguesía de la Rusia del zar Alejandro I. La traductora, Lydia Kúper, declara en "Nota de la traductora" al final del texto propiamente dicho, fechada en 2003, que había puesto en este trabajo toda el alma y que en el curso de su realización comparó, contrastó y consultó no pocas traducciones del texto tanto al español como al francés, italiano e inglés. El resultado, al menos a mí así me lo ha parecido, es de una enorme calidad.

La edición es completísima porque, además del texto perfectamente traducido como digo por Lydia Kúper, incluye un Apéndice que bajo el título de «Unas palabras acerca de "Guerra y paz"» escribió el mismísimo Lev Tolstói (1828-1910) el año 1888 en la revista "Antigüedades rusas" donde el propio novelista justifica el título de la obra, el género al que pertenece («No es una novela ni un poema y todavía menos una crónica histórica: Guerra y paz es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado.»), el carácter de la época que tantos lectores le criticaron en su momento, el porqué de usar el francés dentro de una obra rusa, la razón de los nombres de los personajes en una novela que mezcla los históricos con los de ficción, su disputa o discrepancias con la visión dada por los historiadores de los acontecimientos históricos mostrados en el relato y, por último, la escasa trascendencia que según su opinión tienen los llamados grandes hombres en los acontecimientos históricos.

En esta estupenda edición de la obra cumbre de la literatura rusa y universal se incluyen dos listados: 1) de los personajes y 2) de los contenidos de los capítulos de la novela. Estas dos listas son muy útiles según se realiza la lectura y a mí, personalmente, me han servido muchísimo para la confección de esta reseña.

Cierra ya definitivamente la edición una extensa confesión del propio editor Mario Muchnick sobre cómo conoció a sus catorce años Guerra y paz en una edición mexicana y cómo quedó subyugado por la acción, las intrigas palaciegas, los bailes y amoríos -estos últimos, claro, lo atraparon mucho menos-. Cuenta en este escrito sus siguientes encuentros con Guerra y paz en inglés, en francés, hasta llegar a una «cuarta lectura de la novela que tuvo lugar en Madrid, en 1998» que le sedujo completamente. Fue a raíz de esta cuarta lectura, efectuada también en inglés, que decidió editarla en español. Como se ve toda una odisea editorial.



Guerra y Paz
¿Por qué he decidido leer esta novela cumbre de Lev Tolstói ahora? Evidentemente, una motivación clara es el conflicto desatado por la actual Federación Rusa (Rusia) con la vecina Ucrania invadida  definitivamente por el país de Vladimir Putin el pasado 20 de febrero de este año 2022. Los amagos e indicios de que esta invasión posiblemente iba a producirse venían ocupando los informativos desde casi finales de 2021. En mi imaginario personal las ciudades de Odesa, Kiev o Jarkov siempre han estado asociadas a Rusia, mejor dicho, al Imperio Ruso. Los cosacos, esos seres tan intrépidos y atractivos literariamente hablando, siempre me agradaron y excitaron mi imaginación. La segunda razón ha sido mi admiración por la literatura rusa entre cuyos nombres más respetados hay no pocos de origen ucraniano (Gógol, Bulgákov, Vasili Grossman, y muchos otros más). Los setenta años que Ucrania formó parte de la URSS hicieron que el gentilicio "ucraniano", igual que el de las otras catorce repúblicas socialistas soviéticas que la integraban, quedase subsumido bajo el genérico de "ruso". Por eso para mí, hasta que no se ha desatado esta terrible e injusta guerra los tres escritores antes mencionados eran tan rusos como Tolstói, Pushkin o Dostoievski. Evidentemente necesitaba aclararme y la lectura de Guerra y paz me ha servido en parte para ello.

La novela la escribió su autor durante cinco años y la fue publicando, al menos las dos primeras partes, en forma de fascículos de revista siendo muy bien acogidos por los lectores. Esto explicó que luego de dos años en este formato (de 1865 a finales de 1867) hiciese aparecer en forma de libro todo lo publicado hasta entonces y prosiguiese la escritura de las campañas de Napoleón en Rusia hasta darle forma completa y definitiva a finales de 1869. El formato de novela por entregas utilizado desde luego sirve para explicar el ritmo ágil y fluido de la novela cuya lectura no es nada pesada para  los lectores actuales a pesar de su enorme extensión, algo más de 1700 páginas.

¿Qué cuenta la novela?
Bielorrusia, Ucrania, Rusia, Kiev, Zelenski, Putin, Jarkov, Mariupol
Desde el punto de vista histórico la novela cuenta las campañas rusas de las tropas napoleónicas. Antes de entrar en Rusia Napoleón al frente de un fastuoso ejército de 600.000 hombres venció en Austerlitz (año 1805) a la Coalición de países formada contra él; hizo lo propio luego, ya en Rusia, en Friedland (1807) y en Smolensk (1812). Tras estas grandes victorias y muchas otras menores, el emperador francés sigue en ese año de 1812 su avance imparable camino de Moscú. Antes de llegar a la capital del imperio del zar Alejandro I tiene lugar la batalla de Borodinó que según algunos ganaron los franceses y según Kutúzov, general en jefe de los rusos, Rusia; posterior al resultado de esta contienda es la entrada de los franceses en Moscú, que los rusos habían abandonado, y el incendio de la ciudad. A partir de aquí se produce la debacle francesa por las enormes pérdidas sufridas en Borodinó, por los agudos problemas de intendencia sufridos por su ejército, por la desmoralización de las tropas, y también pero no sólo, como se ha repetido hasta el hartazgo, por las inclemencias climatológicas.

Lo anterior es en síntesis la parte histórica que Tolstói muestra en Guerra y paz. El resto de la novela está dedicada a contar lo sucedido a una serie de familias y de personajes que viven la guerra cuando ésta se desata pero también vivían la paz cuando se establecía. Son fundamentalmente tres familias las que conforman el abanico, diríamos, social, jovial y festivo en que discurre la vida de los hombres y mujeres que forman parte de las mismas. Sus nombres; los Bezújov, los Roskov, y los Bolkonski. Los hombres y mujeres de estas tres familias sirven para mostrar la vida de lujos y fiestas que llevaba la aristocracia rusa, que además, durante estos años, conformaban el grupo de jefes militares. Las relaciones amorosas entre los miembros de estas tres adineradas familias mantienen viva la atención novelesca del lector.

Es importante señalar que no sólo aparecen en la novela personajes adinerados preocupados por cómo aumentar sus posesiones o satisfacer las deudas que negocios ruinosos puedan haberles ocasionado; también aparece el pueblo llano ruso, que constituían la carne de cañón de esos ejércitos de miles de hombres que se enfrentaban entre sí por voluntad de unos engreídos jefes cuyos proyectos tácticos de batallas rara vez tenían reflejo fiel en la realidad. Los mujiks (campesinos rusos sin propiedades) eran reclutados obligatoriamente para el ejército y caían como chinches en batallas que, en una sola jornada, podían dejar en el campo 20.000 ó 25.000 hombres muertos o, lo que era peor aún, heridos de muerte.

Si la aristocracia social y militar está representada por personajes como Pierre Bezújov (protagonista principal de la novela que filosofa y reflexiona sobre la guerra, la religión, la opresión ejercida por los señores sobre los siervos, etc.) o por Andrei Bolkonski, Maria Bolkonski, Nikolai Rostov, Natasha Rostov, Sonia (prima de Natasha y de Petia Rostov), etc., sin lugar a dudas la voz del pueblo la deposita Tolstói en Platón Karatáiev, «soldado compañero de cárcel de Pierre en Moscú. Símbolo del pueblo ruso.». Pierre Bezújov, hijo bastardo del inmensamente rico Kiril Vladimirovich Bezújov, cuya fortuna heredará íntegramente, es por origen, pensamiento y evolución personal durante el relato el nexo de unión entre las clases dirigentes rusas y el pueblo llano. Sus ideas de pacifismo, de redención social, de filantropía, en definitiva de socialismo, son las ideas que defendía el aristócrata Lev Tolstói en su vida real. Precisamente estas ideas llevaron al escritor a chocar no pocas veces con las de los que serían artífices de la revolución rusa de 1917: Lenin y Trotski

La nómina de personajes es inmensa y no queda reducida a los que acabo de citar. Tolstói hace un fresco completo de la sociedad rusa: el estamento militar que sólo busca los reconocimientos honoríficos personales aunque sea a costa de los intereses de la Nación; las envidiejas y celos que surgen entre los jóvenes candidatos a noviazgo, también los galanteos; los momentos duros vividos por las mujeres durante la crianza de los hijos o el cuidado de los familiares enfermos; así como los vicios que asolaban a no pocos hombres inmersos en las garras del juego, la bebida o la vida amoral; etc.

Leyendo Guerra y paz no he podido por menos que recordar a Pérez Galdós y sus "Episodios nacionales". Entiendo que Galdós cuando inicia sus series en 1872 ya es conocedor de la obra maestra de Tolstói y decide aplicar el esquema y estilo tolstoiano a su trabajo, o sea, la novela histórica renovada. Lev Tolstói la realiza apartándose un tanto de la fundacional novela histórica romántica de Walter Scott introduciendo en ella una mayor dosis de realismo. En efecto -es mi opinión- Guerra y paz es una novela histórica realista. El propio escritor ruso en el Apéndice que en 1888 hizo acompañar a la reedición de su novela es consciente de sus innovaciones y a la pregunta que él mismo se hace de «¿Qué es Guerra y paz?», se responde:
«No es una novela ni un poema y todavía menos una crónica histórica: Guerra y paz es lo que el autor ha querido y podido expresar, en la forma en que está expresado. [...] La historia de la literatura rusa, desde los tiempos de Pushkin, no sólo ofrece múltiples ejemplos de obras que se apartan de esa forma que podríamos llamar europea, sino que no nos ofrecen un solo caso contrario. Desde Almas muertas, de Gógol, hasta La casa de los muertos de Dostoievski, en el nuevo período de la literatura rusa no hay una obra de arte en prosa, por encima de la mediocridad, que se ajuste a la forma de novela, poema épico o relato.» 
Literatura rusa del siglo XIX, Guerra Rusia-Ucrania, Guerras napoleónicas en Rusia
En la respuesta reconoce pues, Tolstói, que su novela, al no ser en lo absoluto ninguna de las tres formas señaladas, es algo novedoso constituido en su unidad por los tres ingredientes juntos. Y eso es lo que Galdós recogió en sus cinco series de los Episodios nacionales: Ficción, Nacionalismo e Historia. Y es lo que engancha muchísimo a la lectura de esta obra ingente que es Guerra y paz: la sabia hilazón realizada entre personajes históricos reales (zar Alejandro I, general Kutúzov, general Barclay de Tolly,  conde Rastopchin, Napoleón, Murat 'el rey de Nápoles', y muchos otros más) y los ficticios creados por el novelista a imitación de otros que podrían haber existido como los Bolkonski, Drubetskoi, Bilibin, pero cuyos nombres y personalidades sólo tuvieron existencia real en la cabeza del autor ruso. Por otra parte la novela es un canto a la nación rusa que el novelista ve latiendo no en unos cuantos héroes individuales sino en el pueblo ruso. Como se ve Galdós tuvo en esta novela un perfecto modelo para su obra magna.

A lo largo de la novela Tolstói insiste en su concepto sobre lo que para él es la Historia rebatiendo las teorías o planteamientos de reconocidos historiadores del momento como Thiers, Michelet y otros. Es Tolstói partidario de una historia "científica", es decir apoyada en documentación fiable y suficiente. Para él, más que los historiadores que se fijan en la fuerza de una sola persona, resultan más fiables y están más en lo cierto aquellos otros «más recientes historiadores, desde Gibbon hasta Buckle», como el alemán Gervinus, que estudian los hechos relacionados con todos los pueblos. 
«Thiers, bonapartista, dice que el poder de Napoleón se funda en su virtud y genialidad; Lanfrey, republicano, sostiene que lo sustentan las mentiras y el engaño del pueblo. Esos historiadores, al contradecirse unos a otros, destruyen la idea de la fuerza que produce los acontecimientos y dejan sin respuesta la pregunta esencial de la historia. Los historiadores que estudian los hechos relacionados con todos los pueblos parecen reconocer la falsedad de los historiadores particulares sobre la fuerza motriz de los hechos. No reconocen que esa fuerza radique en el poder de los héroes o monarcas; para ellos es el resultado de numerosas fuerzas dirigidas de forma diferente. Al describir la guerra o la conquista de un pueblo, el historiador universal no busca la causa del acontecimiento en el poder de un solo personaje, sino en la interacción recíproca de numerosos personajes relacionados con aquel hecho. Según tal opinión, resulta que el poder de los personajes históricos es producto de múltiples fuerzas y no puede ya ser considerado como una fuerza capaz de provocar por sí misma el hecho.»

Estas reflexiones sobre los conceptos de Historia y también otras tantas sobre la espiritualidad, la religión,  las clases sociales, la liberación de los siervos, etc., etc., van apareciendo a lo largo y ancho de la novela puestas en boca de algunos de los personajes, en especial de los más reflexivos, aquellos que como Pierre Bezújov o Andrei Bolkonski se muestran como más torturados dada su conciencia de persona, de seres humanos que desean la redención de todos los hombres. Bezújov entrará en la masonería y adoctrinará a otros como Andrei o Nikolai para que lo hagan, si bien al final se desengaña un poco de esta filantropía masónica que es más que otra cosa una revolución desde arriba que ignora bastante a aquellos que precisamente busca redimir, o sea, al pueblo, verdaderos artífices del movimiento histórico.


¿Cómo lo cuenta?
Desde el punto de vista formal la novela hace uso del narrador omnisciente. Es un narrador-autor que no se oculta jamás, que conoce todo lo que sucedió, sucede y sucederá en el curso de la narración que está presentando, se comporta como si de un dios auténtico se tratara. Constante y conscientemente marca la distancia temporal de más de 50 años que separan los hechos relatados del momento de escritura de los mismos. Con esto quiere marcar al tiempo la literaturización de un momento histórico relativamente reciente y la enorme distancia intelectual que separa ambos periodos. Los avances científicos admitidos ya en 1865 cuando Tolstói redacta su obra eran objeto de burla o simplemente se ignoraban en 1805. Tal es el caso del creacionismo frente a la teoría de la evolución de Darwin Que los hombres han descendido del mono en un período incierto es tan comprensible como el decir que fueron hechos con un puñado de barro en determinada época (en el primer caso la incógnita es el tiempo; en el segundo, el origen).»

Existe introspección psicológica en muchos de los personajes que en una especie de monólogo interior 'avant la lettre' se cuestionan no pocas cosas acerca de su actuar próximo o presente: «La vieja princesa ofrecía vino a su vecina con un triste suspiro, miraba enfadada a su hija y parecía decir: “Sí, querida, a nosotros no nos queda otra cosa que beber vino dulce. Ahora es el momento de esos jóvenes y de su insultante felicidad”. Y el diplomático pensaba, mirando los rostros felices de los enamorados: “¡Vaya tontería todo lo que estoy contando! ¡Como si importara algo! ¡La felicidad es eso!”.» Como se ve Proust, Joyce y demás renovadores de la novela a inicios del siglo XX ya tenían aquí señalada la senda para la renovación, sólo les faltaba pulirla, eliminar lo superfluo. 

Aunque sin duda alguna, leyendo a Lev Tolstói, la sensación que embarga al lector es la de lo contradictorio que se muestra el escritor en no pocas ocasiones: de defensor del más radical cientifismo unas veces a detractor del mismo por la ruptura que éste supone respecto al misterio, magia y espiritualidad inherentes al sentimiento religioso. Y lo mismo acaece cuando escuchamos pregonar la necesidad de la liberación de los siervos y al poco se critica la revuelta de los mismos o se les ve bajar sumisos la cerviz reconociendo así su mal comportamiento. A este respecto quizás sean las conversaciones mantenidas entre Pierre Bezújov y Andrei Bolkonski donde quedan bien a las claras las dudas del propio autor sobre estas cuestiones sociales: Bezújov defiende la mejora de las condiciones de vida de los siervos («¿Qué mal y qué horror hay en impedir que la gente muera de enfermedad, sin ayuda, cuando es tan fácil ayudarlos materialmente y yo les proporciono médicos, hospitales y asilos a los ancianos, cuando es tan fácil hacerlo? ¿Y no es un bien tangible e indudable si doy un poco de descanso y asueto al mujik, a la mujer con niños, que no tienen un minuto de reposo ni de día ni de noche?») mientras que su interlocutor le responde que para un mujik «su única felicidad posible es la de ser animal, de la que quieres tú privarlo.». Evidentemente el escritor ruso se identifica más con Bezújov que con Bolkonski pero en su comportamiento vital, en cierto modo, asumía ambos planteamientos. 

Cuando describe batallas en campo abierto la técnica que utiliza es, diríamos hoy, muy cinematográfica. Tolstói maneja a la perfección  el arte de la narración abriendo el campo focal para hablar de planteamientos bélicos generales para luego, como si de un zoom se tratara,  acercarse a un episodio particular o a la actuación concreta de un personaje. Su maestría al hacerlo así provoca que la lectura sea muy agradable y muy entretenida.


Para finalizar
Federación rusa, Ucrania, Donbass, Crimea
La invasión de Ucrania por orden de Vladimir Putín me incitó, entre otras cosas, a leer esta obra de Tolstói. A lo largo de la lectura he tenido la sensación de que el tiempo -casi 200 años- no había pasado. Las motivaciones de exacerbado nacionalismo que aduce Putin para masacrar a Ucrania son casi idénticas a las arengas que los militares aristócratas rusos lanzaban para incitar al combate contra los franceses [la cita que abre esta reseña es un claro ejemplo]. En una cosa difiere el ayer del hoy: en 1807 - 1812 los rusos fueron los atacados; hoy, ellos son los invasores. Y siendo así no son pocas las similitudes que he creído encontrar, especialmente en los problemas de intendencia sufridos por ambos ejércitos -el francés del siglo XIX y el ruso del XXI- que a la postre llevaron a Francia y hoy, parece, están llevando a Rusia a batirse en retirada. Ojalá que la semejanza prosiga por este sendero.

Como vengo diciendo comencé esta reseña aludiendo a los motivos que me llevaron a leer Guerra y paz. Ahora, cuando decido dar cierre a la misma recuerdo uno más que, pienso, puede servir de colofón a mi comentario. Además de todo lo dicho sobre los penosos acontecimientos bélicos actuales y el de mi admiración por la literatura rusa, el detonador definitivo que me impulsó a buscar la novela de Tolstói fue la lectura que en diciembre del año pasado realicé del ensayo de Sergio del Molino "Contra la España vacía". En un momento dado del ensayo de Sergio del Molino se puede leer lo siguiente: 
 «Bezújov sufre varias metamorfosis en los arcos argumentales, hasta renegar de su pacifismo y convertirse en un patriota. Al final de la novela, protagoniza una de las escenas más emocionantes y salvajes de la historia de la literatura: un paseo alucinado por un Moscú en llamas, incendiado por las tropas de Napoleón. 
Me fascina la complejidad de Bezújov, que trasciende muchísimo cualquier caricatura de progre melifluo y, a la vez (quizá debido a su talla inabarcable), encarna el tópico como nadie. No hay nada declamatorio, inverosímil o arquetípico en él. Contiene la riqueza de Fausto y el temblor dubitativo de Hamlet, pero es muchísimo más humano. En Pierre Bezújov nos reconocemos todos los lectores, porque es frágil de verdad, se asusta de verdad y se desconcierta y desespera de verdad ante un mundo que creía entender y acaba ardiendo ante sus ojos. O ante sus lentes, porque Bezújov lleva gafas, es un ochkastie. Su derrota es un derrumbe humanitario que clausura cualquier ambición espiritual y de mejora del ser humano. El Tolstói religioso empieza en el desengaño de su personaje.»

Sin lugar a dudas buscar a este personaje tan actual, tan contemporáneo, tan moderno y cercano al hombre de hoy, verle funcionando en su propia salsa, o sea en el original de Lev Tolstói, fue el principal acicate para sentarme a leer esta magnífica novela, mejor diría, este novelón en su más amplio sentido de longitud y de calidad, que es Guerra y paz, un clásico en toda regla.

4 abr 2021

"La Tribuna". Emilia Pardo Bazán

28 comentarios:

«—¿Y qué significa eso de república federal?
—Significa… ¿qué ha de significar, repelo? Lo que predicaron esos.
—Pero no me hice bien de cargo… ¿Qué más tiene eso que el gobierno que hay ahora?
—Tiene, tiene, tiene… tiene que Madrí no se nos monte encima, y que haya honradez, paz, libertá, trabajo…»

«—Es una epidemia. Almorzamos política y comemos ídem. Se va volviendo España un manicomio.»

Próximo a cumplirse el Centenario por la muerte de Dª Emilia Pardo Bazán, tenía ganas de homenajearla debidamente con la lectura de alguna de sus novelas que aún no hubiera tenido en mis manos. La ocasión me vino dada al preguntarnos en "más que palabras..." -como algunos ya sabrán la Tertulia de antiguos compañeros de trabajo que mantenemos viva y lozana once años después de haberla iniciado- por algún título con el que pudiéramos conmemorar tan señalada fecha. Yo busqué una obra de la coruñesa ilustre que no fuese demasiado extensa y cuya sinopsis despertara mi interés. Y así llegué a "La Tribuna", llegada que celebro enormemente por lo que a continuación se verá.

Pardo Bazán, Naturalismo, Novelas contemporáneas, Naturalismo y Religión
Mi primera impresión sobre esta novela de Emilia Pardo Bazán es de agrado total. Al principio creí  que me iba a desilusionar un poquito pues la encontraba algo sonsa, pesada y de estilo alambicado con descripciones muy extensas, muy barroconas. Pero según transcurrían los capítulos (XXXVIII es el epígrafe del último) y los personajes iban ganando en individualidad e identidad me fue gustando más y más. La historia que muestra no es para nada novedosa y me imagino que incluso en su momento, el año 1882, tampoco debió de sorprender mucho: chica pobre y despierta (Amparo), amiga del progreso (la República federal) que es seducida por un joven militar (Baltasar Sobrado) de clase media algo venida a menos para quien su madre (Dª Dolores) tiene ansias de lograr su enlace con Josefina García de familia de igual nivel pero que litiga por conseguir la  herencia del marido fallecido que le daría un muy buen pasar.
 
En torno a estos dos personajes -Amparo y Baltasar- giran dos mundos bien dispares mostrados  frecuentemente por la escritora con profusión sintáctica de proposiciones coordinadas distributivas a fin de marcar el contraste, la distancia de todo tipo, existente entre ambas clases sociales. La trama se sitúa  en los años anteriores y posteriores a la Revolución de la Gloriosa que culminaría en 1873 con el advenimiento de la República. En el ejemplo siguiente, Amparo, llamada Tribuna del pueblo por el patriarca -el viejo responsable que junto al presidente del Círculo Rojo presidía la mesa en el banquete que en Marineda, la ciudad ficticia donde se sitúa la acción, se da a los delegados de Cantabria llegados para firmar la Unión del Norte- contrapone en su revolucionario discurso ambas esferas: 
«¿hizo Dios dos castas de hombres, por si acaso, una de pobres y otra de ricos?, ¿hizo a unos para que se paseasen, durmiesen, anduviesen majos, y hartos, y contentos, y a otros para sudar siempre y arrimar el hombro a todas las labores, y morir como perros sin que nadie se acuerde de que vinieron al mundo? ¿Qué justicia es esta, retepelo? Unos trabajan la tierra, otros comen el trigo; unos siembran y otros recogen; tú, un suponer, plantaste la viña, pues yo vengo con mis manos lavadas y me bebo el vino…»
La esperanza que abriga ingenuamente Amparo es que la República que está al caer con su panoplia de mensajes igualitarios eche por tierra las leyes del decoro que impiden de hecho que las familias de clase distinta puedan llegar a relacionarse de manera pública y estable. No, esto no será posible -lo sabemos casi desde el inicio- pero sí será la disculpa y la venda en los ojos que el uno y la otra esgrimirán para conseguir lo que desean ambos aunque con distinto nivel de compromiso: amarse.

Anacronismos en la política española,
Muy interesante es en la novela, como digo, el marco histórico de los siete años que van en España desde uno o dos años antes de la Gloriosa en 1868 a la proclamación de la Primera República española en el año de 1873 que es cuando da fin el relato. Me parece increíble la similitud existente entre esa España de hace 150 años y la actual. Esa tendencia a derrocar la Monarquía y a instaurar una España federal que muestra la novela es idéntica a la declarada por algunos de nuestros políticos actuales: una España republicana federal. Al leer algunas páginas del libro -¡de 1882, no se olvide!- me parecía estar escuchando, 'mutatis mutandi', las filípicas de algunos.
«Queremos la república republicana, la santa república democrática federativa. Con ella Marineda será capital, y Vilamorta también, y hasta Aldeaparda será capital hecha y derecha. Sólo Madrí, que a ese se le acaba la ganga, ya no nos chupará la sustancia; se va a hacer una cosa magnífica, que se llama descentralizar»

Otro tanto cabría decirse del contradictorio discurso sobre la estructura del país que muchos dirigentes arman en función de con quién, las circunstancias  o el lugar donde se hallen en ese momento. Véase si no el diálogo que mantiene Baltasar con su amigo Borrén:

«—Aquí se incuba algo, hombre —exclamó Borrén inclinándose hacia su amigo.
—¡Claro que se incuba! ¡El desbarajuste universal… y el picadillo que van a hacer de España esos señores!
—Hombre, dice que no… Dice que lo que desean es confederarnos, para que estemos más uniditos que antes… ¿no ve usted que esto se llama la Unión?
—¡Sí, sí, corte usted un dedo y péguelo después con saliva!
—A bien que una nación no es ninguna naranja para hacerse cuarterones tan fácilmente…
»
Y también pareciera que la historia vuelve a repetirse cuando en pleno proceso revolucionario las gentes vuelven, paradójicamente sus ojos a aquella religiosidad contra la que precisamente se levantaban: «es lo curioso que a medida que la revolución se desencadenaba y el republicanismo de la Fábrica crecía, aumentáronse también las prácticas religiosas». 


El Naturalismo 
La novela es una plasmación del estilo naturalista español del que la Pardo Bazán fue en España inspiradora y principal guía. Al acabar de leerla y recordando la lectura que hace ya muchos años hiciera de "Los Pazos de Ulloa" y de "Madre Naturaleza" logro entender perfectamente las palabras algo despectivas que le dirigiera Emile Zola al enterarse de que ella era la representante del movimiento literario acaudillado por él. Al respecto la mismísima Emilia Pardo Bazán que en 1882 publicó "La cuestión palpitante" dijo de estas opiniones zolescas los siguiente: "Zola -más perspicaz que la inmensa mayoría de mis compatriotas, que no se hartan de llamarme sectaria naturalista- ve en mí a un disidente o heterodoxo, y se da cuenta exacta del abismo que media entre mis ideas filosóficas y religiosas y las suyas, aunque no se detenga (ni era cosa de que se detuviese) a explicarse mi fórmula, que considero más ancha y larga, y por lo tanto más humana, que la suya

Es en los años ochenta del siglo XIX cuando se produce en España la plenitud de la estética naturalista  (La desheredada, El doctor Centeno y Lo prohibido de Galdós, La Regenta de Leopoldo Alas, Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza de Pardo Bazán y Sotileza de José María de Pereda, entre otros textos), por esta razón a esos autores se les conoce como Generación de 1880 y, por eso, en esa década se producen fuertes debates terminológicos y estéticos en obras, críticas, reseñas o artículos de prensa. Pardo Bazán a propósito de la confusión terminológica y la consecuente caracterización de su propio quehacer literario declararía: “no soy idealista, ni realista, ni naturalista, sino ecléctica”. 

La propuesta naturalista de Pardo Bazán no pasaba por la asunción de los ideales de Zola sin más, ella propugnaba un naturalismo sui generis, adaptado a la tradición española, en el que la religión siguiera funcionando en las obras producidas. Galdós se situó, por su parte, en la órbita de Pardo Bazán. Es este mantenimiento de la religión dentro de la ‘nueva escuela’ contra lo que lanzaba sus anatemas el fundador de la escuela cuando en una entrevista declaró que le causaba "extrañeza que la Sra. Pardo Bazán sea católica ferviente, militante, y a la vez naturalista; me lo explico tan solo por lo que oigo decir de que el naturalismo de esta señora es puramente formal".

Benito Pérez Galdós, José María de Pereda, Emilio Zola
De muchísimo interés es el prólogo que precede a la novela firmado por la propia autora. Allí señala su distanciamiento literario del idealismo estético de autores como Antonio Trueba o la Fernán Caballero situándose en la línea seguida por otros como Pérez Galdós o José María de Pereda. Lo de Pereda me resulta algo chocante, pero así lo manifiesta ella: «la flaca decaída condición del hombre, pintémosle, si podemos, tal cual es, huyendo del patriarcalismo de Trueba como del socialismo humanitario de Sue, y del método de cuantos, trocando los frenos, atribuyen a Calibán las seductoras gracias de Ariel. [...] los maestros Galdós y Pereda abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer hablar a mis personajes como realmente se habla en la región de donde los saqué

Creo que con la cita anterior ya se entiende debidamente la extrañeza de Emilio Zola y su irrefutable afirmación de que el naturalismo de nuestra gallega universal "es puramente formal". Sí, efectivamente, así lo creo yo. En "La Tribuna" hay naturalismo suave, un naturalismo circunscrito a lo formal y que en el contenido simplemente incide en la injusticia social representada en el abismo existente entre clases sociales acomodadas (Baltasar y su familia o Josefina y la suya) y clases humildes que son las que aquí tienen más representación pues además de Amparo, mujer valiente y reivindicativa que enarbola en la Fábrica de Tabacos de Marineda, ciudad donde vive, la bandera de la lucha por la justicia e igualdad de las trabajadoras, tenemos a toda una galería de personajes populares muy en línea con lo que en el fondo la novela es: un cuadro de costumbres. 

Los personajes
En el universo de los pobres encontramos a Rosendo, el barquillero, padre de Amparo; a la madre de ésta, antigua trabajadora en la Fábrica, hoy tullida y enferma en cama; a las compañeras de la Fábrica: la huérfana Guardiana y Ana, la Comadreja; a amigas de Amparo en el barrio como Carmela, la encajera; a Chinto, enamorado sinceramente de Amparo y despreciado injustamente por ella, que es un joven humilde y trabajador que tomará el relevo como barquillero de Rosendo cuando éste ya no pueda por edad con el oficio.

Por su parte en el otro lado, en el ala de los acomodados, tenemos a los Sobrado (Baltasar; Lola, la hermana mayor de éste; Clara, segunda hermana de Baltasar; Dª Dolores, la madre, siempre vigilante); a los García (Josefina, la futura de Baltasar; su hermana menor, Nisita; la viuda de García, la madre); a los amigos militares de Baltasar: aquí el principal es Borrén, personaje de sexualidad ambigua que gusta a las mujeres porque pese a sus baladronadas respecto a ellas es completamente inofensivo pues no se le conoce affaire femenino alguno.

Son todos ellos personajes bien delineados, bien conformados. Para mí este es uno de los valores de la novela.

El naturalismo de "La Tribuna"
Sin lugar a dudas la corriente literaria inaugurada por Zola se reconoce en la novela de la Pardo Bazán fundamentalmente en una serie de características:
  • La principal quizás sea la reproducción del 'habla' tal cual. La mismísima autora se pone la venda antes de la herida al justificar en el prólogo su utilización arropándose en que así lo han hecho «Pérez Galdós, admitiendo en su Desheredada el lenguaje de los barrios bajos» y también «Pereda, sentenciando a muerte a las zagalejas de porcelana y a los pastorcillos de égloga»
  • Afán por reproducir con precisión la realidad. De aquí las descripciones en las que la novelista busca la exactitud; para ello echa mano del clasicismo cervantino y de los retratos que realizó Quevedo en su tiempo: «Físicamente tenía Baltasar mediana estatura, la tez fina y blanca, y de un rubio apagado el ralo cabello; pero la parte inferior de su fisonomía era corta y poco noble; la barbilla chica y sin energía, la boca delgada de labios, como la de doña Dolores.»
  • La importancia de la herencia genética en la determinación de la ventura social: «Observándose, no obstante, en tan gallardo ejemplar femenino rasgos reveladores de su extracción: la frente era corta, un tanto arremangada la nariz, largos los colmillos, el cabello recio al tacto, la mirada directa, los tobillos y muñecas no muy delicados
  • Las penosas condiciones laborales: «como sus pulmones estaban educados en la gimnasia del aire libre, se deja entender la opresión que experimentarían en los primeros tiempos de cautiverio en los talleres, donde la atmósfera estaba saturada del olor ingrato y herbáceo del Virginia humedecido y de la hoja medio verde, mezclado con las emanaciones de tanto cuerpo humano y con el fétido vaho de las letrinas próximas.»
  • La enfermedad: «Guardiana era huérfana; su padre y madre murieron del pecho, con diferencia de días, quedando a cargo de una muchacha de dos lustros de edad, cuatro hermanitos, todos marcados con la mano de hierro de la enfermedad hereditaria: epiléptico el uno, escrofulosos y raquíticos dos, y la última, niña de tres años, sordomuda.»
  • Abuso sobre los débiles, en especial sobre las mujeres por parte de los hombres. Unos abusos que podían ser en forma de palizas («Pero algunas cigarreras, mejor informadas, se echaron a reír: ¿dolor de muelas?, ¡ya baja! Era que su marido la solfeaba todas las noches, y ella, por tapar los tolondrones y cardenales, se empañicaba así; también una vez se presentó arrastrando la pierna derecha y diciendo que tenía reúma, y la reúma era un lapo atroz sacudido por él») o simplemente la habitual opresión que ellas sentían por el mero hecho de haber nacido mujeres («No cohibidas por la presencia del hombre, gozaban cuatro mil mujeres aquel breve rayo de luz, aquel minuto de júbilo expansivo colocado entre dos eternidades de monótona labor.»). Por esto, no tiene nada de extraño que la autora gallega sea tenida por precursora del feminismo.
Como se ve, salvo el ateísmo y la crítica a la religión consustanciales al Naturalismo zolesco, las características del 'nuevo estilo' están presentes en Pardo Bazán. Quizás, como suele hacerse también hoy día para no perder parroquia, la gallega tirase de religiosidad para no asustar demasiado a la España pacata del momento.
"La Tribuna", Emilia Pardo Bazán, Naturalismo, Generación de 1880

Para finalizar
Concluyo esta reseña señalando uno de los aspectos que más han llamado mi atención durante la lectura de "La Tribuna". Me refiero al magnífico manejo del vocabulario, a la precisión terminológica, a la riqueza léxica contenida en este relato. Son palabras comunes en el momento pero que hoy se nos escapan por el empobrecimiento que en este y en otros aspectos culturales hemos sufrido -y estamos sufriendo- de continuo. No sé si esto será consecuencia de la democratización de la Cultura en la que, por lógica, la mayoría manda. Pero bueno, dejemos estos lamentos y vayamos a Dª Emilia de nuevo, a disfrutar con su lexicón maravilloso:

Pasagonzalo: Golpe dado en las narices al paso; Espelunca: Cueva; Tagarnina: Cigarro puro malo; Amolador: Afilador; Espolique: Mozo que camina delante de la caballería que lleva a su amo; Escarpidor: Peine de púas largas y algo separadas que sirve para desenredar el cabello; Lendrera: Peine de púas finas y largas que sirve para limpiar la cabeza;   eloquio: Habla; tuina: Especie de chaquetón largo y holgado; bocoyes: Barril grande para envases;  estribaban: Descansaban; repulgos: Recelos;  moharracho: Persona de ningún valer y mérito. Mamarracho; y así otros más.

Una lengua, un habla, sólo existe si la portan sus usuarios, o sea, los hablantes. Cuando estos desaparecen, esa manera de hablar periclita. Cuando desaparece el modo de vida que la albergaba, todo cambia: sociedad, lengua y hablantes. Eso es lo que, leída hoy, se percibe en esta novela, que no sólo han desaparecido las palabras sino también ese estilo de vida, esas gentes que vivían en comunidad amistosa, que se ayudaban los unos a los otros.
Reinaba en el barrio cierta confianza, una especie de comadrazgo perpetuo, un comunismo amigable: de casa a casa se pedían prestados, no solamente enseres y utensilios, sino «una sed» de agua, «una nuez» de manteca, «un chisquito» de aceite, «una lágrima» de leche, «un nadita» de petróleo. Avisábanse mutuamente las madres cuando un niño se escapaba, se descalabraba o hacía cualquier diablura análoga; y como el derecho de azotar era recíproco, las infelices criaturas venían a estar en potencia propincua de ser vapuleadas por el barrio entero.
Quizás por esto, me parezca todo un anacronismo que en las televisiones, radios, prensa y redes sociales perviva hoy en el caso concreto del debate político un léxico, una terminología decimonónica que parece sacada de esta novela. Y más terrible aún, que la ciudadanía -en la que me incluyo- asistamos impávidos al espectáculo.
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Nota: Esta novela me sirve para seguir engrosando el lote de títulos de libros clásicos y poder cumplir con el Reto "Nos gustan los clásicos" del blog Un lector indiscreto. También es un título más para ir cumpliendo el "Reto 25 españoles" del blog Libros que hay que leer.

26 abr 2020

Galdós. Episodios Nacionales. "Gerona".

32 comentarios:
"Ya sabes, Andrés, que la guarnición debe salir mañana de la plaza con honores de la guerra, marchando a Francia prisionera. […] Los 'cerdos' se nos meterán aquí mañana a las ocho y media […] Amigo, con Gerona se acabó España, y con la salud de Álvarez se acabaron los españoles bravos y dignos. Muchachos, ¡viva D. Mariano Álvarez de Castro, terror de la Francia!" ("Gerona", Pág. 122)

Tras leer en "Las leyes de la frontera" de Javier Cercas [leer reseña aquí] juicios contrapuestos sobre el episodio nacional "Gerona" de Galdós no he podido dejar de acudir directamente a él y ver por mí mismo cuál de las opiniones me cuadraba más. La verdad es que tras su lectura me ha asaltado  la idea, seguramente equivocada, de que Cercas hablaba un poquito de oídas o, mejor dicho, del recuerdo lejano que tenía en su memoria de esta novela pues ni el elogio desmedido hacia ella expresado al inicio ni el desprecio total del final cuadran con las sensaciones que en mí ha suscitado.

"Gerona", Episodios Nacionales, Benito Pérez Galdós, Javier Cercas

En todo caso estaría más de acuerdo con el elogio inicial:
"Es un retrato de la ciudad durante el sitio que le montaron las tropas de Napoleón. Cuando lo leí, hace cuarenta años, me entusiasmó; aquello era la hostia: la tragedia total de la guerra, la grandeza de una ciudad entera en armas y defendida por una gente de hierro, el heroísmo del general Álvarez de Castro, un personaje de tamaño mitológico que se niega a entregar a los franceses la ciudad arruinada y muerta de hambre, y que Galdós pinta como el mayor patriota de su siglo." (Cercas, J.: "Las leyes de la frontera", p. 23)

que con el menosprecio del final:
"Me pareció una mierda; más que una novela sobre la guerra me pareció una parodia de una novela sobre la guerra, una cosa cursi, truculenta y pretenciosa ambientada en una ciudad de cartón piedra donde solo vive gente de cartón piedra. Y en cuanto a Álvarez de Castro, dijo también el inspector Cuenca, francamente: es un personaje asqueroso, un psicópata capaz de sacrificar la vida de miles de personas para satisfacer su vanidad patriótica y no entregar a los franceses una ciudad vencida de antemano" (Cercas, J.: "Las leyes de la frontera", p. 332)

Los términos utilizados por Cercas para descalificar y/o alabar al general don Mariano Álvarez de Castro, que defendió Gerona con todas sus fuerzas y con los pocos hombres y armas de que disponía del feroz asedio y los ataques a que durante siete meses fue sometida la ciudad en 1809 por los franceses, me parecen ciertamente desproporcionados e injustos. ¿Vanidad patriótica?, ¿personaje asqueroso?, ¿ciudad y gentes de cartón piedra? Expresiones totalmente fuera de lugar como quizás también lo estén las tópicamente elogiosas del juicio inicial: ¿gente de hierro?, ¿personaje de tamaño mitológico?, ¿mayor patriota de su siglo? Pienso que la idea de Cercas no es otra que desautorizar a don Benito convirtiendo su episodio nacional en mera caricatura de una novela épica. Creo que lanzar juicios de valor, con presupuestos propios del siglo XXI, sobre una producción artística publicada en 1874 es un despropósito completo. Es verdad que algunos temas y su tratamiento periclitan o logran sobrevivir malamente con el paso de los años, pero es absurdo desacreditar algo o a alguien por no adecuarse a lo que hoy se piensa o es admitido por una mayoría.

"Gerona"
Es el 7º episodio de la Primera Serie de los Episodios Nacionales. Aunque la voz narrativa principal en esta serie es la de Gabriel Araceli, en esta novela en concreto quien cuenta la gesta gerundense es Andresillo Marijuán, un personaje secundario en episodios anteriores que aquí se topa con Gabriel y otros tantos españoles que marchan derrotados hacia Cádiz tras los sucesivos desastres a que están siendo sometidas las tropas españolas, en especial tras la pérdida de Ocaña y la posterior dispersión del ejército español. Es en Sevilla donde estos dos personajes se reconocen entre la barahúnda de individuos mal pertrechados que caminan hacia la ciudad donde se ha refugiado la Junta patriótica de defensa de España. Allí se cuentan sus cuitas y Araceli insta a Andresillo a relatar la gesta que vivió en Gerona, ciudad que en 1809 resistió casi numantinamente el brutal asedio francés durante siete terribles meses.

Como es norma en estos episodios, Galdós cuenta la Historia con mayúscula acaecida en la ciudad desde la particular vivida por personajes del pueblo que junto a muchos otros la hacen. Son los principales el propio Andresillo; su novia Siseta; los hermanos de ésta: Badoret, Manalet y Gasparó; también don Pablo Nomdedeu, médico; su delicada hija Josefina; el ama de llaves de don Pablo, Sumta, aguerrida mujer en la defensa de Gerona; y otros cuantos más de menor importancia. Dos grupos claros, pues, en función de la pobreza y las necesidades sufridas. Más penurias, ya desde el origen, en la familia de Siseta que en la del facultativo Nomdedeu quien se considera por ello con más derecho a sobrevivir. Así, enfangados en las miserias a que conduce el hambre viva en que está toda Gerona por culpa del asedio francés, el doctor reclama para sí y la enferma de su hija la asquerosa comida (una rata enorme) que orgulloso Andrés lleva como excelente alimento a su enamorada y hambrienta Siseta:
"- Detente un rato más, Andrés -me dijo con agitación- y ayúdame. Pero qué hermoso animal tienes ahí. ¿Cuánto pides por él?
- No lo vendo -repuse con orgullo.
- Es que yo lo quiero -me dijo con firmeza, deteniéndome por un brazo-. Mi hija se muere también, es decir, quiere morirse; pero yo no lo permito, no lo permitiré, no señor; estoy decidido a no permitirlo."
Los personajes anteriores, todos ellos ficticios, salidos de la imaginación del escritor, conviven con otros históricamente verdaderos como el general Mariano Álvarez de Castro quien pese a la inmensa desigualdad de fuerzas (50.000 franceses por 4000 españoles) defiende la plaza que se le ha encomendado hasta el desfallecimiento físico personal que de no haberse producido es fácil suponer que no se habría firmado armisticio alguno con los sitiadores. Los nombres de algunos de los militares franceses (Victor, Sebastiani, Mortier, Soult...) que asedian la ciudad son también históricos.

Guerra de la Independencia, Galdós, Girona
Con su estilo habitual lleno de colorido y naturalidad el escritor canario muestra el pintoresquismo con que se comportan los españoles, incluso bajo estas horribles condiciones. En este sentido Galdós se deja enredar a veces más por el costumbrismo que por el realismo. Es desde una perspectiva romántico-costumbrista hay que entender la manera que tiene de describir comportamientos como el deSumta, una verdadera Agustina de Aragón, que no contenta con proveer de comida y de balas a los soldados toma ella misma las piezas de cañón y de fusilería cuando la ocasión así lo requiere. Otro tanto cabe decir de los tres hermanos de Siseta, que cual pícaros salidos de la literatura barroca española del Siglo de Oro buscan comida donde no la hay.

En mi opinión se percibe bien a las claras que esta novela, junto a prácticamente todas las de esta Primera Serie de los Episodios -la mayoría aparecidas en 1874-, es en Benito Pérez Galdós literatura de una primera etapa creativa, vamos, quiero decir que carece de la fuerza de estilo que desarrollaría el canario ilustre en novelas como "Misericordia" (1897), "Miau" (1888), "Fortunata y Jacinta" (1887) o en las novelas de Torquemada aparecidas entre 1889 y 1895 [en el blog tengo reseña hecha de "Torquemada en la cruz", segunda de la serie de cuatro que la componen].

Durante la lectura de "Gerona" me parecía escuchar en ocasiones a Francisco de Quevedo o incluso al mismísimo Cervantes, no porque la literatura de Galdós esté en este relato a la altura de estos dos genios sino por la evidente imitación que de su manera de escribir realiza don Benito, lo que es propio de escritores noveles. Sirva de ejemplo la descripción que hace Andresillo de una comida en casa de Siseta ("Comimos, si así puede llamarse una refacción tan exageradamente sobria, que más parecía hecha para dar entretenimiento a los dientes, que sustancia al cuerpo.") la cual parece salida del propio "El Buscón" de Quevedo o incluso del anónimo "Lazarillo de Tormes". También algunas imprecaciones efectuadas por el narrador recuerdan por su tono más a Cervantes que a cualquier otra cosa: "¡Desgraciado el que en la guerra pone su afición en lugares y personas, que no han de poder seguir tras él en los frecuentes e inesperados viajes a que impulsan la victoria o la desdicha!"

Quiero decir con esto que Galdós en 1874 estaba aún conformando su estilo. Téngase en cuenta que su primera novela, "La fontana de oro", había aparecido sólo cuatro años antes, en 1870. Por otra parte la manera que tenía de escribir sus Episodios era por entonces algo descuidada. No cabe decirlo de otra manera; y es que es prácticamente imposible que en sólo seis años, de 1873 a 1879, el escritor grancanario diese a la imprenta nada más y nada menos que las 20 novelas que forman las dos primeras series de esta magna obra. Y esta rapidez se nota, vaya si se nota. Se percibe sobre todo en incorrecciones de tipo gramatical (caída frecuente en el laísmo y leísmo -«Sí; nos les comeremos, ¿por qué no?…») y en vulgarismos como el reiterado uso de la expresión "Mientras mayor era el misterio, mayor"[...] en vez del correcto "Cuanto ...". El descuido se percibe asimismo en los canarismos que se le cuelan por la gatera al no haber realizado una escritura más reflexiva y demorada. El pronombre 'ustedes' habitual en las islas en lugar del 'vosotros' no es verosímil verlo puesto en boca de un peninsular y menos si unas veces lo utiliza y otras no. Existe variabilidad ortográfica en algunos términos (unas veces escribe 'Badoret' y otras 'Barodet', por ejemplo); e incluso salta a la escritura en ocasiones el 'seseo' propio del hablar en Canarias. Es evidente que quienes lo denigraban o denigrarán en el futuro llamándolo don Benito, el garbancero, tenían sólidas razones donde apoyarse.

El domingo pasado (19/4/2020) en el diario "El Pais" el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa publicaba un artículo sobre el autor isleño titulado 'En favor de Pérez Galdós'. En su exposición, tras relatar hechos propios de la vida familiar y personal del escritor, señalaba como crítica literaria el que no hubiese descubierto o sabido que el narrador es el primero de los personajes inventados en una narración y que puede ser personaje o narrador omnisciente; al confundir ambas posibilidades en una sola, personaje omnisciente, provoca -dice Vargas Llosa en su interesante exposición- que la historia que relata incurra muchas veces en tremenda inverosimilitud. La mezcolanza y confusión entre personaje, autor y narrador llega por momentos a un punto increíble por desmedido. Véase:
  • "Cansaría a mis amados lectores si les contara detalladamente mi vida durante aquel funesto año 9, que comenzado con las proezas de Zaragoza, terminaba con el desastre de Ocaña y la dispersión del ejército español."
  • "Debo una explicación a mis lectores, y voy a darla."
El asedio de Gerona, Historia de España, Pintura militar española
https://cosasdehistoriayarte.blogspot.com/2018/05/grandes-asedios-de-la-historia-el.html
Pero ninguna consideración estilística como las comentadas es suficiente para echar por tierra la tremenda solidez que en conjunto transmiten los Episodios Nacionales. En este de "Gerona" se puede comprobar que Pérez Galdós, además de relatar en términos coloquiales al alcance del pueblo llano la no muy lejana historia de España, destaca como gran observador y fustigador de los defectos españoles, así como también lo que fue en algunos momentos de su vida: un político de ideas avanzadas. De lo primero sirven de muestra las siguientes dos citas que a pesar de haber transcurrido ya casi 150 años desde que las formuló no han perdido, desgraciadamente para nosotros, un átomo de actualidad:
  • "Sucedía en Sevilla una cosa que no sorprenderá a mis lectores, si, como creo, son españoles, y es que allí todos querían mandar. Esto es achaque antiguo, y no sé qué tiene para la gente de este siglo el tal mando, que trastorna las cabezas más sólidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los débiles"
  • "Amigo Gabriel, en España no se premia más que a los tontos y a los que meten bulla sin hacer nada."
De su atinado olfato político deja varias muestras a lo largo de la novela. A mí especialmente me ha sorprendido por su tremenda modernidad la siguiente consideración:
"los idiomas tienen pérfidas voces y frases con que se llenan la boca los diplomáticos y los conquistadores, pues nadie se avergüenza de nombrar los grandiosos planes continentales, la absorción de unos pueblos por otros… etc. Para evitar esto debiera existir (no reírse) una policía de las naciones, corporación en verdad algo difícil de montar"
Es claramente Benito Pérez Galdós un precursor, un anticipado a su tiempo. Supo ver más allá de lo inmediato, acertó al señalar vicios y defectos arraigados entre nosotros, algo que suele molestar mucho a quienes se sientan sobre algunos de ellos y que ni por asomo quieren que tales desaparezcan.

Los clásicos -Galdós lo es sin ninguna duda- nos hablan y comunican verdades desde el pasado que conviene no echar en saco roto. Ahora que estamos sumidos en un asedio brutal por culpa de ese enemigo sin rostro que llamamos COVID-19 o coronavirus, la similitud entre el asedio sufrido por la ciudad de Gerona y el que toda la ciudadanía vivimos desde hace ya varias semanas es más que evidente. De nuevo aparece aquí el hombre de mente y visión claras. La frase siguiente bien podría haber sido dicha por alguno de nuestros actuales responsables políticos y/o sanitarios ante la situación en que nos encontramos:
"Hoy hemos estado haciendo el recuento de medicinas, y no hay ni para la décima parte en un solo día. ¿A dónde vamos a parar? ¿Es posible que esto se prolongue? No, no puede ser."
_______________________

Nota: "Gerona" de Galdós es una de las lecturas que hago dentro de la IV edición del Reto 'Nos gustan los clásicos'.

3 abr 2020

"Las leyes de la frontera" de Javier Cercas

38 comentarios:
"Los periodistas frívolos mienten pero todo el mundo sabe que mienten y nadie les hace caso, o casi nadie; en cambio, los periodistas serios mienten escudándose en la verdad, y por eso todo el mundo los cree. Y por eso sus mentiras hacen tanto daño."

El autor
Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) saltó a la fama literaria con "Soldados de Salamina" (2001); fama literaria que se convirtió en mediática cuando David Trueba llevó la novela a la pantalla al año siguiente en una película de mismo título. Tras esta narración motivada por un episodio sucedido al final de la guerra civil -un soldado republicano no disparó contra el falangista Rafael Sánchez Mazas dejándolo escapar- publicaría otras de temática bien distinta, entre las que están, además de "Las leyes de la frontera" publicada en 2012, "La velocidad de la luz" (2005), "Anatomía de un instante" (2009), y "El impostor" aparecida en 2015, tres años después de la que acabo de leer. Constituyen estas cuatro novelas un paréntesis en la temática guerracivilista que Cercas no volvería a tocar hasta el año 2017 con "El monarca de las sombras" reseñada por mí en este blog hace algo más de tres años [accede a la reseña aquí].

La novela
Drogas en los años 70 y 80 del siglo XX, Javier Cercas, "Las leyes de la frontera"
Javier Cercas a partir de la ya citada "Soldados de Salamina" inicia una serie de relatos que mezclan en sabia proporción elementos reales y otros ficticios; es lo que los narradores norteamericanos denominan con el neologismo "faction" formado por dos palabras: 'fact' (hechos) y 'fiction' (ficción). Entre nosotros este tipo de relatos se conoce como "novela testimonio", "novela de no-ficción", "relato real" y hasta "relato metaficcional". Aunque cada una de estas cuatro denominaciones tiene algunas características exclusivas, todas ellas se refieren a unas narraciones que mezclan la novela tradicional y el discurso testimonio consistente este último en introducir en la narración literaria informaciones surgidas de entrevistas realizadas a personajes para dar veracidad a la historia que se relata. Es, pues, un relato realizado a la manera periodística.

El párrafo anterior, quizás algo farragoso, considero que era necesario para entender adecuadamente "Las leyes de la frontera", novela en la que un personaje, del que no sabemos su nombre pero que bien podríamos identificar con el propio autor, realiza indagaciones para un libro que piensa escribir sobre un famoso delincuente juvenil de la segunda parte de la década de los años 70 e inicios de los 80 del siglo pasado. Las entrevistas las realiza en 2008, treinta años después de sucedidos los hechos principales en verano de 1978.

La acción transcurre en Gerona que en 1978 es una ciudad provinciana en la que cruzar el río Ter y el Onyar que la bañan era como si cruzase la frontera azul, la frontera entre el bien y el mal y entre la justicia y la injusticia. Cosa que si se para a pensarla tenía su parte de verdad, ¿no le parece? -le dice el abogado de éxito Ignacio Cañas (el Gafitas para los de la basca del Zarco) a su entrevistador.

La novela tiene dos partes. La primera sucede durante los meses de verano de 1978. Ignacio Cañas es un buen chico que en el Colegiode los Maristas donde estudia obtiene buenos resultados pero que sufre bullying por parte de Narciso Batista, un compañero hijo del presidente de la Diputación y jefe en la misma de su padre. El acoso y los abusos los sufre Ignacio en silencio pues contarlos a padres o educadores no es propio de un adolescente. Sin amigos, ese verano en los recreativos Vilaró conoce al Zarco y a Tere. Tere le parece guapísima y el Gafitas, apodo que le puso el Zarco a Ignacio nada más verle, se enamora perdidamente de ella. Es por ella por la que decide cruzar la frontera del río Ter y acudir a La Font, un bar en el barrio chino de Gerona, donde se reunía toda esta basca:
"desde finales de los setenta hasta finales de los ochenta habían pululado por España centenares de bascas de chavales suburbiales y desarraigados como la del Zarco" (pág. 166)
Se dedican estos chicos a desvalijar chalets vacíos, robar bolsos por el procedimiento del tirón y acto seguido vender lo robado y gastarse lo obtenido en porros y sexo. Nada le es suficiente al Zarco quien a sus secuaces (el Guille, el Gordo, el Tío, el Chino, el Drácula, Lina, Tere y el propio Gafitas) los va metiendo en negocios de más nivel llegando al robo a punta de pistola. Todo va in crescendo. Y todo lo que sube, también baja y eso lo sabían todos. El verano acabará así, volviendo el río Ter y Onyar a actuar de frontera metafórica, de separación entre barrios de charnegos y los otros más integrados en la cultura catalana: "a finales de los setenta la ciudad estaba rodeada por barrios de charnegos: Salt, Pont Major, Germans Sàbat, Vilarroja." Y digo frontera metafórica porque para el adolescente Cañas cruzar el río era como cruzar el Liang Shan Po de la serie televisiva "La frontera azul" que por esos años emitía la televisión en España. Allí -pensaba Cañas- uno o varios ciudadanos honrados hartos de las vejaciones infligidas por el tirano Kao Chiu se unían a los bandoleros honrados de Lin Chung y Hu San-Niang. En un proceso típicamente adolescente él se veía dentro de esa aventura
"¿para qué sirven las historias si no es para identificarse con ellas? Y sobre todo: ¿para qué le sirven a un adolescente?" (pág. 61)
Es, pues, la primera parte un auténtico relato de iniciación a la vida adulta por parte de Ignacio Cañas, el Gafitas. Pienso que Javier Cercas podría si lo hubiera deseado haber hecho una novela corta con lo narrado hasta aquí. Es perfecta.

Casas del río Onyar, Catalanismo, de Gerona a Girona, series de televisión
En la segunda parte significativamente titulada "MÁS ACÁ" frente al "MÁS ALLÁ" de la primera, nos encontramos con la misma indagación para la realización de un libro sobre el Zarco, pero el centro del relato pasa a situarse en 1999, veinte años después de ese verano del 78. Ahora Cañas es un reputado abogado penalista gerundense al que de sopetón se le presentan en su despacho Tere, de la que en su fuero interno sigue aún enamorado, y María, una mujer que admira a Antonio Gamallo (auténtico nombre del Zarco). Ambas quieren que Cañas se haga cargo de la defensa de Antonio, como así será.

En esta segunda parte a los dos entrevistados de la primera, el propio Gafitas y el inspector Cuenca, que se encargó de la desarticulación de la banda del Zarco, se añade ahora Eduardo Requena, el director de la cárcel donde el delincuente se encuentra ingresado. Además de los testimonios de los tres, complementarios en ocasiones y dispares otras veces, la narración va integrando alusiones a libros aparecidos sobre este delincuente, así como a películas que la trayectoria delicuencial de este presidiario, famoso también por sus múltiples fugas, había suscitado.

Es en esta segunda parte donde las insinuaciones a las películas reales realizadas sobre delincuentes juveniles reales, el Vaquilla y el Torete, por el director José Antonio de la Loma -“Yo, el Vaquilla” (1985), “Perros callejeros” (1977), “Perros callejeros II” (1979), “Los últimos golpes del Vaquilla” (1980). También una novela suya: “El grito de la libertad” (1976)- son más que evidentes. La idea sostenida en estas producciones de que estos delincuentes que habían vivido en la cárcel más años que fuera de ella tenían auténtico miedo de la libertad es recurrente en el relato de Javier Cercas. En "Las leyes de la frontera" el director se llama Bermúdez a quien el Zarco odiaba pues pensaba que, con la saga del Zarco y con las demás películas de jóvenes quinquis protagonizadas por quinquis reales que la siguieron, Bermúdez había conquistado una fortuna y un prestigio de hombre de cine a su costa, y que encima lo había hecho presentándose como una especie de filántropo que solo pretendía redimirlo a él y a otros chavales como él; aseguraba que el altruismo católico de Bermúdez era hipócrita, un recurso estomagante para hacer propaganda de sus películas.

Lógicamente al tener entre rejas al Zarco, la historia, además de en los esfuerzos jurídicos y añagazas mediáticas desplegadas por el bufete, cual si de una novela de John Grisham se tratase, para conseguir la puesta en libertad del preso, pasa a centrarse muy mucho en la relación amorosa Tere - Ignacio Cañas. Es una relación sin compromisos establecidos, libre, frase que se repiten una y otra vez ellos dos pero que como todo aquello que se repite tantas veces no lo es tanto.

Muchos asuntos y aspectos de la vida se tocan siquiera de pasada en esta interesante novela. Uno que me parece importante y que es frecuente en la narrativa del cacereño de nacimiento es ese casi constante querer hacerse perdonar sus orígenes no catalanes ante su público. En cierto modo podemos ver reflejado a Cercas en la familia de Ignacio Cañas que vivía en lo que hoy es el barrio de la Devesa y entonces no era nada o casi nada. Allí vivían familias que no eran de la ciudad pero que no se consideraban familias de charnegos y que en todo caso no querían saber nada de los charnegos auténticos o por lo menos de los charnegos pobres, los de Salt, Pont Maior, Germans Sàbat y Vilarroja. Además de pertenecer a la clase media, Cañas sabía hablar catalán y eso era signo diferenciador pues en la diglosia catalana el dominio del idioma es -o, al menos, era- claro mecanismo de poder, sello de integración, y marca de superioridad social. 

En los treinta años que transcurren en el relato vemos la evolución de la sociedad catalana. Así Narciso Batista, hijo del falangista presidente de la Diputación de Gerona, pasará de ser el adolescente brutote y abusador a joven empresario modelo para el nacionalismo catalán en el poder, cosa que a su vez transformó al feroz españolista de mi adolescencia en un catalanista feroz (y al Narciso de entonces, en Narcís).

La historia que se cuenta aquí es el envés de la que el escritor de Ibahernando contó en "Anatomía de un instante". Si en la novela de 2009 narró la vida de los artífices de la transición centrándose en el instante en que Tejero entró al hemiciclo del Congreso disparando y sólo tres diputados permanecieron sentados en sus escaños (el presidente Suárez, el vicepresidente Gral Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo), en "Las leyes de la frontera" muestra la transición pero vista desde el lado de los desposeídos y dentro de éstos el mundo de la submarginalidad. Un ámbito donde las familias desestructuradas como la del Zarco eran moneda corriente: "¿Qué familia?, preguntó. No conocí a mi padre, a mi padrastro lo mataron hace años, mis hermanos están en la cárcel, mi madre bastante tiene con buscarse la vida. ¿A eso lo llamas tú una familia?" (pág. 109)

Centenario muerte de Benito Pérez Galdós, Episodios nacionales
No quisiera cerrar esta reseña sin comentar la referencia, muy importante en mi opinión, que el novelista-narrador hace al episodio nacional "Gerona" de Benito Pérez Galdós. Igual que en el relato todos los personajes evolucionan, pasan de una situación a otra, de unas ideas a otras, también la consideración sobre la séptima novela de la Primera entrega de los "Episodios nacionales" galdosianos varía. Leemos al inicio de la novela la opinión del inspector Cuenca sobre la misma:
"Es un retrato de la ciudad durante el sitio que le montaron las tropas de Napoleón. Cuando lo leí, hace cuarenta años, me entusiasmó; aquello era la hostia: la tragedia total de la guerra, la grandeza de una ciudad entera en armas y defendida por una gente de hierro, el heroísmo del general Álvarez de Castro, un personaje de tamaño mitológico que se niega a entregar a los franceses la ciudad arruinada y muerta de hambre, y que Galdós pinta como el mayor patriota de su siglo." (pág. 23)
Y cerca del final el mismo inspector Cuenca, ya jubilado, o sea, con la vida ya gastada, le da su opinión al narrador sobre la misma habida cuenta de que la ha vuelto a leer y ahora su opinión es muy distinta de la de antes
"Me pareció una mierda; más que una novela sobre la guerra me pareció una parodia de una novela sobre la guerra, una cosa cursi, truculenta y pretenciosa ambientada en una ciudad de cartón piedra donde solo vive gente de cartón piedra. Y en cuanto a Álvarez de Castro, dijo también el inspector Cuenca, francamente: es un personaje asqueroso, un psicópata capaz de sacrificar la vida de miles de personas para satisfacer su vanidad patriótica y no entregar a los franceses una ciudad vencida de antemano" (pág. 332)
Este cambio de opinión sobre la resistencia de Gerona al asedio al que la sometió el Ejército francés durante siete meses durante el año 1809 es revelador del cambio de enfoque que una sociedad puede tener sobre su propia historia. El mismo Javier Cercas ha protagonizado no hace más que cinco o seis semanas una enconada discusión sobre la figura del novelista canario del que este año se conmemora el Centenario de su muerte. Al ninguneo al que el autor de "Las leyes de la frontera" literariamente lo redujo contestaron, airados, Antonio Muñoz Molina y Almudena Grandes entre otros [para quien le interese dejo aquí el enlace a esta sabrosa polémica]. Ni que decir tiene que yo me posiciono claramente a favor de los argumentos esgrimidos por la Grandes o por Muñoz Molina en su defensa. [Para seguir debidamente toda la polémica es preciso abrir todos los enlaces que aparecen].

Final
A mí la novela me ha gustado mucho. Que a uno algo le guste mucho no equivale a comulgar con ruedas de molino, evidentemente. Me ha gustado sobre todo porque el género híbrido al que pertenece el relato está muy bien construido; de las cuatro denominaciones con que al mismo se le nombra entre nosotros creo que el de 'novela metaficcional' le va como anillo al dedo pues en el fondo lo que vemos es una novela haciéndose, el autor nos hace entrar en la factoría de la ficción y deja a la vista los resortes del artefacto. Y eso me encanta. También me ha agradado ese mostrar la dificultad de encontrar la verdad. Todo en la novela es azaroso. ¿Ocurrió efectivamente así? ¿Tal personaje traicionó a tal otro? ¿Estaban enamorados ambos? La duda es central. No hay respuestas contundentes y exactas. El principio de incertidumbre todo lo rige.

La peripecia de este grupo de chicos, de esta basca, se acompaña de una serie de temas musicales muy populares en la época -años 70 y 80- tanto de artistas españoles como extranjeros: Las Grecas, Los Chichos, Andrés Calamaro, Los Amaya...; y entre los extranjeros Chet Baker, Dire Straits, Status Quo... Para quien decida leerla creo que escuchar algunas de estas canciones es buen ejercicio para ponerse en situación.

Y por último, decir que los derechos de la novela para hacer una película sobre ella los ha adquirido el productor Edmon Roch y este año o a más tardar en 2021 podremos ver la historia en imágenes. 

19 ene 2020

Año 2020, año Galdós. "Torquemada en la cruz"

10 comentarios:
"¡Pero, hijo, si vamos a buscarle el pelo al huevo…! Tú estás en babia… Te cojo del suelo, y te vuelvo a poner en las pajitas del nido de que acabas de caerte…Sí, porque meterse a indagar de dónde viene la riqueza... es tontería mayúscula. Ven acá... ¿No andan por ahí muchos, que son senadores vitalicios, y hasta marqueses, con cada escudo que mete miedo? ¿Y quién se acuerda de que unos se redondearon vendiendo negros, otros absorbiendo con el chupón de la usura las fortunas desleídas? Tú no vives en la realidad".

Serie Torquemada, Novelas materiales y espirituales, Novelas contemporáneas de Galdós
Santiago Lorenzo, autor de la exitosa novela "Los asquerosos", preguntado acerca de qué libros tenía en su cabeza mientras escribía su exitosa novela, destacaba entre otros "Torquemada en la cruz", de Benito Pérez Galdós, porque, aseguraba, era la obra que más le había hecho reír en su vida: “carcajadas de las de caerse de la silla y que duran meses enteros”. Esta opinión del autor de "Los asquerosos" ha sido para mí acicate suficiente para leer la novela. Finalizada la misma me cuestiono a mí mismo: ¿Tiene humor, no tiene humor? ¿Hace reír o simplemente sonreír? ¿Qué es mejor la risa a carcajadas o la sonrisa inteligente?  Evidentemente en mi opinión la novela contiene su buena dosis de humor, pero discrepo de que sea humor a carcajadas del de caerse de la silla como con rotundidad afirma el escritor vasco afincado en Castilla y León.

La novela leída es la segunda de la tetralogía Torquemada compuesta por I. "Torquemada en la hoguera"; II. "Torquemada en la cruz"; III. "Torquemada en el purgatorio"; y IV. "Torquemada y San Pedro".  Dado que la novela gusta auguro a quienes se acerquen a ella o a cualquier otro título de la serie que no podrán detener tan deliciosa lectura en la palabra FIN, teniendo que seguir leyendo por puro placer todas o algunas otras de la susodicha tetralogía.

Tras esta afirmación y comprobación personal del gusto que produce leer a Galdós hoy, cabe preguntarse el porqué del ostracismo al que el escritor canario ha estado sometido durante muchos años. La verdad es que don Benito tuvo que lidiar en la recta final de su vida con las envidias de los jóvenes autores -Baroja, Valle Inclán y demás- que lo tildaron en palabras de Ramón María del Valle Inclán de 'garbancero'; durante el primer franquismo su ideología republicano-socialista no le sirvió de aval alguno; por otra parte para ciertos sectores de la sociedad española sus "Episodios nacionales" y la idea de Nación unitaria y centrípeta que transmiten no satisface sus intereses ideológicos; y a todo esto vino a unirse el que los jóvenes esteticistas de los últimos años 60 y primeros 70 con Juan Benet a la cabeza abjuraran de la naturalidad y frescura de la prosa galdosiana. Afortunadamente hoy, -en verdad desde hace ya unas cuantas décadas-, las aguas han vuelto donde debían y autores tan prestigiosos y prestigiados como Almudena Grandes, Antonio Muñoz Molina, Manuel LongaresAndrés Trapiello lo han recuperado y valorado en lo que vale su profusa producción: un fresco innegable de la realidad española de su contemporaneidad y de la historia reciente del país que le tocó vivir escrito con una maestría y naturalidad como pocas veces se ha visto entre nosotros. Estos escritores y también los estudiosos de su Obra hablan de él como del Balzac o el Charles Dickens español.

La historia que Galdós presenta en "Torquemada en la cruz" es en esencia la de un cambio de época, concretamente la decadencia de la vieja aristocracia venida a menos por su desidia y falta de laboriosidad, y el ascenso de una nueva clase que lo cifra todo en el dinero, en su acumulación. A esta clase ascendente pertenece Francisco de Torquemada un prestamista usurero y tacaño que va quedándose con los bienes y riquezas de aquellos que no son capaces de responder en el tiempo acordado a los intereses pactados. A petición in articulo mortis de Dª Lupe 'la de los pavos' afloja la soga que a la familia Del Águila la finada tenía echada al cuello. Y todo ello acaece en el Madrid del momento en que la novela verá la luz, la década de los 90 del siglo XIX, un Madrid cambiante, que ve crecer nuevos barrios donde se asientan trabajadores que llegan a la ciudad desde los pueblos y provincias limítrofes.

Los personajes están fantásticamente dibujados. Sorprende especialmente la manera como el autor sabe transmitir el mundo de la ceguera en que vive Rafael, el hermano menor; lo bien que muestra la evolución psicológica de Torquemada que desea ser admitido en el entorno de la sociedad respetable, algo que va a conseguir gracias a su dinero y a los modos lingüísticos que va tomando de aquellos que considera bien hablados pero que él por impericia no sabe colocar debidamente en la frase ni emitir u omitir cuando la ocasión así lo requiere. Las dos hermanas venidas a menos que deberán de  'sacrificarse' para así no alejarse demasiado de lo que ellas entienden es su estatus; El mediador entre ambas esferas sociales, don José Ruiz Donoso, auténtico celestino; la prestamista Dª Lupe, 'la de los pavos', fallecida en las primeras páginas de la novela; Bernardina, la antigua criada de la familia Del Águila; etc., etc. Un abanico de seres perfectamente individualizados magistralmente dibujados y presentados.
Centenario de Galdós, Biblioteca Nacional de España, manuscritos galdosianos originales
Además del contenido, del realismo que muestra el autor, en especial de ese Madrid magnífico hoy desaparecido por el que gracias a él podemos transitar, podemos vivirlo, está el lenguaje, la forma. Pérez Galdós es un maestro manejando el idioma; utiliza un vocabulario hoy en gran parte desaparecido que da gusto leer y recuperar: refistolear (=entrometerse); malsín. (= delator, acusador); cáfila (=conjunto de personas, animales o cosas); pesquis (= agudeza, cacumen); Azacán (=aguador); machuco (=sosegado, entrado en años); y muchísimos otros más.
Del mismo modo es el lenguaje utilizado indicador externo de pertenencia a una u otra clase de cada uno de los personajes. Francisco Torquemada muestra su baja extracción social en el empleo de un léxico plagado de vulgarismos, etimologías populares, agramaticalidades o barbarismos. Sirvan de ejemplo vocablos como los siguientes: ibierno, áccido, Jacometrenzo, nepusuntra (por 'Non plus ultra'), etc. La familia vergonzante Del Águila, por su parte, del antiguo esplendor de su estirpe sólo conservan el barniz de la lengua.
Y todo esto lo presenta el escritor con agilidad, soltura, frescura, viveza, autenticidad, naturalidad... que hace que leerle hoy sea una auténtica delicia, una experiencia literaria magnífica y muy recomendable.

Interesantísimo me parece el empleo de recursos propios del teatro que el autor introduce no pocas veces en la novela. Me refiero especialmente a ese alejamiento -desaparición casi-, mediante el uso de acotaciones teatrales, que el propio narrador realiza de aquello que está contando ["yo quiero matar, Cándido (excitadísimo, levantándose), quiero matar, porque sólo matando puedo realizar la justicia"]. También cuando el autor-narrador se dirige directamente al lector lo hace de manera semejante a como los dramaturgos hacen con el recurso del "aparte". No podemos olvidar que Galdós además de narrador fue autor dramático logrando éxitos sonados con obras como "Electra" o "Realidad" y que algunas de sus novelas fueron llevadas a las tablas ("Marianela") e incluso musicadas como un episodio nacional al que Ruperto Chapí iba a poner música convirtiéndolo en zarzuela; esta idea se frustró por la muerte del músico. Relaciones profesionales con actrices como Margarita Xirgú y también sentimentales con otras estrellas de las tablas como Carmen Morell demuestran la importancia que para el escritor siempre tuvo este género, muchas de cuyas características incorporó a sus novelas denominadas 'dialogadas' no muy bien vistas  por críticos del momento como Alas Clarín.

En Galdós está presente la tradición entera de la literatura española y eso se percibe en esta novela: esas descripciones de suma tacañería parecen sacadas de Quevedo o El Lazarillo de Tormes; pero sobre todo -ahora sí que sí- Cervantes está del todo presente en la narrativa galdosiana: el perspectivismo, los juicios emitidos por el propio autor que se introduce en la narración cuando así lo quiere, la doble o triple atribución de la historia a diversas fuentes cual si de un narrador múltiple se tratase, las historias intercaladas en el curso de la historia principal, etc., etc.

Para finalizar
Ciertamente "Torquemada en la cruz" no es una novela insigne, no es "Fortunata y Jacinta" ni "Misericordia", tenidas por sus mejores novelas, claro es. Pero precisamente por eso es una novela en la que el arte galdosiano se ve con más claridad por ser una escritura más rápida, menos reposada, más propia de él, razón por la que algunos maledicentes -Valle Inclán, Juan Benet...- lo tildaron de literariamente 'basto, grosero, casposo, garbancero, sin mérito alguno". Nada más injusto y fuera de toda razón.

Pintores modernistas españoles, la Edad de Plata, Pérez Galdós
Quisiera cerrar esta reseña con otra cita que viene a completar la primera y que en mi opinión expresa bien a las claras la intención del novelista, o sea, mostrar el cambio de época que la sociedad española estaba experimentando por entonces, 1893, fecha de composición de la novela. Si en la primera es Cruz quien habla con los pies bien asentados en el suelo, en ésta es el idealista, ciego en todos los sentidos y fuera de la realidad, Rafael quien entona estas frases altisonantes e inútiles :
"En los tiempos que vienen, los aristócratas arruinados, desposeídos de su propiedad por los usureros y traficantes de la clase media, se sentirán impulsados a la venganza... querrán destruir esa raza egoísta, esos burgueses groseros y viciosos, que después de absorber los bienes de la Iglesia, se han hecho dueños del Estado, monopolizan el poder, la riqueza, y quieren para sus arcas todo el dinero de pobres y ricos, y para sus tálamos las mujeres de la aristocracia."