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2 oct 2025

Ezequías Blanco: "Tres muñecos de vudú"

16 comentarios:
Rafa Martín Martínez, Ezequías Blanco
Tres muñecos de vudú de mi buen amigo Ezequías Blanco (Paladinos del Valle-Zamora, 1952) fue su primera incursión en el campo de la novela. La escribió durante el año 2000, el año del cambio de milenio. Ese mismo año la presentó al Premio Ciudad de Salamanca quedando finalista en dicha convocatoria. Ediciones Del Oeste, editorial radicada en Badajoz, la publicó en 2001. Ahora, en 2025, vuelve a aparecer de la mano de Huerga y Fierro, editorial que cumple ya 50 años de existencia. El tiempo transcurrido desde 2001 hasta este 2025 no ha hecho amarillear el relato para nada. A los buenos libros de los buenos escritores les sucede esto: se mantienen vivos y actuales sin importar para nada los años  transcurridos. 

Tres muñecos de vudú es una historia que parte del reencuentro de antiguos alumnos de un colegio de frailes en Salamanca. Han pasado 20 años desde el final de sus estudios escolares y tras la separación, obligada por estudios y profesiones, cuatro o cinco amigos de cuando eran adolescentes volverán a verse con motivo de esta celebración. Amores que quedaron en suspenso entonces, el  abandono de noviazgos poco entendibles en su momento, el día a día personal e intransferible de cada uno se verán removidos y revividos por este encuentro.

Los ritos de vudú cumplen un importante papel en la novela, de ahí esos tres muñecos que dan título a la obra. Algunos personajes recibirán uno de estos muñecos, lo que en cierto modo -intuye el lector- marcará su próximo futuro. Hay en la novela prácticas mágicas y adivinatorias propias del mundo vudú. Pero el autor también juega al despiste con los lectores como cuando en algún momento uno de los personajes, creo recordar que es Ana, la mujer de Abel, al repasar lo sucedido hasta el momento cae en la cuenta de que la mayoría de personajes masculinos -fundamentalmente los amigos- salvo uno o dos tienen nombre que comienza por la letra A: Abel, Amador, Agustín, Alberto... ¿Destino, adivinación, casualidad, vudú también? Bueno, bueno, hay que leer para saber, claro.

Junto a los personajes nombrados anteriormente hay muchos otros: importantes como MargaSilvia, Susa, Valentín Hornillos...; y menos importantes en el desarrollo de la trama como el misacantano Sebastián, los de mantenimiento en el colegio de frailes (la 'Santísima Trinidad': el Chapuzas, el Rápido, el Voltaire), los curas (el Ninfas, el Fiambre, el Comodín, el Maricón, el Negro...), el bedel don Domingo, etc. Como se ve un amplio abanico de seres habitan esta novela, todos ellos con personalidad e individualidad propias. Quienes lean la novela disfrutarán mucho con cada uno de estos tipos y caracteres. Para mí un mérito más de la novela.

Estamos ante una novela negra en la que hay asesinatos, amenazas, alguna paliza que otra y mucho, mucho, suspense. Ezequías Blanco realiza una parodia de esta tendencia novelesca que en los años en los que él está escribiendo el libro estaba de plena actualidad. Rinde homenaje el escritor a los grandes clásicos del noir y también destaca por su valía literaria a nacionales contemporáneos que cultivaban el género
 [a Valentín] «le sobran lecciones de teoría aprendidas de buen grado en las mejores fuentes de la novela negra, de la de espionaje, de la de intriga... Ha leído entre otras doctas plumas en la materia a John Le Carré, a Graham Greene, a Raymond Chandler, a Dashiell Hammett, a Chester Himes, a Ross McDonald... E incluso a Pérez Reverte, a Eduardo Mendoza, a Vázquez Montalbán, a Juan Madrid y a Lorenzo Silva.» 
La parodia la realiza el escritor mezclando los elementos habituales del noir con el mundo esotérico del vudú, la adivinación, la magia blanca y la magia negra. Pero lo más importante, lo que hace verdaderamente distintiva a esta novela de otras que por ese entonces se publicaban es que, como si de un papel de celofán se tratase, envolviendo y ajustando debidamente en su interior todos los elementos que configuran el relato, está la literatura. Ezequías Blanco, creo que lo he dicho ya en más de una ocasión, habita un lugar llamado «Literatura», y todo el mundo real del que parten sus narraciones está tocado por ella.

Los autores clásicos (Jorge Manrique especialmente y en varias ocasiones, y muchos otros expresamente citados o no: Lope, Quevedo, Góngora...), pero también los contemporáneos (César Vallejo, Unamuno y muy especialmente Federico García Lorca) están muy presentes en Tres muñecos de vudú. Ellos tiñen la historia con el betún que supone utilizarlos sabiamente para ilustrar y mejor entender las evoluciones de los personajes.
«"Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé / como de la ira de Dios..." pensaba Ana con César Vallejo y con Abel quien solía musitar estos versos cuando a alguien le ocurría alguna desgracia tremenda, relacionada generalmente con la muerte de niños o de personas jóvenes. "Cuando más ardía el fuego / echaste agua..." se repetía, una y otra vez, Ana con Jorge Manrique y con Abel.»
Personalmente, en Tres muñecos de vudú, además de lo ya dicho, yo destacaría tres aspectos, en mi opinión sobresalientes. El primero es el recorrido que Ezequías realiza en la primera y en la segunda parte de la novela por la ciudad de Salamanca [la tercera parte y la cuarta se desarrollan en Madrid], la ciudad donde él, como su alter ego Abel, estudió, primero en un colegio de frailes y luego ya en su Universidad. La Salamanca real es la que aparece en la novela: sus calles, sus monumentos, los espacios de la Facultad de Letras donde conoció a personas que tanto le influirían en su trayectoria vital y literaria... No pierde la ocasión el novelista de homenajear de esa manera tan suya -de soslayo, que dice Rafa Martín Martínez en el magnífico prólogo que precede a la novela en esta edición de 2025- a personas, algunas como el poeta salmantino Aníbal Núñez o el compañero de estudios universitarios Luis Javier  Moreno Madroño (Javier en la novela) con quienes, mientras estuvieron en este mundo, mantuvo el autor un sincerísimo afecto personal y literario. 

En segundo lugar es impresionante el conocimiento y manejo que el novelista tiene del vocabulario, tanto de un mundo desaparecido o en vías de desaparición («Había allí orzas, ánforas, belezos, cráteras, pipetas, redomas, cazos, zafras, alcuzas y otras muchas de las que desconocía los nombres») cuanto de otro más nuevo, que precisa de nuevas denominaciones, como cuando Abel, con el humor que comparte con el propio autor, se refiere a las dolencias que sufren muchos de sus antiguos compañeros de estudios en sus actuales trabajos:
«cuando se encontraba con ellos, todos, sin excepción, despotricaban amargamente de su curro, quién con más vehemencia, quién con menos, dependiendo del carácter o del estado de ánimo. Además todos estaban aquejados de múltiples enfermedades profesionales que él había bautizado con su humor habitual, bajo nombres como "aulitis fóbica", "fiebres calendarias", "artrosis áulica", "neurastenia magistral"...»
Ezequías Blanco, Novela negra paródica
Y el tercero de los tres aspectos que en esta reseña quiero poner de relieve es, como cualquiera ya habrá descubierto, el humor que a todo lo largo de Tres muñecos de vudú esparce Ezequías Blanco. La ironía, los juegos realizados con las palabras, los vocablos o sintagmas inventados con socarrona intención, el sarcasmo empleado con profusión..., en definitiva, el tratamiento humorístico es el caldo en el que el novelista hornea los elementos que forman el entramado de esta buena novela. Estos elementos son la educación recibida en el colegio de frailes, el enganche amoroso de Abel y sus indecisiones, la voracidad sexual presente en algunos personajes, la manera de hablar de algún compañero, algunos giros propios de la novela negra que no conviene desvelar aquí, las reacciones ante ciertas situaciones de algunos personajes... Sí, decididamente, en Ezequías existe una vena humorística en su variedad irónica que hace que leer sus narraciones, en concreto esta primera novela, sea una completa delicia. 
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Otras entradas en el blog sobre libros y actividades de Ezequías Blanco:





27 ago 2023

Mujeres sin hombres. Libro de relatos de Ajo Diz

20 comentarios:

«El problema es que eliges mal a los hombres. Desde el crac de los cuarenta vives en la crisis de los hombres inadecuados. Siempre escoges al menos indicado...» (‘El síndrome de la escasez’)
«Con cincuenta años y no aprendo, me quedo en blanco y no soy capaz de decir: "Sí, gracias, podemos ir al Novelty. Es un bonito café, aquí al lado". Porque... la verdad, el francés me gusta» (‘Entre abrigos, un francés’)

Por fin, en mitad de una tarde más de la tercera o cuarta ola de calor de este verano, abro el libro de relatos de mi paisana Ajo Diz. Topo de mano con una cita inicial de Marcela Serrano bajo la que viene a albergarse todo el libro o, al menos, así me lo parece a mí. En ella la autora de "Nosotras que nos quisimos tanto" destaca para la mujer esa especie de ineluctable destino marcado desde el nacimiento por la mera razón de su sexo biológico («No importa tu clase ni tu raza: naciste castigada. Tu anatomía, sólo por ser femenina, será taladrada por la desigualdad milenaria»).

Con estos antecedentes epigráficos pensé que me encontraría con unos relatos en los que las mujeres serían siempre víctimas, seres sufrientes, explotadas injustamente por el sexo opuesto. Pero afortunadamente no ha sido así. Ajo Diz en los veinte relatos que componen este Mujeres sin hombres presenta un abanico de mujeres diversas, empoderadas muchas de ellas aunque casi todas, como se pregunta retóricamente la autora-narradora en la historia que da título a todo el volumen, viven sometidas al imperio de los afectos: «¿Todavía Venus condiciona nuestra larga marcha hacia la autonomía e igualdad?»

Tras leer los veinte relatos veo que las protagonistas, en líneas generales, viven en soledad, a veces elegida por ellas mismas, si bien casi siempre presentada entre lamentos por esa educación represora que las ha llevado a comportarse así ante los otros. Es el caso de la protagonista de Entre abrigos, un francés afligida por su indecisión, por su falta de reflejos ante un hombre que la atrae («Si es que soy tonta, tenía que haberle dicho algo, no sé... haber aceptado su invitación. Nada. no reaccioné, como siempre, me quedo parada, sonrío, y me despido como si alguien estuviera esperándome.») o la de Las del sí, sin remedio quien, quince años después, se echa en cara a sí misma la falta de arrestos para haberse lanzado, en esta ocasión a la relación con una amiga de la que aún sigue enamorada («No, encanto, nada de pensamientos cruzados, ni paralelos, ni en el aire..., tales dones me ha negado la genética. Si no, en este momentísimo percibirías los efluvios de este runrún, de esta obsesión interminable que me enciende mientras te escucho la disertación sobre el admirador que no cesa.»).

Las mujeres de Ajo Diz viven solas, aunque tienen relaciones. Pero son relaciones poco duraderas, cambiantes, en busca de una inalcanzable perfección que como sucede en el cuento Carolina vuelven a la primera, de la que con apremio un día la protagonista deseó escapar. Son mujeres que en ocasiones buscan la satisfacción solitaria utilizando juguetes muy alabados y populares. Simpática y muy bien escrita, jugando con el uso del utensilio mecánico al tiempo que la protagonista recuerda su relación con Mark, es la narración contenida en La colchoneta. En el último párrafo de la misma se aúnan magistralmente el run run del aparatito, la poesía amatoria de Leopoldo María Panero y el recuerdo de un encuentro íntimo con Mark: 
«"Y tu mano valía mi vida y muchas vidas", sí, algo así... Sí, estaba en el poema en el espejo en el baño de Mark. "Porque eras suave como el peligro". ¡Oh, dios! El último, sólo el último. Con este chisme, la revolución en marcha, como dice Susan. Te olvidarás de los hombres. Síííí... "y en el último trago nos vamos".»
Aunque singularizado en las mujeres, Ajo Diz también presenta en este Mujeres sin hombres el propio discurrir del tiempo, la evolución común desde una juventud ardiente, revolucionaria y apasionada a la tranquilidad y mediocridad pequeñoburguesa presente en la maternidad, cuidado de los hijos y atenciones al marido que con harta frecuencia han experimentado y experimentan no pocas mujeres. Es una evolución a veces no elegida como en Entre abrigos, un francés y otras no forzada como en Yang Qing.

En líneas generales son estos cuentos de Ajo Diz muy agradables de leer tanto por los asuntos tratados o las tipologías de sus protagonistas como por los procedimientos literarios y tonalidades empleadas en ellos. Me ha divertido la disemia contenida en Entre abrigos, un francés, especialmente la preocupación del personaje femenino por mejorar su francés, que con el paso de los años se le ha quedado un tanto olvidado («Tengo que pensar bien lo que digo [...] Ah, y el francés, repasar el francés, que lo tengo muy olvidado»); también me ha hecho sonreír el intercambio de papeles que en el último cuento existe entre la protagonista y su gato Simón con el que en plena pandemia conversaba cual si de un humano se tratara; o el guiño critico que en otro relato se hace al movimiento #Metoo al dudar con gracia el narrador del mismo sobre si su relación en el pasado estudiantil con una compañera de piso hoy sería tipificada como abuso...

He disfrutado mucho viendo circular por calles y plazas de Salamanca, la ciudad donde nací y me formé, a los personajes de varios de los cuentos que conforman Mujeres sin hombres. Ajo Diz, aunque nacida en Galicia, se siente charra por los cuatro costados al llevar viviendo en Salamanca, ciudad a la que arribó para cursar estudios universitarios, ya muchos años. Es por esto que muchas de sus solitarias mujeres viven en la ciudad salmantina y desde la altura de sus años evocan en ocasiones experiencias y aventuras de adolescencia y primera juventud vividas en tierras gallegas. Se sitúan claramente en Salamanca, que recuerde yo ahora, entre otros, los relatos titulados Entre rubias anda el juego, Circe, Las del Sí, pero No, Entre abrigos, un francés o Lluvia y Misspiernas. En Galicia lo hacen Peregrina, Yang Qing o Las del Sí, sin remedio. Otros aparecen sin ubicación definida  adoptando un tono más propio de la narrativa norteamericana como Esta noche no o El hombre que sólo bebe leche.

Pero sin duda alguna lo que más me ha agradado de estos cuentos escritos por Ajo Diz es su buen manejo de los recursos narrativos y el conocimiento que demuestra de la literatura tanto actual (Murakami o David Foster Wallace) como clásica. Dada mi condición de profesor de literatura quiero detenerme en Lope de Vega de cuya comedia Las mujeres sin hombres la escritora toma el título para esta colección de relatos. Lope en su obra de teatro concluye que el amor es el pegamento que de igual a igual une a hombres y mujeres. El epígrafe de cuatro versos tomados de esa comedia tienen aún hoy vigencia. ¿Sí? ¿No? Para saberlo animo a leer con atención este interesante relato (Mujeres sin hombres) en el que la escritora maneja y entrevera con maestría y soltura la mitología griega, la comedia nacional del Siglo de Oro y un cuento de David Foster Wallace.

No es sólo Lope o Foster Wallace o los mitos griegos los que surfean por estas narraciones, también están insertos en ellas Murakami o Hemingway, ambos con una obra titulada Hombres sin mujeres, justamente lo contrario del título de la colección de Ajo Diz. Y es que, como ella misma dice, su libro es, dándoles la vuelta, también una especie de homenaje a los libros de estos autores en los que los hombres siempre eran el centro y las mujeres seres accesorios y subsidiarios.. 

Es consciente Ajo Diz de que algunas alusiones y/o procedimientos utilizados en sus cuentos pueden ser de difícil intelección para algunos lectores. Por ello incluye en el libro una inicial Nota de la autora en la que aclara una serie de extremos que no voy a repetir aquí, pero que son de sumo interés para legos y entendidos. Así, por ejemplo, ignoraba yo que el procedimiento de utilizar notas a pie de página dentro de una narración para dar una segunda voz al narrador-autor, como hace la escritora en Lluvia y Misspiernas, lo tomase de David Foster Wallace. E igualmente tampoco sabía que esa mostración del narrador que, quizás por excesiva, descoloca un tanto al lector y que la autora -ella dice «he intentado»- realiza en los dos relatos que más justifican el título dado a la colección (Y si no jugamos limpio y Mujeres sin hombres) proviniera de Robert Walser. 

Mujeres sin hombres, Charo Alonso, Salamanca al Día
(https://salamancartvaldia.es/noticia/2022-04-13
-ajo-diz-cuentos-para-contar-la-vida-293382)
De la misma manera que hace uso, sin citarlos expresamente, de procedimientos vistos en estos otros autores, también, ahora sí, de manera expresa, hecha mano de citas, frases, versos de canciones populares o palabras tomadas de escritores y cantantes de hoy y de ayer. Así navegan por sus escritos versos de Leopoldo María Panero, de Lope de Vega, textos de Dorothy Parker, Mary Ann Clark Bremer o temas musicales de  Serrat o Pablo Milanés.

Literariamente hablando a mí me ha gustado mucho ese continuar un cuento en otro, corrigiendo el final de uno, que se me había antojado inverosímil, en el que le sigue. Es el caso de los titulados Las del Sí, pero no y Las del Sí, sin remedio. También ha llamado mucho mi atención que el narratario sea siempre un personaje femenino singular o plural. Por último destacaría en cuanto a procedimientos discursivos el uso del monólogo interior en Circe, los diálogos sin que conozcamos la respuesta del interlocutor de El síndrome de la escasez, la técnica del contrapunto también en Circe, la ausencia de signos de puntuación en el cuento Carolina quizás, para marcar la rapidez con que todo pasa... Etc., etc.

Para finalizar
Siempre me resulta difícil reseñar un libro de relatos; mucho más cuando son de elevada calidad literaria como los contenidos en Mujeres sin hombres de Ajo Diz. Unas historias que, aparte de lo hasta aquí comentado, rezuman erotismo, soledad. búsqueda de la emoción humana, libertad... Sí, son historias en las que en su mayoría las mujeres son libres, aunque esa libertad tenga también su lado negativo que se intenta compensar debidamente. Pero el paso del tiempo es inexorable y no perdona. Quince años o veinte, dice la canción de Gardel, que no son nada, pero en la vida de una persona, lo mismo da hombre o mujer, es muchísimo. Tanto que, como les ocurre a los personajes de Yang Qing, en una quincena de ellos se puede pasar de un juvenil maoísmo, trotskismo y acracia revolucionarios teñidos de sensualidad, sexo y ascensos dentro de la agrupación política por vía vaginal al aburguesamiento de la casita a las afueras junto al compañero con quien se pegaba carteles contra el referéndum constitucional de 1978. Sí, así es la vida, querida Ajo, una vida que en tus relatos aparece con gran viveza vislumbrada en las actitudes de los personajes y plasmada en diálogos y/o monólogos como los siguientes:
  • «—No, ni hablar. Dale otra vez con lo mismo, encanto. ¡Que no exagero! Sigues anclada a los viejos deberes femeninos. Que no, joder. No es un affaire de relaciones, de que no te entregues y esas argucias engañabobas, ni de que no seas todo lo complaciente que debieras. No, encanto. No creo que lo tuyo sea un problemas de parejas o como lo llames. Tu problemas no son las relaciones. Es un asunto de elección. El problema es que eliges mal a los hombres. Desde el crac de los cuarenta vives en la crisis de los hombres inadecuados. Siempre escoges al menos indicado.» (El síndrome de la escasez)
  • «Con cincuenta años y no aprendo, me quedo en blanco y no soy capaz de decir: "Sí, gracias, podemos ir al Novelty. Es un bonito café, aquí al lado". Porque... la verdad, el francés me gusta, me gusta mucho, tiene un encanto, con la trenca marrón y el foulard, qué bien le sienta, seguro que ya lo sabe, aunque, lo primero que me llamó fue su pelo blanco, y a pesar de todas esas canas parecía más joven que Jaime, que desde los cuarenta y pico no ha hecho más que echar barriga de tanto tapeo con los clientes, aunque ahora le ha dado por adelgazar y que se va a poner a dieta en serio. No sé... ¿tendrá algún ligue?» (Entre abrigos, un francés)





5 may 2023

Laura Rivas Arranz. Dos novelas: "Pasos en la escalera" y "Rompecabezas" (A pares XXXVI)

18 comentarios:

«Aquella mañana, mirando a esa chica, los presuntos logros de las psicoterapias y de la fenotiacina se habían venido abajo. Y lo supo: su vida tampoco existía. Él no existía. Él era tan irreal como la abeja. Siempre lo había sospechado. Lo sabía. Los psiquiatras se equivocaban y él tenía razón. Todo era ficticio. Como una novela. No era más que una novela.» (Pasos en la escalera, pos. 916)
«Los crecidos jugadores de rompecabezas también han llegado hasta el coro. Ellos son siempre los primeros que se apuntan a guitarra, a baloncesto, a los Scouts. También el coro lo dominan. Sofía procura alejarse de todo en lo que ellos estén. Con ellos cerca no puede sentirse bien.» (Rompecabezas, pos. 910)

Novelas de Laura Rivas Arranz


Pasos en la escalera (1ª edición, julio de 2015) es la segunda novela de una paisana mía, Laura Rivas Arranz, que se dio a conocer con Rompecabezas aparecida en 2013.

He llegado hasta la autora por simpatía hacia su origen salmantino, que es el mío también. Naturalmente nos separan muchos años, pues ella es una mujer joven y yo un hombre nacido una montonera de tiempo antes. Pero su amor por Salamanca, sus artículos en Noticias Salamanca, sus cuentos y relatos que leo en su blog Desde el bosque, su activismo en redes sociales... me han hecho amigo virtual suyo. Haciendo el listado de mis adquisiciones del Día del Libro, su novela Pasos en la escalera se presentó ante mí, la adquirí y la he leído. Como digo más adelante, nada más acabarla me vi en la perentoria necesidad de ir a su novela anterior, Rompecabezas, para poder completar el puzzle novelístico de la escritora.

Me he adentrado, pues, en la literatura de Laura Rivas Arranz en orden inverso, pero creo que tal alteración no ha sido óbice alguno para degustarla debidamente. He comprobado que el procedimiento fundamental empleado en ambas novelas, dentro de los capítulos en que distribuye su contenido, es la presentación de la trama en breves secuencias o escenas narrativas. Es un procedimiento original que perfecciona en Pasos en la escalera donde suma al mismo el del perspectivismo (enjuiciar un mismo fenómeno, vivir una experiencia, sentir una emoción... desde el diverso punto de vista de diferentes personajes) y el contrapunto. Por contra en Rompecabezas las secuencias narrativas se suceden unas a otras de manera más lineal sin ahondar en otros recursos más que el derivado de la propia evocación por la contemplación de una fotografía de un tiempo pasado. 



Rompecabezas
Novela juvenil, bullying, acoso escolar
Pero vayamos por partes, esto es, por cada una de las novelas. Comenzaré por la primera publicada, o sea, por Rompecabezas.

Sinopsis (tomada de la página de Literanda)
Una historia sobre colegios, rompecabezas y niños algo rotos. Una historia sobre lo afiladas que pueden llegar a estar las aristas de un rompecabezas. Hoy es un día como cualquier otro. Hoy Aurora cumple dieciocho años, pero nadie puede ir a celebrarlo con ella. Hoy a Sofía una gripe le desgarra la garganta, le tapona las narices y le recalienta la cabeza con pensamientos oscuros. Hoy Sergio lee; lee siempre porque tiene demasiadas horas muertas que intenta reanimar leyendo novelas. Julio estudia; como ayer, como hace un año, como hace dos años… Hoy los cuatro se plantean dar un giro a sus vidas.
 
En esta novela Aurora, una chica de 18 años, hermana de Julio, a la muerte del abuelo Hugo revisa una caja en la que el fallecido, muy amante de la fotografía, guardaba muchas hechas a sus nietos. Según toma en sus manos estas instantáneas, las imágenes le hacen evocar los años que  ella, su amiga Sofía y su primo Sergio pasaron en el colegio, centro vital de socialización durante la infancia y adolescencia. Estos tres personajes tienen cada uno hermanos: Julio lo es de AuroraSergio, de Sandra; y Sofía, debe cuidar del bebé Rober. Los tres amigos sienten que en el colegio al que acuden se discrimina a unos alumnos frente a otros. Hay una crítica a profesores como Elvira que premia a sus favoritos con el juego del rompecabezas y la pertenencia al coro mientras que a otros como Aurora, Sofía y Sergio los excluye de los mismos. Esto es una clara injusticia que ahora, a sus 18 años y a la vista de las imágenes, Aurora rememora.

Creo que en todos los personajes que aparecen en la novela hay mucho de la propia escritora, quien ha querido remarcar en Rompecabezas las inseguridades propias de la adolescencia, los temores, los primeros amores o atracciones más o menos platónicas... Así Julio duda de si su decisión de haber estudiado derecho y preparar una oposición es acertada o no («Fue él y no el destino quien abandonó el violín, él quien eligió su carrera, y él quien ahora no se atreve a olvidar diez años y empezar de nuevo. Fue él quien decidió preparar la oposición») al tiempo que se la va el santo al cielo pensando en Susana; Sofía se cuestiona la inanidad de la existencia -planteamiento típicamente adolescente- a la vista de los lloros de su hermano Rober («Tal vez llora porque está deprimido. Quizá tampoco a él le gusta su vida. Dedicar la mayor parte del tiempo a comer y a dormir no es el colmo de la diversión»); Sergio, un grandísimo lector, quiere ser escritor en un futuro pero está lleno de dudas («Ellos viven; han vivido mientras él leía», «No necesita esos ánimos. A pesar de esto, a pesar de todo, incluso a pesar de sí mismo va a ser escritor. Ahora no, pero algún día.»); y Aurora siente mariposas en el estómago y un gran nerviosismo ante su próximo primer curso universitario («El próximo curso irá a la universidad. Será el principio de una nueva etapa; de una etapa feliz. Por un momento piensa que su solitario dieciocho cumpleaños puede ser el oscuro preludio de todo lo contrario, pero enseguida lo olvida.»).




Pasos en la escalera
Sinopsis (tomada de la página de Amazon)
Alguien se lanza al vacío contra el asfalto oscuro de la calle.
Cuatro meses antes, una universitaria principiante se instala en el sexto piso de un edificio viejo, frío y sin ascensor. Sus nuevos vecinos: un niño-batman, una niña fea, un médico con el botiquín desmantelado, una vieja que extravía recuerdos, una dependienta que oye voces en inglés para desoírlas en castellano, un escritor que vende batidoras.
El perturbado del séptimo sabe que puedes leer sus pensamientos. En lo alto del edificio, un astrónomo deprimido vigila con obstinación la luna.

soledad, timidez, obediencia
En Pasos en la escalera pienso que Laura Rivas Arranz da un gran salto como escritora. Continúa como he dicho con la estructuración de la narración en capítulos y, en éstos, con la distribución de la trama en secuencias o escenas breves. Pero el situar toda la historia en un mismo edificio le sirve para poder hacer uso del punto de vista o perspectivismo, así como del contrapunto algo que como ya he dicho no hacía en Rompecabezas. Lo que sí hacía en su primera novela, pero mucho más y con mas conocimiento en ésta, es la finalización de algunas secuencias e inicio de la siguiente con una misma expresión. Es un recurso que da ritmo al relato y que sirve para cohesionarlo y engarzar mejor todas sus partes:
«No podría. No lo conseguiría, seguramente no podría pagar el alquiler.
***
No podría. No lo conseguiría, seguramente no podría aprobar.»
Hay mucha más literatura en Pasos que en Rompecabezas. Mientras que en la primera publicada un personaje pensaba que con lo que se contaba en la historia podría él mismo lanzarse a escribir y hacer realidad su sueño de escritor, en Pasos en la escalera ya uno de los personajes, Alejandro, cree vivir dentro de una novela y otro, Bruno, que está escribiendo una dentro de un piso de ese edificio, reflexiona en voz alta sobre la misma haciendo verdadera metaliteratura
«Releyó las últimas líneas, y volvió a escribir:
La radio, los periódicos y la televisión no prestaban atención a su virus. Nadie hablaba ya de él. Encerrado en aquel piso a medio amueblar, se sintió abandonado y muy solo. Tan solo que decidió entregarse.
Bruno miró sorprendido a su personaje. Eso no estaba previsto. pero le daba un giro interesante a la historia.»

Además, en esta novela aparecen muchos más elementos que en Rompecabezas. Así el mundo de la Música («El cerebro le canturreaba, desafinado y descontrolado, aquella Suite en Re mayor o lo que fuera del dichoso Bach); del Cine en la alusión que se hace a personajes de El silencio de los corderos del director Jonathan Demme, película que Claudia está viendo en el televisor («Y Claudia pensó que al lado de Clarice Starling ella era una inútil total. Ella jamás daría con Bufalo Bill ni recataría a la pobre Catherine.»); del Cómic («Mirando a Batman dentro de la viñeta, Daniel pensó que sí, que Bruce Wayne era un hombre afortunado.»); de la misma Literatura en las referencias a títulos de libros que unos u otros personajes leen sirviendo esas lecturas a la novelista para caracterizar a alguno de sus personajes, de manera que mientras que Claudia lee a J. D. Salinger («Miró la portada de ese viejo libro de bolsillo, que en algún momento debía de haber metido en la maleta, porque ahora estaba allí junto a la radio: "El guardián entre el centeno"») Irene se siente atraída por Lo que el viento se llevó Miró otra vez el libro. Le consoló que Escarlata tampoco estuviera teniendo un buen día en la novela»)...

A propósito del Cómic, según yo avanzaba en la lectura de la novela no se me iba de la cabeza la semejanza que encontraba entre el edificio viejo de siete plantas donde transcurre la vida de este variopinto grupo de personajes y la exitosa historieta gráfica "13, rúe del Percebe" de Francisco Ibáñez. Al igual que en las historietas ideadas y dibujadas por Ibáñez, en la novela de Laura Rivas Arranz todo sucede de manera simultánea en cada uno de los pisos que ven su actividad interrumpida por el ruido de los pasos de alguien bajando las escaleras, por el portazo de la puerta que da acceso a la azotea, por la discusión en la casa del hijo de la propietaria, etc. 

Ya he dicho que la novelista prosigue con el procedimiento de abrir secuencias utilizando las mismas palabras empleadas para finalizar la inmediatamente anterior: una discusión en un piso, el sonido de la televisión, el golpe de una puerta... En alguna ocasión, incluso, se repite toda la serie de palabras con que acaba una para sin solución de continuidad iniciar con ninguna o muy pocas variaciones la siguiente. Este recurso literario, denominado técnicamente anadiplosis, sirve para marcar la simultaneidad temporal de lo que sucede en los diferentes pisos que componen el edificio. Una simultaneidad que transcurre a lo largo de los cuatro meses evocados a raíz del salto al vacío que en enero una persona efectuó desde un piso de ese edificio viejo y destartalado. Estamos, pues, ante una novela que comienza y finaliza en el mismo momento, abriéndose entre el primero y último de los cinco capítulos que forman el relato un paréntesis de cuatro meses durante el que nos enteramos de la vida de cada uno de los habitantes de ese peculiar edificio. Es un procedimiento muy cinematográfico.

Todos los personajes sufren algún problema, tienen alguna carencia. Los hermanos Víctor y Alejandro padecen depresión uno y esquizofrenia el otro; la anciana Catalina, dueña de todo el inmueble, está entrando en fase senil y tiene claros síntomas de alzheimer; su hijo, la mujer de éste, y los hijos de ambos, Cristina y Daniel, representan a una familia tipo con un padre algo agresivo, una mujer que está despertando de su sumisión y unos hijos, en especial, Daniel, que contemplan lo que les rodea con un estoicismo digno de alabanza; Bruno, es un escritor sin posibles que debe mendigar a su hermana para poder pagar el alquiler; Martín, un médico que mantiene una relación en el hospital; Irene, la chica popular menospreciada en  parte por sus propios padres ante el éxito profesional de su hermano...Y, naturalmente, Claudia, el ser más próximo en mi opinión a la propia escritora. Todos estos seres se encuentran algo perdidos en el mundo que habitan. Y sobre todo están solos; en ello insisten los dos hermanos Víctor y Alejandro: «Estaba solo. Estamos todos solos».

La soledad, la timidez, la necesidad de plegarse a los deseos de los otros, especialmente a los de los padres como le ocurre a Claudia, son temas recurrentes en la novela. Temas que en cierto sentido ya estaban presentes en Rompecabezas.

Para finalizar

Salamanca, Noticias Salamanca
No quiero cerrar esta reseña sin aludir a algo que me ha resultado muy grato leyendo a Laura Rivas Arranz. Me refiero al  enorme cariño que demuestra tener a su ciudad, a la manera que tenemos de hablar por allí, a los nombres de los lugares que son para nosotros señas de identidad. Los salmantinismos sin ser excesivos sí que aparecen en sus historias. Así los personajes de las mismas candan la puerta, no la cierran («mientras Claudia candaba la puerta») y pasean por lugares que sin reproducir exactamente la denominación de los reales existentes en la ciudad sí que los evocan sin temor a equívoco alguno:

«Asociaciones de vecinos denuncian el abandono del parque de La Alameda. No había fotografía. Pasó a otra página: La artista argentina Marisa Escobar muestra su obra en la Sala Platina.»

¿Qué distancia existe para un salmantino entre ese novelesco parque de la Alameda y el real parque de la Alamedilla o esa Sala Platina y el manantial o fuente de la Platina? Para un natural del lugar desde luego ninguna. Y esto a mí me ha gustado verlo, leerlo, evocarlo. Gracias Laura.

Pasos en la escalera y también Rompecabezas, aunque algo menos, son novelas que me han gustado, que me han entretenido y que pienso que son de muy buena factura. En cierto sentido ambas me parecen novelas de aprendizaje, de formación, pues muestran el proceso de situarse en el mundo de unos personajes, niños en la primera publicada, y ya saliendo definitivamente de la adolescencia en la segunda. Aunque yo las he leído ahora descubro que la publicación inicial de ambas se remonta, como digo al inicio de esta reseña, al año 2015 y 2013 respectivamente. Leo en la página web de la autora su lamento por que Pasos en la escalera no haya tenido tan buena fortuna como la anterior. Pues debe de ser que a mí me gusta ir contracorriente porque Rompecabezas, gustándome, me parece bastante inferior a Pasos en la escalera.

«Pasos en la escalera no ha tenido, hasta el momento, mucha suerte. Ha tenido lectores, sí, pero no muchos. Así como Rompecabezas puedo afirmar que es una novela con estrella. Pasos en la escalera ha sido —hasta ahora— más de estrellarse.»




20 feb 2020

María Suré. "Huérfanos de sombra"

25 comentarios:
Lo que llamó mi atención sobre “Huérfanos de sombra” cuando leí la reseña de Laky en su blog “Libros que hay que leer” o la de Eyra en el suyo (“Cosas mías”) fue que María Suré, su autora, fuese salmantina y que buena parte del relato transcurriera en la salmantina zona de La Alberca, en una localidad inventada, Aldeanegra, aunque próxima a otras bien ciertas: Nuñomoral (ésta ya en Cáceres), El Cabaco, Santiago de la Puebla, etc.

La escritora
María Suré (Salamanca, 1973) estudió Ingeniería Informática en la Universidad Politécnica de Valencia y actualmente trabaja como Analista y Programadora informática. Apasionada de la lectura desde niña de todo tipo de género, siempre soñó con dar vida a los personajes e historias que surgían de su fértil imaginación. En 2014 decide comenzar a escribir y hacer realidad sus sueños. Su primera novela, “El color del perdón”, se publicó en formato digital y papel en septiembre de 2015. En octubre de 2017 su segunda novela, “Proyecto B.E.L.”, quedó finalista en el 21º Premio de Novela Ciudad de Badajoz, publicándose ese mismo mes. Noviembre de 2019 es la fecha de publicación “Huérfanos de sombra”, su última novela.

Sinopsis de la Novela
La Alberca, Nuñomoral, España vacía
Hannah tiene 86 años y sigue siendo una mujer de armas tomar. Con 7 años subió sola a un tren en Alemania que la alejaría del horror de la guerra pero que la transportó a una vida llena de adversidades donde sobrevivir se convirtió en el reto más difícil. Ahora vive una vida relajada y feliz junto a su hija, pero el pasado vuelve para reabrir viejas cicatrices y recordarle que algunas heridas nunca cerrarán.

Toribio odia su vida, ha pensado más de una vez en acabar con la pesada carga que soporta sobre sus espaldas. Pero un día lluvioso y frío, una joven llama a su puerta para pedirle ayuda y, con ella, la vida irrumpe en su casa por sorpresa, dándole un vuelco a su existencia.

Laura se quedó embarazada demasiado pronto y las circunstancias la llevaron a vivir en Aldeanegra, un pueblo de la provincia de Salamanca sin apenas habitantes, situado en plena Sierra de Francia. Allí pasa sus días con el niño y Toribio, su abuelo, y, contra todo pronóstico, es feliz. Su hijo ha logrado recomponer los pedazos de unas vidas rotas por el destino, pero la frágil unión de esos trozos se resquebraja cuando el pequeño desaparece en extrañas circunstancias.


Mi comentario
Es una historia que aúna dos tramas bien distintas en su origen (las vicisitudes de Hannah iniciadas dentro de la diáspora sufrida por los judíos centroeuropeos ante la persecución nazi antes de y durante la IIª Guerra Mundial, y la vida en Aldeanegra en la época actual, año 2018, de una mujer joven (Laura) que cría a su hijo (Marcos) junto al abuelo del mismo (Toribio) que viene a suplir la ausencia en las funciones de padre de su hijo (Curro). Estas dos líneas temporales así como sus tramas respectivas se desarrollan en contrapunto viniendo a confluir en el momento actual en el caso de la desaparición de una persona, lo que provocará la entrada en escena de la pareja de la Guardia Civil formada por la sargento Cristina Albino y el guardia Anselmo Picarzo quienes en un vertiginoso thriller investigarán el asunto que ha sacudido esta zona de la sierra salmantina. El ritmo narrativo va de menos a más según transcurre la novela. Durante los primeros capítulos, en especial los referidos a la salida de Alemania de una expedición de niños judíos camino de Inglaterra donde se les acogerá para evitarles sufrimientos -¡de guerra, porque sufrimientos muchos de estos niños los conocerán por la explotación a la que muchas familias de acogida los someterán!-, la acción transcurre plácida y morosa. Tal placidez desaparece cuando ambas tramas ya han coincidido en el momento presente y sucede la acción delictiva que se investiga.

María Suré, amén de mostrar vivencias durísimas sufridas por algunos de esos niños judíos alemanes (especialmente Hannah o Janusz) sacados fuera del país para salvarlos de una más que segura muerte y también la suerte corrida por otros más afortunados como su amiga Yona, también judía alemana, acogida por una familia residente en Bilbao, utiliza el relato para poner sobre el tapete toda una serie de asuntos importantes: el amor loco en adolescentes y los embarazos consecuencia del mismo; el terrible poder del dinero capaz de anular cualquier sentimiento; la vida natural y su preservación; la venganza y sus consecuencias; la entrega y el respeto absolutos hacia el otro (Gonzalo por Laura; Quentin y Hannah); la relación padres - hijos (Renata con su madre Hannah; Marcos con su madre Laura; Aurelio Galarza con sus dos hijos, Luis y Simón); la necesaria preservación de la libertad sexual sea cual sea la orientación del individuo en la misma (los abusos de Simón con su empleado Toño), la discriminación de la mujer; etc.

El tratamiento dado a algunos asuntos, por la época en que se sitúan -guerra mundial, reciente posguerra, pleno franquismo...-, por muy sensibilizados que estemos ante los mismos en el momento actual, considero poco pertinente aplicar criterios de hoy para abordarlos. Y pienso que en dos o tres momentos de la historia que se cuenta el anacronismo hace su aparición; así sucede, por ejemplo, cuando en pleno año de 1948 Erika sufre abusos por parte del adulto que amablemente la acogió en su casa, y Hannah, su amiga, "le propuso denunciarlo ante las autoridades por lo que le hacía". Creo que, aparte de que Erika se enfadase con Hannah cuando ésta se lo dijo dado que ella amaba al que muy poco después sería su marido, en 1948 por mucho que fuera Gran Bretaña donde ocurre el suceso, el abuso sexual sobre una adolescente era 'pecata minuta', un asunto muy menor que no preocupaba y no se perseguía a no ser que estuviese impregnado de otros delitos a su alrededor. Y lo mismo diría por inverosímil que una persona en la década de los 50 del siglo pasado se escandalizase al leer en un periódico que un organismo internacional considera bueno y educativo dar un cachete a los niños
"CONVENIENCIA O INCONVENIENCIA DE QUE A LOS NIÑOS LES “ZURREN” EN LA ESCUELA. La O.N.U. autorizó el “cachete” y profesores, alumnos y padres de familia lo aceptan como necesario y pedagógico… si es oportuno."
La verosimilitud en una historia de ficción es esencial y caer en anacronismos para satisfacer a los lectores actuales me parece una especie de engaño poco edificante.

"Huérfanos de sombra", Salamanca, Sierra de Francia
Lo dicho en el párrafo anterior es el pequeño 'pero' que pongo a esta novela que me ha parecido entretenida y que me ha hecho sentir orgulloso de mi cultura autóctona. Muchas cosas en este sentido me han agradado. Así me ha gustado especialmente ver cómo María Suré presenta muchas de las costumbres y tradiciones salmantinas más acendradas (el hornazo -"una empanada a base de embutidos"-, los "dulces tradicionales de la zona elaborados con productos naturales como las perrunillas, amarguillos, almendras garrapiñadas o turrón artesanal", el lunes de aguas, el padre Putas, el lagarto de la iglesia de Santiago de la Puebla, la rana sobre una calavera en la fachada de la Universidad...) y también la alusión a otros detalles que a gran velocidad van convirtiéndose en leyenda pese a su reciente creación como el astronauta en una jamba de la Catedral que hoy día visitan los turistas como si hubiese sido realizado en el pasado. Así mismo me ha encantado que la historia penetre en aspectos conocidos de la historia de la Provincia, pero poco analizados en profundidad, algo así como autocensurados en la conciencia de los salmantinos. Me refiero especialmente al asunto de la explotación del wolframio en Barruecopardo durante el tiempo de la segunda guerra mundial y su exportación al régimen nazi y también aunque más tarde a los aliados, o la existencia de minas de estaño en zonas de la sierra de Francia.

La novela consta de 31 capítulos, muchos de ellos con una cita inicial que sirve de marco referencial e introductorio a lo que en el mismo acontecerá. La novela toma el nombre de uno de los capítulos. Este título es clave para comprender el relato en su totalidad, razón por la que omitiré decir nada sobre su significado. Sí diré que el narrador es un relator externo sabedor de todo y que no hay ruptura temporal en ninguna de las dos líneas narrativas. Hasta que se produce la confluencia de las mismas en el momento actual de 2018 la sucesión capitular es alterna: pasado de Hannah desde 1939 - vida actual en Aldeanegra. Sólo hay un capítulo hacia el final de "Huérfanos de sombra" en que para atar cabos la autora retorna a 1939;  el resto desde el capítulo 17 discurre de manera lineal.

Tras la palabra "FIN" la novelista añade unas 'Reflexiones' que en mi opinión poco o nada añaden a la propia historia. Me parecen más que otra cosa una especie de autorreseña que no acabo de entender. ¿Es que la escritora debe conducir la intelección de sus lectores sin darles la libertad de pensar por ellos mismos, o es que no se fía de sí misma y piensa que si no lo aclara quizás se la malinterprete? No sé, a mí esta manera de querer llevar al público lector del ronzal nunca me ha gustado. Aunque hayan pasado ya casi dos siglos de esto estoy con Mariano José de Larra cuando decía en uno de sus Artículos aquello de "Libertad en literatura, como en las artes, como en la industria, como en el comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de nuestra época, he aquí la nuestra, he aquí la medida con que mediremos". Y esto, naturalmente, incluye la de la libertad en la conciencia interpretativa de los textos leídos. No faltaría más.


18 ago 2016

Otra magnífica exposición sobre Cervantes: "Cervantes. Lengua del Alma"

6 comentarios:
En mi deambular agosteño por la España interior me ha encantado visitar, en la hermosa localidad de Ciudad Rodrigo (Salamanca), una magnífica exposición sobre Cervantes que, organizada por el Seminario San Cayetano, se presenta en el edificio que éste ocupa. La muestra se inauguró el 18 de marzo pasado y estará abierta hasta el próximo 1 de noviembre.


 Encontrar en Ciudad Rodrigo, lugar que para nada aparece citado en "El Quijote", una exposición sobre esta obra y sobre su creador es una magnífica sorpresa.  La exposición lleva por título "Cervantes. Lengua del Alma" y me ha tocado lo más profundo de la mía. Me ha reafirmado en la opinión de que Cervantes es patrimonio de toda España por lo que cualquier zona de la misma tiene el derecho de reivindicarlo, festejarlo, recordarlo... También me hace ver que la apuesta cultural desarrollada por esta población no es flor de un día y que estas exhibiciones vienen a completar la oferta cultural de sus tradicionales Carnavales del Toro y de la Feria de Teatro de Castilla y León, certamen teatral con sede en la localidad mirobrigense, que ya va por la 19ª edición, y que este año se celebrará entre el 23 y el 27 de agosto. (ver cartelera aquí).

La primera referencia que tuve de la exposición me llegó por vía de amigos nacidos en localidades próximas a Ciudad Rodrigo, capital de una extensa comarca al sur de la provincia de Salamanca formada nada menos que por 53 municipios. Mis amigos, José Antonio y Justo, aman la zona y tienen a gala haber nacido en ella: uno, José Antonio, en Robleda, cabeza de la subcomarca del Rebollar; el otro, Justo, en Martiago, la más importante localidad de la subcomarca de los Agadones. Si de Martiago me llegó la noticia de la maravilla de muestra que sobre Miguel de Cervantes y su obra más insigne había montado el Seminario San Cayetano de Ciudad Rodrigo en colaboración con el Ayuntamiento de la ciudad y la Fundación Ciudad Rodrigo 2006, fue en compañía del amigo 'robleano' con quien tuve la oportunidad de comprobar en vivo y en directo la verdad de cuantas excelencias me habían contado sobre la misma.

Vista general de la exposición
La exposición cuenta con una magnífica página web en la que se explica debidamente cuanto en ella se puede contemplar (hacer clic aquí). Por ello sólo destacaré lo que llamó más mi atención, que, sin duda alguna fue la magnífica colección de Quijotes -más de sesenta- y otras obras cervantinas propiedad de uno de los comisarios de la muestra, Manuel Belda Rivero, quien en un blog que administra, -"El tragaluz del tiempo"-, al explicar la fotografía que encabeza uno de sus posts, dice de sí mismo, lo siguiente:
Este soy yo…hace unos años…  En la Escuela Pública de San Francisco, en Ciudad Rodrigo, donde nací.  ¿Con quién estaría hablando…? Luego pasé por el Seminario y por el Instituto de Bachillerato. De allí a la Universidad de Salamanca, donde me licencié en Filología Hispánica…Soy de los que todavía hizo, obligatoriamente, la mili, en Morón de la Frontera,  cuidando los aviones de los americanos. Fui concejal (1983-1987) en el Ayuntamiento de esta mi querida ciudad en la que trabajo y vivo.  Aprendiz de poeta y aficionado a la fotografía, aparezco y desaparezco como el famoso río. Ahora, en este blog, trataré de recopilar viejos (la poesía nunca es vieja)  poemas y fotografías. Y también seguir escribiendo con el corazón, como a mí me gusta hacerlo. Espero que os guste.
Algunas fotos de lo allí expuesto

"El Quijote" sirve para adornar en
esta imagen el envés de las cartas de una baraja
Una antigua edición del Diccionario
de Elio Antonio de Nebrija

Una edición inglesa de "El Quijote" de la colección de M. Belda
La cultura del Renacimiento que llegó a Cervantes: 
Obras de Cicerón, de Ovidio, Horacio, Virgilio, 
Erasmo de Rotterdam, Luis Vives, Nebrija, etc.


Información práctica
Al ser una exposición poco agobiante se puede aprovechar el mismo ticket de entrada para visitar el antiguo laboratorio del Seminario de San Cayetano y una originalísima exposición permanente sobre piezas sanitarias de uso íntimo y privado que a lo largo de la historia han recibido muy distintos nombres: bacínes, chatas, dompedros, pericos, recipientes, etc., etc, Es una exposición compuesta por más de 1300 piezas de distintas épocas que merece ser visitada y más si el encargado de la misma amablemente comenta, como nos sucedió a nosotros, algunas de las cerámicas expuestas.

La exposición abre todos los días, salvo el jueves, en horario de 11 a 14. Por la tarde, de 16 a 19 h., sólo abre lunes y sábado.

26 may 2016

"Cuaderno de Vacaciones", Luis Alberto de Cuenca

14 comentarios:
flm16, 75 feria del libro de Madrid, Parque del Retiro
Estamos en tiempo de Ferías del Libro. Concretamente este viernes 27 de mayo y hasta el 12 de junio estará abierta la 75ª edición de la de Madrid (FLM16) en el Parque del Retiro. Pero Madrid no es el único lugar donde se celebran; afortunadamente las hay por toda nuestra geografía. Durante la segunda semana del mes de mayo se celebró la 36ª Feria del Libro de Salamanca en su sin igual Plaza Mayor. Allí adquirí dos poemarios. 
Hacía tiempo que no leía poesía con tanta satisfacción. El que traigo hoy aquí llegó hasta mis manos como llegan los libros que sorprenden: sin buscarlo, sin haberlo planificado, mirando con tranquilidad y placer los estantes de las casetas 

Paseando por la Plaza Mayor
Deambulaba yo por entre tanto libro infantil que hay ahora en todos estos eventos (¿Por qué muchos adultos sólo se lanzan a comprar libros si son para sus niños? ¿Por qué para "mis niños", sí, y para mí, no? ¿Acaso los papis no saben leer o es que simple y llanamente aborrecen o desdeñan la práctica que -parece- quieren inculcar a sus criaturas? Tema para debatir, ¿no creéis?). Bueno, a lo que iba, estaba yo defendiéndome de tanta novedad infantil cuando, ¡oh sorpresa!, vine a darme de narices con una caseta ocupada por tres editoriales de estas pequeñas, independientes, que están fuera de los circuitos habituales de Madrid y Barcelona, y que se sacan las castañas del fuego expurgando en los fondos editoriales publicando títulos de calidad pero muy olvidados o pertenecientes a géneros minoritarios (la poesía, el ensayo no directamente político...). Casualmente resultó que de las tres editoriales -"La Uña Rota" de Segovia y las salmantinas "Delirio" y "La Guarida"-  que, para aminorar gastos, compartían caseta, a la primera, "La Uña Rota", la conocí el año pasado en esta misma Feria quedando más que satisfecho de la atencion recibida y del libro que les compré: "Ebrio de enfermedad" de Anatole Broyard, obra que hace ahora exactamente un año reseñé en este mismo blog (leer reseña aquí).

Salamanca y sus poetas, Aníbal Núñez poeta malhadado
El descubrimiento de ese ensayo, de una inusitada calidad, me hizo adicto a estas editoriales que se salen del circuito comercial habitual. Por eso me demoré en el expositor de la caseta y, al igual que el año anterior, quienes la atendían entablaron literaria conversación conmigo cantándome, con gran conocimiento de lo que se traían entre manos, las alabanzas de aquellos libros que al azar yo iba hojeando. De repente encontré algo que llevaba tiempo buscando. Se trataba del Premio Nacional de Poesía 2015, último poemario publicado por este gran trabajador de la cultura que es Luis Alberto de Cuenca. Junto a él, y medio escondido, estaba un pequeño librito de formato reducido y título atrayente, "Alzado de la ruina", firmado por Aníbal Núñez, poeta salmantino desaparecido muy prematuramente el año 1987 con tan sólo 43 años. Una lástima, pues de no haberse ido tan pronto el hoy justamente alabado y muy reconocido poeta podría haber dado a la literatura mucho más aún. Dejo para otro día mostrar alguno de sus sentidos poemas en este blog. Hoy, como decía alguien de cuyo nombre no quiero acordarme, "Hoy no toca". Hoy toca


"Cuaderno de Vacaciones" de  Luis Alberto de Cuenca

El autor
 Nació en Madrid, el 29 de diciembre de 1950. Es filólogo, poeta, traductor, ensayista, columnista, crítico, editor literario e investigador. Es también académico de número de la Real Academia de la Historia y académico correspondiente en Madrid de la Academia de Buenas Letras de Granada. Fue director de la Biblioteca Nacional (1996 a 2000) y Secretario de Estado de Cultura (2000 a 2004).
Como poeta ha escrito, sin contar las antologías, unos 30 poemarios desde 1971 hasta este "Cuadernos de vacaciones" de 2015. Como ensayista, de sus 15 publicaciones los estudiosos de su Obra destacan "El héroe y sus máscaras" (1991) y "Los caminos de la literatura" (publicado por Rialp en 2015).
Personalmente yo quisiera destacar de él dos actividades: La primera es la de divulgador de la cultura a través de tertulias radiofónicas y/o televisivas en las que participa; y en segundo lugar no querría pasar por alto su labor como traductor -ganó el Premo Nacional de Traducción en 1989-  de obras clásicas (obras de Eurípides, Homero, Virgilio..., de Chrétien de Troyes o de Ramón Llull). Pero también Luis A. de Cuenca destaca como adaptador y creador de versiones de textos teatrales; yo quisiera señalar por haberlas visto y degustado sus adaptaciones de la obra de J.B. Priestley, "El tiempo y los Conways" o, últimamente, la versión de "El cerco de Numancia" de Cervantes, de la que hice reseña no hace mucho [verla aquí].

Luis Alberto de Cuenca, Cuaderno de vacaciones

Respecto a este poemario, "Cuaderno de vacaciones",  más que hablar de él en esta entrada (85 poemas, repartidos en 8 apartados temáticos, escritos durante los descansos estivales de los años 2009 a 2012) cumple destacar -creo yo- cuatro o cinco de los muchos poemas que del mismo me han agradado y así darlo a conocer, siquiera un poquito. Ya me diréis vosotros qué os han parecido.

Sus poesías
Mis viajes por el tiempo

¡El viajero de Wells se adentra en el futuro.
Qué horrible pesadilla le espera con los elois,
tan delicados ellos, sirviendo de pitanza
a los feroces morlocks! Yo no quiero viajar
rumbo al futuro.Grima me da hasta imaginarlo.
Lo mío es el pasado: Bizancio, por ejemplo:
dar un beso a Teodora al salir del Hipódromo,
cuando ella era una stripper cualquiera entre las muchas
que pululaban por los antros de la Urbe
buscando clientela; ver cómo Justiniano
repara al fin en ella y le pide una cita,
a solas, en Palacio, y ella, conmocionada,
balbucea un «sí, amo» y va en busca de un filtro
amoroso infalible para suministrárselo
al dueño del Imperio y ganarse la púrpura
que codicia y, con ella, la gloria de las crónicas
y un puesto preeminente en San Vital de Rávena;
o los alrededores de Ginebra, una noche
de un 16 de junio del año en que Alejandro,
zar de todas las Rusias, expulsó a los jesuitas:
compartir con Lord Byron, Polidori y los Shelley
lecturas terroríficas que conduzcan a Frankenstein
y a Ruthven el vampiro; comprobar la cojera
de Byron, la abyección sumisa de su amante,
la arrogancia de Percy, la agudeza de Mary;
ver quién se fue primero a la cama, qué hicieron
en la cama –si hicieron algo que fuese digno
de mención-, qué cenaron aquélla noche mágica,
mientras el lago Leman inundaba de sombras
Villa Diodati, Suiza, Europa, el mundo, todo.
Si me pierdo en el tiempo, me encontraréis en sitios
como Constantinopla, siglo VI después
de Cristo, o en Ginebra, a comienzos del siglo
XIX. Lo mío es el pasado.




¡Ah de la vida!

Pobre experiencia tengo de la vida
(como todos). Practico la existencia
(como todos). Y sufro. Y no sé nada.
Lo primero: soy hombre, no mujer,
y eso ya es un fracaso si uno quiere
saber de qué va el mundo, penetrar
en el misterio de las cosas. Luego
está el tema de las sendas perdidas
y el de esas partes de nosotros mismos
a las que traicionamos por servir
a una sola faceta (la peor,
la más absurda y menos favorable).
Pobre experiencia tengo de la vida.
¡Qué pena estar tan cerca de la muerte!
ABRIL

Qué tendrá abril -con su caballo blanco,
su arco y sus flechas y sus sonrosadas
mejillas, con sus campos guarnecidos
de flores y de pólenes, y sus aves
canoras, su deshielo, sus promesas
de amor y vida eterna, sus colores
y su parafernalia de costumbre-
para que Juan Ramón hable de él tanto,
Eliot escriba que es el mes más cruel
y a mí -y hablo en sentido literal- 
me guillotine la respiración. 


Apología de los clásicos

Nos identificamos con los clásicos.
Siempre tendemos a reconocemos
en lo mejor de aquello que se encuentra
más allá de nosotros, en el reino
de los modelos y de los arquetipos,
aunque lo mejor sea lo terrible
y albergue nombres como Yago, Rávana, 
Bósola, Hagen, Alí Kan o Svimtus 
(pero sin renunciar a Otelo, Rama, 
la Duquesa de Malfi, Sigurd-Siegfried, 
el Guerrero con máscara o Roberto). 
¡Nos divertimos tanto con los clásicos! 
Su tiempo no es el de la muerte. Viven 
en el Tiempo sin tiempo de los mitos 
nuestros queridos clásicos, un Tiempo 
que ilumina la cárcel de la vida 
y regala modelos exclusivos 
para enseñar, felices, a la gente 
que nos rodea -padres, hijos, nietos-, 
burlando así la angustia cotidiana 
y saciando la sed de maravillas 
que nos caracteriza como humanos. 
Los clásicos ayudan a vivir, 
y a morir, y a olvidar nuestras miserias, 
y a no perdemos por el laberinto 
sin Teseo ni Ariadna que es el mundo. 


CLARIDAD

Los poetas más oscuros -Licofrón, 
Góngora, Mallarmé- son transparentes
en el fondo, aunque cueste mucho más entenderlos
del todo que a Catulo, a Petrarca, a Verlaine.
Si amas la poesía, amas la claridad.
El objeto de la literatura
no es inventar enigmas para iniciados cursis. Su meta es reflejar los anhelos, angustias
y emociones reales de la especie
en un espejo imaginario.
Y hacerlo de la forma más nítida posible.




Fería del Libro de Salamanca, Día del Libro 23 de abril, Angel de Arriba Sánchez