26 jul 2023

Mariana Travacio. Dos novelas: 'Como si existiese el perdón' y 'Quebrada' (A pares XXXVII)

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Si algo me encanta del mundo libresco en que habito y me muevo, es el contacto con excelentes lectores. De ellos aprendo continuamente cosas que no conocía o que simplemente me habían pasado desapercibidas. Con ellas -en este caso me es obligado particularizar en femenino el género del pronombre al no caber inclusividad alguna- literariamente me enriquezco de manera continua. Con este "ellas" apunto directamente a mis muy buenas amigas de la Tertulia literaria más que palabras..., mujeres conocedoras y degustadoras de la buena literatura. Hoy, aquí, en esta reseña doble, quiero agradecer a Margarita (Marga) la recomendación que, como si de una nadería se tratara, nos hizo en una de nuestras últimas reuniones. «Os recomiendo 'Quebrada' de Mariana Travacio. Creo que os gustará», dijo. Y al poco apostilló que también había leído con mucho agrado otra novela de la misma escritora titulada  'Como si existiese el perdón' . Como las recomendaciones que mis amigas tertulianas hacen en nuestros encuentros nunca se me olvidan, busqué estos dos títulos y sin más los he leído. Qué gozada, qué gustazo. Ahora diré por qué. Cierro esta entradilla con un "¡Muchas gracias, Marga!" 

Lo primero que hice cuando tuve ante mí los dos títulos fue comprobar sus fechas de publicación, pues quienes ya los habían leído o estaban leyéndolos me habían dicho que ambos estaban muy relacionados. Al hacerlo vi que Como si existiese el perdón apareció en 2016, mientras que Quebrada era mucho más reciente, concretamente del año 2022. Habrá que comenzar en orden, dije para mí.

➢«El calor trae malos humores, y el viento norte, allá, nos traía estas cosas. Loprete acabó malherido, y nosotros, sin remedio a la mano. Agonizó toda la noche. Lo enterramos poco antes del amanecer. Juancho hizo el pozo. Yo sostenía la lámpara. Y el Tano vigilaba que el cadáver no tuviera otro ataque de ira.» (‘Como si existiese el perdón')
«La única certeza que tengo hoy, padre, es que muy pronto nos iremos de esta tierra. Y me cuesta, porque esta tierra será poca cosa, pero acá nacimos y acá somos quienes somos. Si nos vamos, tendremos que ir por ahí explicando que de dónde venimos y para dónde vamos. Y eso no da mucho aliento.» (‘Quebrada’)



COMO SI EXISTIESE EL PERDÓN

Editorial Las afueras. Mariana Travacio, Como si existiese el perdón
He leído de una sentada esta novela corta o relato largo de la argentina Mariana Travacio (Rosario, Argentina, 1967). Me ha gustado y me ha recordado mucho esa buena literatura sudamericana del tipo de la de Juan Rulfo, pero con menos magia, menos sorpresiva, quizás, precisamente, porque estos jóvenes autores -ya no tan jóvenes, ¡vive Dios!- hayan asimilado perfectísimamente la prosa del mexicano ilustre. 

La publica en España por primera vez la editorial Las afueras en una bonita edición de 144 páginas. De la historia proporciona el editor la sinopsis siguiente:

Como si existiese el perdón es una historia de venganza y redención. Mariana Travacio nos conduce a través de un mundo desolado, que traerá inevitablemente a la memoria las mejores páginas de Juan Rulfo, hasta un final inevitable que tiene sabor de venganza antigua. Inevitable decíamos, porque todos los personajes de esta historia parecen marcados por la fatalidad, pero también porque la autora no nos da la oportunidad de apartar la mirada de este libro duro y memorable, con un estilo tan desnudo y poético como los paisajes que describe.

Nos encontramos en un espacio inhóspito, dentro de una naturaleza despiadada que provoca que en el lugar apenas si quedan personas. El narrador es Manoel, huérfano. Sus padres, cuando él era chiquito, marcharon a lejanas tierras productivas; su intención no era otra que procurarle una mejor vida al hijo que quedó a cargo de su abuela Luisa, quien poco tiempo después falleció. Fue el Tano, que tenía una pulpería, quien lo acogió y ejerció de padre de Manoel

La novela comienza de manera muy intensa con la llegada de uno de los hermanos Loprete «a lo del Tano» (nótese ya mismo en esta brevísima cita la peculiaridad del estilo literario de la autora). El tal Loprete pregunta por Pepa. Todos piensan que es una mujer; en especial, así lo cree el Tano cuya amada tiene tal nombre. Esta creencia y las muchas ginebras que los personajes ingerirán derivarán en el hecho trágico que condiciona todo el relato: José, que así se llama el Loprete inquiridor, muere desangrado por una cuchillada que le da Tano al defenderse de una suya. La tragedia provocará la venganza de los hermanos Loprete. Para evitarlos JuanchoTano, Manoel y los demás pedirán auxilio a Miranda, hombre rico amigo desde antiguo de Tano, que habita en una estancia y tiene a su servicio un buen número de peones. Con diez hombres de Miranda, Tano Manoel se aprestarán a cobrarse a su vez venganza porque los Loprete, cuando los buscaban, habían matado a Juancho y quemado el rancho de Tano

Como se verá todo desemboca en una auténtica balacera, con muertos por todas partes. Estamos ante un auténtico western en terrenos de la Pampa argentina concretamente en aquella en que la sequedad al cabo de unos kilómetros da paso a la humedad, a las lluvias, a fuertes avenidas de agua tras épocas de intensa sequía. El contexto en que se desarrolla la acción está conformado especialmente por un clima desorbitado, irracional, de locura. Un clima que en las personas de los Loprete se materializa en cuatro hermanos locos, las Furias, y los demás, éstos con una racionalidad sanguinaria y también demencial.

 

QUEBRADA

El asunto mostrado en la novela anterior hizo que nada más finalizarla no pudiese resistir la tentación de leer el otro libro de la escritora argentina recomendado por Marga. De él la editorial Las Afueras da en su página web la siguiente sinopsis:

Novela corta "Quebrada" de Mariana Travacio
Quebrada es la palabra que define un paso estrecho entre dos montañas. Así, como una hendidura que atraviesa dos historias, discurre la nueva novela de Mariana Travacio. Una obra atemporal en la que sentimientos como el amor y la lealtad conviven con el desarraigo y la pérdida que imponen las migraciones.
Conducidos por una prosa precisa y sobria, acompañaremos a Lina, una mujer que parte en busca del mar y un hijo perdido, desde un paisaje seco y agrietado en donde la vida se ha hecho imposible, hasta unas tierras húmedas y fértiles en las que todo es excesivo. También la locura de los personajes y fantasmas que las habitan.

Como ya he dicho, es Quebrada, hasta el momento, el último libro publicado por Mariana Travacio. Curiosamente, yo diría que es una especie de precuela del otro que tanto me gustó y con el que me  estrené con la novelista. En esta novela la historia se presenta en dos partes: en la primera los capítulos -breves como es característico en la escritora- son narrados, alternativamente en primera persona, por Lina Ramos y por Relicario Cruz, esposos y padres del Tala, un niño que hace ya catorce años o así marchó con su tío Camilo Ramos a las tierras fértiles que se decía había allá lejos, pasadas las montañas. Comienzan, pues, ya aquí las similitudes entre la historia de Quebrada y la de Como si existiese el perdón. En ambas, un matrimonio pierde por acción u omisión un hijo, mejor dicho, el hijo. Y en ambas también, las tierras fértiles, donde crecen los frutos, donde existe el verdor y el agua las visita con frecuencia inusitada, son las de los Loprete. La historia de los Ramos que vemos en Quebrada se entrevera en la historia de la venganza de los Loprete por la desaparición de José Loprete en la novela de 2016. Las lagunas argumentales de la primera van siendo rellenadas en cierto modo por los sucesos vividos por Lina Ramos y por su marido Relicario Cruz. La segunda parte de Quebrada, sin embargo cambia a otro narrador en primera persona. Su nombre es Rulfino, quien guarda enorme similitud con el caso del Manoel del otro relato. Ambos sienten un odio acendrado hacia el patriarca y hermano mayor de los Loprete. Como se ve, pues, argumentalmente existen entre ambas narraciones concomitancias, analogías, coincidencias y similitudes.

Si hay claras correspondencias en el plano argumental, las existentes en el plano formal son mucho más  evidentes. Y es que, como la misma escritora sostiene en alguna entrevista suya que he podido leer, en su literatura prima, por encima de los temas que vienen a ser -dice- los habituales (amor, vida, muerte), la forma con la que se presentan y el lenguaje empleado para mostrarlos. De su estilo seco, desnudo, con escasa florituras, lo que más ha llamado mi atención es el muy frecuente empleo de los pronombres en posición anticipada a sus referentes (los estudiosos denominan 'prolepsis' este uso): «Estaba empapada, esa mujer, pero más me impresionó su tamaño» o «empezó a decirles, a los hijos»; el vocabulario argentino propio de de la Pampa y de los gauchos en general: hamacar (dar al cuerpo un movimiento como de vaivén), bolear (arrojar las boleadoras a las patas o al cuello de un animal), arrevesada (difícil), petiso (pequeño o de poca estatura), tranquera (puerta rústica hecha con trancas), matambres (capa de carne que se saca de entre la piel y el costillar de vacuno y porcino), etc. Pero lo mejor, lo que por encima de todo me ha llegado más de la manera que tiene de escribir Mariana Travacio, es la hermosa imaginería que utiliza. Y lo hace de esa manera tan suya, como si nada hiciera, como si no le costase ningún trabajo ni esfuerzo crearlas, producirlas. He aquí dos citas a modo de ejemplos:
  • «Así comimos esa noche, antes de ponernos a descansar. El Laucha se ofreció a hacer de campana. Todos aceptamos. Nos pareció que el Laucha estaba más entero que cualquiera de nosotros. Nos tiramos alrededor de la carreta y alcanzamos a ver un cielo acribillado de estrellas antes de que nos venciera el cansancio.» (en Como si existiese el perdón)
  • «No se vaya a agobiar, doña, con tanta cosa. Si le llegara a pasar que le agarra el agobio, siempre mire para afuera y vea, bien. Va a ver que está lleno de tierra, todo alrededor. No se olvide de eso, doña. Siempre mire afuera, todo lo lejos que pueda, y recuerde que usted busca el mar.» (en Quebrada)
A medio camino de los planos formal y argumental, siendo claramente cuestión de estilo, estarían los comportamientos de algunos personajes. Quizás uno de los más característicos sea en Quebrada Relicario Cruz, quien, muy en la línea del mexicano Juan Rulfo con quien más de una vez se ha relacionado a Mariana Travacio, es incapaz de abandonar a sus muertos por lo que cuando abandona el lugar se los lleva en dos cajones y dialoga con ellos de una manera muy natural, igual que también habla con Jumento, el burro con el que ha emprendido la travesía. Es este Cruz un ser que parece salido de la Comala rulfiana o, más próximo a nosotros en el tiempo, del condado de Yoknawpatapha faulkneriano de 'Mientras agonizo', o hasta del "bardo" del cementerio donde el presidente Abraham Lincoln deambula y quiere retener a su recién fallecido hijo Willi [leer reseña de "Lincoln en el bardo" de George Saunders aquí]. Mucha literatura, pues, contenida en estas pocas páginas de la Travacio.

También es rasgo estilístico la ambientación, el paisaje opresor y desubicado en el tiempo y el espacio, donde estos seres se sienten atrapados de una manera casi kafkiana, con pocas posibilidades de abandonarlo y cuando lo hacen como Lina yendo a parar a otro pozo de los horrores de donde también les  es muy difícil salir.  

Para concluir
Relatos, Cuentos argentinos de hoy
Literatura, la de Mariana Travacio, de alto voltaje, de muchos quilates, y de -elija cada uno el término al finalizar su lectura- la imagen magnificente que le apetezca colocar aquí. En ambas narraciones hay un universo de personajes muy bien caracterizados y un estilo breve, conciso, sin ampulosidad ninguna, pero que llega con fuerza al lector por contener dentro de su brevedad una enorme belleza. Así es, en efecto, y así he podido comprobarlo en las dos novelas cortas que he leído. Desde el principio cada una de ellas consiguió captarme, casi abducirme dentro de la belleza y la rotundidad con que la escritora argentina presenta unos asuntos muy duros, muy fuertes, como son la pérdida de un hijo para unos padres, la pérdida de los padres para un hijo, la emigración obligada por la imposibilidad de vivir en una naturaleza hostil, el amor a la tierra de nacimiento donde nuestros padres y abuelos se dejaron la vida para sacarnos adelante, la demencia mental, la venganza, la brutalidad masculina en los enfrentamientos violentos, el sexo y el deseo siempre agazapados que a la menor saltan y abren las puertas de la barbarie... Pero también, especialmente en Quebrada, es elemento destacable el empoderamiento femenino que muestra Lina al decidir dejar esposo y terruño para afrontar una aventura en busca del mar, que en sí mismo y en este relato no es más que un deseo de libertad inalcanzable, una utopía. Y además allí mismo somos testigos del inmenso amor del esposo de Lina, quien, frente a la violencia y machismo mostrado en Como si existiese el perdón por los de su género, permite la marcha de su mujer y luego henchido de amor sale tras ella, casi casi me atrevería a decir recordando a Juan de Yepes «como el ciervo herido».

En definitiva, Mariana Travacio ha escrito dos novelas cortas que me han sorprendido muy gratamente al no ser frecuente, en mi experiencia lectora, ese modo directo de mostrar los asuntos sin perder un ápice de belleza literaria. En otras palabras, muy muy satisfecho tras su lectura.



19 jul 2023

"Narcopiso" de Paco Gómez Escribano

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«La movida nos venía grande desde el principio, pero ahí estábamos nosotros, defensores de las causas perdidas,buscavidas de todo a cien, borrachos de pastel que ni siquiera éramos capaces de controlar nuestras propias vidas actuando como lo que hacía mucho tiempo ya no éramos.»

Paco Gómez Escribano, realismo sucio, realismo sórdido
Tras 5 Jotas, que me dejó muy buen sabor de boca [leer su reseña aquí], he leído la última de las novelas publicada por su autor, Paco Gómez Escribano, titulada Narcopiso. Narcopiso me ha recordado mucho a escritores de novela negra como Lee Child, Chester Himes, el español Carlos Zanón, e incluso al representante por antonomasia del dirty realismCharles Bukowski. ¿Por qué? Pues porque Gómez Escribano entra directamente en lo que en el género se denomina 'realismo sucio'. Una gran diferencia entre Narcopiso y 5 Jotas es que mientras en esta última la Música ocupa lugar de privilegio con múltiples referencias a temas  de jazz y de blues, en Narcopiso es la Literatura, concretamente la novela negra y la policíaca, la que tiene un papel central, casi casi diríamos, usando el léxico característico de sus protagonistas, de okupas de la misma.

Precisamente es del asunto de la okupación de lo que trata la narración. Estamos ante un piso ocupado por una gente  dedicada al narcotráfico, es un narcopiso. Los vecinos de siempre del edificio, casi todos ellos de la tercera edad, están que no pueden más con los gritos, riñas, suciedad y peligros que la vivienda ocupada ilegalmente les provoca. Es por ello que hartos de la poca efectividad de sus denuncias a la policía deciden encargar a Dionisio Aranzueque, presidente de la Comunidad de vecinos del edificio donde radica el narcopiso, que busque una solución al problema. Y la solución que se le ocurre a este hombre es buscar al Perla, un exdelincuente conocedor del barrio, para que los eche del piso. Le ofrece una suma de dinero de lo más apetitosa y así, sin más, el Perla busca al Araña, al Pirri -narrador de la historia-, y al Tije. Todos ellos son ahora mismo clientes fijos del bar del Julito, del mismo modo que en sus tiempos jóvenes frecuentaron las drogas y dieron no pocos palos para obtenerlas. Actualmente, las han dejado y sólo son alcohólicos o, al menos, es lo que sólo quieren ser. Pero no es fácil, pues el atractivo de la heroína y de la cocaína siempre está ahí. Juntos deciden ejecutar el trabajo propuesto por el bueno de Dionisio. Les mueve un sentimiento solidario de barrio.

Los cuatro personajes tienen personalidad propia, pero sin duda alguna es el Pirri el protagonista principal. Sin miedo a equivocarme, aunque bien pueda hacerlo, es el Pirri un alter ego del propio escritor quien en una época de su vida anduvo en la cuerda floja simpatizando con las drogas y moviéndose en ambientes que para nada eran facilitadores del abandono de las mismas. El Pirri es en la novela un hombre que ya no es joven, pero tampoco viejo; está en esa indefinible edad que se conoce como madurez. Ha visto morir a varios de sus compañeros de fatigas juveniles y él se ha salvado no sabe bien por qué ni cómo. Hoy su vida se reduce a beber cervezas y whisky, hacer crucigramas y leer novela negra
«Yo era un puto minusválido sin el carné de minusválido, un expolitoxicómano con más secuelas que un veterano del Vietnam, un colgado que iba dando tumbos sin más expectativas que echar un trago y rellenar unos crucigramas y leer unas noveluchas cuyos héroes poco me servían en la vida real.»»
Son precisamente esas "noveluchas" las que le sirven al Pirri y al propio novelista a tirar p'alante. La literatura es en la ficción y también lo es y lo ha sido en la vida real su tabla de salvación. En Narcopiso Paco Gómez Escribano homenajea a estos autores de noir, muchos de ellos poco conocidos, que le han ayudado muchísimo. Las referencias a nombres de escritores y a títulos de novelas son abundantísimas. En la novela se sirve el autor de un personaje llamado Cortecín, antiguo compañero de colegio, cuatro años menor con el que apenas si en los años colegiales se llevaba, que ahora es bibliotecario y se convierte en su particular camello -¡bienaventurado camello"- de novela negra del Pirri
  • «Desde entonces me sigue recomendando novelas negras. Pasamos de Chandler, Goodis o Burnett a Lehane, Craig Russell o Mankell.»
  • «El Cortecín no tomaba nunca nada. Aparecía, me prestaba una novela o varias, charlábamos un rato y se piraba. Después yo se las devolvía en la biblioteca. ¿Por qué hacía esto conmigo? Ni puta idea. Esto, y lo de que la peña votara siempre a la derecha en bucle, se me escapaba del todo.»

 La relación oracional que establece el narrador entre el comportamiento de su antiguo compañero y el  de la 'peña' en las votaciones es del todo lógica y semánticamente improcedente y por ello mismo literariamente de gran rendimiento. Esconde una punta de humor indiscutible.  

He dicho antes que si la novela va de okupas el auténtico okupa -en el sentido más positivo del término- es precisamente la literatura. Quien quiera conocer autores  de novela negra y policíaca, clásicos y actuales, tiene en Narcopiso una auténtica guía. Hasta el propio Paco Gómez Escribano aparece sin ser citado por su nombre en la novela; se diría, en términos cinematográficos, que hace un cameo. Entre los títulos que se citan aparecen algunos suyos. Y lo hace tanto al principio del relato cuando el Pirri tras un paseo por la madrileña Cuesta de Moyano dice:
«Cuando volví a Atocha con una sonrisilla colgando de mi careto, llevaba una bolsa con dos de Thompson, una de Westlake, dos de Burnett, tres de Vachss, cuatro de Pedrolo, tres de Juan Madrid, dos de Ibáñez, uno de Miguel Agustí, una de Ken Bruen, cuatro de González Ledesma, una rareza de Izzo, dos de Himes, una primera edición de La estrategia del pequinés, un ejemplar de Manguis, dos de Goodis, dos de Lawrence Block y tres de Mosley.»
como hacia el final cuando el Tijeras le propone al Pirri una coartada que, naturalmente, tiene como escenario el mundo de la literatura:
«—He pensao que tú y yo llevamos aquí un par de horas. Has venido a traerme unas novelas y hemos estado echando un trago. Estas. —Y cogió tres novelas viejas de un estante: La niebla y la doncella, Prótesis y 5 Jotas»

Novela negra española actual
Paco Gómez Escribano (Foto: Javier Velasco Oliaga)
Y, como se puede observar, entre los títulos citados tanto en uno como en otro momento aparecen dos de Paco Gómez Escribano: Manguis, en el primero y 5 Jotas, en el último.

He visto en esta novela recién publicada del autor madrileño muchos elementos que ya señalé en la reseña de 5 jotas. Quizás el más relevante sea la aparición del léxico propio de la marginalidad y mundo carcelario por donde los personajes de esta novela transitan a su gusto: 'fuscas' (pistolas), 'solipandis' (vivir de manera solitaria y autónoma), 'jaris' (muchachas jóvenes y atractivas), 'truja' (cigarrillo, porro), 'buco' (en el argot delictivo 'chutarse heroína') 'tarras' (viejos), 'filé' (enfilé)...; así como vocablos y frases del caló: «Venga ya, a mí no me jujaneéis, y marchaos, que lleváis mi majarañí», 'chinorris' (niños), 'jujanear' (no jugar limpio), 'chucarri' (angustia, aflicción), 'chororipen' (pobreza)...

También, al igual que en la novela que concurrió al Certamen Salamanca Negra de 2020, en Narcopiso hay crítica social, erotismo, alusiones al Cine e identificación del narrador con personajes novelescos de su género favorito: el noir. Las referencias socio-políticas espero que pasado el tiempo no sean para los lectores difíciles de desentrañar dada la desactualización de las organizaciones y seres mencionados en las mismas que el mero paso de los años provoca.
  • «¿Y sabes qué va a pasar? Pues que en las próximas elecciones generales el Pepé y esos de Ciudadanos van a sacar mayoría absoluta. Y eso se lo vamos a tener que agradecer a los que están ahí en la tele gritando» (crítica social)
  • «Que un tonto opine o deje de opinar es algo que al capital se la suda. Claro, el tonto cree que opinar es ejercer su libertad y por tanto cree que vive en democracia. Opinan en la tele, en las redes sociales, en sus blogs de mierda.» (crítica social)
  • «Aquello olía a lío gordo de Lew Griffin en las novelas de Sallis, a cristo como los que provocaban Easy Rawlins y su colega Mouse en las novelas de Mosley. Aquello, en definitiva, tenía su parecido a un Pulp Fiction cutre, porque el Tije y yo ni de coña éramos Vincent Vega y Jules Winnfield, y, sin embargo, el Loco sí se parecía peligrosamente al puto Marsellus Wallace.» (alusiones cinematográficas)
  • «Yo no vivía en un barco como Travis McGee ni me enrollaba con una o dos tías buenas en cada caso, más bien vivía bajo la superficie del agua, a veces me ahogaba y me resultaba terriblemente trabajoso volver a emerger. Ni de coña era Mike Hammer, no, no, no, no…» (identificación con héroes novelescos)
Para finalizar
Quizás por haber sido 5 Jotas la primera novela que leí de Paco Gómez Escribano Narcopiso me ha gustado un pelín menos, pero me ha entretenido y divertido muchísimo, que conste. Miedo me da siempre decir, al reseñar un libro, algo que pueda sonar a menor; parece que luego el personal se agarra a esa pequeña menudencia para concluir que no me ha gustado la obra. Y no, no es así, al menos en este caso no es así.
En fin, amigos, que para pasar un ratito entretenidos este autor es formidable y con Narcopiso lo podéis comprobar. Una muy buena lectura para este tórrido verano. Entre otras razones porque mira que se bebe cerveza en ella..., en fin, como en el verano (ja, ja).
 

13 jul 2023

Paco Gómez Escribano: '5 Jotas'

6 comentarios:

«Lo cierto es que últimamente proliferan todo tipo de negocios que a él le parecen absurdos, tiendas y bares relacionados con el fenómeno hípster, la comunidad gay o esos otros iluminados que se creen salvadores de la humanidad y de los animales; por no hablar de los garitos indios, chinos, árabes o africanos con los que parece ser que la gente se vuelve loca.»

5 Jotas, Novela negra, Salamanca negra,
He comenzado julio estrenándome con las novelas de Paco Gómez Escribano. Concretamente he leído dos durante este inicio estival: 5 Jotas y Narcopiso. A la primera, escrita en 2020 y que quedó finalista en el "Salamanca Negra" de ese mismo año, me he acercado motivado por su título y también, claro, por haber participado en el Certamen "Salamanca Negra" cuyo ganador recibe entre otros regalos un jamón pata negra que, naturalmente, imagino de la categoría excelsa 5 jotas. Ambas cuestiones unidas, mi ciudad de Salamanca y el jamón 5 jotas, me han echado sin remisión en los brazos de la novela de Paco Gómez Escribano. Y la he disfrutado mucho.

Sinopsis (en la contraportada de la novela)
Al Charli, un tipo duro con un pasado repleto de delitos y drogas y un presente sin futuro que compensa con alcohol y cigarrillos, le han dado un soplo. Como en otras ocasiones, busca al Banderines, su antiguo colega y compinche, con idéntico pasado, pero con un cociente intelectual que le ha servido para ejercer de cerebro en otros golpes.
Esta vez, al Charli le va a costar convencer al Banderines, ya que se trata de robar jamones. Pero, tras confirmar que el botín no es nada desdeñable, accede.
Para el atraco necesitarán un amplio elenco de expertos del crimen, así que mientras el Banderines planifica el golpe, el Charli irá pergeñando una banda de lo más pintoresca.

Me da que el escritor madrileño, nacido en 1966, ideó esta novela negra como una pequeña broma y muestra de complicidad a la ciudad, Salamanca, donde participó con ella en la Semana de Novela Negra. La ciudad castellanoleonesa es bien conocida por su muy buena producción jamonera. Efectivamente de Guijuelo (Salamanca) procede la marca comercial jamón 5 jotas Joselito. En el relato, los jamones que la banda del Charli quieren robar prescinden del Joselito salmantino sustituyéndolo por un, más conocido en Madrid, Sánchez Romero. Pero para el caso es lo mismo, decir 5 jotas hablando de jamones es aludir a calidad excelsa, a alimentos muy cotizados en el mercado que bien merecen ser objeto de deseo de bandas criminales.

La fauna que se mueve en esta historia es la habitual: el listo, el informático avezado, el menos listo pero muy legal, el aprovechado y odioso pero que nunca engaña; en cuanto a los personajes secundarios pero necesarios nos encontramos con delincuentes de medio pelo recién salidos de la cárcel o inmigrantes que necesitan dar algún 'palo' para seguir comiendo. Los nombres son todos ellos apodos: El Pestañas, el Banderines, el Piraña, el Charli, El Ñapas.... que son los ladrones en activo. El Banderines, antiguo drogadicto y alcohólico practicante en la actualidad, se reencuentra en un momento dado con sus antiguos compañeros de 'chuta' que él consiguió dejar a un lado para así no perecer, algo que muchos de ellos ni siquiera lo han intentado alguna vez: 
«El bar del Félix está a unos doscientos metros del garito del Fredi y a unos cuantos años luz del resto del mundo. [...] La Puri le pasa un porro y después sigue saludando a la gente: el Lucky, el Mochuelo, el Pirri, el Tijeras, el Pipo, el Chinao, el Botas… Al cabo de unos minutos está totalmente integrado, como si no hubiera pasado el tiempo.» 
Del otro lado, como en cualquier novela negra de tipo policíaco como ésta, están los funcionarios de la comisaría de Tres Cantos responsables de la investigación al haberse producido el delito allí mismo; me refiero a los policías, al brazo armado de la Ley: el brigada de la Guardia Civil Rafael Vizcaíno, la sargento Virginia Ribeiro, el sargento Echegaray,… y algún otro más. 

De esta novela tan entretenida destacaría sobre todas las cosas las alusiones a la música que constantemente aparecen en ella. El Banderines es un auténtico melómano, enamorado del jazz y del blues. A él lo que escuchan los jóvenes les parece infumable e incluso hasta a Extremoduro o a Burning, sin disgustarle del todo, procura evitarlos. Yo, gracias a 5 Jotas, he conocido muchos nombres que desconocía del campo del blues y del jazz: Willie Dixon, John Lee Hooker, Big Mama Thornton, Jimmy Reed, Muddy Waters, Sonny Boy Williamson... Los he buscado en Spotify y he confeccionado esta lista musical que, seguro, a los amantes del género os agradará. Aquí la dejo

En cuanto al espacio físico donde transcurre la acción estamos en Madrid, concretamente en el barrio de Lavapiés. Por este paisaje deambula un paisanaje variopinto, cosmopolita, internacional
 «Las aceras empiezan a poblarse de personajes de todo pelaje. Desde señoras mayores hasta jovencitos con pintas de modernos, víctimas propicias para los camellos, a los que el Banderines distingue a la legua. Y entre todos, algún secreta. También los distingue a la legua. Y mezclados entre todos, cada vez más, chinos, negros, moros, indios, sudamericanos…, toda una pequeña ONU ocupando ese triángulo de terreno entre Lavapiés, Tirso y Antón Martín.»
Los protagonistas que se mueven por esta zona utilizan un vocabulario plagado de argot propio de la delincuencia y del mundo marginal. Hay vocablos del caló ('chorar', robar), coloquialismos ('coscarse', enterarse, percatarse; 'tangar', engañar, estafar), vocablos procedentes del ámbito carcelario ('chinarse', rajarse, cortarse; 'guil', moneda), etc. 

Hay descripciones que me han recordado a Quevedo por lo acerado de las mismas y también por el humor contenido en ellas. Esto, el humor, otra característica a destacar en esta tan entretenida novela:
«El Mandrias tiene cabeza de pera, un mostacho de morsa y una sonrisa de hiena convertida en rictus crónico. Mide un metro sesenta, aproximadamente. Luce papada sudorosa y una barriga que le salta por encima del cinturón. Lleva un traje claro con varias manchas y la camisa se le sale por el lado derecho del pantalón.»
Humorístico sin duda alguna es la transformación del Banderines en Nora. Banderines se transforma de vendedor de enciclopedias, negocio en horas bajas, a vendedor de juguetes sexuales, negocio en auge especialmente entre mujeres. ¿Qué mejor manera para llegar hasta ellas que convertirse en una igual con el efecto sorpresa que más tarde les depara? Humor, erotismo y crítica socio-política unidos. Sabia combinación.
«Además, esto ya no es como antes, coño. Estamos en un país libre, ¿no? Así que si a mí se me pone en la polla ser un transexual que vende juguetes eróticos, pues soy un puto vendedor transexual que vende juguetes eróticos, ¿qué pasa?» (le dice Banderines al Charli tras salir de uno de sus encuentros sexuales con una cliente tras una reunión de tuppersex)
Novela negra española
Por último, como en cualquier otra novela negra, en 5 Jotas de Paco Gómez Escribano se cuela la crítica social. El Banderines, protagonista principal del relato, se despacha a lo largo de la novela con acertadas reflexiones como la que abre esta reseña o la que figura a continuación:
«En la televisión, distintos líderes políticos debaten sobre pactos postelectorales y compiten por ver quién es capaz de insultar a los otros de la forma más sutil posible. Y, sobre todo, compiten por ver quién engaña mejor al electorado, todo desde la más absoluta sutilidad, aleccionados por técnicos de marketing, publicistas y mercaderes de lo ajeno.»
 En conclusión, 5 Jotas es una novela entretenida, muy adecuada para el verano, que se lee en un plis con mucho agrado y a cuyo autor voy a seguir leyendo con seguridad. De hecho como digo al inicio de esta entrada ya he leído Narcopiso, la última publicada por Paco Gómez Escribano de la que daré cuenta aquí la próxima semana.

3 jul 2023

"Literatura infantil" de Alejandro Zambra

16 comentarios:

«No está claro que hayamos, en propiedad, elegido un equipo de fútbol. Para muchos de nosotros ese aspecto de la herencia paterna fue el único que nunca cuestionamos. Y aunque estuviéramos peleados a muerte con nuestros padres, la posibilidad de sublimar los problemas y ver un partido juntos nos proporcionaba cierta dosis razonable de esperanza familiar, una tregua momentánea que al menos nos permitía sostener la ilusión de pertenencia.»

Ensayo, Cuento, Literatura chilena
He llegado hasta Alejandro Zambra, escritor chileno (Santiago, 1975), movido por la lectura de reseñas positivas sobre su último libro titulado Literatura infantil. En ellas se resaltaba el hecho de la transformación íntima sufrida por el escritor a raíz de su conversión en padre. «Cuando tienes un hijo, vuelves a ser hijo», dice el autor en una de las primeras páginas de este ensayo-novela compuesto en realidad de una especie de diario (parte I) y de una serie de relatos (parte II) que bien podrían ser independientes pero que mantienen entre sí una línea de vida, un hilo que los une, que los agrupa en torno a ese hecho: ser padre.

Leer en esas reseñas cómo al hacernos padres reconocemos la labor realizada por los nuestros es lo que me lanzó a hacerme con esta obra. Primero pensé en regalársela a mi hijo, padre primerizo de un niño precioso (¡qué voy a decir yo que soy su abuelo!, pensaréis no sin razón). Haberme convertido en abuelo hizo que rememorara el momento en que yo accedí a la paternidad. Recuerdo que según que mi hijo iba descubriendo el mundo que lo rodeaba, daba sus primeros pasos, balbucía las primeras palabras, mi memoria iba al encuentro de mis padres. ¿Habrían ellos experimentado la misma emoción, el mismo gozo, idéntica enorme ilusión como la que yo estaba teniendo día tras día? Además, algunas preguntas hechas por mi hijo sobre mis reacciones y comportamientos hacia él cuando bebé me animaban a regalárselo. Pero antes de hacerlo, decidí  leerlo yo.

Lo primero que llamó mi atención es su adscripción a un género en concreto. Ni el mismo Zambra tiene claro si la obra es un ensayo o un cuento. Constantemente él se inclina por denominarlo "ensayo" dado -imagino que es por esto-  que responde plenamente a la definición que suele darse de este género: escrito breve en el que de manera personal se reflexiona sobre algún asunto. En este caso la recién adquirida paternidad. Pero verdaderamente ¿qué es?
[Jazmina, la esposa de Alejandro Zambra] «Dice que le gusta mi cuento. Le digo que es un ensayo. Dice que le gusta mi ensayo en un tono que evidencia que cree que es un cuento y que no le gusta tanto.»
El autor en este y otros momentos presentes en el libro lo que transmite es la duda íntima que él mismo tiene. La indefinición de géneros es algo normal en la literatura de hoy día. En su escrito Alejandro Zambra reflexiona en voz alta no sólo acerca de su condición de padre, el recuerdo del hijo que fue, la valoración que ahora mismo le merece la figura de su padre al que en su primera juventud vino a despreciar un tanto, etc. También se hace preguntas sobre lo que en forma de libro está construyendo. Y es que en esta obra hay muchísima metaliteratura. El proceso de construcción literaria está muy presente tanto en reflexiones que le asaltan al propio autor cuando piensa en cómo abordar ciertos relatos (1), como en las indicaciones o consejos que personas de su entorno le dan sobre este o aquel personaje (2)
  1. «Las veces que intenté este relato lo hice en tercera persona.Casi siempre pruebo en primera y en tercera. Y también en segunda, como mi novela favorita, Un hombre que duerme, de Georges Perec. Al final elijo la voz que me suena más natural, que casi nunca es la segunda persona.»
  2. [Jazmina a propósito de la historia que Zambra cuenta sobre su relación con un personaje] «Bueno, haz que Anastasia sea más consistente. No me creo mucho a ese personaje. Hazla más seria.»
Su experiencia paternal hace que especialmente en la segunda parte del libro se centre más en su relación con Horacio, su propio padre ahora abuelo de Silvestre. En esta segunda parte conocemos la propia infancia, adolescencia y primera juventud del autor-personaje, en suma, la evolución y crecimiento del propio Zambra. Una etapa en la que relata conflictos habidos por él con su padrastro, su salida del hogar paterno, su llegada a la literatura a través del fútbol, sus amores, cómo debía ocultar a una novia antifutbolera esta pasión...

También en esta segunda parte usa todas las personas narrativas e introduce el relato haciéndolo, construyéndolo. Hay personajes que intervienen desde fuera de él aconsejándole cómo hacer, qué añadir, qué suprimir... Estos seres son Jazmina sobre todo, pero también Horacio, su padre, que discrepa del sesgo que Zambra da a algún relato protagonizado por él. En la primera parte, una especie de diario en la que el autor vierte su experiencia de la paternidad, la persona narrativa más utilizada es la primera naturalmente. Es en esta parte más personal donde percibimos al Zambra más frágil, más vulnerable. El amor, los sentimientos despertados en él por Silvestre lo muestran humanamente desarmado, quebradizo...

 El título del libro, Literatura infantil, se justifica en las primeras páginas del ensayo-cuento. Cuenta Alejandro Zambra que su editora no hacía más que pedirle que escribiera un libro infantil. Él hasta el momento no le había hecho ningún caso, en principio porque es contrario a esa afición de los responsables del mundo editorial por parcelar la literatura. 
«Se me hace tan absurda la existencia de una literatura no infantil, de una literatura para adultos, para no-niños, una literatura-literatura, una literatura de verdad; la idea de que hago y leo una literatura de verdad y que los libros que leemos juntos son una especie de sustituto o de sucedáneo o de imitación o de preparación para la literatura verdadera me parece tan injusta como falsa.»
Comparto con él esta reflexión. No hay literatura infantil como no hay literatura juvenil, ni femenina, ni de otras categorías. Sólo existe buena y/o mala literatura. Quizás por esto en este libro, que él está dirigiendo a su hijo de apenas seis o siete años cuando finaliza el relato, hay muchísimas alusiones a otros libros y autores
«Pienso en el extraordinario comienzo de Habla, memoria, de Nabokov: el niño "cronofóbico" que mira una película anterior a su nacimiento y ve a su madre embarazada y la cuna que preparan para él le parece una tumba […] o en los delirios geniales de Vicente Huidobro en Mio Cid Campeador, o de Laurence Sterne en el Tristram Shandy. Pienso en el estremecedor "recuerdo inventado" que da forma a La lengua absuelta, de Elias Canetti, y en fragmentos de Virginia Woolf y de Rodrigo Fresán y de Elena Garro. La lista empieza a volverse interminable […]»
Como tantos otros grandes autores podría decirse que el país donde Alejandro Zambra habita se llama Literatura. Es a ese país al que llega Silvestre y al que él con ayuda de su esposa Jazmina Barreda, también escritora, está haciendo ingresar a su hijo. Poco a poco le va a ir construyendo su biblioteca; esa biblioteca, sólo una balda por ahora, que ilustra la portada de este libro.

Papel central en Literatura infantil que sirve para enlazar las vidas de los tres esenciales protagonistas del ensayo-cuento es la referencia que en él se hace a la novela-libro Nada es para siempre, de Norman Maclean, obra que, recuerda Zambra, su padre, gran aficionado a la pesca, le prestó para que la leyera dado que a él le había gustado mucho. Esta novela inspiró la película de Robert Redford, El río de la vida. La anécdota sobre la lectura no realizada de la misma por Zambra, quien a Horacio le dice que sí la ha hecho, es de gran interés y presenta la emotividad y evolución positivas de la relación Horacio-Silvestre-Alejandro. Muy interesante.

Además de la película de Robert Redford en Literatura infantil se citan muchos otros títulos cinematográficos como Chungking Express, la película de Wong Kar-wai, Brokeback Mountain, A river runs through it, Taxi Driver o Seinfeld. Dice el autor en la carta a su hijo que en definitiva es este libro que él conoció Nueva York a través del cine (Taxi Driver, Seinfeld...) y de la música de, sobre todo, Frank Sinatra. Y es que la cultura popular (cine y música principalmente) que le ha acompañado durante su niñez y juventud se la quiere dar a conocer al Silvestre de dentro de quince o dieciséis años si es que en ese hipotético momento su hijo adolescente decide leerla


Por último no querría dejar de aludir a la cantidad de términos chilenos y mexicanos esparcidos por el texto. No hay que olvidar que Alejandro Zambra nació en Chile pero que actualmente vive con su esposa Jazmina Barreda en México DF de donde ella es natural. Quizás para el lector español algunos de estos vocablos sean difíciles de interpretar y dificulten un tanto la lectura de este precioso libro salido de las manos de un poeta como es el autor. En Literatura infantil nos encontramos con términos como garabatos (palabras malsonantes, tacos, palabrotas), chanco (queso gauda o chanco para derretir), quiltra (chucho), copuchentos (mentirosos, maldicientes), fome (aburrido), mi guagua (mi bebé;  también puede ser un pinchito junto a una bebida), pungas (carteristas), paco (policía), marraqueta (pan pequeño con una hendidura longitudinal), chapulines (insectos comestibles en México), etc.

Para finalizar
Carta al hijo, Carta al padre, Amor paterno-filial
Por ley de vida se mata al padre, pero jamás al hijo. En el fondo y sabedor de que esto en algún momento le sucederá a Silvestre, igual que a él le aconteció con su padre Horacio, Alejandro Zambra está escribiendo este libro para que en un futuro impreciso e impredecible su hijo Silvestre lo lea y conozca, sepa del amor hacia él de su padre. 

Quienes han leído más obras del autor chileno detectan en Literatura infantil a un Zambra vulnerable.  No lo puedo corroborar porque es lo primero suyo que leo. Sólo puedo decir que hay momentos en que me he emocionado mucho. Zambra destila sinceridad y eso siempre se agradece. 

Estamos ante un ensayo, o quizás cuento, que su autor escribe a raíz de su conversión en padre. Su nueva condición y los sentimientos que la crianza de su hijo Silvestre despiertan en él le hacen recordar su propia infancia, adolescencia y primera juventud. Especialmente recuerda en el final de su etapa adolescente los desencuentros con su padre. Pero su paternidad le hacen reconsiderar la figura paterna que representó éste y reconciliarse personalmente con él; y digo personalmente porque jamás Horacio, su padre (en realidad era su padrastro, pero para el caso es lo mismo), se sintió alejado de Alejandro, jamás dejó de hablarle.

En definitiva, un libro emotivo muy bien escrito que cura las heridas que los hijos dicen tener con sus respectivos padres. La curación se produce justo cuando ellos a su vez se convierten en padres. En ese momento no pueden por menos que poner en su justo valor los desvelos, sacrificios y esfuerzos que con ellos tuvieron que hacer su progenitores, muy semejantes e incluso iguales o superiores a los que ahora ellos están realizando.

26 jun 2023

El "Decamerón del siglo XXI". Presentación de la obra en la Librería Gaztambide de Madrid

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El pasado viernes 23 de este mes de junio con el verano ya instalado e iniciándose la primera ola de calor estival tuvo lugar en la Librería Gaztambide de Madrid la presentación del Decamerón del siglo XXI. Todos los miembros de la sección madrileña del Colectivo Literario Bremen (Paloma, Laura, Antonio, Paco y quien esto escribe, Juan Carlos) estuvimos presentes en ella. El aforo de la librería se quedó pequeño distribuyéndose los asistentes primero en las sillas colocadas al efecto en la sala de presentaciones que tiene el local y, abarrotada ésta, en los peldaños de la escalera que da acceso a ella. El lleno fue total. 

Decamerón del siglo XXI, Boccaccio

Antonio, alma de la sección madrileña e impulsor del proyecto "Decamerón", tras agradecer su presencia a los asistentes, comenzó explicando qué es y cómo nació el Colectivo Literario Bremen. Muy emotiva fue la referencia que realizó a Nano, amigo suyo ya desaparecido cuya participación en el Colectivo es recordada en el Proemio que da paso al contenido del volumen. Fue Laura, autora de este Proemio, quien leyó un párrafo del mismo en el que aludía la figura de Nano.

Tras esto los cinco bremenautas que estábamos en la mesa nos metimos de lleno a hablar de lo que allí nos convocaba: el Decamerón del siglo XXI. Antonio, impulsor del proyecto, habló de cómo a raíz de la pandemia del COVID y del confinamiento que se nos impuso pensó que estaría bien hacer algo semejante a lo que siete siglos atrás en su "Decamerón" ideara Giovanni Boccaccio imaginando a diez jóvenes que huían de otra peste, la peste negra de 1348, confinándose en una casa de campo a las afueras de la ciudad de Florencia. Pero ¿quién era este Boccaccio? Fui yo, Juan Carlos, el encargado de dar unas breves pinceladas sobre el escritor del trecento italiano: hablé de Fiammetta, nombre literario que él dio a su amada María d'Aquino. Relacioné este amor con el que sus coetáneos Dante y Petrarca tuvieron a sus respectivas, señalando que contrariamente a éstos, su amor fue carnal y no sólo platónico como el de ellos. Cerré citando dos o tres títulos suyos distintos al que le ha dado más fama.

Colectivo Literario Bremen

Del "Decamerón" boccacciano en sí se encargó Laura. Con acierto y conocimiento habló del hilo conductor que existe entre los 100 relatos, de los distintos planos narrativos, de la figura de la reina... Fue una delicia escucharla y amablemente permitirnos meter baza en su exposición a todos los que la acompañábamos en la mesa. Se habló de que los problemas y reacciones humanas son las mismas hoy que 700 años atrás, de cómo quincena tras quincena nuestro Decamerón iba avanzando entre entusiasmos redoblados y algún que otro desánimo, de la labor directora siempre firme y clara que Antonio llevó a cabo, etc., etc.

Paloma y yo mismo expusimos brevemente lo que ya cada uno de nosotros habíamos escrito semanas atrás en nuestros respectivos blogs al reseñar el libro: Paloma, científica donde las haya, habló de lo que de siempre epidemias como la del siglo XIV, la última del COVID o la que cita Camus en su famosa novela han supuesto para la humanidad y las consecuencias que de ellas se han desprendido. La principal ha sido la tremenda mortalidad que acarrean; pero también ha habido alguna muy benefactora para el espíritu como lo demuestra la obra de Boccaccio y, ¡así lo desearíamos!, este Decamerón nuestro que sigue la estela, siempre inalcanzable, establecida por el florentino del Trecento. Yo, simplemente añadí que la diversidad siempre es buena y que en los 100 relatos que componen el libro que estábamos presentando cualquier lector podría encontrar una gran variedad de estilos, enfoques, tonalidades, géneros y modos de afrontar el tema o asunto sugerido por la reina de cada una de las diez jornadas. A quienes agrade escribir les encantará también por esto y a los demás la lectura de relatos tan variados les satisfará sin duda alguna.

Paco a modo de conclusión, hablando de la buena interacción y relación habida entre los miembros del Colectivo, recitó unos versos de Octavio Paz que hablan de la interacción del yo con los otros para crear existencia 
Para que pueda ser
He de ser otro
Buscarme entre los otros
Los otros que no son
si yo no existo
Los otros que me dan plena existencia

Librería Gaztambide, El blog de Juan Carlos

Sólo quedaba ya decir algo de la portada, la contraportada y las solapas de la hermosa edición de nuestro libro. De la hermosura es responsable Simonetta Vespucci, que ocupa toda la portera. Simonetta fue en el Quatrocento musa y modelo de no pocos artistas como los hermanos Ghirlandaio, Piero di Cósimo o Sandro Boticelli. Precisamente a este último pertenece el bello retrato que el pintor florentino hiciera a la bellísima Simonetta fallecida con tan sólo 23 años de edad.  De la contraportada y solapas destacamos especialmente el hecho de que todas las ganancias que puedan obtenerse de la venta del libro serán para ACNUR, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.
 

Como colofón del acto, al igual que se hace en cualquier oferta gastronómica a la que futuros posibles  comensales asisten, los cinco miembros del Colectivo Literario Bremen leímos, unas veces en común y otras individualmente, el inicio de algunos relatos a fin de excitar la curiosidad y despertar el apetito de degustarlos en su totalidad por quienes hasta la Librería Gaztambide en una calurosa tarde veraniega habían asistido. La verdad es que la selección cumplió su objetivo, pues la librería agotó todos los ejemplares de que disponía para la presentación. 


Tras algunas preguntas formuladas por algunos de los asistentes, el acto se cerró con la consiguiente firma de ejemplares por parte de quienes allí estábamos en representación de todo el Colectivo Literario Bremen. Sin duda alguna la presentación del Decamerón del siglo XXI resultó un completo éxito.

Para aquellos que no asistieron al evento y deseen deleitarse con la lectura de los relatos contenidos en el libro vuelvo a señalar las direcciones donde pueden adquirirlo. En cualquier librería pueden preguntar por él y seguro que lo tendrán, y si no se lo encargarán y en breve se lo entregarán. De manera online también se puede adquirir en una de estas direcciones:




25 jun 2023

Bartleby, el escribiente (Una historia de Wall Street). Herman Melville

8 comentarios:

«¡No querrás entregarlo a la policía y que encarcele a esa inocente palidez! Y qué razones aducirías para conseguir algo así? ¿Acaso es un vagabundo? ¿Cómo? ¿Un vagabundo? ¿Un trotamundos que se niega a moverse? Entonces, para que no se convierta en un vagabundo, es por lo que intentas considerarle un vagabundo. Eso es demasiado absurdo.»

"Bartleby, el escribiente", editorial Penguin
Durante un viaje en avión a Istria que acabo de realizar he leído -más bien he vuelto a leer- Bartleby, el escribiente de Herman Melville. He vuelto a él movido por la estupenda reseña que mi amiga Lorena, del blog El pájaro verde, publicó en él no hace nada. Hace tan bien Lorena sus reseñas, reflexiona de manera tan atinada sobre lo que acaba de leer, y lo que es más importante, escribe tan bien esta mujer, que pocas veces logro sustraerme a la tentación de seguir su senda lectora, al menos en el propósito. Y digo "al menos en el propósito" porque en numerosas ocasiones no logro dar cabida en mi listado de lecturas a las suyas. Esta vez sí, y estoy satisfecho de haberlo hecho.

He manejado la misma edición de la editorial Penguin que ella, dado que la introducción a la novela iba por cuenta de Enrique Vilá-Matas, novelista que admiro y quien con frecuencia usa al personaje literario de Bartleby como arquetipo de una manera de estar en el mundo, de un comportamiento humano. Tan es así esto que digo que el escritor de Barcelona, además de personajes sueltos en sus narraciones a los que atribuye las cualidades del creado por Melville, tiene en su haber un título que es un verdadero homenaje al mismo, Bartleby y compañía, publicado el año 2000.

En el prólogo, Vila-Matas señala lo emparentado que está este cuento con la literatura de Kafka. Cualquiera diría que Melville habría estado influido por el autor checo, si no fuera porque Frank Kafka nació 27 años después de que la novelita del estadounidense viera la luz en 1853. De haberla, pues, la influencia sería a la inversa; aunque tampoco existió tal, pues parece que el escritor de Praga no la leyó siquiera. 

De todas maneras, y sin duda alguna, estamos claramente ante un texto precursor. Un texto que no sólo preludia a Kafka, sino que anticipa muchos otros textos de autores posteriores a él que contienen, todos ellos, una singular comicidad:
«comprendí que el cuento de Melville no era una metáfora del escritor, ni el símbolo de nada, y se trataba más bien, como sugería Gilles Deleuze, de un texto de una violenta comicidad: un relato emparentado con ciertas narraciones de Kleist, de Dostoievski, de Kafka o de Beckett, «con los cuales formaba una subterránea y brillante secuencia». (Enrique Vila.Matas en el prólogo)

 El personaje de Bartleby es un auténtico hallazgo por parte del norteamericano. En él, en palabras de Enrique Vila-Matas, parece conjugarse de manera perfecta la disolución del mundo real en el ficticio y viceversa: «Una figura, la del copista de Wall Street, que parece que hubiera anticipado la aparición, un siglo después, del escritor Robert Walser.»

El comportamiento de Bartleby con su jefe y compañeros de trabajo es ciertamente extraño, manifestación de una especie de patología que yo describiría como 'apatía laboral'. Bartleby es un copista que cuando se le encomienda cualquier tarea contesta con un educado «preferiria no hacerlo». Al principio, su jefe, el abogado que lo ha contratado, y sus tres compañeros de oficina (Turkey, Níppers y Ginger Nut) aceptan de buen grado su resistencia pasiva al trabajo que se le encomienda. Pero poco a poco se van enfadándo y solicitan de su jefe una decisión drástica respecto a Bartleby

El autor de Moby Dick, imbuido claramente del espíritu de la época, formula en su obra principal y también en este cuento reflexiones filosóficas cargadas de contenido religioso. A estos pensamientos le lleva el estilo de vida que por esos años -mitad del siglo XIX- se está instalando en los Estados Unidos. Allí -no conviene obviar el subtítulo del cuento, «Una historia de Wall Street»- el capitalismo despiadado se está abriendo paso. Wall Street, donde está la Bolsa de Valores y donde radican las principales oficinas de abogados neoyorquinos, es el centro de la deshumanización y la despiadada explotación del hombre por el hombre derivadas del positivismo y un liberalismo sin freno alguno. El trascendentalismo de Emerson del que ya he hablado en alguna que otra entrada de este blog [ver especialmente la dedicada a Naturaleza, una de sus obras] se percibe en Bartleby, el escribiente.
«¿Qué me dicta la conciencia sobre qué debería hacer con este hombre, o, mejor dicho, con este fantasma? Lo que debo hacer es deshacerme de él; que se vaya. Pero ¿cómo? No irás a echar a empujones a esa pobre criatura tan pálida y pasiva, tan indefensa, ¿verdad? No irás a deshonrar tu nombre con semejante crueldad, ¿verdad? No, no voy a hacerlo; no puedo hacerlo.»
Es claro que en la mente del narrador, el abogado jefe de Bartleby, la religiosidad tiene un peso indudable. Y es que en definitiva, a pesar del título del cuento, el personaje esencial, el actor principal del conflicto que se plantea, no es el desencadenante del mismo, o sea, el pasivo, indolente y estoico Bartleby del que apenas si sabemos algo, sino su jefe, el abogado norteamericano que ve cómo la actitud de su empleado le hace replantearse no pocas cosas.

La novelita o cuento largo está muy bien equilibrada en todos sus aspectos. Los personajes que gravitan en torno a los dos principales padecen neurosis peculiares y complementarias: Turkey, de 60 años, es un empleado activo y enérgico hasta las doce del mediodía; Nippers, de unos veinticinco años de edad, es su auténtico complementario dado que es a esa hora cuando su carácter encendido deja paso a uno más tranquilo y menos conflictivo; y Ginger Nut, de sólo doce años, es el chico de los recados que aprovisiona de manzanas y pasteles a Turkey y Nippers

Moby Dick, Bartleby, humor absurdo
Bartleby, el escribiente
es la expresión más alta de la filosofía social de su autor. En este cuento, a través de la figura del narrador, se ponen a prueba sus convicciones sociales, laborales y religiosas. Bartleby, con su comportamiento, logra llevar al extremo a éste; tanto que su filantropía y amor al prójimo cederán ante la austeridad practicada al límite por parte del empleado pasivo. No digo más para no desvelar qué pasa con Bartleby y con su jefe, las dos caras de una misma moneda.

Herman Melville y su relato Bartleby, el escribiente siempre sorprenden; da lo mismo las veces que se lea pues como dice el prologuista de esta edición, Enrique Vila-Matas, en cada lectura se produce una revelación. Los clásicos es lo que tienen, que nunca se agostan, que siempre emiten señales aprovechables que llegan a nuestro hoy hayan pasado los años que hayan pasado. 

Nota
Este libro lo incluyo dentro del Reto Nos gustan los clásicos, séptima edición.








 

10 jun 2023

André Aciman. Memorias de la niñez. "Lejos de Egipto"

9 comentarios:
Lejos de Egipto, Novela memorialista
Acabo de leer Lejos de Egipto de André Aciman, un libro memorialista en el que de forma novelada el autor relata las peripecias vividas por su familia, judía de origen turco que, valiéndose de las relaciones entabladas por dos de los tíos abuelos del autor, Isaac y Vili, en 1905 abandonó Constantinopla para instalarse en Alejandría (Egipto). El tío Isaac aprovechó para ello la amistad que, mientras estudiaba en Turín, había entablado con su compañero Fuad, futuro rey de Egipto. Este golpe de fortuna se vería acompañado de otros muchos propiciados por Vili, exsoldado fanfarrón de la primera guerra mundial, fascista italiano de convicción y espía británico de conveniencia durante la segunda contienda mundial. 

Es con el tío Vili, de ya más de ochenta años, en la propiedad que éste tiene en Surrey (Inglaterra), con quien al inicio del libro el autor dialoga. Las lagunas que André Aciman tiene sobre lo acaecido a su familia antes de que él naciera en 1951, así como atar debidamente algunos cabos sueltos de la historia familiar es el motivo por el que el autor narrador está en Surrey hablando con este hombre proteico, multifacético, camaleónico, conquistador..., que a las preguntas sobre Alejandría, la familia, la tía Flora y tal, le dice: 
«Tonterías. Yo vivo el presente, Siamo o non siamo?»
La familia de André Aciman es una familia judía bien situada, con posibles. Una familia a la que no se le caen los anillos por tener que ponerse a practicar oficios poco avenidos a su condición si es que hay que levantarse de alguna operación fallida, salir de una mala época. Así los abuelos de André se dedicarán  a su llegada a Alejandría a un negocio de billares, el paterno, y de bicicletas, el materno. 
«el degenerado turc barbare llamó al juif árabe sucio judío sinvergüenza. Atónito, el dueño de la tienda de bicicletas, que era bastante devoto, dijo gracias, gracias, que era la manera en que el insultado le daba al insultador una lección de buenos modales y le recordaba al dueño de la sala de billares que estaba en verdad tentado de devolverle el insulto, pero había decidido no hacerlo, en vistas de que la propia esposa del turco, tal como el barrio entero podía oír con claridad cuando la princesa perdía los estribos, lo hacía mejor que nadie en el mundo.»
Fueron precisamente las esposas de estos dos judíos de distinto origen -turco, el uno, y sirio, el otro- aunque misma ascendencia -las dos familias eran sefarditas- las que entablarían en 1944 relación en Alejandría. Esta amistad daría paso al matrimonio entre Henri (hijo de Esther y de Albert, el turc barbare) y Gigi, la hija sorda de Adèle y de Jacques, el juif árabe. Estas dos mujeres se odian y simpatizan a partes iguales. Esther es apodada «la princesa» por su comportamiento y cultura elevada que la lleva a considerarse más que otros; por su parte Adèle es denominada «la santa» dado que la familia es más practicante de la religión, aunque su cultura es similar a la de Esther. Las dos mujeres se saben comunicar, o al menos farfullar, en seis idiomas, amén del ladino que se les escapa en cuanto se salen de sus casillas y que revela su origen español. Las dos, por este motivo, se dicen italianas, dado que muchos judíos europeos para esconder su origen se decían de Liorna (Livorno), ciudad portuaria próxima a Pisa a la que arribaron a finales del XV e inicios del XVI muchos judíos expulsados de España.
«—Pero nosotros somos de Liorna.
—¡Y nosotros también! Qué maravillosa coincidencia.
El mundo era de veras un pañuelo, dijeron en ladino (las dos se empeñaban en llamarlo español), una lengua que ambas habían descubierto que la otra hablaba porque, en el puesto del pescado, cuando una intentó explicar por qué ese día los salmonetes no estaban frescos, a las dos les pasó que de los seis o siete idiomas  que cada una hablaba de modo fluido ninguna supo decir "salmonete" más que en ladino.»
La novela es muy entretenida y contiene puntos de humor indudables. El primero, sin lugar a dudas viene de la dispar procedencia cultural que tienen los padres de André: Henri es judío con una familia practicante y muy numerosa (su madre Esther, sus tíos Vili, Nessim, tía Elsa,…) y Gigi, su madre, es judía árabe y además es sorda. Esta dispar condición cultural y auditiva provoca una serie de situaciones la mar de simpáticas especialmente en la relación suegra - nuera. También hay mucho humor en comentarios y actitudes de los hombres de la familia. Así Albert, el abuelo de André y marido de la `princesa', le dice a Flora que lo visita: 
«Me estoy haciendo mayor —dijo él—. Paso mucho tiempo en casa. Me aburro cuando me quedo en casa, me aburro cuando salgo. Voilà. Y duermo mucho —agregó, como si hubiese olvidado un detalle importante—. Cuando me llegue la hora de dar la cara allá arriba, me acercaré a san Pedro y le diré, "Disculpe, Santo Padre, pero estas últimas semanas he dormido tanto que me resulta imposible dormir más. Tal vez puedo volver dentro de unas semanas"».
A propósito de Albert, muerto y enterrado en Egipto, Jacques, el abuelo materno de André, le dice a éste:
«Odiaba Egipto y está enterrado en Egipto. A menudo me preguntaba, "¿Hay algo peor que el hecho de que a uno lo entierren en un cementerio donde no conoce a nadie, monsieur Jacques?"»
Y aunque actualmente no todo el mundo estaría de acuerdo conmigo hay clara intención humorística en las palabras que el tío Vili pronuncia a propósito de su consumada y habitual infidelidad a su esposa Lola:
  • «Convertido ya en un ciudadano respetable, volvió a lo que más le gustaba: las mujeres casadas. Se dice que algunas de sus amantes quedaban tan destrozadas cuando las dejaba que se presentaban ante su esposa para suplicarle que intercediera por ellas, algo a lo que la pobre tía Lola, cuyo corazón era el órgano más grande de su cuerpo, accedía a veces.»
  • «¿Somos o no somos hombres que comparten —dice el tío Vili amusgando los ojos—, hombres que exigen los máximos sacrificios, hombres a los que las mujeres adoran?»
La familia en Egipto siempre vivió bien. No se puede decir que pasase penurias de ningún tipo, salvo las derivadas de las comunes a todos durante los años de la primera y segunda guerras mundiales en que vivirán todos en el apartamento de la bisabuela, así como de las propias del momento de nacionalismo egipcio exacerbado de Nasser y la crisis de Suez. A la nacionalización del canal siguió la expulsión de extranjeros europeos, considerados colonialistas, y judíos, considerados enemigos. A la familia de André le venían los ataques por los dos lados. Por ello tras el final de la Guerra de Suez: 
«Una semana después, varios miembros de la familia fueron expulsados de Egipto.
Tres meses más tarde, otros cuatro se marcharon voluntariamente.
Seis más los siguieron casi de inmediato. Todos ellos se establecieron en Francia.
Dieciocho meses más tarde, la santa y su marido también partieron en dirección a Francia,
Para entonces sólo quedábamos ocho: la tía Elsa, la tía Flora, la princesa, el tío Nessim, mi bisabuela y nosotros.»
Como digo, el nivel de la familia era elevado. En la novela se percibe el "arriba y abajo" vivido en las casas familiares, en especial en la de la 'princesa'. Junto a los miembros de la familia vive el  mundo de la servidumbre con la que se establecen fuertes lazos. Estos lazos son especialmente visibles en la relación del narrador con criadas y sirvientes. El sentido elitista de la abuela Esther no aprobaba esta relación con los miembros del servicio. Ella quería que su nieto pasase más tiempo en su casa porque así se puliría y además escaparía de la casa de los padres llena de tullidos, según decía aludiendo con muy mala idea a Gigi, sorda, y a varios de los criados de ésta: Hisham, manco; Abdou, con lepra en la pierna; la planchadora Margherita, algo retrasada; o Fatma, la recadera, coja.
«Cada vez que vengo aquí es como si entrara en un asilo. Siempre me topo con algún deforme. Que esto no es un bestiario, es la casa de mi hijo.»
Igual que existe este "arriba y abajo" que acabo de señalar, también en la novela se percibe un estar en el mundo distinto de los hombres respecto de las mujeres. Los hombres viven sus relaciones con ellas siempre buscando sus satisfacción personal, mientras que las mujeres se comportan con los hombres casi siempre movidas por alguna intención más o menos altruista como la protección, la enseñanza, el mero afecto. Esta distinta actitud es patente en la relación de la tía Flora, hermanastra de Aldo, el marido de la tía Martha. Cuando ella llega a la casa procedente de Francia donde los alemanes los persiguen por judíos, los hombres se sienten atraídos por ella y quien más quien menos echará su cuarto a espadas para conseguir sus favores. Flora, por su parte, lo que quiere es hacerles la vida más agradable a través de la música que toca al piano, aunque luego sea complaciente con ellos sabedora de los intereses masculinos
«no había sido mi abuelo sino mi padre quien había amado a Flora aquellas noches del verano de 1942.
—Deberías habernos visto entonces —prosiguió [el tío Vili que habla con André adulto]—, todos le pedíamos que tocara el piano, todos bebíamos más coñac de lo habitual con la esperanza de que los demás se cansaran y se fueran a dormir»

En realidad si consideramos la narración desde el punto de vista del yo narrador estamos ante una novela de iniciación, de paso de la niñez a la madurez del propio escritor-narrador. Y es que además de conocer los hechos más relevantes acaecidos a la familia antes del nacimiento de André, lo nuclear del relato está en lo vivido por el niño narrador hasta su acceso —prematuro, sin duda alguna— a responsabilidades propias de la madurez. Hasta que llegue ese momento, ya hacia el final de la obra, vemos el modo como los mayores le ocultan no pocas situaciones a fin de no traumatizarlo o herirlo. Para André la vida en Alejandría es grata: se baña en la Corniche, come en casa de sus abuelas, habla y juega con la servidumbre, participa en las celebraciones judaicas, va al cine con mucha frecuencia, escucha las conversaciones de los adultos aunque muchas veces no las entienda, y disfruta escuchando a la tía Flora tocar al piano composiciones musicales. 

Todo comienza a torcerse para el niño con el antisemitismo e hipernacionalismo instaurado por Nasser. En especial le empieza a ir mal en el colegio que, pese a ser el mismo para extranjeros al que antes asistía, ahora está inmerso en una enseñanza muy ideologizada que se le hace cuesta arriba: aprendizaje obligatorio del árabe, contenidos antijudíos, y castigos físicos, muchos castigos por cualquier cosa. Sólo su madre se opondrá a los mismos e irá al centro a protestar; el padre reconoce que es lo que hay, que  en ese momento histórico no hay vuelta de hoja. Para enfrentar el problema los padres le pondrán varios profesores particulares (Monsieur Al-Malek, Madame Nicole, madame Marie, signor Dall’Abaco...) de los que el niño aprenderá no pocas cosas que le servirán en el futuro. 

Y así hasta alcanzar la madurez cuando con sólo catorce años su padre que es detenido temporalmente por la policía le encarga una serie de acciones que André ejecutará como el adulto en que prácticamente se ha convertido ya. Estamos en 1965. André con du hermano Robert y su madre salen de Egipto hacia Roma. Su padre se reencontrará más tarde con ellos en París. Egipto ya queda sólo en el recuerdo, está lejos definitivamente.

Para finalizar
escritores judíos sefarditas
Si algo me ha gustado especialmente de Lejos de Egipto es el sabor mediterráneo que desprenden sus páginas. Olores, sabores, colores, tiempo bonancible, noches apacibles, viento agradable, la playa, el sol... Todo esto es lo que más destacaría de la novela. André Aciman logra transmitir al lector este cúmulo de sensaciones que son vida, que animan a vivir, a disfrutar del momento que nos ha tocado vivir por duro que este pueda parecer. Especialmente el colorido, la sensualidad, el amor y la alegría que emana de estas páginas me han hecho evocar el Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell y la Trilogía de Corfú de su hermano Gerald, que inspiró la serie televisiva Los Durrell que con tanto gusto vi hace unos dos años.  

Es un libro del que se aprenden muchas cosas: cómo se vivió el nasserismo en el propio Egipto; la maldición secular que parece perseguir a los judíos desde hace cinco mil años, aunque siempre están dispuestos a levantarse como sea («Al final, también [los alemanes] se llevaron todo lo demás. Y nosotros dejamos que ocurriera, como los judíos siempre han dejado que ocurrieran estas cosas, porque, en el fondo, sabemos que perderemos cuanto poseemos al menos dos veces en la vida.»); la progresiva secularización de no pocos judíos... 

Pero sobre todo he disfrutado mucho con toda esa serie de términos que designan prendas de vestir (galabiya), dulces (halawa), vientos (jamsin), cargos políticos (jedive, bajá...), tipos de personas (alborayco, goyim, catamito...), celebraciones hebreas (Séder, Janucá, Pésaj...), arquitectura (hassiras), tipos de lenguas (pidgin, ladino...). Por todas estas cosa Lejos de Egipto es una obra la mar de interesante.

Solo pondría un "pero" a esta novela memorialista de André Aciman: Que es tal el número de nombres propios y de relaciones entre los muchos miembros que componen esta extensa familia que a veces se produce en el lector aturullamiento, incomprensión o equívoco a la hora de adjudicar determinada acción a este o a aquel personaje. Es cierto que en cualquier obra memorialista como ésta suele ocurrir lo mismo, lo que no quita para que el autor se hubiese esforzado un poquito para solucionar esta cuestión.