30 ago 2013

Vivencias intencionales: "Las Horas" de Michael Cunningham y Stephen Daldry

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En mis clases de Literatura Universal, para ilustrar el tema de la renovación de la narrativa europea a principios del siglo XX, solía echar mano de la película de Stephen Daldry "Las horas" (2002). En este film se puede ver cómo la principal impulsora del Círculo de Bloomsbury, Virginia Woolf, realiza el proceso creativo de una de sus principales novelas, "La señora Dalloway", cómo la escritora se veía 'invadida' por los seres de ficción que construía y de qué manera ella elegía, eliminaba o modificaba los comportamientos de sus personajes. Es en mi opinión una fantástica película para presentar ante los alumnos al "artista en pleno proceso de trabajo". Pero, además, los alumnos gustaban de ella al verse atrapados por el resto de la historia magníficamente presentada por el director inglés y excelentemente actuada por tres grandes actrices, -Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman-, protagonistas de la tres historias que en contrapunto se van desarrollando (Nicole Kidman es Virginia Woolf durante un día cualquiera de 1923, año en que se hallaba en pleno proceso constructivo de su novela "La señora Dalloway"; Meryl Streep es Clarissa Vaughan, una señora Dalloway actual que transita por el Nueva York del año 1998 ultimando como su homónima literaria los preparativos de la fiesta que dará por la tarde a Richard, poeta enfermo terminal de sida y antiguo amante suyo; y Julianne Moore es Laura Brown, una obligadamente 'feliz' esposa de Dan, excombatiente de la guerra del Pacífico, con quien tiene un hijo y está encinta de otro. Laura está leyendo un día de 1949 en el confort burgués de su hogar de Los Angeles la novela que 26 años atrás escribiera Virginia Woolf y que le está removiendo no pocas cosas en su interior).
El que los personajes que estas mujeres representan marquen estadios diferentes en el camino de la plena liberación de la mujer, así como observar que los problemas humanos son en esencia siempre los mismos, y el canto a la vida que emana del film a pesar del tono sombrío que por momentos tienen algunas de las historias, también atraía a mis alumnos y provocaba que su interés por la obra de Stephen Daldry no decayese en ningún momento.
Yo, que también disfrutaba de la reiterada contemplación de la obra de Daldry, con frecuencia me preguntaba cómo sería la novela de la que el film era adaptación. Así fue como este año decidí meter mano a "Las horas", novela de Michael Cunningham, fechada en 1999, momento en que el sida golpeaba con fuerza a la comunidad homosexual norteamericana. Esta epidemia tuvo, paradójicamente el efecto de dar visibilidad a un colectivo que tradicionalmente había vivido dentro del armario. Michael Cunningham presenta en este relato, que mereció reconocimientos como el premio Pulitzer y el PEN/Faulkner, tres historias en contrapunto (Nueva York a finales del siglo xx; Richdmon, barrio a las afueras de Londres en 1923; y Los Angeles, 1949) unidas por una argamasa que atraviesa todas ellas: la novela "La señora Dalloway" de Virginia Woolf.

Al término de la lectura de la novela concluì que la versión cinematográfica sigue fielmente el relato novelesco centrándose, lógicamente, en los tres personajes femeninos antes señalados y dejando un tanto de lado a otros que en la novela de Cunningham tienen cierto relieve como son:

Michael Cunningham
Leonard Woolf, editor esposo de Virginia, que junto a ella y a Vanessa, hermana de ésta -que aparece en ambos formatos aunque un tanto desdibujada al no referirse de ella ninguna aportación literaria, que sí que tuvo-, formaron parte del famoso Círculo de Bloomsbury junto a otras mujeres muy avanzadas para la época (Katherine Mansfield), ensayistas (Edward Morgan Foster) e historiadores (Gerald Brenan), economistas (John Maynard Keynes) o filósofos (Bertrand Russell o Wittgenstein); la criada Nelly, que en el film queda reducida a sirvienta madura y amargada pero que en la novela tiene mayor presencia al ser para Virginia Woolf referente de la represión moral de la que ella al igual que la señora Dalloway de su novela quieren zafarse: "Nelly se aleja y, aunque no es en absoluto su costumbre, Virginia se inclina hacia delante y besa a Vanessa en la boca. Es un beso inocente, asaz inocente, pero justo ahora, en esta cocina, a espaldas de Nelly, tiene el sabor sumamente delicioso y prohibido de los placeres. Vanessa le devuelve el beso." (pág. 121); también Walter, Louis y Oliver son secundarios que representan el mundo homosexual dentro del relato y que en el film, salvo Louis que interviene en unas escasas secuencias, no aparecen.

¿Novela gay?

Tanto la novela como su versión cinematográfica recibieron el aplauso de la comunidad homosexual (en USA Cunningham fue distinguido con el Premio al Libro Gay, Lésbico, Bisexual y Trasgénero 1999) pues no en balde todos los personajes son homosexuales (Richard, Clarissa, Sally, Walter, Louis, etc); o bien están confusos explorando sus inclinaciones en este campo (Virginia, Laura Brown, Julia); o tras haber tenido experiencias heterosexuales finalmente se han decantado por la vida homo (Clarissa Vaughan o Richard). También el aunto del sida, tan tremendo en ese momento, favoreció este enaltecimiento y coadyuvó a clasificar la novela dentro de una, por algunos denominada, literatura gay.


El director Stephen Daldry

Yo, como no hace mucho en un diario decía Luis Alberto de Villena, no entiendo de clasificaciones así (juvenil, infantil, femenina, gay, homosexual, etc.), entre otras cosas porque pretenden enaltecer o machacar un producto de antemano, sin leerlo. Creo que sólo existe buena o mala literatura; que los asuntos o temas, luego, no sean adecuados para impúberes o que los personjes sean esencialmente hombres, mujeres o marcianos es algo tangencial. En la propia novela Cunningham -homosexual él mismo- critica el tratamiento mercantil que la industria y algunas personas dan a algo tan íntimo como la orientación sexual cuando dice cosas como las siguientes:
"Oliver St. Ivés, que se destapó espectacularmente en Vanity Fair y, a raíz de su confesión, fue excluido de su papel de protagonista en una película de suspense carísima, ha obtenido más notoriedad como activista homosexual de la que habría podido esperar si hubiese continuado fingiéndose heterosexual y rodando películas de serie B de medio pelo." (pag. 76).
A Walter Hardy lo tilda de "adolescente" pertinaz:
 "que cumplirá cuarenta y seis años con gorra de beisbol y zapatillas Nike; [...] Se ven hombres como Walter en todo Chelsea y el Village. [...] Richard sostiene que los homosexuales eternamente jóvenes hacen más daño a la causa que los que seducen a niños" (pág. 14).
 Incluso de los reconocimientos públicos llega a decir:
 "Me han premiado porque tengo sida y me estoy volviendo loco y lo afronto con valor, no tiene nada que ver con mi obra." (pág. 49).
Esta reflexión es dura pero ¿acaso no es cierto que muchas veces un premio se da como señal de consolación al hombre más que al artista?

La vida en un instante

Lo que destaca esencialmente en "Las horas" es el asunto que trata, que no es otro que la vida, esto es, el inexorable paso del tiempo que provoca que ésta se escurra de nosotros ["Qué curiosos, estos cables genéticos, que el cuerpo pueda navegar sin cambios drásticos, decenio tras decenio, y luego, en unos pocos años, capitular ante el tiempo"]. De ahí el título, "Las horas", que encuentra pleno sentido a lo largo de todo el relato por la insistencia que tiene el novelista en aprehender el instante que se está viviendo y que inexorablemente se escapa de nuestro control; afortunadamente el recuerdo logra recuperarlos y así pasamos, en ocasiones, toda una vida prendidos en una vivencia sucedida hace ya 30 o más años ["a Clarissa la conmociona todavía, más de treinta años después, comprender que era la felicidad; que la experiencia completa residía en un beso y un paseo, la previsión de la cena y un libro." (pág 76)].

 Esta concepción del tiempo, propia de la fenomenología de Husserl (la vida como acumulación de vivencias materiales, de fenómenos), estaba ya presente en la novelística de Virginia Woolf. Y es que toda la novela de Cunningham es un auténtico homenaje a la escritora inglesa quien en su narración "La señora Dalloway" plasmó la inconsistencia del presente temporal al tiempo que, paradójicamente, ese presente es lo único ciertamente real. Por ello toda una vida cabe en un solo día, pues somos el mundo que nos rodea y también la acumulación de vivencias pasadas, presentes ["-Somos adultos y somos jóvenes amantes a la orilla de un estanque. Lo somos todo, a la vez. ¿No es curioso?" (pág. 53)] y... ¡hasta futuras! ["Pero ya ves, parece que también he entrado en el futuro. Tengo un claro recuerdo de la fiesta que todavía no se ha celebrado. Recuerdo perfectamente la ceremonia del premio." (pág. 56)].

Y junto a la vida, como el envés de la misma, está la tentación de la desaparición, la del espectro de la muerte. Una desaparición que recuerda mucho al Juan Ramón de "El viaje definitivo" porque canta la vida, como se ve cuando la Dalloway moderna (Clarissa Vaughan) se dice a sí misma:
 "Ahí está el mundo ordinario, el rodaje de una película, un chico portorriqueño que despliega el toldo de un restaurante con una pértiga plateada. Ahí está el mundo, y tú vives en él, y lo agradeces. Procuras hacerlo." (pág. 13)
escenas de la película
 o cuando de Laura Brown enamorada de una vida plena se dice:
 "Empero, le alegra saber (porque en cierto modo de improviso lo sabe) que es posible cesar de vivir. Reconforta encarar toda la gama de posibilidades: considerar todas la alternativas sin miedo y sin culpa." (pág. 120).
La pena es que en ocasiones este negro impulso se imponga sobre la alegría de vivir como le ocurrirá en 1941 a Virginia Woolf que se suicidará en un río precipitándose esa aciaga mañana toda su vida que ya "leímos" en ese día de 1923.

Y como no podía ser de otra forma, y es uno de los grandes méritos de la novela de Cunningham, todas las innovaciones estilísticas que Virginia Woolf aportó a la novela europea del siglo XX reciben el trato adecuado por parte del novelista norteamericano: monólogo interior constante, perspectivismo, técnica contrapuntística, estilo indirecto libre, narrador externo objetivo cual si de una cámara cinematográfica se tratase, plano-secuencia, ruptura de la linealidad discursiva, impresionismo descriptivo, etc.

14 ago 2013

Manuel Chaves Nogales: "A sangre y fuego"

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El periodista sevillano Manuel Chaves Nogales presenta en los nueve relatos que forman este volumen el ninguneo al que de siempre se ha sometido a la Tercera España que, atónita, observaba, observa y,-¡quiera Dios que no!-, observará cómo las otras dos ( vid. Antonio Machado: Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón) se las ingenian para pasar de ella y, sin embargo, vivir de ella  y justificar su existencia por ella.
Como quiera que la independencia de criterio nunca es del todo bien acogida en nuestro país, es evidente que el periodista-escritor molestó tanto a los dos sectores en liza que ninguno lo adoptó como propio y por ello sufrió temprano exilio (en 1936 se instalará en París) y también  madrugadora muerte (morirá en mayo de 1944, víctima de una septicemia ocasionada por una peritonitis).
 Las nueve narraciones transcurren en plena Guerra Civil, año de 1936. De la lectura de ellas se desprende una valiente denuncia de la barbarie que suponía la guerra española (¡y apenas acababa de comenzar!). Chaves Nogales no se inclina por ninguno de los bandos en conflicto. A pesar de ser republicano confeso como Ortega y Gasset, Lorca o Sender, tras no justificar el golpe franquista, arremete contra el desorden con que la República se enfrentó a los militares sublevados. Sirva de ejemplo el siguiente texto extraído del cuento titulado 'Los guerreros marroquíes' en el que ante la captura de un moro enemigo se entabla la siguiente discusión dentro del comité revolucionario local sobre qué hacer con el prisionero. No tiene desperdicio:
En el seno del comité se entabló entonces un largo debate sobre lo que debía hacerse en aquel caso insólito. Los delegados republicanos eran partidarios de que el prisionero fuera conducido hasta Madrid y entregado al gobierno; los anarquistas creían que lo lógico era dejarlo en completa libertad, para que se redimiera de su pasada servidumbre y se convirtiese en un libre y digno ciudadano de la libre Iberia; los comunistas estimaban que lo más razonable era curarle primero y luego inscribirle en las milicias y mandarle al campo para que luchase contra los rebeldes, debidamente vigilado, claro es. Y, finalmente, la voz del pueblo, expresada a gritos por el vecindario y los milicianos y responsables que se aglomeraban en la plaza, pedía unánimemente que se le entregase al prisionero para darse la satisfacción de matarlo. Era lo menos que se podía pedir.
Ejemplos similares aparecen situados en el campo de los fascistas. Véase si no la siguiente "gracia" realizada por los "novios de la muerte" en Valladolid y que aparece en el cuento '¡Viva la muerte!':
"[...] los legionarios entre otras pueriles demostraciones, habían sustituido el asta de su bandera por una hecha con tibias de seres humanos engarzadas y aquel airón macabro escalofriaba a los tenderos, los oficinistas, las muchachitas y los niños"
O también cuando en el cuento 'La tropa de los caballistas' se cuenta la manera de actuar que tenían las tropas franquistas cuando entraban en una localidad recién tomada:
"Las tropas victoriosas entraban razziando por las calles del pueblo. [...] La lucha había sido dura y el castigo tenía que ser ejemplar. Las patrullas de falangistas entraban en las casas y se llevaban a los hombres que encontraban en ellas. A los que se cogía con las armas en la mano se les fusilaba en el acto. Un sargento moro de estatura gigantesca que iba abrazado a un fusil ametrallador, a una simple señal de sus jefes regaba de plomo a los prisioneros que le llevaban, pespunteándolos de arriba abajo con el simple ademán de abatir el cañón del arma"
Chaves Nogales en Madrid en 1936
 En definitiva, al leer ahora estos relatos de Chaves Nogales "comprendemos" (?) por qué a este precursor de la corriente narrativa del Nuevo-Periodismo se le arrojó por unos y  otros al hueco del olvido. La verdad es siempre el primer damnificado de las guerras. Lástima que la memoria sea tan lábil.

NOTA: "A sangre y fuego" apareció publicado por vez primera en 1937 en Chile. No se volverá a hablar de él hasta que en 1994 Andrés Trapiello en su obra "Las armas y las letras" aluda elogiosamente al periodista Chaves Nogales; pero no será hasta 2011 que alguien -la editorial Libros del Asteroide- se decida a su publicación.

9 ago 2013

POESÍA NECESARIA

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Frente a la por muchos repetida idea de la ‘inutilidad del arte’, y en especial de la literatura, se levanta el verso de Gabriel Celaya que da título a esta entrada. 
No es la primera vez que me ronda la idea de hacer algo en el blog a propósito de la poesía, y creo que éste es el momento.
Que la poesía es necesaria lo han dicho a lo largo de los siglos los muchos maestros que en el mundo han sido, pero de entre éstos quisiera destacar a unos cuantos:

Al primero que recuerdo es al ya nombrado Gabriel Celaya defendiendo la necesidad de la poesía como arma de combate frente a la opresión ideológica y de clase. Son unos pocos versos de   La poesía es un arma cargada de futuro, poema contenido en su libro “Cantos iberos” del año 1955 que dicen lo siguiente:

 [. ..]
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
[…]
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
[...]
  (en la pág. 'música que me gusta escuchar' está la versión musicada de este poema)

Tras Celaya recuerdo al personaje de Héctor, el viejo profesor de Historia que prepara a una élite de alumnos para ingresar en las prestigiosas universidades de Oxford y Cambridge. Este personaje pertenece a la obra “Los chicos de Historia” escrita el año 2004 por el dramaturgo inglés Alan Bennett. En España la obra fue traducida, dirigida, puesta en escena y también representada por José María Pou el año 2010. Desde entonces han sido numerosas las ocasiones en que ha venido a mi memoria la frase contundente que este viejo y desengañado profesor arroja a las tiernas, y por eso mismo impertinentes, mentes de sus alumnos cuando –como le sucede de ordinario a cualquier profesor de literatura- uno de ellos le lanza la pregunta de para qué sirve la poesía: 
Para que os acompañe al menos en algún momento de vuestra existencia -les dice-; ahora no lo entendéis porque estáis llenos de vida, pero los poemas  –muchos de ellos hablan de amor, otros de muerte- entrarán de lleno en vuestra existencia en el momento oportuno. 
Quizás algo fuerte y drástico, pero sin duda muy cierto, ¿no?

Y últimamente, de otro autor contemporáneo, el premio nobel de literatura 1976, Saúl Bellow, en su novela corta “La verdadera” (1997) he leído, puesta en boca de un personaje que criticaba el mal estado por el que pasaba Norteamérica, una frase que toca muy directamente a mi profesión. El tal personaje decía que:
 "la educación secundaria se había ido al garete porque los chicos ya no memorizaban poesía".
 Es cierto que quizás sea coger el rábano por las hojas, pero a mí me dio que pensar y me hizo darme cuenta en primer lugar, ¡ay!, de que en todos los sitios cuecen habas, y a continuación que la poesía alcanza a tener utilidades en ocasiones inesperadas.

Sean estas tres citas  la puerta de entrada a una nueva sección del blog que etiquetaré con esta frase: POESÍA NECESARIA.





3 ago 2013

"Antes del anochecer": Cine y Literatura.

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Este verano he visto Antes del anochecer  [año 2013].Yo no había visto las anteriores dos películas: Antes del amanecer  [año 1995] y Antes del atardecer [año 2004] que junto con ésta forman la trilogía sobre el amor romántico del director estadounidense Richard Linklater. Ni que decir tiene que tras haberla visto me impuse la obligación de ver las dos anteriores, como así hice.
La película me agradó, pese a haberme costado un poco entrar en ella dado el exceso de diálogo que contiene; pero esto que en principio parece defecto es sin embargo una de las características fundamentales de la trilogía. Tanto es así que el film tiene más de obra de teatro que de cualquier otra cosa.
Otra de las señas de identidad de esta película es que mantiene la misma pareja protagonista de las dos anteriores (Celine y Jesse) -normal en una trilogía-; lo que ya no es tan frecuente es que los actores sean también los mismos (Julie Delpy y Ethan Hawke); y mucho menos aún que las tres películas se hayan realizado con una periodicidad exacta de 9 años entre cada una de ellas, como tampoco que la edad real de los actores sea aproximadamente igual que la de los personajes. Esto último es muy interesante pues vemos  -y ésa es una de la intenciones de Richard Linklater- que la evolución del amor a lo largo de veintitantos años también tiene mucho que ver con los cambios personales. Y también que las fronteras realidad-ficción son siempre difusas.
La trilogía puede leerse como el nacimiento del amor -el flechazo- en "Antes del amanecer"; la consolidación del mismo en "Antes del atardecer"; y las dudas, incomprensiones y dificultades que conlleva su mantenimiento en "Antes del anochecer". Los tres films defienden el amor pasión que debe convivir  con las aspiraciones profesionales de ambos -en especial de la mujer- y con los problemas arrastrados de relaciones anteriores (en la segunda y tercera película Jesse, escritor de éxito, tiene un hijo de 5 y 14 años fruto de un matrimonio acaecido ante la falta de señales de Celine tras el primer encuentro amoroso sucedido en Viena). También la convivencia será más difícil habida cuenta la diferencia cultural: Jesse es un norteamericano de Texas, mientras que Celine es una chica parisina muy concienciada con los problemas de la mujer y del deterioro ambiental. Pero, paradójicamente, la utópica feminista  es más inflexible que el práctico norteamericano, el cual siempre cederá y será gracias a él por quien la relación se mantendrá viva.
Se nota una clara evolución entre las tres películas, no sólo a nivel de la historia de amor de la pareja, sino también a nivel cinematográfico. Mientras que en las dos primeras la cámara gira constantemente alrededor de Celine y de Jesse, en "Antes del anochecer", situada en Grecia (las otras dos suceden en Viena y París respectivamente), la cámara deja entrar en su campo otros personajes de distintas edades que dan testimonio de sus respectivas vivencias amorosas. Así vemos a una pareja de jóvenes -al igual que lo fueron ellos- que amándose ahora con furia ya tienen asumido que su amor no durará siempre y en 8 ó 10 años se ven a sí mismos divorciados; vemos a una  pareja de amigos de Celine y Jesse felices viviendo un amor más primitivo, más puramente sexual, sin tanta retórica amorosa; y vemos a dos ancianos viudos recordando él, escritor famoso, y ella, tradicional esposa, los años felicísimos vividos con sus fallecidas parejas a las que  siempre respetaron sus parcelas vitales respectivas, sus roles, y eso les hizo y les hace ahora, al recordarlo, sentirse dichosos. Es, pues, "Antes del anochecer" una película más coral, más redonda.
¿Qué salvará la relación entre los personajes de Julie Delpy y Ethan Hawke? Pues lo que constituye el eje central de los tres relatos: la palabra en forma de diálogo, o sea, la comunicación. Y cuando ésta corre el riesgo de quebrarse, la ficción. Ese es el método empleado en las tres películas por parte de Jesse para evitar que su relación naufrague: cuando Celine no acudió a la cita en Viena, él la vivió y se la justificó a sí mismo en forma de relato, y cuando en "Antes del anochecer" todo parece haberse roto, de nuevo Jesse rescata el amor echando mano de la narración 'vivida' en la que una Celine de 82 años -dice él- se le ha aparecido para decirle que es una pena que..., y Celine acepta escucharla y le pide que le cuente qué es eso que esa viejecita le ha dicho.
La película se completa con un franco humor y una cálida música, aunque en esta tercera entrega no pertenezca a la cosecha de Julie Delpy, algo que sí sucede en “Antes del atardecer” (una muestra de la misma puede escucharse en la página de este blog La música que me gusta escuchar.)
¿Acaba con esta película la historia Celine-Jesse? No sabría decirlo, aunque pudiera ser que sí. Y no lo puedo asegurar porque Linklater finaliza el film con la indefinición y ambigüedad a la que nos tiene acostumbrados. Para descifrar esta incógnita debería haber otra película en la que se nos relatase con palabras lo que no se nos ha dado en imágenes, tal y como sucedió con los finales de las otras dos películas cuyos finales abiertos son desvelados a través del diálogo en las narraciones cinematográficas siguientes.


31 jul 2013

JOËL DICKER: "La verdad sobre el caso Harry Quebert" o ¿Cómo se fabrica un best-seller?

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Esta novela de Joël Dicker no deja indiferente a nadie y capta la atención e interés del lector. De lo más llamativo de la obra es que cada uno de los 31 capítulos en que se distribuye la historia vaya precedido a modo de cita inicial, cual si de un recetario se tratara, de un consejo dado por el profesor y afamado escritor (Harry Quebert) a su brillante alumno (Marcus Goldman) sobre cómo construir relatos para triunfar en el difícil mundo de la literatura; pero no para lograr un triunfo pequeño (publicar por fin algo), sino para alzarse con el cetro literario durante el tiempo suficiente de conseguir hacerse con los media y que esto se traduzca en éxito de ventas. De ahí el subtítulo de esta reseña: ¿Cómo se fabrica un best-seller? Pero la expresión 'best-seller' no debe llevar a pensar en 'calidad deleznable' porque este relato, en mi opinión, no es nada mediocre y muestra todo cuanto existe y rodea al autor de novelas: la búsqueda de un estilo propio, la necesidad de crear con perfección, las presiones del mundo editorial que sólo busca hacer caja, la existencia de modelos o maestros a los que seguir en un principio para luego superarlos, los miedos del creador, el poder del autor, el mundo real y su transmutación en ficción ("paraíso de los escritores" ).
Como si de cajas chinas se tratase, Dicker inserta las historias unas dentro de las otras de manera que en ocasiones resulta difícil diferenciar los distintos niveles de escritura. Así no es sencillo deslindar al autor de la figura del narrador en primera persona, Marcus Goldman; y a este diferenciarle de su  maestro y centro del relato que está escribiendo, Harry Quebert. Por ello los tres momentos fundamentales durante los que suceden los acontecimientos (1975: el crimen; 1995: el proceso educativo de Goldman; y 2008: la investigación y la escritura de la novela) se suceden sin orden aparente aumentando esa sensación de indistinción y naturalidad que el novelista pretende. De estas tres grandes líneas temporales surgen las distintas anécdotas que protagonizan los diversos personajes: Los hay que atraviesan los tres momentos (Harry Quebert, Stern, los Quinn, los Dawn, el jefe Pratt, y otros), los que viven solo uno de ellos (Luther Caleb, Nola Kellergan) y quien sirve de eslabón entre los dos grupos anteriores: el propio Goldman.
La anterior estructura temporal se mantiene en cada una de las tres partes que forman el volumen, cuyos títulos aluden al tema que -según confesión del propio novelista suizo- más le preocupaba durante la redacción del relato a él mismo y también en la historia narrada a sus replicantes literarios Marcus Goldman y Harry Quebert: la sospecha de no valer como escritor, el deseo de triunfar en el proceloso mundo de la escritura aplicando los procedimientos para conseguirlo, y, finalmente, instalarse en "el paraíso de los escritores": facultad que tiene quien escribe algo de modificar a su antojo cuanto le rodea y convertirlo en pura ficción.

¿Por qué "La verdad sobre el caso Harry  Quebert" es un best seller?  Fundamentalmente  porque busca atraer al mayor número de lectores y retenerlos ("Algunos se sentirán celosos, otros interesados. No es para ellos para quienes escribe usted, Marcus. Sino para todos los que en su vida diaria, habrán pasado un buen momento gracias a Marcus Goldman", pág. 544, cap.5). Y para lograrlo utiliza procedimientos propios de los géneros novelísticos -hasta no hace mucho 'subgéneros'-  más populares: la novela negra y la novela rosa.
De la primera hace uso de gran parte de su aparataje narratológico: resúmenes recopilatorios cada cierto número de páginas; algo de sexo y de bajas pasiones; interrogatorios que favorecen el perspectivismo y provocan sensación de totalidad; revelaciones sorprendentes que echan por tierra lo que ya para el avisado lector parecía cantado; detalles sociopolíticos inteligentemente distribuidos que sirven para ubicar temporalmente el relato (2008: campaña de Barack Obama, 1975: fin de la guerra de Vietnam , un año antes el escándalo Watergate, etc, etc); algo de humor que sirve de descanso del 'guerrero' (= lector) y que recae en la figura de la madre de Marcus pendiente de lo que tópicamente se presume es preocupación de esta figura familiar, un humor que ya está contenido en el propio apellido del narrador: Goldman, o sea, el Formidable.
La novela rosa le sirve fundamentalmente para sostener la historia de amor central con fraseología propia de estos relatos  ("Era una mujer magnífica, se hubiese convertido en una esposa  modelo, y ella no pedía más. Se hubiese casado con ella al día siguiente sin dudarlo: una mujercomo Jenny era el sueño de muchos hombres. Pero en su corazón había cuatro letras que ocupaban todo el sitio: N-O-L-A.", pág. 228, cap. 19)
Junto a estos recursos literarios, familiares para el gran público, el autor suizo evita elevarse mucho cuando echa mano de otros considerados más minoritarios: por eso exhibe un culturalismo fácil que no le pueda robar lectores (las alusiones literarias que aparecen son bastante manidas: Hemingway, Melville y así); y da al relato un ritmo semejante al del serial televisivo o del thriller cinematográfico [la versión para el cine está ya en fase de realización] con cambios temporales rápidos a través de secuencias introducidas mediante el procedimiento de la evocación ('flash back' en términos cinematográficos).

Pero hay que decir que el novelista suizo no nos engaña, sino que al igual que los asesinos de su relato muestra sus armas constantemente a través de esos 31 consejos enumerados en sentido inverso que pone en práctica en la novela que está escribiendo y que como sucede en el campo de las competiciones deportivas preceden al pistoletazo de salida de una carrera que tiene visos de ser exitosa. Joël Dicker -en el relato Marcus Goldman, su alter ego- al igual que los malos de su relato sabe que la mejor manera de que algo pase desapercibido es no ocultarlo, en su caso no mentir sobre los fines perseguidos: lograr escribir un éxito de ventas, un best-seller. Y lo ha logrado además con calidad.

Nota: Como hablo de 'best-seller' podría ser de interés releer el  post del ya lejano mes de mayo de 2010 titulado "Éxito de ventas y calidad literaria"

14 jul 2013

JUAN TORREGROSA PISONERO: "Ocaso en Shanghai"

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Estamos ante una corta novela de anticipación en la que su autor nos presenta un posible mundo situado  en una hipotética China del año 2037. En esta ubicación  y tiempo unos robots fabricados en Japón, los androides Shikuza, han alcanzado un nivel de autoconsciencia tal que ha llevado a algunos de los 19, que se encuentran  en esta situación y que han logrado escapar a la desprogramacion de diciembre 2036,  a rebelarse frente a los humanos del país en que trabajan. La situación es de tal gravedad que las autoridades están controlando a todos los androides Shikuza por ser potenciales enemigos.
Un C3 innominado es el protagonista de esta historia. Este C3 lleva una existencia fría y rutinaria que ese 7 de noviembre de 2037  no va a ser diferente a la de otros días. Pero a partir de ese día el C3 de la historia va a alcanzar un nivel de autoconsciencia que le deparará un sufrimiento superior al saberse distinto no sólo a los humanos sino incluso a los otros Shikuza que se han levantado frente a la opresión y que han logrado escapar de ese mundo que los esclavizaba. ¿Y él? Sólo al final sabremos que también  él  ha sabido escapar de su situación, pero ¿es esa la forma adecuada?, nos preguntamos cuando  acabamos la lectura del relato. Sinceramente yo pienso que no, y quiero creer que Juan Torregrosa también piensa así.
Además de este componente ciertamente existencial la segunda novela de Torregrosa [la primera es de 2012 y lleva por título  "Un autorretrato de una mente"] bebe directamente -algo que él  declara en varias ocasiones- en la novela expresionista de Herman  Hesse "El lobo estepario" (1927); y también, y sobre todo, en el cine, especialmente en el film de Ridley Scott "Blade  Runner", adaptación de la novela de Philip K. Dick "Cuando los androides sueñan con ovejas eléctricas", película mítica en el género de ciencia ficción y especialmente inquietante con sus replicantes; asimismo  el relato "Yo, robot" de Isaac Asimov, y, casi me atrevo a asegurar, la versión cinematográfica realizada por Alex Pruyas en 2004, es reconocible en esos androides que como Espartaco (aludido a través de la película de Kubrick) no quieren por más tiempo seguir así.
En definitiva, "Ocaso en Shanghai" es la historia de un derrotado que se da cuenta de que la libertad está  dentro de uno mismo y de que no cabe culpar a otros (gobierno, resto de humanos, etc.) de no alcanzarla; y menos aún refugiarse en música, alcohol o drogas como manera de obviar los problemas. Resulta llamativo que el novelista, que a lo largo de toda la historia alude a la música de Bach, de Mozart, de Allegri e incluso de artistas contemporáneos –ficticios o reales, da igual- como la tibetana Zhuema Li, equipare esta manifestación cultural con los consumos de drogas o alcohol; sin duda creo que hay que entender a Torregrosa en el sentido al que se refiere Gabriel Celaya en su poema La poesía es un arma cargada de futuro y no en el descalificador de tal actividad cultural.
También tiene interés, aunque en mi opinión es asunto menor, el contexto político-geográfico, China, en que vive este lobo estepario: un país supercontaminado, esclavizado, supercontrolado por el Partido único ("prohíben la objetividad", pág 62), un país en el que "los sindicatos no paran fábricas y sí  reciclan parados absurdamente" (pág 91).
A mí lo que más me ha gustado de esta novelita de ciencia ficción es el estilo. Torregrosa deja caer a lo largo de ella, y le surgen de un modo muy natural, una serie de magníficas  frases que bien justificarían por sí  solas la lectura de Ocaso en Shanghai. Por ejemplo:
- "Sentí un sabor ácido recorriendo mis pensamientos" (pág  27)
- “Las facciones vulgares de un hombre hecho a sí mismo" (pág 51)
-" Parecía un intelectual jubilado, mezcla de arte sin alma y profesor sin ilusión" (cap. 3)
Juan Torregrosa Pisonero
- "En el horizonte se veía el sol entre una bruma de polución sedosa y el cielo enriquecido por las partículas densas apuñaladas por la luz estelar" (pág 115)
Pero, ya lo he dicho, ese final brutal,  en el que el autor nos hace entrega del nombre del personaje cuando ya nombrarlo  no tiene objeto, junto a ciertas reflexiones de este C3 (sobre el amor del que tanto hablan los poetas: no es más que un "olvidarse de uno mismo a base de abrazar"; sobre las relaciones humanas: "siempre la misma conversación [...] para no tener que estar en mi casa apresado entre las cuatro paredes", etc.), da a la novela un aura nihilista que anuncia un futurible mundo inquietante en el que las pasiones y sentimientos no tendrán ya cabida. ¿Sucederá? Ojalá, no.


29 jun 2013

...Se acabó... Comienza un nuevo día...

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Juan Carlos, Mª Luz, Cecilia y Primi (falta Carmen)
      Con estas dos referencias a sendos títulos de temas musicales que me han acompañado desde … siempre, quiero iniciar este post sobre los agradables momentos vividos durante este último junio [puedes escucharlos yendo a la página de este mismo blog: "Música que me gusta escuchar" ]
Lo más simpático de todos los fastos habidos en el mes con motivo de la jubilación de cinco compañeros del IES Mirasierra (Cecilia, Mari Luz, Primi, Carmen y quien esto escribe) fue la comida que los compañeros nos  ofrecieron en el Restaurante “La bella Anna” de Montecarmelo.  Allí nos reunimos una muy nutrida representación del Centro en el que hemos pasado bastantes años de nuestra vida profesional; y allí, a los postres, entre la alegría consecuencia de la buena comida, de las bebidas espirituosas y sobre todo de la amistad cuajada a lo largo de tanto tiempo, surgieron los discursos, las palabras de afecto, los obsequios, los abrazos, alguna que otra lagrimita…, en fin, que os voy a decir que vosotros no vierais o no imaginéis. Tras tantas hermosas frases y sinceras dedicatorias quise agradecer a todos su esfuerzo y amistad con unas palabras que, dado que algunos compañeros que no pudieron asistir me han pedido que se las haga llegar, quiero reproducir a continuación:


Muchísimas gracias por todo, compañeros. Si me permitís me gustaría deciros algo:
               Tres de los que hoy nos jubilamos (Cecilia, Mª Luz y yo) pertenecemos a la quinta fundadora del IES en el ya lejano 1986. Han pasado nada más y nada menos que 27 años que son ¡muchos años! Durante estos años el IES nació (Seve que es profe precursor más que fundador, sabe que en verdad nació el curso anterior): recuerdo esa primera reunión de profesores en septiembre de 1986 a la que Mª Luz y yo llegamos acarreando un bebé de tres meses (el bebé en cuestión hoy tiene 27 años y pesa casi 100 kilos); se transformó: era increíble la facilidad con que Mª Jesús eliminaba servicios para convertirlos en aulas o departamentos más o menos apañaditos; creció con la llegada de los Ciclos Formativos: surgió el edificio de Ciclos y Bachillerato, la Universidad que decía alguna compañera de manualidades; casi muere atropellado por el Metro de doña Espe: ¡qué emoción recordar esa asamblea de alumnos, profesores, padres y administración en la que el Consejero de la Cosa admitió, derrotado, que el Metro no colisionaría con el IES!; y se reinventa a partir del próximo curso con el bilingüismo.
               Para mí, esto del bilingüismo es ya too much: si malamente me manejo con los que tienen la misma que yo, ¿qué haré –mejor, qué haría- ante tanto profe habilitado, homologado, cualificado y superpreparado que venga a explicar (in english, of course) lo que a duras penas algunos de mis alumnos entienden in spanish?. No. Mejor dejarlo y que mentes más lúcidas que la mía se las vean con lo que se avecina.
               Yo prefiero guardar en mi memoria –mientras me dure, claro- lo mucho que me he reído en las clases con mis alumnos, en las reuniones de profesores con los compañeros y sobre todo en la Sala de Profesores. Son muchas las anécdotas vividas. De ellas recuerdo, por ejemplo:
 A  Mª Luisa Regueiro santiguándose al entrar en la Sala de Profesores para conjurar –imagino- los espíritus malignos que danzasen por ahí.
A Jesús Alonso hablando en la cafetería de sus alumnos, porreros por supuesto.
Las Juntas de Evaluación en las que Juanjo nos dictaba las calificaciones de sus alumnos sin ayuda escrita y además nos ilustraba la mejoría o no del chico o chica según les fuese en sus amoríos.
A Aurora Amorós y su lucha inútil contra el foco de humo que –según sostenía ella- salía del despacho de Angel Cantos, secretario y profesor de filosofía quien con la misma resolución negaba la mayor llegando a afirmar en Claustro de profesores “¡No me busques, Aurora, que me encuentras!” (quizás hecho legendario, pues no hay constancia de tal cosa en las Actas de Claustro).
No quiero aburrir, pero si buscamos vienen a mi cabeza otras muchas anécdotas protagonizadas por otros tantos compañeros de los cientos con los que he tenido la suerte de trabajar: Pepe el maño y sus maravillosas fotocopias, Alicia de la Iglesia y su aula de Plástica, Juan Dionisio y su aula de Música, los de Historia y sus recuperaciones de las recuperaciones... Y he de decir que de todos he aprendido algo y de todos me llevo lo mejor. Espero que también ellos se hayan llevado algo bueno de mí.

               En definitiva han sido, para mí, 27 años felices y positivos pues creo que todo ha estado bien: el trabajo me ha gustado, los niños han sido majos en general y vosotros, compañeros, formidables. Con vosotros (¡esas horas muertas en la Sala de Profesores!) he disfrutado mucho gastando bromas, riéndonos de la puñetera realidad, diciendo alguna que otra maldad, relativizando la normativa, discrepando, capeando tormentillas pasajeras… Y de entre todos vosotros quiero dar un abrazo especial a mis compañeros del Departamento de Lengua porque gracias a ellos el departamento es magnífico, estupendo, divertido, relajado, comprometido, activo y trabajador. Dar nombres no es bueno porque metes la pata si olvidas alguno sin querer, pero me voy a arriesgar aunque sólo nombraré a los resistentes y no a las aves pasajeras: de los que ya se jubilaron un saludo cariñoso a Maena y Amparo; y para los que hasta hoy hemos trabajado juntos: José Luis, Juan, Teresa, Cecilia y Alicia un fuerte y sincero “¡Os quiero!, que hago extensivo a todos los aquí presentes.

                      

El mes de junio lo cerramos con un aperitivo de agradecimiento ofrecido por los cinco jubilantes jubilosos a todos los compañeros, en el transcurso del cual hice entrega a la directora y compañera Pilar Benito de unas caricaturas de profesores realizadas por un alumno allá por el año 1996 en el que Dany, el alumno artista, imagina el Centro como un campo de batalla entre Moros y Cristianos, o sea, entre alumnos y profesores. Habida cuenta de los años transcurridos -¡nada menos que 17!- el dibujo es un total ejercicio de ¡Adivina quién es!

4 jun 2013

(MARSÉ, Juan) ÚLTIMAS TARDES con TERESA

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La  novela de Juan Marsé Últimas tardes con Teresa marca la conquista por el autor en 1966 de un lugar entre los grandes de la novela española de posguerra.
Yo estudié a fondo este relato 12 años más tarde en el Instituto "Cairasco de Figueroa" de Tamaraceite (Las Palmas de G. C.), mi primer destino como profesor de la ahora injustamente vilipendiada por algunos enseñanza pública. Hoy, 35 años más tarde, y por pura casualidad mis alumnos madrileños como de igual modo les ocurriera a los canarios de antaño han tenido que leer esta magnífica novela dentro de las lecturas obligatorias de la materia que he impartido hasta hoy mismo, “Lengua y Literatura” de 2º de Bachillerato. Y digo que la han tenido que leer por pura casualidad porque este título se le ocurrió a Juan, compañero de departamento desde el ya lejanísimo 1986, que supo ver que Miguel Delibes (su obra Cinco horas con Mario era la que figuraba en la Programación de la asignatura) no ha logrado superar el castigo del tiempo, el paso de los años, envejeciendo su excelente prosa de manera no poco sorprendente para los que le admiramos tanto. Fue Juan quien puso el título sobre la mesa del Departamento: ¿Por qué no Marsé y su Últimas tardes con Teresa? Sí, claro, por qué no respondimos Alicia y yo mismo con ciertas dudas porque las aventuras del Pijoaparte y de la pija Teresa Serrat flotaban en una confortable pero imprecisa zona de nuestros recuerdos. ¡Qué acierto, amigo Juan, qué visión has demostrado en esta como en otras tantas ocasiones! Y lo digo no por mis alumnos o, al menos, no por todos, ya sabemos el poco favor del que disfruta la lectura entre muchos adolescentes y, además, el flaco favor que a este respecto les hacen las nuevas tecnologías -en especial Papá Google- al allanarles el camino del aprobado saltándose el disfrute, el placer de la lectura. Por eso deben decir que el estudio es arduo. ¿Arduo? Para nada, probad a leer este relato, disfrutad con las correrías de Manolo, el murciano, y de Teresa, la pija universitaria concienciada que juega con sus amiguitos ricos a soltar adrenalina corriendo delante de los grises allá por el otoño de 1956 en la ciudad de Barcelona, tanto la rica y catalana del inicio de las Ramblas como la xarnega del Poble Sec o del monte Carmelo.
Esta reflexión la hago ahora cuando los chicos y chicas que la han leído ya han abandonado las aulas por haber finalizado sus clases; y yo a punto estoy de dejarlas atrás aunque por distinto motivo. Con Juan Marsé, pues, y su excelente novela me inicié en la  enseñanza de la literatura española y, ¡qué casualidad más agradable!, hablando de Juan Marsé he pasado mis últimas tardes con… unos cuantos chicos de los tantos y tantas Teresas, Manolos, Luises, Marujas… que a lo largo de estos últimos más de 35 años he tenido el gusto de dar clase e intentar despertarles el gusto por la vida y dentro de ésta en lugar preeminente, por la lengua y la literatura.

2 jun 2013

El gran Gatsby

4 comentarios:

 La versión de la novela “El gran Gatsby” de Scott Fitzgerald que está ahora en cartelera realizada por Baz Luhrmann es el cuarto remake que desde su aparición en 1925 se hace de la misma. Ya en 1926, como consecuencia del éxito que el relato conoció desde su publicación, se rueda una película muda de la que no se conservan copias (wikipedia dixit). Casi 25 años después –el cuarto de siglo parece que es el módulo temporal que se repite entre las sucesivas versiones-, en 1949, aparece la dirigida por Elliott Nugent que no he visto pero que dado su protagonista principal, Alan Ladd , no auguro nada bueno de ella (de jóvenes entre el grupo de amigos cuando queríamos descalificar una película decíamos aquello de “es más mala que las de Alan Ladd”). Y en 1974 llegó la que puso rostro perdurable a Jay Gatsby (Robert Reford) y a Daisy Buchanam (Mia Farrow), dirigida con gran acierto por Jack Clayton y que, imagino,  todos cuantos hemos visto la de 2013 teníamos como patrón a superar durante su contemplación. Finalizaré esta relación de adaptaciones diciendo que en 2001  (de nuevo el módulo del cuarto de siglo) Robert Markowitz hizo una versión de mucha calidad para televisión protagonizada por Mira Sorvino y Tobby Stephen.


Las dos mejores adaptaciones son respetuosas con el texto novelístico
en lo tocante a la historia del misterioso Jay Gatsby y su imposible y perdido amor con Daisy, si bien entre ambos films cabe señalar en mi opinión algunas importantes diferencias:
Jack Clayton  recrea los felices años 20 con mayor fidelidad: música de jazz del momento, coches lujosos que corren pero no vuelan, diversión a raudales pero no vorágine mareante...  Baz Luhrmann, por su parte, y quizás para desembarazarse de la losa que inevitablemente le suponía la película de 1974, opta por dejar su impronta con acierto al insistir en la función de narrador-testigo de Nick Carraway ("estoy dentro y fuera al mismo tiempo", repite en varias ocasiones el personaje); también se vale de un ardid para realzar la labor de autor de Scott Fitzgeral: inventar que Nick Carraway está escribiendo la narración que estamos contemplando por recomendación de su psicoanalista a fin de eliminar los fantasmas interiores que pudiera tener. En mi opinión las imágenes cinematográficas superponiéndose a la escritura y las letras que aparecen y desaparecen en ciertos momentos son un claro homenaje al magnífico escritor que era Fitzgerald al mostrarnos el acto de escritura. Sin embargo creo que se pasa dos o tres pueblos cuando para dejar su sello sustituye la música propia de los años 20 por melodías pop actuales con insistencia en el sonido acústico-electrónico, siendo considerada como es la novela de Scott Fitzgerald "la novela de la era del jazz de la literatura norteamericana". Tampoco me gustó, aunque entiendo que le viene obligado por el formato de 3D en que ha realizado la filmación (yo la he visto en 2D), el ritmo vertiginoso de imágenes que impone en algunos momentos de la historia, por ejemplo durante la fiesta en la ciudad con Tom Buchanan, la amante de éste y otras chicas, o las dos carreras de coches que llegan a ser mareantes para el espectador.

En cuanto a los actores ninguno de la versión actual: Leonardo DiCaprio (Jay Gatsby), Tobey Maguire (Nick Carraway),  Carey Mulligan (Daisy), Joel Edgerton (Tom Buchanan), Isla Fisher (Myrtle Wilson), Elizabeth Debicki (Jordan Baker), Amitabh Bachchan (Meyer),  y el resto, desmerece de los de la de Clayton: Robert Reford, Sam Waterston, Mia Farrow, Bruce Dern, Karen Black, Howard da Silva y otros respectivamente. Más bien al contrario los actores no protagonistas de la película de Luhrman superan en general a los de la de 1974.


En definitiva, una más que excelente ocasión para volver a leer esta magnífica novela y así poder captar mejor -o incluso por primera vez- detalles que en el relato fílmico de 144 minutos pasan desapercibidos o quedan poco matizados. Tal ocurre con la omnipresencia de la mirada del Dr. Eckleburg desde el anuncio publicitario que vigila el inconsecuente y vacío discurir de los humanos por esa zona de Queens (afueras de Nueva York, en construcción frenética durante esos años locos) y que es un remedo del narrador-testigo Nick Carraway si bien silencioso como si de un dios o de Dios mismo se tratara pero que quiere subrayar la brutalidad de la sociedad capitalista norteamericana de esos años que maltrata a los pobres (George y Mirtle Wilson) quienes para sobrevivir han de venderse a los multimillonarios sin escrúpulos (Tom Buchanam, Baker, Daisy...) y degradarse llegando incluso  hasta morir (Mirtle se arrojará al paso del coche de Tom al creerse abandonada por él; y su marido George se ve abocado al asesinato al saberse vejado brutalmente). Y junto a este importante símbolo, la lectura aumentará, seguro, la comprensión de un gran número de personajes secundarios que en la película apenas si se insinúan. 

Por último, mirando por ahí, he encontrado un claro esquema (vid. supra) de las relaciones entre los personajes de la novela que creo que puede ser muy clarificador para cualquiera que no la haya leído o la tenga un poco olvidada en algún rincón de la memoria.

15 may 2013

DJUNA BARNES: "El bosque de la noche"

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“El bosque de la noche” me ha recordado las obras que se adentran en los territorios de la fantasmagoría e irrealidad pero no cortan amarras con la realidad inmediata, como puede ocurrir con la novela "El maestro y Margarita" de Mijail Bulgakov que este mes tenemos como lectura en nuestra tertulia Más que palabras; idéntica o semejante sensación he experimentado con otros relatos como, por ejemplo, "El palacio de la luna" de Paul Auster y alguno más.
La novela publicada en 1937 debe mucho al vanguardismo propio de los años 30 (surrealismo  esencialmente). Y se nota en la importancia dada al mundo de los sueños, a todo lo onírico en general. También el vanguardismo se manifiesta en la manera de construir el relato,  sin una clara estructura de contenido primando sobre ésta la formal (algunos criticos como T S  Eliot, autor del magnífico prólogo de la edición de 1937, llegan a hablar de prosa poética).

PERSONAJES:
Femeninos:
* Robin Vote, de casada baronesa Robin Vokbein: andrógino de especial belleza que arrasa en hombres y mujeres; su territorio es la noche en la que explora y penetra en sus zonas abisales con desconocida libertad, lo que resulta perturbador para las tres personas de su entorno que la aman o se sienten especialmente atraídos por ella. Y son: el barón Felix, la cincuentona y millonaria americana Jenny Petherbridge, y, por último y más importante,  Nora Flood.
* Nora Flood: enamorada de Robin y puerto al que esta regresa tras sus noches y temporadas de expediciones tempestuosas. La autora del relato, Djuna Barnes, es el ser que inspira al personaje. Nora recurre al exegeta de la noche, doctor Matthew O'Connor, para ver de entender la deriva de Robin y de ella misma.
* Jenny Petherbridge: millonaria norteamericana que se lleva a Robin más que por afecto por el dinero que aporta. Al final del relato las vemos en USA pero frente a la tranquilidad de la vida en el campo, Robin le impone la vida de ciudad (pecado, vicio, 'noche', etc) en la que ella está instalada.
* Sylvia: ser fantasmagórico (Nora o Robin en su niñez que subyace en el ser adulto del que se enamoran)
Frau Mann (cuida de Guido, el hijo deficiente de Felix y Robin).
Masculinos:
* Barón Félix: falso barón judío que queda seducido por Robin, quien le es presentada por el doctor  O’Connor.
* Guido: hijo del barón y Robin. Es débil mental, quizás consecuencia de sus oscuros orígenes (su madre andrógina, la falsedad de su padre judío,  la noche, el abandono materno...).
* Doctor Matthew O'Connor: auténtico demiurgo e intérprete de las tinieblas, de la noche de la que Robin parece haber emergido y por la que serán,  inevitablemente,  engullidos (alcohol,  sexo libre, vicio...).  El doctor es un compendio de sabiduría terrenal y oscurantista; es por ello que Nora acudirá a él cuando Robin le haya dado de lado por Jenny. La propia Nora comentando el conocimiento del Dr. Matthew O’Connor le dice: “Tú sabes lo que ninguno de nosotros sabrá hasta que haya muerto. Tú ya estabas muerto al principio” (pág. 172). . El doctor O’Connor emite frases que recuerdan por su contundencia al Baltasar Gracián del "Oráculo manual".  He aquí algunas de ellas:
o   Surrealistas. Así a la pregunta de Nora “¿Qué puedo hacer?”, responde “Haz nidos de pájaros con los dientes” (pág. 146). Del mismo modo un tanto surrealista el doctor echa en cara a Nora su vivir quejumbroso “[…] ¡Pobre vaca ciega! No vengas a incordiar. Me revuelves las plumas y me atosigas recordándome mis males. ¿Qué fin es dulce? Hasta el pelo termina en punta. ¿Y son dulces las puntas del pelo cuando tienes que cortarlas?” (pág. 176). También se percibe el vanguardismo en la siguiente frase: “- Hay personas que se tiran de cabeza al primer río que encuentran y seis vasos más allá, en Haarlem, alguien pilla un tifus por haberse bebido su desesperación” (pág. 183)
o   Simbolistas: Pág. 162: El doctor habla a Nora a propósito de una muñeca que Robin le regaló: “Cuando damos una muñeca a una niña le regalamos muerte, es la efigie y el sudario; cuando una mujer la regala a otra mujer, le da la vida que no puede engendrar” . Esta ‘teoría’ de la muñeca se vuelve a suscitar en la pág. 168: “¡La última muñeca, la que se da a los mayores, es la muchacha que hubiera debido ser chico y el chico que hubiera debido ser muchacha!”. Y allí mismo: “La muñeca y el inmaduro tienen algo bueno: la muñeca porque parece tener vida y no la tiene y el tercer sexo porque tiene vida y se parece a la muñeca […] ¡El ángel deshabitado!”.
o   ¿Egoísmo lésbico?: Pág. 163: “Un hombre es otra persona; una mujer es siempre tú misma […]; en su boca besas tu propia boca”. Págs. 166-167: Robin superior a Nora: “Ella se sabe inocente porque no puede hacer nada en relación con nadie más que consigo misma”

ELEMENTOS DESTACABLES
àNARRADOR: externo en 3ª persona y en 2ª como narrador testigo. Así en pág. 65 pasa al “tú”: “En aquellas tertulias increíbles, sentías que volvía a interpretarse la antigua Historia de América”; y en pág. 66: “Dondequiera que se la viera […] uno advertía en sus ojos claros, saltones […]”
à Enfrentamiento hombre americano vs francés"los franceses son desaliñados y sabios; el americano trata de afrontarlo con la bebida" (pág.  106) ß esta afición desmedida por el alcohol marcó a esta generación (the lost generation) literaria norteamericana.
à humor y libertad sexual: "El corazón del celoso conoce el mejor y más grato amor, el de la cama del otro, donde el rival perfecciona las imperfecciones del enamorado" (pág.  104)
à Lo onírico (influjo de la Vanguardia): "Nosotros volvemos los ojos a Oriente, en busca de una sabiduría que no utilizaremos, y al durmiente en busca de un secreto que no encontraremos".
à Fuerte culturalismo: vid. Pp. 120 - 121.En estas págs. hay una fuerte aparición de la mitología como esencial elemento cultural.
à Existencialismo por todo el relato, dado que la muerte lo preside y envuelve todo. Pero en ocasiones aparecen aforismos en boca del doctor O'Connor muy interesantes: "Y todo lo que hacemos es decente cuando la mente empieza a olvidar: es el designio de la vida; y todo es bueno cuando hemos olvidado: es el designio de la muerte" (pág. 122). Pero también hay un canto a la vida, a lo vivido, a la temporalidad propia de los seres humanos: "El recuerdo que conservamos de las cosas pasadas es todo cuanto tenemos para el futuro." (pág. 107).
 à Importancia de la música en la construcción del relato. Las alusiones a composiciones y creadores musicales son numerosas, pero cuando se produce el diálogo Nora- Doctor, este último le dice que él es el “Dios de la oscuridad” (pág. 142) y un poco más adelante: “La pasión según S. Mateo de Bach voy a ser yo” (pág. 144). Y dos páginas adelante el mismo Dr. O’Connor dice “Los nombres cariñosos son un seguro contra la pérdida, como la música primitiva” ß O sea importancia de la música como elemento identitario. En las págs 174-175, en especial en el primer párrafo de la 175 se expresa el simbolismo en la obra de los temas musicales.
Durante los años 30 para las mujeres liberadas como Djuna Barnes
París era la ciudad ideal donde desarrollar su personalidad
 à Homosexualidad. Sin lugar a dudas es uno de los soportes del relato: Robin es andrógino y atrae tanto a hombres como a mujeres, Nora y Jenny son lesbianas y aman a Robin, el doctor es homosexual y se mueve por los bajos fondos que afloran durante la noche (en París recurre a una Tuppeny Upright = prostituta que hace los servicios de pie por sólo dos peniques; en la pag. 151 entra en la iglesia parisina de Saint Merry : “Me arrodillé en un rincón oscuro e incliné la cabeza y me puse a hablar a Tiny O’Toole [= ‘Tiny O’Toole’ es su pene]); y cuando Nora lo visita él está en la cama vestido con un camisón de mujer).
 à La religión como justificación de los comportamientos: Robin se ha hecho católica, y ¿eso hace que su comportamiento sea justificable dado que existe la culpa y el perdón?
 à Simbolismo: En los temas musicales (pág. 175), en las alusiones a las muñecas (pág. 162), etc. Como cierre, al final de la novela, en el capítulo titulado LA POSESA, hay un enfrentamiento entre Robin (¿poseída por el mal?) vs perro de Nora en el ambiente irreal del bosque.
PD.- Un comentario interesante y que puede completar a éste se puede encontrar en http://desdelaciudadsincines.blogspot.com.es/