9 ago 2018

Cine de verano 2. Michael Haneke, "Happy End"

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Michael Haneke, el director.
Cine intimista, Cinema de la crueldad
Las películas que he visto de Michael Haneke siempre me han resultado duras. El director austriaco de 76 años nunca ha intentado ser amable o condescendiente con los espectadores. Con esta última, Haneke ha realizado hasta el momento catorce filmes; de ellos, antes de "Happy End", yo había visto al menos tres: "La pianista", "La cinta blanca" y "Amor". En mi opinión y a falta de ver el resto son tres películas fundamentales en su filmografía. Con "La pianista" ganó el Gran Premio en el Festival de Cannes de 2001 e Isabelle Huppert, la protagonista, el Premio de Mejor Actriz en el mismo festival; con "La cinta blanca" consiguió la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2009, así como el Globo de Oro a la Mejor Película en  lengua no inglesa en 2010 siendo nominada al Oscar como mejor Película Extranjera y al Oscar por Mejor Fotografía ese mismo año; por último "Amor" supuso para Haneke alcanzar todo tipo de reconocimientos: Oscar por la Mejor Película Extranjera 2012, Globo de Oro y Premio BAFTA mejor película en lengua no inglesa 2012, Palma de Oro en el Festival de Cannes en 2012; y otros premios en diversos países: Premio Goya a la mejor película extranjera en España, Premio César en Francia, etc. Personalmente, Michael Haneke fue distinguido en nuestro país en 2013 con el Premio Princesa de Asturias de las Artes.

"Happy End", la película
Quizás sean esas tres películas las esenciales en su filmografía. Pero tras haber visto "Happy End" se ha despertado en mí la necesidad de ver las más posibles de las otras habida cuenta de que en esta última el director construye una historia con muchos de los mimbres anteriores. Pero vayamos por partes.

Sinopsis (proporcionado por la distribuidora Golem)
El largometraje presenta a una familia de la alta burguesía europea que está presenciando el final de la vida del patriarca George, quien se dedica a recordar tiempos pasados y que considera mejores mientras el resto de los miembros se enfrentan a sus propios retos y problemas. A su vez, en esos momentos está teniendo lugar una crisis de refugiados y un debate en torno a la migración, relacionado parcialmente con los campamentos de inmigrantes, entre los que se encuentra el situado en Calais, junto a la empresa que dirige esta familia, una importante promotora inmobiliaria. 


Mi Opinión
Lo primero que debo señalar es mi desacuerdo con la sinopsis proporcionada por Golem. Es verdad que en un momento puntual del film el asunto de los refugiados aparece pero para nada es, en mi opinión, el asunto central. Es en todo caso el marco externo en el que se desarrolla el verdadero asunto que no es otro que la crisis (cambio) que está sufriendo esta familia de la alta burguesía francesa dedicada a la construcción; una familia que se elevó como ninguna otra en los tiempos del patriarca George (Jean Louis Trintignant), y que ahora los negocios familiares son llevados con mano férrea por su hija Anne (Isabelle Huppert), negocios que están entrando en barrena por el cambio de época en que nos encontramos y los problemas personales del hijo de ésta, Pierre (Franz Rogowski), incapaz de llevar una empresa como la construida por el abuelo en tiempos convulsos como los que se viven en Calais donde sucede la acción y a donde no dejan de llegar inmigrantes deseosos de una vida mejor. 

Cine alemán actual, Cine filosófico
Todo lo anterior es visto y contado por Eve (Fantine Harduin) desde el aislamiento de su niñez y el distanciamiento que imponen hoy día las nuevas tecnologías -Eve está constantemente filmando la realidad de lo que acontece a su alrededor- que nos aíslan a los unos de los otros pero que con su frialdad dan testimonio fiel de lo que sucede.  Eve ve el mundo a través de su teléfono móvil. Desde el principio de la película ella filma con su smartphone todo lo que de importante hay a su alrededor desde el ritual protocolo diario de su madre antes de acostarse que sirve de fondo para los títulos de crédito iniciales, hasta la decisión tomada por su abuelo George que ella conoce y que para nada intenta evitar sino todo lo más dejar constancia de ella filmándola. 

Por eso creo que la película es más una historia intimista que un planteamiento social como viene a querer decirnos la sinopsis anterior. Sí, es verdad que la familia vive ajena a lo que ocurre a su alrededor. Al inicio del film un accidente en la obra que están realizando en las proximidades del puerto de Calais pone a prueba la entereza de Pierre a quien Anne desea, al menos en apariencia, ir pasando el testigo de las responsabilidades empresariales. Pierre es un ser débil  ninguneado siempre por sus mayores, que se identifica con los débiles que ve a su alrededor. Por esto se vengará de sus mayores -madre y abuelo especialmente- arrojándoles a su ensimismada cara el problema que afronta la sociedad donde ellos viven pero que con desdén olímpico ignoran. Y este problema no es otro que el de los inmigrantes que viven hacinados en las proximidades del Paso de Calais a la espera de poder pasar a Gran Bretaña.

Entre los aspectos más interesantes de esta película destaca el ya dicho del aislamiento que paradójicamente imponen los teléfonos móviles y ordenadores que lejos de acercarnos nos separan sumergiéndonos en un mundo virtual lleno de irrealidad que nos hace creer que la realidad forma parte de la ficción y no al revés. Así parece creerlo la niña Eve que ve el mundo a través del falso cristal de su móvil, pero también el padre de ésta, Thomas Laurent (Mathieu Kassovitz) que es infiel a su mujer manteniendo una relación virtual con otra a través de su ordenador. Lo que en la realidad nunca diría a esta mujer lo manifiesta a través de la impersonalidad y el alejamiento que los medios tecnológicos facilitan.

Con Thomas, pues, se toca en el film el sexo, su vivencia, la insatisfacción, el deseo de vivirlo de otro modo, las perversiones sexuales..., de todo ello hay referencias en la película. Pero ahora el mismo sigue el signo de los tiempos y se realiza de modo virtual a través de un chat en el ordenador, un chat subidito de tono que Thomas cree que sólo conoce él pero que, como todo en Internet, al salir de nosotros corre el riesgo de caer en otras manos y ser leído por otras personas quedando al descubierto el personaje.

Otro aspecto esencial que en cierta manera sirve de justificación al sorprendente título de "Happy End" -y digo sorprendente porque en Haneke que algo pueda calificarse así ya es novedoso- es sin duda alguna el de la eutanasiaJean Louis Trintignant es el mismo George de "Amor" la anterior  cinta del director. En ella el octogenario George que vivía plácidamente junto a Anne, su amada esposa de la misma edad que él, se ve abocado a darle una prueba extrema de su amor cuando ella sufra un infarto cerebral que la deje convertida en un vegetal. En "Happy End" encontramos a George solo, sentado en una silla de ruedas, ausente del mundo que lo rodea y tan sólo deseoso de que alguien le ayude para ir a unirse con su esposa. Solicita a sus hijos y nietos que le faciliten la marcha, en la calle se lo pide a quienquiera que encuentra y, claro, ante tamaña petición las personas se apartan de él tomándolo por loco; pero, nada, nadie se apiada de él. ¿Quizás Eve sea más receptiva? Surgen aquí como fogonazos rasgos de comicidad, sin duda alguna de humor negro. Son pequeños momentos, pequeños detalles de humor, que en Haneke son todo un mundo.

La autoridad ejercida por los padres sobre los hijos que puede llegar a ser castrante se evidencia en la relación entre Anne y su hijo Pierre. La rigidez en las normas es asunto que el director ha tocado en algunos de sus filmes anteriores. De los que yo le he visto recuerdo la dureza de esa relación padres-hijos en la maravillosa "La cinta blanca".
Burguesía enfrentada a sus propias contradicciones, Haneke
La inmadurez de ciertos jóvenes incapaces de enfrentarse a la realidad al haber crecido arropados en un mundo superprotector que todo les consentía se toca también aquí. Y junto a ella, quizás como el causante de que el pañuelo que les tapaba los ojos caiga definitivamente aparece otra juventud, la de esa masa de jóvenes inmigrantes africanos que sí que conocen lo que es la vida al sufrir la dureza de la misma en sus propias carnes. Hay un momento culmen en la película, reflejado en el cartel anunciador de la misma, en que se ve la sorpresa reflejada en la cara de esa familia burguesa que vive en su torre de marfil y observa que la por ellos considerada hez de la tierra acaba de llamar a sus puertas.  

Luego está la manera de rodar de Haneke, desde el principio sorpresiva, novedosa. La mezcla de imágenes con smartphone y sin él que abre y cierra el film es magnífica; los primeros planos de esas caras duras que esconden una psicología difícil, en especial quiero destacar la expresión seria, adulta, reconcentrada, madura de la niña de doce años, Eve, el miembro más próximo a su abuelo al que entiende en todos sus extremos incluido, naturalmente, las ideas suicidas de ambos. La conversación que mantienen abuelo y nieta es de lo mejor de la cinta y justifica por sí misma las secuencias finales. En esta conversación hay claras referencias a dos cintas anteriores del director: "Amor" (2012) y "El video de Benny" (1992). Sin coincidir plenamente en esta última también una adolescente graba en imágenes los prolegómenos de una muerte. En fin, algo durillo resulta ver a una encantadora niña metida de lleno en estos asuntos.

En esta manera de rodar y frente a otras opciones como el empleo del blanco y negro que hace en "La cinta blanca", en "Happy End" el color todo lo inunda. Los asuntos como hemos visto son duros, terribles, incluso el deseo de morir o darse muerte sobrevuela en esta historia continuamente, pero paradójicamente y en magnífica contraposición toda esta inmisericorde realidad sucede bajo un sol radiante, con unos personajes que visten ropas alegres aunque por dentro cultiven ideas funestas.

También, lógicamente, las claves del film se ocultan en los otros filmes del realizador que como han hecho frecuentemente los grandes directores (Ingmar Bergman, Passolini y muchos otros más) hace en éste una especie de resumen de toda su filmografía, ordenando temas y asuntos cual si de la anagnórisis en una novela negra se tratara. Y en parte así es, salvo que aquí esa novela negra es la propia vida que con Haneke salta del celuloide virtual a la realidad de los espectadores que desde las butacas nos vemos perturbados, incomodados, por lo que se nos lanza envuelto en la belleza de las imágenes. Así es Michael Haneke: incómodo, perturbador, pero al tiempo un inmenso creador de Arte.

Conclusión
Con "Happy End" mi cómputo de productos Haneke llega a cuatro. No me siento ya hastiado de sus creaciones sino que muy al contrario me encanta tanto ver sus películas que buscaré otros títulos suyos que no he tenido aún ocasión de degustar. En especial me apetece mucho "Caché" (2005)porque buenos amigos y grandes cinéfilos me la recomiendan desde hace tiempo. Luego, por eso de la coincidencia de la niña que graba todo todo, quisiera ver "El video de Benny". Y eso que el director muniqués no construye productos amables para la satisfacción del público, sino películas cuya severidad y aspereza temáticas remueve en quien las ve aspectos y facetas presentes en todos o en la mayoría pero ocultos y silenciados bajo la losa que es la educación que, afortunadamente, los reprime.

Por eso por ahora me daré un descanso porque, en coincidencia con Fernando Savater, pienso que ya está bien de ver pelis que constantemente nos hablan del deterioro inevitable del ser humano. Y otra cita de otro grande de las letras, José Luis Sampedro, para apoyar el descanso que pienso darme de pelis de este tenor: una cosa es la plácida vejez y otra muy distinta la jodida vejez. De la segunda "Amor" y "Happy End" son ejemplos claros; hoy por hoy me quedo con realizaciones que aborden la amable vejez y no la otra.

4 ago 2018

Haifaa Al-Mansour. Cine de verano I

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Antes, once upon a time..., hace ya algún tiempo, vamos, quiero decir, cuando yo era joven, la canícula veraniega la combatíamos no pocas veces refugiándonos en alguno de esos programas dobles en sesión continua que los cines de mi ciudad exhibían durante los meses de julio y agosto. Ni sé ya las aventuras de Tarzán - to be continued..., decían esas pelis al acabar - que vi durante mi niñez o, ya adolescente, las de James Bond que contemplé hurtando la cara al severo portero de la entrada para que no reconociera en lo imberbe de ella mi minoría de edad.

Eso era para mí el Cine en verano: Películas para matar esas horas terribles de la tarde en que el sol derretía el asfalto y hacía que los adoquines de las calles ardiesen. Y en cierta medida sigo fiel a esta idea del Cine como refugio contra las implacables temperaturas. Pero afortunadamente "la película" (ja, ja..) ha cambiado mucho. Gracias a Dios entre los inevitables saldos de celuloide fabricados para la ocasión y las cintas para el consumo infantil, la ubicación geográfica y temporal de España en el ámbito de la distribución mundial de los filmes hace que a nuestro país lleguen varios meses después de su estreno filmes importantes que desde luego yo no colocaría bajo el despectivo marbete de "cine de verano". No, desde luego que no, afortunadamente, no. 

Y gracias a esos cambalaches de la industria, en un derretidor mes de agosto he podido ver en días sucesivos - ya no hay programas dobles como antaño- dos buenas películas: "Mary Shelley" de Haifaa Al-Mansour y "Happy End" de Michael Haneke.

"Mary Shelley"
Está dirigido este film por Haifaa Al-Mansour, mujer saudí de 44 años educada en El Cairo donde estudió Literatura y en Sidney (Australia) a donde se desplazó para cursar estudios cinematográficos. En su país es la primera mujer directora de Cine; además ha alcanzado reconocimiento internacional desde su primera incursión en el mundo del largometraje con "La bicicleta verde" (2012), film que se paseó con éxito por diversos festivales (Venecia, Dubai, nominación al Óscar como mejor pelicula de habla no inglesa...). En 2017 estrenó "Mary Shelley", su primera producción británica.

Película "Mary Shelley", Biopic, cine histórico
Se centra el film en las relaciones entre Mary Wollstonecraft Godwin (1797-1851) interpretada por la actriz Elle Fanning y el poeta Percy Bisshe Shelley (1792-1822) al que da vida el actor Douglas Booth. Es un drama romántico sobre la relación entre estos dos jóvenes, auténticos adelantados a su tiempo. Mary era hija del filósofo librepensador William Godwin (Stephen Dillane) cuya esposa falleció por una septicemia a los diez días de haber dado a luz a Mary. Asi pues, Mary jamás conoció a su madre, la filósofa y escritora pionera del pensamiento feminista Mary Wollstonecraft, pero siempre arrastró la idea de haber sido ella la culpable de su muerte.

En el biopic que es esta cinta se ve cómo Mary Wollstonecraft Godwin heredó de sus progenitores sus cualidades literarias, sus ideales librepensadores y su afán por la emancipación de la mujer en un momento - el Romanticismo - en que las ideas de libertad se extendían como un incendio imposible de controlar. Por esto no le importó al enamorarse a los 17 años del poeta Shelley, ya casado y con hijos, huir de la casa familiar junto a su hermanastra Claire Clairmont (Bel Powley) para vivir con él. Era una romántica practicante que gustaba de siempre de la lectura y escritura. En la película la vemos desde el principio practicando la escritura siguiendo el estilo de escritores que la satisfacían especialmente su propia madre a quien tenía idealizada. Su padre, el precursor del anarquismo William Godwin, le da un consejo literario - "No intentes parecerte a nadie. Sé tú misma"- , consejo que cuando lo sigue por vez primera le proporcionará el éxito.

Antes de que tal cosa suceda Mary afrontará el desapego paterno por la vida amancebada que lleva con Shelley siempre agobiado por las deudas por lo que no pocas veces habrán de abandonar el domicilio donde viven junto a Claire. Además, Mary será madre, pero su bebé morirá y esto la deja postrada en una especie de depresión. Para mejorar de vida y de salud su hermana Claire consigue que el poeta Lord Byron (Tom Sturridge) con quién mantenía una relacion amorosa invite a los tres a pasar una temporada en su opulenta residencia ginebrina. Es aquí donde para procurar salir de la monotonía de encierro en la casa que el mal tiempo impone Byron propone que los residentes escriban una historia romántica de fantasmas que luego leerán a los demás. El Doctor Polidori (Ben Hardy), enamorado de Mary, es  el primero en realizarla entre la chanza y el desprecio de los dos poetas quienes han llegado a tal nivel de frivolidad y extravagancia que hará que Mary tome conciencia de la situación y decida marchar de allí con Shelley casi alcoholizado y con Claire decepcionada de Byron.

Es a partir de este momento que Mary Shelley toma la vida por los cuernos y se empondera realizando su proyecto vital: ser escritora con voz propia. Así tras unos meses de intenso trabajo presenta a Shelley una obra en prosa: "Frankestein o el ' moderno Prometeo'". Hay que decir que la idea de crear un ser vivo a partir de la nada como hiciera Prometeo insuflando vida a una figura  de arcilla con forma humana le vino de los espectáculos de galvanismo frecuentes en la época a los que ella, gran aficionada a los adelantos científicos, asistía con frecuencia. 

Romanticismo, Cine dirigido por mujeres
Haifaa Al-Mansour, realizadora del film, es adalid de la liberación femenina (no hay que olvidar su origen saudita donde hasta ahora la mujer, incluso de clases altas como ella, vive en estado de negación de derechos fundamentales) y con esta película nos muestra las tremendas dificultades a las que Mary Wollstonecraft Godwin  hubo de enfrentarse para ver su autoría reconocida en la publicación de la obra. Sólo si su marido, Percy B. Shelley, la firmaba ésta sería publicada.  No contaré más para no hurtar interés en la contemplación del film. Sólo diré que pese al comportamiento veleidoso y errático que en la cinta se  muestra del enorme poeta inglés éste no se portará del todo mal con la madre de los cuatro hijos que tuvieron en común, de los que sólo les sobrevivió uno, Percy Florence Shelley (1819-1889).

La película se centra en el personaje que le da título (es un biopic, no podemos olvidarlo) dejando, quizás, algo desdibujada la realidad literaria -¡enorme!- de los dos poetas ingleses, Byron y Shelley. Del primero se nos traslada una imagen en exceso machista, arrogante y brutal en la relación humana. De Shelley nos quedamos sin conocer la profundidad de su interesantisima obra literaria, poniendo el acento Al-Mansour sobre todo en sus fases alcohólicas y de promiscuidad sexual con ambos sexos. En contraposición, la figura de Mary es la de una persona responsable, siempre sabedora de lo que quiere, una mujer que no cae en el exceso más que ocasionalmente y cuando sucede siempre hay una justificación para ello: el amor. En este sentido el hermoso film me ha parecido algo maniqueo.

A mí la película me ha gustado en general. Sus 120 minutos de metraje se pasan en un vuelo. Todo en ella, además de su contenido, está realizado con delicadeza y sensibilidad. Me ha encantado ese color matado, como tormentoso, que envuelve las acciones de los personajes; la música y la puesta en escena realzan la atmósfera romántica de sus acciones. Todo en el film está al servicio del drama romántico que se presenta en pantalla.

Cine histórico, Biopic, Literatura romántica, Feminismo
Los actores están todos espléndidos pero quizás sea Stephen Dillane quien más me haya gustado. Este actor es quien en la serie televisiva "El túnel" da vida al detective inglés Karl Roebuck que investiga, junto a la detective francesa Elise Wasserman (Clémence Poésy), los asesinatos que suceden en el Túnel del Canal. En la producción de Al-Mansour, Dillane compone un personaje de William Godwin estupendo. Para mí es con diferencia quien mejor está de todo el plantel de actores. Y eso que Elle Fanning de tan sólo 20 años da vida a una creíble Mary; igual que le sucede a Douglas Booth seis años mayor que la Fanning en el papel de Percy B. Shelley.  

La película se estrenó en España el pasado 13 de julio. Aún está en cartelera pero creo que está ya a punto de desaparecer de ella como demuestra que se proyecte ya sólo en sesión diaria única (hablo por mi ciudad) o a punto esté de pasar a la sesión golfa. Así que si queréis verla no debéis despistaros. 



30 jul 2018

"Soñadores" ("The Dreamers"). Bernardo Bertolucci

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No recuerdo ahora cómo llegué hasta ella, pero sí que era consciente de que debía verla antes del día 31 del mes de julio de este año, pues ese día, avisaba  el texto que acompañaba al título en la plataforma televisiva de Movistar+ sería retirada. Lo que también sé es que, tras haberla visto una tarde de este verano, quedé conmocionado, conmovido, convencido una vez más del enorme talento de su director: nada más y nada menos que el grandísimo realizador italiano Bernardo Bertolucci.

El director
Nada más cabe decir de este italiano de Parma nacido hace 77 años que no haya sido dicho ya. Por eso hablaré sólo de aquello que Bernardo Bertolucci representa para mí. En primer lugar su nombre corre asociado en mi memoria a las tórridas escenas de una jovencísima y muy hermosa María Schneider (fallecida algo prematuramente en 2011 a los 59 años de edad) y un ya maduro Marlon Brando (1924-2004) en la mundialmente famosa película "El último tango en París" (1972). Tras el recuerdo de este film, otro de Bertolucci viene a mi mi mente. Se trata de la impresionante y épica recreación de la historia de Italia durante la primera mitad del siglo XX titulada "Novecento" (1976). 

Bernardo Bertolucci, cine italiano, cine político, neorrealismo
Es evidente que Bertolucci en mi vivencia personal marca el principio del final del franquismo con "El último tango en París" (1972) y el principio del inicio de la transición a la democracia plena con "Novecento" (1976). Sí de la primera lo que más recuerdo son los variados usos que la mantequilla pudiera tener, de la segunda atino a ver con bastante claridad a los fascistas (éstos si que lo eran de verdad, no como ahora  que se arroja el calificativo a quien quiera que nos lleve la contraria) echando pintura a los carteles anunciadores del film ante los atónitos y asustados ojos de quienes hacíamos cola para comprar entradas y entrar a verla.

Mi último gran recuerdo de la cinematografía de Bertolucci me lleva a doce años después, a 1986 cuando estrenó la grandiosa y magnifica producción titulada "El último emperador". Esta película supuso para el realizador italiano el momento culmen de su trayectoria profesional al ganar nueve Óscar con ella.

En estos tres filmes se condensa para mí la enorme figura de este artista del séptimo arte. Pero su Obra es mucho más amplia y contiene otros titulos importantes como "El conformista" (1970), "La estrategia de la araña" (1970), "La luna" (1979), "El pequeño Buda" (1993), o ésta que acabo de ver, "Soñadores" (2003). Todas ellas las he visto y como característica común señalaría su inequívoco sesgo político. Bertolucci es un genio que sabe aunar lo político y lo poético partiendo por lo común de la cotidianidad y el mundo privado para trascender a lo social e histórico.

"Soñadores" ('The dreamers'). La película
Cierto es que cuando supe del titulo en inglés, "The Dreamers", mi cabeza se situó rapidamente en tierras del Tio Sam -con Trump, más Tio Sam que nunca-. Me faltaba por conocer el nombre de su director para esclarecer mi error, pues Bernardo Bertolucci nunca habló, por lo que yo sé, de inmigración latina en USA.

Louis Garret, Michael Pitt, Eva Green, "The Dreamers"
De entrada estamos en París. La película abre con un primerísimo primer plano descendiendo por los hierros que conforman la Torre Eiffel. Tan de cerca es este recorrido ferruginoso que sólo cuando ya han acabado de pasar los títulos de crédito y la cámara abre el plano descubrimos que estamos en los parisinos Campos de Marte con la Torre Eiffel al fondo. De seguido vemos a Isabelle (Eva Green) entre una turbamulta de estudiantes sesenteros que manifiestan su protesta contra el ministro de cultura André Malraux por la destitución, a instancias del presidente de la República Charles de Gaulle, como director de la Cinémathèque Française de Henri Langlois. En el interior de la muchedumbre de jóvenes estudiantes destacan dos chicos: Matthew (Michael Pitt), un joven norteamericano venido a París para estudiar francés que mira embobado a Isabelle encadenada a las puertas de la Cinémathèque, y Theo (Louis Garret), hermano siamés de Isabelle y dirigente junto a otros de la Revuelta. Estamos en mayo de 1968.

Prácticamente hasta el final del film no volveremos a ver secuencias exteriores. A partir de aquí asistimos a la relación entre estos tres chicos casi siempre en interiores. Hoy que es habitual el traspaso entre géneros narrativos "Soñadores" admitiría sin ninguna dificultad la versión teatral. Todo esto ya es sintomático: lo interesante no es sólo Mayo del 68 y los cambios que va a producir en la sociedad, lo importante está ocurriendo dentro de los individuos.

Theo e Isabelle llevan a Matthew a su casa, en pleno centro de París y lo presentan a sus padres: un burgués profesor universitario que practica la composición poética con varios libros publicados (Robin Renucci) y una amorosa madre (Anna Chancellor) que viven ignorantes de los perversos juegos erótico-amatorios practicados por sus amados hijos. Estamos, pues, ante una familia burguesa que desde supuestos meramente teóricos alimenta y justifica la protesta que se desarrolla en las calles. Los padres de los dos hermanos saldrán de viaje y la amplia casa parisina queda solo para ellos dos quienes invitan a Matthew a vivir en ella mientras los padres estén fuera.

"Soñadores", Bernardo Bertolucci
Matthew se siente atraído por Isabelle pero sus sentimientos son confusos pues descubre a los dos hermanos durmiendo desnudos sobre la cama de los padres. No dice nada pero su confusión crece cuando asiste y participa en los juegos eróticos que los siameses inventan. Todos tienen siempre por elemento central el cine del que los tres son grandes conocedores y consumidores. Deben adivinar por los gestos que hacen, las frases que dicen o las canciones que entonan la película en la que aparecen. Matthew es un campeón pero cuando una vez falla Theo le dice que la prenda que debe pagar es acostarse con Isabelle. Y a partir de aquí todo se complica en él, ella y el hermano. Hay erotismo en los desnudos que se muestran pero no hay pornografía alguna. La belleza de Isabelle ("Eva es una mujer tan bella que casi debería de estar prohibida", decía de esta joven de  23 años el propio Bertolucci en la promoción del film). Se muestra el disfrute del sexo, no su realización. Son tres jóvenes que se abren a la vida y como tales gozan de ella. Los tres personajes los representan actores muy jóvenes: Eva Green, 23 años; Michael Pitt, 22 años; y Louis Garrel, 20 años. La película es un gozo para los sentidos. Hay placer en la acción y también en la contemplación. Quedan en el aire, sobreentendidos o en duda razonable, las otras dos posibles relaciones dentro de este trio de seres encerrados en una casa: la homosexual latente y la incestuosa posible. Pero ninguna de ellas se explicita ni se muestra con claridad; quedan ahí, inmersas como bazas plausibles en la mente del espectador.

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Es esta película un homenaje al Cine con mayúsculas. Los personajes viven su realidad inmersos en la ficción del cinematógrafo que tanto aman. Hasta de 23 cintas son los pasajes utilizados en el film mezclados con la realidad situada en 1968. Todas ellas son grandes títulos clásicos: Johnny Guitar de  Nicholas Ray, Paisá de  Roberto Rosellini, Jules et Jim de François Truffaut, Top Hat de  Mark Sandrich, Persona de Ingmar Bergman, Rebelde sin causa de Nicholas Ray, etc., etc. Además de las escenas de cintas concretas, Bertolucci homenajea en este encierro dentro de una casa al Buñuel de "El ángel exterminador"; y a mi durante la proyeccion constantemente venia a mi cabeza la novela de Milán Kundera, "La insoportable levedad del ser"  e incluso por  aquello del trio amatorio con mayo del 68 al fondo la novela de Marcos Ordóñez, "Detrás del hielo".

En todas las referencias anteriores la política y la necesidad de salir de uno mismo, de no encerrarse en una inexistente realidad, en una ensoñación, es  asunto de primer orden. En "Soñadores" además se da una vuelta de tuerca al tema al presentar la dependencia, imposible de superar, entre estos dos hermanos siameses unidos para siempre incluso habiendo probado la posibilidad y la dulzura de salir de ella. La escena final que no voy a desvelar aquí es de un simbolismo estético y temático magníficos.

Así mismo en el film tiene la música una importante función. Los 60 supusieron la liberación de los jóvenes en muchos terrenos: el sexual, el patriarcal..., y esta libertad se cobijó en, y se alimentó de, la música. A esta música se rinde debido homenaje también en esta estupenda película de Bernardo Bertolucci. Os dejo aquí la BSO para que la disfrutéis debidamente


Para acabar
Sólo diré para acabar que el film surge de la adaptación cinematográfica de la novela del británico  Gilbert Adair, "The Holy Innocents". Adair es responsable de dicha adaptación al ser guionista de la pelicula. 

"Soñadores" fue en su momento una pelicula que levantó ampollas al ser  tildadas de excesivas y gratuitas algunas de sus escenas sexuales. Quizás por ello no obtuvo grandes galardones a pesar de haber sido nominada a algunos de ellos como el Goya a la mejor película europea en 2004 o el David de Donatello al Mejor montaje también en 2004. Pero en todos los festivales en los que se presentó fue aclamada por el público. Sin embargo su distribución e impacto mediático no fue muy grande en su momento. 

No sé si a otros les habrá ocurrido como a mí que la he visto quince años después de su estreno y por televisión. Afortunados ha habido que en mayo de este mismo año pudieron verla en sala, al menos en Madrid, al haber sido presentada en los cines Verdi el  17 de mayo en pase unico dentro de los denominados 'jueves imprescindibles'. El motivo de este pase fue la conmemoración del 50 aniversario del Mayo del 68 y haber sido presentada la película este mismo año en el Festival de Cine de San Sebastián dentro de la sección Zabaltegui - Perlas.

Si podéis no dejéis de verla. Buscadla por ahí. Es una auténtica joya, una delicia. Os lo aseguro.



26 jul 2018

"Puerto escondido" de María Oruña. Primero de los libros de esta serie

18 comentarios:
Muchas ganas tenía de echarle la vista encima y prestar la debida atención lectora a las novelas de María Oruña. Tras leer un sinfín de reseñas positivas de las mismas, decidí comenzar por la primera, "Puerto escondido", y desde ya digo que me ha parecido una lectura muy entretenida.

La escritora
María Oruña, Los libros del Puerto Escondido
(fotografía sacada del blog personal de la escritora)
María Oruña es una joven escritora nacida en Vigo en 1976. Según confiesa en su página web se inició en la literatura en 2015 con una novela, "El arquero", de temática jurídico-laboral, muy próxima a su  campo profesional: abogada laboralista y mercantil. Dos años más tarde aprovechando un cambio en su situación laboral escribe su primera novela, "Puerto escondido", que acabo de leer. Desde el primer momento esta novela recibe innumerables elogios por parte de la crítica especializada y de las RR SS. En seguida, "Puerto escondido" es vertida a otros idiomas (alemán, francés, catalán...).

Tras el enorme éxito que conoce esta novela negra María Oruña en sus dos novelas siguientes -"Un lugar a donde ir", 2017; y "Donde fuimos invencibles", 2018- retoma al personaje de Valentina Redondo y su equipo de investigación así como el escenario de Cantabria para construir nuevas historias de misterio e indagación policial con estos y otros personajes nuevos. Todas las entregas de esta serie denominada "Serie de los libros del Puerto Escondido" han sido recibidos con enorme éxito por parte de crítica y público hasta el punto de que María Oruña compatibiliza profesionalmente su profesión de abogada con la creación literaria.

La novela
"Puerto escondido" transcurre en diversas localidades cántabras: Santillana del Mar, Cóbreces, Comillas, Suances, Santander, la Tablía, Hinojedo, Astillero… Que una gallega de nacimiento y de residencia sitúe sus novelas en Cantabria se debe al enorme aprecio que la autora tiene por toda esa región de la que es natural su padre y a la que desde niña visita con frecuencia.  

La historia se inicia con el descubrimiento fortuito durante la remodelación de una casa de campo de los restos momificados de un bebé recién nacido. Estamos en 2013. El hallazgo de estos restos humanos remueve las conciencias y los recuerdos de no pocos habitantes de los lugares por donde transita la novela. Dichos recuerdos llevan a uno de ellos a escribir un diario -no queda muy claro si el diario se escribe en coincidencia con los hechos del pasado que allí se relatan o si, por el contrario, más que un relato es una especie de confesión de lo acaecido en ese pasado pero escrita desde el momento actual- que se alterna en la estructura de la novela con la trama de la investigación policial que lleva a cabo la Teniente Valentina Redondo y su equipo de la comisaría santanderina donde trabajan: el sargento Riveiro, el subteniente Sabadelle y los agentes Roberto Camargo, Marta Torres y Alfonso Zubizarreta. Estos seis personajes -sobre todo los tres primeros- serán los encargados de desentrañar la identidad del bebé emparedado hace más de cincuenta años en Villa Marina, una casona de Suances propiedad de Oliver Gordon a quien le ha llegado por herencia. También el equipo de la Teniente Redondo deberá aclarar el porqué de una serie de asesinatos, suicidios y atentados que suceden a partir del truculento descubrimiento del bebé momificado.

Serie Puerto escondido, Serie Valentina Redondo, Serie Oliver Gordon
La trama que se desarrolla en las 18 entregas que forman el Diario tiene otros personajes (la familia de los Fernández formada por Benigno que perdió a su esposa y a uno de sus hijos durante la guerra. Benigno se casará al acabar la contienda con Amparo con quien tendrá descendencia que vendrá a sumarse a la de su primer matrimonio del que le sobreviven David, Jana y Clara. Junto a estos personajes centrales muchos otros hay en esta trama cuyo narrador la presenta en primera persona dirigiéndose a un 'tú' innominado que bien podría referirse a alguien presente en el propio relato, quizás la propia teniente Redondo de la Guardia Civil, o, por qué no, al mismísimo lector. En un momento dado recurre a un impersonal vocablo que ha llamado mucho mi atención: “Dime, humano, ¿crees que sería el destino?” (pág. 290) 

Muchísimos son los nombres y filiaciones de estos personajes: doctor Carlos Viesgo; los Pereiro, marido y mujer, guardeses de la casona de los Ongayo y que vivían en Villa Marina; los Chacón que residían en la casa azul de Ubierco donde trabajó como criada la propia Jana Fernández; los amigos de David Fernández: Pedro Ballesta  y Braulio; la pareja de Oliver Gordon, Anna Nicholls; etc. Precisamente es este personaje, Oliver Gordon, la crujía sobre la que pivotan las dos tramas. 

Es, pues, como se ve, un número grande el de los seres que pululan por la novela. De ellos sólo algunos (Valentina Redondo, Riveiro, Sabadelle, Clara, Jana, la forense Clara Múgica...) están completamente diseñados en personalidad y desarrollo psicológico. Otros quedan a veces algo desdibujados y como algo traídos por los pelos: pienso, por ejemplo, en Marina de la Vereda Bárcena (espía francesa y cazanazis), amiga de Jana Ongayo; o en los actuales habitantes de la casa de los Chacon (Izan Saenz y su mujer Berta).

Me ha gustado mucho de esta novela el ritmo mantenido que María Oruña da a las dos historias. En especial me ha encantado el que los capítulos que cuentan la historia en el momento actual estén encabezados por citas muy diversas: de escritores e intelectuales como Ortega y Gasset, Pérez Galdós o Fernando Pessoa; de diálogos cinematográficos como el mantenido por Hanníbal Lecter y Clarice en la película "El silencio de los corderos" o el discurso pronunciado por Tyler Durden (personaje encarnado por Brad Pitt) en "El club de la lucha"; e incluso por personalidades pertenecientes a parcelas no artísticas y tan distantes entre sí como Albert Einstein o Chavela Vargas

mitología azteca, Casonas de indianos cántabras
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Pienso que las anteriores citaciones sirven para ligar en la mente de los lectores el relato de ficción que la novela es con la realidad, presente en forma de verdad científica, artística o meramente proverbio popular. Y por si esto fuera poco, la escritora en las secciones Agradecimientos y Curiosidades finales se esfuerza por aclarar la fuerte imbricación existente entre algunos de los sucesos novelados y la realidad en que ella se inspira. Todo esto nos recuerda que la imaginación de los escritores -escritora en esta ocasión- se nutre de todo lo vivido por éstos, bien en forma de suceso real vivido o escuchado, o en forma de conocimiento científico, literario, cinematográfico... aprendido. 

Quiero señalar tambiénlo interesantes que me parecen los títulos y referencias musicales que están esparcidos por la novela. Siendo esta introducción de elementos musicales dentro de la narración algo muy frecuente en la novelística actual, me parece un enorme acierto por parte de la autora no pretender hacer una BSO de la novela sino simplemente usar estos temas como un elemento más para construir la psicología del personaje. Así, la Sra Ongayo escucha a Carla Bruni (“Quelqu’un m’a dit"); la Tte. Redondo en su coche oye “Black to black” de Amy Winehouse o “No importa que llueva” de Efecto Pasillo; y otros momentos narrativos se encuadran bajo los primeros acordes de “Carmina Burana" o escuchando alegres temas como “Over my shoulder” de Mike & The Mechanics o el "Demons" de Imagine Dragons.


Otros aspectos que querría destacar en el relato son: 
  • El sentido del humor que la autora demuestra introduciendo en no pocas ocasiones ese beneficioso distanciamiento que el ingenio y la ironía procuran. En especial esta sana separación intelectual la practica Oliver Gordon quizás por sus raíces inglesas y en algunos  momentos aunque como arma de doble filo por la teniente Redondo en su no siempre amable relación con el machista del subteniente Sabadelle. 
  • El color local que tanto contribuye, al menos en mí, a hacer la lectura agradable. Las zonas de Cantabria que en el momento de 2013 o en el pasado de los años cuarenta y cincuenta soportan las correrías de los diversos personajes están magníficamente descritas y presentadas. Este color local se patentiza en multitud de ocasiones. Un ejemplo: 
"Riveiro ya empezaba a necesitar, con urgencia, una dosis de cafeína. […] Había tomado como provisión un café con leche caliente para llevar y un par de sobaos que su mujer compraba siempre en Casa Borona, en Torrelavega." (pág. 117)
  • Elementos de la cultura popular especialmente del mundo del cine utilizados como referentes en imágenes y símiles. Así Oliver Gordon es a ojos de Valentina Redondo "un Richard Gere uniformado en 'Oficial y Caballero’" (pág. 21). Y otras veces en las citas que preceden a no pocos de los capítulos. Son muchas pero ejemplificaré con una que me ha gustado especialmente:
"No debes descubrir el pastel, amigo mío... hazte pequeño. Debes ser el paleto. El tullido. El tarado. El leproso. El bicho raro. Mírame... a mí me has subestimado desde el primer momento.
Al Pacino interpretando al Diablo, 
dirigiéndose al jefe de un bufete de abogados.
(Pactar con el Diablo, 1997)
  • Interesantísimas técnicas criminalísticas son las que se citan y usan en el relato para desentrañar las misteriosas muertes que suceden en esta novela más detectivesca y gótica que negra. Así se habla de la prueba Walker utilizada para detectar si un arma ha sido disparada y por quién ("Se hace para detectar la cantidad […] de nitritos alrededor del orificio de entrada del proyectil y en la ropa de la víctima.[…] cada vez que se dispara un arma de fuego se desprende nitrito de potasio"); o de las peculiaridades que presenta el lóbulo frontal del cerebro de los psicópatas ("En ese lóbulo se registran las inhibiciones y represiones que a todos, en general, nos impiden matar y cometer actos violentos […] Los psicópatas tienen la materia gris más reducida en el córtex anterior prefrontal del cerebro."); o cómo el cuerpo de un recién nacido carece de flora intestinal ("los cuerpos de los recién nacidos son una de las pocas excepciones al proceso normal de descomposición. Carecen de flora bacteriana interna, que es lo que genera gran parte del proceso de putrefacción"): o...

Para finalizar
Yo de esta novela de María Oruña que inicia la serie de Los Libros del Puerto Escondido, como se habrá visto, sólo puedo decir bondades. Inicié su lectura poco antes de un largo viaje con la idea de aparcarla durante el transcurso del mismo, pero fue tal la atracción que ejerció sobre mí que me fue imposible detenerla, de modo que el libro me acompañó durante las tediosas horas de viaje en avión y en autobús. Jamás agradeceré bastante a la escritora gallega la ayuda que su novela me proporcionó pues lo que habrían sido horas muertas y perdidas se me transformaron gracias a ella en deliciosos  momentos siguiendo las evoluciones de Valentina Redondo y demás personajes. 


13 jul 2018

"¡Absalón, Absalón!", la novela más faulkneriana de William Faulkner

30 comentarios:
"Quintín oía sin escuchar a medida que recorría con los ojos la borrosa escritura delicada que no parecía un trazo impreso en el papel por la mano de un ser vivo, sino una sombra proyectada sobre el pliego y fijada en él un instante antes de que el lector lo mirase y que podría desvanecerse, borrarse en cualquier momento, mientras los ojos lo recorrían: la lengua muerta hablaba después de cuatro años y repetía las mismas palabras después de cincuenta más, suave, sarcástica, irónica e irremediablemente pesimista, sin fecha, encabezamiento ni firma: Advertirás que no injurio a ninguno de nosotros diciendo que ésta es la voz de los vencidos; mucho menos, de los muertos."


Territorios míticos, "¡Absalón, Absalón!"
Acabo de finalizar la lectura de la novela que el escritor sureño de New Albany (Misisipi) publicó en 1936, cuando contaba 39 años de edad y había dado a la luz hasta ese momento ocho títulos entre los que se cuentan los que más influencia han tenido en la literatura posterior. Concretamente "¡Absalón, Absalón!" es el cuarto título de los seis o siete que en opinión de muchos de sus estudiosos -el más conocido de todos ellos, por mediático, fue Harold Bloom- conforman el denominado 'universo Faulkner', esa sucesión de hallazgos literarios, de estilística narratológica, de  mundo literario propio y personalísimo, que hicieron que tras esos libros la escritura literaria no fuese igual que lo había sido hasta entonces. Los siete títulos a los que me refiero vieron la luz entre 1929 y 1939-40: "El ruido y la furia" (1929), "Mientras agonizo" (1930), "Santuario" (1931), "Luz de agosto" (1932), "¡Absalón, Absalón!" (1936), "Las palmeras salvajes" (1939) y "El villorrio" (inicios de 1940). Personalmente sólo me resta por leer "Las palmeras salvajes"; los otros seis los he leído a lo largo de mis años siempre con gusto y sorpresa.  


William Faulkner, a los aficionados a la buena literatura, nunca cansa; aunque también es cierto que no todos sus libros tienen el mismo nivel de dificultad. Al respecto he de decir que éste que acabo de concluir, "¡Absalón, Absalón!", me ha parecido de los más dificultosos. Los motivos derivan de la propia novela -el mismo autor durante la escritura de la misma confesaba a su editor: «Es una historia torturada y una tortura escribirla»- pero también de la necesidad de contar con buenas traducciones y la que yo he tenido entre mis manos, en mi opinión, dejaba mucho que desear en ocasiones. ¿De verdad dejaba mucho que desear o es que Faulkner es así: enrevesadamente lioso? Sinceramente pienso que las dos cosas influyen.

La traducción
Mis experiencias con grandes obras de literatura universal en traducciones deficientes han sido importantes. La primera y más grave que recuerdo me sucedió con el "Ulises" de James Joyce en la edición que la sudamericana editorial Rueda ponía al alcance de los adelgazados bolsillos de los estudiantes.  Firmaba la traducción J. Salas Subirat y en verdad en verdad que por su culpa y seguramente también por mi impericia lectora ha sido uno de los pocos libros que he abandonado y que nunca he podido leer de seguido sino a saltos y buscando aquellos fragmentos que me interesaban. En "¡Absalón, Absalón!" he seguido la traducción que la argentina Beatriz Florencia Nelson hiciera en 1950, sólo un año después de que el novelista fuese distinguido con el Premio Nobel, y que sin cambio alguno -o muy pocos, seguramente- se ha ido repitiendo sin revisión alguna año  tras año. Por curiosidad, al finalizar la lectura en la edición de 'Alianza editorial' que he usado me pasé por la Biblioteca a fin de consultar la que hizo Miguel Martínez-Lage para 'La Otra Orilla' con prólogo de Antonio Muñoz Molina. ¡Buff, en efecto hay diferencias sustanciales! La de Martínez-Lage es, dentro de la dificultad inherente a Faulkner, inteligible. En mi opinión es la edición más recomendable. Además cuenta en portada con la reproducción del famoso mapa del condado de Yoknapatawpha que el escritor incluyó en esta novela y que sirve para ubicar debidamente los movimientos de los personajes de ésta y otras novelas que conforman este universo Faulkner.


La novela
Sinopsis (proporcionado por la propia editorial)
Quentin Compson ­vástago del linaje cuya ruina se describe en «El ruido y la furia»­ recrea, con la ayuda de Shreve, su compañero de habitación de Harvard, los obstinados esfuerzos de Thomas Sutpen para regir una gran plantación y fundar una dinastía. Ambientada en un imaginario condado sureño en la época de la Guerra de Secesión, "¡Absalom, Absalom!" cuenta, desde las perspectiva de cuatro narradores, la historia trágica de la familia Sutpen, desde su génesis hasta su destrucción. La destrucción y el fracaso son la conclusión final de una historia de violencia, orgullo, incesto y crimen.


Faulkner, como ya he señalado anteriormente, era consciente de la gran dificultad de escritura e intelección de la novela que estaba escribiendo. Es por ello que al finalizar la laberíntica historia temporal que es "¡Absalón, Absalón!" incluyó una 'Cronología' y una 'Genealogía' de los personajes actuantes en la misma. Gracias a estos añadidos se puede seguir el desarrollo de la trama con una cierta mayor facilidad. 

Faulkner, Premio Nobel de Literatura 1949
A la hora de analizar esta novela no me voy a detener mucho en la enumeración y explicación de los recursos estilísticos que conforman el estilo Faulkner. Para ello os remito a las dos reseñas que hace uno y dos años respectivamente hice de dos de esas siete magníficas novelas a las que he aludido al inicio. Concretamente son los posts que dediqué en 2017 a "Luz de agosto" [leer reseña aquí] y un año antes a "Mientras agonizo" [leer reseña aquí].

Sí quisiera comentar algunos aspectos que han llamado poderosamente mi atención en esta novela. El primero es la construcción que el novelista hace de una historia con ribetes míticos, una historia que como la mayoría de las suyas sitúa en el Sur de los Estados Unidos ("— El Sur -dijo Shreve-; el Sur. ¡Jesús! No me admira que os sobreviváis a vosotros mismos años y años"), en ese territorio inventado del que se declara único dueño y propietario, el Condado de Yoknapatawpha, cuya extensión, lindes, poblaciones y moradores principales de las mismas señala en el mapa explicativo que hizo acompañar a la novela.


En concreto, la historia que la anciana Rosa Coldfield le está relatando a Quentin Compson en 1909 sucedió tiempo atrás, en los años anteriores y posteriores a la guerra de Secesión americana (1861-1865) que dio al traste con la cultura y la manera de entender el mundo que tenían los once estados confederados de los que formaba parte el de Misisipi donde se sitúa el Condado ficticio de Yoknapatawpha, trasunto del muy real de Lafayette donde el autor se crio. La familia Sutpen se inspira, al decir de muchos, en la propia familia del escritor.


Todo en esta novela es de altura épica. Desde el propio título sacado de una cita bíblica (2º libro de Samuel, versículos 19:5) en la que se refiere a Absalón, hijo del rey David que se rebeló contra su padre. El mismísimo Faulkner en carta dirigida a su editor en agosto de 1934 le decía a propósito de la novela que estaba escribiendo: «… Tengo un título para ella que me gusta, dicho sea de paso, ¡Absalón, Absalón!: La historia de un hombre que quiso tener un hijo a fuerza de orgullo, que tuvo demasiados, y al que sus hijos destruyeron». También los nombres de algunos personajes como Clite (Clitemnestra) o las alusiones a otros en esas descripciones tan características del escritor ("un aire de Casandra, sin alegría, severa y profundamente profético, totalmente desproporcionado a la edad de aquella misma niña que nunca había sido joven", escribe refiriéndose a Rosa Coldfield ). Si ya estos dos nombres orientan al lector hacia un crimen que se cometerá de modo inexorable, es especialmente de un majestuoso nivel épico el esquema narrativo elegido: un relato a cuatro voces en el que el tiempo cronológico lineal y sucesivo desaparece prácticamente moviéndose al ritmo del recuerdo de lo escuchado y de lo supuesto e imaginado. Y es que los narradores:  Rosa Coldfield, Shreve, Quentin Compson y el padre de este último no conocen la historia en su integridad sino que cada uno por haberla vivido (Rosa), o haberla escuchado de un narrador testigo (los Compson, padre e hijo) o tras escuchar el relato haberla completado (Quentin Compson y Shreve) la construyen cual si de un puzle incompleto se tratara, cada uno desde su rincón y conocimiento (multiperspectivismo).

Añade grados de leyenda épica saber que el padre de Quentin Compson le cuenta a su hijo la historia que conoció de labios de su propio padre, el general Compson, abuelo de Quentin y compañero de armas del Coronel Sartoris. Una historia, pues, transida de oralidad, que llega desde el pasado hasta el momento actual de 1909 a través de primeros y segundos narradores que con sus palabras o la propia escritura quieren salvar del olvido aquello que ocurrió y es merecedor de saberse. En definitiva, una defensa cerrada de la importancia de la narratividad
"Pasa el tiempo, llueve y brilla el sol y llega un día en que nadie recuerda el nombre y lo que dicen esas letras nada importa ya. Quizás por eso, si uno puede dirigirse a alguno, cuanto más extraño mejor, y darle algo, lo que sea: un pliego de papel o cualquier otra cosa que nada signifique por sí misma, aunque ellos no lo lean ni lo guarden, ni se preocupen siquiera por destruirlo o arrojarlo, ya es algo porque ha sucedido y puede ser recordado, pasando de una mano a otra, de una inteligencia a otra" (pág. 113)
La altura épica del relato crece con la laberíntica estructura temporal del relato que sigue el hilo de la conversación o del recuerdo, en lugar de la linealidad de la narración tradicional. En este sentido han llamado poderosísimamente mi atención los anuncios o veladas referencias (flash forward) a sucesos que vendrán o a objetos y personajes que aparecerán. Con este manejo del tiempo son normales las referencias, siquiera de pasada, a algunos personajes aparecidos en otras novelas del escritor que aquí son actores muy secundarios pero que habitan y contribuyen a la existencia de ese espacio mítico que es el condado de Yoknapatawpha del que el escritor es el único y exclusivo propietario. Un ejemplo es el del juez Benbow de la novela "Santuario" citado al hilo de una de las muchas conjeturas que alguno de los narradores o narratarios lanza; también podría decirse otro tanto de esos dos militares, el general Compson y el Coronel Sartoris, que habitan con papel protagonista en otros relatos del autor sureño.

Lo mítico, lo legendario, lo fabuloso envuelve toda la tragedia que se cierne sobre ese Sur donde nació el escritor y donde transcurre la peripecia de la estirpe Sutpen. Una estirpe cuyo final premonitoriamente se anticipa, se avanza, se imagina, desde las páginas iniciales del relato: 
"Aquella mañana dominical de junio de 1833 en que, [Thomas Sutpen] saliendo de un pasado incógnito, penetró a caballo en la ciudad y adquirió aquella propiedad -nadie supo cómo- y construyó su casa, su mansión, sacándola al parecer de la nada, y se casó con Elena Coldfield y engendró a sus dos hijos (el hijo que dejó viuda a su hermana, sin haberse desposado) y prosiguió así su camino hasta llegar a un violento (y justo, como hubiese dicho sin duda la señorita Coldfield) final." (pág. 6)
En este párrafo se puede ver el origen fabuloso del personaje que surge de lo desconocido, su esfuerzo épico patente en la construcción de una mansión sacada de la nada, y la tragedia inevitable -¡y justa!- que se anuncia ya desde el inicio: el posible incesto perceptible en esa hermana que queda viuda por culpa de su hermano sin siquiera haberse casado y la muerte violenta del patriarca. Todo, pues, ya está aquí. Al lector sólo le queda atender a cómo se desarrollaron los hechos. Y este desarrollo es lo que le van a dar, cada uno desde su incompleto conocimiento, los cuatro narradores.

Abolición de la esclavitud, sudistas, confederados, Realismo Mágico

Junto a todo esto y muy en consonancia con el Sur donde se localiza la historia está la importancia que tiene en la historia la raza negra. La negritud, la posible sangre de negro que circule por las venas aunque sea en cantidad ínfima, si tal hecho se da o es plausible, contamina en el imaginario sudista la vida del blanco, del amo, del dueño de la Hacienda y es capaz por sí solo de desatar la tragedia. De ahí el interés máximo por garantizar la limpieza de sangre buscando tener un hijo con quien no esté manchado en absoluto. Elena Coldfield es garantía de esto pero el origen nebuloso de Thomas Sutpen siempre nos dejará en la duda.

Por otra parte la fuerza del sexo, la imposibilidad de escapar al mismo, es elemento importantísimo en esta historia. Un sexo que no se para en barras y que se practica con seres de la raza que sea sin pararse a pensar en consecuencias como las que más arriba he señalado. Un sexo impulsivo, de puro instinto, irracional, animal... Y cuando en esta pulsión sexual se abre paso el amor, el desastre puede aún ser mayor pues en este caso ya nada importa y hasta las leyes más sagradas pueden estar en serio peligro (incesto, homofilia, mestizaje, etc.). 

Y como siempre en Faulkner ese Sur opresivo se manifiesta a través del calor, un calor que anula el entendimiento y que puede propiciar las mayores tragedias. Un calor meridional, húmedo, que favorece la inactividad de algunos -la ciudadanía de Jefferson, la ciudad central de la zona- cuya principal ocupación, cual si de un coro de tragedia griega se tratase, es observar, enjuiciar y comentar lo que otros hacen:
"Ahora fueron las mujeres quienes sospecharon lo que quería y cuál sería su próxima decisión. Ni uno solo de los hombres, ni siquiera los que lo llamaban por su nombre, sospecharon que deseaba una esposa" (pág. 33) 
"Sólo sé que toda la ciudad, los hombres que se hallaban en la galería de la posada de Holston, vieron a Sutpen y a la comisión cabalgar hasta la plaza" (pág. 38)
Y naturalmente no se puede dejar de lado ese doble universo que constituyen hombres y mujeres cada uno por su lado. Las mujeres en este sur machista y desconsiderado con ellas aparecen como anticipadoras de lo por venir, dotadas de una intuición mágica y creadora. Los hombres por su lado son los instrumentos de la transformación. Sus arrebatos o impulsos propician desgracias pero también sirven para gestar vida en ellas. Ellas se sienten como meros objetos pero en Faulkner son quienes con paciencia y laboriosidad saben esperar su momento o servirse de otros para la venganza. Muchos son los personajes femeninos que pululan por esta historia: las dos hermanas Coldfield (Rosa y Elena), Clite, Judit Sutpen, Emilia Jones, la haitiana madre de Carlos Bon, la cuarterona con la que Sutpen lo tuvo, etc.

Por último quisiera destacar lo claramente que se percibe en esta novela lo que luego sería marca distintiva del llamado boom de la novela sudamericana de los años 60 del siglo pasado. Me refiero al realismo mágico, a esa atmósfera que el autor logra crear introduciendo en la historia lo fantástico, lo fabuloso, la falta de certidumbre, la duda..., elementos que favorecen que la narración ingrese en el terreno de lo incierto, en esa nebulosa en que aquello podría haber sido pero parece en parte imposible que así se diera. Esto es para mí de lo mejor que tiene esta novela
"Era aquel un estío de glicinas. Su aroma impregnaba la media luz crepuscular, junto con el del cigarro que fumaba su padre mientras ambos, terminada ya la cena, esperaban sentados en la galería a que llegase el momento de la partida de Quentin; allá abajo, en la extensa y rústica pradera, las luciérnagas erraban suavemente de un lado a otro: el olor, el vaho que, cinco meses más tarde, llevaría la carta del señor Compson desde el Misisipí, por encima de la interminable nieve férrea de Nueva Inglaterra, hasta el gabinete de Quentin, allá en Harvard. Era también un día de escuchar..., de oír, en 1909, todo aquello que ya sabía, puesto que había nacido en medio de ello y respiraba el mismo aire que había hecho vibrar las campanas de la iglesia aquella mañana de domingo, en 1833," […] (pág. 25)
Para finalizar
Es una realidad la de "¡Absalón, Absalón!" que se diría irreal, imposible, desaparecida por completo. Una realidad idéntica a la del propio relato que nos intentan contar esos cuatro narradores que no tienen certezas absolutas, que suponen, que piensan hacia dentro de sí mismos en monólogos interiores que se superponen y se mezclan con aquello que están diciendo o escuchando. Unas historias confusas porque la misma realidad que intentan reflejar también lo es: una guerra de liberación de la negritud que dará como resultado unos estados sudistas vencidos en los que negros descalzos son libres a partir de ahora pero sin serlo en absoluto y con unos blancos -esta estirpe de los Sutpen, por ejemplo- que abomina de aquello con lo que ha estado en contacto íntimo y de quien, quizás (la gran palabra de esta novela), proceden. 


Datos del libro
Autora: WILLIAM FAULKNER
Título: “¡Absalón, Absalón!”
Nº de páginas: 518 páginas.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: Verticales De Bolsillo (8 de junio de 2011)
Lengua: CASTELLANO
ISBN-13: 978-8492781201
Precio:
En papel: 11,40€
Ebook: 9€