28 mar. 2014

"EL BAILE" de Edgar Neville

La figura de Edgar Neville Romrée siempre ha ejercido sobre mí una gran atracción. Me atraían de él muchas cosas. La primera, el exotismo de su nombre; la segunda, que en pleno años 30 hubiese trabajado en la industria del cine hollywoodense; y la fundamental, que sobre su obra literaria se pasase con gran rapidez en los temarios escolares, eso sí tras decir a vuela pluma que sus obras tenían dentro del teatro que triunfaba en la posguerra española una cierta calidad. Las dos primeras curiosidades se pueden satisfacer buscando información por aquí y por allá sobre la que se ha dado en llamar la otra generación del 27; la tercera, acudiendo a ver alguna de sus obras.[vid. NOTA infra]

*  Del exotismo de su nombre y apellidos tienen la culpa, naturalmente, su padre Edgar Neville Riddlesdale, ingeniero inglés destacado en España por una empresa de motores de su país para la que trabajaba, y su madre, María Romrée y Palacios que ostentaba el título, que luego heredaría él, de Condesa de Berlanga de Duero.

Charlot, Chaplin, Charles Chaplin
Neville con Chaplin en Hollywood (tomado de
 http://www.grancanariaweb.com/cine/edgar/entrevista.htm)
* Su relación con Hollywood surge a raíz de su destino el año 1929 como diplomático en la ciudad de Los Ángeles (USA). Allí, en Hollywood, participa como actor de reparto en la película de Chaplin "Luces de la ciudad". Será Charles Chaplin quien lo introducirá en este mundo del cine donde conocerá a actores y actrices como Carole Lombart, y a magnates como William Randolph Hearst.

* De vuelta en España Edgar Neville se relaciona con intelectuales de la época como Gómez de la Serna a cuya tertulia de Pombo asistía con regularidad, con García Lorca y Manuel de Falla en Granada y, tras casarse y establecerse en Madrid, hará amistad con Salvador Dalí y los poetas José María Hinojosa, Manuel Altolaguirre o Emilio Prados.

Película "El baile" dirigida por Edgar Neville
Cartel de la película
Sólo me faltaba, pues, asistir a  la representación de alguna de sus obras. Y tuve ocasión de hacerlo el martes pasado viendo en el Teatro Fernán Gómez de Madrid la que es considerada su mejor creación teatral, "El baile".  La obra de Neville tuvo una excelente acogida desde su estreno en 1952 manteniéndose durante 7 años en cartel; en 1959 fue llevada a la pantalla con el mismo título y guión adaptado por el mismo dramaturgo, que además la dirigió. Dentro del cine de la época franquista el film constituyó un éxito sin precedentes.

"El baile"
Voy a dedicarle unas líneas a la obra teatral. Como cualquiera de las funciones que se hacían -y eran permitidas por la censura- en la época, no hay por ninguna parte elementos de crítica social o alusión política alguna. Estamos en la denominada Alta Comedia o teatro de evasión destinado a una burguesía a la que se le presenta un asunto ameno -en este caso la amistad entre tres amigos-  que, en principio, no buscaría ir más allá. Sin embargo Neville consigue remover un poquito la pacata moralidad de la época -moralidad hipócrita de gran parte de ese público burgués que aplaudía su comedia- al presentar, bajo la forma inocente de la amistad, un asunto no tan inocente: un triángulo amoroso. Naturalmente -¡estamos en los años cincuenta y en España!- amor sin sexo o al menos con sexo sólo para dos, los que están religiosamente casados. Este planteamiento hoy no parece muy verosímil en cuanto a la relación de los dos hombres (Pedro y Julián) con la mujer amada por ambos (Adela); al menos mientras ella está en el mundo -los dos primeros actos- porque cuando ya ha desaparecido sí que su recuerdo y el amor sentido hacia ella pueden hacer entender el incremento de la amistad entre los varones.

Cartel anunciador utilizado en Sevilla
Pienso que las buenas obras de teatro -y ésta yo creo que con sus peculiaridades lo es-  admiten diversas interpretaciones según la época en que suban a las tablas. Si en los cincuenta la obra pudo venderse como un idílico canto a la amistad entre seres humanos, hoy para mí -¡así la he visto yo!- la obra habla de una relación amorosa, plena, a tres bandas que sus protagonistas deben ocultar a los demás; de ahí la renuencia que tienen de salir afuera, de ir a ese baile al que Adela, el personaje más libre de la comedia, quiere llevarlos para así ella mostrarse y lucirse ante los demás, para sentirse deseada por otros que no sean los dos de siempre; y al que Pedro y Julián, temerosos de su anómalo pero sincerísimo proceder, no quieren ir los tres juntos, no quieren que los demás vean -y enjuicien- su opción de vida en común a tres bandas que a buen seguro todos criticarán. En definitiva, no quieren salir del armario, de su armario particular.

Así he visto yo la obra y pienso que Edgar Neville, hombre de mundo, muy viajado, que se separó de su mujer aprovechando los vientos de libertad de la República y vivió el resto de su vida, sin casarse, con la actriz Conchita Montes que protagonizaría muchas de sus obras de teatro y de sus películas, quiso poner ante los ojos de esa burguesía que noche tras noche llenaba el patio de butacas que amar a dos seres a la vez es una hermosa posibilidad, pero que la sociedad hierática de la que formaban parte exigía que esa hermosura se ocultase tras el telón de la apariencia hipócrita de la España, andrajosa en todos los sentidos, que se había creado tras la victoria del franquismo.

La reposición actual ha sido dirigida por Luis Olmos e inició su andadura teatral hace ya dos años en Logroño para luego pasar al Teatro Lope de Vega de Sevilla y finalmente, tras ser representada en otras ciudades, recalar en el Centro Cultural de la Villa (Teatro Fernán Gómez) de Madrid donde estará hasta el próximo 4 de mayo. La versión ha sido realizada por Bernardo Sánchez; y es versión porque los tiempos originales marcados por Neville para cada uno de los tres actos -1900 / 1925 / 1950- se han mutado a años cincuenta / finales de los setenta / principios del siglo XXI, en un intento válido, y que da pie a mi interpretación anterior, de adecuación a los tiempos.

"El baile" de Edgar Neville
Cartel anunciador utilizado en Madrid
Los actores son Pepe Viyuela (Julián), Susana Hernández (Adela / Adelita, nieta de Adela) y Carles Moreu (Pedro, marido de Adela). Los tres están fantásticos y gracias a su buen hacer el espectáculo logra mantener atento al espectador durante los 90 minutos que dura la representación. Por poner un pero (siempre hay que poner alguno al exponer una opinión) Susana Hernández es quien tiene más dificultades para mostrar con su físico el discurrir temporal que, en su caso,  no sólo viene representado por los tres momentos en que se sitúa cada uno de los tres actos sino además por su conversión en nieta de sí misma ¡y con 18 añitos! La verdad es que el reto es muy difícil de superar. Los actores masculinos salvan el lapso temporal de casi cincuenta años con escasas dificultades.

El texto al insistir excesivamente en la anécdota de la amistad -y la envidia- que Julián siente hacia su amigo Pedro llega a hacerse algo pesado por reiterativo, aunque, eso sí, algunos gags humorísticos relajan y animan a seguir en el teatro. Hay algo de muy manido en el choque hombres aburridos (se dedican a la entomología y sus alegrías vienen dadas por descubrimientos de insectos con denominaciones absurdas -Neville está muy próximo al teatro del absurdo de un Mihura o de un Jardiel Poncela-: mosca azul del Congo, escarabajo con pintas de Egipto...) frente a mujer divertida pero intrascendente (quiere viajar, seducir hombres sin pasar a mayores, lucir joyas y vestiditos...). En cuanto a la puesta en escena, su simplicidad sólo se explica por el deseo de abaratar costes de producción y ganar tiempo y espacio en los traslados de una ciudad a otra de la compañía. Desde el punto de visto teatral, en mi opinión, peca de pobreza salvo el segundo acto, quizás, desarrollado en un gabinete de investigación o algo así; sin embargo el acto tercero cae en patetismo escenográfico al presentar un escenario desvalido (Residencia de ancianos) por el que los intérpretes se mueven en sillas de ruedas.
"El baile" de Edgar Neville
Escenas correspondientes a cada uno de los tres actos 
Con todo una obra que puede verse sobre todo si se trata de llenar -como era mi caso- algún huequito personal de la historia teatral española del siglo XX. El día que asistí había en el teatro grupos de escolares; sin duda es una comedia que se presta para explicar el teatro de posguerra que triunfaba en España durante la década de los cincuenta habida cuenta del ostracismo al que el Régimen tenía condenados a los autores más interesantes de preguerra (García Lorca, Rafael Alberti de la Generación del 27 o el renovador Valle Inclán de la Generación del 98).
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NOTA: En mi curiosidad por Neville sin duda mi padre (q.e.p,d.) tiene mucho que ver. Desde bien chico recuerdo la presencia en casa de ejemplares de la revista "La Codorniz", heredera de la "La ametralladora" creada durante la guerra en el bando franquista. El humor vanguardista, audaz e inteligente ("La revista más audaz para el lector más inteligente", rezaba su lema) que era derramado a espuertas en ella por los que la hacían (Tono, Mihura, Jardiel, Alvaro de Laiglesia, Gómez de la Serna, el mismo Neville...) siempre le atrajo y logró contagiárnoslo a todos sus hijos. Era rara la semana en que o bien él o alguno de mis dos hermanos mayores no la compraban.

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