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25 oct 2023

Presentación del Decamerón del siglo XXI en Café Comercial (Madrid)

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El lunes 27 de noviembre algunos de los miembros del Colectivo Literario Bremen presentaremos la colección de relatos Decamerón del siglo XXI en el Café Comercial de Madrid. El evento entra a formar parte de la actividad Lunes Literarios que Café Comercial realiza de manera habitual dicho día de la semana a las 19 horas. El escritor Rafael Soler, alma de estos Lunes Literarios, será quien abrirá el acto dando a continuación la palabra a los miembros del Colectivo Literario Bremen que hablarán de dicha formación: sus actividades, publicaciones y en especial de este Decamerón del siglo XXI

¡¡Nos vemos el lunes 27 de noviembre a las 19:00 horas en Café Comercial!!

21 oct 2023

Antonio Orejudo: Un momento de descanso

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✔«Cifuentes admiraba a aquellos físicos y neurobiólogos aficionados a la literatura y capaces de mantener una conversación de cierta profundidad sobre (pongamos por caso) los fundamentos del arte contemporáneo. ¿Qué colega suyo en el Departamento de Spanish podía decir siquiera cuáles eran los principios generales de la física cuántica?
✔«Al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis. Entendí que era más razonable —y también más exacto— considerar que la imaginación es un sexto sentido, tan fidedigno o engañoso como los demás.»

Antonio Orejudo, Un momento de descanso
Sinopsis
(proporcionada por la propia editorial)
Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

Un momento de descanso se estructura en tres partes. Primera, 'Aparece un fantasma', relata el encuentro de Antonio Orejudo con Arturo Cifuentes y la puesta al día de la vida de éste durante los 17 años que estuvieron separados. El propio Arturo le ha buscado porque desea que Orejudo escriba una novela denunciando la impostura del que fuera su benefactor, Augusto DesmoinesSegunda, 'El nacimiento de un escritor', cuenta la vida de Orejudo en USA: Cómo nace su estilo literario mezcla de realidad e imaginación desbordante colocados ambos en el mismo nivel, lo que provoca el descontrol en el lector que quiere deslindar siempre lo sucedido real de lo sucedido imaginado. Antonio Orejudo confiesa que así, con esta técnica de escritura, es con la que escribió sus tres obras anteriores, en especial la primera, Fabulosas narraciones por historias, gestada en USA, y también las dos siguientes. Tercera, 'La felicidad', momento en que la trama da un giro de 180º: los propósitos iniciales de Arturo Cifuentes van a difuminarse y las seguridades del propio Orejudo se tambalean al ver que las versiones sobre lo mismo de unos y de otros difieren mucho, radicalmente en ocasiones. Con todo y con ello al finalizar la novela encontramos que la ahora nonata novela, antes deseada,  sin embargo acabamos de tenerla en nuestras manos. 

Antonio Orejudo, que es profesor titular de Literatura española en la universidad de Almería y que pasó siete años en  distintas universidades estadounidenses, tira de su experiencia americana y española para confeccionar un relato en el que la realidad compite con la ficción rompiendo fronteras. Cuando la realidad no es suficiente la ficción acude para llenar ese vacío. En definitiva esto es la novela que tenemos en nuestras manos, una habilidosa y bien lograda mezcla realidad-ficción que alcanza una simbiosis tal, que se hace difícil si no imposible separar ambas dimensiones. Este es en definitiva y por lo que llevo leído de Antonio Orejudo la principal seña de identidad de su estilo, de su manera de escribir.
 
Leyendo Un momento de descanso observamos cómo la integridad de la persona como valor supremo de comportamiento se tambalea y se relativiza enfrentado con el día a día del mundo. Da la impresión de que todo se quiebra, se fragiliza y que aspectos aparentemente tan insustanciales como la denominada democratización del lenguaje están, o pueden estar, en la base de la demolición de los valores supremos. Y a todo esto, viene a preguntarse el autor convertido en personaje de su propia novela, ¿existen valores supremos? Vivimos en un mundo en el que no existe seguridad alguna ante nada. Antonio Orejudo presenta estas cuestiones tan profundas y serias envueltas en un atadillo de humor que hace de la lectura de su novela un más que agradable pasatiempo. Pasatiempo que desde luego no equivale a pérdida de tiempo dado que hay mucha sustancia en todo lo que aquí él escribe. El contexto -de la importancia del contexto se habla mucho y con acierto en la novela- es la vida universitaria, en especial la universidad española y también, aunque en menor medida, la americana.
«¿Nunca se ha parado a pensar por qué apenas se han escrito novelas de campus en español? Yo se lo voy a decir: [...] Una novela realista, cualquier libro sobre la universidad española, aunque sea un libro de investigación como el suyo, está condenado a convertirse en una astracanada. Los que no conocen el mundillo académico pensarán además que es inverosímil. Haga la prueba.»
En el fondo esto es lo que el propio Antonio Orejudo está realizando y poniendo en nuestras manos, una novela realista sobre la universidad española. Pese a la enorme seriedad del asunto que se trata, en esta narración, como ya he dicho, hay humor, mucho humor. Es un humor inteligente, irónico, paródico, que esconde una carga crítica de gran profundidad, pero que es muy deseable. Ejemplos los encontramos a mares en Un momento de descanso: la crítica a la alta cocina; crítica al victimismo (negros, mujeres, homosexuales...); al mundo universitario español: enchufismo (oposiciones dadas, etc.), envidias entre colegas...; al sistema escolar americano: el niño Edgar sin aptitudes para la danza es animado por su profesora para participar en un concurso televisivo enfrentándose al padre, Arturo Cifuentes...

Pero en esta novela no sólo hay trama, asunto, relato. También es muy importante el estilo que muestra su autor. Muchas son las características del mismo que han llamado mi atención, por ejemplo la  innovación en la introducción del diálogo en estilo directo eliminando los signos de puntuación, pero manteniendo los verbos que lo introducen «Dice» - «digo»; también la conversión, sin previo aviso, de la narración novelística en un musical cinematográfico o en un collage de géneros; igual que la mucha metaliteratura y también autobiografismo que como todo en esta novela lindan con la autoficción («Yo, un tema que me sabía de memoria y recitaba de corrido. Yo, un tema que cada vez me aburría más.»), tendencia con la que el autor ironiza hasta el extremo de que en la narración quienes más insisten en su expulsión de la institución americana en la que él disfrutaba de una beca de profesor asociado son precisamente 
«Los profesores más jóvenes y más sensibles a lo posmoderno digamos, los mismos que habían escrito ensayos sobre la autoficción o que estudiaban la mezcla de realidad e imaginación en la narrativa contemporánea fueron los más intransigentes conmigo. 
[...] Los seniors, en cambio, los profesores más veteranos, los que se habían formado en la vieja escuela, fueron más indulgentes. Especialmente Elias Rivers.»
Claramente circula, contenido en la cita anterior, muchísimo humor; un humor que incide en que no existe necesariamente mayor verdad o consistencia en los jóvenes que en los mayores y para ello  Antonio Orejudo lo que hace es parodiar, hacer uso, en una arriesgada vuelta de tuerca, del sentido carnavalesco tan propio del  posmodernismo. 

Es Antonio Orejudo, en sentido lato, un humanista. Y es él mismo quien en la figura de su personaje o en la de otros ficticios que lo acompañan en la narración (Arturo Cifuentes, Virgilio Desmoines, Francisco Almendra, Raquel Medina, etc.) hace una acerada crítica de las humanidades versus la ciencia. Es muy interesante y hasta divertido el choque dialéctico entre Arturo Cifuentes y su novia Lib -luego ya esposa- cuando, siendo Cifuentes y Orejudo profesores becados en USA, discuten sobre si mejor sería que los niños estudiasen Historia de las Ciencias y no Historia de la Literatura. Pero el novelista no se para en barras y su crítica irónica llega incluso hasta el sarcasmo, como cuando lanza esta afirmación sobre la Filología Hispánica:
«Filología Hispánica aún no se había convertido en una carrera de saldo, aún no era la licenciatura de los que no pueden estudiar algo más serio por falta de capacidad o de nota media. Cuando nosotros entramos en la universidad, Filología Hispánica era todavía una disciplina en la que se matriculaban no sólo quienes no servían para las ciencias, sino también jóvenes de cierta cultura, chicos a los que les interesaban de verdad las letras, y que habían leído bastantes libros para su edad.»
Penosamente coincido con la afirmación que, cuando se redacta esta novela aparecida en 2011, vierte Orejudo acerca de estos estudios; una afirmación que he oído a muchas otras personas (ahora mismo recuerdo al arquitecto y académico de Bellas Artes Luis Fernández-Galiano lamentándose de que las humanidades, los estudios filológicos, se hubiesen desprestigiado de tal guisa en los años finales del siglo XX e iniciales del XXI). ¡O tempora, o mores! 
 
Dejo para el final, pero no lo pienso desvelar, claro, el escondido sentido del título, de ese sintagma nominal, Un momento de descanso. Leyendo la novela queda claramente diáfano. Sólo diré, a modo de resumen, que la novela realiza un recorrido por los entresijos de la integridad humana. ¿Mejor acomodarse que exigirse? ¿Mejor la mediocridad que la excelencia? ¿Dónde y mejor se consigue la felicidad? Todos estos extremos son los que se cuestionan y se ponen en solfa en esta novela de Antonio Orejudo en la que él mismo, como he dicho, se metamorfosea en personaje.

Nota final
Es seguro que algunos elementos propios del estilo de Antonio Orejudo, presentes en Un momento de descanso, habré dejado sin señalar, sin consignar, sin destacar. Estoy convencido de ello porque la novela es, aunque breve, prolija y densa en detalles, en rasgos particulares, en signos definidores de las novelas de su autor. Por ello y para paliar en lo posible esta laguna, esta carencia, remito a la reseña que el pasado mes de marzo publiqué en este mismo blog de la primera novela del autor titulada Fabulosas narraciones por historias. Creo que en esa primera obra ya están presentes, si no todas, sí muchas de las características estilísticas que significan la novelística del escritor madrileño.

19 oct 2023

Algunas películas vistas en lo que va de 2023 (A pares XL, 1ª 1/2)

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Me paro a pensar y reparo en que desde el lejano mes de diciembre de 2022, salvo por la breve referencia que hiciera en marzo a la versión fímica de Largo domingo de noviazgo, nada he dicho en el blog sobre películas vistas durante estos meses. La verdad es que han sido mayoría los títulos que desde el sofá he mirado y algunas las que he visto con suma atención. Sobre la sutil diferencia entre "mirar" y "ver" se ha escrito mucho. Frente a "ver", percibir por la vista, y "mirar", dirigir la vista a un objeto, hay una sustancial diferencia de ejercicio de la voluntad. 

Es seguro que en esta relación apresurada y memorística algunos títulos se me habrán olvidado. Pero también diré que la memoria es selectiva y suele dejar caer lo que para ella no ha suscitado mucho interés. Veintiséis son las películas que en este barrido recordatorio he consignado. Al ser tantas he dispuesto sus carteles anunciadores en dos collages. El primero contiene los títulos de filmes visionados durante los cinco primeros meses del año. De los trece que forman la composición fotográfica siguiente sólo uno vi en sala de cine, Harka de Lotfy Nathan.

Collage creado con los carteles anunciadores de las películas citadas en esta entrada 
Por orden, las películas que he visto son:

El comensal de Ángeles González Sinde (Movistar +), película que adapta la novela de Gabriela Ybarra que hace ya siete años reseñé en este blog [leer la reseña aquí]. Me interesaba mucho ver cómo la que fuera ministra de Cultura abordaba esta historia del reencuentro de una nieta, la mismísima novelista, con el espacio donde su abuelo fue abatido por ETA. Interesante film.  

A Todo a la vez en todas partes de Dan Kwan (M+) me acerqué sólo por la curiosidad que me produjo haberse alzado con el Oscar 2023 a la mejor película extranjera. La verdad es que su larga fantasía distópica me aburrió un poco. Yo ya estoy en un momento en que experimentos, los justos. 

Los jóvenes amantes de Carine Tardieu (M+) la vi con seguridad por recordarme su sinopsis a Annie Ernaux, flamante premio Princesa de Asturias de Literatura 2022. Para mi sorpresa no es ella la guionista sino la misma directora, pero la historia de una amor entre hombre de 45 y mujer entrada en la setentena es atractiva y está tratada con mucha elegancia.

La peor persona del mundo de Joachim Trier (M+) es una peli noruega que me gustó bastante. Una joven algo inmadura abandona una relación estable por una aventura. Luego las circunstancias y sucedidos harán que sus expectativas cambien. Historia romántica muy recomendable. Galardonada con el Goya 2023 a la mejor película extranjera.

Goyas 2023, Pilar Palomero, Mujeres
Dentro de las películas que se presentaron a los Goya de este año en esta relación aparecen unas cuantas como Modelo 77 de Alberto Rodríguez (M+), Cerdita de Carlota Pereda (M+) o El agua de Elena López Riera (Amazon) y La maternal de Pilar Palomero. Otros filmes galardonados o nominados para estos Goya 2023 los vi a finales del año pasado (As bestas, Alcarrás, Cinco lobitos, etc.). Salvo La maternal de Pilar Palomero. que me pareció más de lo mismo. todas me agradaron bastante. Con 'más de lo mismo' quiero decir que no vi en este film avance alguno respecto a Las niñas que la directora rodara en 2020 y que se alzó con varios premios Goya ese año: mejor dirección novel, mejor película, mejor guion y mejor fotografía. Ningún avance respecto a esta. De las otras tres, Modelo 77 y Cerdita me parecieron muy buenos filmes. La primera por mostrar de manera ficcionalizada un  momento histórico importante: la Transición, vista desde las cárceles en 1977. La segunda, Cerdita, es una muestra costumbrista de hasta qué punto de terror puede llegar el bullying a una joven al fijarse los acosadores exclusivamente en su aspecto físico, en este caso, su sobrepeso. El papel de Laura Galán, Carmen Machi y el resto del elenco raya a gran altura.

De Compartimento nº 6 de Juho Kuosmanen (M+) ahora mismo no recuerdo mucho; es lo que tiene no tomar nota inmediata de las emociones que una peli suscita. Algo parecido me sucede con Vasil de Avelina Prat (Filmin). De ésta, y pese a lo dicho sí que recuerdo el papel de Karra Elejalde en su relación con Vasil, un búlgaro que vive en la calle y al, que acoge en su casa.

Dos películas de la relación de 13 títulos que aparecen en el collage he visto, además de Vasil, en Filmin. Son Living de Oliver Hermanus y El club del odio de Beth de Araújo. Estos dos títulos, así como muchos otros a los que acerco, se los debo a Miguel Pina del estupendo blog Cine y críticas marcianas que desde hace años sigo con atención, pues siempre hace estupendas recomendaciones. En esta ocasión, de estos dos títulos -que conste que él mismo ya lo advertía en las respectivas críticas- salí muy satisfecho de Living, una emotiva historia sobre la necesidad de enfocar la vida en lo importante y no en lo superfluo y accesorio; sin embargo el visionado de El club del odio no me satisfizo. La película de Beth de Araújo, a no ser que mi desconocimiento de la realidad en que vive la América profunda me suscite esta opinión, me pareció algo inverosímil y su puesta en imágenes tampoco me agradó demasiado.

Dos películas he dejado para el final de esta primera entrega de este A pares número XL: Harka de Lotfy Nathan (que vi en una sala de Salamanca, mi ciudad natal) y Close de Lukas Dhont (M+). La primera es una coproducción franco-tunecina que muestra las dificultades por las que después de 10 años de la revolución en Túnez pasa la juventud de dicho país. La sensación de haber sido engañados y la necesidad de salir de allí para mejorar de vida es lo único que tiene en su cabeza Ali, el protagonista de la cinta interpretado por Adam Bessa. Más documento de denuncia que obra artística, pero que me gustó mucho.
 
Por su parte Close de Lukas Dhont, es una película que me ha satisfecho muchísimo. Estuvo entre las cinco películas nominadas al Oscar a la mejor película internacional, premio que no se llevó como ya he dicho al nombrar Todo a la vez en todas partes de Dan Kwan. Presenta ese difícil momento de paso de la niñez a la adolescencia en que comienza a fraguarse un nuevo sentido de la amistad, en que la traición al amigo de cuando niños surge por la necesidad o el deseo de ser aceptado en un grupo. La pareja de actores (Eden Dambrine, Gustav De Waele) que dan vida a los dos niños, ahora ya adolescentes, cumplen sus roles de manera impecable. También los adultos, en especial Eden Dambrine, madre de uno de ellos, actúan de manera excelente. La confusión de sentimientos identitarios en una edad de búsqueda, el bullying, la homofobia, la soledad..., todo esto y más aparece en esta película que sin duda es una de las que más me han gustado de las vistas durante este año 2023.

Dejo para un próximo Películas vistas en lo que va de 2023, la segunda parte de este A pares número XL. No conviene abrumar ni abrumarse. Hasta entonces, un saludo de cine.



13 oct 2023

Los Zelmenianos. Novela de Moyshe Kulbak

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«El gato dormitaba junto al horno. La tía guardaba silencio cuando escuchaba el consejo que le llegaba de todos lados:
—¡Que Itche vaya a trabajar en una fábrica textil!
Nunca habría creído el tío Itche que en su vejez cometerían con él semejante bajeza.
—¡Conviértete en obrero de una vez! ¡Viejo tonto! —le insistían»

Moyshe Kulbak, Los Zelmenianos
Realizar el Reto 'Autores de la A a la Z' tiene muchas ventajas. Una de ellas es la necesidad de buscar autores cuyo nombre o apellido con el que se le identifica comience por determinada letra. La 'K' es siempre complicada de cumplimentar, pues además de Kafka y algunos escritores orientales pocos más lo portan. Por esto cuando en la última Feria del Libro de Madrid me detuve en la caseta de la editorial zaragozana Xórdica y vi la novela de Moyshe Kulbak dije para mí: «lo encontré». Tomé el libro en mis manos y comencé a hojearlo. Quien atendía al público, al detectar mi interés, amablemente se dirigió a mí y me explicó la génesis de Los Zelmenianos, su primera escritura en yiddish, el malhadado destino de su autor al caer en desgracia estalinista, la ignorancia en España de este título hasta que en 2016 la editorial Xórdica la publicó en traducción de Rhoda Henelde y Jacob Abecasís directamente desde el yiddish, y otra serie de informaciones más.
Todo esto que digo me contó el vendedor; tan bien lo hizo, que me convenció y procedí a adquirir la novela. La he leído, la he disfrutado, me ha mostrado aspectos de la primera URSS que desconocía, y he transitado por tres generaciones de judíos bielorrusos a lo largo de unos setenta años. Una grata experiencia.

Los Zelmenianos es una novela de Moyshe Kulbak a la que, como digo, he llegado de carambola, casi sin proponérmelo. Sin embargo el resultado ha sido bueno pues la historia me ha parecido interesante y el estilo utilizado en ella también me ha resultado curioso. Pese a estos dos rasgos (historia y estilo) confieso que en ciertos momentos me ha supuesto cierto esfuerzo avanzar en el libro. He logrado culminarlo y ahora ya, desde la cumbre de la novela acabada, creo que la historia merece y que la peripecia vital del autor debe de ser conocida, admirada y sí, también, llorada.

En fin, estamos en la Rusia soviética que está llevando a cabo la instauración de programas de colectivización superada ya la guerra civil que siguió a la primera guerra mundial, conflicto bélico durante el cual se produjo la Revolución de 1917. En esos años de colectivización obligada por las autoridades estalinistas (1928-1933) se está realizando la verdadera revolución que romperá la unidad dentro de las comunidades. En el caso de la novela de Moyshe Kulbak la comunidad (el «patio de reb Zélmele») está radicada en Minsk y es de judíos askenazis bielorrusos dedicados a artesanías liberales (relojería, sastrería, carpintería, curtiduría...); este tal reb Zélmele levantó el patio junto a su esposa, la abuela Bashe, 70 años atrás. 
 
Lo que se nos cuenta en Los Zelmenianos es la historia de los cuatro hijos que tuvo esta pareja y la de sus nietos, los hijos de estos cuatro. Cómo los ideales de reb Zélmele cayeron empujados por un supuesto progreso que imponía el maquinismo, el Cine, la industrialización, la electricidad, el mundo fabril que iba contra el trabajo individual artesano que era lo que practicaban estos judíos (sastre, relojero, carpintero...) tenidos por esto como kuláks, pequeño-burgueses contra los que había que ir. El choque y la incomprensión se produce entre los cuatro hijos de reb Zélmele (tío Itche, tío Zishe, tío Yuda y tío Folie) y sus propios hijos y sobrinos. La manifestación de este distanciamiento, ruptura generacional entre padres e hijos viene significada en el alejamiento de la práctica religiosa de los jóvenes («bribones») respecto de sus mayores. Así Sonie y Tonke, hijas de tía Guite y tío Zishe, se emparejan y tienen hijos con gentiles, algo que sus padres y tíos no comprenden pero deberán aceptar. Incluso, una de ellas, Tonke, regresará al patio tras una larga estancia fuera de casa sola y con un bebé en sus brazos. 
La edición incorpora a manera de marcapáginas el árbol genealógico de los Zelmenianos

Hay una fuerte crítica al sistema comunista que se está imponiendo desde arriba con la aceptación forzada de los súbditos. Entrar en el Partido, hacerse funcionario de las diferentes agrupaciones socialistas comunitarias que están surgiendo es una buena cosa para sobrellevar estos súbitos cambios. Así Bere, hijo de tía Málkele y tío Itche, al volver de la guerra se hace policía y en el «patio» será la autoridad a quien consultar cuantas acciones se realicen allí. Incluso Bere, casado con Jáyele, la hija de tío Yuda y tía Hesie, se negará a ponerle el nombre judío de Zalmen a su hijo; a cambio le pondrá el nombre de Marat. La justificación que da para evitar el nombre del abuelo es ciertamente insidiosa:
 «Aún he de reflexionar sobre el nombre, pero en cualquier caso el niño no se llamará Zalmen, debido a que el abuelo reb Zélmele fue, según muchos indicios, un kúlak, un campesino rico, y además no tengo del todo claro de dónde sacó el dinero para construir el patio. Sí, realmente, ¿de dónde?» 
Sobre este abandono de la tradición y el choque padres-hijos se ve cómo al morir el tio Zishe, su yerno, Pavel Olshevski, no judío marido de Sonie, le pregunta a ésta por cuestiones religiosas demostrando su más absoluta ignorancia. Hay que recordar que este casamiento fue algo que siempre enfadó a Zishe hasta el punto de haber sido el desencadenante de su fallecimiento.
En el extremo opuesto de estos «jóvenes bribones» están los padres y tíos «juiciosos» cuya vivencia del judaísmo en sentido pleno puede verse en muchos momentos. Uno de ellos muy evidente y significativo se da cuando el tío Yuda decide abandonar el patio y prepara su equipaje:
«metió el taled y las filacterias, el violín, una libra de pan, un par de cebollas, en fin, todo lo que necesita un ser humano para emprender viaje.»

En cuanto al estilo utilizado hay que decir que en la época en que Moyshe Kulbak publica por entregas los episodios que componen Los Zelmenianos los escritores sufrían una fuerte presión para que abandonasen cualquier experimentalismo literario y se acomodasen a la línea oficial del realismo socialista. En la novela se encuentran manifestaciones de ambas tendencias, si bien predomina la del realismo socialista que poco o nada dejaba a la imaginación libre del lector. 

Experimental es la ruptura de la linealidad gráfica de un párrafo acercándolo a la formalidad propia de los metros poéticos. La finalidad claramente es la de imprimir ritmo fónico a la expresión:

«El salón está envuelto en la penumbra. Tsalke el del tío Yuda, con los codos apoyados en la mesa, fuma un cigarrillo de liar. Contempla como salen a empujones, entre risas,
      a través de
                            la puerta,
                                                los
                                                        ocho
                                                                        bribones.
»

Respecto a esta y otras innovaciones dentro de la novela hay instantes muy logrados. Así en el capítulo 16 del libro 2, y también en otras partes del libro, el autor escribe una prosa rítmica, con recursos propios de la lírica. Es una prosa que a retazos más o menos regulares repite una secuencia fónica Noche cálida»/ «Noche oscura. Tierra negra, tejados negros, en vísperas del brote de los tonos verdes» / «La Osa Mayor, vista del revés, cuelga del cielo en el lado norte del patio»)

Algunos otros vanguardismos utiliza Moyshe Kulbak, pero, como digo, predomina la línea realista que el socialismo real imponía en arte y literatura. En este sentido, y pese a todo, también el escritor bielorruso consigue momentos de elevada belleza, aunque a veces, quizás por esa imposición estética, algo almibarada:
«En las márgenes del patio de reb Zélmele se han formado alegres regueros burbujeantes de vísperas de primavera, y sobre las paredes pasean retazos soleados. El patio se va despojando de las sucias nieves como un ave se sacude las gotas de lluvia»

Moyshe Kulbak. muestra en Los Zelmenianos su total oposición a arrancar por la fuerza las tradiciones. Él, judío askenazi como los personajes de su relato, no se opone a lo bueno del Nuevo Orden comunista, pero sí denuncia las barbaridades que en su nombre se estaban cometiendo. Ese enfrentar generaciones entre sí, hijos con padres, hermanos con hermanos sólo por razones ideológicas disgusta al escritor bielorruso. Todo esto lo expone con suma claridad en esta narración. Y por esto no fue del agrado de las autoridades, las cuales en 1937 retiraron del cartel la representación de una obra suya por, según estos funcionarios, presentar «demasiados mendigos y barbudos abandonados, y demasiados pocos proletarios».

Moyshe KulbaK, Los Zelmenianos
Retrato de Moyshe_Kulbak_1984_
Anatoly_Nalivaev (de Wikipedia)
Hasta que se produjo su caída en desgracia en ese año de 1937 su producción literaria había sido aceptada dado que mostraba las tradiciones y el folclore del pueblo judío sufriendo muchas veces bajo la opresión zarista. Sin embargo cuando en 1931 se publica en Moscú el primer libro de la novela titulado «Los Viejos» y en 1935 en Minsk el segundo de nombre «Bere», ambos escritos en yiddish o judeoalemán,​ idioma perteneciente a las comunidades judías asquenazíes tanto del centro como del este de Europa, comenzó a ser mal mirado por los mandatarios quienes en 1937 lo encarcelan, enjuician por subversivo y lo condenan a muerte. Su esposa también sufriría cárcel durante diez años. A ella, de nombre Zelda, le dirán cuando la liberen en 1946 que «Moyshe Kulbak halló la muerte en 1940 por extenuación».

Para finalizar
No quisiera cerrar esta reseña sin señalar la innegable veta humorística que aflora no pocas veces en esta novela. Así no he podido por menos que recordar la película  Tiempos modernos de Charles Chaplin cuando el tío Zishe, que era persona respetable y burguesa «se sintió empujado con todos los demás, comenzó también él a gritar algo y por un instante pasó por su imaginación que él también era un bolchevique, ¡estaba marchando detrás de la bandera roja!». Cuando es consciente de su desatino, se marcha de la manifestación a través de una callejuela lateral. Mi evocación de Charlot al frente de una manifestación obrera me hizo sonreír; más tarde, comprobando fechas, vi que la película de Chaplin apareció un año más tarde que la segunda novela de Kulbak. ¿Quién influyó a quién? Está claro.
La ingenuidad de estos judíos artesanos liberales la muestra el judío Moyshe Kulbak presentando a otro de los tíos, el tío Itche, disfrutando de manifestarse como representante de los artesanos independientes portando en sus manos un ramo de flores para entregar a un comandante del Ejército Rojo. ¿Artesanos independientes en la Rusia soviética estalinista? ¡Qué humorada!

También hay humor en la referencia metaliteraria que el propio autor hace de sí mismo poniendo en boca de Tonke un poema suyo. El propio novelista se identifica como zelmeniano, o sea, judío de los Viejos, en palabras de Tonke:

«Hay una canción de un poeta zelmeniano de nombre Kulbak, que siempre me ronda por la cabeza:
Y a los jóvenes de bronce
les asaltó entonces
la voluntad
de calmar
la ira
de los años
desperdiciados.»
Esta misma Tonke, en el libro segundo cuando vuelve al patio con un hijo sin padre en sus brazos, es requerida por la vieja esposa del bedel de la sinagoga, la tía Neje, y por Ester, la maestra de caligrafía, para que les diga el nombre del padre de su bebé. Ella se revuelve y les dice que era un buen bolchevique y además gentil. Ellas le proponen que se case con un judío para solventar la situación. ¿Por qué no con Tsalke? Al negarse ella, muchos de los del patio dicen cosas como que rezando nadie se ha quedado embarazada 
«Por rezar sus oraciones nocturnas, tío [al tío Zishe, su padre], ninguna mujer se ha quedado encinta.»
Humor y metaliteratura, una buena combinación que es fácil que pasara desapercibida para no pocos lectores.  

Muy humorístico me ha resultado el consejo que tío Yuda le da a su hijo Tsalke, tantas veces suicida quedado en el intento. Le dice que mejor que seguir siendo sólo intelectual, gran conocedor de la Torá, se hiciera bolchevique: «Si te haces bolchevique, vas por ahí con la bandera, y dices lo que hay que decir... [...] Tú eres una persona, bendito sea Dios, que maneja una pluma. Tú escribes, explicas, y entonces , ¿por qué no demostrarles que en realidad están equivocados, eh?...» Y a renglón seguido, aunque alaba que se derrocara al zar, critica que ahora, en ese preciso momento, se persiguiera todo lo judío.

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Con Los Zelmenianos de Moyshe Kulbak avanzo en la consecución de los retos "Autores de la A a la Z" y el de "Nos gustan los clásicos".


4 oct 2023

El "Decamerón del siglo XXI" ya tiene página web

11 comentarios:
Desde hace pocas semanas el Colectivo literario Bremen ha abierto una página web para su publicación Decamerón del siglo XXI. En dicha página se puede conocer con más detalle y una visualización más agradable y dinámica la composición de dicho colectivo literario, su gestación y su manera de proceder en sus periódicas reuniones.

Pero lo más importante es que permite un mejor acercamiento al volumen de relatos que está dando a sus autores y lectores muchas alegrías. De especial importancia es la sección Presentaciones en la que se puede acceder a las que hasta el momento han tenido lugar y donde se anunciarán las que se vayan a realizar. También me parece esencial la sección Comentarios de los lectores donde éstos pueden opinar sobre la publicación señalando sus aciertos o los defectos que pudieran encontrar en ella. Y por último para aquellos que aún no tengan el volumen en su poder en la sección Comprar encontrarán un listado no exhaustivo de direcciones y establecimientos donde poder adquirirlo.

Haciendo clic en la imagen se accede a la página web


Como añadido a esta breve entrada quisiera anunciar que el libro se presentará en el Café Comercial sito en la Glorieta de Bilbao de Madrid el próximo mes de noviembre. Oportunamente y cuando se concrete la fecha la anunciaré en este blogs y en redes sociales.