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28 abr. 2013

EL COLOQUIO de los PERROS (Els Joglars / Cervantes)

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Cartel de El coloquio de los perrosCon no pocas dudas acudía yo el viernes pasado ((26 de abril) al teatro Pavón para ver El coloquio de los perros de Cervantes en adaptación libre del grupo Els Joglars. El motivo era doble: algún compañero de profesión me había advertido de que a Cervantes no se le veía por parte alguna, y en segundo lugar, y para mí principal, mi apreciado crítico Marcos Ordóñez no la había tratado demasiado bien en la reseña que sobre la misma incluyó en “Babelia”. Pero hete aquí que para mi satisfacción todas mis reticencias desaparecieron a los pocos minutos de ver con que galanura, humor y sencillez hablaban esos dos alanos, más juiciosos en su discurrir que muchos humanos.
Cinco grandísimos actores se encargan de llevar a buen puerto esta fantasía. Ramón Fontserè (Cipión) y Pîlar Sáenz (Berganza) componen sus personajes con maestría al lograr añadir a su ineludible forma humana artes y maneras propias de los canes: el modo como mueven sus ‘patas delanteras’ (“manos”), sus aullidos perro-humanos, su vestuario y en especial sus cinturones-rabo, etc., revelan una gran atención e interés en la creación de sus personajes. Los otros tres actores se encargan de dar réplica, corporeidad y verosimilitud a lo que estos dos perros habladores discurren y cuentan. Así Manolo (Xevi Vilà), el vigilante nocturno de la perrera a donde han ido a parar con sus huesos estos dos canes ya longevos, será el que en su simplicidad escuche las razones e historias acaecidas a los dos chuchos. Manolo será el nexo con la contemporaneidad. Y por último Xavi Sais y Dolors Tuneu dan forma y presencia a todos aquellos seres (amos, pastores, defensores de los animales, etc.) con los que han topado en su vivir Cipión y Berganza.
Si los actores saldan su actuación con sobresaliente alto no cabe decir menos de la puesta en escena: sencilla, con economía de medios (sólo un largo cajón rectangular como decorado); una buena utilización de la luminotecnia para marcar la noche justificadora del fenómeno de que dos perros hablen con juicio y la llegada del día con la pérdida del don; el recurso clásico y resultón de la media máscara para dar presencia y ‘verdad’ a los distintos personajes no perrunos (Bonnie y Clyde, el Pastor y el Pastor-Mohamed, el Veterinario y su ayudante, Luisete y su amiga la defensora de los animales, la Policía de aeropuerto, etc., etc.); el vestuario, la música…
el-coloquio-de-los-perros-de-cervantes-en-el-teatro-pavon
La divertida escena del veterinario
¡Ah! ¿Y Cervantes dónde para? Pues bueno, aunque Els Joglars se cubren las espaldas al hablar de adaptación libre, el manchego aparece y reaparece con frecuencia en el diálogo sostenido por los perros: ahí queda su opinión sobre el género pastoril, sobre la libertad, sobre los vigilantes que duermen incumpliendo su obligación, sobre la bestialidad de ciertos humanos, etc. En mi opinión en Cipión y Berganza sí cabe reconocer a su creador, aunque no tanto en el resto; pero habida cuenta de que el resto en la novela ejemplar original es fruto del narrar de estos dos animales ¿por qué no se podría darle cuerpo en figuras propias del siglo XXI?, ¿acaso no es ese el concepto de clásico: ser pertinente, tener actualidad y decir algo que interese o conmueva a los lectores y/o espectadores de otras épocas?
Y por último, un rotundísimo bravo a esta compañía teatral que con inteligencia ha sabido dejar a un lado, en esta obra al menos, su habitual crítica antinacionalista catalana. Sabido es que quienes –los nacionalistras, se entiende-viven de la reclamación perpetua precisan constantemente del zarandeo y agresión para henchir de razones su vacía, pertinaz y cansina protesta. ¡¡Bravooo!!


18 abr. 2013

KAFKA ENAMORADO de Luis Araújo

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Todo en esta obrita, vista en una pequeña e íntima sala del teatro María Guerrero, me ha sorprendido gratamente y me ha supuesto agradables descubrimientos. Comenzaré por el autor, Luis Araújo, de quien no había oído hablar hasta esta representación. Puesto a buscar información sobre él me he encontrado con un hombre de teatro en su totalidad, con una obra extensa y prolongada en el tiempo merecedora de más de un premio ("Las aventuras y andanzas del Aurelio y la Constanza" (1983), Premio Iberoamericano Dramaturgia Infantil, "La construcción de la catedral", Premio Tramoya, mejor texto en lengua española del año 2000, “Mercado libre”, Premio Esperpento 2008, "Trayectoria de la bala", Premio Internac. Dramaturgia Cultura Frontal 2010) hasta llegar a esta maravillosa "Kafka enamorado" (2013)  que dentro del ciclo De la novela al teatro se lleva representando en el CDN desde el 15 de marzo, ¡lástima que el 28 de abril tenga anunciado su final!

La obra en su brevedad -65’ sin intermedio- presenta los merodeos del autor checo por los límites de su sentido amor a Felice Bauer [del año 1912, publicación de su obra “Contemplación” a 1915, aparición de “La metamorfosis” con que se cierra la obra], límites que nunca sobrepasaría para evitar que la felicidad conyugal pudiera menoscabar lo más mínimo su entrega al arte de la literatura. O al menos esto es lo que Franz Kafka le dice a Felice cuando ésta le conmina a tomar decisiones al respecto. Pero también –y esto el autor lo plasma sibilinamente- la sombra de la familia castradora se percibe durante toda la representación, y preso en ella, sin poder escapar, vemos a un enfermo físico y  a un creador menospreciado por el padre.

El momento de la vida de Kafka –la relación afectiva sincera y descarnada entre un hombre y una mujer- escogido por el autor como materia de la obra es ciertamente, en mi opinión, muy difícil de llevar a buen puerto. Y Luis Araújo no sólo lo consigue sino que a los 50 espectadores que lo contemplan logra transmitirles la sensación de estar viendo en primera línea lo que nunca percibe más que la pareja de amantes: la verdad del amor: su aparición, la ilusión de la relación epistolar, la emoción y miedos de los encuentros, la necesidad del compromiso, y la huída del mismo arguyendo razones que por elevadas no dejan de ser poco convincentes.

Y lo anterior envuelto en un lenguaje teatral bellísimo y muy bien construido, con unas transiciones espacio-temporales muy logradas en los momentos de la relación epistolar, con un decorado escueto pero suficiente, una música perfecta a la situación que subraya  a cargo de Luis Delgado  (otro fantástico descubrimiento) y sobre todo, sí, los actores, tres magníficos actores que dan cuerpo a Franz Kafka (Jesús Noguero), Felice Bauer y también su desleal amiga Grete (Beatriz Argüello) y el amigo de Kafka, Max Brod, además de otros personajes  menores (Chema Ruiz). Todos ellos transmiten sinceridad y emoción. De Jesús Noguero destaco su gestualidad y su voz; de Beatriz Argüello que está soberbia en la escena de la ruptura cuando vierte lágrimas en medio de los reproches que lanza a su imposible pareja; y de Chema Ruiz su versatilidad en el desdoblamiento de personajes y su buen hacer en el principal, el de Max Brod, un amigo algo cínico como quien ve las cosas pasar desde una cierta altura olímpica y se implica poco o a lo sumo tangencialmente.
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