.header .widget { text-align:center;} .header img {margin:0 auto;}

31 dic. 2013

Para finalizar el Año: Una Felicitación, un Juego con solución, y una Propuesta

4 comentarios:
La FELICITACIÓN:


...y ¡Felices Próximas Lecturas!


El JUEGO: Según la mayoría de comentarios aparecidos en Blogs, Periódicos, Televisiones, Tertulias literarias y tal..., ¿cuál ha sido el mejor libro del año 2013 que hoy finaliza?

(la solución  [antes de pulsar, piensa un poquito. ¡Es un juego!])

La PROPUESTA:  La unión éxito popular - calidad literaria que se encuentra en el libro anterior, ¿se da en otros títulos de hoy o de ayer que tú conozcas? Os propongo decir sus títulos añadiéndolos en los comentarios.

Gracias por pasaros por aquí y    ¡¡¡FELIZ   AÑO   2014!!!

29 dic. 2013

La gran belleza ("La grande bellezza"): el 'bunga - bunga' a través de los ojos de Paolo Sorrentino

8 comentarios:
The great beauty - La grande bellezzaLa película de Paolo Sorrentino es sin duda una de las mejores que he visto este año 2013 que está a puntito de finalizar. De ella me han gustado muchas cosas, y si de entre todas ellas hubiera de elegir algunas destacaría sin dudarlo la italianidad que Sorrentino ha logrado infundir en ella. Este sabor italiano lo he querido ver en el ritmo del film que evoca el de grandes directores como Luchino Visconti o, ¡y sobre todo!, Federico Fellini.  Y también destacaría el sabor literario que se desprende de ella; es una película muy literaria, con muchas referencias a ésta ya desde antes de comenzar el film con la cita de Louis Ferdinand de Céline que precede a las imágenes y que, como es normal, alcanza plena significación cuando completamos el visionado de la cinta:
 Viajar es útil, ejercita la imaginación / Todo lo demás es desilusión y fatiga / Nuestro viaje es enteramente imaginario / Ahí reside su fuerza / Va de la vida y la muerte / Personas, animales, ciudades y cosas es todo inventado / Es una novela, nada más que una historia ficticia / Lo dice Littre, él no se equivoca nunca / Y además, cualquier puede hacer otro tanto / Basta cerrar los ojos / Está en la otra parte de la vida (Louis-Ferdinand Céline, "Viaje al fin de la vida")
Además de Céline muchos otros literatos sobrevuelan las imágenes: "El jugador" de Dostoievski  (concretamente el personaje de la Polina Aleksandrovna es citado para describir al personaje de Ramona, mujer extraña y enigmática) o los italianos Alberto Moravia de quien su novela  "Los indiferentes" es inevitable que acuda a la mente del espectador o, naturalmente y sobre todo, Giacomo Tomasi di Lampedusa, aristócrata del final de una época y autor de una única novela, "El gatopardo". Las semejanzas entre Lampedusa y el personaje de "La gran belleza" son más que obvias: como el primero, Jep Gambardella (el actor Toni Servillo) es escritor de un único relato elogiado por todos y es un diletante aristócrata que asiste al acabamiento de una época que a él le encantaba y que se está yendo por los desagües del devenir histórico.

Y luego está como elemento sostenedor de todo lo anterior, Roma, la ciudad eterna, de fundación mítica y que como la cita de Céline abre el film con el lema de "Roma o muerte" que figura en la base de una estatua, o lo que es lo mismo, belleza o muerte. Y eso es lo que en definitiva es "La gran belleza" la búsqueda incesante por parte del personaje de Toni Servillo de elementos culturales, estéticos, humanos, vitales, incluso mágicos, que le anclen a la vida y le impulsen a seguir viviendo porque como él dice en un momento de la historia "a los 65 años que tengo no quiero entretenerme en lo que me aburre".

Sinopsis de la Historia: Un periodista y novelista de una sola obra, Jep Gambardella, proveniente de la antigua clase aristócrata inicialmente culta, pasa 40 años de su vida como el día de su 65 cumpleaños que abre el film, adocenado en sucesivas fiestas sin objeto alguno a las que acude o da en su lujoso ático y a las que asiste una fauna ciudadana cuya única finalidad es olvidarse de lo que sucede a su alrededor inmersos en un "bunga - bunga" embrutecedor  que alimenta una TV falsamente próxima al pueblo y una clase dirigente que, sin salir explícitamente en el relato fílmico, se adivina detrás o entre estos seres que están dejando escapar con sus trenecitos, congas sin sentido o sus adicciones aniquiladoras el disfrute de la verdadera belleza que tienen ante sus narices. La 'grande bellezza'  ha sido sustituida por el 'aurea mediocritas' desde hace al menos 40 años, los mismos que Jep Gambardella lleva sin escribir novela porque paradójicamente no tiene tiempo: siempre está de fiesta en busca de la imprescindible belleza que le impulse a hacerlo.

Película coral: Paolo Sorrentino ha querido tocar muchos aspectos de la sociedad, lo que quizás le hace perder intensidad aunque gane en extensión de tipos humanos. De la galería de personajes que muestra quizás los más destacables sean:

  • El protagonista aristócrata reconvertido en periodista que al igual que el personaje de la novela de Lampedusa ha tomado conciencia a lo largo de estos 40 años de la falsedad de su mundo, del truco que es la vida y por fin parece que escribirá esa segunda novela tan esperada por todos y que versará sobre lo que Jep vive, mira, recuerda e imagina: la nada, el vacío que en definitiva se va construyendo diariamente ante nuestros ojos.
  • La estrella mediática que va ya por su décimo título novelístico y que en opinión de Gambardella es un flash pasajero fabricado merced a sus contactos políticos.
  • La Iglesia que llena la Ciudad Santa y con la que el homenaje de Sorrentino a Fellini es especialmente reconocible (¿quién no recuerda esos desfiles de modelos eclesiásticos presentes en "Roma" su película de 1972?). Esta Iglesia católica tiene la ciudad de Roma llena de impostura (la santa monja centenaria o el Cardenal gastrónomo) pero también de mágica y surrealista fe (la parada de flamencos en la terraza del ático de Gambardella ante la santa monja es un momento antológico). De las dos iglesias la del truco, la de la magia, es preferible a la oficialista del Cardenal gastrónomo que sólo habla de naderías y despacha las consultas íntimas con penitencias sin sentido.
  • Falsedad vs autenticidad. El "bunga - bunga" sólo puede seguir si quienes lo mueven viven en la falsedad, en la artificiosidad. Frente a personajes que se instalan en los paraísos artificiales para que el trenecito siga su viaje a ningún lugar están otros que se mueven en la autenticidad pese a ser criticados o no comprendidos por los demás. Este es el caso de Ramona, striper en el garito de su padre heroinómano, o del amigo del protagonista que tras babear por una joven estúpida y drogadicta decide huir de la gran ciudad y retornar a la autenticidad de su pequeña ciudad natal. El caso paradigmático más claro y emotivo es el del viudo que confiesa a Gambardella la envidia que sintió durante años hacia él dado el amor que a Jep le profesaba su fallecida esposa.
  • Andrea (hijo de Jep) y otros jóvenes como él incapaces de encontrar un asidero al que agarrarse y a quienes todo les perturba (Proust, Céline...) pues nada entienden frente a los mayores (Jep y su cohorte de amigos íntimos) supervivientes de otra época que en su viaje hacia la noche definitiva rebuscan en la cáscara en que Roma se ha convertido algo que les inspire, que les mantenga vivos: ese momento de gran belleza que por minúsculo que sea, o haya sido, a todos nos acompaña y es fuente inspiradora. [A este respecto recomiendo leer la crítica que del film hace Beatriz Martínez en "SensaCine"]
  • Muchos más: la galería es muy amplia. Con los citados y los omitidos Paolo Sorrentino reivindica un mundo extinto o a punto de desaparecer: esa Roma que tan bien presentó Federico Fellini en sus filmes que como una madre nutricia representada en los voluminosos pechos de Amarcord (también Sorrentino presenta un personaje de enormes tetas) atrae y repele al mismo tiempo a sus hijos. La diferencia es que en Fellini aún existía un atisbo de esperanza, algo que en "La gran belleza" parece más difícil de alcanzar.
Procedimientos cinematográficos: Todo lo anterior, claro es, lo presenta Sorrentino mediante procedimientos cinematográficos habituales pero que por momentos nos parecen sorpresivos y arriesgados por su escasa duración, por la combinación de éstos, por transiciones bruscas, etc.: primerísimos planos, cámara subjetiva, mezcla en la misma secuencia de personajes de dos épocas distantes (los Mariachis junto a la enloquecida marcha de la música electrónica accionada por expertos djs), mezcla de planos sin solución de continuidad (nadir, cenital...), iluminación tenue para las rememoraciones frente a la hiriente  luminosidad de la época actual, entre otros.

La música: En fuerte comunión con todo está la música que va del clásico setentero "Far l'Amore" de Raffaella Carrá remezclado en música electrónica por Bob Sinclair que sirve de puerta de entrada a la película hasta las composiciones del actual Vladimir Martynov del que Lele Marchitelli, encargado de la música del film, escoge su composición "The beatitudes" en interpretación del Cronos Quartet. La unión de estos ritmos tan dispares son los que logran dar al relato el tono de vacío que la locura fiestera -el "bunga - bunga"- de "La grande bellezza" (en italiano transmite mejor su auténtico sentido) pretende dar.





Si habéis llegado hasta aquí en vuestra lectura es que os ha interesado la entrada y espero haberos convencido para que vayáis a ver esta magnífica película que a buen seguro algo se llevará de los Óscar. Ahora bien no la veáis en el televisor, vedla en una sala de cine con pantalla grande y sonido espectacular, no olvidéis que el Cine es eso, un auténtico espectáculo y la TV un pequeño electrodoméstico.

21 dic. 2013

Alice Munro, José Hierro: Poesía necesaria de la cotidianidad

4 comentarios:

Poema VIDA de José Hierro
Cuando hace unos meses decidí abrir en este blog una sección (etiqueta, apartado, hashtag... o qué sé yo) dedicada a la Poesía pensaba en uno de mis poetas preferidos, José Hierro. Luego, no sé por qué exactamente, las entradas que he hecho bajo la etiqueta POESÍA NECESARIA no han tratado de él; pero ahora, tras haber leído en la tertulia "Más que palabras" los cuentos de Alice Munro, los poemas de Pepe Hierro me han venido a la memoria de nuevo. Y es que la poesía de Hierro habla -como le sucede a la narrativa de Alice Munro- de la vida cotidiana, de su cotidianidad personal (la guerra que vivió de niño, la cárcel, su amor a la pintura, su amor al mar, el Amor, la solidaridad, sus viajes...) que le lleva a reflexionar sobre la condición humana y al lugar y finalidad del hombre en este mundo. Dos son los poemas del poeta que siempre están en mi memoria y que al poeta le surgieron de experiencias vividas en sus viajes o simplemente de la pura reflexión. Son los siguientes: : "Réquiem" y "Vida"


Réquiem (Cuanto sé de mí, 1957)  
Manuel del Río, natural
de España, ha fallecido el sábado
11 de mayo, a consecuencia
de un accidente. Su cadáver
está tendido en D’Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
a las 9.30 en
 St. Francis.
Es una historia que comienza
con sol y piedra, y que termina
sobre una mesa, en D’Agostino,
con flores y cirios eléctricos.
Es una historia que comienza
en una orilla del Atlántico.
Continúa en un camarote
de tercera, sobre las olas
—sobre las nubes— de las tierras
sumergidas ante Platón.
Halla en América su término
con una grúa y una clínica,
con una esquela y una misa
cantada, en la iglesia
 St. Francis.
Al fin y al cabo, cualquier sitio
da lo mismo para morir:
el que se aroma de romero
el tallado en piedra o en nieve,
el empapado de petróleo.
Da lo mismo que un cuerpo se haga
piedra, petróleo, nieve, aroma.
Lo doloroso no es morir
acá o allá…
José Hierro, dibujante
Réquiem aetérnam,
Manuel del Río. Sobre el mármol
en D’Agostino, pastan toros
de España, Manuel, y las flores
(funeral de segunda,
caja que huele a abetos del invierno),
cuarenta dólares. Y han puesto
unas flores artificiales
entre las otras que arrancaron
al jardín…
 Libérame Dómine
de morte aeterna… Cuando mueran
James o Jacob verán las flores
que pagaron Giulio o Manuel…
Ahora descienden a tus cumbres
garras de águila.
 Dies irae.
Lo doloroso no es morir
Dies illa acá o allá,
sino sin gloria…
Tus abuelos
fecundaron la tierra toda,
la empapaban de la aventura.
Cuando caía un español
se mutilaba el universo.
Los velaban no en D’Agostino
Funeral Home, sino entre hogueras,
entre caballos y armas. Héroes
para siempre. Estatuas de rostro
borrado. Vestidos aún
sus colores de papagayo,
de poder y de fantasía.
Él no ha caído así. No ha muerto
por ninguna locura hermosa.
(Hace mucho que el español
muere de anónimo y cordura,
o en locuras desgarradoras
entre hermanos: cuando acuchilla
pellejos de vino derrama
sangre fraterna). Vino un día
porque su tierra es pobre. El mundo
Libérame Dómine es patria.
Y ha muerto. No fundó ciudades.
No dio su nombre a un mar. No hizo
más que morir por diecisiete
dólares (él los pensaría
en pesetas)
 Réquiem aetérnam.
Y en D’Agostino lo visitan
los polacos, los irlandeses,
los españoles, los que mueren
en el
 week-end.
Réquiem aetérnam.
Definitivamente todo
ha terminado. Su cadáver
está tendido en
 D’Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
por su alma.

Me he limitado
a reflejar aquí una esquela
de un periódico de New York.
Objetivamente. Sin vuelo
en el verso. Objetivamente.
Un español como millones
de españoles. No he dicho a nadie
que estuve a punto de llorar

Vida  (Cuaderno de Nueva York, 1998)
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "Todo", y el eco dice "Nada"
Grito "Nada" y el eco dice "Todo"
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era nada)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada

Pero..., ¿qué tiene que ver José Hierro, sus poemas existenciales y sociales con los cuentos de la canadiense Alice Munro? Pues nada y todo, como casi siempre ocurre. En mi opinión ambos escritores beben en su vida cotidiana, aunque luego las experiencias cada una las vierta de modo diferente sobre el papel. Así hablaba el poeta santanderino nacido en Madrid en unas jornadas sobre su poesía celebradas Círculo de Bellas Artes de Madrid allá por el año 1982:
En el ámbito de la poesía de la vida —dejemos ahora aparte la poesía esteticista— hay dos puntos extremos: lo intimista y lo social. Por lo menos esto es lo que se viene repitiendo. La distinción, hecha a ojo de buen cubero, suele ser ésta: el poeta intimista es el que elabora la materia prima de sus experiencias singulares, en tanto que el poeta social interpreta sentimientos colectivos. El poeta intimista despierta en sus lectores el «yo»; el social, el «nosotros».
Creo que estas palabras del poeta distinguen claramente los dos tipos de poetización de lo cotidiano que realizan escritores como Alice Munro, vertida hacia el intimismo del "yo" fundamentalmente femenino, y otros como Hierro cuyas experiencias vitales se desbordan hacia el "nosotros" social. 

De Alice Munro y sus cuentos, nacidos de su propia cotidianidad, tan sólo recomendar la lectura de cualquiera de sus colecciones ("Demasiada felicidad", "Las lunas de Júpiter", "La vida de las mujeres", "Mi vida querida" o cualquier otro) para deleitarse con su prosa envolvente que fluye con naturalidad y que esconde una poesía que subyuga al más pintado. Sin perjuicio de que os paséis por el blog de la tertulia "Más que palabras" reproduzco a continuación una brevísima nota que figura allí a propósito de la tertulia que realizamos sobre el libro "Mi vida querida" de la autora canadiense:

Sobre la colección de cuentos de Alice Munro ("Mi vida querida") hubo casi unanimidad en elogiarlos en su conjunto y también uno a uno; quizás los considerados más autobiográficos -los cuatro últimos- fueron los menos aplaudidos precisamente porque la cotidianidad real yo creo que empaña un poco la magia alcanzada con la cotidianidad envolvente de la ficción muy, pero que muy, ligada a la anterior. Desde luego los cuentos de Alice Munro gustan mientras se leen y, como, dada su brevedad, se confunden en el recuerdo después de haber sido leídos, piden volver sobre ellos para degustarlos de nuevo. Y es que estos cuentos son hermosos y quieren, como la poesía, ser leídos una y otra vez. Vamos, una maravilla.

11 dic. 2013

LA VIDA Y LA MUERTE ME ESTAN DESGASTANDO

6 comentarios:
Esta novela es la segunda que leo del premio Nobel chino 2012. Anteriormente leí  "Las baladas del ajo" (vid. post del 7 de enero de 2013 ). Son dos obras a las que separan 20 años y se nota que su autor durante ese tiempo perfeccionó su estilo hasta conseguir esta novela considerada por muchos de sus estudiosos como su obra maestra.  
"La vida y la muerte me están desgastando" es grande en todos los sentidos. Es tal su vastedad que me  limitaré a llamar la atención sobre algunos aspectos de la infinidad que aparecen en esta novelita de más de 750 páginas:

Cervantismo.  Durante su lectura constantemente pensaba, por varios motivos, en Miguel de Cervantes. En primer lugar porque la novela utiliza un estilo paródico semejante al que nuestro español empleó en su Quijote. Ahora bien, aquí lo parodiado es la Revolución vivida por China durante la segunda mitad del pasado siglo. Y para construir la parodia Mo Yan echa mano, como nuestro manchego ilustre, del humor. Un humor elegante, irónico e inteligente:
"Los oficiales del concejo de Gaomi demostraron lo inteligentes que eran poniendo a trabajar a los ingenieros de derechas, lo que dio lugar a una producción de acero utilizable" (pág. 129)
"-¿Quién necesita ir a la universidad? -dijo Mo Yan-. Los verdaderos artistas no cuentan con una educación importante. Mírame a mí, por ejemplo. (pág. 570)
"Aunque la Revolución Cultural destruyó la cultura, también creó otra cultura nueva" (pág. 597)
También es muy cervantino ese hacer hablar a los animales con sentido propio de seres humanos. Cuando Ximen Nao convertido en el burro Negro, en buey, en el cerdo Dieciseis o en el perro Cuatro  conversa con los de su especie lo hace con la misma inteligencia que Cipión y Berganza demuestran en el famosos coloquio cervantino. El simposio perruno que se celebra en el capítulo XLIII es antológico en este sentido y también muy divertido: allí dialogan el mastín tibetano que no pudo adaptarse a la vida por debajo del nivel del mar [no olvidemos que muchos de estos seres proceden en última instancia del inframundo], el perro salchicha alemán que traía las cervezas o el perro lobo que es húngaro.

Aunque quizás lo más cervantino sea esa intromisión del autor real en el relato como personaje del mismo pero también como fuente narrativa, algo así como el Cide Hamete del Quijote, llegando en ocasiones a suplir sus textos a los del narrador:
"En un cuento titulado 'Brillantes flores del albaricoqueros', Mo Yan relató cómo un día descubrió a Ximen Jinlong y a Huang Huzhu a mediodía.  [...] Y así escribió:" (pág. 401-402).Podría asemejarse, pues, a las novelas intercaladas cervantinas.
Del mismo modo me parece muy cervantino el examen que el autor hace de su propia literatura en esta novela, actitud que recuerda vivamente la de Miguel de Cervantes enjuiciando su habilidad como poeta en el famoso escrutinio de la librería de don Quijote. Lo distintivo es que Mo Yan profundiza bastante en su quehacer literario. Así conocemos que su inspiración nace de la realidad que observa ("Todos los residentes de la aldea de Ximen se pueden encontrar en cualquiera de los notorios libros de Mo Yan"(pág. 357) si bien transformada, por lo que para muchos su literatura no es más que "tonterías llenas de mentiras" (pág. 423); de hecho su estilo es calificado de realismo alucinatorio ("Mo Yan, siempre dispuesto a engañar a la gente con herejías, tiene la costumbre de mezclar en sus historias la realidad con la fantasía.  No puedes rechazar sus contenidos de un plumazo, pero no debes caer en la trampa de creer todo lo que escribe" (pág. 386). Y hasta en ocasiones revela procedimientos narratológicos utilizados por el autor como la anticipación:. Así Jiefang que en el relato es amigo de Mo Yan y cinco años mayor que éste dice:
 "la gente en los años cincuenta era inocente, en los años sesenta era fanática,  en los setenta tenía miedo de su propia sombra, en los ochenta sopesaba meticulosamente las palabras y los actos de los demás y en los noventa simplemente era mala. Lo siento, creo que me estoy adelantando a los acontecimientos.  Es un truco que Mo Yan emplea a todas horas, y he sido tan tonto como para dejar que me afecte en mi modo de hablar" (pág. 380)
Folklorismo. Para mí uno de los grandes valores de la narrativa de Mo Yan es la manera que tiene de  construir sus relatos, que siendo modernos no dejan de beber en la tradición secular china. En "La vida y la muerte me están desgastando" es clarísima la dualidad taoísta del yin y el yang, presente tanto en en la historia narrada como en la forma utilizada para su construcción. En lo formal, la duplicidad contraria y complementaria aparece en los dos narradores, -Ximen Nao en cualquiera de sus reencarnaciones y Lan Jiefang-, quienes alcanzan la unidad de opuestos en el narrador Mo Yan del Libro Quinto. La doble titulación de los capítulos de los cuatro primeros libros y el título ("Un principio y un final") del quinto libro son también muestra de esta oposición complementaria; por contra los títulos del resto de libros así como el de los de los capítulos del quinto es simple, lo que revela que la filosofía subyacente es de puro taoísmo pues la dualidad de opuestos -yin, yang- se concilia en la unidad del tao. Y en cuanto a lo que se nos cuenta es más que evidente que esta dualidad de fuerzas opuestas está presente desde el principio en el enfrentamiento colectivización vs campesino independiente (Lan Lian) llegando al final a ser de signo contrario (capitalismo mayoritario vs algún nostálgico comunista como el personaje Hong Tainyue), si bien existe un principio conciliador de estas dos fuerzas opuestas que es la nación china o -y aquí Mo Yan se escapa con su acostumbrada habilidad- el Partido Comunista que rige con mano de hierro este "Un país,  dos sistemas". Esta complicada conciliación de opuestos y fuerzas divergentes: matrimonios entre seres que no se aman, hermanos de distintas madres, de distintos padres, terratenientes y trabajadores, amores imposibles, comunismo y capitalismo, etc., representa la vida que fluye y que se agota en la muerte para volver a renacer con fuerza de nuevo en una especie de eterno retorno. Y esto está presente en el taoísmo tradicional que busca la superación y progreso personal y colectivo dentro de la mutación constante que nos constituye.


También es rasgo folclórico presente en la filosofía taoísta tan pegada al pueblo chino la aceptación estoica de lo que es inevitable. Así cuando el cerdo Diao Xiaosan se abandona a la muerte le dice a Cerdo Dieciséis: "Cerdo Dieciséis,  lo que hoy soy yo, tú lo serás mañana..., es el destino de todos los verracos." (pág. 453). Es un estoicismo presente también en otras culturas como la cristiana que  en muchas de sus iglesias coloca mensajes de este tenor (en mi ciudad, Salamanca, puede leerse en una plaquita situada desde hace siglos en la pared exterior de la iglesia de San Julián la siguiente frase: "Quienes dan consejos ciertos a los vivos son los muertos". ¿No son mensajes semejantes?).

Los elementos mágicos y maravillosos propios de los cuentos folclóricos también aparecen en esta obra. ¿Qué otra cosa es si no el poder curativo del cabello de Huang Huzhu que sangra cuando le es arrancado? La magia podrá saltarse normas severas como la de la muerte gracias a estos poderes inexplicables.

Otros rasgos folclóricos serían la inclusión de canciones populares que sirven de resumen, ya legendario, a los sucedidos. Esta técnica la usó Mo Yan con profusión en "Las baladas del ajo". También las interpelaciones directas al lector, al estilo de los relatos épicos populares ("Querido lector, nuestra historia está llegando a su fin. Espera un poco más a mi lado, te lo ruego, sólo un poco más. " (pág. 753). Y también,  sin ninguna duda, el tono humorístico o/y carnavalesco que utiliza el autor como mecanismo distanciador es rasgo propio de narraciones folclóricas y en Mo Yan es característica habitual.

Universo literario.  Exactamente así, -de universo literario-,  podría calificarse esta novela de Mo Yan al ser un compendio de literatura, tanto de la occidental (Cervantes como ya he señalado antes, pero también Dante o Shakespeare: " el director lucía una poblada barba, una calva parecida a la de Shakespeare y una nariz tan torcida como la de Dante", pág. 688) como de la oriental, presente fundamentalmente a través del propio Mo Yan, pero también del taoísmo y su mitología (monte Emei, el dios Erlang, Guanyin Bodhisattva...). Lo importante y característico de ésta y otras novelas del Nobel chino es su intento -¡y logro!- de aunar ambas tradiciones culturales, algo que en algunos momentos del relato se formula expresamente:
"Yo sabía lo mucho que se esforzó Chang en la creación de esta producción,  a fin de integrar las tradiciones local y occidental" (pág. 469).
Como elemento cuasi literario, el cine también ocupa su espacio en la novela; no en balde el autor desde casi sus inicios ha estado muy ligado al séptimo arte como demostró Zhang Yimou en 1987 llevando a la pantalla su novela "Sorgo rojo". En "La vida y la muerte me están desgastando" hay referencias a ello:
 "Incluso corrió el rumor de que el famoso director Ingmar Bergman tenía pensado llevar los "Cuentos de la crianza de cerdos" a la gran pantalla,  pero ¿dónde iba a encontrar tantos cerdos?" (pág. 460) , ¡el humor en Mo Yan siempre a mano!
También se utilizan o se parodian recursos propios del cinematógrafo:
"Como una escena extraída de esas cámaras de cine que van a velocidad rápida, contemplé cómo se abría la boca de Yingchun para dejar escapar un grito [...]. Cuando golpeó en la frente de Yingchun, la baldosa se rompió en mil pedazos que salieron volando en todas las direcciones, seguidos inmediatamente por sus gotas de sangre." (pág. 412)
Altura poética.  Aparte de su personal estilo a la hora de construir la novela mediante la anulación del tiempo en un constante ir y venir, del humor con que impregna la historia contada, del impresionante número de personajes y sus complicadas relaciones familiares y personales, de la idea de una China en marcha y que no se detiene que pretende transmitir..., de nuevo lo que es más subyugante de la narrativa de Mo Yan es la altura poética que el texto alcanza en no pocos momentos (¡lástima no conocer el mandarín para gozar más de ello; pero también un '¡bravo!' al traductor Carlos Ossés por elevarnos a esas cimas poéticas!):
"El aroma inundó el aire, como un fino licor,  omo la miel, como vainas recién salidas de la sartén. El hilo rojo que se dibujabaen mi imaginación se convirtió en una gruesa cuerda del mismo color. Después de viajar la mitad de la noche  y de pasar por multitud de penalidades como encontrar un melón al final de una parra" [...] (pág. 132)
 dice el burro Ximen explicando su atracción amorosa.
"-Presidente Mao, yo también soy uno de los miembros de tu pueblo. Tú me diste el derecho a ser un campesino independiente.[...] Una mariposa amarilla bajó volando del albaricoquero y se posó como una hoja muerta sobre un crisantemo blanco que Yingchun llevaba en su cabello. Era costumbre de la aldea llevar un crisantemo blanco en el cabello para llorar a un ser querido. Las demás mujeres se precipitaron hacia la puerta de Yingchun para coger crisantemos blancos, con la esperanza de que la mariposa también se posara sobre sus cabezas. Pero después de aterrizar sobre la cabeza de Yingchun, plegó las alas y se quedó quieta." (pág. 477)
 se cuenta cuando Lan Lian llora la muerte de Mao Zedong.
"Nos abrazamos y comenzamos a movernos a la luz de la luna como un pez sumergido en el agua. Hicimos el amor con los ojos llenos de lágrimas de agradecimiento. Nuestros cuerpos parecían flotar y salir por la ventana, ascendiendo hasta la luna, dejando en la lejanía las luces de infinitas lámparas y el suelo púrpura. Y allí vimos a mamá, a Hezhuo, a Huang Tong, a Qiuxiang, a la madre de Chunmiao, a Ximen Jilong, a Hong Taiyue,  a Ximen Bai... Todos ellos se encontraban sentados a lomos de pájaros blancos, volando hacia un vacío que no podíamos ver" (pág. 718)
 leemos cuando por fin Jiafeng y Chunmiao pueden hacer el amor sin miedo a las habladurías que hasta entonces habían soportado.  Mo Yan deja siempre sus mejores palabras para los momentos amorosos.

La China de Mo Yan. Como ya he dicho en otro momento Mo Yan no realiza críticas acervas contra las autoridades que rigen su país, lo que a él le ha supuesto recibir unas cuantas. Mo Yan, en esta novela, presenta en forma de fábula (animales que hablan) la evolución de la RPCH desde los inicios de la revolución comunista hasta el año 2006. Sin cuestionar directamente las actuaciones del aparato del Partido, sí que ironiza sobre actuaciones concretas del mismo o, al menos, sobre su aplicación práctica:

"Fueron a pie, pero regresaron en un tractor oruga modelo 'El este es Rojo' fabricado en la ciudad de Luoyang. Por la cantidad de caballos que tenía había sido diseñado para que ayudara a realizar las tareas de la granja -arar y cosechar- pero había sido requisado por los Guardianes Rojos para utilizarlo como medio de transporte" (pág. 282).
"No había ninguna cosecha que recoger [...], pero tampoco habría importado [...] ya que primero estaba la política y luego la producción. Criar cerdos era una empresa política y la política era lo único que contaba" (pág. 348) 
 leemos cuando la Revolución Cultural está asolando el país con abundantes decisiones absurdas. Terribles estupideces reconocidas muchas veces a lo largo de la novela: 
"Jinlong levantó la mirada, con los ojos relucientes.  Yo conocía perfectamente el temperamento de mi hijo y cómo en su mente aguda se formaban ideas brillantes que solían equivaler a lo que hoy se podría considerar como absurdas, pero que en aquel momento se elogiaban con entusiasmo." (pág. 320)
Pero va a ser sobre todo el giro decidido hacia el capitalismo lo que, sin censurarlo abiertamente, sí que se expone en su obscenidad al hablar de los Cádillac, los BMW, los Audi..., que circulan por las calles o aludir a productos de marcas propias de los países capitalistas tan criticados antes:
Estas son algunas de sus novelas
"-¿Qué sucede? -preguntó Ximen Jinlong mientras descendía de su Cadillac.
El coche avanzó en silencio. Jinlong iba vestido de manera informal. Su cabeza afeitada estaba tan limpia como sus mejillas y lucía un poco de barriga. Teléfono móvil en mano, era el prototipo de hombre de negocios de primera categoría." (pág. 632).
Quien habla aquí es el mismo Ximen Jinlong que en la época maoista fue fustigador de aquellos, como su padre Lan Lian, reacios a integrarse en las Comunas productivas promovidas por el Partido.

Pero sin duda la realidad china que encaja como un guante en el denominado realismo alucinatorio de Mo Yan queda patente en momentos como cuando el adolescente Kaifang escucha las opiniones que sobre su padre y su amante Chunmiao tienen sus primos:
"-Perro Cuatro, ¿has oído que Lan Jiefang y mi tía hacen el amor diez veces al día durante una hora cada vez? [...] 
Tu hijo no dijo una palabra, pero su rostro se había ensombrecido.
-La próxima vez que volváis a la aldea de Ximen, llevadme con vosotros. He oído que tu padre la ha convertido en el paraíso del capitalismo.
-¡Qué bobadas!- respondió Ximen Huan-. No puedes tener un paraíso del capitalismo en un país socialista. Mi padre es un reformador, un héroe de su tiempo. 
-¡Menuda mierda!- dijo Fenghuang-. No es más que un cabronazo. Los verdaderos héroes de su tiempo son tu tío y mi tía." (pág. 683) 
Es evidente que el mundo (China) ha cambiado y este cambio Mo Yan lo escenifica en la pareja de hermanos Jinlong y Jiefang, quienes lo abordan de distinta manera como comentan sus descendientes. Ambos se han adaptado a los nuevos tiempos, Jinlong le dice a su hermano desde su lujoso Cadillac: 
"Muchas de las cosas sagradas por las que habríamos  perdido la cabeza hoy no valen una mierda" (pág. 645). 
Y Jiefang y su hijo Kaifang sostienen este diálogo cuando este último le pide que vuelva con su madre: 
"-No abandones a mi madre, papá... Tía Chunmiao, puedes quedarte... Vuestras abuelas se casaron con mi abuelo, ¿no es cierto?
-Aquella era la sociedad de antes, hijo -dijiste compungido-. Cuida a tu madre." (pág. 655)
La China de Mo Yan, quien sería la suma de los dos hermanos anteriores, tiene aún esperanza, como se ve en  aquellos jóvenes que ponen el amor por encima de la acumulación de bienes materiales. Pero el personaje Mo Yan del relato se presenta como un cínico posibilista:
"-Empleando las palabras de nuestro astuto escritor del condado, Mo Yan, tu padre es el tipo más valiente del mundo, el mayor gilipollas, el mayor bebedor y el mejor amante." (pág. 682)
Todo lo anterior lo es Jiefang, sí, pero se convierte en un ser libre porque sobre sus contradicciones se impondrá el amor, que será lo que le mueva a ser mejor aunque sea a costa de romper con la tradición.


28 nov. 2013

"Los privilegios" de Jonathan Dee

2 comentarios:
Para leer esta novela del escritor norteamericano Jonathan Dee tuve que interrumpir la de "La vida y la muerte me están desgastando" del premio nobel 2012, el chino Mo Yan. Como es fácil de entender el salto de una a otra literatura no está exento de riesgo pues dejar a Mo Yan para engolfarse con Jonathan Dee es semejante a dejar de escuchar a Beethoven o a Mahler y de seguido oir a los Beatles. Son buenos los Beatles, claro que sí, pero no son ni Mahler ni Beethoven. Son magnitudes diferentes, calidades distintas.

Lo anterior viene a cuenta de lo sucedido en mí con ese salto de Mo Yan a Dee: no me agradaba "Los privilegios", me parecía un relato flojo, light, sin profundidad, sin intensidad, sin chicha alguna. Claro, en mi retina estaban aún una historia, la de la China de la revolución cultural y luego posmaoísta, y una manera de construir el relato para nada semejantes a estas de "Los privilegios".  Así no había manera, por lo que decidí aparcar durante unos días a Mo Yan y dedicarme sólo al escritor norteamericano. Fue a partir de entonces que comencé a apreciar esta novela en sus justos términos.

El relato en su edición de Anagrama trae un epílogo a cargo de su traductor, Justo Navarro, que perturba la lectura al eliminar del lector la posibilidad de construirse su propia interpretación dado que el traductor lanza claves, que son bienvenidas cuando se las busca, pero que a traición como en esta ocasión se asemeja a un ejercicio de soberbia del señor Navarro o de su editor que parecen decirnos algo así como 'sé que sois algo torpes, por ello voy a explicaros lo que acabáis de leer'. Pero dejando a un lado este feo detalle, hay que sostener que Jonathan Dee realiza una novela interesante, que en su aparente simplicidad esconde no pocos elementos dignos de ser resaltados. Hablarè de algunos de ellos:

 a) La manera de presentar la historia. La vida de una familia salida de la mediana burguesía que se aprovecha de su situación profesional para ascender con medios nada claros (crear dinero mediante la especulación con fondos de otros y sin su conocimiento) nos la presenta Dee mediante cuatro cortes transversales (la boda, el ascenso meteórico en la profesión,  la independencia profesional, asunción de su realidad por los herederos) separados entre sí por 6 ó 7 años de los que casi nada se nos dice pero que vistas las posteriores acciones entendemos fácilmente.

b) Un narrador que no opina. La figura del narrador es en mi opinión importante en esta novela. Es un narrador externo en tercera persona y objetivo que se limita a, cual periodista o cámara de cine, dejar constancia de lo que sucede: el bróker Adam es un águila para los negocios y hace ganar a su jefe -y a sí mismo aunque con métodos espúreos y escondidos- ingentes cantidades de dinero. Tanto gana que junto a Cynthia, su esposa, dedicará una nada despreciable cantidad a fundaciones sin ánimo de lucro, ayudas a menesterosos,  donaciones a instituciones religiosas, etc. a las que ella se entregará en cuerpo y alma.  ¿Es moral o inmoral este comportamiento? El narrador no opina, que cada cual se construya la suya. Esta actitud contrasta con las expectativas del lector dada su habitual experiencia lectora: lo que hace Adam no está bien, debería sufrir castigo. Pero en este relato no hay juicios de valor. Lo que ocurre es lo que ocurre, podrían pasar otras cosas, sí, pero no pasan. Esto es lo que hay. ¿Esto es lo que hay? ¡Qué escándalo!

c) Estilo indirecto libre. Lo que tiene este relato es un estilo fluido,  amable, fácil, que incita a leer, que nos atrapa como lectores. Y aparte de los asuntos que se muestran, desde el punto de vista estilístico,  el autor hace un muy afortunado uso del estilo indirecto libre pero sustituyendo con frecuencia esa 3ª persona, que evita la reflexión del personaje en 1ª,  por la coloquial forma de la impersonal en 2ª de singular que incluye no sólo al personaje que la piensa sino muy directamente al lector o a cualquier persona que se ve subsumido en ella y, por tanto, cómplice de ese pensamiento lo comparta o no lo comparta. Véase un ejemplo:
Cuando Deborah, hermanastra de Cynthia, le pide a ésta permiso para llevar a su hijo Jonas a una exposición sobre Andy Warhol, Cynthia reflexiona:
"Andy Warhol, pensó de pronto. Una cosa era obsesionarte con esa mierda absurda cuando estabas en secundaria, pero dedicarle por completo tu vida..." (pág. 195).
El mismo Jonas en su transformación tras la aventura personal vivida reflexiona al final del relato:
"No. No. El éxito era una fortaleza que el miedo corroía sin cesar. Lo que hiciste ayer, fuera lo que fuera, no significa nada: en el momento en que dejabas de revalorizar lo que habías construido, empezaba la decadencia." (pág. 325).
Prácticamente todos los personajes en algún momento del relato tienen reflexiones que el autor nos presenta mediante esta 2ª persona generalizadora. En un momento dado, justo en la mitad de la novela, Deborah en conversación con Cynthia sobre su madrastra y madre de esta última, Ruth, usa esa forma de manera ambigua ("Creo que ella se las arreglará sola. Mejor que muchos. Lo único preocupante, si te quieres preocupar por algo, es que su salud vaya a peor, como le pasó a papá. Entonces tendrás que tomar decisiones difíciles" [pág. 198]). Y esta ambigüedad la explicita el propio narrador dando en mi opinión una de las claves de este estilo narrativo:
"Cuando empleaba la segunda persona del singular, ¿lo hacía en sentido impersonal o se refería a 'Cynthia'? (ibidem)
d) Relaciones familiares:  Es uno de los asuntos de la novela. Todo lo suple el dinero. La generación de Adam y Cynthia está por encima de la de sus padres (Ruth y Charlie Sikes, los padres de Cynthia; de los de Adam apenas si sabemos algo) en el sentido de amar a sus hijos a pesar de no dedicarles tiempo pero sí darles todos sus caprichos. Llegan al extremo de volcarse más en los de afuera que en sus propios herederos; tal es el caso del comportamiento de Cynthia con la amiga descarriada de su hija April, sin ser conscientes de que en su propio hogar su hija estaba viviendo su descarrilamiento personal. También  Jonas habrá de encontrar en un mundo muy distinto del de su propia familia, la justificación de unos valores contra los que creía estar.

e) Fotografía de la actualidad. Pese a no haber alusiones temporales claras (nombre de políticos, crisis financieras, efemérides temporales, etc.) la novela entra dentro de la llamada novela sociológica norteamericana. Presenta una instantánea de un tipo de familia típica americana salida de la nada que en la tierra de las oportunidades se eleva y cambia de grupo social gracias a la acumulación de dinero. ¿Alguien pregunta el sistema utilizado para lograrlo? Naturalmente, no. ¿Inmoralidad? De nuevo surge la pregunta. Pero ¿puede calificarse una fotografía de inmoral? ¿Es más ético no hacerla?

f) Culturalismo: En la novela aparecen un buen número de referencias culturalistas, algunas de las cuales, especialmente las literarias, sirven de claves o dan pistas para la interpretación del relato. Así sucede con la alusión, en el pensamiento de Jonas, a la famosa novela de Conrad ("Era como si, a falta de un verdadero corazón de las tinieblas, él hubiera decidido crear uno de la nada" (pág. 321). Ni que decir tiene que en toda la historia de Adam resuena la de Scott Fitzgerald como el mismo Justo Navarro se aviene a señalar en el cuestionable epílogo que acompaña a la novela en esta edición.  Y luego estaría el mundo del arte (Andy Warhol, Dubuffet, Monet, o Novak, posible y auténtico representante del Art Brut) cuestionado y/o envilecido por el poder del dinero que todo lo bazuca al confundir como dijo el poeta "valor y precio". Por último, la música que sirve para marcar distanciamientos generacionales y atracciones más o menos no admitidas; así mientras el padre gusta de escuchar a Aerosmith, Lou Reed o a los Allman Brothers, sus hijos, en especial Jonas escucha a The Strokes o a los Flatt & Scruggs, grupos alternativos a pesar de que su sensibilidad le lleva a amar el blue-jazz de los años 20 y 30. [en la página "Música que me gusta escuchar" incluyo algunos temas citados en la novela].

g) El tono. Sin lugar a dudas, junto a algunos de los elementos comentados antes, la característica de estilo más interesante de Jonathan Dee es el tono que da a la historia familiar que nos cuenta, que es el de un alejamiento irónico decididamente buscado que nos lleva a ver el cinismo de una sociedad y de un estilo de vida que encumbra por encima de todo -ya lo he dicho antes- al dinero.

Por todo lo señalado anteriormente me atrevo a recomendar esta novela que ha recibido elogios aquí, pero sobre todo en su país natal por autores actuales como Jonathan Franzen, Auster o Richard Ford.

PD.- Jonathan Dee (Nueva York, 1962) ha trabajado de redactor jefe en The Paris Review y escribe habitualmente en The New York Times Magazine y en Harper’s. Ha publicado cuatro novelas, inéditas en España: Palladio, St. Famous, The Liberty Campaign y The Lover of History. Su quinta novela, "Los privilegios", finalista en el Premio Pulitzer 2011, ha sido traducida al castellano, francés, italiano, neerlandés, rumano y chino. 

19 nov. 2013

"Tirano Banderas": Teatro, novela, o todo lo contrario.

2 comentarios:
Esta entrada o post podría muy bien haberse titulado, al estilo clásico, como "De la utilidad de los géneros literarios", pues tras haber visto la cuarta versión teatral –no son muchas para casi 90 años - de la excelente novela de Valle no me cabe duda alguna de que no todo vale, de que cuando el genial don Ramón escogió el género narrativo para contar la historia del bárbaro dictador Santos Banderas por algo lo hizo, él que manejaba los recursos del drama como nadie.

Como bien dice Horacio Otheguy Riveira sobre esta adaptación de Flavio González Mello en "Culturamas, la revista de información cultural" unos actores magníficos se desaprovechan totalmente en un espectáculo "desangelado" que abusa de una escenografía demasiado simplista que a mí me ha recordado a las representaciones teatrales de los grupos universitarios de los años 70 cuando no -como con acierto dijo mi amigo Rafa- las propias de los finales de curso en colegios e institutos. En mi opinión Oriol Broggi, director  y escenógrafo, ha confundido los experimentalimos valleinclanescos de la época vanguardista en que nació el texto (1926) con teatro barato y cutre: así algo tan interesante como la simultaneidad de acciones la resuelve con el anquilosado recurso de la sábana que recorre en excesivas ocasiones el escenario mostrando o tapando la escena oportuna; o cuando para mostrar la omnipresencia del dictador éste deambula por la escena o aparece hierático y en semipenumbra sentado en su poltrona junto a un catalejo símbolo seguramente de su alejamiento de la realidad.
A estos para mí errores de puesta en escena cabe añadir los momentos, especialmente durante el primer acto, en que el espectador se pierde en una vorágine de carreras, gritos ininteligibles, personajes que se confunden a veces al realizar la mayoría de los actores  varios papeles (un elenco de 9 actores cubren la actuación de 49 personajes), junto  a una variedad en los timbres y acentos que dificultan, al menos durante la primera media hora, el seguimiento de la acción al ser 5 de los 9 actores no españoles: 2 de México (Emilio Echeverría, magnífico en su papel de dictador sin escrúpulos, y Joaquín Cosío, que borda el papel de humilde vejado y humillado) , 1 de Venezuela (Rafa Cruz)  y otros 2 de Argentina (Vanessa Maja y Mauricio Minetti), sin que esto se convierta en demérito pues todos ellos son excelentes aunque en esta ocasión mal dirigidos.
Afortunadamente tras el intermedio vuelve el hombre, quiero decir el autor Ramón María del Valle Inclán, con su texto literario contundente, lírico y profundo que, dichos por los propios actores algunos de los hermosísimos fragmentos narrativos cual si de acotaciones teatrales se tratase,  provoca que la acción se sosiegue y avance con orden y belleza suma al quedar realzados los recursos esperpénticos y expresionistas contenidos dentro del propio lenguaje narrativo de la novela. Además los actores en esta segunda parte dejan de ser sólo tipos ganando en individualidad  con momentos de alto nivel. Tal sucede con el mexicano Joaquín Cosío  (Zacarías) cuando grita y gesticula desesperado tras la injusta y salvaje pérdida de su mujer e hijo (expresionismo puro) o cuando el dictador mata a su hija de quince puñaladas antes de que él sucumba a manos de los revolucionarios y su cuerpo sea hecho cuartos.  

Ya sólo por servir para difundir de nuevo la novela de “Tirano Banderas”  esta adaptación tendría  sentido. Y es que la narración de Valle Inclán esconde muchos valores como incorporar a la lengua literaria modismos y frases propias del pueblo llano (quizás una deuda de Valle Inclán con el naturalismo del que él en sus inicios modernistas renegó profundamente) que en la estética del esperpento que llena el relato encuentra su espacio propio. Y también, qué duda cabe, Don Ramón con este relato abrió definitivamente[en el año 1845 apareció el relato “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento considerado como el primero de la lista] la puerta de salida para la larga nómina de “novelas de dictador” que surgieron en Latinoamérica a lo largo del siglo pasado: “El señor presidente” de Miguel Ángel Asturias, “El otoño del patriarca” de García Márquez, “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier, “Yo, el Supremo” de Augusto Roa Bastos, "Conversación en la Catedral" de Mario Vargas Llosa, etc., llegando el subgénero a entrar en el XXI con “La fiesta del chivo[año 2000] de Vargas Llosa o “La maravillosa vida breve de Óscar Wao”del estadounidense-dominicano Junot Díaz [año 2007].


Meritorio es el proyecto “Dos orillas” que esta adaptación inaugura en el Teatro Español de Madrid   y que consiste en realizar espectáculos teatrales participados por grupos, actores, directores, etc. pertenecientes a ésta y la otra orilla del Atlántico. El proyecto es interesante y cuando se consolide no se nos hará extraño escuchar  -¡y los entenderemos desde el principio!- los timbres y acentos de los distintos lugares en los que se habla español.

7 nov. 2013

"GRAVITY": La soledad sonora

2 comentarios:
Mi entorno cercano no gusta de la ciencia ficción. Es por ello que he ido solo a ver “Gravity”, la película del mexicano Alfonso Cuarón. Al contrario que a mí parece que al entorno de Alfonso Cuarón sí le gusta este género pues el guión de “Gravity” lo firma junto a su hijo Jonás a su vez también director de cine. A mí la película me ha gustado mucho y pienso que quienes me rodean se han equivocado en esta ocasión.

Que conste que en nuestros días el asunto que se plantea en el film escapa de mano a la consideración de utopía científica, pues en más de una ocasión los humanos hemos enviado naves al espacio exterior a fin de reparar satélites, corregir trayectorias, relevar astronautas en la estación espacial internacional; también es tal la basura que se acumula allí arriba que no es la primera vez que restos de satélites se han precipitado contra nuestro planeta o han impactado o podido impactar con otros ingenios espaciales fabricados por el hombre. Es evidente, pues, que la denominada ciencia ficción pierde en este film el adjetivo. Y así lo sostiene su director en cuantas entrevistas sobre la película se le han hecho. De manera que más que de película de ciencia ficción cabe hablar de película de catástrofe y suspense en un medio poco corriente, la termosfera.

La trama que desarrolla “Gravity” es la de un accidente sufrido por unos astronautas durante un paseo espacial fuera de su nave para reparar el Hubble. Sólo dos logran escapar a la lluvia de basura que se les ha echado encima mientras trabajaban. Una es la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), una brillante ingeniera que está en su primera misión espacial. Su acompañante es el veterano astronauta Matt Kowalsky (George Clooney). Al quedar aislados deberán intentar regresar a la Tierra que se encuentra 600 kilómetros más abajo, y ellos flotan ingrávidos en el espacio.

De los dos actores antes señalados destaca y sorprende gratamente, por escapar de sus registros habituales, Sandra Bullock, la actriz que en los títulos de crédito de tantas películas haya aparecido: Mientras dormías, Miss Simpatía, Corazones robados, Mi novio quiere ser millonario, etc. llegando casi a encasillarse en un tipo de personaje, el de la mujer ingenua, joven y algo tonta que consigue a su chico porque ella en su inocencia verdaderamente lo merece. Sin embargo aquí vemos a una científica que lucha por su vida y utiliza sin tontería alguna sus muchos conocimientos. Más tonto y encasillado (en muchos otros filmes aparece con estas características) me parece en esta ocasión el personaje de Clooney, el hombre experimentado que se sabe guapo y que tontea un poquito con la mujer inexperta en cuestiones espaciales.

Dejando a un lado la más que posible y merecida nominación al óscar de la Bullock, el filme destaca por su cinematografía, por sus imágenes, que son de una suprema belleza: Nuestro planeta visto por estos astronautas, el sol que se oculta y vuelve a aparecer tras él, la envoltura de nubes que lo rodea, el azul de los océanos, etc. vistos en 3D a través de la mirada de Alfonso Cuarón nos reconcilia con nuestra condición humana: da gusto vivir, y estar vivos, para poder disfrutar de todo esto, ¡no lo destrocemos!

El título sintetiza el asunto que se narra: la lucha que unos cuerpos habituados a la gravedad han de mantener para poder recuperarla. O sea, la constante contradicción del ser humano: la gravedad que nos ata a la tierra también nos libra de peligros. Desde el punto de vista científico este tema está bien presentado: la velocidad constante al no existir fuerza que la frene es un elemento importante en la historia. El reto superado de la película es lograr presentar este estado de ingravidez de modo creíble merced a los efectos especiales utilizados.

Pero como suele ocurrir con las obras que no dejan indiferente a nadie, en seguida han surgido voces desautorizándola con el argumento de su alejamiento de la verdad científica (vid.  “Cinco cosas que ‘Gravity’ dejó ‘a la deriva’ de la realidad científica”). Estas objeciones no desmerecen las virtudes del film que, como dice su director y co-guionista, “No es un documental. Es una obra de ficción”. Y esto  hay quienes, bien leyendo una novela o viendo una película de ficción, lo olvidan sistemáticamente.

Nota: Muy interesante es la banda sonora en una película que plantea la soledad y el silencio espacial. De ella se ha encargado Steven Price. Si queréis, la podéis escuchar accediendo a esta página. Que la disfrutéis



29 oct. 2013

"Una vacante imprevista": La explotación del éxito

No hay comentarios:
J. K. Rowling lleva vendidos con la saga del aprendiz de mago Harry Potter más de 450 millones de ejemplares en todo el mundo. Las aventuras del adolescente Harry han colmado la necesidad de fantasía de los niños de medio mundo que iban cumpliendo años al ritmo de su héroe novelesco. Pero todo tiene un límite, el tiempo no perdona, y los lectores -luego también espectadores de las adaptaciones cinematográficas- alcanzaron otra edad, la adulta. Cual si del ficticio Harry Potter se tratase la escritora y sus editores decidieron dar un golpe con la varita mágica pues pensaron que ese jugoso mercado de lectores no debía perderse. Lo malo es que -y Harry Potter sabe de eso un montón- no siempre la magia produce los efectos deseados. Este es el caso de la novela "Una vacante imprevista" que salió al mercado el 27 de septiembre de 2012  con el eslogan de 'la primera novela para adultos escrita por J. K. Rowling'. Para adultos, sí, especialmente para los convencidos, aquellos que a su autora favorita le perdonan todo pues recuerdan con gusto cómo crecieron con su héroe gafitas.

Pero dejando a un lado las consideraciones anteriores plenamente mercantilistas, la novela, desde mi modesta opinión no resiste un mínimo análisis.  El relato cuenta, en síntesis, la convulsión que en una pequeña localidad de Inglaterra llamada Pagford ocasiona la repentina muerte de un representante del consejo parroquial. La plácida vida del diminuto pueblo se altera al tener que cubrir esta imprevista vacante, lo que revelará que bajo su apacible aspecto todos los habitantes del lugar escondían secretos y deseos no siempre confesables.

De partida el asunto no está mal. Lo que en mi opinión falla es que el relato está claramente descompensado. De sus 608 páginas, la escritora dedica el 80% a presentarnos acciones cotidianas y normales en cualquier comunidad de seres humanos: adolescentes rebeldes (el adoptado Fats y su amigo Andrew) que se rebelan contra la autoridad paterna; adolescentes que se minusvaloran (Sukhvinder Jawanda) pero que luego tendrán comportamientos heroicos, y otros que minusvalorados por los demás se sobreponen y luchan a su manera por cambiar el contexto familiar y/o social que les ha tocado en suerte (Krystal Weedon); esposas (Shirley y Samantha, suegra y nuera) oscurecidas por las figuras de sus maridos pero que aguantan porque son más las ventajas que los inconvenientes; hombres inmaduros (Gavin, Colin Wall); hombres autoritarios (Simon Price y Howard Mollison); hombres deseados (Vikram Jawanda y el mismo Barry Fairbrother); mujeres que se entregan profundamente por amor (Kai Bawdan o Mary Fairbrother); mujeres que se sacrifican por los demás (Tessa Wall protegiendo al débil Colin y al acomplejado y conflictivo  hijo suyo Stuart [Fats], o Parminder Jawanda defendiendo a los menos favorecidos de la localidad frente a los instalados en su confort); y algunos otros más también muy característicos.

En conclusión, al leer esas más de cuatrocientas páginas en las que suceden obviedades como las señaladas anteriormente se tiene la impresión de pérdida de tiempo y de que Rowling tiene poco asunto que ofrecer por lo que demora su resolución hasta esas 100 últimas páginas en las que sucede por fin algo. La pena es que ese 'algo' se mueve por lo trillado y convencional pretendiendo ofrecer un mensaje moralizante, válido sí, pero nada novedoso. Porque que en muchas ocasiones los despreciados e insultados se demuestren más fuertes que aquellos que los vejan y menosprecian, ¿a quién sorprende?, o que las personas de "orden" oculten vergüenzas sólo tenidas por tales por ellos mismos (los Mollison con su hija Patricia o los extraños deseos de Colin Wall) ¿no es más bien propio de la caduca novela folletinesca de finales del XIX? Y esto sin aludir al patético final en el hospital de Pagford donde el obeso poderoso Howard Mollison se recupera de su nuevo y costoso infarto mientras dos plantas más abajo, en el tanatorio, sobre una fría losa de mármol, yacen los cuerpos sin vida de Krystal y de Robbie, su inocente hermano. Maniqueísmo puro y duro.

Y por si esto fuera poco nada en el relato logra sorprendernos, todo en él es previsible, con lo que no ha lugar a suspense alguno. Ni siquiera la estructura deja un resquicio que sirva para salvar la obra. Como sucede con los relatos cinematográficos más tradicionales asistimos a los sucedidos en orden secuencial y predecible sin dejar la autora lugar a duda alguna pues todo se nos aclara, a veces hasta el extremo hurtándonos incluso la posibilidad de equivocarnos en nuestra apreciación:
"-¡Los Mollison! ¡Precisamente!- dijo Colin cuando volvió a la sala con una taza de té. No le había ofrecido una a Tessa; su egoismo se revelaba a menudo en esos detalles, vivía demasiado enfrascado en sus propias preocupaciones para fijarse en los demás." (pág. 278).
Por último una consideración más. Como digo al inicio de este comentario, la novela se publicitó con el mantra de 'la primera novela para adultos de J. K. Rowling'. Yo no veo por parte alguna nada que justifique esa calificación, a no ser que la edad adulta se reduzca a utilizar -y leer, claro- de vez en cuando unas cuantas expresiones gruesas que la novelista va sembrando por el relato y que en ocasiones llegan a sorprender  pues ya se sabe que no hay nada peor que una expresión gruesa o escatológica colocada fuera del lugar que le es natural:
"Pedaleó con furia hasta la esquina para desaparecer. No quería ver a Fats saliendo de la iglesia con un afligido Cuby, vestido con el traje barato y la corbata que le había descrito con cómica repugnancia en la clase de lengua el día anterior. Habría sido como interrumpir a su amigo cuando cagaba" (sic, pág. 194).
Aunque en ocasiones el contexto favorezca el empleo de estas expresiones, sin embargo parece que la autora es consciente de su 'audacia', sin percatarse de que lo que hace provocaría sorpresa a los lectores de la novela naturalista decimonónica, pero ¿hoy?:
"-Si gritas, te rajo, zorra.
La penetró, y le hizo daño. Krystal lo oía gruñir, y oía su débil quejido: un sonido cobarde y tenue del que se avergonzaba.
Obbo se corrió y se apartó de ella. Inmediatamnte Krystal se subió los pantalones y [...]" (pág. 391).
Ignoro si bajo el seudónimo con el que la Rowling se ha presentado ahora, el de Robert Galbraith, se pretende ocultar una nueva manera de novelar o si simplemente ha sido una añagaza más de la industria editorial para disparar las ventas del título “El canto del cuco” [en España sale a la venta el próximo 14 de noviembre], como ha ocurrido en otros países una vez que ‘sorprendentemente’ se haya desvelado la verdadera autoría de esta novela policíaca.

A mí, personalmente, me da lo mismo lo que se haga para vender una obra siempre que ésta tenga calidad; pero sí me molesta, y mucho, que pretendan darme gato por liebre, como en mi opinión me ha sucedido con la novela que he comentado.

Nota: En la página de este mismo blog "Música que me gusta escuchar" he colocado algunos temas musicales que tienen en común el tema del dinero, asunto que -siempre según mi opinión, claro es- subyace en el giro copernicano realizado por esta novelista.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...