11 dic. 2013

LA VIDA Y LA MUERTE ME ESTAN DESGASTANDO

Esta novela es la segunda que leo del premio Nobel chino 2012. Anteriormente leí  "Las baladas del ajo" (vid. post del 7 de enero de 2013 ). Son dos obras a las que separan 20 años y se nota que su autor durante ese tiempo perfeccionó su estilo hasta conseguir esta novela considerada por muchos de sus estudiosos como su obra maestra.  
"La vida y la muerte me están desgastando" es grande en todos los sentidos. Es tal su vastedad que me  limitaré a llamar la atención sobre algunos aspectos de la infinidad que aparecen en esta novelita de más de 750 páginas:

Cervantismo.  Durante su lectura constantemente pensaba, por varios motivos, en Miguel de Cervantes. En primer lugar porque la novela utiliza un estilo paródico semejante al que nuestro español empleó en su Quijote. Ahora bien, aquí lo parodiado es la Revolución vivida por China durante la segunda mitad del pasado siglo. Y para construir la parodia Mo Yan echa mano, como nuestro manchego ilustre, del humor. Un humor elegante, irónico e inteligente:
"Los oficiales del concejo de Gaomi demostraron lo inteligentes que eran poniendo a trabajar a los ingenieros de derechas, lo que dio lugar a una producción de acero utilizable" (pág. 129)
"-¿Quién necesita ir a la universidad? -dijo Mo Yan-. Los verdaderos artistas no cuentan con una educación importante. Mírame a mí, por ejemplo. (pág. 570)
"Aunque la Revolución Cultural destruyó la cultura, también creó otra cultura nueva" (pág. 597)
También es muy cervantino ese hacer hablar a los animales con sentido propio de seres humanos. Cuando Ximen Nao convertido en el burro Negro, en buey, en el cerdo Dieciseis o en el perro Cuatro  conversa con los de su especie lo hace con la misma inteligencia que Cipión y Berganza demuestran en el famosos coloquio cervantino. El simposio perruno que se celebra en el capítulo XLIII es antológico en este sentido y también muy divertido: allí dialogan el mastín tibetano que no pudo adaptarse a la vida por debajo del nivel del mar [no olvidemos que muchos de estos seres proceden en última instancia del inframundo], el perro salchicha alemán que traía las cervezas o el perro lobo que es húngaro.

Aunque quizás lo más cervantino sea esa intromisión del autor real en el relato como personaje del mismo pero también como fuente narrativa, algo así como el Cide Hamete del Quijote, llegando en ocasiones a suplir sus textos a los del narrador:
"En un cuento titulado 'Brillantes flores del albaricoqueros', Mo Yan relató cómo un día descubrió a Ximen Jinlong y a Huang Huzhu a mediodía.  [...] Y así escribió:" (pág. 401-402).Podría asemejarse, pues, a las novelas intercaladas cervantinas.
Del mismo modo me parece muy cervantino el examen que el autor hace de su propia literatura en esta novela, actitud que recuerda vivamente la de Miguel de Cervantes enjuiciando su habilidad como poeta en el famoso escrutinio de la librería de don Quijote. Lo distintivo es que Mo Yan profundiza bastante en su quehacer literario. Así conocemos que su inspiración nace de la realidad que observa ("Todos los residentes de la aldea de Ximen se pueden encontrar en cualquiera de los notorios libros de Mo Yan"(pág. 357) si bien transformada, por lo que para muchos su literatura no es más que "tonterías llenas de mentiras" (pág. 423); de hecho su estilo es calificado de realismo alucinatorio ("Mo Yan, siempre dispuesto a engañar a la gente con herejías, tiene la costumbre de mezclar en sus historias la realidad con la fantasía.  No puedes rechazar sus contenidos de un plumazo, pero no debes caer en la trampa de creer todo lo que escribe" (pág. 386). Y hasta en ocasiones revela procedimientos narratológicos utilizados por el autor como la anticipación:. Así Jiefang que en el relato es amigo de Mo Yan y cinco años mayor que éste dice:
 "la gente en los años cincuenta era inocente, en los años sesenta era fanática,  en los setenta tenía miedo de su propia sombra, en los ochenta sopesaba meticulosamente las palabras y los actos de los demás y en los noventa simplemente era mala. Lo siento, creo que me estoy adelantando a los acontecimientos.  Es un truco que Mo Yan emplea a todas horas, y he sido tan tonto como para dejar que me afecte en mi modo de hablar" (pág. 380)
Folklorismo. Para mí uno de los grandes valores de la narrativa de Mo Yan es la manera que tiene de  construir sus relatos, que siendo modernos no dejan de beber en la tradición secular china. En "La vida y la muerte me están desgastando" es clarísima la dualidad taoísta del yin y el yang, presente tanto en en la historia narrada como en la forma utilizada para su construcción. En lo formal, la duplicidad contraria y complementaria aparece en los dos narradores, -Ximen Nao en cualquiera de sus reencarnaciones y Lan Jiefang-, quienes alcanzan la unidad de opuestos en el narrador Mo Yan del Libro Quinto. La doble titulación de los capítulos de los cuatro primeros libros y el título ("Un principio y un final") del quinto libro son también muestra de esta oposición complementaria; por contra los títulos del resto de libros así como el de los de los capítulos del quinto es simple, lo que revela que la filosofía subyacente es de puro taoísmo pues la dualidad de opuestos -yin, yang- se concilia en la unidad del tao. Y en cuanto a lo que se nos cuenta es más que evidente que esta dualidad de fuerzas opuestas está presente desde el principio en el enfrentamiento colectivización vs campesino independiente (Lan Lian) llegando al final a ser de signo contrario (capitalismo mayoritario vs algún nostálgico comunista como el personaje Hong Tainyue), si bien existe un principio conciliador de estas dos fuerzas opuestas que es la nación china o -y aquí Mo Yan se escapa con su acostumbrada habilidad- el Partido Comunista que rige con mano de hierro este "Un país,  dos sistemas". Esta complicada conciliación de opuestos y fuerzas divergentes: matrimonios entre seres que no se aman, hermanos de distintas madres, de distintos padres, terratenientes y trabajadores, amores imposibles, comunismo y capitalismo, etc., representa la vida que fluye y que se agota en la muerte para volver a renacer con fuerza de nuevo en una especie de eterno retorno. Y esto está presente en el taoísmo tradicional que busca la superación y progreso personal y colectivo dentro de la mutación constante que nos constituye.


También es rasgo folclórico presente en la filosofía taoísta tan pegada al pueblo chino la aceptación estoica de lo que es inevitable. Así cuando el cerdo Diao Xiaosan se abandona a la muerte le dice a Cerdo Dieciséis: "Cerdo Dieciséis,  lo que hoy soy yo, tú lo serás mañana..., es el destino de todos los verracos." (pág. 453). Es un estoicismo presente también en otras culturas como la cristiana que  en muchas de sus iglesias coloca mensajes de este tenor (en mi ciudad, Salamanca, puede leerse en una plaquita situada desde hace siglos en la pared exterior de la iglesia de San Julián la siguiente frase: "Quienes dan consejos ciertos a los vivos son los muertos". ¿No son mensajes semejantes?).

Los elementos mágicos y maravillosos propios de los cuentos folclóricos también aparecen en esta obra. ¿Qué otra cosa es si no el poder curativo del cabello de Huang Huzhu que sangra cuando le es arrancado? La magia podrá saltarse normas severas como la de la muerte gracias a estos poderes inexplicables.

Otros rasgos folclóricos serían la inclusión de canciones populares que sirven de resumen, ya legendario, a los sucedidos. Esta técnica la usó Mo Yan con profusión en "Las baladas del ajo". También las interpelaciones directas al lector, al estilo de los relatos épicos populares ("Querido lector, nuestra historia está llegando a su fin. Espera un poco más a mi lado, te lo ruego, sólo un poco más. " (pág. 753). Y también,  sin ninguna duda, el tono humorístico o/y carnavalesco que utiliza el autor como mecanismo distanciador es rasgo propio de narraciones folclóricas y en Mo Yan es característica habitual.

Universo literario.  Exactamente así, -de universo literario-,  podría calificarse esta novela de Mo Yan al ser un compendio de literatura, tanto de la occidental (Cervantes como ya he señalado antes, pero también Dante o Shakespeare: " el director lucía una poblada barba, una calva parecida a la de Shakespeare y una nariz tan torcida como la de Dante", pág. 688) como de la oriental, presente fundamentalmente a través del propio Mo Yan, pero también del taoísmo y su mitología (monte Emei, el dios Erlang, Guanyin Bodhisattva...). Lo importante y característico de ésta y otras novelas del Nobel chino es su intento -¡y logro!- de aunar ambas tradiciones culturales, algo que en algunos momentos del relato se formula expresamente:
"Yo sabía lo mucho que se esforzó Chang en la creación de esta producción,  a fin de integrar las tradiciones local y occidental" (pág. 469).
Como elemento cuasi literario, el cine también ocupa su espacio en la novela; no en balde el autor desde casi sus inicios ha estado muy ligado al séptimo arte como demostró Zhang Yimou en 1987 llevando a la pantalla su novela "Sorgo rojo". En "La vida y la muerte me están desgastando" hay referencias a ello:
 "Incluso corrió el rumor de que el famoso director Ingmar Bergman tenía pensado llevar los "Cuentos de la crianza de cerdos" a la gran pantalla,  pero ¿dónde iba a encontrar tantos cerdos?" (pág. 460) , ¡el humor en Mo Yan siempre a mano!
También se utilizan o se parodian recursos propios del cinematógrafo:
"Como una escena extraída de esas cámaras de cine que van a velocidad rápida, contemplé cómo se abría la boca de Yingchun para dejar escapar un grito [...]. Cuando golpeó en la frente de Yingchun, la baldosa se rompió en mil pedazos que salieron volando en todas las direcciones, seguidos inmediatamente por sus gotas de sangre." (pág. 412)
Altura poética.  Aparte de su personal estilo a la hora de construir la novela mediante la anulación del tiempo en un constante ir y venir, del humor con que impregna la historia contada, del impresionante número de personajes y sus complicadas relaciones familiares y personales, de la idea de una China en marcha y que no se detiene que pretende transmitir..., de nuevo lo que es más subyugante de la narrativa de Mo Yan es la altura poética que el texto alcanza en no pocos momentos (¡lástima no conocer el mandarín para gozar más de ello; pero también un '¡bravo!' al traductor Carlos Ossés por elevarnos a esas cimas poéticas!):
"El aroma inundó el aire, como un fino licor,  omo la miel, como vainas recién salidas de la sartén. El hilo rojo que se dibujabaen mi imaginación se convirtió en una gruesa cuerda del mismo color. Después de viajar la mitad de la noche  y de pasar por multitud de penalidades como encontrar un melón al final de una parra" [...] (pág. 132)
 dice el burro Ximen explicando su atracción amorosa.
"-Presidente Mao, yo también soy uno de los miembros de tu pueblo. Tú me diste el derecho a ser un campesino independiente.[...] Una mariposa amarilla bajó volando del albaricoquero y se posó como una hoja muerta sobre un crisantemo blanco que Yingchun llevaba en su cabello. Era costumbre de la aldea llevar un crisantemo blanco en el cabello para llorar a un ser querido. Las demás mujeres se precipitaron hacia la puerta de Yingchun para coger crisantemos blancos, con la esperanza de que la mariposa también se posara sobre sus cabezas. Pero después de aterrizar sobre la cabeza de Yingchun, plegó las alas y se quedó quieta." (pág. 477)
 se cuenta cuando Lan Lian llora la muerte de Mao Zedong.
"Nos abrazamos y comenzamos a movernos a la luz de la luna como un pez sumergido en el agua. Hicimos el amor con los ojos llenos de lágrimas de agradecimiento. Nuestros cuerpos parecían flotar y salir por la ventana, ascendiendo hasta la luna, dejando en la lejanía las luces de infinitas lámparas y el suelo púrpura. Y allí vimos a mamá, a Hezhuo, a Huang Tong, a Qiuxiang, a la madre de Chunmiao, a Ximen Jilong, a Hong Taiyue,  a Ximen Bai... Todos ellos se encontraban sentados a lomos de pájaros blancos, volando hacia un vacío que no podíamos ver" (pág. 718)
 leemos cuando por fin Jiafeng y Chunmiao pueden hacer el amor sin miedo a las habladurías que hasta entonces habían soportado.  Mo Yan deja siempre sus mejores palabras para los momentos amorosos.

La China de Mo Yan. Como ya he dicho en otro momento Mo Yan no realiza críticas acervas contra las autoridades que rigen su país, lo que a él le ha supuesto recibir unas cuantas. Mo Yan, en esta novela, presenta en forma de fábula (animales que hablan) la evolución de la RPCH desde los inicios de la revolución comunista hasta el año 2006. Sin cuestionar directamente las actuaciones del aparato del Partido, sí que ironiza sobre actuaciones concretas del mismo o, al menos, sobre su aplicación práctica:

"Fueron a pie, pero regresaron en un tractor oruga modelo 'El este es Rojo' fabricado en la ciudad de Luoyang. Por la cantidad de caballos que tenía había sido diseñado para que ayudara a realizar las tareas de la granja -arar y cosechar- pero había sido requisado por los Guardianes Rojos para utilizarlo como medio de transporte" (pág. 282).
"No había ninguna cosecha que recoger [...], pero tampoco habría importado [...] ya que primero estaba la política y luego la producción. Criar cerdos era una empresa política y la política era lo único que contaba" (pág. 348) 
 leemos cuando la Revolución Cultural está asolando el país con abundantes decisiones absurdas. Terribles estupideces reconocidas muchas veces a lo largo de la novela: 
"Jinlong levantó la mirada, con los ojos relucientes.  Yo conocía perfectamente el temperamento de mi hijo y cómo en su mente aguda se formaban ideas brillantes que solían equivaler a lo que hoy se podría considerar como absurdas, pero que en aquel momento se elogiaban con entusiasmo." (pág. 320)
Pero va a ser sobre todo el giro decidido hacia el capitalismo lo que, sin censurarlo abiertamente, sí que se expone en su obscenidad al hablar de los Cádillac, los BMW, los Audi..., que circulan por las calles o aludir a productos de marcas propias de los países capitalistas tan criticados antes:
Estas son algunas de sus novelas
"-¿Qué sucede? -preguntó Ximen Jinlong mientras descendía de su Cadillac.
El coche avanzó en silencio. Jinlong iba vestido de manera informal. Su cabeza afeitada estaba tan limpia como sus mejillas y lucía un poco de barriga. Teléfono móvil en mano, era el prototipo de hombre de negocios de primera categoría." (pág. 632).
Quien habla aquí es el mismo Ximen Jinlong que en la época maoista fue fustigador de aquellos, como su padre Lan Lian, reacios a integrarse en las Comunas productivas promovidas por el Partido.

Pero sin duda la realidad china que encaja como un guante en el denominado realismo alucinatorio de Mo Yan queda patente en momentos como cuando el adolescente Kaifang escucha las opiniones que sobre su padre y su amante Chunmiao tienen sus primos:
"-Perro Cuatro, ¿has oído que Lan Jiefang y mi tía hacen el amor diez veces al día durante una hora cada vez? [...] 
Tu hijo no dijo una palabra, pero su rostro se había ensombrecido.
-La próxima vez que volváis a la aldea de Ximen, llevadme con vosotros. He oído que tu padre la ha convertido en el paraíso del capitalismo.
-¡Qué bobadas!- respondió Ximen Huan-. No puedes tener un paraíso del capitalismo en un país socialista. Mi padre es un reformador, un héroe de su tiempo. 
-¡Menuda mierda!- dijo Fenghuang-. No es más que un cabronazo. Los verdaderos héroes de su tiempo son tu tío y mi tía." (pág. 683) 
Es evidente que el mundo (China) ha cambiado y este cambio Mo Yan lo escenifica en la pareja de hermanos Jinlong y Jiefang, quienes lo abordan de distinta manera como comentan sus descendientes. Ambos se han adaptado a los nuevos tiempos, Jinlong le dice a su hermano desde su lujoso Cadillac: 
"Muchas de las cosas sagradas por las que habríamos  perdido la cabeza hoy no valen una mierda" (pág. 645). 
Y Jiefang y su hijo Kaifang sostienen este diálogo cuando este último le pide que vuelva con su madre: 
"-No abandones a mi madre, papá... Tía Chunmiao, puedes quedarte... Vuestras abuelas se casaron con mi abuelo, ¿no es cierto?
-Aquella era la sociedad de antes, hijo -dijiste compungido-. Cuida a tu madre." (pág. 655)
La China de Mo Yan, quien sería la suma de los dos hermanos anteriores, tiene aún esperanza, como se ve en  aquellos jóvenes que ponen el amor por encima de la acumulación de bienes materiales. Pero el personaje Mo Yan del relato se presenta como un cínico posibilista:
"-Empleando las palabras de nuestro astuto escritor del condado, Mo Yan, tu padre es el tipo más valiente del mundo, el mayor gilipollas, el mayor bebedor y el mejor amante." (pág. 682)
Todo lo anterior lo es Jiefang, sí, pero se convierte en un ser libre porque sobre sus contradicciones se impondrá el amor, que será lo que le mueva a ser mejor aunque sea a costa de romper con la tradición.


4 comentarios:

  1. Excelente, Juan Carlos. La novela debe de ser interesante, pero la crítica literaria que haces de ella es impecable.
    No me extraña que "tus chicos" se acuerden tanto de ti.

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  2. Gracias Alicia por tu comentario. Dales un abrazo a los "chicos" de mi parte. La verdad es que contándoles y comentando novelas nos lo pasábamos bien.
    Un abrazo

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  3. Tengo en mis manos el libro, la verdad lo quiero leer. Antes de eso le quiero preguntar algo: ¿Le parece elegante, irónico e inteligente la frase 'Aunque la Revolución Cultural destruyó la cultura, también creó otra cultura nueva'?

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  4. Creo que la frase es sarcástica. En efecto "destruir la cultura" es "una nueva cultura" en el sentido de crear un modo de estar en el mundo, aunque ese modo lo destestemos o sea una cultura de la No-cultura.
    Esta y muchas otras frases que Mo Yan esparce por la obra son un buen acicate para leer esta obra que al tiempo que entretiene hace pensar, y mucho.
    Un saludo cordial

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