25 dic. 2017

Kazúo Ishiguro: "Un artista del mundo flotante"

“Me cuesta comprender cómo un hombre que se respeta a sí mismo puede evitar durante mucho tiempo la responsabilidad de las acciones cometidas. Aunque no sea fácil reconciliarse con los errores que hayamos podido cometer a lo largo de nuestra vida siempre produce satisfacción y orgullo” (pág. 121)
 
Tenía muchas ganas de leer algo de Kazúo Ishiguro, el Premio Nobel de Literatura de este año. Por eso cuando en la tertulia de amigos y compañeros de trabajo eligieron un título del escritor británico de origen japonés (Nagasaki, 1954) me puse muy contento. Quienes eligieron la lectura se inclinaron por una de las novelas ambientadas en su país natal en cuya cultura este japonés vivió inmerso sólo seis años de su vida, pues a partir de 1957 su familia se trasladó a Londres donde fijó la residencia.
 
Ishiguro sólo ha escrito siete novelas largas. La que he leído es la segunda y al igual que la anterior, "Pálida luz en las colinas" ('A pale view  of hills', 1982) se sitúa en Japón. El novelista entre nosotros es más conocido por la adaptación al cine de alguno de sus títulos, en especial por "Lo que queda del día" (The Remains of the Day, 1989), que dirigió en 1993 James Ivory, y que estuvo interpretada en sus principales papeles por Anthony HopkinsEmma Thompson. Por otra parte él mismo ha sido autor de algunos guiones para cine y televisión. El mejor y más popular de todos es el de La condesa rusa (The White Countess, dirigida por James Ivory en 2005).
 
 
La novela "Un artista del mundo flotante"

Kazúo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura 2017, novelas japonesasSinopsis (proporcionada por la misma editorial)
La Segunda Guerra Mundial ha terminado y Japón comienza a levantarse de entre sus cenizas. En los meses que van desde octubre de 1948 a junio de 1950, el tiempo que media entre el comienzo de las negociaciones para casar a una hija y el matrimonio, Ono, un anciano pintor, recuerda su vida y reflexiona sobre su carrera artística, en un intento por comprender una realidad cada día más ajena. «No sé de ningún colega que pintara su autorretrato con absoluta honestidad», declara Ono, y la pintura que va trazando de sí mismo y de su época es una versión susceptible de múltiples y contradictorias interpretaciones, una trama compleja de instantes perfectos y decisiones erróneas, de heroísmos y traiciones. Los triunfos del pasado de Ono quizá son ahora, como insinúan sus hijas, que esconden sus cuadros, aquello de lo que debería avergonzarse. Ono eligió abandonar las tradiciones pictóricas de sus maestros, los pintores del mundo flotante de los barrios de placer, donde las cosas más bellas se construyen en la noche y se desvanecen en la mañana, para dedicarse a loar un presente más heroico y menos fugaz. Y ahora, el imperio militar que pintó no es más que otro mundo flotante, desvanecido para siempre en la mañana del Japón «democrático» de la posguerra...

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Mi comentario
 La acción se sitúa en una ciudad importante de Japón (Nagasaki, Kioto o Tokio). Estamos en 1949 ó 1950 en un Japón bajo ocupación americana. Masuji Ono, protagonista del relato y yo narrador del mismo está intentando solucionar un problema familiar: casar a su hija Noriko que viene ya de una experiencia fallida al respecto. Toda la novela es una especie de justificación personal del narrador, ante un auditorio sin rostro -los lectores, seguramente- a quienes se dirige e interpela directamente. En sus evocaciones Masuji Ono se remonta desde el momento de narración hasta su época de formación con el maestro Mori-san; pasa luego por el abandono de la disciplina del mismo en 1922 llegando hasta el momento en que triunfó plenamente en 1938.
 
 
Personajes
Muchos personajes pululan por las páginas de esta narración, todos ellos perfectamente delineados y cumpliendo cada uno una función importante en la historia. Sólo la enumeración de sus nombres deja ver  la complejidad de este universo actoral: El gran Akira SugimoraNoriko y Setsuko, las hijas de Masuji Ono; Shintaro, el hombre que bebe con Sensei (Maestro), o sea, Masuji Ono, el padre de esas dos hermanas, que es quien narra; Suichi, el marido de Setsuko; los Miyake, la familia con quien no fraguó el matrimonio de Noriko; Kuroda, Murasaki, Tanaka: discípulos en el pasado del maestro Masuji Ono; Ichiro, el nieto del narrador; Sachiko, la mujer del narrador; Matsuda, quien le habla sobre que debe reconocer sus errores; Enchi, el discípulo de Kuroda; Mori-san, el viejo profesor de Masuji Ono; etc.
 
Lo primero que sorprende es ver cómo las hijas de Masuji Ono, Noriko y Setsuko, hablan en ocasiones a su padre de manera airada recriminándole actitudes pasadas suyas a pesar de haber sido en su momento un pintor famoso muy elogiado en Japón. El protagonista, por consejo de algunos amigos, entiende que quizás el fracaso del anterior concierto matrimonial de su hija Noriko pueda deberse a este pasado que hoy nadie considera respetable. Por ello Masuji Ono visitará a algunos de sus discípulos y también a quien fue su Sensei (Maestro) Mori-san. Al tiempo mantiene una conversación con su hija casada, Setsuko, madre de su nieto Ichiro. En el curso de estas visitas y conversaciones, el anciano recuerda en desorden su pasado.
 
Temas 
Muchos temas y asuntos aparecen en este hermoso relato.
 
➤  La hipocresía: "En aquella época los tontos no molestaban a nadie. En cambio, ahora a la gente le da por pegarles. Es posible que ya no gusten sus canciones y sus discursos, pero lo cierto es que se trata de la misma gente que antes le acariciaba la cabeza y le animaba a aprenderse de memoria esas pocas estrofas." (pág. 59)

➤  El cambio de valores consecuencia de un mundo viejo que cae y otro nuevo que se alza. La transición entre ambas realidades, estar en medio, que es lo que le sucede en este momento al narrador de la novela, es lo peor. 
  • Valores de una época ya pasada son que las hijas de Akira Sugimora, el antiguo propietario de la casa que compró Ono y su familia no aceptaran más dinero del establecido: "No tenemos ningún interés en recibir una cantidad mayor que la del precio fijado" (p. 4). O que se admire a famosos guerreros del Japón feudal: "-Suichi piensa que más vale que le gusten los vaqueros a que idolatre a gente como Miyamoto Musashi".  (p. 32). También decidir por honor hacerse el harakiri a fin de no cargar con la vergüenza, como hace el jefe de la empresa de Jiro Miyake, el novio fallido de Noriko; o el papel dirigente del artista, así como el militarismo nipón de los años 20 y 30; y por último también el cambio de valores que se muestra viene a afectar al anterior concepto de patriotismo: "Pero dígame, señor Miyake, ¿no cree usted que es una lástima? Si su país está en guerra, lo normal es hacer lo posible por defenderlo. Para mí no es ninguna vergüenza. ¿Qué necesidad hay de matarse para pedir perdón?"( pág. 53)
  • Los nuevos valores que van calando se perciben en sobre todo en Ichiro, el nieto de Masuji Ono a cuyo mundo el abuelo ya casi no pertenece y desde luego apenas entiende:
        "—Fantástico, Ichiro. Pero dime, ¿a quién estabas imitando?
    —Adivínelo, Oji.
    —Uhmm. ¿Al gran Yoshitsune? ¿No? Entonces, a un guerrero samurai. O a un ninja.
    Al Ninja del Viento.
    —Frío, frío, Oji.
    —Pues dímelo entonces. ¿Quién eras?
    —¡El Llanero Solitario!
    —¿Qué?
    —¡El Llanero Solitario! ¡Hey yu Silver!
    —¿El Llanero Solitario? ¿Es un vaquero?
    " (p. 26)
El choque cultural que se percibe en el anterior diálogo explicita sus causas en otro que mantiene el anciano Ono con el padre de Ichiro. En él el antiguo artista dice: "Pero dígame, ¿no cree usted que a veces nos apresuramos demasiado en copiar a los americanos? Yo soy el primero que piensa que muchas de nuestras antiguas costumbres hay que hacerlas desaparecer para siempre, pero… ¿no cree que a veces junto a lo malo nos deshacemos también de cosas buenas? La verdad es que en este momento Japón parece un niño que aprendiera de un adulto extranjero." (p. 177)
➤  La formación de la propia personalidad: "si bien es justo respetar a un maestro, también es importante cuestionar su autoridad. Fue una experiencia que me enseñó a no seguir nunca ciegamente a la masa sino a considerar primero en qué dirección me estaban arrastrando." (p. 71)

➤  El concepto de normalidad (el hombre normal): "Nuestra desgracia fue haber sido hombres normales en una época que no lo era." (p. 188)
Imperialismo japonés, militarismo nipón, II Guerra Mundial en el Pacífico

➤  El papel dirigente de la élite cultural: "«En tanto que sois la nueva generación de artistas japoneses, vais a ser responsables de la cultura de esta nación." (p. 143). Y la idea de qué es un verdadero artista:  ¿El que ilustra revistas o panfletos al servicio de una causa o el que crea a partir de realidades que viven más dentro de uno mismo como por ejemplo ese mundo flotante, inaprensible, que es el nocturno? Esta consideración del artista como dirigente cultural está en estrecha relación con el juicio que la obra de arte merece en función siempre del contexto socio-político en que se produce y/o se contempla: Sensei Ono dice en un momento del relato: "Ya sé que ahora 'Mirada hacia el horizonte', a pesar de sus valores artísticos, es un cuadro desfasado. Reconozco incluso que es un cuadro vergonzoso por los sentimientos que refleja. No soy de los que temen reconocer los errores de épocas pasadas." (p. 161)

➤  La belleza que yace en la fealdad, en la sumisión, en los barrios degradados que le descubrió Matsuda a Ono, el placer, el mundo flotante ("el «mundo flotante» de la ciudad o, lo que es lo mismo, el mundo nocturno del placer, el ocio y la embriaguez que constituía de hecho el fondo de todos nuestros cuadros.", p. 136)

➤  La Memoria. Para mí este es el tema central de la novela: El Pasado que siempre está allí, que siempre vuelve, el Pasado del que no se puede escapar pero tampoco esconderse: "-Shintaro, ¿por qué no afronta el pasado sin más? En aquella época logró mucha fama con sus carteles. Fama y elogios. Que la gente tenga ahora una opinión distinta de su obra no es razón para que reniegue usted de sí mismo." (p. 99). Una memoria lábil, huidiza, que no se deja aprehender; por eso el narrador duda sobre lo que recuerda y al final viene a concluir que quizás tampoco haya tanta diferencia entre una época y otra, entre el Nuevo Japón imperial de su juventud y el que hoy se levanta de sus ruinas

  El estilo
Si la novela ya es interesante por los temas que aborda, la manera de presentarlos, el estilo del que Ishiguro se vale para plasmarlos en el escrito hace que alcance -en mi opinión, claro- la categoría de excelente. Así pues junto a los asuntos también hay que destacar la magnífica ejecución técnica:
  • Narrador subjetivo que recuerda de manera desordenada, ajeno ya casi al mundo que le rodea, la época en que él fue un importante Sensei (Maestro) de pintura con una cohorte de discípulos y el salto que dio de una pintura de motivos japoneses tradicionales, que encontraban en el mundo nocturno que él y sus colegas y discípulos visitaban y en el que se emborrachaban, a otra pintura más patriótica que incitaba a seguir consignas militaristas que al fin y a la postre llevaron al Japón al estado de postración en que ese momento se encontraba.
  • Desconfianza en la memoria propia y disolución de la misma en el colectivo (¿para escapar así de las propias responsabilidades o para marcar el contexto general de la sociedad?): "es posible que las palabras que dije aquella tarde en el templo de Tamagawa no fueran exactamente estas, ya que he contado esa escena en otras ocasiones, y cuando una historia se repite varias veces, empieza a adquirir vida propia.".
  • Avances y retrocesos dentro de la linealidad del discurso en el que entra y sale de manera deliciosa, con la suavidad y delicadeza japonesas que se aprecian en el papel de arroz sobre el que hacían bellas acuarelas de ese mundo flotante. El personaje protagonista se disculpa por esas ausencias:  "En fin, veo que me estoy desviando del tema. Mi propósito no era otro que relatarles la conversación que tuve con Setsuko el mes pasado".
  • El empleo de los tiempos verbales para adentrar al lector en el momento pasado o sacarlo del mismo trayéndolo al presente actual hace que los lectores pasemos del mero contar al casi 'ver'; no en balde el autor es autor de no pocos guiones para cine y televisión, por lo que esas transiciones quasi 'visuales' las maneja como nadie: "Dadas las circunstancias, me vi obligado a centrarme en el cuerpo principal de la casa, que tampoco había escapado a los daños, razón por la cual la reparación del jardín y del ala este progresa con mucha lentitud. Hasta ahora he hecho lo que he podido para evitar que sigan deteriorándose" (pág. 7)
  • También son interesantes esas interpelaciones al propio lector. El Narratario (el receptor del discurso) se disuelve en una tercera persona plural generica, colectiva, impersonal: "No vayan a pensar"; "Y si al llegar al pie de la colina que sube hasta mi casa todavía no se ha puesto el sol, deténganse en el Puente de las Vacilaciones"; y otras más.
  • Por último la integración del asunto con la forma explícita frecuentemente en la metaforización que hace de los edificios antaño elegantes y firmes (la casa de su maestro Mori-san en el pasado y ahora, cuando lo visita y el Sensei de antaño está ya viejo y sin vista: "Cuando ahora intento evocar la casa de Mori-san me viene a la mente una perspectiva especialmente grata de ella [...] En nuestros días, sin embargo, la casa se encuentra en estado ruinoso").
Para concluir
En la novela se observa con claridad la añoranza de ese mundo de antes vivido por el personaje y el choque cultural con el mundo posterior a la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. El Nuevo Japón que está surgiendo bajo el influjo americano queda representado en el relato en la figura de Ichiro, el nieto del narrador al que éste ya no entiende ni comprende pues, entre otras cosas, ha cambiado los héroes que para la tradición japonesa eran los guerreros feudales por los que los americanos traían envueltos en la leche en polvo, los alimentos y los materiales de reconstrucción del país que había quedado masacrado. Estos héroes nuevos son Popeye el Marino, El Llanero Solitario y otros por el estilo que los niños ven en películas y en restaurantes de fast food que comienzan a prodigarse por Tokyo y a los que el abuelo lleva a su nieto a pasar la tarde.
 
Ishiguro, novelistas japoneses actuales, "Un artista del mundo flotante"

¿Qué pretende decirnos el escritor con esta novela? La pregunta es difícil de contestar pues la novela presenta seres tan complejos y es de tal sutileza que no se puede despachar con una frase rotunda, lapidaria. Quizás sea contraponer el viejo y el nuevo Japón que surge tras la derrota; o denunciar a aquellos que realizaron acciones indignas en el pasado y que se han ido de rositas; o bien la imposibilidad personal de escapar al pasado por mucho que en su momento lo que se hiciera pareciera lógico y normal; etc., etc.
Quienes la hayáis leído creo que estaréis conmigo en que la novela es magnífica y que como tal no admite ser encerrada en un parquecito de palabras, ¿no os parece?





7 comentarios:

  1. Yo soy gran fan de sus novelas, la literatura asiática en general me apasiona. Es una novela soberbia.

    Besitos 💋💋💋

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    1. De lo mejor que he leído este año sin duda.
      Un beso

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  2. He leído tan solo una novela de este autor y me gustó mucho. Así que no descarto leer otro par de ellas en breve.

    BEsos.

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    1. Yo tampoco descarto leer más de él porque ésta, la primera de las suyas que he leído, me ha encantado.
      Un beso

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  3. Tengo que volver sobre estas novelas anteriores a "Los restos del día" que son las que me quedan. Siendo un autor con tan escasa obra, es imperdonable no leerlo entero. Y después de tu magnífica reseña, serís un crimen.
    Un beso, amigo.

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  4. Fantástica reseña Juan Carlos, no sé si al final me decidiré a leer el libro porque creo que otras veces ya he comentado que me cuesta la literatura oriental pero desde luego me parece que después de leerte si tuviera que empezar por algún autor sería con la propuesta que traes. Ya te contaré si finalmente me decido.
    Un beso y muy felices fiestas querido amigo.

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  5. Me quedó un buen sabor de boca cuando leí "Los restos del día", ahora leyendo esta reseña me quedo con este título también para una futura lectura.
    Gracias por tan fantástico trabajo.
    Un beso.

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