14 jul. 2013

JUAN TORREGROSA PISONERO: "Ocaso en Shanghai"

Estamos ante una corta novela de anticipación en la que su autor nos presenta un posible mundo situado  en una hipotética China del año 2037. En esta ubicación  y tiempo unos robots fabricados en Japón, los androides Shikuza, han alcanzado un nivel de autoconsciencia tal que ha llevado a algunos de los 19, que se encuentran  en esta situación y que han logrado escapar a la desprogramacion de diciembre 2036,  a rebelarse frente a los humanos del país en que trabajan. La situación es de tal gravedad que las autoridades están controlando a todos los androides Shikuza por ser potenciales enemigos.
Un C3 innominado es el protagonista de esta historia. Este C3 lleva una existencia fría y rutinaria que ese 7 de noviembre de 2037  no va a ser diferente a la de otros días. Pero a partir de ese día el C3 de la historia va a alcanzar un nivel de autoconsciencia que le deparará un sufrimiento superior al saberse distinto no sólo a los humanos sino incluso a los otros Shikuza que se han levantado frente a la opresión y que han logrado escapar de ese mundo que los esclavizaba. ¿Y él? Sólo al final sabremos que también  él  ha sabido escapar de su situación, pero ¿es esa la forma adecuada?, nos preguntamos cuando  acabamos la lectura del relato. Sinceramente yo pienso que no, y quiero creer que Juan Torregrosa también piensa así.
Además de este componente ciertamente existencial la segunda novela de Torregrosa [la primera es de 2012 y lleva por título  "Un autorretrato de una mente"] bebe directamente -algo que él  declara en varias ocasiones- en la novela expresionista de Herman  Hesse "El lobo estepario" (1927); y también, y sobre todo, en el cine, especialmente en el film de Ridley Scott "Blade  Runner", adaptación de la novela de Philip K. Dick "Cuando los androides sueñan con ovejas eléctricas", película mítica en el género de ciencia ficción y especialmente inquietante con sus replicantes; asimismo  el relato "Yo, robot" de Isaac Asimov, y, casi me atrevo a asegurar, la versión cinematográfica realizada por Alex Pruyas en 2004, es reconocible en esos androides que como Espartaco (aludido a través de la película de Kubrick) no quieren por más tiempo seguir así.
En definitiva, "Ocaso en Shanghai" es la historia de un derrotado que se da cuenta de que la libertad está  dentro de uno mismo y de que no cabe culpar a otros (gobierno, resto de humanos, etc.) de no alcanzarla; y menos aún refugiarse en música, alcohol o drogas como manera de obviar los problemas. Resulta llamativo que el novelista, que a lo largo de toda la historia alude a la música de Bach, de Mozart, de Allegri e incluso de artistas contemporáneos –ficticios o reales, da igual- como la tibetana Zhuema Li, equipare esta manifestación cultural con los consumos de drogas o alcohol; sin duda creo que hay que entender a Torregrosa en el sentido al que se refiere Gabriel Celaya en su poema La poesía es un arma cargada de futuro y no en el descalificador de tal actividad cultural.
También tiene interés, aunque en mi opinión es asunto menor, el contexto político-geográfico, China, en que vive este lobo estepario: un país supercontaminado, esclavizado, supercontrolado por el Partido único ("prohíben la objetividad", pág 62), un país en el que "los sindicatos no paran fábricas y sí  reciclan parados absurdamente" (pág 91).
A mí lo que más me ha gustado de esta novelita de ciencia ficción es el estilo. Torregrosa deja caer a lo largo de ella, y le surgen de un modo muy natural, una serie de magníficas  frases que bien justificarían por sí  solas la lectura de Ocaso en Shanghai. Por ejemplo:
- "Sentí un sabor ácido recorriendo mis pensamientos" (pág  27)
- “Las facciones vulgares de un hombre hecho a sí mismo" (pág 51)
-" Parecía un intelectual jubilado, mezcla de arte sin alma y profesor sin ilusión" (cap. 3)
Juan Torregrosa Pisonero
- "En el horizonte se veía el sol entre una bruma de polución sedosa y el cielo enriquecido por las partículas densas apuñaladas por la luz estelar" (pág 115)
Pero, ya lo he dicho, ese final brutal,  en el que el autor nos hace entrega del nombre del personaje cuando ya nombrarlo  no tiene objeto, junto a ciertas reflexiones de este C3 (sobre el amor del que tanto hablan los poetas: no es más que un "olvidarse de uno mismo a base de abrazar"; sobre las relaciones humanas: "siempre la misma conversación [...] para no tener que estar en mi casa apresado entre las cuatro paredes", etc.), da a la novela un aura nihilista que anuncia un futurible mundo inquietante en el que las pasiones y sentimientos no tendrán ya cabida. ¿Sucederá? Ojalá, no.


2 comentarios:

  1. Como casi siempre que entro en tu blog amigo Juan Carlos, me llevo una buena recomendación para leer!!
    Gracias como siempre!!
    Abrazo!!

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    Respuestas
    1. Graciaas a ti, Walter, por leerme. Por otra parte me encanta serte útil con mis comentarios y reseñas.
      Un abrazo.

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