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5 mar 2026

Joyce Carol Oates: El señor Fox

«Él es el titiritero, él es quien elige. Las niñas de las que Francis se enamora son exclusivamente suyas, pues uno de sus atractivos es que son preadolescentes, es decir, presexuales.
No son crías, porque a Francis Fox no le interesan los niños pequeños. De todas las perversiones, la pedofilia le resulta la más ofensiva, como a cualquier ser humano decente. Además, los niños pequeños son aburridos.
Tiene cero interés en las niñas menores de doce años. Catorce es el límite máximo; quince es ya imposible»

Joyce Carol Oates, Ismael Belda Sanchís (traductor)
Agradezco a mi muy buena amiga bloguera Rosa Berros, del blog Cuéntame una historia, la recomendación de esta novela. La verdad es que Rosa es una magnífica experta en Joyce Carol Oates. Cualquiera que pasee por su blog se encontrará con más de una docena de reseñas de novelas de esta escritora norteamericana. Junto a Rosa vinieron a avivar mi deseo por leer esta novela Mariana, del blog Los libros de Mava, y Marian, del blog Marian lee más libros; las tres forman un club de lectura conjunta que denominan Debate a tres en el que de vez en cuando  reseñan, cada una en su blog, un mismo libro. Ha sido el caso de El señor Fox de Joyce Carol Oates, publicada por Alfaguara en 2025 en traducción de Ismael Belda Sanchís. Leí las tres reseñas y todas ellas me impactaron y me condujeron a leer esta novela. Por si estos motivadores impulsos fueran poca cosa, durante los dos últimos meses no he hecho más que encontrarme por las redes sociales de literatura que frecuento alabanza tras alabanza sobre la última novela de esta autora norteamericana de 87 años que cuenta en su haber con más de cien libros publicados, la mayoría novelas y relatos, aunque también ha escrito ensayo, poesía y teatro. 

Las novelas de Joyce Carol Oates suelen ser extensas en su mayoría. Esta desde luego lo es, 760 páginas. Pero pese a ello su lectura se realiza con rapidez dado que el estilo de la novelista es directo, fluido, sin enmarañamientos lingüísticos o temáticos que hagan penoso el avance del lector por entre sus páginas. Personalmente he realizado la lectura en pocos días. La novela presenta el asunto de la pedofilia desde muchos de sus ángulos: el del depredador protagonista, un profesor de literatura de un centro escolar de secundaria; el de las niñas víctimas; el de los policías investigadores; el de los padres que en gran medida viven ignorantes del problema que tienen en casa; el de los educadores que no actúan con la debida contundencia ante la primera sospecha; etc.

La manera de escribir de la autora norteamericana es magnífica, como ya sabemos. En esta ocasión la trama se presenta en una especie de suaves oleadas de información sobre el asunto; estas olas que van y vienen depositan en la orilla donde nos encontramos los lectores materiales diversos que según avanzamos en la lectura van configurando la historia que se nos relata, El asunto es brutal y la manera como actúa el depredador odiosa y despreciable. La autora no ahorra palabras ni esconde la barbarie con la que actúa un pedófilo. En este sentido la novela es también un ejercicio de denuncia de algo que existe en mayor medida de la que se imagina y que está extendida dentro de la sociedad bien pensante mucho más de lo que uno puede pensar.

Fiel a su estilo, en El señor Fox asistimos a la presentación, que no justificación, de la manera de obrar de un pedófilo. Fox (Frank Farrell antes de dar clases en la Academia Langhorne) es un pedófilo que no cree serlo, que se sorprende cuando es perseguido por la comunidad escolar del centro donde trabajaba antes de hacerlo en Langhorne. El se siente atraído por las niñas preadolescentes que aún no han tenido la menarquia. Como a Balthus, su pintor favorito, le encanta la inocencia perturbadora que adivina en estas niñas. Sin embargo considera que Humbert Humbert, el protagonista de Lolita de Nabokov es un enfermo. 
«De hecho, si existe lo opuesto a un pedófilo, ¡ese es Frank Farrell! Aunque tampoco es un pedófobo, desde luego. Por ejemplo, Farrell siempre ha despreciado Lolita, de Nabokov. Sabe que esa famosa novela es una especie de manual para pedófilos, pero a él le pareció aburrida, pretenciosa y ofensiva, cuando no ridícula y punto.
Sólo un pervertido enfermo se comportaría como Humbert Humbert. Estúpido nombre, estúpido estilo literario. Obligar a una niña de omce años a tener relaciones sexuales..., repugnante.»
Él lo que es, lo que cree ser, es un romántico. Pero Fox/Farrell sabe que lo que hace no está bien, que la sociedad lo persigue y que él debe esconderse. Por eso tiene su protocolo de actuación para atraer a las niñas: es un profesor guay, se gana a sus alumnos, realiza actividades con ellos fuera del horario escolar, realiza tutorías personalizadas a puerta cerrada, les hace regalos, lee sus trabajos con empatía y les dice que en ellos y con él pueden hablar de lo que quieran siempre que a sus padres nada les cuenten... El resultado es que una serie de chicas preadolescentes creen enamorarse de él. Prueba superada por parte de Fox. Ahora lo que tiene que conseguir es que nada de esto trascienda.

Cuando por la desaparición de Francis Fox la policía, el inspector Zwender y el joven agente Odom, comienza a investigar la vida y milagros de este docente tan aclamado se irá descubriendo lo que en verdad es. El descubrimiento lo realizan los policías a base de conversaciones mantenidas con quienes lo trataron: la bibliotecaria del centro, Imogene Hood, que se cree enamorada de él; la directora, Paige Cady, que le habría gustado tener una relación con el atractivo profesor; la sobrina de ésta, Katy Cady, a la que Fox usó para conseguir ser contratado en la Academia Langhorne; las niñas abusadas o en vías de serlo: Mary Ann Healy, Eunice Pfenning, Miranda...; la familia Healy: el padre Lemuel, sus hijos Demetrius y Marcus, Blake Healy que es hermano de Lemuel y padre de Mary Ann; algunos de los 105 profesores de la Academia Langhorne; etc. 

La novelista utiliza muchos recursos literarios que sirven para penetrar en la psicología de los personajes protagonistas: cursivas para mostrar pensamientos que no salen al exterior; avances y retrocesos en el tiempo; técnica del perspectivismo: distintos personajes cuentan un mismo suceso según su experiencia o su propio punto de vista; textos entre paréntesis que muestran juicios del propio narrador respecto a lo que se está contando; combinación de tipos discursivos como textos de diarios personales o la inclusión de noticias periodísticas de modo semejante a lo que John Dos Passos realizara ya en Manhattan Transfer (año 1925); narrador en primera, segunda y tercera personas saltando de una a otra a veces sin previo aviso logrando de esta manera un acercamiento-alejamiento de la figura del narrador, que se diluye en el propio hecho narrado de modo semejante al débil pero constante y pertinaz oleaje que poco a poco se acerca-se aleja a la orilla hasta irla cubriendo toda ella:
«Llorando como si se le fuera a romper el corazón porque Fox le había hecho daño. Y él, Demetrius, no quiso ser testigo, pero fue testigo. No se puede borrar lo que han visto tus ojos y lo que han escuchado tus oídos y el asco y la vergüenza que has sentido. Que su prima estaba enamorada de Fox y Fox no la amaba ni se preocupaba por ella ni lo más mínimo excepto para aprovecharse de ella.»
Muchos otros recursos narrativos pone en juego esta magnífica escritora. Imposible señalar todos. Pero no quiero dejar sin resaltar la abundante utilización del estilo indirecto libre (EIL) ya sea aislado o en combinación con otros estilos narrativos; gracias a este procedimiento el narrador objetivo logra penetrar en la subjetividad del personaje y hace que los lectores nos sintamos "dentro" de la propia narración:
«Mary Ann no parece oírlo. Echa a correr, cojeando. El autobús escolar espera en una plaza cercana. Demetrius la mira de lejos y aprieta los puños.
Maldito sea ese hijo de puta de Fox, piensa matar a ese cabrón con sus propias manos.»

pintura erótica,
Todo en esta novela es excelente, magnífico, superior. En primer lugar, el tratamiento dado al vidrioso y perturbador asunto de la pedofilia presentado en toda su crudeza, sin melindres en su abyección; luego estarían las cínicas excusas que el personaje de Francis Fox pone para su injustificable y vil comportamiento. Como profesor de literatura que es, Fox echa mano de biografías y obras de autores consagrados como Edgar Allan Poe por la relación que mantuvo con su prima Virginia Clemm de trece años que, según algunos estudiosos, reflejó en el poema Annabel Lee; asimismo utiliza  textos de otros muchos autores para apoyar su desviada conducta. Y junto a la literatura, la pintura: Fox vive obsesionado por la imagen de Thérèse, la preadolescente que Balthus retratara en posturas claramente eróticas. Este culturalismo le sirve a Joyce Carol Oates para mostrar la doblez del protagonista de la novela
  • «¡Balthus!, pensó. Una de las chicas preadolescentes del pintor, una belleza pálida, soñadora, como una sonámbula. Grandes ojos de parpadeo lento, labios entreabiertos. Thérèse soñando, Katia leyendo. Los años dorados.»
  • «Francis decía que éramos almas gemelas…, una hermosa tradición romántica. Como Percy Shelley y Mary Godwin. Heathcliff y Catherine. Edgar Allan Poe y… ¿cómo se llamaba? ¿Violet? Virginia. Francis sentía una gran admiración por Poe y Virginia.»
Quiero finalizar el comentario de esta novela señalando cómo Joyce Carol Oates pone en solfa el comportamiento de la sociedad actual. Una sociedad que vive ensimismada, unos padres que no conocen a la personita que habita en la habitación aneja a la suya, unos adultos que se aprovechan de las carencias afectivas de los preadolescentes, unos padres que creen solucionar todo satisfaciendo los deseos de compra de sus hijos... Y luego en el ámbito laboral la necesidad que todos sienten de tapar los asuntos que se consideran "feos" y más si en el fondo el abusador también abusó de los mayores que se rindieron a sus encantos. Y una pregunta final muy interesante que se plantea: ¿es conveniente destapar todo todo o mejor vivir en la ignorancia, en el no querer enterarse de lo que a nuestro alrededor ocurre?

En fin, ya digo, El señor Fox es una novela muy, pero que muy, recomendable. Una novela que además se lee con facilidad porque los buenos autores son aquellos que presentan historias interesantes con tramas complejas por las que se transita con facilidad. Quienes tal cosa logran -Joyce Carol Oates es sin duda una de ellas- son merecedores de los máximos galardones. De ahí que desde aquí me pregunte si  esta escritora de 87 años con más de 100 obras a sus espaldas no será merecedora ya del Premio Nobel. Si no ella, ¿quién? ¿Otro Bob Dylan?

Autoras norteamericanas, Pedofilia, "El Señor Fox"


 

3 comentarios:

  1. Excelente reseña, Juan Carlos.
    Yo también sucumbí a la tentación de leer esta novela a raíz de la reseña de Rosa y hacía tiempo que la tenía pendiente de leer, y ahora le ha tocado el turno. Llevo leído el 20% de la novela (en formato ebook) y me está gustando mucho. Debo decir, sin embargo, que al principio me tenía un poco despistado hasta que logré ir ensamblando las múltiples piezas de la historia que esta autora va sembrando por el camino y en distintas etapas de la vida del Sr. Fox. Incluso, me da reparo decir, no reparé en la identidad de Farrel y Fox hasta que esta se hizo evidente, je, je. Distintos nombres, distinta época y una retahila de niñas que cada una de esas dos identidades aborda. La conducta de Fox es mucho más agresiva sexualmente que la de Farrel, de ahí que pensé que se trataba de dos pedófilos que tendrían algo en común al cabo del tiempo, como así ha resultado ser, desde luego.
    El tema, por supuesto, es duro y la forma en que la autora describe el modus operandi y la práctica de ess abusos llega a ser escabrosa pero totalmente sincera y natural, sin disimulos ni rodeos.
    Me queda el 80% restante de novela, pero sé que la disfrutaré como ahora lo estoy haciendo.
    De Carol Oates solo he leído, hasta ahora, La hija del sepulturero y Babysitter, y ambas me encantaron. Dada la larga lista de obras que tiene publicadas, me temo que tardaré algunos años en, si no todas, leer algunas más, je, je.
    Un abrazo.

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    1. Sí, nos va a ser difícil alcanzar a Rosa que -se las he intentado contar- lleva cerca de 30 o incluso más títulos de ella leídos.
      Entre las etiquetas había puesto una (pedofilia), pero la he quitado porque tras hacer un tuit anunciando la reseña en la que aparecía el mismo quedó bloqueado. Retiré el término y ya no hubo problema. Así funciona el mundo de las redes; es bastante hipócrita, pero es lo que hay. En el caso de Blogger he quitado la palabra en las etiquetas no vaya a ser que un buscador la coja y me bloqueen el blog. Ya me sucedió una vez y no sé exactamente cuál fue el término que sentó mal al GH (Gran Hermano) que dirija todo esto. Me costó Dios y ayuda volver a recuperar el blog. Espero que esta vez no ocurra porque Joyce Carol Oates es una autora reconocida en el país donde todo esto se cuece.
      La novela te va a seguir gustando porque tiene algunos giros argumentales que sorprenden y animan a seguir leyendo. La manera de escribir de esta mujer es fantástica.
      Un fuerte abrazo

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  2. ¡Querido Juan Carlos!
    que maravilla de reseña has hecho..., me ha encantado como describes todo sobre esta genial novela. Yo ya llevo 9 de la autora (no le llego ni a la altura del zapato a Rosa, pero son unos cuantos) y este libro creo que está entre los mejores de los que me leí, sin duda, es fascinante el retrato (yo digo en mi reseña que casi se podría denominar una especie de "Manual de uso del auténtico pedófilo", tremendo...) que la autora realiza sobre lo que viene siendo un verdadero pedófilo, y cómo se mete en su mente sabiendo lo que piensan, sienten y cómo eligen a sus víctimas. Oates es una verdadera maestra en analizar mentes problemáticas, como ella, ninguna.
    Se me ha quedado muy grabada esa entrevista que la directora del centro hace a Fox para la plaza vacante de profesor, cómo ella empieza con muchas reticencias y en su contra, y él poco a poco va llevándola a su terreno y embaucándola para que acabe contratándole. Fascinante... ¿verdad?
    Te agradezco mucho la mención que haces de nuestros tres blogs y de nuestro club Debate a tres, me alegra haber contribuido un poquito, haber puesto mi granito de arena para animarte con esta lectura y saber que la has disfrutado tanto como nosotras.
    ¡Un beso!!!

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