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15 oct. 2020

"Manhattan Beach", novela de Jennifer Egan:

Rose no había acertado con lo de que el mundo volvería a ser un lugar pequeño; por lo menos no volvería a ser el mundo pequeño que había sido antes de la guerra. Demasiadas cosas habían cambiado. Y entre aquellos cambios y deslizamientos Anna se había colado por una grieta y se había escapado.

Tras el clamoroso éxito obtenido por la autora con "El tiempo es un canalla", -novela que comenté aquí no hará ni quince días [leer reseña]-, enfrentarse de nuevo con el público con otra y que ésta no desmerezca en absoluto de la anterior, es empresa no fácil de la que con frecuencia se sale malparado por no cubrir las expectativas con que los lectores acuden. Para mi sorpresa y satisfacción Jennifer Egan supera con nota la prueba y aunque no mejora a la que obtuvo el Pullitzer en 2011 mantiene un nivel más que aceptable con esta historia que para mi sorpresa abandona el espacio puramente urbano para llevarnos al mar, a su orilla playera y portuaria, y también al tremendo océano embravecido que tantas y tantas novelas de aventuras ha albergado en su seno.

Jennifer Egan, Manhattan Beach, Nueva York, IIª Guerra Mundial, Gangsters
"Manhattan beach"
se publica en 2017. Supone en cierto modo una vuelta al modo tradicional de narrar. Aquí no hay saltos temporales tan arriesgados como los que practica en su novela anterior ni tampoco estamos ante una obra de personaje coral. No, aquí aunque con ciertos flash backs muy bien medidos (hay que decir que Jennifer Egan maneja a la perfección los recursos cinematográficos), predomina la linealidad temporal,  un narrador externo objetivo en 3ª persona, y una acción centrada en las vicisitudes de tres personajes: Eddie Kerrington, su hija Anne y el mafioso Dexter Styles. En torno a estos tres que dan inicio a la novela orbita el resto de seres, cada uno con su personalidad e individualidad propias.

Eddie es un irlandés casado con Agnes, antes bailarina en Follies, con quien tiene dos hijas: Anne y Lydia. Anne está muy unida a su padre quien la lleva a cualquier cita que tenga, incluso a realizar los 'encargos' para el Sindicato con los que entre dificultades económicas se gana la vida. Estamos en el Nueva York de 1937. Un día Eddie lleva a su  hija Anne a visitar a Dexter Styles, propietario de no pocos clubes, casinos y salas de fiesta. El encuentro de Anne que entonces tiene 12 años con el gánster Dexter será muy  importante para ella y lo recordará siempre. Cuando cinco o seis años más tarde, ya con USA en plena Guerra Mundial, vuelvan a encontrarse, Anne relacionará rápidamente en su cabeza la desaparición cinco años atrás de su padre con ese hombre que pertenece al clan mafioso de los 'spaghettis'.

La Segunda Guerra Mundial en que los Estados Unidos está inmerso es el marco histórico en el que sucede esta historia. Concretamente Anne desea colaborar al esfuerzo bélico y anhela entrar en el grupo de buceo que el ejército tiene, entrena y prepara en los muelles. Su condición de mujer hará que su entrada en esta agrupación le sea muy difícil. La conseguirá pese a la oposición y burlas que el Tte. Álex, encargado de la misma, practique en su contra. Afortunadamente otros seres también desplazados socialmente como el negro Marle y el miope Bascombe serán su apoyo en ese mundo laboral machista en el que se integra. Su realización personal la logra a través de su trabajo de buceadora aunque su condición de mujer le ocasionará por razones simplemente naturales no pocas dificultades y quebraderos de cabeza. En los quebraderos de cabeza tendrá una importante participación el mafioso Styles al que se siente peligrosamente atraída. 

Este personaje, Dexter, que abandonó su apellido italiano para mejor entremezclarse con los angloamericanos y así pasar más desapercibido tiene en su entorno un mundo doble: el familiar que le lleva a relacionarse con personas influyentes de la sociedad americana a través de su suegro Arthur Berringer. Arthur, dado su origen aristocrático y sus contactos con políticos del país, es importante para que los negocios de Dexter y de su jefe el señor Q vayan bien. Harriet es la esposa de Styles. Sus hermanos: Bitsy, Regina, y Arthur son seres con vida propia cada uno que coinciden con Dexter en las conmemoraciones familiares. Quizás estas vidas propias y las coincidencias, diríase, azarosas, entre personajes sean uno de los parecidos mayores con "El tiempo es un canalla".

Quedaría por último Eddie cuyas andanzas previas a su inexplicada desaparición, parece que voluntaria, las iremos conociendo a lo largo del relato. El mar en su caso, así como en el de Anne e incluso en el de su propia hija Lydia, hermosísima chica postrada en una silla de ruedas por una parálisis cerebral incurable de nacimiento fruto de una negligencia médica, tiene un papel más que relevante. Anne estará empeñada durante todo el relato en saber el motivo de la desaparición paterna así como hallar el lugar donde sus restos se encuentran dadas las sospechas que tiene de lo que le debió de ocurrir. Su profesión de buceadora le va a resultar muy útil en esta indagación.

Estos tres núcleos narrativos avanzan a la par y en contrapunto. Cada uno de ellos se expande en un sinnúmero de personajes secundarios que enriquecen la novela y le dan más y más verosimilitud al relato. Sin duda alguna es Anna quien se yergue sobre todos ellos. Su vida es el centro de la narración: sus amistades (la descocada Nell; la amable Rose; León, que fue su primer amor; su madre Agnes, su tía paterna, Brionne, que la ayudará siempre que lo precise), sus ilusiones, sus decisiones, sus reencuentros, sus despedidas... Y con ella el mar.

Desde siempre para mí, y pienso que para tantos y tantos lectores, en literatura el mar ha sido sinónimo de aventura, de acción, de libertad. También me ha parecido así en "Mahattan Beach". La novela se abre con un lema tomado de "Moby Dick" de Herman Melville ("Sí, como todos saben, la meditación y el agua están emparejadas para siempre"). Esta novela es el clásico estadounidense que cuenta la historia alegórica y épica de esa ballena blanca cuya libertad y su temible poder simbolizará junto al capitán Ahab variados aspectos de los propios Estados Unidos. Y en USA estamos, concretamente en Manhattan, ciudad que se homenajea constantemente en el relato. De manera semejante a Woody Allen en la mayoría de sus filmes, también Jennifer Egan muestra su amor a esta ciudad. Muchas zonas neoyorquinas y de sus alrededores son citados, pero especialmente es el mar, la costa, el océano, los astilleros navales, el Arsenal, los soldados de Marina, la Marina mercante, la guerra submarina... los protagonistas de estas descripciones y localizaciones. Esta mirada marinera que realiza la novelista proporciona una vista inédita de la metrópolis: 
se acercaron a los Narrows, la entrada de la bahía Lower, controlados por Fort Hamilton al este y por Fort Wadsworth en Staten Island al oeste. [...] Pasados los Narrows, la gabarra viró al este y pronto la silueta vaga del Parachute Drop se materializó a mano izquierda, junto con otros esqueletos del parque de atracciones: la Wonder Wheel y el Cyclone.”
Desde un punto de vista estrictamente literario, fantásticos me han parecido aquellos momentos en que la narración recala en aspectos puramente marineros como los naufragios producto de la guerra que también en los mares se mantenía: 
El mar en la literatura, Guerra Mundial, Navíos
A través del chaparrón Eddie vio la popa del Elizabeth Seaman sumergida hasta la mitad del palo de mesana, las olas rompiendo por encima de la toldilla. En la parte de sotavento había una balsa de pontón que se había soltado automáticamente de su estante deslizante y ahora flotaba sobre la cubierta.
A quienes hayan leído "El tiempo es un canalla" esta incursión marinera de la escritora seguramente que sorprenderá. No es fácil -es mi honesta opinión- salir airoso de estas lides cuando con tremenda  equivocación se viene a entender que el mar es lugar para aventura propias de adolescentes. Enorme error, semejante a aquel que demoniza ciertos títulos tildándolos de juveniles, de femeninos, o de cualesquiera otra cosa. No, no hay tales tipos de obras, en literatura lo que hay es simplemente buenas o malas obras, sean estas apreciadas por estos o aquellos lectores. La novelista organiza todo su relato en torno al mar. Incluso los ocho apartados en que estructura la novela se titulan con términos relacionados con este medio: 'La orilla', 'El mundo de las sombras', 'Mira el mar', 'La oscuridad', 'El viaje', 'La inmersión', 'El mar, el mar', 'La niebla'.

Lo que Egan demuestra en "Manhattan beach" es que su mundo narrativo no concluyó con o está acotado al de la contemporaneidad más absoluta, ni que siempre va a ser el Tiempo objeto de su reflexión, o que constantemente va a estar indagando en la experimentación literaria. No, la Literatura es una carretera amplia de muchos carriles y no siempre se ha de circular por uno por muy elogiado que sea éste. Un escritor de raza no lo es sólo por atenerse a unos postulados por más que fuera el mismísimo Italo Calvino quien los propusiese. Para nada. Un autor de nivel -autora en este caso-  lo es aquel que siempre sabe manejar el instrumento, la paleta de colores, con soltura y adaptabilidad; aquel que no quiere hace siempre la misma novela, que no quiere repetirla cual papagayo, por muchos elogios que aquella recibiera en su momento. Jennifer Egan, en mi opinión, demuestra  con esta novela tradicional en la forma pero profunda en la indagación de la personalidad de los personajes y en la presentación y evolución de caracteres que es una novelista de raza y de enorme altura.

Frases destacables de la novela
  • [Anna desde que se ha despedido de su madre en Pensilvania Station] había notado, por primera vez el poder de succión de la oscuridad y sus peligro. Desde entonces había estado eludiendo aquel peligro. ‘Otra clase de chica’. ¿Cómo podías saber qué clase de chica eras si no tenías a nadie a tu alrededor? A lo mejor ‘esa clase de chicas' eran simplemente chicas que no tenían a nadie que les dijera que no eran esa clase de chicas"
  • Las tareas que requiere fuerza física o soportar condiciones extremas les están estrictamente vedadas. En el resto de los empleos las chicas son lo que denominamos ‘asistentas': ayudan a un hombre que es su superior. Y tienen prohibido subir a los barcos.”  [le dice el Tte Alex a Anna]
  • El pisito, abarrotado, era sofocante. Todas las superficies rezuman feminidad, incluido el revestimiento de madera barato de las paredes. Perfume, pelo de mujer, uñas, el periodo: todo concentrado en una nube íntima y densa que lo envolvió haciendo que la cabeza le diera vueltas
  • El mar, tan extraño, tan violento y hermoso: aquello era lo que Anna quería que Lydia viera
  • Compró una maleta grande de cartón tipo ‘por favor que no llueva' (como solía llamarlas su padre), la llenó de ropa, artículos de tocador y libros de Ellery Queen, se terminó lo que quedaba en la botella de leche y envolvió la mantequilla con un trapo de cocina.



13 comentarios:

  1. Hola Juan Carlos, terminé de leerla hace unos días y me todavía tengo buenas sensaciones con la novela. Es evidente que se aleja de la estructura y el tema de "El tiempo es un canalla", imagino de que manera consciente para probarse en otros terrenos, y el resultado, en mi opinión, es más que aceptable. El personaje de Anna es memorable y el Nueva York que nos muestra, el que mira hacia el mar, no tiene nada que ver con la imagen que todos tenemos en mente. Yo le pongo buena nota. Espero que Egan no tarde otros siete años en publicar su siguiente novela.
    Un abrazo.

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    1. Es una novela que se lee con muchísimo gusto. Anna se hace querer por su manera de ser, de luchar, de comportarse... Y luego ese Nueva York marinero, marítimo, es fantástico. También como digo las escenas de navegación por el Índico frente a Somalia en plena Guerra Mundial están relatadas de tal manera que a mí me han hecho recordar a los libros de aventuras que de adolescente leía y que me hicieron amar la literatura. Esto es lo que pienso consigue esta novela e Jennifer Egan, que ames la literatura.
      Un abrazo, tocayo

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  2. Veo que a los dos Juan Carlos os ha gustado y eso para mí es mucha garantía, por si mi anterior encuentro con Jennifer Egan no bastara.
    Veo también que en esta novela no da saltos vertiginosos a través del tiempo y el espacio, pero a lo que me perece pasa de un hilo argumental a otro dejando a su paso personajes como si los sacara de un cesto de cerezas. Quería dejar pasar un tiempo hasta volver con ella, pero me has tentado mucho con tu reseña y puede que la meta en el #LeoAutorasOct.
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa:
      ¿Sabes lo que me ha ocurrido? Pues que saqué de la biblioteca "El tiempo es un canalla" en papel y al devolverlo me entretuve mirando en el ordenador de la propia biblioteca otros títulos de la novelista. Encontré uno en físico, "La torre del homenaje", que saqué en préstamo, y este de "Manhattan beach" que sólo lo tenían en versión digital. Así que desde allí mismo lo bajé y como los préstamos de e-biblio sólo duran 21 días lo he leído rápidamente. Ahora tengo entre manos uno de Alberto Moravia que llevamos de lectura este mes de octubre; luego, si tengo tiempo leeré el otro de Jennifer Egan.
      Besos

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  3. PUes no he leído aún nada de la autora. Me gusta ver que es capaz de contar historias tan diferentes, que arriesga, no apostando a lo seguro. Me la subrayo bien en mi lista de pendientes, a ver si logro colarla pronto.
    Besotes!!!

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    1. Hola, Margari:
      La verdad es que hasta hace nada era difícil leer nada de esta escritora publicado en las editoriales fuertes españolas. Apareció "El tiempo es un canalla" en 2012 publicado por Minúscula y aunque salieron críticas y reseñas en las revistas y suplementos culturales de los diarios importantes pasó bastante desapercibida. Yo como digo en su reseña la conocí por amigos blogueros de ahora mismo.
      Con todo lo anterior quiero decirte que es normal que no conocieses a la escritora porque eso nos ha pasado a todos. pero en cuanto leí su novela premiada con el Pullitzer en 2011 me prendé de ella y no he podido contener mios ansias de más y más. A lo mejor a ti también te ocurra y entonces (ja, ja...) engañarás a la lista de espera de tus lecturas y seguro seguro que la cuelas aunque los demás se quejen.
      Buen finde. Besos

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  4. ¡Hola Juan Carlos! En principio no me atraen mucho los temas marineros ni marinos, así que cuando me decida a leer a esta autora creo que lo haré por "El tiempo es un canalla". Me parecen como a ti autor@s de pura raza, de los buenos esos que cambian a veces de registro y que exploran distintas formas de narrar y argumentos
    Interesante autora...
    Besos

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    1. Hola, Marian:
      Ya verás cómo esta escritora te agrada. E incluso, aunque los temas marinos o marineros no te atraigan mucho, el personaje de Anna te resultará cuando leas "Manhattan beach" de lo más agradable y encantador.
      Te deseo un buen finde dentro de lo que cabe (je, je...)
      Besos

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  5. Me suena haber visto este libro más de una vez en la librería pero no tenía ni idea de que iba y después de leer tu opinión me lo llevo apuntado que me parece muy interesante. Un beso

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    1. Sí que lo es, Rocío, sí que lo es. Si lo lees te quedarás sorprendida con Anna, un personaje fantásticamente construido. Te gustará esta novela, ya lo verás.
      Besos

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  6. Interesante propuesta, después de leer "El tiempo es un canalla" se queda uno con ganas de más y es una pena que en España sea poco conocida.
    La novela que nos traes puede ser menos experimental, pero como dices, si Egan maneja bien sus mimbres seguro que no defrauda. La construcción de personajes es todo un arte, difícil salir de estereotipos y que dejen huella.
    Sobra decir que tomo nota.
    Un abrazo.

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    1. Seguro que te gustará, Gerardo. Ya nos dirás
      Un saludo

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  7. Tomo buena nota, Juan Carlos, aunque quiero leer primero El tiempo es un canalla.
    Parece que la composición de esta es más tradicional pero ello no tiene por qué restarle calidad. Y lo de hilvanar personajes parece que es marca de la casa de la autora.
    Estoy muy de acuerdo con lo que dices acerca de que no hay libros para determinados destinatarios, sino libros mejores y peores.
    Me has recordado hablando del mar a mi lectura de Océano mar de Alessandro Baricco. Fue una lectura única por sí misma pero que también me trajo reminiscencias de otras lecturas 'marinas'. Espero, cuando la lea, poder unir esta novela a esas infinitas historias que el mar trae y lleva.
    Besos

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