9 oct. 2017

Jhumpa Lahiri: "El buen nombre"

De Jhumpa Lahiri no había oído hablar hasta la entrevista que la revista El País Semanal publicó el pasado 18 de septiembre. Mi amigo José Antonio, gran lector, me había recomendado vivamente ya hace tiempo la lectura de esta autora, que él había leído durante un verano en la ciudad de Vancouver. Como sé del buen criterio de José Antonio en cuanto tuve oportunidad de contactar con la obra de Lahiri me puse manos a la obra. Tan sólo no le hice caso en una cosa: he comenzado mi contacto con la bengalí por su primera novela y no por los relatos que la hicieron famosa. A falta de leerlos, de la novela adelantaré que me ha parecido magnífica.

La autora
identidad cultural, cultura híbrida, mestizaje cultural
Jhumpa Lahiri es una estadounidense de origen bengalí nacida en Londres en 1967. En 1999 saltó a la fama en el mundo de la narración con "Intérprete de emociones", su primera publicación, una colección de relatos que fue Premio Pulitzer el año 2000. Otros libros suyos además de la novela objeto de esta reseña son "Tierra desacostumbrada", otra colección de relatos aparecida en 2008; y otra novela, última publicación suya por ahora, titulada "La hondonada" del año 2013.

"El buen nombre" sale a la luz en 2003. Su éxito fue inmediato, siendo llevada al cine tres años más tarde por Sami Nair, hindú como Lahiri aunque diez años mayor que ella.

Sinopsis (dada por la propia editorial)
La familia Ganguli emigra desde Calcuta a Boston. Ashoke y Ashima Ganguli forman un matrimonio de conveniencia tradicional indio. Ashoke consigue un trabajo (es ingeniero de profesión) en Cambridge, y la pareja se lanza a una aventura americana. Ashoke, superviviente de un accidente de tren, se adapta con facilidad a su nuevo entorno, Ashima no y pasa los días añorando su casa y su familia. Cuando nace su primer hijo, la pareja prefiere seguir la tradición de permitir a la abuela darle su nombre. Envían una carta anunciando el nacimiento, pero la respuesta no llega. Pasan meses y tienen que poner algún nombre. Ashoke, un lector voraz de literatura rusa, quiere poner el nombre de Gogol, a quien leía cuando sobrevivió al accidente de tren y hacia quien siente un lazo especial. Pero a Ashima no le gusta. La tradición también dicta que un niño nace con un nombre formal, y otro que se utiliza, y finalmente le dan el nombre de Nikhil, y el apodo de Gogol, Gogol Ganguli.


Mi comentario
Muchas cosas me han gustado de esta novela de Jhumpa Lahiri. Quizás la primera haya sido la sensación de verdad que transmiten todos los personajes que se mueven en la narración. Tan de verdad son estos seres que viven en una cultura diferente a la original suya que fácilmente comprendemos los sentimientos que albergan sus corazones:
  • Unos, Ashoke y Ashima, en especial esta última, viven en su burbuja bengalí: ella viste el sari; ambos se descalzan al llegar de la calle; en las multitudinarias reuniones que organizan en casa la comida, abundante siempre, es  el centro de las mismas; cuando cada cierto tiempo la familia se desplaza hasta Calcuta llevan regalos para todos los miembros de la familia; en Estados Unidos forman núcleo 'familiar' con otros bengalíes que como ellos emigraron de la India a USA y han enseñado a sus hijos a llamarlos tías y tíos, aunque en privado Ashima se esfuerza en que sus hijos Sonia y Gogol sepan distinguir 'mashi' y 'pishi', 'mama' y 'maima', 'kaku' y 'jethu', según que en la realidad hindú lo sean por parte de madre o padre, carnales o políticos. Si fuera por Ashima la familia habría regresado a la India; sin embargo, Ashoke guarda muy en su interior la recomendación que le hizo Gosh, compañero de compartimento del tren en el que viajaba para ver a su abuelo: "Antes de que sea demasiado tarde, y sin pensártelo mucho, mete una almohada y una manta en la maleta y vete a ver mundo, tanto mundo como puedas" (pág. 17); o sea, que persiguiese sus sueños, que no se amoldase a la tradición familiar por mucho dolor que la separación le pudiese ocasionar. Junto a este consejo, su vida debe no poco a la obra y vida del escritor ruso Gógol y en especial el relato "El capote" que, como no ha podido ser de otro modo he buscado y leído con avidez a fin de entender mejor a este hombre. En fin, lo mejor será que vosotros mismos cuando acabéis "El buen nombre" os paséis por Gógol, sólo serán unos minutos pues el relato es de unas 20 páginas.
  • Otros personajes, los más jóvenes, son los que circundan a Nikhil -Gógol, en el ámbito familiar-. Aquí estarían, además de él, su hermana Sonia seis años menor, y sus amores, en especial Moushumi con quién contraerá matrimonio. Este grupo de jóvenes constituye ya la segunda generación de bengalíes que, aceptando y participando en no pocas de las costumbres y tradiciones de su cultura bengalí, ya se siente más de la parte del mundo en que han nacido, crecido y educado.
Nikolái Gógol, Jhumpa Lahiri
El personaje central de la novela es Gógol quien crecido en USA oprimido interiormente por su cultura familiar que él se negaba a aceptar. Al final entiende a su padre, ese hombre que se alejó de sus orígenes para tener un futuro mejor que entregar a sus hijos aunque siempre quiso que retuvieran también lo importante de su cultura de origen. El nexo de unión entre la vida americana y la de la India de donde proceden se simboliza en un libro de relatos de Nikolai Gogol que contiene el titulado "El capote". Este libro, su autor y el relato en cuestión acompañan los momentos fundamentales de la vida de esta familia: Ashoke lo iba leyendo en el tren cuando sufrió un accidente; él mismo salvó la vida gracias a las hojas del libro destrozado que al moverse llamaron la atención de los equipos de rescate; Gógol será el nombre que Ashoke ponga a su hijo recién nacido a la espera del principal que han pedido a la abuela de Ashima; todos los miembros de la familia Ganguli, como el personaje del relato ruso -Akaki Akákievich-, habrán de ser resolutivos si quieren hacer realidad sus sueños; Ashoke regala este libro de relatos a su hijo y con ello le entrega el secreto de su vida; al final de la novela Gógol se enfrasca en su lectura simbolizando con ello que el regalo y deseo paterno ha caído en buena tierra.

Además de los creíbles personajes me ha llamado mucho la atención la manera de contar de Jhumpa Lahiri. Es una prosa viva, rápida, que utiliza con preferencia el presente de indicativo con ese sentido durativo que esta forma verbal tiene y que logra transmitir la sensación de intemporalidad característica de los escritos míticos. Y es que la novela de la bengalí Lahiri está cargada de un valor legendario al tiempo que real, algo que, en mi opinión, casa a la perfección con el cosmopolitismo intrínseco a la vida de un bengalí en un medio cultural tan estéril cual puede ser visto el mundo estadounidense:
"Ashima se siente sola de pronto, terrible, definitivamente sola, y durante unos breves momentos se aparta del espejo y llora por su marido. Está algo desbordada ante el paso que está a punto de dar, ante el traslado a una ciudad que fue su casa y que ahora, a su manera, le resulta extraña" (p. 292)
Me gusta también en la novela la manera que la autora emplea para evocar el pasado. Jhumpa Lahiri viaja hacia atrás con suavidad, delicadeza y naturalidad. Lo hace a través de ensoñaciones en esos tiempos muertos que son las esperas de algo o alguien. Y tanto las salidas de las mismas como su inmersión en ellas resultan de lo más natural:
"Reconoce la bocina del coche de su madre, lo ve entrar en el aparcamiento de la estación. Sonia es quien conduce, y al verle le saluda con la mano. Ben va a su lado." (p. 297)
He dicho antes que esta novela fue adaptada al cine con éxito en una película de igual título dirigida por Mira Nair en 2006. La manera de narrar de Jhumpa Lahiri utiliza también muchos recursos cinematográficos. Quizás el que más ha llamado mi atención es el de la elipsis. Esta sensación de que hay pequeños datos no comunicados que el yo-lector halla con criterio, produce en el receptor de la historia un gran placer al ver que en cierto modo él es coautor, que él es necesario para completar lo que la escritora ha dejado sin expresar o simplemente ha sugerido. En mi opinión ésta es una de las características de la buena literatura, y no me diréis que no está muy lejos del cine. Sí, desde luego esta novela se prestaba mucho a la versión cinematográfica.

Una novela que rezuma literatura por todos sus poros.
El personaje central y Ashoke, su padre, no se entienden sin el amor hacia la literatura, en especial la de los grandes narradores rusos. Ashima no participa de esta afición de Ashoke por el realismo ruso ("Ella no ha leído nada de Gógol, pero está más que dispuesta a colocarlo en un estante de su mente, junto a Tennyson y a Wordsworth"), a ella le va más la poesía romántica inglesa, y cuando sus hijos ya no la necesitan trabajará en la biblioteca local a tiempo parcial tres tardes por semana.
Nikhil y Ashoke aunque profesionalmente sus trabajos son más bien de tipo técnico, sin embargo 'viven en literatura'. El primero sobrelleva desde el día de su nacimiento el estigma de Gógol hasta que se reconcilie con él y aprenda a vivir sin complejo alguno. Esta liberación le sobreviene haciendo limpieza en la que fue durante su niñez su habitación en el apartamento que su madre se dispone a abandonar:
"Ashima le ha pedido que los revise [los libros que él tenía de estudiante en su habitación], que se asegure de que no hay ninguno que le interese conservar. Así que se ponen a rebuscar. La familia Robinson, En el camino, Manifiesto Comunista [...] Relatos de Nikolái Gógol [...] Gógol se pone de pie, cierra la puerta de su dormitorio, abre el libro, mira la ilustración de Nikolái Gógol, pasa la página y lee el título del primer relato. 'El capote'" (págs. 302-303)
Esta reconciliación consigo mismo lo es también con su padre al que ahora, al leer el relato de Gógol, viene a entender la frase la enigmática frase que una lejana tarde de su adolescencia le dijo:
"¿Sabes qué dijo Dostoievski una vez?
Gógol niega con la cabeza.
—Que todos salimos del capote de Gógol.
—¿Y eso qué significa?
—Algún día lo entenderás." (p. 83)
Si el relato de Gógol marca el destino de Nikhil, el de Moushumi también va a venir marcado por otro texto, en este caso un gran ejemplar de fotografías de París del fotógrafo Eugène Atget. Para Moushumi este libro que tiene Dimitri, un antiguo profesor suyo, en su apartamento contiene lo que la une a él: Paris. Ahi debía de haber marchado ella aceptando la beca que le habían concedido. Nunca debía de haber renunciado a ello. Sucede en ella algo parecido a lo que le ocurrió a Ashake, el padre de Nikhil.


Una lectura muy oportuna
En un país como el nuestro que ha vivido mucho la emigración, tanto hacia otros países como dentro de nuestras propias fronteras, esta novela dice mucho. Los veranos son manifestación de este trasiego de personas: las familias retornan temporalmente a sus localidades de origen -como la familia Ganguli cuando cada cierto tiempo viaja a Calcuta-; estos grupos familiares año tras año se ven engrosados con los hijos de los emigrantes de la primera generación los cuales ya han nacido en el país de Europa o comunidad española dofijaron la residencia sus padres. Son estos jóvenes los que sienten sobre sí con mayor dureza el problema de su identidad cultural: son españoles en Alemania, y alemanes en España; castellanos en Euskadi y vascos o catalanes en su pueblo de Castilla. Esta sensación de no pertenecer con plenitud a ninguno de estos dos mundos, de ser auténtico extranjero en su Patria es difícil de sentir si no se ha vivido. Jhumpa Lahiri la vivió en sus propias carnes y consigue trasladarla con gran brillantez en esta novela. Gógol es ella, un ser híbrido que quiere tomar lo mejor de las dos culturas a las que pertenece, que no quiere desertar de ninguna de ellas porque eso sería empobrecerse, eso sería caer en el provincianismo y/o en el supremacismo. No, Gógol no es mejor por haber nacido en USA, pero tampoco es inferior a los norteamericanos por ser sus padres bengalíes. No, para nada. Veo en esta novela de Lahiri una excelente medicina para combatir entre nosotros el supremacismo de todos los nacionalismos, así como para favorecer la integración de la cultura foránea en la de la región de destino sin que ninguna de las dos pierda su esencia.
 





15 comentarios:

  1. Me has convencido totalmente, me la llevo apuntadísima.
    Un beso

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  2. Interesante novela. Me gustan mucho las historias de que transcurren en Estados Unidos con gentes de otros lugares, India, Japón, China, y escritas por gentes provenientes de esos lugares. Su manera de ver la sociedad americana es diferente a la de los propios norteamericanos, a veces, más complaciente.
    La dejo apuntada.
    Un beso.

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    1. Me ha parecido muy interesante y muy creíbles los distintos caracteres y su evolución de los diferentes personajes con su mejor o peor adaptación a la cultura estadounidense. Te gustará.
      Un beso

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  3. Yo la conocí a traves de sus cuentos "Intérprete de emociones" pero fue con esta de "El buen nombre" dónde caí rendida a sus pies, me pareció fabulosa de principio a fin y sobre todo sus personajes, atraen más que la historia incluso.

    Una reseña fabulosa y completísima.
    Besitos.

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    1. Igual que a ti, Yolanda, a mí esta novela me ha encantado. Como digo en la reseña también voy a leerme algunos de sus cuentos y relatos (tiene alguno de casi 100 páginas). Y es que, como bien dices, sus personajes atraen más que la propia historia.

      Besos

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  4. Veo que esta novela que nos traes es una historia de adaptación más o menos conseguida por quienes deben abandonar sus raíces y comenzar una nueva vida en otro lugar completamente diferente a su lugar de origen.
    Me atrae mucho la historia, y más si dices que está bien contada. Me la apunto en mi lista de futuras lecturas.
    Gracias por acercarme a una autora que desconocía.
    Un beso, Juan Carlos.

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    1. Es tal como lo has entendido, Paloma. Sobre todo es una novela de personajes. Ver su evolución y dificultosa adaptación es lo mejor decreta interesante novela.
      Un beso

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  5. ¡Hola Juan Carlos! Me suena muchísimo el título, pero ya no sé si por el libro o por la peli (quizás no sería una mala idea un "alalimón" de Paloma y mío...). Me ha gustado mucho tu manera de reflejar los personajes, porque me he hecho una idea perfecta de los mismos. Pero sin duda, lo mejor para los tiempos que corren, tu final
    Un beso

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    1. Hola, Chelo:
      Según leía la historia de esta familia bengalí que vive en Estados Unidos mi cabeza constantemente se me iba a los sucesos políticos actuales de aquí, de España. Por eso me parece una novela muy apropiada para ser leída en este momento. Estoy seguro, Chelo, de que la novela de Jhumpa Lahiri te gustará y creo que un "Alalimón" tuyo y de Paloma sobre ella y la película de Mira Nair sería algo muy bonito y que muchos leeríamos con mucho gusto.
      A ello, pues.
      Un beso

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    2. Por mi parte recojo el guante y me pongo ya a buscar el libro. Gracias por la sugerencia.
      Besos a los dos.

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  6. Hola Juan Carlos me ha pasado como a Chelo me sonaba mucho y no sé si es por la película, pero desde luego me ha interesado mucho lo que has contado.
    Creo que esa falta de arraigo, el no saber de dónde se es y la búsqueda de unos orígenes en ideologías y personas que a veces se demuestran equivocados, me ha parecido muy actual. Así que queda apuntada en mi lista de pendientes, que no deja de crecer.
    Besos

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    1. Ya me dirás, Conxita, qué te parece cuando la leas. Desde luego es un buen aldabonazo sobre este problema de la integración y supervivencia de la identidad cultural que no es asunto sólo nuestro, existe en infinidad de latitudes. No debemos creernos únicos, algo que a los españoles de todos los lugares de la piel de toro nos ocurre con frecuencia.
      Un beso

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  7. Y nosotros en constante intento de separarnos como entidad unificada. Bien se podría decir que queremos lanzarnos a un vacío de identidad y una pobreza inmensa de interculturalidad.
    En este caso buscaré la película antes que el libro.
    Agradezco tu reseña.
    Un abrazo Juan Carlos.

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    1. Pues eso parece, amigo mío. Lo más fuerte es comprobar que este afán por destrozarnos no es sólo de ahora. Ayer mismo fui a ver la exposición que sobre Zuloaga hay en la Fundación Mapfre de Madrid y allí mismo a propósito de un premio europeo que el pintor de Éibar consiguió en 1900 o así él mismo tenía que defenderse y pedir perdón porque algunos de sus paisanos le echaron en cara el que se hubiese presentado como pintor español cuando él era de origen vasco. ¡Dios mío, Dios mío, es evidente que la maldición nos persigue desde hace ya mucho tiempo! Cuando luego llego a casa y leo un artículo de Manuel Vicent sobre esta muestra en la Fundación Mapfre en la que el escritor y periodista a los visitantes de la misma nos dice que parecemos salidos de los cuadros del pintor, o sea, que somos unos antiguos, casposos y cuantos adjetivos peyorativos puedan ocurrírsenos... pues para qué quieres más, amigo Javier, me quedo anonadado. Si nuestros 'intelectuales' piensan así y además crean opinión veo difícil superar esta pobreza en la que desde tiempo inmemorial estamos sumidos y da la sensación de que con sumo gusto por parte de algunos.
      Un fuerte abrazo

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